‘ETA debe seguir existiendo’



“Mientras existan presos políticos por habérseles acusado y condenado, aunque sea falsamente, por miembros de ETA, ETA tiene que seguir existiendo“.

Eso decía hace unos días Patxi Zabaleta, coordinador de Aralar y antiguo miembro de la Mesa Nacional de Herri Batasuna. Lo leí en su momento y me lo apunté para comentarlo, pero no volví a acordarme de ello hasta ayer, cuando leí esta pieza en El Mundo sobre el último documental de Iñaki Arteta, ‘1980’. La memoria es caprichosa, ya se sabe, y no me acordé de las palabras de Zabaleta hasta el cuarto párrafo:

Vuelta ciclista en Salvatierra. Tres guardias civiles la dirigen. En un Sincamil 200 llegan varios miembros de ETA; los disparan y se marchan. Pero uno de ellos sólo queda herido. Así que la gente del pueblo gritó: “¡Está vivo, está vivo!”. “Se dieron la vuelta y lo remataron con 24 tiros”, cuenta su viuda, Gema López.

Yo aún no había nacido, aunque es éste un detalle sin importancia. Lo que sí es importante es el hecho de que jamás haya oído hablar de ese atentado. A pesar de que recoge elementos del terror más descarnado, el terror que no es cosa de dos o tres fanáticos enajenados, sino que afecta a todo un pueblo. ¡Está vivo, está vivo!

 

Como yo, imagino, habrá miles de personas que nunca hayan oído hablar de Salvatierra. Nuestro concepto del terrorismo es realmente simple. Los asesinos y las víctimas. Dos elementos sólo. Los que asesinan y los que son asesinados. Es verdad que hay otros elementos difusos. Los que justifican sin mancharse las manos, y sin que parezca que justifican del todo. Los del dolor en abstracto y la disolución de la culpa en un absoluto irreal. Reconocer a todas las víctimas, todos debemos pedir perdón, etc. Ahí se sitúa Zabaleta, entre muchos, muchos otros.

Pero no. No es así de simple. Y sabemos que no puede ser así de simple. Ninguna organización terrorista popular sobrevive sin apoyo popular. Parece evidente. Así sobrevivió ETA durante tantos años. Con el apoyo de quienes participaban activamente, sí. De quienes ofrecían cobijo, coche o información sobre los enemigos del Pueblo. Pero especialmente, con el apoyo pasivo de quienes enterraban la cabeza, de quienes se apartaban de aquellos que habían sido señalados. El apoyo activo hizo posible que ETA matase. Era una cuestión logística. El apoyo pasivo hizo posible que ETA, simplemente, siguiera existiendo. Muchos tomaron parte en ese apoyo activo, y muchísimos más se prestaron a ese otro apoyo cobarde, desde lejos.

Quinto párrafo:

A Susana García ETA le arrebató a su padre. Al día siguiente volvió al colegio. “Nadie se sentó a mi alrededor en clase. Nadie me volvió a dirigir la palabra, sólo para insultarme o insultar a mi padre. El único amigo que me quedó fue mi hermano”.

No se sabe quién asesinó a su padre porque no hubo testigos. Dos terroristas entraron en su bar y le dispararon cuatro veces. Escaparon en un coche en el que les esperaban otros dos terroristas. Susana García tenía entonces 14 años, y después del asesinato de su padre le llegó la muerte civil. Abandonaron Barakaldo porque les resultaba imposible seguir viviendo allí. Los vecinos, no ETA, se encargaron de ello. El apoyo pasivo.

Ismael Arrieta Pérez de Mendiola

Volvemos a Salvatierra para hablar de Ismael Arrieta Pérez de Mendiola, otro nombre que desconocía. Ismael era el cura de Salvatierra, y tuvo un papel importante en el desarrollo de los hechos. Cabría pensar que ese papel consistió en ofrecer consuelo a las familias de las víctimas. Cabría pensar en algo parecido al discurso del Padre Barry en La Ley del Silencio, si fuéramos unos idealistas. Pero no fue así. Ismael Arrieta Pérez de Mendiola, sacerdote, fue cómplice en el atentado. Fue él quien se encargó de proporcionar la información a los terroristas que asesinaron a los tres guardias de  tráfico. El sacerdote ya había sido condenado previamente a 18 meses de prisión por colaboración con banda armada. Se había ocupado de trasladar a varios miembros de ETA y de llevar mensajes a la dirección de la banda en Francia. Por el asesinato de los tres guardias civiles fue condenado a treinta años de prisión.

