Otro año más sin enseñar Filosofía

Andar por el mundo con la boina en la cabeza.

Andar por el mundo con la boina en la cabeza.

 

Otro año más sin poder dar clase de Filosofía en castellano, por el hecho de no tener acreditado el nivel de Euskera. Nada importa la experiencia, el curriculum, el reconocimiento de alumnos y compañeros o las competencias demostradas en tantas sustituciones. No es posible enseñar a Platón, a Descartes o a Marx si no demuestras un conocimiento suficiente de refranes y expresiones comunes en la lengua patria. Insisto, hablo de enseñar a Platón, Marx o Descartes en castellano, no en euskera. Esto es lo que convierte una mala situación personal en algo delirante.

Antes del verano tuve la oportunidad de aprobar la segunda parte del examen que acredita el dominio del euskera. Previamente había superado la prueba de comprensión oral y lectora. La segunda consistía en una redacción de 300 palabras, sobre uno de los dos temas ofrecidos. El primero era los campamentos de verano para aprender euskera. Valiente ironía. El segundo, que por eliminación debía ser el que eligiera, el Slowfood en el País Vasco. Como el tema no daba –o no me daba- para más, opté por enlazar con los males de la globalización en la gastronomía y otras zarandajas que puntúan alto en este tipo de exámenes. Al comprobar la nota, días después, vi que no había superado el corte. Pensé que el motivo guardaría relación con algo con lo que tuve que lidiar durante el curso; la dificultad para pergeñar redacciones propias de un alumno de 1º de ESO. Tanto daba que el tema fuera la piratería, la educación o los prejuicios, al final siempre recibía la misma corrección: simplifica. Hasta niveles vergonzosos. Y todo porque el corrector que iba a leer la redacción al parecer no estaba ahí para desentrañar oraciones complejas o para captar ironías. O tal vez porque es imposible construir un discurso complejo legible usando esa lengua. Cualquiera de las dos hipótesis es digna de reflexión.

El caso es que no, no fue por eso. Llevé el examen al centro donde estaba matriculado, y la profesora me explicó el motivo. La redacción estaba bien, para aprobar de sobra, pero al parecer no me había ceñido al tema. Sí, había cumplido el objetivo de trufar los cuatro párrafos obligatorios de lugares comunes, expresiones manidas e ideas agradables. Pero uno de los siete elementos a valorar era no salirse del tema, y al parecer no cumplirlo equivalía a suspender la prueba. Por mucho que la expresión y los recursos empleados fueran adecuados.

Así que, como decía, otro año más de supervivencia. Clases particulares, trabajos variopintos y euskaltegi. Todo para poder explicar, algún año, la distinción entre doxa y episteme, el círculo cartesiano o la dialéctica en Marx. Hasta que ese día llegue, se encargará de ello algún licenciado en Teología, Filología Hispánica o Psicología. Y ni siquiera parece viable la opción de trabajar en otra región. A principio de curso recibí una llamada de un centro concertado de Madrid. Contrato de un curso como mínimo, jornada completa. Pero, ay, no habían caído en la cuenta de que residía en Bilbao. Se me escapa por qué eso podría ser motivo para buscar a otra persona. Pero lo fue.

Siempre que hablo de este tema tengo que recordarme el neque detestari de Spinoza. Acciones humanas, sí. Y de fácil comprensión. Pero controlar el desprecio, en ocasiones, es tarea difícil.

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8 Comentarios

  1. Si no nos rebelamos, cada vez pasará mas de esto. Y lo mejor es que la rebeldía te le ponen a huevo. Se han empeñado en que, a falta de cambiarnos de lengua, de momento hacerlo con algunas palabras y expresiones clave, que funcionan a modo de pasaporte. O a modo de expresión de temor reverencial por el puto vernáculo. Todos esos “agures” y su p*** madre.

    Pues perfecto. Nada como usar las expresiones de toda la vida, empleadas de siempre por los vascoparlantes mismos, pero ahora prohibidas. Por ejemplo, vascuence. Dices vascuence, y ponen cara de infarto de cerebro. Insistes, y claramente se cabrean. Que es el objetivo, y lo único que se puede hacer. Y por supuesto, a un “agur” contestar con un muy sonriente “sayonara”. Que además en japonés clásico tiene cierto matiz de “hasta nunca”. Se suben por las paredes.

    Me parece de cajón. Si hay latiguillos obligados, puestos ahí para mostrar que pasas por el aro, nada como demostrar que *no* pasas por ese aro. Y puto vascuence, o lo que haga falta. Porque a esta sociedad de borreguitos temerosos no se le puede ir con razones, tipo Let them die. Hay que darles un “bulsiscón”, que diría mi abuela euscaldún. Y son de muy fácil espanto.

    Lo primero es hacer los deberes.

