La asignatura de Filosofía: necesidad, utilidad y exclusividad.

 

Seguimos con el tema. Lo que viene a continuación es el comentario que he dejado en el blog de Tsevan Rabtan, en la entrada “Sobre la necesidad de enseñar filosofía“.


 

Creo que en este asunto convendría separar dos cuestiones: por un lado la necesidad, y por otro la utilidad. No de la filosofía, sino de la asignatura de Filosofía. La necesidad o utilidad de la filosofía como disciplina creo que debe ser discutida principalmente por filósofos. La necesidad o utilidad de la asignatura de Filosofía puede ser discutida también por profesores de Filosofía de Bachillerato. Así que me ocuparé sólo de esto último. Probablemente escriba algo al respecto en el blog, pero creo que puedo apuntar aquí un par de cosas.

Para no extenderme demasiado, comenzaré diciendo que la asignatura de Filosofía no es necesaria. Necesarias son Matemáticas y Lengua. También Inglés. Lo demás, salvo que me olvide de alguna, no es imprescindible.

¿Es útil la asignatura de Filosofía? Probablemente. Si se enseña bien. Algo que, como ya se apunta en la entrada, no está garantizado. Es más, si se enseña mal no es que no sirva para nada, es que es perniciosa, puesto que perpetúa vicios y sesgos y puede usarse para convertir opiniones particulares en verdades incuestionables.

Otra cuestión es determinar en qué consiste esa utilidad.
Aquí es más fácil decir en qué no consiste. No enseña a pensar, no genera pensamiento crítico (algo que habría que definir), no nos hace mejores personas, ni menos serviles. Y desde luego no es el pilar que sostiene a la democracia. Todos estos argumentos suelen utilizarse para defender no la utilidad, sino la necesidad de la Filosofía. Y creo que estos argumentos, cuando son usados por filósofos, hacen aún más cuestionable su utilidad.

Para qué puede servir: para proporcionar los marcos adecuados para cualquier discusión. O para cuestionarlos cuando no son adecuados. Se podría decir como en la entrada, “para preguntarse por la manera correcta de hacer preguntas”. Es decir, no tanto para hacerse preguntas propias de la disciplina -que en buena parte son galimatías: el sentido de la vida, por ejemplo- como para evitar errores al hacerlas.
También puede servir para detectar argumentos falaces, y para detectar análisis contaminados por factores ajenos a la razón. Para saber, en definitiva, cuándo estamos defendiendo o atacando algo de manera racional, y cuándo lo estamos haciendo guiados por prejuicios, afectos, etc.

Pero todo esto es algo formal. ¿Hay conocimientos materiales útiles para los alumnos de Bachillerato dentro de la Filosofía? Es decir, ¿es útil que los alumnos de Bachillerato conozcan el eterno retorno, la caverna de Platón o el concepto de dualismo? Aquí habría que especificar, pero creo que sí y no. Algunos de esos conocimientos son útiles (los conceptos, por ejemplo) y otros son prescindibles. Cuando explicas a Nietzsche, por ejemplo, los alumnos suelen prestar atención, pero eso no quiere decir que sea útil. Cuando explicas a Wittgenstein ocurre lo contrario. Y luego hay autores como Spinoza, que a mí me parecen fundamentales, que no se explican. Lo que no tengo tan claro es que sean realmente fundamentales. Lo que dice Spinoza sobre la servidumbre de los afectos ya está siendo desarrollado por los científicos. Así que imagino que será más útil enseñar las demostraciones científicas de lo que Spinoza atisba que explicar lo que decía el propio Spinoza.
Y ésta es otra cuestión importante: aun aceptando que sea útil, o que pueda ser útil, estamos hablando de un curriculum educativo. Es decir, hay un coste de oportunidad. Introducir Filosofía en Bachillerato supone eliminar otras asignaturas o reducir las horas. Puede que todas sean útiles, pero habrá algunas que sean más útiles que otras. Hay que elegir. Y ahora la asignatura de Filosofía ha perdido peso en Bachillerato. También se podría discutir sobre la utilidad de sus alternativas, pero eso sería desviar el debate.
En resumen: no creo que la Filosofía sea necesaria; creo que es útil; no sé si esa utilidad es suficiente para exigir su presencia en el curriculum.

Y con esto llego a un tercer punto, que es el que me parece realmente problemático: la exclusividad. Si la asignatura de Filosofía es útil, y si los beneficios que proporciona al alumno son exclusivos de esa asignatura, tal vez podríamos decir que es necesaria. O al menos, podríamos justificar su presencia en Bachillerato. Pero no tengo tan claro que la función de la que hablaba en mi post sólo pueda darse mediante la asignatura de Filosofía. Lo que sí tengo claro es que muchas veces la asignatura de Filosofía no cumple esa función. En 2º de Bachillerato el objetivo principal es muy diferente, viene determinado por la prueba de Selectividad. En 1º sí puede darse, pero como decíamos antes, no está garantizado.
¿Se puede garantizar? Yo creo que no. Y éste es un punto débil de la asignatura. Como se apunta en esta entrada, un mal profesor de Matemáticas va a enseñar Matemáticas con mayor o menor éxito, pero no se va a salir de ahí. Transmite conocimientos casi sin querer. Un mal profesor de Filosofía, en cambio, no sabemos qué va a enseñar. Puede enseñar las tonterías más grandes. Puede dedicar una o varias tardes de la semana a “relajación”, es decir, a apagar las luces para que los alumnos duerman o se relajen.
El profesor bueno, por otra parte, seguramente despierte el interés por su disciplina y por las cuestiones y autores propios de esa disciplina. Pero si hubiera una asignatura de Cine, el profesor bueno haría lo mismo con las películas y autores más relevantes. Y lo mismo con el Arte o la Literatura. Así que tiene que proporcionar algo más, y tiene que hacerlo además de manera exclusiva.
Por poner un ejemplo, si suponemos que es útil que los alumnos conozcan qué es un dilema ético, ¿es la asignatura de Filosofía la única manera de hacer que lo conozcan? ¿Sería igual de eficaz explicar qué es un dilema y hablar de escuelas éticas que leer Los Justos y comentarlo en clase? ¿Sería diferente ese comentario si el profesor fuera de Literatura en vez de Filosofía?
Otro ejemplo: ¿Es necesario que los alumnos conozcan el Holocausto? ¿Es suficiente con que conozcan el hecho histórico? ¿Se puede transmitir otra cosa que no sea el hecho histórico?

