El País Vasco es una potencia

Es una potencia educativa. Así lo señalaban referentes como la BBC o José Antonio Marina, siempre certeros.

Pero no es sólo eso. Es también una potencia democrática. Así lo han señalado numerosos tuiteros y opinadores de reconocido prestigio tras las últimas elecciones generales, en las que Vox no llegó al 3% de los votos en el País Vasco.

Aunque claro, luego llega Pisa y te estropea la fiesta. La imagen del País Vasco como potencia educativa dependía de las evaluaciones internas y de datos tan neutros como el gasto por alumno. Pero cuando los alumnos del País Vasco se someten a evaluaciones internacionales como PIRL o PISA pasa lo que pasa. Lo que pasa es que el País Vasco está por debajo de la media de la UE en las tres competencias que se miden en el informe PISA publicado en 2016: Comprensión Lectora, Ciencias y Matemáticas. En dos de ellas (Comprensión Lectora y Ciencias) están además por debajo de la media de la OCDE y de España.

Y claro, luego llega Bildu y, en fin, nada, la fiesta sigue. Porque el País Vasco, como dijeron muchos opinadores de reconocido prestigio, había dado una lección democrática desterrando no sólo a Vox sino también al PP y a Ciudadanos. Hoy ha salido Sortu/Bildu a condenar la detención del etarra Josu Ternera, a pedir su excarcelación y a organizar actos en su apoyo. Bildu mandó cuatro diputados al Congreso en las últimas elecciones generales celebradas en España. Cuatro diputados que se sumarán a los 15 de ERC, con quienes formarán grupo con unidad de acción en el Congreso, lo que da un resultado de 19 diputados. Y estamos a unos días de las municipales y forales, en las que probablemente el País Vasco dará una lección aún mayor.

Y nada, simplemente me he acordado de estas dos cosas. De las lecciones del País Vasco y de quienes comienzan a ver sólo jardines en cuanto pasan Pancorbo.

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Lo real en la ficción

Creo que es la segunda vez que escribo en el blog sobre una serie de televisión. La primera fue sobre Breaking Bad. Sobre la inmoralidad de su protagonista, Walter White, y creo que sobre la extrañeza ante la fascinación que despertaba en los espectadores. Imagino que si hubiera visto Narcos habría tenido la misma sensación.

El lunes se emitió el penúltimo capítulo de Juego de Tronos. La serie lleva dando tumbos desde hace una o dos temporadas, principalmente en cuanto a la lógica interna. Pero en este último capítulo han recuperado uno de los elementos principales de la serie y de los libros: el realismo. No pasan las cosas que deberían pasar, sino las que podrían pasar, las que probablemente pasarían. La compasión y la obligación de decir la verdad han supuesto una condena a muerte desde que decapitaron a Eddard Stark en la primera temporada. La inmoralidad y el utilitarismo han conducido al éxito desde que los Frey y los Lannister consumaran la Boda Roja. Esto es algo que incomoda, creo. Recuerdo perfectamente el andar haddockiano, imagino que con improperios mentales -era verano y estaba trabajando en una piscina, por suerte hacía malo y no había nadie-, después de leer el resultado del pacto Lannister/Frey. Pero oye, era lo que había. El mal triunfa a veces. Y para encontrar un refugio ficticio en el que esas cosas no pasaran ya estaba Marvel.

Avanzó la trama en los libros y la serie la llevó aún más lejos. Las intrigas políticas no eran sólo intrigas políticas. Por encima de quién ocuparía el trono rondaba la pregunta de si finalmente se haría justicia, aunque creo que pocos sabíamos a esas alturas qué supondría realmente que se hiciera justicia. Sólo quedaba esperar que los personajes “nobles” pudieran morir con su nobleza intacta o recuperada. Cada espectador habrá tenido su banda de nobles. Los que para unos han sido ejemplares para otros habrán sido un ejemplo de estupidez. Jon ha sido estúpido. Pero ha sido noble. Igual que su padre. Theon ha sido alguien moralmente despreciable, y se ha pasado buena parte de la serie intentando recuperar lo que tal vez nunca fue suyo. Al final consigue morir bien, que es, junto a vivir feliz, el otro gran objetivo del ser humano. Muchos otros personajes viven atados a sus demonios, algunos con una cuerda tan larga que parece que por fin se han librado de ellos. El Matarreyes, y también el Perro. Y por último está el grupo de los que han nacido para sembrar el mal. En la cima de ese grupo, como suele pasar en la realidad, se encuentra el personaje que fue presentado como caritativo, justo y con la misión de traer un nuevo mundo, a pesar de que en cada episodio daba muestras de que era -no sería, era- todo lo contrario. El mayor tirano de la serie no era Cersei, sino Daenerys. Esto es algo que resultaba evidente al menos desde que entra dispuesta a liberar las ciudades esclavistas, aunque pareciera lo contrario. Y era algo que se podía sospechar desde que decide integrarse en la sociedad dothraki y convertirlos en su tribu. ¿Cómo iba a construirse un mundo más justo a lomos de los asesinos más crueles del mundo?

La serie concedió un paréntesis. Las intrigas políticas, que en realidad eran también una intriga moral, se hicieron a un lado. Llegó la lucha entre el bien y el mal, sin grises. Primero en La batalla de los bastardos, y después en La larga noche. Aunque en este último caso ni siquiera se podía hablar del mal, puesto que el mal sólo puede ser humano. Era la lucha entre la humanidad y la muerte, sin metáfora. Y en esa lucha no hay dilemas morales ni traiciones, sólo épica.
Ganaron los buenos, aunque de la manera más chapucera posible. Fin.
Volvimos a la lucha entre humanos, y los personajes se comportaron como humanos, no como héroes que encarnaban las virtudes clásicas. La que pretendía ser una monarca compasiva se entregó por fin a sus instintos. Ese “por fin” que ha vuelto a salir es algo a lo que llevo dando vueltas desde ayer. Podría haber ocurrido de otra manera. La Fortaleza Roja destruida, algo más contenido. Pero por alguna razón esperaba que ocurriera lo que ocurrió. Esperaba en el sentido de que era lo que creía que iba a pasar pero también lo que quería que pasara. Y es algo que no sé si debería resultarme incómodo. Obviamente no quería que pasara porque me resultase un personaje simpático, más bien me parecía el personaje más odioso de toda la serie. Puede que esperase que pasara lo que pasó por el deseo de que no optasen por un final más o menos feliz que chocaría con las premisas de la serie. Pero también puede que quisiera que pasara eso para pronunciar mentalmente un “¿Lo veis? ¿Veis lo que pasa?”
En cualquier caso es absurdo. Es una serie de televisión.

