Una campaña dulce y amable, cargada de ilusión.

Es innegable a estas alturas que la vieja política ha muerto. Y no me voy a molestar en definir qué es eso de “vieja política”, porque en eso consiste la nueva política. En el uso de sintagmas vacíos. Como siempre, por otra parte.

También es innegable que ésta es la campaña de la dulzura y la amabilidad. Cuando Colau dijo en un mitin de apoyo a Podemos que el PP y el PSOE son criminales, en realidad estaba siendo dulce y amable. Al fin y al cabo, podría haber propuesto un linchamiento, pero se conformó con desahuciarlos del Congreso. Según Iglesias, el tono de Colau siempre es dulce y amable. Pisarello exclamó lo de “Albertito Primo de Rivera”, y la sede central de Ciudadanos en Barcelona sufrió un escrache de la PAH. Pero todo eso hay que interpretarlo teniendo en cuenta el tono, y el tono es un juicio de valor.

pah
No podemos decir que sorprenda, como tampoco sorprende el tono imbécil de los mensajes de IU. Al fin y al cabo, esos partidos se han tenido que adaptar al 15M, que fue en gran medida la eclosión de lo adolescente en la política. Fiesta, biodanzas, talleres y capoeira.

capoeira
Sí sorprende, al menos un poco, que esa infantilización de la política se extienda a partidos a los que se les supone cierta seriedad. Ciudadanos ha pasado del ataque a las políticas educativas nacionalistas a vender el humo de la ilusión. Ha pasado de la firmeza a la seducción. Y, en coherencia con ese espíritu, Rivera se empeña en mostrar lo bien que se lleva con Iglesias. Ellos dos son el cambio.

riveraiglesias
El PP, por su parte, se ha apuntado también al ambiente festivo. Empezó con el vídeo de los hipsters y ha acabado hoy con el chiste sobre las gafas de Rajoy. Han descartado la firmeza y la seriedad.

guiñogafas
Todos los partidos han elegido actuar como si ya no hubiera adultos. Ésa es la auténtica confluencia. No la de la izquierda, sino la de la ilusión.

Y el 21 vendrán los lamentos. Si se confirman algunas de las previsiones, que dan a Podemos el tercer o incluso el segundo puesto, muchos se preguntarán cómo ha podido pasar. Será bastante fácil explicarlo. En lugar de denunciar sin descanso la miseria moral de sus actos, optaron por el compadreo.
Lo peor, con todo, no será lo que hagan. Lo peor será que lo que hicieron no fue suficiente para condenarlos a la marginalidad.

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