La muerte de Dios y el envilecimiento de lo Absoluto

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Cuando Dios muere, otras mayúsculas ocupan su lugar. Y Dios ha muerto ya muchas veces. Se podría decir que la primera muerte ocurre en 1789, y a partir de ahí jamás se recupera del todo. Las primeras mayúsculas son Revolución, Libertad-Fraternidad-Igualdad, Razón, Estado… Terror. Albiac levanta acta en su Diccionario de adioses. La naturaleza aborrece el vacío, y el hombre la ausencia de lo Absoluto.

No es necesariamente verdadero que la muerte de Dios tenga como consecuencia la disolución de los valores morales universales, como tampoco que su presencia sea garantía de esos mismos valores. Pero lo que sí es verdad es que los tres grandes terrores en la historia reciente de la humanidad – el surgido de 1789, el comunismo y el nazismo- aparecen precisamente cuando Dios agoniza. Dos de esos terrores, además, se jactan de haber matado a Dios para poner en su lugar al Hombre. Pero el deicidio no configura un nuevo orden. Se trata, simplemente, de una usurpación. Los rituales, los nombres, el santoral, todo muta para adaptarse al nuevo credo. Enseguida aparecen los herejes, y cómo no, la Inquisición. Y las justificaciones. Todo lo que se hace en nombre de lo sagrado es justo y necesario. Cambiarlo todo…

También el Misterio tiene su papel. El conocimiento racional, con el tiempo, da paso a una negación deliberada de la explicación y aparece el dogma, lo sobrenatural. Y no sólo opera en los mencionados totalitarismos conscientemente deicidas, sino incluso en nuestro querido liberalismo. La mano invisible, las fuerzas del mercado, el orden espontáneo, mal entendidos, son el sustituto de la Divina Providencia. Nada de esto podría entenderse sin la promesa de un paraíso, claro. Una cosa es no creer en Dios, y otra muy distinta aceptar que no hay nada más que átomos. El paraíso en la tierra comunista es inviable, pero el día en que triunfemos, el día en que el Estado desaparezca, el progreso será imparable. Llegaremos todos a la Quebrada de Galt, donde habrá oro y bitcoins . Al fin y al cabo, Libertad es Prosperidad. También tenemos nuestra dosis de profetas, mesías, herejes e infieles. Y el empeño por conseguir una menor dependencia del Estado es en no pocas ocasiones convertido en Cruzada. Hay que vivir con ello.

Decía que hay mayúsculas para todos los gustos, y evidentemente algunas son peores que otras. Siempre es preferible la Libertad frente al Pueblo, por ejemplo. Pero también es preferible la libertad en lugar de la Libertad. Es posible que esta tendencia a las mayúsculas sea una vez más fruto de nuestros genes. Y éstos, a su vez, de la evolución. Puede que la creencia en lo Absoluto, en los paraísos, en la existencia de un fin y un diseño más allá de todo lo que nos acontece, haya hecho más fácil la supervivencia de la especie humana. Puede que por ello nos sea difícil escapar realmente de la ilusión religiosa, especialmente cuando hemos “escapado” de Dios. Necesitamos causas, sentido, esperanza… y miedo. Y si Dios no provee, que lo haga la Política. Al fin y al cabo, como decía Chesterton, Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en cualquier cosa. Aunque, bueno, en realidad Chesterton nunca dijo eso. Pero tampoco importa demasiado.

OBRAS MENCIONADAS:

Diccionario de adioses

 

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