Y si la Filosofía desaparece del Bachillerato, ¿qué?

Pensamiento crítico

Pensamiento crítico-poético

Lo mejor será que empiece negando la posibilidad de que se cumpla lo que plantea el título. Es sencillamente imposible que la Filosofía desaparezca del Bachillerato. Y es imposible de la misma manera que es imposible que la UE expulse de su seno a una hipotética Cataluña independiente.

Seguramente algunos ya habrán visto el truco en esta extraña equiparación, sólo con reparar en el título. La imposibilidad en los dos casos no deriva de una posición de fuerza ni de una situación inmutable, sino justamente de la inexistencia de eso de lo cual se plantea la desaparición. La Filosofía no desaparecerá del Bachillerato porque hace tiempo que no está, y Cataluña no sería expulsada de la UE porque no pertenece a ella.

Lo de Cataluña no es discutible, por mucho que se empeñen Romeva, Mas y el resto de osados galos. Si finalmente se consuma la ilegalidad que han ido explicitando este último año largo, es de esperar que el cielo caiga sobre sus cabezas. Y sobre la del resto de los alegres compatriotas que consciente o inconscientemente les han seguido -o empujado- hasta el abismo.

Ahora bien, ¿en qué sentido decimos que la Filosofía no existe en el Bachillerato? Al fin y al cabo, ha sido hasta ahora una asignatura obligatoria en los dos cursos de los que se compone. En todo caso, habría que preocuparse por la eliminación de la obligatoriedad en el segundo año, como han apuntado tantos escritores, profesores o incluso alumnos en los últimos meses. Es sorprendente este súbito amor no ya por el conocimiento, sino por la Filosofía, que se ha despertado desde que Wert introdujo esta cuestión en su reforma de la Ley de Educación.

Pero no es este despertar lo que voy a tratar ahora. Al fin y al cabo, es posible que ese amor siempre haya estado ahí, escondido. Lo que voy a tratar, porque me parece preocupante, es la idealización desde la que se contempla la Filosofía. O, mejor dicho, la asignatura de Filosofía. Esa idealización se observa perfectamente en uno de los argumentos que más se han esgrimido para criticar la pérdida de la obligatoriedad en Bachillerato, y es el siguiente: “Si se elimina Historia de la Filosofía del Bachillerato, estaremos condenando a los alumnos a una existencia borreguil, puesto que perderán la capacidad de desarrollar un pensamiento crítico.”

Serán “esclavos del sistema”, dicho de otro modo.

Esto, por no extendernos demasiado, es una estupidez. Y si lo dice un profesor de Filosofía, además, una idiotez.

Dos pruebas.

La primera: hasta ahora hemos tenido varias promociones de alumnos con dos cursos de Filosofía obligatorios. La última de ellas la “generación más preparada de la Historia”, expresión a la que es ya imposible acercarse sin malicia. No creo que nadie se atreva a afirmar que todos ellos han desarrollado un mínimo de pensamiento crítico. Quiero decir, es de suponer que el mismo Romeva cursó dos años de Filosofía. Más aún, todos aquellos que aplauden las mentiras y piden otra ración, todos aquellos que hablan de sentimientos colectivos y convierten en afrenta cualquier opinión disidente, todos ellos, han cursado dos años de Filosofía. Pero podemos ir aún más cerca. Concretamente, a las asambleas del 15M. Muchos de los autores de las propuestas psicodélicas que pudieron verse durante esos días no sólo cursaron dos años de Filosofía en Bachillerato, sino que incluso prosiguieron sus estudios sobre la materia en la universidad. Algunos, incluso, eran profesores de Filosofía. Por lo tanto, parece que la mera presencia de la Filosofía en el Bachillerato no es un antídoto eficaz contra el borreguismo.

La segunda, más que una prueba, es una cuestión de léxico. Y una apelación al principio de realidad. Es decir, una reivindicación de la propia esencia de la Filosofía, que no es otra que el abandono del pensamiento mágico. Valga el oxímoron. La Filosofía en ese sentido no es más que hablar con propiedad, llamar a las cosas por su nombre. Empezando, claro, por la propia Filosofía.

