Programa político inmóvil, II

Decíamos ayer: ¿Es posible constituir un bloque alternativo sin incluir ninguna de esas diez creencias, tampoco las implícitas? Es decir, ¿es posible combatir eficazmente esas ideas sin manipular ni mentir, sin relativismo ni dogmatismo, sin simplificar los problemas y sin vulgarizar el lenguaje y el pensamiento Y lo más importante, ¿es posible articular un discurso alternativo y no meramente negativo que pueda dar lugar a un nombre común para defender ideas y principios propios, sólidos e innegociables?

Hay un primer principio sin el que el resto de ideas sería una colección de promesas y declaraciones: estas ideas, por ser ideas esenciales, no pueden ser negociables. No pueden entregarse a cambio de posibles votos ni a cambio de una vida política y mediática más cómoda. Al mismo tiempo, no pueden tomarse como verdades ajenas, no pueden defenderse sin haber sido examinadas antes por quien las defienda. Esto es lo que significa “sin relativismo ni dogmatismo”.

Vamos con la primera idea del bloque de consenso, y con su posible respuesta.

1- Esencialismo cultural y territorios con derechos.

Frente a los esencialismos culturales y los territorios como sujetos de derechos habría que defender la idea de que el ciudadano es el único sujeto político. No existen “lenguas propias” sino ciudadanos que hablan unas lenguas u otras, y no existen “territorios históricos” sino unidades administrativas del Estado español. No se trata de defender, por ejemplo, el encaje de Cataluña en España, sino de defender a los ciudadanos españoles en Cataluña, País Vasco, Madrid o Valencia. Frente a los abusos de otros ciudadanos y también, si es preciso, frente a los abusos de las distintas unidades administrativas del Estado. Estos abusos van desde la negación de la escolarización en la lengua común, el castellano, hasta la negación de facto de las libertades y derechos políticos. En este último punto se incluyen tanto los actos de acoso contra actos públicos de los partidos ajenos al bloque como el intento de golpe de Estado que se produjo en Cataluña en 2017. Al ciudadano español que reside en Cataluña, País Vasco, Baleares o Navarra le asisten los mismos derechos y garantías que al ciudadano español que reside en Extremadura, Asturias. Andalucía o Madrid. Al ciudadano español que decide acudir a un acto político en León, en Cáceres o en Madrid le asisten los mismos derechos que a otro ciudadano español que decide acudir a un acto político en San Sebastián, en Vic o en Alsasua. Un ciudadano español que reside en León y asiste a un acto político en Alsasua es tan “invasor” como un ciudadano español que reside en Alsasua y asiste a un acto político en Alsasua. Esto es lo que dicen las leyes. Pero las leyes no se imponen ni se cumplen por el mero hecho de existir como leyes. Cuando las leyes, las libertades o los derechos son cuestionados sistemáticamente no sólo por ciudadanos concretos sino por instituciones del Estado y por representantes políticos, y cuando lo que se cuestiona en el fondo son los derechos de ciudadanos españoles, lo que debe defenderse no es sólo la ley sino la polis. Defender la polis hoy en España, defender la ciudad, lo público, es defender todos los territorios de España como territorios efectivamente españoles. Es decir, territorios donde rige la ley común, no “leyes privadas”. Si hay administraciones, políticos y ciudadanos vulnerando los derechos de otros ciudadanos, el primer deber de alguien que quiera participar en política frente a todas las ideas que mencionábamos antes es denunciar y combatir la idea de que los derechos no pertenecen a los ciudadanos sino a los territorios, y de que la cultura, el pueblo, no sólo existen como sujetos sino que han de defenderse a costa de los ciudadanos. Hay partidos españoles que defienden no la fragmentación de España, sino la desaparición, de facto y cuando convenga, de las leyes y de los derechos de todos los españoles. Combatir esas ideas y a esos partidos no es combatir el “separatismo”, sino combatir el nacionalismo. Es conveniente conocer las ideas y las palabras en juego antes de lanzarse a la política. La propuesta alternativa no puede ser la emotividad del entendimiento, la vacuidad del diálogo o la renuncia; la propuesta debe ser la defensa convencida y efectiva de lo común: del castellano como lengua común, del derecho a moverse libremente entre todos los territorios españoles, de la libertad para manifestarse políticamente. Y esta defensa no puede hacerse sólo desde las notas de prensa, los comunicados o las entrevistas; esta defensa ha de hacerse de manera efectiva y presencial. Si en determinadas regiones españolas existe un problema de libertades políticas, y si el bloque del consenso silencia, tolera o fomenta ese ambiente coactivo, la respuesta a esa idea, a ese ambiente y a esa defensa ha de ser firme y continuada. El ciudadano es el único sujeto político, y cualquier abuso de los nacionalistas y de sus compañeros de bloque ha de ser no sólo denunciado sino combatido políticamente.

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