Así que Daenerys, la líder de los dothraki, la que asesina a Varys, la que vive obsesionada con recuperar una tierra en la que no ha vivido nunca, la que sólo contiene su deseo de aniquilar a sus enemigos cuando sus consejeros la convencen, resulta ser un tirano. Esto no puede generar sorpresa. Como tampoco puede sorprender que los Inmaculados y los dothraki se entreguen al asesinato en masa y la violación contra la gente de Desembarco después de que éstos se hayan rendido. ¿Sorprende que lo hagan también los norteños? Pues es posible. Porque Jon, que además de tonto es norteño, nunca haría eso. Pero es la excepción moral. A veces esas excepciones morales consiguen inspirar a un pueblo. Y a veces el pueblo mata a la excepción moral cuando intenta detener el horror.


Todo esto es por las dudas en torno a cuál es la función principal de la ficción. Describir el mundo como es, contar cómo debería ser o mentir sobre cómo podríamos llegar a ser. Descripción, prescripción o inspiración. Probablemente todo a la vez, en un complicado equilibrio.
El papel de la ficción, pero no sólo.

El voto y las líneas rojas

Nunca votaré a un partido que incorpore como algo normal el asesinato político. Que lo incorpore directamente, mediante personas que han formado parte de una banda terrorista y que nunca se han arrepentido, o que lo incorpore mediante un relato que olvida o incluso enaltece la práctica del asesinato como herramienta política.
Por eso nunca votaré a un partido como EH Bildu, al igual que, afortunadamente, la mayoría de los ciudadanos españoles. Y a diferencia, desgraciadamente, de una buena parte de los ciudadanos vascos.

Tampoco votaré a un partido que incorpore como algo normal el golpe de Estado. Que ponga la voluntad popular, concepto siempre difuso, por metafísico, por encima de la ley, que está recogida en documentos a los que todos nos sometemos para que pueda haber civilización. Es decir, nunca votaré a un partido que considere que su proyecto político no puede tener obstáculos, que considere que las garantías y los procedimientos de un Parlamento pueden ser derribadas cuando la agenda política lo exija.
Por eso nunca votaré a un partido como ERC, o a un partido como lo que antes se llamaba nacionalismo catalán moderado, y ahora imagino que es JxCat.

Tampoco votaré a un partido que considere que los derechos colectivos, o los derechos de las lenguas, o de los territorios, están por encima de de los derechos de los ciudadanos. O a los partidos que defienden un proyecto político de máximos, identitario, centrado en la idea de nación metafísica, en el que cualquiera que aspire sólo a una ciudad con unos mínimos compartidos y a buscar su ideal de vida sin necesidad de imponérselo a los demás sea tratado como enemigo, disidente o extranjero. Y por supuesto tampoco votaré nunca a un partido que coloca como líder a alguien que es abiertamente racista, a alguien que ha decidido escribir artículo tras artículo contra esa parte de los ciudadanos que se coloca al margen de un proyecto de máximos excluyente. Por eso, también por eso, no votaré nunca a un partido como ERC o JxCat.

No votaré nunca a un partido que hable alegremente de expulsar a ciudadanos españoles por el mero hecho de defender un sistema político distinto. O que hable alegremente de cerrar medios de comunicación antipáticos. O que lleve en sus listas, alegremente, a personas que han militado en organizaciones neonazis, o que han participado en actos de organizaciones neonazis, o que sostienen un discurso en el que la homosexualidad es una tara, o una enfermedad, o una conducta anómala que hay que reconducir. Ni a un partido que difunde la idea de que hay una gran conspiración mundial de las élites contra “la gente normal”, una conspiración que consiste en inundar Europa de inmigrantes, una conspiración a la que hay que responder vulnerando incluso la intimidad de los inmigrantes en situación vulnerable. Por eso nunca votaré a un partido como Vox.

Tampoco votaré a un partido que haya incorporado como algo normal el acoso político, que haya impedido o tratado de impedir la posibilidad de que alguien que discrepa pueda dar una conferencia en la universidad, que haya hablado alegremente de controlar políticamente los medios de comunicación, que tenga en sus filas a personas que son incapaces de hablar de los asesinos a los que me refería antes en los términos que exige la honestidad intelectual y la decencia, o, en fin, a un partido cuyos dirigentes no dudaban en ondear la bandera comunista de la hoz y el martillo, con todo lo que ello supone, cuyos dirigentes tienen a Lenin o a Chávez o a Maduro como referentes políticos, y cuyos dirigentes se hartaron de ensalzar las bondades de la Venezuela bolivariana hasta que la realidad les impidió seguir haciéndolo. Por eso nunca votaré a un partido como Podemos.

Hay muchas más razones para no votar a ninguno de los partidos que he mencionado. Algunas son importantes, y otras no tanto. Pero incluso las que no son tan importantes tienen su efecto. Nunca votaré a un partido que intente conseguir votos mediante un discurso incendiario, mediante los aspavientos morales, el énfasis o la sobreactuación, mediante un discurso manipulador, mentiroso, que alimenta los bajos instintos y que se nutre de ellos, que necesita crear un relato épico y falso, que presenta una realidad falsa o exagerada sin tener en cuenta que ese relato sí puede traer en el futuro una realidad mucho más desagradable.