La Filosofía, en Bachillerato, es una asignatura. Y hay que situarla en un contexto determinado. Los alumnos, los profesores y el sistema de enseñanza son la parte fundamental de ese contexto. Y todas las asignaturas son afectadas -determinadas- por ese contexto concreto. Así, la asignatura de Filosofía de hoy en día poco tiene que ver con la que podía haber hace treinta o cuarenta años.

Comenzando por la Historia de la Filosofía, que es la que en principio está en riesgo de desaparecer, debemos aceptar que ni es Historia, ni es Filosofía. Son apenas cinco o seis cuestiones sobre cinco autores, sin conexión entre ellas. Seguramente hay profesores -y alumnos- que aprovechan al máximo la asignatura, pero el caso es que es perfectamente posible acabar el curso sin haber entendido nada. Diría incluso que es lo más frecuente. Al fin y al cabo, la economía del centro y la de los estudiantes coinciden en ese sentido: maximizar el resultado, minimizar el coste. Lo que se traduce en el aprendizaje de cinco autores. En realidad son diez, como todos sabemos, pero en el examen siempre se ofrece la posibilidad de elegir uno de un par de autores que comparten la misma época. Platón o Aristóteles, San Agustín o Santo Tomás, Descartes o Kant, Marx o Nietzsche, Ortega o Wittgenstein. La clave está en la disyuntiva.

Por simplificar, un alumno de 2º de Bachillerato puede estudiar a Aristóteles sin haber visto más que un par de pinceladas de Platón. Y de hecho, puede sacar buena nota en la prueba de Selectividad. Porque como ya hemos dicho, de lo que se trata es de conseguir una buena nota, y para eso basta con memorizar algunas respuestas tipo.

Es cierto que hay una parte del examen para la que no basta ese aprendizaje memorístico. Es el comentario crítico. O como quiera que se llame ahora. Disertación, creo. Casi un tercio de la nota, trescientas palabras como máximo. Aquí es donde, dicen, tienen que lucirse. El problema es que no tienen la base necesaria para hacerlo. Es un obsceno ejercicio de voluntarismo. No hay tiempo para trabajarlo en clase, y depende de dos cuestiones que son ajenas a la asignatura: el conocimiento material y el conocimiento formal. Es decir, referencias externas y madurez expresiva. Sin eso, poco se puede hacer.

Pretender que los alumnos sean capaces de hacer una disertación filosófica sin esos conocimientos es como pretender hacer una tortilla sin huevos. Se le puede llamar Filosofía a lo primero y tortilla a lo segundo, pero no lo son.

La Filosofía de Bachillerato, por tanto, no es lo que dirige a los alumnos hacia la madurez, al contrario de lo que apuntaba Montano hace poco.

Queda por tanto la Filosofía de 1º. Ahí podríamos situar la aportación específica de la Filosofía en el curriculum educativo. No hay examen final y hay más flexibilidad para adaptar la asignatura. No sé hasta qué punto es bueno, pero ésa es otra cuestión. De cualquier manera, no es suficiente por sí mismo. Todo profesor sabe que es muy difícil generar pensamiento crítico. A no ser que digamos que el pensamiento crítico es lo mismo que la opinión. Entonces sí. Hay opiniones a patadas. Sobre cualquier tema. Todos los alumnos tienen una, o incluso varias, sobre la misma cuestión. Y ahí radica el engaño. La Filosofía ha servido para perpetuar el imperio de la doxa contra el que ya advirtieron Platón y Aristóteles. En la ESO y en el Bachillerato se ha instalado la creencia de que los alumnos tienen que opinar sobre todo, y enseguida además. Seguramente esa creencia tiene la misma fuente pedagógica que el diabólico “Que lean lo que sea, pero que lean”. Y así, en lugar de aprovechar esos años para borrar todas las opiniones, para quedarnos sólo con los análisis y los hechos, para alertar contra los sesgos y la tiranía de los afectos y para, en definitiva, colocar a la razón en el lugar que le corresponde, se ha ido construyendo una ampliación de la educación infantil, en la que lo importante es lo superficial. Ése es el contexto, del cual nada escapa. Ni los profesores, ni los alumnos, ni las asignaturas.