Desgraciadamente, Ismael Arrieta Pérez de Mendiola no es un caso único en la Iglesia vasca. Desde la Coordinadora de Sacerdotes de Euskal Herria se llegó a justificar la violencia etarra como un mal menor. Había dos tipos de violencia, la ofensiva y la defensiva, y no podían condenarse todas por igual. Además, el problema real no era ETA, sino la situación injusta del Pueblo vasco. Setién no llegaba tan lejos, pero dejó bien claro a María San Gil que en ningún sitio estaba escrito que tuviera que querer a todos sus hijos por igual. Hablaba de las víctimas y los verdugos, claro, y eran estos últimos quienes contaban con el favor paterno.

Podríamos seguir con otras historias parecidas. Desconocidas, muchas de ellas. Y seguramente lo haremos en ocasiones futuras. Patxi Zabaleta dice que ETA debe seguir existiendo mientras queden “presos políticos”. Él y otros como él saben que la supervivencia de ETA y de quienes formaron parte de ella no depende ya del apoyo activo o pasivo del pueblo, sino de la construcción de un relato ficticio que reescriba la Historia. Algunos llevan ya mucho tiempo dedicados a la tarea, e imagino que no tardará en llegar, si no lo ha hecho ya, a las escuelas. Pero a ese relato falso habrá que seguir anteponiendo la crudeza de los hechos, la persistencia de la memoria. Y tendremos que recordar algunos ejemplos de ficción auténtica para ser capaces de enfrentarnos a la gélida realidad de un Ismael Arrieta Pérez de Mendiola.

Cada vez que esos malvados aplastan a un hombre que intenta cumplir con sus deberes de ciudadanía es una crucifixión. Los que contemplan impasibles estos crímenes, los que silencian cuanto saben sobre lo ocurrido, son unos cómplices más. Como el romano que clavó su lanza en el cuerpo del Señor para ver si estaba muerto… 

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8 Comentarios

  1. Muy bueno. Y en la diana. No me acordaba de lo de “está vivo, está vivo”. Hay cosas tan repugnantes que procuras olvidar. O no saber. Especialmente si lo repugnante es tu gente, tus conciudadanos. Pero en esa frase está el resumen de todo. De lo de antes, y de lo de ahora. Está vivo, está vivo.

    Te lo robaré algún día. Aviso.

  2. Sangra el corazon al leer esto. Dice Montesquieue que la democracia solo es sostenible s el pueblo es virtuosos pero que democracia pueda haber cuando los que votan gritan “Está vivo?”? En la Alemania nazi buenos padres de familia corrian la Gestapo si se les habia escapado un judio. En el Pais Vasco Pnivista corrain a ETA si se les habia escapado un maketo sin el RH como es debido.

    Dios como sangra el corazón, Dios como sangra!

  3. Hablando de Iglesia vasca en este caso francesa. Durante la transicion tuve una novia hija de un capitan de gendarmeria. Me cont&oacute que unos anyos antes estando su padre destinado en el Pais Vasco, ETA raptó a un industrial espanyol y lo escondio del otro lado de la frontera. El industrial se escapó y llegó a un pueblo demasiado pequenyo para tener cuartel de la gendarmeria asi que se refugió en la Iglesia. El cura llamó a los etarras. Lo del asilo para los perseguidos que le diesen.

  4. Uan cosa que la gente desde fuera no se da cuenta -ni puede creer- es que es muy frecuente encotrar gente del núcleo sentimental de ETA más genuino, que por lo demás son de puta madre. Eso que llamarías un tío estupendo, o un tío muy “legal”, etc. Por ejemplo, el primero que pararía a ayudar si ve un coche en apuros en la carretara.

    Y es que se trata del “efecto cuadrilla”. Por cierto, un fenómeno muy de siempre, lo de la cuadrilla en el País vasco. Se puede ser lo mejor de mundo puertas adentro de la cuadrilla, o la burbuja que sea, y un nazi furibundo de puertas afuera.

    Si al efecto cuadrilla añades el proceso -tan nazi, pero no sólo nazi- de deshumanización del otro, acabas en … ¡está vivo, está vivo!. Y al ser gente muy normal cuando no operan esos efectos, no se lo creen cuando desde fuera se les ve como lo que son. O como lo que hacen, más bien.

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