Tampoco me gustaría votar a un partido que habla a los ciudadanos como si fueran imbéciles, o menores de edad, o personas con un único interés, aunque sólo hagan esto de vez en cuando. O que utilicen datos falsos sabiendo que son falsos, o que prefieran la arenga constante, el barro por el barro y la ocurrencia por la ocurrencia. Por eso sólo he votado en unas elecciones hasta hoy. Porque lo negativo pesa más que lo positivo, aunque sé que no debería ser así.

Lo que sí sé es dónde están las líneas rojas. Las mías. Y como son mías sólo me sirven a mí. Es normal. Esas líneas rojas se las pongo a los partidos y a sus dirigentes de la misma manera que yo me pongo otras que intento no rebasar. Por ejemplo, intento no difundir bulos, intento no insinuar problemas personales de los candidatos que no me gustan, intento no hacer bromas con rumores sobre otros candidatos. Como decía, las líneas rojas las pone cada uno. Para valorar a quienes piden nuestro voto y también para valorar nuestras propias acciones.

Con lo que he dicho antes es fácil deducir que sólo quedan tres partidos. En abstracto, al menos. Luego queda el contraste con la realidad, y las líneas rojas y amarillas. Y al final, al final del todo, queda lo que queda. Y esto que queda es aquello con lo que vamos a tener que convivir el resto de nuestros días. Los gobiernos y los líderes pasan. Los que nos gustan, los que no nos gustan y los que despreciamos. Lo que queda, sencillamente, se queda. De ahí la importancia de las líneas rojas. Y la importancia aún mayor de uno de los dos tipos de líneas rojas. Porque hay cosas que despreciamos de las que es muy difícil librarse.

Otro informe para el Gobierno vasco

Leo hoy una noticia en El Mundo. “Euskadi registró 130 delitos de odio en 2018, casi la mitad racistas”. La noticia muestra algunos de los datos que se recogen en un informe sobre delitos de odio elaborado por la Cátedra de Derechos Humanos y Poderes Públicos de la Universidad del País Vasco, informe que se entregó ayer a la consejera de Seguridad del Gobierno vasco. Entre esos datos se encuentra la distribución de los delitos en función de su carácter: racista/xenófobo, de orientación e identidad sexual, ideología/orientación política, creencias religiosas, diversidad funcional y aporofobia.


Como uno tiene los sesgos que tiene, o los intereses, o las circunstancias, o lo que sea, me pregunté después de leer la noticia en qué categoría incluirían los “españoles, hijos de puta”, o los “volveos a España”, o los “no os queremos, no sois bienvenidos” que numerosos vecinos de la localidad guipuzcoana de Rentería dirigieron a los asistentes al acto que Ciudadanos celebró allí el domingo pasado. ¿Caerían en la categoría de ideología y orientación política, o en la de delitos de odio de carácter racista/xenófobo? ¿Y en qué categoría habrían incluido los actos similares que se produjeron en Alsasua? Lo de Alsasua, con los mismos insultos y amenazas, ocurrió en 2018, aunque es verdad que no fue en el País Vasco sino en Navarra. Aun así, como sé que la delimitación de lo que es el País Vasco y lo que es Navarra parece que no está del todo clara en determinados sectores, creí que sería interesante buscar el informe y echarle un vistazo.

El documento es éste: Informe de incidentes de odio de Euskadi 2018. Hay alguna cosa interesante.

Éstos son los delitos de odio registrados en Euskadi en 2018:

  • 17 por ideología/orientación política.
  • 39 por orientación/identidad sexual.
  • 62 por racismo/xenofobia.

Volveré después a la cifra de delitos de odio por ideología/orientación política.


Antes de eso, algo que no consigo entender, pero para lo que seguro hay una explicación: en el informe hay un desglose de los delitos por orientación/identidad sexual y también por racismo/xenofobia, pero no por ideología/orientación política.


Es decir, en el informe se indica a qué categoría pertenecían las víctimas de delitos por orientación/identidad sexual y de carácter racista/xenófobo, pero no ocurre lo mismo con las víctimas de delitos por ideología/orientación política. Únicamente el territorio donde se cometieron. Esto se puede ver en el siguiente gráfico del informe.


Parece evidente que, si se quieren analizar los delitos de odio, es útil manejar una información detallada de cuestiones como la categoría a la que pertenecen las víctimas. Por ejemplo, en las víctimas de delitos de racismo/xenofobia veíamos que había 1 víctima del colectivo asiático, 4 del gitano/romaní y 15 del árabe. Es útil saber esto porque así podremos detectar qué colectivos concretos son más vulnerables.


En cualquier caso, sí parece que en el informe cuentan con algún tipo de dato relativo a la categoría de las víctimas por delitos por ideología/orientación política. Hay que ir hasta la página 74, en el anexo de casos destacados en la prensa.


Recogen cinco casos:

  • Agresión en el Campus de Álava de la Universidad del País Vasco a un estudiante que pertenecía a una asociación que defendía la unidad de España.
  • Actos de bienvenida “a presos” (se les ha debido de caer “de ETA” al escribirlo).
  • Amenazas e insultos al niño Gabriel.
  • El caso de los “jóvenes de Alsasua” “acusados” de terrorismo y odio a la Guardia Civil.
  • Condenas por enaltecimiento del terrorismo a raperos.

Y ahora, lo interesante. El informe recoge 17 delitos de odio por ideología/orientación política. El informe incluye en estos delitos los actos de enaltecimiento y de bienvenida/homenaje a “presos” (de ETA). Covite documentó, sólo en 2018, 196 actos de este tipo.



196 casos de enaltecimiento en 2018. Más que todos los casos juntos de delitos de odio de 2018, que supuestamente incluyen los casos de enaltecimiento, recogidos en el informe: 130 casos en total. ¿Será que hacen un uso estricto del concepto “delito”? No lo parece, según lo que se puede leer en el propio informe.


Para terminar, por qué creo que esto es importante, además de interesante. En 2018 hubo un total de 29 detenciones relacionadas con delitos de odio. 23 de los 29 detenidos lo fueron por delitos relacionados con ideología/orientación política. Categoría que, por alguna razón, no está desglosada en el informe.