Así que, en contra de lo que han expuesto muchos otros compañeros de profesión, no creo que la Filosofía corra el peligro de desaparecer del Bachillerato, porque a esto que tenemos ahora sólo se le puede llamar Filosofía por inercia. Y difícilmente puede ser ese generador de madurez y pensamiento crítico que muchos, con buena intención, le suponen. Precisamente el insistir en esa idealización no es sino una prueba más de lo que estamos diciendo. Cualquier alumno de Bachillerato debería ser capaz de hacer un análisis similar. Y no digamos un profesor de Filosofía.

Lo que sí está en peligro de desaparecer, justamente, es esto mismo. La profesión de profesor de Filosofía en Bachillerato. Y es desde luego un asunto importante, fundamentalmente para quienes nos dedicamos a ello. Extender esa visión mágica sobre nuestra labor probablemente nos granjeará muchas simpatías, y puede que incluso sirva para convencer al resto de la sociedad de que es imperativo que siga ocupando el espacio que hasta ahora ha ocupado en la enseñanza. Bien es verdad que no lo tendremos demasiado difícil, puesto que ya nos hemos ocupado de prepararles para que consuman con gusto ese pensamiento débil.

Imagino que los tiros seguirán yendo por ahí. Lo sentimental, el énfasis y la indignación. Justo lo contrario de lo que se supone que es la Filosofía.

ACTUALIZACIÓN:

En este blog han escrito una réplica a lo que publiqué aquí hace unos días. Si a alguien le interesa, puede leer tanto la réplica como mi respuesta a esa réplica. El tono es desagradable porque el autor de la réplica lo lleva a lo personal, así que advertidos quedan los lectores.

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7 Comentarios

  1. El coñazo de tu amigo modera los comentarios. Dejo mi respuesta aquí, para ver si te he pillado la idea o no:

    Yo creo que los no filósofos os podríamos entender mejor a los dos si cada uno explica los motivos de dar clases de filosofía en secundaria. Y después analiza si esos motivos se alcanzan con las clases de filosofía, y sólo con ellas. Esa sería la forma, creo, de ver lo que se pierde al perder esas clases. Nadie tendría el menor problema para hacer ese ejercicio, por ejemplo, con las matemáticas. Y de forma muy breve y clara.

    En realidad Oscar va por ahí. Y entiendo que le parece que las clases que se dan no cumplen el obetivo que él cree que tienen. El “pensamiento crítico”, que yo llamaría simplemente aprender a pensar. Incluso sospecho que apunta a que es peor pensar que aprendes algo necesario cuando no lo estás haciendo. Porque ya te despreocupas del asunto. Y tal vez opina que ese objetivo se puede lograr por otros medios. Debería.

    Lo que no veo es que Aníbal haya desmontado el argumento. No le veo mucho sentido a lo de la “tendenciosidad” del “silogismo Romeva”, que haría inválido el razonamiento. Basta generalizar Romeva, y es muy fácil. Por ejemplo, “telebasura”. ¿Hacemos un test a la salida de las últimas clases de la asignatura de filosofía? AL final, yo diría que “pensamiento crítico” y medir lo medible van muy de la mano.

  2. Los motivos por los que debería enseñarse Filosofía en Bachillerato darían para otro post. Pero sinceramente, no sabría por dónde empezar. O mejor dicho, no tengo nada claro si es necesaria o no. Necesaria “para qué”, en primer lugar. Por eso no dije nada al respecto en el post.

    El único objetivo era llamar la atención sobre el tipo de mensajes que se están lanzando para defender la Filosofía. Que en realidad defienden la asignatura. O a los profesores.

    Y creo que es necesario reflexionar sobre ello porque buena parte de esos mensajes son una refutación de la misma esencia de la Filosofía. Si por Filosofía se entiende lo que yo entiendo, claro, que es otra cuestión.

    En cualquier caso, ahí terminaba el objetivo de la entrada. No quería pronunciarme sobre si debe ser obligatoria o no. Y lógicamente la eliminación me afecta como profesor. Pero no creo que eso sea un argumento válido. Igual que no son argumentos válidos los que apelan a las emociones. Leo cosas como “La belleza de las Humanidades” y de verdad que no sé a qué se refieren.

