¡Justicia, justicia! (bolivariana)

Leo que Maduro ha ordenado detener a los gerentes de los supermercados en los que se formen colas. Verosímil en un primer momento, teniendo en cuenta el historial del personaje. Pero hay límites en la irracionalidad. Está el mundo, y luego está El Mundo Today. Separados. Ésa es la teoría, y por eso tras un primer momento de aceptación, surge la duda. Es imposible, tiene que ser una exageración. Pero no lo es, claro. Personajes como Maduro son nexos entre dos mundos. Éste es un concepto bastante común en las historias fantásticas. El mundo de los vivos y el mundo de los espíritus. Tierra-1 y Tierra-2. La Tierra y la Zona Negativa. Son mundos separados, y es posible viajar de uno a otro a través de portales creados por el científico de turno. Pero en ocasiones, hay un personaje que no crea el portal, sino que es el portal. Es capaz de borrar la frontera entre ambos mundos. Bien, ése es Maduro. El nexo entre el mundo real y El Mundo Today.

Así que, efectivamente, Maduro ha ordenado detener al gerente de un supermercado en el que, al parecer, se formaban colas. Esto puede parecer gracioso. El loco contra la realidad. Pero no son ocurrencias inofensivas. Son decisiones arbitrarias que afectan a todos los venezolanos. Desde Leopoldo López, condenado a 14 años de encierro, hasta el ciudadano que no puede conseguir alimentos básicos. También ese gerente contra el que manda al SEBIN. Vemos la ocurrencia, qué loco, pensamos, y no sabemos nada más del gerente. O vemos esto de Chávez, con el que comenzó la locura, y pensamos que la cosa se queda ahí. Que ese “exprópiese” no se lleva a cabo.


Pero se lleva a cabo. Y pasa esto.


Y así avanza la revolución, de ocurrencia en ocurrencia. Hasta que llega el final. Ante la posibilidad de perder las próximas elecciones (el “escenario hipotético negado y transmutado”), Maduro amenaza con “no entregar la revolución” y con defenderla desde una alianza cívico-militar.


La cursilería y el énfasis para no decir lo que en realidad está diciendo. Las elecciones, la democracia, son válidas siempre y cuando no contradigan al régimen. Las normas son válidas siempre y cuando no frenen al régimen. El régimen es la revolución, y la revolución es el pueblo. Eso es tiranía, al fin y al cabo: arbitrariedad. En nombre del pueblo.

 

Ahora es cuando podríamos enlazar esto con algunos líderes y partidos de España. Podríamos decir que Venezuela, la Venezuela bolivariana, es decir, tiránica, es el modelo de Pablo Iglesias para España. Pero estaríamos mintiendo. Venezuela no es el modelo político de Podemos. O al menos, no sabemos si lo es. Lo que sí sabemos es lo que decía Pablo Iglesias cada vez que se refería a ese régimen. Por ejemplo, que “Hugo Chávez era la democracia”.

No hace falta saber si pretende hacer lo mismo en España. Debería bastar con saber cómo valora a ese régimen. Cuál es su juicio moral sobre un régimen que sitúa la arbitrariedad como norma suprema. Debería bastar. Pero no basta, porque es sólo moral. Los juicios y las asociaciones* no bastan. Hace falta decir que Iglesias quiere ser Chávez, porque decir que Iglesias elogia a Chávez no es suficiente. Decir que elogia a quien reduce la ley a mera voluntad no es suficiente.

Y ése es el verdadero peligro. No un político que elogia a un tirano, sino unos ciudadanos a los que el elogio de la tiranía no les parece suficientemente peligroso.

* Asociaciones

 

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