Comenzaba el comentario a este informe preguntándome en qué categoría incluirían los “españoles, hijos de puta”, “volveos a casa” o “no os queremos, no sois bienvenidos” de Alsasua y Rentería. En este último caso, por cierto, promovidos por un sindicato (LAB) y por un partido político, Sortu, que es el principal partido de la coalición EH Bildu. Pues bien, parece que los autores del informe también se lo preguntaron, y parece que entrarían en la categoría de racismo/xenofobia, concretamente en “otra raza/origen étnico”.


También me parece interesante porque me ha hecho recordar uno de los colectivos étnico/raciales incluidos en el desglose de delitos racistas/xenófobos: “Sin especificar”. Curiosamente es el colectivo hacia el que se cometía un mayor número de delitos, por bastante diferencia. 25, o lo que es lo mismo, el 40,32% del total de delitos.


Entre finitos y tortitas de camarón

Hoy, de nuevo, un artículo sobre Rentería. Éste, en Naiz. Su autor es Iñaki Revuelta, cantante, y el título es Errenteria aurrera!, que se puede traducir como ¡Adelante Rentería! En realidad los artículos sobre Rentería no comenzaron después del acoso del domingo. Comenzaron cuando en buena parte de la prensa no abertzale, con El País como principal referente, decidieron construir un relato sobre Rentería (2017, 2018). Su alcalde había pedido perdón a las víctimas “si en algún momento este consistorio a lo largo de su historia, o yo mismo, no hemos estado a la altura de las circunstancias”. Del mismo modo que cualquier muestra de apoyo que vaya seguida de un “pero” no vale nada, cualquier petición de perdón que comience con un condicional no es más que una muestra de que en realidad no se está pidiendo perdón. La circunstancia a la que se refería el alcalde es que Rentería fue durante muchos años un pueblo vedado para una buena parte de sus vecinos. Y lo sigue siendo. Lo que ha cambiado es que ya no los asesinan. Por eso lo que hace el alcalde de Rentería es peor que inútil. Es inmoral. Lo que hace es pedir perdón a quienes ya están muertos, a quienes fueron desactivados y no pueden molestar, mientras normaliza que los matones, sus matones, en cuanto que son sus representados, acosen a quienes deciden dar discursos que no se integran en la idea única del nacionalismo.
El alcalde, un detalle importante, es de EH Bildu. La misma coalición que tiene en Sortu a su principal partido, la misma coalición que presenta a etarras condenados en sus listas, y la misma coalición desde la que se organizan homenajes a etarras cuando salen de la cárcel. Bien, pues a este alcalde lo acompañó una azucarada campaña mediática desde que nombró las palabras “reconciliación” y “convivencia”.

El domingo se vio en qué consistían la reconciliación y la convivencia. Un partido político decidió celebrar allí un acto con, entre otros, Fernando Savater y Maite Pagazaurtundúa. Días antes de la celebración del acto ya había llamamientos a recibirlos “como merecen”. Entre esos llamamientos estaba el de Sortu, el principal partido de la coalición a la que pertenece el alcalde de Rentería. Llamamientos a recibirlos no con aplausos, o con un silencio solemne, que tal vez sería lo suyo, sino con insultos, con exigencias de que se “vuelvan a España”, con miradas de odio, con patadas a los coches y, lo de menos y lo que más se ha resaltado en cierta prensa, con caceroladas y lazos amarillos. La recepción fue justo lo opuesto al recibimiento que se ofrece habitualmente, también en Rentería, a presos de ETA que salen de la cárcel. A éstos se los recibe con aplausos y aurreskus, como recordó Pagazaurtundúa. A aquéllos se les recibió como si fueran asesinos. Había más personas insultando a los asistentes del acto, desde que entraron hasta que se fueron, que asistentes al acto. Este detalle se ha comentado con cierta sorna en la prensa no abertzale, dando la razón a la prensa abertzale, más roma, que señalaba directamente que no eran bienvenidos.


Ésta es la esencia no sólo de Rentería, sino de todos los pueblos vascos -y catalanes- en los que el nacionalismo no es que se haya desviado, sino que sencillamente ha llegado a su última fase, la de religión sustitutoria que genera sus propias inquisiciones y sus propios demonios. La esencia de cierta prensa no abertzale, por alguna razón, es tolerar que en numerosas regiones de España siga imperando la ley de la tribu, la separación entre un ellos y un nosotros, una separación étnica que va más allá de lo retórico.

Pero esta prensa no puede mostrar sin más el esqueleto de esta convivencia orwelliana. Necesita un relato, una ficción sobre la que construir su aceptación cobarde de lo peor de España, de Europa y de la historia reciente. Necesita artículos como los que se publicaron hace dos o tres años sobre el ejemplar alcalde de Rentería, aunque hoy no puedan ser vistos más que como una enorme equivocación, no sólo empírica sino principalmente moral. Gracias a esos artículos, y gracias a las campañas del propio ayuntamiento, se pueden publicar textos como el que hoy aparece en Naiz. “Adelante Errenteria”, dice el autor del texto. “Gora Errenteria”, decía Maite Pagazaurtundúa. El autor del texto apela a quienes el domingo le gritaban a Maite Pagaza que se volviera a España, los anima a que lo sigan diciendo. Maite Pagaza, que pasó su infancia en Rentería, también se dirigía a ellos. Se dirigía a ellos como el padre Barry se dirigía no sólo a los matones de La ley del silencio, sino también a aquéllos que guardaban un silencio cómplice. Pagazaurtundúa se dirigía a ellos y los miraba a la cara no para hacerse perdonar ni para intentar “seducirlos”, sino para que escucharan, por una vez y en su casa, que también es la de ella, en qué consiste el horrible proyecto del que decidieron ser parte.
La prensa no abertzale necesita artículos como el que hoy publica Naiz porque, además de dar la razón a quienes exigían a los asistentes del acto que se fueran y no volvieran nunca, deja pinceladas de la ejemplar lucha del pueblo por la convivencia:

Mucha «culpa» de todo esto que se respira por allí la tiene su alcalde Julen Mendoza, al cual también tuve el honor de conocer en uno de esos enriquecedores encuentros culturales. Entre finitos y tortitas de camarón, entonábamos “Txoria Txori” con un toque flamenco, en una bella armonía entre personas que únicamente quieren aportar y no destruir. Envidiable sin duda ese escenario logrado, ansiado por muchos pero no siempre conseguido.

