Los coros del emperador desnudo

El emperador se pasea en pelotas, dice que a partir de ahora lo hará en todas sus apariciones públicas y que reformará el código de vestimenta para adaptarlo a sus preferencias. El coro de aduladores dice que ya era hora, por fin un gobernante con un proyecto a la altura de la historia.
Y los murmuradores, en las sombras, se preguntan cuál será la auténtica razón detrás del desnudo.

La auténtica razón es que prefiere ir desnudo. Que a sus aduladores les gusta que vaya desnudo. Y más les valdría a los murmuradores ir tirando su ropa a la basura, o bien dejar de murmurar simplezas. Va desnudo. No es una cortina de humo para tapar otras cosas. Va desnudo y se rodea de gente que va desnuda porque es lo que quiere. El emperador ya eligió. Y si por alguna razón hay algo denunciable en el hecho de que vaya desnudo, habrá que denunciar ese hecho, y no la imaginaria cortina que lo cubre.

El emperador se pasea en pelotas mientras el imperio se desmorona, y aún nos empeñamos en criticar el color de la chaqueta que no lleva.
Y a su sastre. Que no falte la crítica a su sastre.


Nos empeñamos en reducir automáticamente la realidad a cuentos conocidos. Lo hacemos porque no sabemos con detalle qué es lo que nos espera en el futuro, cómo se desarrollarán las cosas, y cómo nos afectarán. Pero hay una manera mejor de abordar la realidad: analizar lo que hay, no lo que puede haber detrás de lo que hay.
Lo que hay es que la Ley de Memoria Democrática la va a aplicar un gobierno que cuenta con Pablo Iglesias y Alberto Garzón entre sus miembros. Lo que hay es que quienes están presumiendo de que se acabó exaltar a dictadores llevan toda la vida exaltando a otros dictadores. Y lo que hay es que llegaron al Gobierno hace ya mucho tiempo. No los dictadores, sino los que han aprendido a gobernar con dictadores como referentes.

Lo que hay es que Carmen Calvo es portavoz del Gobierno en cuestiones de memoria, historia, democracia y feminismo. Carmen Calvo. Lo que hay es que para este Gobierno esos cuatro conceptos forman una misma cosa, y juegan con ellos hasta que los despojan de cualquier significado objetivo. De la memoria histórica de Zapatero -ya estaba Calvo- han pasado a la memoria democrática con perspectiva de género. Y la perspectiva es que aquéllos con los que sólo hablan por imperativo legal enlazan directamente con los alzados, y que todos los que tienen algo que decir ante esta ley y ante otras leyes parecidas están fuera de la Constitución, de la memoria, de la historia, de la democracia y de la ley.

Esto no empieza con lo de ayer. Ni con lo de hace unos meses. Esto es el proyecto que el PSOE puso en marcha hace muchos años. Un proyecto que comienza con Zapatero y que con Sánchez alcanza su dimensión real. Un proyecto que va mucho más allá de esconder los muertos del coronavirus, por importantes que sean y por importante que sea contarlos. Es un proyecto que pretende etiquetar a los muertos de la historia, dividirlos en buenos y malos. Es un proyecto que pretende negar cualquier rasgo de decencia a quienes reivindican que si vamos a hablar de gestas y de matanzas convendrá acudir a la historia y no a la propaganda. Que si vamos a hablar de héroes convendrá acudir a la historia y no al santoral de un partido. Y que si vamos a hablar de villanos tal vez sea más conveniente no acudir a la historia sino a Hernani, a Bilbao, a Alsasua o al Congreso de los Diputados.
Si vamos a hablar de villanos, de asesinos, de totalitarismo, convendría antes hacer limpieza con lo que se tiene cerca. Porque ya es difícil aceptar que quienes reivindican, ensalzan, adoran a lejanos dictadores asesinos presuman de que se va a acabar exaltar a dictadores; aceptar además un discurso que presume de hacer justicia a las víctimas mientras se invita a la mesa a quienes hace literalmente tres días estaban aplaudiendo a etarras va más allá de todo lo que se había hecho hasta ahora.

Que no conozcamos todos los detalles de la agenda no quiere decir que tengamos que entregarnos a especulaciones absurdas. Lo que hay, lo que se puede analizar, es lo que hacen. Y lo que hacen va mucho más allá de un torpe plan para que no se hable de los muertos.


Uno de los aspectos conocidos de esta ley es que también afectará a la educación. «La represión franquista se estudiará en las escuelas», decían ayer. Pero ya se estudia la represión franquista en las escuelas. Y la dictadura. Y la Guerra Civil. Y la República. Se estudia como se estudia todo en España. O al menos son temas que están en el temario, y que es obligatorio enseñar. Si la cuestión es que en España se podría enseñar mejor, y si la cuestión es que la inspección educativa es muy laxa en cuanto a qué y cómo se estudia, entonces tengo que decir que estoy de acuerdo. Pero si fuera eso lo que pretende el Gobierno, ¿por qué centrarse sólo en la represión franquista? ¿Por qué celebran esta ley de memoria democrática y no se plantean una ley de reforma del sistema educativo?
Porque el emperador ya decidió que quería ir desnudo.
Y tal vez convendría no insistir en esta posibilidad: al fin y al cabo, Iglesias, Garzón, Calvo y el propio Sánchez serían los responsables de esa reforma educativa. Y creo que por ahora ya tenemos suficiente con lo que hay.


A partir de ahora escribiré en The Last Journo con cierta frecuencia.

Escribí Es la hora de hacer lo correcto la semana pasada y he escrito Carta a Xabier esta semana.

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