Bien, no sé si todo esto sirve para aclarar algo el asunto. Pero sí sé que ya he escrito más de lo que me había propuesto.

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2 Comentarios

  1. Interesante la entrada de Tsevan Rabtan. Y los comentarios. Son indicativos.

    Me apunto a su desesperación con la filosofía, que padecí de forma muy parecida. Sin embargo saco una conclusión diferente. Es cierto que buena parte es un discurso completamente vacío, porque empieza por marcar la baraja antes de jugar con ella. Y el ejercicio interesante -pero nada fácil- era descubrir las trampas previas. Pero yo creo que hay más que eso. La parte negativa, desctructiva. Antes de plantear algo, los filósofos tenían que destruir estorbos anteriores. Y lo hacían muy bien. Esa parte sigue siendo muy válida. Una especie de “destilado” de las sucesivas destrucciones produce un arma de destrucción masiva que por abreviar por abreviar “pensamiento crítico”. Y abreviando más podemos llamarle pensamiento, en oposición al cuento.

    La filosofía empezó siendo el conocimiento. Todo. Y con el tiempo ha ido perdiendo “hijos” (tipos de conocimiento), que se han independizado. ¿Ya no le queda nada y ha perdido su sentido? Yo creo que no. El ejercicio destructivo mencionado antes no tiene un área propia. Y el pensamiento necesita imperiosamente, esa destrucción. Que no es nada más que quitar lo que no sirve (lo que no se sostiene racionalmente). Es lo que evita que el pensamiento descarrile y empecemos a circular con chorradas.

    Yo creo que tú hablabas también de destrucción, e ibas por un camino similar. Si te he entendido.

    Vale, hay algunas áreas de conocimiento que tienen sus propios trucos de destrucción de chorradas. Pero un planteamiento general y formal del asunto sirve para todos los conocimientos, e incluso para la vida cotidiana. Esa podría ser una gran utilidad de la filosofía, en mi opinión. Que resumido no es más que enseñar a pensar. Entendiendo que no se trata de enseñar qué pensar, sino cómo no pensar lo que quieras pensar. También se podría llamar crítica del conocimiento, y verlo como el destino natural y más noble para la filosofía. La guinda del pastel.

    El único problema es que va completamente en contra de los tiempos. Porque la democracia, como la telebasura, es esencialmente un rosario de cuentos.

  2. Con los estudiantes de filosofía en bachillerato, lo mejor es: Nada de libros gordos y aburridos; en lugar de eso, ponerlos a leer artículos muy breves y claros (vgr, “La parábola del jardinero” de A Flew), cuentos filosóficos (vgr, los de Voltaire, Swift, Russell), cuentos de ciencia-ficción (estos últimos, cuando son buenos, son MUY filosóficos) , experimentos mentales (vgr, los de “El cerdo que quería ser jamón…” de Julian Baggini), anécdotas divertidas sobre filósofos (Diógenes, Russell, budistas zen, etc), chistes filosóficos (vgr, “Platón y un ornitorrinco entran a un bar”). Y como examen final, obligarlos a escribir al menos un artículo o cuento breve sobre tema filosófico, y hacerles preguntas sobre él (para asegurarse de que no lo copiaron por ahí). Discutiendo en clase estas cosas van surgiendo innumerables temas, conceptos y argumentos y contra-argumentos, y uno logra que la filosofía les parezca comprensible, interesante, divertida y útil. Y cuando algún estudiante pregunte “Oiga, profe, y todo esto ¿para qué nos va a servir?”, la respuesta (o mi respuesta) es: “No tengo la menor idea; eso lo descubrirás tú a lo largo de tu vida… o quizá nunca lo descubras. Pero, mira, por lo menos te servirá para entretenerte cuando ya estés viejito. Y, quién sabe, a lo mejor gracias a esto te evitas el Alzeheimer”.

    Yo le dejo bien claro que la filosofía NO es ciencia; que más bien es una rama más de la literatura (aunque histórica e institucionalmente ha sido considerada otra cosa); y que es una actividad humilde –finalmente, es “sólo” especulación e imaginación-, pero que, de todas maneras, tiene un poco que ver con TODO (ciencias incluidas); y que, aunque nunca resuelve definitivamente nada y vuelve constantemente a las “preguntas eternas”, lo que digan o escriban los buenos filósofos termina por llegar a la gente y tener consecuencias (buenas Y malas) en la vida práctica.

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