Rentería, como tantos otros pueblos vascos -y catalanes- es el horror oculto tras una gran ficción. Es una aldea potemkin en la que todo es bella armonía, siempre y cuando los que hasta hace poco temían ser asesinados por no aceptar el modelo tribal de convivencia se queden en casa cuando alguien como Maite Pagazaurtundúa, vecina del pueblo y a cuyo hermano decidió asesinar ETA, pretende dar un discurso en la plaza. Puedes organizar jornadas culturales, comer tortitas de camarón, recibir con aplausos a los asesinos de ETA e incluso cantar con un toque flamenco; pero que no se te ocurra dar un discurso en la plaza para defender a quienes siempre fueron silenciados en pueblos como Rentería, porque dirán que vas a provocar. Lo dirán quienes aplauden a los etarras, el alcalde, los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco, la prensa abertzale, una parte de la prensa no abertzale, los dirigentes de partidos como Podemos e incluso, de manera más o menos explícita en función de las circunstancias, dirigentes del partido que durante un tiempo fue el partido de Maite Pagazaurtundúa.

La España negra es y ha sido siempre, desde que vivimos en un Estado de derecho, la España de Rentería, Alsasua, Vic y Amer. La España de los que limpian con lejía después de que pasen quienes son considerados enemigos del pueblo, la España de los que repiten el mensaje único desde la megafonía municipal, la España de los que cierran los pueblos a los que “vienen de lejos” mientras los abren a quienes decidieron asesinar a los enemigos del pueblo. Ésa es la España negra realmente existente. Y seguirá siéndolo mientras no entendamos que el primer paso para conseguir la España que quieres debe ser la denuncia firme y constante de esta España indeseable, y que en Rentería, Alsasua, Vic y Amer hay personas que quieren una España en la que se pueda vivir con normalidad, y que esas personas merecen algo más que una condena genérica, rápida y estéril de “las violencias vengan de donde vengan”. Porque las violencias vienen casi siempre del mismo sitio, y se dirigen casi siempre hacia los mismos.

——————————————————————————————————————–El Ayuntamiento de Rentería elaboró el año pasado una campaña para mostrar la convivencia y la diversidad que caracterizan al pueblo. El principal documento de la campaña era una canción. El nombre de la canción es “Egin zaidazu bisita”, algo así como “Visítame”. Al comienzo del vídeo, varios felpudos ante una puerta, con palabras como “Home”, “Ongi etorri” o “Bienvenidos”, en varios idiomas. Éste es el vídeo. A continuación, un vídeo en el que cualquiera puede ver cómo fue el trato a los que quisieron visitar Rentería el domingo. Y por último, el discurso de Maite Pagazaurtundúa en Rentería.

No sois bienvenidos

Ayer Santiago Armesilla iba a participar en un debate en la UPV/EHU, la Universidad del País Vasco, sobre el marxismo y la cuestión nacional española. Varias semanas antes algunos estudiantes activaron la “alerta antifascista”, es decir, la campaña de acoso y amenazas contra Armesilla y los llamamientos a impedir su participación en el debate. Los de las alertas antifascistas siempre han defendido un modelo de debate sin discrepantes. Algunos de los carteles le decían a Armesilla “Ez zara ongi etorria”. “No eres bienvenido”. Otros respondían a la llamada más general de “parar al fascismo como sea” y lanzaban amenazas más o menos veladas contra Armesilla e incluso contra los organizadores.

Hace unos días la rectora de la UPV, Nekane Balluerka, decía que “cualquier idea se puede defender en la UPV”. Lo decía porque cuatro meses antes un grupo de unos 15 estudiantes habían decidido dar una paliza a un estudiante de esa universidad. El mensaje era el mismo: no eres bienvenido. La rectora dijo que la universidad había brindado su apoyo al estudiante agredido, pero imagino que habría sido más útil retirar la capacidad de acción a los 15 que le dieron una paliza.

(Por cierto, los estudiantes que dan palizas cuando pueden y que se limitan a boicotear cuando no pueden, los del “ez zara ongi etorria” a personas que vienen a participar en un debate o a estudiantes con ideas desviadas del antifascismo militante, son los mismos que organizan los “ongi etorri” a los etarras que salen de la cárcel.)

Estos intentos del antifascismo organizado para depurar la universidad no son nuevos ni exclusivos de la universidad vasca, aunque es verdad que aquí existe un contexto distinto, el auténtico hecho diferencial. En la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, en el año 2010, varias personas decidieron boicotear una conferencia de Rosa Díez. Cuando los organizadores de la conferencia intentaron presentar a Rosa Díez una estudiante se levantó y levantó la mano para pedir la palabra. Uno de los organizadores del acto de repudio gritó “Arriba, arriba, arriba”, los convocados se levantaron y mostraron una tarjeta roja. Uno de ellos comenzó a cantar “Eusko gudariak”.
La persona que tenía el micrófono preguntó a los estudiantes organizados: “¿Podemos seguir con el acto?”. Los convocados gritaron “No” al unísono. “Libertad de expresión”, decían. La persona que tenía el micrófono volvió a responder: “Por supuesto, libertad de expresión para todos”. Y acto seguido decidió cargarse la libertad de expresión de Rosa Díez; permitió que se entregase un micrófono a la estudiante que había levantado el brazo. “Señora Rosa Díez, no hemos venido a impedir que hable”, fue lo primero que dijo la estudiante elegida para impedir que Rosa Díez hablase. Y comenzaron a leer un comunicado.

