Fascistas y antifascistas

 

¿Son fascistas los que llevan años acosando sistemáticamente a al menos tres partidos políticos y a muchísimas personas en el País Vasco, o son antifascistas?
Pues las dos cosas.
Antes de seguir, me adelanto a las pegas. Es incorrecto llamar “fascistas” a los que ayer lanzaron piedras a los asistentes a un mitin en plena campaña electoral en el País Vasco, porque no tienen mucho que ver con lo que histórica y políticamente significa “fascismo”. De acuerdo. Pero esto es un blog, no TVE, en la que se ha dicho en los últimos meses que el coronavirus no existía o que iba a ser solamente una gripe. Así que me voy a permitir esa licencia, y voy a intentar explicar por qué.

¿Por qué los que ayer lanzaron en Sestao piedras y otros objetos son fascistas? Pues por eso mismo, porque lanzaron piedras y otros objetos. Porque dijeron públicamente que iban a impedir un acto de campaña de Vox, porque pintaron dianas en el lugar del acto, porque acompañaron con gritos y amenazas a los asistentes. Porque no es la primera vez que lo hacen, ni son los primeros a los que se lo hacen. Porque los que ayer lanzaron piedras y otros objetos entienden que lanzar piedras y objetos, acosar y amenazar, intentar expulsar del espacio público a otros partidos, también durante una campaña electoral, es una manera legítima de hacer política. Porque los que ayer lanzaron piedras y otros objetos son los que siguen pensando que secuestrar a José Antonio Ortega Lara, pegar un tiro en la nuca a Gregorio Ordóñez o activar una bomba al paso de Manuel Zamarreño era una forma legítima de hacer política. Porque además de las piedras, los insultos y las amenazas en los actos de campaña también cometen actos de baja intensidad de manera sistemática contra miembros de al menos tres partidos políticos. Porque entienden que es legítimo acosar e insultar a una concejal del PP en Galdácano antes y durante un pleno del Ayuntamiento, igual que era legítimo mandar una carta a los vecinos de otro concejal del PP en Galdácano para explicarles que quien vivía allí era un “engendro de Franco”, para invitarlos a echar del vecindario a esa persona, y para avisarles de que ellos eran “agentes externos al conflicto de Euskal Herria”, y que “no quisiéramos que sufriesen ningún daño ya que este personaje es objeto directo de nuestras acciones”, jotaké.

Son fascistas porque lo esencial del fascismo no es la letra del himno ni el color de la camisa, la estética, sino una manera particular de entender la política. Y porque lo esencial en nuestra manera de entender la política no es cómo fijar los impuestos, sino cómo tratamos a quienes tienen ideas distintas respecto a los impuestos, la educación o la inmigración. Y en el caso de quienes ayer lanzaron piedras en un acto político, lo esencial no son sus consignas sino sus piedras. Y lo esencial es que siguen haciendo lo que hacen porque funciona.

Funciona en primer lugar desde un punto de vista estratégico. No querían a Gregorio Ordóñez en San Sebastián, y lo consiguieron. No querían a Manuel Zamarreño en Rentería, y lo consiguieron. No querían a Ricardo Gutiérrez en Galdácano, y lo consiguieron. No han querido a muchísimos ciudadanos desconocidos que quisieron hacer política con normalidad, y lo han ido consiguiendo, aunque no nos hayamos enterado.
No quieren que la derecha, o el centro derecha, los “constitucionalistas” o los no nacionalistas tengan representación en el País Vasco, y en parte lo están consiguiendo.
Y lo están consiguiendo, funciona, en segundo lugar, porque la reacción mayoritaria a cada uno de estos actos consiste en hablar de “incidentes”, en insinuar que esos actos eran una provocación y en omitir la evidente anomalía democrática que supone hacer campaña electoral en esas condiciones. Funciona porque ni siquiera cuando impactan con una piedra en la cara de una diputada del Congreso se activan las “alertas antifascistas” que sólo comenzaron a sonar cuando quienes ayer fueron recibidos con piedras e insultos llenaron Vistalegre.

Y funciona porque quienes consideran legítimo amenazar y agredir a las minorías políticas en el País Vasco, quienes amenazan y agreden, son llamados “antifascistas” en la prensa y en las conversaciones.
Y me parece bien. O mejor dicho, me parece inútil lamentarse por ello. ¿Son antifascistas? De acuerdo, son antifascistas. 

Ahora bien, seamos coherentes. Asumamos de una vez que, en España, el antifascismo es esencialmente fascista.

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