La vida sin axiomas

La vida sería mucho más fácil si contásemos con unos cuantos axiomas para movernos por el mundo. Ya sabes, esas cosas que te evitan tener que razonar demasiado tus convicciones. Antes, qué tiempos, bastaba con recurrir a Dios en cualquiera de sus manifestaciones. Ahora, para defender la libertad, algunos tienen a Hoppe, Rothbard, o Ayn Rand. Y claro, no es lo mismo. Se podrá decir lo que se quiera sobre Dios, pero como argumento de autoridad no tenía precio.

Para defender el libre mercado, la asociación voluntaria o el respeto a la vida como marco en el que desarrollarse y perseguir los fines de cada uno, basta con fijarse en la Historia. Si se quiere y se tiene tiempo, se puede incluso razonar que son preferibles desde la teoría económica. Al final, todo se reduce a mostrar que su alternativa -el mercado intervenido, la asociación forzosa o la situación de guerra constante- no es deseable. A lo largo de la Historia, las sociedades que han optado por la libertad han prosperado, mientras que aquellas que la han rechazado se han estancado o han desaparecido. Es tan sencillo como eso.

Pero, en realidad, no es tan sencillo. Bien sea por falta de información, por intereses personales concretos, o porque al final somos mucho menos racionales de lo que creemos, hay quienes prefieren la coacción a la libertad. No así, en general, claro. No tiene sentido defender la libertad o la coacción de manera abstracta, y nadie lo hace realmente. Siempre hay que ir a los casos concretos. Y ahí es donde comienzan los problemas. ¿Cómo no va a defender un taxista que se regule -es decir, que se prohíba- una iniciativa como Uber? ¿Cómo no va a estar en contra un profesor de que se suprima su asignatura de los planes de estudio?  ¿Cómo no vamos a estar en contra, en fin, de que nos quiten nuestros p̶r̶i̶v̶i̶l̶e̶g̶i̶o̶s̶ “derechos”?

La libertad se defiende muy bien en el plano abstracto, pero no tanto en las cuestiones mundanas. Nadie quiere ser esclavo, pero un poco de coacción, sobre todo si creo que me beneficia, es saludable. Nadie quiere que se le prohíba disponer de su riqueza, pero siempre se pueden hacer pequeñas excepciones, sobre todo si sólo afectan a los demás. Nadie quiere pagar por cosas que no va a usar, pero… en fin, creo que se ha captado la idea. ¿Por qué, entonces, es preferible la libertad en todas esas pequeñas cuestiones? ¿Lo es realmente?

Como decía al principio, hay dos maneras de responder. La primera consiste en no salir de lo abstracto, en plantear cualquier problema corriente en términos absolutos. No puedes pedir que prohíban Uber, o la apertura en domingos, o la entrada de un gran centro comercial en tu localidad, porque estarías ejerciendo la agresión, estarías atentando contra la propiedad de otros, y eso, amigo, es sagrado. La propiedad es sagrada. No se suele expresar así, pero es la idea de fondo. Así que ya está, asunto resuelto y que pase el siguiente. Ah, ¿que no estás de acuerdo? Lee a Hoppe, hombre. Ignorante. ¿Que lo has leído y no te convence? Entonces es que no lo has entendido, y además eres un socialista.

El problema de esta vía, además de su poca eficacia, es que parte de premisas falsas. No existe el almuerzo gratis, pero tampoco la Ley Natural. No es verdadero que la agresión sea objetivamente mala, igual que no es verdadero que la libertad sea objetivamente buena. Sí es verdad, en cambio, que la mayor parte de los seres humanos coinciden en juzgar como malos y buenos un amplio conjunto de acciones. Pero no es que coincidan porque sean objetivamente verdaderos, sino que decimos que son verdaderos porque coincidimos en esa valoración subjetiva. Y hay buenas razones para que coincidamos. Al fin y al cabo, las sociedades que posibilitaron el surgimiento de instituciones que defendían la vida, la libertad y la propiedad permitieron que sus miembros tuvieran más probabilidades de sobrevivir y prosperar.

De ahí parte, precisamente, la segunda vía. La libertad ha de ser defendida, sencillamente, porque permite que las sociedades resuelvan los conflictos y prosperen de manera más eficaz que su alternativa. Pero hemos ascendido de nuevo al mundo de las ideas, a los conceptos abstractos. ¿Qué pasa cuando volvemos a los casos concretos? ¿Siempre, en todos los casos, es preferible la libertad a un poco de coacción? Siendo honestos, no podemos afirmar rotundamente que así sea, habrá que estudiar cada caso. Aunque me atrevería a decir que en la gran mayoría, a largo plazo, y teniendo en cuenta las consecuencias imprevistas, sí, será preferible la libertad a la coacción. Y lo será por sus consecuencias, no por ningún principio apriorístico.

En cualquier caso estos son mis principios, amable lector, gracias por llegar hasta aquí. Si ya pensaba algo parecido, el texto no habrá servido nada más que para, en el mejor de los casos, reafirmar sus convicciones. Si pensaba algo diferente, seguirá en sus trece, como es natural.  Al fin y al cabo todos somos esclavos de nuestros afectos, por mucho que pretendamos invertir esa relación llamándolos razones.

El conocimiento verdadero del bien y del mal no puede reprimir ningún afecto en la medida en que ese conocimiento es verdadero, sino sólo en la medida en que es considerado él mismo como un afecto.

Ética demostrada según el orden geométrico, Parte cuarta, Proposición XIV

Baruch Spinoza

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2 Comentarios

  1. Me van a matar mis amigos los “liberales alegres” (los que criticas) al ver que te retuiteo.

    Estando de acuerdo, yo sí creo que se puede conceder algún punto al axioma. Si el sistema es muy complejo, la decisión centralizada carece de la información necesaria. En cambio la suma de microdecisiones individuales crea la información – y una decisión (distribuida) mucho más informada. Siempre que no lo convirtamos en un absoluto, yo creo que la teoría es válida.

    Y habría que añadirle un detalle que tiende a escapárseles a los liberales. El hombre es un animal de banda, de grupo, de tribu. Las decisiones rara vez son individuales. Que creo que es una especie de matiz o contrapeso de lo anterior.

    Slds.

    • ¡Gracias por pasarte una vez más!
      La crítica en realidad iba dirigida al liberalismo dogmático, no a los liberales alegres, así que espero que no se enfaden por el retuit.

      Sobre el axioma, bastante de acuerdo, pero el problema del axioma es precisamente que es absoluto.
      En próximos posts intentaré seguir desarrollando el tema, que efectivamente da para mucho.
      Un saludo!

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