El aborto y la tiranía de la doxa

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El primer paso que deberíamos dar antes de manifestar nuestra opinión en cualquier materia es preguntarnos qué es lo que sabemos realmente sobre esa materia. Las implicaciones de no hacerlo en casos como cuál es la mejor película de la historia o quién debería ser el portero titular del Real Madrid no son especialmente preocupantes. Sí lo son, en cambio, en cuestiones como cuál debería ser la política fiscal de un país o cuáles deberían ser los incentivos para mejorar la educación. La opinión desinformada, valga el pleonasmo, es recurrente en ésos y otros casos parecidos. Y sus consecuencias pueden ser negativas en función de la influencia que tengan esas opiniones. Si las opiniones se quedan en el plano del comentario de bar/sobremesa/corrillo, no es demasiado grave. El problema viene cuando esas opiniones son escuchadas por quienes tienen la capacidad de legislar, cuando nos acercamos a esa quinta especie de democracia descrita por Aristóteles en la que los demagogos posibilitan la tiranía de la masa.

Y si aceptamos que la opinión desinformada es más o menos preocupante en función de la cuestión a la que afecte y de la influencia que se le atribuya, deberíamos reconocer que hay situaciones en las que esta preocupación se sitúa en el nivel más alto: cualquier caso que afecte a la vida humana en general, y el del aborto en particular.

Gracias al fracasado proyecto de reforma de ley del aborto “impulsado” por el Partido Popular hemos podido observar nítidamente cuál ha sido el nivel de la discusión y, tal vez, cuál ha sido la influencia de esas opiniones. Seguramente ha habido manifestaciones medidas, rigurosas y razonables. Pero no ha sido así en la mayoría de los casos. Si algo ha quedado claro tras este largo proceso es que para buena parte de la sociedad el aborto es un derecho. Y específicamente, un derecho de la mujer. Es a partir de esa premisa desde donde se construyen la mayor parte de los argumentos. La izquierda ramplona y el movimiento libertario coinciden por una vez: la mujer es dueña de su cuerpo y de todo lo que ese cuerpo contiene. Es decir, la mujer tiene derecho a abortar cuando le plazca y por las razones que considere oportunas. Así, las consignas más visibles en estos meses se referían de algún modo a esta cuestión: el aborto como derecho. Cuestión de una importancia extrema, si tenemos en cuenta algo que apuntaba Jorge Galindo en Politikon: las reformas que conceden derechos generan resistencias ante un eventual intento de contrarreforma. Nada como convertir algo en derecho para que ese algo se perpetúe. Y tanto da que sea realmente derecho, privilegio o absurdo conceptual.

Ahora bien, como decíamos antes, una cosa es convertir en derecho algo tan absurdo como la huelga estudiantil, y otra la capacidad para disponer de una vida humana. Y precisamente porque eso es lo que se juega en el caso del aborto, la prudencia de la que hablábamos al principio debería ser algo más que un consejo para conducirse de manera civilizada. Conozco a muy pocas personas que se reconozcan incapaces de pronunciarse al respecto. La mayoría opta por defender que el aborto es un derecho, y afirma que plantear dudas ante esa postura es retrógrado, reaccionario y hasta machista. Una imposición a la mujer. Francamente, es sorprendente tanta convicción -y tanta simplificación- en un tema tan complejo y con tantas implicaciones. De hecho, la única respuesta que se me ocurre para esta convicción es que esa convicción es un mero ejercicio emotivo, y no fruto de un razonamiento pausado. La seguridad con la que se defiende el aborto como derecho absoluto a pesar de sus implicaciones es posible precisamente porque no se tienen en cuenta esas implicaciones. Si defendemos que no se puede obligar a la madre a mantener la vida del individuo en gestación, ¿por qué habríamos de reconocer la obligación de seguir manteniéndole una vez ha abandonado el vientre materno?

