La vana acción humana

 

<<Tienen un secreto instinto que les lleva a buscar en el exterior el divertimiento y la ocupación, instinto que procede del resentimiento de sus continuas miserias; tienen otro secreto instinto, residuo de la grandeza de nuestra primera naturaleza, que les hace conocer que la felicidad no se halla efectivamente más que en el reposo y no en el tumulto; y con estos dos instintos contrarios se forma en ellos un proyecto confuso que se esconde de su vista en el fondo de sus almas y les lleva a tender al reposo por la agitación y a figurarse siempre que la satisfacción de que carecen les vendrá si, superando ciertas dificultades, pueden abrirse por esta vía la puerta al reposo.

Así transcurre toda la vida. Se busca el reposo combatiendo algunos obstáculos; y cuando se han superado, el reposo se hace insoportable; porque o se piensa en las miserias que se tienen o en las que nos amenazan. Y aunque nos viéramos bastante defendidos por todas partes, el aburrimiento, con su autoridad privada, no dejaría de brotar del fondo del corazón, donde tiene raíces naturales, y de llenar el espíritu con su veneno.

Así, es el hombre tan desgraciado, que se aburriría sin causa ninguna de aburrimiento por el propio estado de su complexión; y es tan vano, que estando lleno de mil causas esenciales de aburrimiento, la menor cosa, como un billar y una bola que empuja, bastan para divertirle.

Pero, me diréis, ¿qué se propone con todo esto? Gloriarse mañana entre sus amigos de que ha jugado mejor que otro. Así, los otros sudan en sus despachos para mostrar a los sabios que han resuelto una cuestión de álgebra que no se hubiera podido encontrar hasta aquí; y tantos otros se exponen a los últimos peligros para vanagloriarse después de una plaza que han tomado, y tan tontamente para mi gusto; y, finalmente, los otros se matan para anotar todas estas cosas, no para ser más sensatos, sino solamente para mostrar que las conocen, y éstos son los más tontos de la compañía, porque lo son con conocimiento, mientras que puede pensarse de los otros que no lo serían si poseyeran este conocimiento.>>

 

Blaise Pascal, Pensamientos

OBRAS MENCIONADAS:

La máquina de buscar a Dios: (Una Antología)

Pensamientos – Pascal

 

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