Usted no es bienvenida y nos gustaría que no viniese nunca más”, dijo una de las personas que llevaron a cabo el acto de repudio. Esa persona era Errejón, no sé si el hoy moderado Errejón o su hermano. En cualquier caso, los dos estaban allí, los dos participaron. También estaba Pablo Iglesias, que fue quien dirigió el acto. Después del “no eres bienvenida” los participantes en el acto de repudio comenzaron a gritar “fuera fascistas de la facultad”. Miquel Rosselló contó en su blog que, tras ese mensaje performativo, efectivamente Iglesias, los Errejón y el resto de estudiantes antifascistas abandonaron la sala.

Esto ocurrió en 2010, se conoció en 2014 y en 2019 ya se ha olvidado. Porque si no se hubiera olvidado sería algo por lo que Errejón e Iglesias tendrían que responder todos los días. Ellos, antes de contar por fin con un partido, decidían quiénes eran bienvenidos en la universidad pública y quiénes no. Ellos eran los que tenían una idea posesiva y sectaria de la universidad. No de su universidad, sino de la universidad pública. Y ahí están hoy, adalides de la libertad. Y de lo público, algo que para ellos siempre debía ser exclusivamente suyo.

Hablaba ayer de Alsasua y de Atxaga. Hace unos meses la plataforma España Ciudadana organizó un acto en Alsasua. Albert Rivera habló en la plaza del pueblo y Savater dejó un discurso contra las tribus particulares y las identidades colectivas. Un discurso necesario, precisamente en un pueblo como Alsasua. Una buena parte del pueblo decidió organizarse para mostrar su repudio a los convocantes y a lo que decían. Y a lo que eran. “Españoles hijos de puta” fue uno de los gritos que se pudieron oír. Horas antes del acto habían dejado estiércol en la plaza, en su propio pueblo. El acto se llevó a cabo a pesar de los gritos, de los altavoces con música e incluso de las campanas de la iglesia. Se llevó a cabo porque el objetivo principal no era que no se llevase a cabo, sino que les quedase claro a los organizadores y participantes -y a algunos vecinos- que no eran bienvenidos. Es el auténtico objetivo de los antifascistas organizados de la universidad vasca, de los Iglesias y Errejón y de los de los pueblos vascos: “no sois bienvenidos”. No os dejamos hacer política aquí, porque esto es nuestro.

Todo esto ocurrió hace unos años en Madrid, hace unos días en Bilbao y hace unos meses en Alsasua. El domingo Rivera y Savater darán en Rentería el primer mitin de campaña. También estará Maite Pagaza. Ya ha comenzado el mensaje: no son bienvenidos. Ni Rivera, ni Savater, ni Pagaza ni probablemente el candidato de Ciudadanos al Ayuntamiento de Rentería, si es que lo hay. Tampoco Santiago Armesilla, como tampoco lo era Rosa Díez. El “no sois bienvenidos” es un muro, ahora que se habla tanto de los muros. Y tratar de impedir que otras personas debatan, hablen o den conferencias es una amenaza contra los derechos y libertades de todos los ciudadanos, una “amenaza contra la democracia”, como se dice ahora habitualmente, aunque nunca para referirse a estos actos habituales del antifascismo organizado.


Atxaga

Hace unos días el escritor Bernardo Atxaga decía en eldiario.es que temía a la derecha. Temía que en las próximas elecciones ganase la extrema derecha, que, decía también, es lo mismo que la derecha. Por eso decía que casi estaba dispuesto a hacer “una cuestación o algo” para que la extrema derecha no ganase. No sé cómo una cuestación podría impedir la victoria de lo que el escritor Bernardo Atxaga considera extrema derecha, pero a veces se dice que lo que importa es la intención. El escritor Bernardo Atxaga se convertía por un momento en el activista (¿el intelectual?) Bernardo Atxaga para impedir el triunfo de una fuerza política, de una manera de hacer política, que le da miedo.

El escritor Bernardo Atxaga se sumó en 2015 a la campaña “Free Otegi. Free Them All“. Junto a Atxaga, otros 23 miembros de la cultura vasca. La campaña pedía la libertad para Arnaldo Otegi y la vuelta a casa del resto de los presos. ¿De qué presos? De los “presos vascos”, según el manifiesto. De los “presos políticos vascos”, según recogía la revista Argia en una foto de la presentación. También es llamativo que para pedir el traslado de los presos al País Vasco se eligiera la frase “Free Them All”. Aquí siempre hemos tenido un problema con el nombre y la cosa. Pero en cualquier caso, ahí estaban el nombre y el apellido del escritor. Al lado de Otegi y de los “presos políticos vascos”.

El escritor Bernardo Atxaga acudió recientemente a la presentación de la película El hijo del acordeonista, basada en la novela del mismo nombre de la que él es autor. En la presentación dijo que también planea escribir una novela sobre el caso Alsasua, porque se siente “muy angustiado” debido a la sentencia. Según el escritor, “cualquier persona en el País Vasco sabe que eso fue una pelea de bar”. También lamentó la “campaña contra el pueblo“, algo que le asusta “horriblemente” y le da miedo.

El escritor Bernardo Atxaga tiene ya unos años, y ha vivido. Como nosotros, que también tenemos ya unos años y hemos vivido, y hemos visto lo que se ha dicho y lo que no se ha dicho nunca. Lo que se ha hecho, o lo que se dice que (casi) se va a hacer, y lo que nunca se hizo. Y desde luego hemos visto lo que es el miedo, y quiénes eran los que tenían miedo diariamente. No un miedo de marfil, de intelectual que contempla ideas estéticamente desagradables; miedo a que un día estallara una bomba en el coche, a que además de a uno mismo asesinaran a la pareja o a los hijos o, de manera menos grave y más frecuente, a que lo señalaran, a que lo convirtieran en el paria del pueblo. O a que una noche, en las fiestas del pueblo, unos jóvenes decidieran emprenderla a golpes y gritos con uno mismo y con su pareja.

Bernardo Atxaga dice que le dan miedo la derecha y la campaña contra el pueblo de Alsasua. Dice también que cualquier persona en el País Vasco sabe, por alguna razón, que lo de Alsasua fue una pelea de bar. Sería interesante saber por qué razón cree Atxaga que cualquier persona en el País Vasco sabe qué fue lo que ocurrió en Alsasua.

