Ni Estado ni Mercado

Adoration_of_Golden_Calf_Poussin_1629

 

Siendo yo joven, pasé por la misma experiencia que muchos otros; pensé dedicarme a la política tan pronto como llegara a ser dueño de mis actos, decía el viejo Platón. Hace ya unos cuantos años yo también fui joven, y aunque no pensara dedicarme a la política, sí me interesaba. Era anarquista, por aquella época. De los “de toda la vida”, de los de “A las barricadas”. Con muchas contradicciones, afortunadamente, pero anarquista. Pasó el tiempo, y puedo decir que no cometí ninguna barbaridad. El 11/S llegó en los años de estudiante universitario, y pasó factura. También afortunadamente. Errico Malatesta dio paso a Oriana Fallaci. No sólo, pero también. Entre muchas otras lecturas. Más tarde, Mises, Rothbard, Hayek y hasta Ayn Rand.

Si algo he tenido claro a lo largo de estos años es la certeza de que el Estado es, digámoslo de un modo suave, problemático. Criminal, decía allá por los dieciocho años. Confiar en esa máquina voraz para que resuelva todos nuestros problemas no sólo es éticamente inaceptable. Es, además, inútil. Andan las aguas revueltas estos días -y cuándo no- a cuenta de los resultados en las elecciones al Parlamento Europeo. Todos los partidos que han triunfado, con alguna excepción, lo han hecho precisamente con un programa de aumento del Estado. Tanto el Frente Nacional como Podemos. Sospecho que son muy pocas las ocasiones en las que se obtiene éxito en política sin cumplir esta premisa. La mecánica es simple: prometer cosas ahora, y pagarlas después. No falla. Aunque algunas de esas cosas sean privilegios injustificables, aunque esos privilegios se conviertan poco a poco en “derechos”, y aunque la factura se esconda bajo la mesa. O tal vez no haya que decir “aunque” sino “precisamente porque”. Y cuando la factura por fin aparece -y siempre aparece- es suficiente con indignarse, movilizarse y romperla en la calle, en un éxtasis colectivo. Las consecuencias, al fin y al cabo, son ficciones que salen por la TV. Así que el Estado como padre, madre, tutor y Dios proveedor, no sólo es una ficción. Es una ficción dañina.

Pero mientras escribo esto, hay críos que no pueden comer en condiciones, familias en las que ningún miembro trabaja, y pensionistas que sostienen económicamente a los hijos y a los nietos. Decir que todos esos casos son fruto de malas decisiones personales es una estupidez. Ya hemos dicho que el Estado no puede erigirse en el garante material de todas nuestras necesidades, pero entonces… ¿quién? Aquí comienza el otro lado del problema, que da título a esta entrada. El Estado no es solución mágica e infalible. Pero tampoco el Mercado. El discurso utopista y el pensamiento mágico no son exclusivos de los adoradores del Estado. También se da entre los liberales. Y ambos lados tienen sus chamanes, algunos de ellos involuntarios, porque la necesidad de cierta experiencia del Absoluto es prácticamente universal. Tal vez sea, y es justo reconocerlo, menos frecuente entre los liberales, pero es igualmente necesario reconocer que tiene su presencia. En muchas ocasiones, basta sustituir la palabra “Mercado” por “Estado” para darse cuenta. “El Mercado se hará cargo de quienes no puedan ganar lo suficiente para vivir”, dicen los utopistas moderados. Los no tan moderados afirman simplemente que el Mercado se encargaría de que no hubiera pobreza. Y lo dicen con una seguridad pasmosa, tal vez para no tener que enfrentarse a la posibilidad de que, con Mercado o con Estado, siguiera habiendo “fallos”, “injusticias” o como queramos llamar al principio de realidad. Lo dicen también como si el Mercado “fueran otros”. La única diferencia entre los adoradores de uno u otro Dios sería la coacción; la indiferencia ante los problemas sería la misma.

A veces pienso que se puede calibrar el nivel de infantilismo de un discurso político atendiendo únicamente a la presencia de determinadas palabras y construcciones gramaticales. La frecuencia de los condicionales es una de las pistas más fiables de que estamos ante un discurso pseudorreligioso, mesiánico. Por contra, el uso de adverbios de duda suele ser sinónimo de prudencia, de una limitada confianza en la validez de los conocimientos propios y de las soluciones planteadas. La cuestión es que queremos certezas, no dudas. Queremos soluciones homogéneas, infalibles, y queremos que los autores de esas soluciones sean también infalibles. En muchas ocasiones preferimos no contrastar nuestras creencias, porque corremos el riesgo de que se debiliten. Es una cuestión emocional, poco se puede hacer. Y esta esclavitud afectiva no entiende de espectros políticos.

Ni Estado ni Mercado van a solucionar nuestros grandes problemas. Y no lo harán porque, al contrario de lo que se suele pensar, los grandes problemas no requieren grandes soluciones que se ajusten a determinado paradigma teórico, sino pequeñas aproximaciones. Y una gran cantidad de resignación. Confiar ciegamente en uno u otro no supone gran diferencia, pero es una excusa perfecta, en ocasiones, para lavarse las manos y para seguir sujetos a un gran relato que nos proporcione identidad.

OBRAS MENCIONADAS:

La Anarquía

La rabia y el orgullo

La acción humana: Tratado de economía

Camino de servidumbre

Anuncios

4 Comentarios

  1. Empiezo a seguir tu blogo en wordpress. Pura coincidencia: buscaba gente que emplease el tema “Flounder” que tanto me gusta 🙂 Buenas reflexiones, en algunas (P-Lib) hasta coincidimos. Me pregunto si en ese “hueco” entre los grandes relatos en los que confiamos a veces y las elecciones conformadas por la afectividad es donde se encuentra… la libertad individual.

  2. Entonces cuál es el nombre del juego, ¿separar las mentiras dañinas de las estupendas? ¿No es la mentira merecedora de antipatía, por no decir odio (sobre todo cuando son muy gordas, es decir, sirven para hacer muchas cosas, para mover montañas o declarar guerras de masas) de por sí? ¿Qué clase de ficción es la que fundamenta la creencia en el individuo autónomo y responsable?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s