Hoax

 

Hace unos diez años estuve trabajando en una pequeña oficina. Éramos cinco personas, y un día una de ellas compartió -ya había Twitter antes de Twitter- una noticia bastante extraña. Al parecer, en las escuelas de Estados Unidos se enseñaba que el Amazonas iba a convertirse en una reserva bajo control yankee porque se hallaba en América del Sur, una región dominada por países crueles y extraños. En un libro de texto -‘Introducción a la Geografía’, de David Norman- se explicaba cómo y por qué el G-23 había encomendado a Estados Unidos esa misión.

No recuerdo cómo nos presentó la noticia. Seguramente lo hizo desde el correo electrónico que circulaba esos días. Se produjeron los comentarios que cabía esperar, hubo gran indignación y después de unas horas cada uno se fue a su casa. Yo no dije nada.
Como la noticia me había parecido increíble, no creí que fuera cierta. Así que busqué en internet y descubrí que era un “hoax”, palabra que jamás había oído pero que sonaba mejor que “bulo”. Se trataba de un correo que se había hecho viral -creo que aún no existía el concepto-, que estaba plagado de errores y que, desde luego, aludía a una noticia y a un libro inexistentes.

amazonashoax

Al día siguiente comenté el hallazgo en la oficina. Creo que no hizo mella.

Los años de Facebook fueron una amplificación de ese episodio. Los bulos más chapuceros eran aceptados sin ningún tipo de filtro.

Heineken patrocinaba peleas de perros en Mongolia. (Hubo hasta una petición en change.org)

heineken-1

La imagen valía más que las palabras contenidas en el comunicado que emitió la empresa.

Bush leía un libro al revés. También desmontada.

Pallywood, que no fue episodio sino género.

Y una sofisticación: ‘La indiferencia de Occidente‘. Aquí Espada blandió el apellido. El autor de la foto recibió varios premios, y Espada la bronca del Consell de la Información de Catalunya por incumplir varios artículos del código deontológico de la profesión. Entre ellos el Artículo 1, que pide Observar siempre una clara distinción entre los hechos y las opiniones o interpretaciones, evitando toda confusión o distorsión deliberada entre ambas cosas (…)

* * *

Sobre esto he escrito hoy en el artículo de The Objective.

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4 Comentarios

  1. Sí, pero lo mismo que dice Espada de internet puede decir cualquiera del mundo. Todo es falso, hasta que no se demuestre lo contrario. Verdad no menos cierta para el mundo que para itnernet.

    Espada no ha entendido nunca internet. Bueno, tal vez nadie la entendamos, porque probablemente no ha mostrado todos sus efectos todavía. Pero eso mismo que describís Espada, y tú, bien pudiera ser muy beneficioso. Al contrario de lo que parecéis implicar.

    Vale, las más burdas mentiras circulan libremente en cantidades industriales, y la chiquillería se las traga si van a favor de su “corriente”. Pero todo ocurre a la vista de todos. Y es inevitable la sobredosis. A base de repetir tragadas, se podría esperar -tal vez- que la gente empiece a no creerse nada. Ni tan mal. Y es posible que también se pueda esperar que alguna de la gente aprenda a pensar, a base de tanto tragar y equivocarse. Que aprenda, en la práctica y no en teoría, y de una forma muy instructiva, que la mentira es parte del mundo. Tan parte del mundo como la verdad. O más. ¡Excelente resultado!

    ¿Por qué no?

    • Siempre que doy vueltas a esto me planteo esa posibilidad, pero termino por descartarla. No creo que la exposición continuada a la mentira nos haga más prudentes. Precisamente porque la exposición continuada la creamos nosotros.
      Es más, basta una sola mentira para que se despierte ese mecanismo defensivo. Si la primera -o la segunda, o tercera- vez no se ha despertado, es difícil que lo haga.

      Pero eso es terreno de la experiencia, y por tanto muy endeble.

      En cualquier caso, no creo que el mal esté en internet. Está en nosotros, los humanos. Internet lo hace más fácil.

      • Mi idea es que internet acelere la experiencia. Que al final sean demasiadas mentiras, demasiado rápido, demasiado visible. Pero es una especulación, claro.

        En cualquier caso, no creo que el mal esté en internet. Está en nosotros, los humanos. Internet lo hace más fácil.

        No nos pongamos melodramáticos. Internet hace *todo* más accesible. No hace más fácil mentir, pero sí mentir a más de una tacada. Tal vez la diferencia es que eso estaba al alcance de pocos (la tacada, digo) y ahora está al alcance de muchos más.

        Tu ejemplo del “hoax”, que nos ha pasado a todos, lo mismo que tiene la facilidad para que te llegue, tiene la facilidad para que lo compruebes. De hecho ahora hay mucha más facilidad de comprobación que la que había antes con las trolas y errores de la prensa, etc. O sea, no tenemos la mentira más fácil, sino mucho más difícil. Y no digo si eso es bueno o es malo; no lo sé. Pero mentir, y ocultar, es mucho más difícil.

        Y no me digas que mucha gente se cree las bolas. Se creen lo que quieren creer, pero eso ya lo hacían sin internet.

        En resumen: se rechaza la moción. 😉

  2. Es más fácil creer la mentira y es más fácil comprobarlo, las dos cosas. El que cree con facilidad tiene el trabajo hecho: una imagen y un texto, una fuente “de fiar” y el botón de compartir. El que no suele creer tira de Google y ya.

    De todas maneras tengo dos o tres posts pendientes sobre esto, así que la moción queda en el aire, de momento 😀

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