    Dicho esto, a mí me encanta dar clase. Y de Filosofía aún más. Es decir, no creo que la asignatura sea una pérdida de tiempo. Puede serlo, y he conocido casos en los que lo era. Pero que yo crea que no es una pérdida de tiempo tampoco hace que sea necesaria. Muchos mensajes mencionan que sin la Filosofía no se podrá generar ya pensamiento crítico en las escuelas. Eso es una chorrada. Como lo que leí ayer en algún sitio: “Si la Filosofía deja de ser obligatoria, le estarán robando a muchos alumnos la posibilidad de conocer a Marx, a Platón o a Aristóteles”. Seamos serios. Es como si dijeran que los que no cursan Literatura no pueden conocer a Shakespeare o a Orwell.
    Primero deberíamos definir a qué nos referimos cuando hablamos de pensamiento crítico. Y segundo, como creo que apuntas, ese nivel de pensamiento crítico no creo que sea exclusivo de la Filosofía. Y menos aún si, como decía, las condiciones para que se produzca son externas a la propia asignatura, algo que creo que no entendió el autor de la réplica.

    En fin, eso era más o menos lo que quería decir en el artículo.

    • Bueno, ya que estamos, sigamos.

      Yo tiendo a estar de acuerdo contigo. Y la no respuesta de tu colega sobre lo que hace necesario (o muy importante) las clases de filosofía es muy significativa. Proporciona muchos enlaces, eso sí. Pero, como le digo a Aníbal, eso no pasa el “test del ascensor”. Y sin ese test, normalmente no hay plan. La gente pasa. Y por muy buenos motivos.

      Yo tengo muchas dudas sobre qué quieren decir por “pensamiento crítico”. La mayoría de los que emplean la expresión muestran muy claramente no saber de lo que hablan. Pero por no saber pensar, vaya. Para mi, en todo este asunto hay tres fases.

      1- Pensamiento correcto (saber pensar). Básicamente es el pensamiento auto-consistente. Los términos están definidos con claridad; los consecuentes se siguen de los antecedentes; los axiomas no están sacados de la gorra; hay / no hay alternativas; etc. No hacen falta clases de filosofía para eso. Pero sí hace falta aprenderlo, y bien. En la clase de lo que sea.

      2- Pensamiento filtrado por la realidad. O sea, que no es humo (por muy auto-consistente que sea); sino que se corresponde con objetos de la realidad. Preferiblemente medibles. Es un poco la diferencia entre las matemáticas y la física.

      3. Si generalizas el resultado de las dos primeras fases, a lo que llegas a es una crítica del pensamiento. En realidad del concimiento. O sea, a comprender hasta dónde se puede llegar con el pensamiento y hasta dónde no. Y te acongoja un poco comprender que no lleva tan lejos como pensabas. Pero ni de coña.

      Yo creo que pensamiento crítico debería ser esa “fase 3”. Y es fundamentalmente negativo. No te muestra tanto lo que puedes pensar (creer que sabes), sino lo que no.

      Perdón por el rollo. Me motiva. 😉

      • Pues efectivamente, algo parecido pienso yo. El pensamiento crítico es necesariamente negativo. Tiene que servir para podar opiniones. Para comprobar hasta qué punto obedecen a sesgos y afectos varios. Y el objetivo principal de esa comprobación tiene que ser, claro, las opiniones de uno mismo. Al final, la base es la epistemología, y no puede ser de otro modo.

        Por eso mismo me resultan tan molestas las defensas emotivas de la Fª. No son necesarias, y no cuestionan la propia asignatura. Son supersticiones, vaya.

  3. Cuando Sócrates enseñaba a la gente a pensar lo hacía sin tener la obligación de hacerlo, sin que tuviera la cualidad de asignatura, con lo cual los poderes políticos no tenían que suprimir una asignatura que no existía sino que directamente enjuiciaron al educador del pensamiento crítico como reo de pervertir a los jóvenes y así lo eliminaron a él directamente, condenándolo a suicidarse con una infusión de cicuta. ¿Significa eso que con su muerte acabaran con el pensamiento crítico? Si ahora estamos hablando de la filosofía es evidente que ni entonces los jueces griegos ni posteriormente los poderes religiosos han logrado acabar con el pensamiento crítico por una simple razón, el ser humano sigue estando necesitado de encontrar respuestas a sus orígenes, a su sentido en el mundo, a la enfermedad y a la muerte enfrentándose si es preciso a la todo poderosa influencia de las enseñanzas religiosas.

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