Votar PSOE

Llevaban un tiempo jugueteando con la idea, pero desde ayer ya es oficialmente canon: Ayuso es la encarnación de Trump en España. La maquinaria de análisis neutros y siempre certeros está en unos niveles de producción nunca antes conocidos. El PSOE lanzó el doberman en el 96 y dejaron que correteara hasta que se cansó. Después vino “Aznar asesino”, que hoy sigue siendo moneda legal. Antes estas cosas se hacían con más cuidado, se hacían para que durasen, como las lavadoras. Tal vez por influencia inconsciente de alguna lectura secundaria sobre Marx, aquello de que el trabajador pone parte de lo que es en el producto. Ahora el producto dura un par de días, como mucho unas semanas. Del “fábrica de independentistas” se pasó a “agitadores del odio y la crispación” y de ahí a la extrema derecha y el fascismo. La primera hace años que no recibe actualizaciones, la segunda se dejó de usar en cuanto los señalados dejaron de ir a los sitios a los que les prohibían ir, y la tercera, esta sí, goza de extrema buena salud. En los últimos dos años hemos visto crecer eslóganes de todo tipo. Empezaron dando sus primeros gritos en las redes y hay que verlos ahora, en la universidad. La España ajena a la moción de Sánchez era ‘El cuento de la criada’, o incluso peor. El mismísimo David Simon certificó que estábamos de nuevo en 1937 y que esta vez los tuiteros no iban a pasar. Hace unos días supimos que hay un supremacismo madrileño secesionista, unas semanas antes nos enseñaron que también había un populismo de centro, y desde ayer, decíamos, Ayuso es como Trump.

Todas estas cosas nos las han enseñado los mismos que en el editorial Ayuso-Trump dicen que es peligroso banalizar el discurso. Los mismos que hace apenas unos meses alertaban sobre los peligros de la hipérbole se lanzaron después a equiparar cualquier amago de oposición con el asalto al Capitolio. Se podría decir que en esto sí hay una responsabilidad compartida, desde el momento en el que en muchos de los análisis sobre las elecciones catalanas se tiró también de la representación americana. Fue desconcertante ver cómo para señalar a quienes dieron un golpe de Estado en 2017 se metía con calzador la deslegitimación trumpiana. De repente el nacionalismo catalán no tenía sustancia y había que denunciarlo no por nacionalista, golpista o violento, sino porque se parecía a lo que pasaba en Estados Unidos, es decir, a Trump. Y si aceptamos que las calles ardiendo en Cataluña, que llevan ardiendo desde 2017 y que son fruto de una educación y de un ambiente político que echó raíces hace mucho más tiempo, son comparables con el asalto al Capitolio, entonces es normal que otros salgan con que Ayuso actúa como Trump cuando se adelanta a una moción de censura. Y así, puesto que Ayuso es como Trump, Ayuso es también como Torra, Borrás y Forcadell. O incluso peor.

La moción de censura, por cierto, es lo menos interesante de la semana. Es un intento por garantizar la supervivencia de algo que comparte nombre con lo que en otra época fue un partido político adulto, o que quería hacer política para adultos. De todo eso hoy sólo quedan muchas personas adultas y serias que siguen trabajando por los mismos principios, a pesar de todo, y otras que saben que los principios son cadenas que impiden el progreso. La moción de censura tenía vocación nacional, pero tal vez porque “nacional” es un concepto que hiere sensibilidades y los nuevos tiempos exigen no dejar ninguna sensibilidad atrás, se ha quedado en Murcia. Se suele dudar de la utilidad de los concursos de oratoria, pero es evidente que la tienen. Ponerse a defender una posición política y su contraria ante compañeros de clase o de partido prepara muy bien para La Vida Moderna. Un día estás defendiendo que regenerar es acabar con los privilegios territoriales, examinar en serio lo que pasa en la educación o denunciar los discursos sectarios en temas complejos, y al día siguiente a lo mejor toca defender que regenerar es, qué cosas, echarse en brazos del partido que lleva años garantizando todo lo anterior.

Hoy el editorial de El País se complementaba con un comentario de José María Izquierdo para La Ser. Votar a Ayuso es votar a Trump, decía el periódico, y “Votar PP es votar Vox”, añade la radio. Nos sale automáticamente el “y tú más”, y es comprensible, porque son muchos eslóganes en muy poco tiempo. “Si votar PP es votar Vox entonces votar PSOE es votar Bildu, ERC, Podemos”. Y hay parte de verdad en eso, igual que hay similitudes entre las calles de Cataluña y las de Estados Unidos, pero no hace justicia a la realidad: votar PSOE es sencillamente votar PSOE. Añadir a Iglesias, a Rufián o a Otegi a la respuesta es aceptar que lo único malo que ha hecho este PSOE es juntarse con partidos que le son ajenos. Pero es necesario entender que la asociación del PSOE con todos ellos no parte de un interés puramente egoísta por mantenerse en el poder, sino que se mantiene en el poder junto a ellos porque comparten un mismo proyecto. El PSOE no participó en el golpe de 2017, pero no cree que fuera un golpe, cree que todos fuimos culpables y cree que los indultos y el diálogo con los golpistas es lo correcto. El PSOE no afirma explícitamente que España es una democracia imperfecta, pero sí que cuando Iglesias dice eso lo hace por vocación de mejora, y también puso su firma en el ‘Manifiesto en favor de la democracia’ junto a Podemos, Junts, ERC, la CUP o EH Bildu. Y el PSOE no participa en los homenajes a etarras, pero sí se ha dejado ver en alguna cena con el líder de los que hacen los homenajes, y se siente mucho más cómodo con ellos que con quienes aún los sufren.

El PSOE no es el centro entre dos extremos, sino el partido que más empeño ha puesto en la destrucción de la educación española, tanto en lo que tiene de educación como en lo que tiene de española; es el partido que más empeño ha puesto en expulsar a la derecha del consenso democrático que ellos mismos dictan, y el partido que con más regocijo ha aplaudido la expulsión sin metáforas de la derecha -todo lo que molesta ya es ‘derecha’- en territorios como el País Vasco o Cataluña; y es el partido que más empeño ha puesto en politizar instituciones como TVE, convertidas en correas de transmisión de los eslóganes partidistas más zafios.
La respuesta a esos eslóganes zafios no debería ser otra que un eslogan corto, verdadero, honesto, tautológico: votar PSOE es votar PSOE. Sería injusto que nos olvidásemos de todo lo que ha hecho un partido con tanta historia, y de todo lo que aún puede hacer.

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