Héroes posmodernos

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Un comisario y un inspector de la Policía Nacional avisan al propietario del bar Faisán de que se va a producir una redada. El bar es la base de una red de extorsión de ETA. Pero en lugar de ser condenados por colaborar con banda terrorista, se ensalza su hoja de servicios, reciben apoyos de sus compañeros y se defiende su papel en el proceso de paz. Héroes.

Sánchez Gordillo y sus secuaces alegres compañeros asaltan un supermercado, amenazan a varios empleados y se marchan con doce carros de productos robados. El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía sobresee la acusación contra Gordillo. Héroe.

Un bombero se niega a cortar unas cadenas en un procedimiento de desahucio, recoge un cartel de Stop Desahucios y se suma a la protesta. El bombero es sancionado por la Subdelegación del Gobierno -600 euros por alterar el orden público-, presenta un recurso contra la sanción y más de un año después, tras acudir al juzgado, habla del ‘terrorismo instaurado por los gobiernos’ para referirse a lo que él considera unas leyes injustas. Héroe.

La monja benedictina Teresa Forcades, anticapitalista, antivacunas, defensora del aborto y de la píldora del día después, independentista y defensora de Chávez. Activista de todo ello, nada de mera contemplación. También teóloga, y por eso sorprende aún más que llegue a decir que Dios no es lo único absoluto. Héroe. O heroína, en este caso.

Pablo Hasel. Qué decir. El rapero revolucionario que dejó perlas como Yo seguiré brindando cuando ETA le vuele la nuca a un ppero. Tal vez no llegue a héroe de masas comparado con los casos anteriores. Y desde luego está a otro nivel en cuanto a vileza. Pero también tiene, claro, sus defensores. Los Chikos del Maíz, por ejemplo, grupo de rap con letras como el 11 de septiembre no fue un drama fue justicia, y del que forma parte un tal Nega. Sí hombre, el que salió en un libro con Pablo Iglesias.

Francisco Javier Martínez Izagirre –Javi de Usánsolo- sale de la cárcel y es recibido con honores en su pueblo, Galdácano. Javi de Usánsolo –el alias ya da una pista- fue condenado a 85 años de prisión por el asesinato de Fabio Moreno, un niño de tres años. Etarra recibido con antorchas, cohetes y carteles en su pueblo, que también es el mío. Héroe.

Los cuatros primeros casos difieren en algunos aspectos, pero tienen algo en común: más allá de la calificación de los propios actos, todos ellos han sido cometidos por personas en el ejercicio de sus funciones, y esas funciones les impedían actuar de esa manera. Un policía no debería ayudar a una banda terrorista, un bombero no debería desobedecer a sus superiores, un político no debería actuar en la calle –menos aún asaltar un supermercado-, y una monja no debería lanzar mensajes difícilmente compatibles con su Iglesia. Los actos en sí mismos pueden ser más o menos graves, pero más allá de eso lo que llama la atención es que junto al acto en sí no se hubiera producido el abandono de las funciones que los hacían difícilmente justificables. En ese caso tal vez sí podría hablarse de cierto heroísmo. O de coherencia, al menos.

El quinto caso es simplemente fruto de una enfermedad pasajera llamada adolescencia, no tanto del autor como de sus seguidores. Una enfermedad que, como todas, puede variar en duración e intensidad en función del paciente y del tratamiento.

El último caso es bastante más grave que esos otros héroes de pacotilla, y no tenía intención de hablar sobre ello en esta entrada. Pero justo hoy han comenzado las fiestas de Galdácano y me he acordado de las antorchas, los cohetes y los aplausos con los que recibieron aquí mismo a un asesino hace menos de un año. Aquellos son héroes casi de ficción, pasajeros, accidentales, tal vez propios de la época de pensamiento débil en la que vivimos. Javi de Usánsolo y otros como él, no. Son recibidos como auténticos héroes en numerosos pueblos del País Vasco. Y no son simplemente malos profesionales, enajenados con delirios o raperos que coquetean con el terrorismo, sino terroristas.

Pretendía hablar sobre cómo ha ido degenerando el concepto de heroísmo en el S.XXI, pero la ligereza de la entrada se ha evaporado al recordar a estos otros héroes. Siniestros, reales y duraderos.

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