Podríamos profundizar en la cuestión y llevarla al terreno de los plazos. Se esgrime que es la opción mayoritaria en el resto de Europa, como si eso zanjase el debate. Pero no se suele reconocer que los plazos son decisiones arbitrarias. No hay un momento en el que objetivamente el individuo en gestación comience a estar protegido por las leyes. Tanto el individuo en gestación como el recién nacido, al igual que el adulto, no poseen ningún derecho de manera natural. Son las leyes las que otorgan esos derechos, por inconveniente que esto nos parezca. Por lo tanto, no es posible escudarse en el derecho natural para decir que a partir del tercer mes ya debe protegerse esa vida.

En cualquier caso, no profundizaré en la cuestión por dos motivos. El primero, porque me reconozco incapaz de ofrecer una respuesta realmente firme al respecto. Sólo puedo afirmar que determinar cuándo debe protegerse una vida humana mediante plazos es arbitrario, y que creo que la vida humana debe protegerse en una sociedad civilizada. El segundo motivo es que las reacciones más visibles –no tienen que ser necesariamente las mayoritarias- a la dimisión del ministro de Justicia, encargado de llevar a cabo la reforma del Partido Popular, han sido de celebración por considerar que se ha conseguido proteger el derecho de la mujer al aborto. Es decir, el derecho a considerar una vida humana como un despojo del que las mujeres pueden desprenderse sin consecuencias.

Hay muchas otras consideraciones que podríamos haber tenido en cuenta. El tono en el que suelen mantenerse estos debates, la interesada identificación de las posturas contrarias al aborto con las de la Conferencia Episcopal, el absurdo conceptual de la autopropiedad o la propiedad sobre el cuerpo como si fuera algo externo al individuo, o las consecuencias de legislar mediante la concesión de derechos que comentaban en Politikon. Todas ellas son interesantes, sin duda. Pero creo que más interesante aún, o al menos más importante, es llamar la atención sobre la facilidad con la que damos nuestra opinión sobre cuestiones que no dominamos, y sobre la influencia que pueden tener esas opiniones en la sociedad.

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4 Comentarios

  1. Hé visto a “liberales” defender al aborto diciendo que el liberalismo debia también extenderse a las cuestiones de bragueta y que habia que ser pro-choice on everything.

    Si entiendo bien sus tesis, el feto al no tener capacidad de decision autonoma no debe ser tenido en cuenta, solo cuenta la voluntad de los adolescentes/adultos que lo han concebido o mas exactamente de la mujer. Siguiendo este razonamiento no veo que es lo que impide el asesinato de ninyos de edad inferior a los dos anyos cuando todavia no hablan o incluso el de ninyos menores de siete anyos que todavia no han alcanzado la edad de razon. Al parecer en esa concepcion del liberalismo aquello de la libertad de uno solo llega a donde empieza la del otro no se aplica en el caso del feto o ninyo ya que en EEUU (y en un texto publicado en el Pais) ya hay algunos que defienden el derecho al infanticidio basandose en esa linea: el bebé no tiene capacidad de decision propia.

    También hay que recalcar el tan cacareado “derecho a decidir” es hoy en diaun derecho a decidir no usar anticonceptivos o condones porque no te sale de los c..s.

    Pues ni que decir tiene que algunos liberales pata negra, feten, con garantia de origen les siguio pareciendo intolerable el que les pidiesen usar contraceptivos y condones en vez de abortar.

  2. Regular según los plazos es algo totalmente arbitrario. ¿Por qué no delimitarlo en la séptima semana cuando el rostro se forma? ¿En la sexta cuando el corazón late? ¿Por qué no dejar abortar en la semana vigésima sexta cuando el cerebro aún no tiene surcos ni circunvoluciones? Sabrás que para muchos médicos el parto se produce antes de tiempo, para que el bebé pueda salir por el canal de la madre. A causa del tamaño de la cabeza, el embarazo ha de terminarse fuera del útero. Según esta lógica, podría decirse que un bebé recién parido no es un ser humano completo. De hecho, sabemos que los bebés no sonríen hasta que tienen unos 2 meses de edad, porque su cableado cerebral no está del todo desarrollado y no empatizan con los adultos. ¿Por qué no poder abortarlos hasta dos meses después de nacer y antes de que sonrían? En fin, me hallo en la misma disyuntiva que tú, pero confuso ante tanta palabrería. Un saludo.

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