Sócrates apesadumbrado

sisyphe

Decía hace poco en otro sitio que últimamente ando no ya pesimista, sino fatalista. Y se me ocurría también hace poco que la rapidez con la que se suele trivializar el acto de votar es perfectamente aplicable a la mayoría de las acciones que realizamos con el fin de cambiar las cosas. Votar es inútil, se dice, porque cada voto en sí mismo vale prácticamente nada. Pero escribir todo esto también lo es. Y dedicar horas y horas a discusiones en redes sociales de todo tipo, organizar conferencias, seminarios, jornadas… El número de personas que van a replantearse sus creencias tras leer o escuchar un argumento convincente -que nos parece convincente- es muy pequeño. La influencia de todas esas acciones es por tanto, como en el caso del voto, cercana a cero. Y aun así no dejamos de hacerlas.

Es cierto que el de la irrelevancia no es el único argumento en contra del voto. Hay muchos otros, bastante más válidos. Pero el caso es que cualquiera de los dos mecanismos de participación política (voto y discusión, a falta de otro término mejor) es inútil.  Nada va a cambiar gracias a nuestras bienintencionadas acciones. Tal vez cambie, quién sabe. Pero la aportación individual en ese hipotético cambio será o una nada lúcida, o una vana ilusión de algo.

No podemos cambiar al mundo, y mucho menos a nosotros mismos. No nos queda otra opción, pues, que la de abandonar cualquier ideal, cualquier esperanza de mejora, abandonar tanto a Platón como a Aristóteles, y retirarnos al jardín de ese “Sócrates apesadumbrado” para dedicarnos a las cosas realmente importantes. O bien vivir en la confortable mentira de que podemos controlar parte de lo que nos acontece, de que somos dueños de nuestras acciones, y de que éstas tienen alguna influencia en el desorden ruidoso de ahí afuera.

En cualquier caso, sea cual sea nuestra elección, no será realmente “nuestra”.

OBRAS MENCIONADAS:
Obras – Epicuro

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4 Comentarios

  1. El esclavo se libera cuando sabe que es esclavo. No se trata de ser pesimista, sino de ser consciente de la realidad que te rodea. La libertad, ni te la concede ni te la debe conceder un tercero; la libertad, te la concede la verdad, aunque esta, sea imposible de alcanzarla absolutamente; luego el único que puede liberarte, es uno mismo.

    Saludo Oscar 😉

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