Lo real en la ficción

Creo que es la segunda vez que escribo en el blog sobre una serie de televisión. La primera fue sobre Breaking Bad. Sobre la inmoralidad de su protagonista, Walter White, y creo que sobre la extrañeza ante la fascinación que despertaba en los espectadores. Imagino que si hubiera visto Narcos habría tenido la misma sensación.

El lunes se emitió el penúltimo capítulo de Juego de Tronos. La serie lleva dando tumbos desde hace una o dos temporadas, principalmente en cuanto a la lógica interna. Pero en este último capítulo han recuperado uno de los elementos principales de la serie y de los libros: el realismo. No pasan las cosas que deberían pasar, sino las que podrían pasar, las que probablemente pasarían. La compasión y la obligación de decir la verdad han supuesto una condena a muerte desde que decapitaron a Eddard Stark en la primera temporada. La inmoralidad y el utilitarismo han conducido al éxito desde que los Frey y los Lannister consumaran la Boda Roja. Esto es algo que incomoda, creo. Recuerdo perfectamente el andar haddockiano, imagino que con improperios mentales -era verano y estaba trabajando en una piscina, por suerte hacía malo y no había nadie-, después de leer el resultado del pacto Lannister/Frey. Pero oye, era lo que había. El mal triunfa a veces. Y para encontrar un refugio ficticio en el que esas cosas no pasaran ya estaba Marvel.

Avanzó la trama en los libros y la serie la llevó aún más lejos. Las intrigas políticas no eran sólo intrigas políticas. Por encima de quién ocuparía el trono rondaba la pregunta de si finalmente se haría justicia, aunque creo que pocos sabíamos a esas alturas qué supondría realmente que se hiciera justicia. Sólo quedaba esperar que los personajes “nobles” pudieran morir con su nobleza intacta o recuperada. Cada espectador habrá tenido su banda de nobles. Los que para unos han sido ejemplares para otros habrán sido un ejemplo de estupidez. Jon ha sido estúpido. Pero ha sido noble. Igual que su padre. Theon ha sido alguien moralmente despreciable, y se ha pasado buena parte de la serie intentando recuperar lo que tal vez nunca fue suyo. Al final consigue morir bien, que es, junto a vivir feliz, el otro gran objetivo del ser humano. Muchos otros personajes viven atados a sus demonios, algunos con una cuerda tan larga que parece que por fin se han librado de ellos. El Matarreyes, y también el Perro. Y por último está el grupo de los que han nacido para sembrar el mal. En la cima de ese grupo, como suele pasar en la realidad, se encuentra el personaje que fue presentado como caritativo, justo y con la misión de traer un nuevo mundo, a pesar de que en cada episodio daba muestras de que era -no sería, era- todo lo contrario. El mayor tirano de la serie no era Cersei, sino Daenerys. Esto es algo que resultaba evidente al menos desde que entra dispuesta a liberar las ciudades esclavistas, aunque pareciera lo contrario. Y era algo que se podía sospechar desde que decide integrarse en la sociedad dothraki y convertirlos en su tribu. ¿Cómo iba a construirse un mundo más justo a lomos de los asesinos más crueles del mundo?

La serie concedió un paréntesis. Las intrigas políticas, que en realidad eran también una intriga moral, se hicieron a un lado. Llegó la lucha entre el bien y el mal, sin grises. Primero en La batalla de los bastardos, y después en La larga noche. Aunque en este último caso ni siquiera se podía hablar del mal, puesto que el mal sólo puede ser humano. Era la lucha entre la humanidad y la muerte, sin metáfora. Y en esa lucha no hay dilemas morales ni traiciones, sólo épica.
Ganaron los buenos, aunque de la manera más chapucera posible. Fin.
Volvimos a la lucha entre humanos, y los personajes se comportaron como humanos, no como héroes que encarnaban las virtudes clásicas. La que pretendía ser una monarca compasiva se entregó por fin a sus instintos. Ese “por fin” que ha vuelto a salir es algo a lo que llevo dando vueltas desde ayer. Podría haber ocurrido de otra manera. La Fortaleza Roja destruida, algo más contenido. Pero por alguna razón esperaba que ocurriera lo que ocurrió. Esperaba en el sentido de que era lo que creía que iba a pasar pero también lo que quería que pasara. Y es algo que no sé si debería resultarme incómodo. Obviamente no quería que pasara porque me resultase un personaje simpático, más bien me parecía el personaje más odioso de toda la serie. Puede que esperase que pasara lo que pasó por el deseo de que no optasen por un final más o menos feliz que chocaría con las premisas de la serie. Pero también puede que quisiera que pasara eso para pronunciar mentalmente un “¿Lo veis? ¿Veis lo que pasa?”
En cualquier caso es absurdo. Es una serie de televisión.

Así que Daenerys, la líder de los dothraki, la que asesina a Varys, la que vive obsesionada con recuperar una tierra en la que no ha vivido nunca, la que sólo contiene su deseo de aniquilar a sus enemigos cuando sus consejeros la convencen, resulta ser un tirano. Esto no puede generar sorpresa. Como tampoco puede sorprender que los Inmaculados y los dothraki se entreguen al asesinato en masa y la violación contra la gente de Desembarco después de que éstos se hayan rendido. ¿Sorprende que lo hagan también los norteños? Pues es posible. Porque Jon, que además de tonto es norteño, nunca haría eso. Pero es la excepción moral. A veces esas excepciones morales consiguen inspirar a un pueblo. Y a veces el pueblo mata a la excepción moral cuando intenta detener el horror.


Todo esto es por las dudas en torno a cuál es la función principal de la ficción. Describir el mundo como es, contar cómo debería ser o mentir sobre cómo podríamos llegar a ser. Descripción, prescripción o inspiración. Probablemente todo a la vez, en un complicado equilibrio.
El papel de la ficción, pero no sólo.

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2 Comentarios

  1. – “Imagino que si hubiera visto Narcos habría tenido la misma sensación” (que con Breaking Bad).

    No creo. No había ningún personaje en Narcos que tuviera ningún interés. Hacían cosas malas porque los malos hacen cosas malas. Y los polis, igual. No había más que la mera acción, sin ningún sentido ni proceso. La miseria moral de Walter White es fascinante, porque es la miseria moral humana vista con la lupa de unas circunstancias extraordinarias.

    Digamos que Narcos es El Caso (aquel semanario de sucesos); Game of Thrones es entretenimiento muy elaborado (o tal vez pasado de vueltas); y Breaking Bad es antropología.

    My take.

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