El horror inflacionario

 

Algunos de los asesinatos cometidos por el Estado Islámico desde 2014.

Julio de 2014, cuando aún se llamaba Estado Islámico de Irak y el Levante: fotos de soldados sirios decapitados. Agosto del mismo año: aparece el vídeo de la decapitación del periodista americano James Foley. Mismo mes, mismo año: aparecen en Twitter fotos del sargento del ejército del Líbano Ali al-Sayyed decapitado. Septiembre: vídeo del periodista de nacionalidad americana e israelí Steven Sotloff, también decapitado. David Haines, Hervé Gourdel, Alan Henning, Peter Kassig, Haruna Yukawa y Kenji Goto, decapitados. Y decenas de soldados y civiles a los que no ponemos nombre, en Afganistán, Siria o Irak.

Enero de 2015: fotos de varios hombres arrojados desde una torre mientras el público contempla el espectáculo con gozo. Les acusan de ser de “la gente de Lot”, es decir, homosexuales. Una de las fotos muestra a uno de los hombres a punto de ser arrojado al vacío. Otra muestra a un segundo hombre en plena caída, mientras se ve al primero ya en el suelo.

Febrero de 2015: otro hombre arrojado al vacío desde lo alto de un edificio, misma acusación. Detalles: el hombre tiene los ojos vendados y es arrojado desde una silla de plástico. Otro detalle: el hombre, aparentemente, sobrevive a la caída. La muchedumbre se acerca y el hombre es lapidado hasta la muerte.

Volvemos a enero: aparece un vídeo del EI en el que se ve cómo un niño asesina a dos personas arrodilladas. El niño les dispara por la espalda con una pistola. Estas dos personas serían, al parecer, espías rusos. Parece que no hay confirmación al respecto, y se duda de la veracidad del vídeo.

Por último, febrero de 2015. Hace apenas unos días. Un piloto jordano, Muath al-Kasasbeh, es asesinado frente a las cámaras del EI. Pero hay algo diferente. Esta vez no se trata de una decapitación. El piloto es conducido hasta una jaula de metal. Después de ser encerrado en ella, es quemado vivo. El vídeo, al parecer, muestra la agonía de Muath al-Kasasbeh, que dura varios minutos. El mundo muestra su incomprensión ante tal horror. Comprensible.

 

Y hoy, 9 de febrero, veo que alguien comparte una noticia en Facebook. Según un medio holandés, habría un vídeo en el que se podría ver cómo un miembro del EI asesina a un soldado con un disparo de escopeta a quemarropa, por la espalda. Un tiro en la cabeza. Un simple disparo.

¿Cómo valoramos un asesinato así después de las decapitaciones y las lapidaciones, después de ver cómo varios hombres son arrojados al vacío, o después de ver cómo otros son quemados vivos? ¿Qué es algo así comparado con un niño verdugo? Un simple asesinato. Una ejecución, casi.

El horror inflacionario. Puede que me equivoque, pero sospecho que para alguien que haya visto el vídeo del piloto jordano, estos crímenes mundanos no merecerán especial atención. Mientras los crímenes no sean horribles –y habrá un momento en que ya nada sea horrible- no serán noticia. El mundo seguirá mostrando su incomprensión y su indignación, como siempre. Ante el espectáculo, no ante el crimen.

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