¿A quién votaré en las elecciones europeas? Una respuesta clara y directa

 

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La respuesta a esta pregunta ha de ser sin duda directa y concisa. Es una cuestión que no puede quedar en el olvido por más tiempo, y por lo tanto ha de convertirse en nuestra única prioridad. Una respuesta clara y sin ambigüedades que nos permita abordar el problema de la manera más honesta y transparente posible. Pero no nos engañemos, es una labor que requiere el esfuerzo de todos, no sólo de unos pocos. Si queremos construir una sociedad mejor, tenemos que convertir la respuesta en un problema común. Ya hemos malgastado demasiado tiempo ocupándonos de respuestas parciales e interesadas. Por eso desde aquí queremos dejar claro que estamos ante una nueva era. Una era de cambio. Una era en la que las respuestas timoratas y acomplejadas no tienen cabida. Una era en la que, por fin, podremos esperar una respuesta a la altura de las demandas de la sociedad. Hemos entendido el mensaje, y no dejaremos que caiga en saco roto.

La respuesta, por tanto. Muchas personas la han pedido. Personas buenas, inteligentes, que no se dejan corromper por intereses partidistas, y que no se conformarán con cualquier cosa. Personas que merecen algo más que una simple declaración entre líneas, personas que con su trabajo, esfuerzo y dedicación ayudan a que esta sociedad pueda caminar sin miedo hacia un futuro mejor. Es a esas personas a quienes debemos la respuesta. Y, no lo dudéis ni por un instante, tendrán su respuesta. Tendréis, sí, vuestra respuesta. Porque lo merecéis, y porque nosotros no seríamos dignos de atención si no os la diéramos. No podemos permitir que, una vez más, las demandas sociales se conviertan en humo. La época de los embaucadores, de los trileros y de los encantadores de serpientes, ha terminado. Y sois vosotros quienes lo habéis hecho posible.

Pero no nos engañemos, hay gente que está con el cuchillo preparado, aguardando desde la comodidad de su sillón a que movamos ficha. Gente que espera lo peor del ser humano, que es incapaz de divisar el sol entre las nubes. A esa gente no le dedicaremos ni un minuto. Porque son quienes no cesarán nunca de poner palos en las ruedas del progreso, gente que se alegra de las desgracias ajenas. Ellos son los enemigos de la regeneración, del cambio, de la ilusión. Y precisamente por eso, porque esperan que callemos como otros han hecho siempre, debemos dedicar todo nuestro empeño a la construcción conjunta de esa respuesta. Y digo conjunta, porque no tendría sentido una respuesta que no fuera capaz de aglutinar todas las voces implicadas en este proceso de transformación social. Aquellos que no tienen voz son precisamente quienes más alto deben hacerse oír. Porque sin ellos, los demás no somos nada.

Será por tanto una ardua tarea. Posiblemente avanzaremos lentamente, despejando las tinieblas en nuestro camino, a través de un terreno difícil. Pero Roma no se construyó en dos días. No debemos olvidarlo nunca. Cuando el viaje comience a hacerse pesado, cuando parezca que toda esperanza está perdida, recordemos que sólo los caminos difíciles merecen la pena. Entonces, y sólo entonces, podremos volver a levantar la mirada hacia el horizonte. Y cuando por fin lleguemos al final del camino, al volver la vista atrás, contemplaremos con orgullo las adversidades que en breve nos tocará afrontar.

Pero sé que la impaciencia no tardará en hacer mella en quienes habéis llegado hasta aquí. Sé que habéis esperado demasiado tiempo, y aun así debo pediros un último y pequeño esfuerzo. Sé que no es justo, y que ya os han pedido lo mismo otras veces, pero os pido que aguantéis un poco más. La respuesta llegará antes de lo que pensáis. Y cuando llegue, sabréis que la espera ha merecido la pena. Creedme, me gustaría tener ya una respuesta. Sería mucho más fácil responder de manera simple y directa. Pero no os merecéis una respuesta simple. Os merecéis algo mejor. Y sé que no os conformaríais con otra cosa. Por eso, no podemos tratar la respuesta con ligereza. Sería tirar por tierra todo nuestro trabajo, y lo que es peor, el trabajo de todas esas personas que nos han hecho mejores. Sería, no lo dudéis, faltaros al respeto.

Para terminar, sé que esperabais una respuesta clara y directa. Os prometí una respuesta clara y directa. Y sabéis que no podría volver a dirigirme a vosotros si faltase a mi palabra. Por eso, hoy puedo decir por fin que tenemos una respuesta. Sí, oís bien: hay una respuesta. Siempre ha estado ahí. La respuesta, amigos, está en vuestras manos. En las manos de todos los que habéis hecho posible este viaje.

Así que ha llegado el momento de dar por terminado el camino que iniciamos hace sólo unas líneas. Sé que la respuesta ha podido sorprender a algunos, y que otros, unos pocos, se habrán sentido decepcionados. Pero es algo con lo que ya contaba. Al fin y al cabo, quien se arriesga, quien aborda los problemas con integridad y sin miedo, termina pagando su audacia, en un momento u otro. Pero no me importa, porque como dije, mi única prioridad en estas líneas ha sido cumplir lo prometido: daros una respuesta. Disfrutadla como se merece.

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