El escritor Bernardo Atxaga aparecía en la película La pelota vasca, de Julio Médem. Creo que la última escena era precisamente para Atxaga, y decía algo muy interesante. Decía que él soñaba “con la ciudad vasca”. Hacía un juego de palabras: Euskal Herria, pueblo vasco, y Euskal hiria, ciudad vasca. Decía también que en la ciudad no hay una sola identidad, sino que todos caben en ella, todas las identidades.
Pero no es ésa la principal diferencia entre ciudad y pueblo como conceptos políticos. La principal diferencia es que en la ciudad juzgan los jueces. Y en el pueblo, el pueblo.

Actuaciones inaceptables

Hace unos días el cabeza de lista de EH Bildu para las elecciones europeas, Josu Juaristi, renunciaba a su candidatura por haber tenido “actuaciones inaceptables” con su ex pareja. El candidato confesaba que había enviado mensajes sin el consentimiento de la otra persona y que eso había ocasionado daño.

EH Bildu aceptó la renuncia del candidato y decidió también suspenderlo de militancia.

Pernando Barrena fue un histórico dirigente de HB que en 2016 reconoció, junto a otros 34 compañeros de Batasuna, su integración en organización terrorista. Reconoció que cuando era dirigente de Batasuna en realidad estaba trabajando a las órdenes de ETA.

EH Bildu comunicó ayer el sustituto de Josu Juaristi, que renunció por “actuaciones inaceptables”: será Pernando Barrena.

Salud de las lenguas y conductividad

Hace unas semanas me llamaron para una sustitución en una ikastola de Vizcaya. Las ikastolas son centros educativos concertados, normalmente cooperativas, nacidos con el objetivo de transmitir la cultura vasca y una enseñanza en euskera.
Era una sustitución corta y creía necesario poner a prueba el nivel de competencia lingüística en euskera que acreditaba el título. Un título que recibí hará ya un par de años, y una lengua que no he vuelto a usar desde entonces. Así que el nivel de competencia en esa lengua no puede ser otro que el que es.

El nivel del centro me sorprendió gratamente. No porque tuviera expectativas muy bajas al tratarse de una ikastola, sino porque se trataba de un centro educativo concertado del País Vasco. He conocido bastantes. En una de las salas de profesores había un recorte de periódico sobre Inger Enkvist y otro con una entrevista a Alberto Royo, y no me pareció ver ninguno sobre inteligencias múltiples, sobre las maravillas de la educación finlandesa o sobre las elecciones sindicales. No había visto algo parecido en todos los años que llevo dando clase.

El nivel de euskera, sencillamente, no era el adecuado para poder dar clase como hay que dar clase. Para dar clase en condiciones hay que saber bien lo que vas a explicar y hay que saber que lo sabes, porque si no en lugar de dar clase lo máximo a lo que puedes aspirar es a que no se note que no sabes. Y si no dominas el idioma a la perfección la confianza se resiente, porque es tan importante saber bien lo que vas a explicar como saber explicarlo bien.
Así que una persona que no usa el euskera para nada, y hay muchas personas que no lo usan nunca en el País Vasco, también profesores, no podrá emplear el euskera eficazmente, a pesar de que lo acredite un título oficial.

Ésta es la primera evidencia. La segunda es puramente empírica, y no la había conocido hasta que trabajé en una ikastola. No es sólo que yo, nacido en el País Vasco y con padres nacidos en otras partes de España, no hable habitualmente en euskera; es que los alumnos de esa ikastola, con al menos un padre euskaldun y matriculados en una ikastola precisamente para que puedan “vivir en euskera”, recurren mayoritariamente al castellano en todas las ocasiones menos una: cuando tienen que contestar al profesor. Los escuché en los recreos, en los pasillos, en los intercambios de clase, en el aula cuando perdían el tiempo y en el aula cuando trabajaban. Escuché a alumnos desde ESO hasta 2º de Bachillerato. Y los escuché durante varios días. Pues bien, lo que se escuchaba en la mayoría de esas conversaciones era el castellano.
Esto podría no ser indicativo de nada. Simplemente una preferencia un tanto sorprendente. Pero sí había algo que habría que tener en cuenta, algo que no era nuevo: algunos alumnos, no la mayoría pero sí un número importante, escribían en castellano las respuestas de un trabajo de investigación y después las traducían a euskera, porque les costaba mucho más hacerlo directamente en euskera.

Esto ocurría en un centro educativo en el que los alumnos están acostumbrados al euskera, en el que al menos uno de los padres es euskaldun. Lo llamativo no es que los alumnos se comuniquen normalmente en castellano, sino que algunos tengan problemas para pensar y escribir directamente en euskera. No es muy difícil imaginar que esa dificultad es mucho mayor en centros en los que los alumnos son mayoritariamente castellanoparlantes, en los que apenas tienen contacto con el euskera. Si algunos alumnos de una ikastola reconocían no ser capaces de pensar y escribir directamente en euskera –no sin costes, no sin que se resienta la calidad de su trabajo-, no tiene sentido que se pida eso mismo a alumnos que tienen el castellano como lengua materna y lengua exclusiva de uso.

Los costes son la clave del asunto, lo que permitiría tener un debate racional sobre la política lingüística en el sistema educativo. Pero estos costes no son unos costes normales. No aparecen reflejados en papeles ni en hojas de cálculo. Así que estos costes, salvo que alguien decidiera hacer un estudio serio, sólo se pueden intuir o deducir.
No parece una deducción alocada:

  • si el dominio de la lengua en que se enseña y se aprende afecta a la enseñanza y al aprendizaje;
  • y si se enseña y se aprende en una lengua que no se domina;
  • entonces probablemente se estará enseñando y aprendiendo con dificultades, con costes, con un resultado que no es el mejor.


Creo que los costes concretos no se pueden mostrar, porque para eso tendríamos que recurrir a estudios serios. Y no hay estudios, o al menos no los conozco, sobre los costes del uso del euskera en el sistema educativo vasco.

