Huelga de estudiantes

 

La semana pasada me llamó uno de los alumnos de particulares para preguntar si podía venir un poco antes. No tenía que ir al colegio. Le pregunté por qué y me dijo que había huelga. De los profesores, pensé. Extraño, pero en fin. No, no, de los alumnos. ¿Y cómo es eso? No sé, contra una ley o algo. ¿La ley Wert? Sí, creo que sí.

Es decir, los alumnos de Bachillerato convocan una huelga contra una reforma educativa y el colegio lo permite. Pero el problema de verdad no es que el colegio lo permita. Al fin y al cabo, cuando ocurre algo así hay que sospechar que la autoridad del centro es prácticamente inexistente. El problema es que a los alumnos de un colegio se les ocurra convocar una huelga. Contra una reforma educativa o contra la pesca del atún rojo. Y la pregunta es qué es lo que habrán estado haciendo en ese centro -o qué habrán dejado de hacer- para que los alumnos pierdan un día de clase por ese motivo.

Como curiosidad, podría hacerse una encuesta entre los profesores de Filosofía de Bachillerato. Al fin y al cabo son unos de los principales perjudicados por la reforma. ¿Ha hablado de la reforma en clase? ¿Ha explicado las razones y los puntos principales de la reforma? ¿Ha mencionado la situación en la que queda la asignatura de Historia de la Filosofía? ¿Ha animado a sus alumnos a protestar? ¿Les ha contado que ellos también salen perjudicados? ¿Cómo valora el hecho de que alumnos de Bachillerato convoquen una huelga? ¿Considera que ese hecho indica que son alumnos con pensamiento crítico?

De todas maneras, como decía el otro día Arcadi Espada, hay progreso. Antes había estupidez y maldad. Ahora sólo hay estupidez.

PS: Por cierto, ese mismo día el alumno, de 4º ESO, me contó que tenía que leer un libro para clase de Lengua. “Campos de fresas”, de Jordi Sierra i Fabra. Que lean lo que sea, pero que lean. Y si lo que leen viene con fichas de trabajo corregidas, mucho mejor.

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4 Comentarios

  1. Yo recuerdo que en el cole hicimos una huelga. Por cosas internas del colegio. Pero no era una huelga de clases, sino ¡de hambre! Entrábamos en el comedor, pero nos sentábamos sin recoger la comida. No recuerdo el resultado, pero creo que a menos cierta victoria moral. Y resecto a la disciplina, ni te cuento. Hostias a discreción, cuando hacía falta.

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