“Los queremos en casa”

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Los quieren en casa, literalmente.
Quieren en sus casas, en la calle, a gente como Txapote, Bienzobas y tantos otros. A los más de 300 miembros de ETA que cumplen condenas por haber participado en alguna de las actividades que cometió la banda terrorista.
A ellos se refieren cuando hablan de “presos vascos”, del mismo modo que quieren decir “amnistía” cuando hablan de “derechos humanos”.

Los organizadores de la manifestación que el sábado pasado recorrió Bilbao creen que todos ellos son víctimas de una guerra que se libró en el País Vasco desde, al menos, 1936. Por eso pretenden que queden en libertad. Porque no reconocen que todos ellos hayan cometido actos de terrorismo, sino que los consideran luchadores en una guerra que debe terminar ya.
Y para que termine definitivamente, para que pueda haber “paz en Euskal Herria”, sería necesario que todos esos terroristas fueran excarcelados.

Eso es lo que persiguen los organizadores de la manifestación del sábado pasado. Y no hay que buscar en oscuros informes para darse cuenta de ello.

El 13 de enero de 2017, justo un año antes de que se celebrase la manifestación, Joseba Azkarraga y Xabin Juaristi lo dejaban muy claro en una entrevista en Gara:

Los derechos humanos son la clave de bóveda del trabajo de Sare, pero más allá de cambiar la política carcelaria hay expertos como Iñigo Iruin que insisten en el problema de fondo de la legislación de excepción. El camino es muy largo aún…

J.A: No nos desanima. Sabíamos que era un camino difícil. Iruin tiene razón; para empezar, con una legislación ordinaria la mitad de los presos estaría ya en la calle. Hay que cambiar esa legislación y hay quienes esto lo plantean legítimamente desde la exigencia de la amnistía. Persiguiendo los mismos objetivos, que son vaciar las cárceles, creemos que hay que llegar hasta ahí con el apoyo de la mayoría de la sociedad, y en eso estamos.

X.J: Yo procedo de la lucha por la amnistía y hace años que esta es una cuestión estrátegica, no conceptual. Estratégicamente la amnistía es la superación del conflicto que padece este pueblo, y en eso está Sare, en superar sus consecuencias. Junto a los derechos humanos, tenemos una hoja de ruta por la resolución y la paz. El lema de la marcha es claro: Derechos humanos, resolución, paz. Tendemos a pensar que son cosas que van seguidas, pero no, están unidas, las une el Estado al usar los derechos humanos contra la resolución. Cuanto más avancemos en la resolución, más lograremos también el respeto a los derechos de los presos.

No piden el acercamiento. Ni ellos ni quienes dieron su apoyo a la manifestación. Piden, en nombre de los derechos humanos, que los miserables que durante años hicieron del asesinato una práctica política puedan evadir sus condenas.

Es comprensible que algunos, que llevan menos tiempo en el estercolero, sientan la necesidad de engañarse o de engañar a los demás. Pero lo que defienden es justamente esto. Y hay que repetírselo cada vez que pretendan hacer pasar su miseria moral por otra cosa.

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El sábado, la organización Sare publicó un listado con los bares que apoyaban la manifestación. Hablé con el dueño de uno de esos bares para saber en qué consistía el apoyo. Hubo resistencia al principio, porque reconocer que se está apoyando a una organización que pide la excarcelación de etarras es duro, salvo que formes parte del entorno. El dueño de ese local no forma parte del entorno. “Pero hay que vivir”, dijo un par de veces.
Para poder seguir viviendo con tranquilidad, colocó una pegatina de Sare en el establecimiento. Y realizó “una aportación económica” al movimiento.

“Esto ha pasado siempre, es la mafia”.

“Esto” es que aparece un tipo, conocido por todos los bares de la zona, con un sobre. En el sobre hay unas pegatinas. Una es de Sare, que el dueño coloca. Y la otra es de Sortu. “Este movimiento no está formado exclusivamente por la izquierda abertzale”, repetían los días previos.
Ese mismo tipo, imagino, recogería otro sobre con la aportación económica. No entró en tantos detalles.

Pero ahí fue el dinero de ese local y el de otros 100 bares y cafeterías de Bilbao.
A quienes trabajan para que Txapote, Bienzobas y todos los asesinos de ETA que aún cumplen condena puedan salir de la cárcel cuanto antes.

Y los que lo saben seguirán entrando en esos bares, y los que tienen tribunas seguirán hablando de cualquier cosa menos de la cobardía que ha definido siempre a esta sociedad.

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1 comentario

  1. Muy valiente por tu comentario, como siempre.

    Pero se empieza aceptando lo de pagar y poner pegatinas “para evitar problemas” y luego, para evitar asumir internamente que es un acto de cobardía, acaban relativizándolo, justificándolo, formando para del mismo grupo y defendiendo sus ideas.

    Es eso de que “no haya “vencedores”, ni “vencidos” y que el ejercicio del terrorismo, la extorsión y el miedo les salga barato y que no cumplan las penas. Que como, según ellos mismos, ellosy sol oellos eran “el pueblo trabajador vascos” y estaban “en guerra”, deben quedar libres.

    PD: Cataluña ha demostrado al menos que no es necesaria la extorsión, el asesinato, las bombas, los incendios, las pintadas amenazantes, ni la violencia extrema para pedir la independencia de una región. Con menos violencia física y usando actividades institucionales y propaganda repititiva han avanzado mucho más.

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