Diario de la normalidad, IV

 

Anuncio en la TV mientras comíamos: Infojobs. Los anuncios en la tele están generando una sensación muy extraña. Como si fueran lo único que aún no se ha ajustado a los nuevos tiempos. Galletas, ok. Coches y viajes a algún lugar lejano, hum. ¿Pero Infojobs? Parece una broma accidental.

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Acabo de leer que el Gobierno vasco ha adoptado nuevas medidas en Educación. Una de ellas es suspender los plazos para la oposición a profesores de Secundaria, en la que ya estaba metido. Al parecer anunciarán los nuevos plazos.
La cuestión es que, en teoría, me esperaban unos meses de confinamiento voluntario. En teoría no habría cambiado mucho si no hubiera estallado la crisis. Pero claro que ha cambiado. Ahora el confinamiento no es una opción, y sospecho que la dedicación al estudio será aún más complicada, a pesar de que en teoría sería más fácil.

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Hoy hemos visto imágenes de una media maratón en el Reino Unido, en Bath. Ayer veíamos imágenes de un festival de música en México. Y aparecen las comparaciones con lo que hicimos y no hicimos en España. Con una diferencia: lo del Reino Unido, salga bien o mal, forma parte de un plan para combatir la epidemia. Lo nuestro es exactamente lo mismo que lo de los mexicanos. Probablemente pensaremos que ellos son más irresponsables que nosotros porque no hacen caso a lo que se está viendo en España. Lo pensarán, o lo dirán, los mismos que no se preocuparon de hacer caso a lo que ya se estaba viendo en Italia y China. Y allí sus equivalentes dirán que “no se podía saber”. A pesar de China, de Italia y de España.
“Pero allí están peor, tienen a Lopez Obrador”. Vale. Aquí tuvimos al Gobierno repartiendo besos y abrazos no a niños, sino a personas mayores. Hace exactamente ocho días. A pesar de lo que estábamos viendo en China y en Italia.

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Lo que vemos (leemos) hoy sobre Italia ha alcanzado otra magnitud. Las esquelas, los muertos que se acumulan en los tanatorios. No sé si estamos preparados para cuando llegue eso a nuestros periódicos. De momento creo que lo estamos procesando como si las medidas que se han tomado fueran a dar resultados definitivos y dentro de poco.
Pero imagino que “Juntos venceremos al virus” es un mensaje más adecuado para mantener la moral que “Aún no hemos pasado lo peor”.

 

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El peor escenario: todo igual, pero cae Internet. Lo de ahora, afortunadamente, no es aislamiento social. Aislamiento social sería no poder hablar todos los días con los familiares y amigos, no poder entrar a tuiter a leer a los habituales, quedarnos realmente solos. Aunque seguramente también nos acostumbraríamos.

 

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Hoy el turno de atacar a Matthew Bennett le ha tocado a Carlos Hidalgo. No sabía quién era, aunque ha escrito en El País. “Ansioso por aprender. Intento ser periodista. Subproducto cultural del cuñadismo New Age”. A veces la bio en tuiter es lo más certero de una cuenta.

 “El Plural, El País y ahora en Muy Negocios”.

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Y ya que hablamos de El Roto:

 

 

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Vuelven, como traídos recurrentemente por la marea, los tuits y los vídeos de hace tan sólo unos días. Nos acordaremos mucho en el futuro de pobres tipos como el que en la manifestación del 8-m dijo que el virus ese no existía. El que acabo de ver es otro de RTVE, que comenzó a hacer una campaña muy efectiva por su cierre antes incluso de que se desatase la crisis. “El feminismo resiste al coronavirus en las calles: «El machismo es más peligroso y mata más» | Una crónica de arrobausuario”.

Tratarán de convencernos de que “nadie sabía que pasaría esto”. No sé si tendrán éxito. No soy demasiado optimista, porque al parecer ya nos convencieron de que “El único virus peligroso es tu machismo”. Incluso aunque nadie hubiera sabido que el virus dejaría tantas muertes -es mentira, son ellos los que quisieron no saberlo-, algo tan profundamente equivocado como lo que aparece en la pancarta recogida en RTVE, en la crónica de arrobausuario para RTVE, sí se sabía que era mentira. Y sí se sabía que las mentiras tienen consecuencias en el mundo real. Pero dejamos que todas las mentiras emotivistas expulsasen del mercado a la moneda buena. Y cuando ha llegado la hora de comprar mercancía de primera necesidad hemos visto que ni la moneda es adecuada ni existe una oferta ordenada de productos bien elaborados.

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