    • Lo pienso a menudo, la verdad. Y en cierta manera es probable que haya algo de esa rebelión en muchos de mis comportamientos. Pero seguramente es algo inconsciente, porque sé que es una rebelión inútil. Y sé que el hecho de que sea inútil no la hace menos necesaria, más bien al contrario. Hoy mismo he tenido que rellenar la matrícula para el curso de este año. El nombre con “c”, claro. Como lo apunta uno mismo, no hay que pedir que corrijan la “K” de marras. Y como lo llevo ya aprendido, me resulta incómodo. Como infantil. País de nacimiento, España. Y al escribir algo tan obvio como eso no puedo dejar de pensar en las implicaciones. ¿Qué harán los integrados? ¿Euskal Herria? ¿En blanco? ¿Sentirán incomodidad? Modelo de escolarización, entorno lingüístico familiar, entorno lingüístico con los amigos…

      Y luego, fuera de ese entorno, también hago el “esfuerzo” de no caer en la normalización. Hasta luego, adiós, gracias. Nada de agures. Ni siquiera Bizkaia, Galdakao y demás. En parte por corrección, en parte por la rebeldía de la que hablas, y en parte porque no puedo evitar experimentar sensaciones muy desagradables cada vez que tengo que emplear esa lengua, o sencillamente cualquier cosa que tenga que ver con la normalización. No debería, pero con algunas cosas ya he llegado a un punto en el que estoy muy por debajo de la racionalidad.

      Lo del vascuence aún no lo he tocado, y ciertamente no sé muy bien por qué. En fin, que es verdad, no hay que ponérselo fácil. Pero no creo que termine por influir en el resultado. Seguirá pasando cada vez más, independientemente de lo que hagamos. Aunque lo que hagamos, en cierta manera, importe.

      • Yo me hago la siguente composición. La falta de contestación es porque han conseguido acojonar a la gente. Por dos vías. La violencia social (el ser *señalado*, etc), y eso que llamo “temor reverencial”. *Nuestra* lengua, la lengua *propia*, la *cultura* que nos hace nosotros, hay que amar nuestra esencia, y todas esas majaderías.

        Han conseguido que todo el mundo trague una estúpida “política” lingüística, sin el menor debate. Ni discusión de costes, objetivos, ventajas e inconvenientes.

        La parte de la violencia social no la puedes evitar. Pero es la parte débil, paradójicamente. Dura mientras dure la violencia, y la gente se suee acabar cansando. Es la parte “moral” la que importa. Y como se basa en ese alltar completamente injustificado en el que han puesto a una lengua marginal y básicamente ágrafa, la forma de combatir la jugada (el altar) es a base carcajadas, tomatazos, y “bulsiscones”. Que otros vayan perdiendo, al verlo, ese respeto acojonado que no tiene base alguna.

      • Y luego están los padres de los alumnos que desde 2º ESO no entienden nada en Gizarte y Natura (Sociales y Naturales) y lo ven normal. Un par de horas a la semana a la academia, que memoricen para el examen y a ver si con suerte van tirando hasta Bachillerato. Ésos no actúan así por amor o respeto a la lengua, sino por miedo a las consecuencias. Si el chaval estudia sólo en castellano -circulan leyendas de centros donde eso aún eso posible- temen que luego no pueda trabajar. Hace años se hablaba de una prueba obligatoria de dominio del idioma en 4º ESO, de no aprobarla el alumno no podría pasar a Bachillerato.

        Son muchas cosas.

  2. Pingback: Me cago en el puto vascuence | PlazaMoyua.com

  3. Pero, Biibao no está a tiro de piedra de Cantabria? No se enseña filosofía allí? No hay procesos selectivos, listas de sustutuciones y todo el circo del mundo de la educación en España? Conozco mucha gente que se fueron a otras comunidades autónomas porque era mas facil aprobar o entrar en listas de sustituciones. y creo que enfadarse por que te suspendieron un examen está muy bien y es muy digno -a mi me suspendieron también en una ocasión en la Escuela de Idiomas por razones similares a las de tu caso y también me sentó muy mal-; pero lo primero es comer…

      • También se puede intentar aprobar el examen de vascuence…que a determinada edad uno ya debería saber que dominar una materia no es lo único preciso para aprobar un examen. Y trabajar dando clase en Castro Urdiales viviendo en Bilbao no me parece mucho emigrar, dicho sea de paso.

        A donde quiero llegar es a que a quienes hay que compadecer y apoyar es a los alumnos y a los padres de alumnos que no pueden estudiar en la lengua de su elección o son obligados a aprender cosas innecesarias. Los profesores tendrán que cumplir los requisitos indicados por su empleador y la autoridad educativa correspondiente, y de no ser el caso, buscar trabajo en otro lado.

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