Contrafácticos

 

El otro día me dio un ataque de contrafácticos. Media hora pensando qué lugar visitaría primero en el caso de que me tocase la lotería que no juego. Nueva York, Canadá, Irlanda, Inglaterra. Esto de los contrafácticos hay que abordarlo con seriedad, de lo contrario no merece la pena. No es una simple ensoñación. Hay que hacer cálculos, pensar en cómo cambian esos lugares dependiendo de la estación, cosas así. Al final creo que elegí Nueva York, acababa de ver una foto aérea de Central Park en otoño. Me quedé mucho más tranquilo.

Ayer vi una encuesta que había compartido @mtscano. What do philosophers believe? Se trataba de mostrar cómo se declaraban algunos miembros de facultades de Filosofía -de países de tradición analítica, eso sí- respecto a algunas de las cuestiones clásicas de la disciplina y a otras más modernas. Por ejemplo, un 71,1% cree que hay conocimiento a priori, casi el 60% de los encuestados es compatibilista en términos de libre albedrío, el 50% cree en la verdad como correspondencia y un 68,2% accionaría la palanca en el dilema del tranvía. La encuesta era muy interesante, y enseguida pensé que podría usarla en clase, con los alumnos de 1º de Bachillerato. Hablaría de ella al día siguiente. Mirad, esto es lo que piensan los filósofos hoy. Porque todavía hay filósofos, y todavía piensan. Después de unos minutos pensé que sería una muy buena manera de organizar el curso. Lanzar alguna pregunta el primer día, enseñar la encuesta, explicar algunas de las cuestiones prestando atención a los porcentajes.

El contrafáctico de los domingos. Si este año estuviera dando clase hablaría de esto. Comenzaría preguntando a algún alumno ¿Quién eres? De ahí pasaría a hablar del problema de la identidad. Había empezado a ver The Walking Dead esa misma semana, y me acordé de una escena del capítulo seis, el final de la primera temporada. Cuando Jenner, el científico del CDC, les muestra las conexiones sinápticas de un cerebro y les explica que ahí está lo que somos, sea lo que sea. Los recuerdos, las experiencias, todo eso. Después, la actividad cerebral cesa. Y vuelve al de unos minutos, pero sin ese “lo que somos”. La actividad cerebral se reduce al mínimo, el sujeto se ha convertido en zombie y funciona mediante impulsos. No hay pensamiento, no hay identidad. Me apunté todo lo que haría en un papel, preparé el primer día de clase, visualicé cómo haría las preguntas. Qué es realmente ese “lo que somos”, qué implicaciones tiene el hecho de que se trate de algo físico. No era la primera vez, claro. Lo he hecho tantas veces que se ha convertido en un género. “Las clases que habría dado”. Hablaría de esto, explicaría esto, preguntaría esto. No en futuro simple, sino en condicional. Igual que con la lotería a la que no juego.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s