Judenfrei

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Rototom Sunsplash es un festival de música reggae que se celebra en Benicassim. Hasta hace unos días era uno más de los cientos de festivales veraniegos, pero recientemente ha aparecido en los medios debido a la cancelación del concierto de un músico por presiones de un grupo de activistas.

El músico es Matisyahu. Americano, y judío. Y el grupo que inició la campaña, el BDS valenciano. BDS es Boicot, Desinversiones y Sanciones. Contra Israel, suelen decir. No contra los judíos. Anti-sionistas, no antisemitas. Pero se da la circunstancia de que Matisyahu no es israelí. Es judío, “sólo”. Y en teoría ellos no tienen nada contra los judíos por el hecho de ser judíos, sino por israelíes. Así que los organizadores del festival, preocupados al ver cómo se comenzaban a producir cancelaciones de artistas y ponentes invitados, dieron con la manera de contentar al BDS manteniendo al mismo tiempo su exquisito respeto por la tolerancia y la libertad de expresión: nada menos que obligar a Matisyahu a pasar un litmus test de idoneidad política/racial. Pese a que nunca había expresado opiniones políticas en sus letras, quién sabe lo que podía esconder esa cabeza judía. El director del festival pidió al artista judío (o hebreo, como recogen todos los medios españoles) una declaración en la que manifestase el derecho de los palestinos a tener su propio Estado, y el rechazo a todas la guerras. Matisyahu no respondió, y ésa fue la excusa para ceder ante las presiones del BDS. Aunque desde la dirección del festival niegan que hayan cedido.

Evidentemente, a Matisyahu, y sólo a Matisyahu, le piden que conteste a esa pregunta. Y le preguntan sólo a él porque es judío. Si eres un artista y no eres judío, puedes pasar. Ahora bien, si eres judío tienes que manifestar públicamente tu rechazo a Israel. Y podría llevarse un paso más allá. Ya ha quedado claro que el público puede sentirse incómodo ante la presencia de un músico judío, y que obligarles -sólo a ellos- a pasar un test político se acoge con total normalidad en España. Pero también podría generar malestar que entre los asistentes hubiera judíos bailando. Y como la logística necesaria para preguntar a todo el público es complicada, sería un buen gesto que todos los judíos, si los hubiere, mostrasen de alguna manera su judeidad. Un brazalete, una estrella amarilla, algo así. Para que no haya “desencuentro, incomprensión, intolerancia e intransigencia”. Es decir, para que no haya judíos.

La abyección moral de la que nacen todas estas actitudes antisemitas de nuevo cuño -un antisemitismo ligero: cómplice, cobarde y con buena conciencia- queda perfectamente retratada en este comunicado del director del festival.

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ACTUALIZACIÓN:

Ésta es la respuesta de Matisyahu.

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