Y creo que sólo hay dos respuestas a todo esto, a los costes y a que no haya estudios sobre los costes. O bien se piensa que en realidad la lengua en la que se estudia no afecta al proceso de enseñanza y aprendizaje; o bien se piensa que lo que se enseña y lo que se aprende no es tan importante.
Lo primero parece difícil de razonar. Lo segundo debería llevar a una concepción radicalmente distinta del sistema educativo. Porque si lo que se enseña y lo que se aprende, sean contenidos o competencias, no es tan importante, ¿por qué nos empeñamos en enseñar cosas concretas? ¿Por qué damos tanta importancia a las evaluaciones, a los exámenes, incluso a las pruebas diagnóstico o a los informes PISA?
Respecto a lo primero, si realmente el dominio de la lengua no afecta al proceso de enseñanza y aprendizaje, que es un proceso bastante más complejo que los procesos comunicativos diarios, ¿por qué se exige un perfil lingüístico tan costoso como el C1 para poder dar clase? ¿No cabría esperar buenos resultados de un profesor de Science que no domina el inglés, o de unos alumnos que apenas entienden lo que dice el profesor?

Cabe una tercera opción, que consiste en abandonar la racionalidad y entregarse a la metáfora. Todo lo que se hace en educación partiría de una consideración: la salud de la lengua. La lengua, el euskera, moriría lentamente si no se impusiera en el sistema educativo. La lengua sería capaz no sólo de morir sino de sufrir, y cuando se miden los niveles de conocimiento y uso del euskera en realidad no estaríamos haciendo sociología sino medicina. Estaríamos manejando el termómetro y la analítica, estaríamos tratando a un paciente y estaríamos recetando medicamentos.
No me gustan las metáforas, pero imagino que el debate meramente racional puede ser más áspero. Así que propongo emplear otra: la conductividad. La electricidad no se transmite con la misma eficacia a través del oro, de la plata o del cobre. Y desde luego es muy difícil que se transmita eficazmente a través de la piedra, incluso aunque se trate una piedra milenaria. Así que habría que preguntarse qué tipo de circuito eléctrico queremos construir, y para esto es necesario plantearse qué es lo que esperamos de ese circuito. Sólo así podremos valorar la eficacia del circuito, la importancia de la conductividad.

Pero como decía, no me gustan las metáforas.

Herenegun, 5

CAPÍTULO 5

AÑO 0

La narradora camina con Eduardo Madina. La bomba en 2002. Antes de la bomba, dice la narradora, ETA ya había asesinado a Buesa y su escolta, Ernest Lluch, López de Lacalle, Lidón, Santi Oleaga, etc. Una lista, unos segundos, y ya.

Cómo era vivir con ETA, con el miedo, le pregunta la narradora. Y qué cambió.
La narradora pasa a mencionar a cuántas personas mató ETA después de la tregua de 1999, y cuáles eran sus profesiones. Es literalmente imposible asimilarlo. Imposible. Vas oyendo números y profesiones, no nombres, ningún nombre, pasan titulares de la prensa de esos días rápidamente. Pasar página, literalmente.

Aparece Garbiñe Biurrun, invitada habitual de la ETB y magistrada del TSJPV. “Ha seguido de cerca los cambios en las leyes antiterroristas, las ilegalizaciones de la izquierda abertzale (habitual y siempre interesante expresión, por lo que no dice, por lo que deja como poso, porque, en esta ocasión, para esto, no hay explicación, no hay causas, y por tanto es una decisión arbitraria), el cierre de Egunkaria, el sumario 18/98”.

Y habla Biurrun: “Ha habido una parte en mi opinión del Poder Judicial que realmente han interiorizado esa idea de que tenía que estar en lucha directa contra el terrorismo, y de ahí ha surgido la tesis famosa de `Todo es ETA´. Yo esperaba que se desmontara todo un aparato judicial, creía que se iría desmontando poco a poco y desgraciadamente pues veo que no es así”. Ni la narradora ni la propia magistrada explican qué es eso del “Todo es ETA”. No explican qué es lo que está mal en las sentencias por colaboración con ETA a miembros de la izquierda abertzale, no explican quién defiende que todo sea ETA. Pero la narradora ya había relatado en el episodio anterior que el Código Penal comenzó a considerar terrorismo a las acciones de “violencia callejera”, y que muchos jóvenes fueron detenidos, y en este episodio habla de “ilegalizaciones de la izquierda abertzale”, nunca de la subordinación probada, incluso confesada, de la izquierda abertzale a ETA.

Pasan a hablar del cierre de Egunkaria. Habla con un detenido en la operación contra el diario. Le pregunta a Torrealdai si habló con alguien de lo que le pasó. Cinco de los detenidos denunciaron haber sido torturados, dice la narradora. Todos ellos eran referentes de la cultura en Euskadi, dice también. La Audiencia Nacional absolvió a los acusados, Egunkaria nunca tenía que haber sido cerrado y no tenía nada que ver con ETA. Cuando sale alguien hablando de la famosa tesis del “Todo es ETA” y posteriormente mencionan un proceso en el que no había conexión con ETA, el efecto que se produce es evidente. Han mencionado también las ilegalizaciones, los sumarios contra miembros de la izquierda abertzale… Si ahora aparece Otegi no me sorprendería. Porque no hace falta decir que Otegi no era ETA. Basta que cuando se diga que Otegi fue parte de ETA alguien recuerde a Garbiñe Biurrun y la famosa tesis del “Todo es ETA”.
“¿Qué se perdió aquella noche del año 2003 que jamás volvió?”, pregunta la narradora al escritor Torrealdai. Buesa y su escolta, Lluch, López de Lacalle, Lidón, y las páginas que pasaban tan rápido que era imposible quedarse con todos los nombres. Pero aquí sí se detiene. Aquí no hay prisa, y en lugar de páginas que pasan rápidamente nos ofrece una conversación reposada. Torrealdai responde: “La inocencia. He visto el Estado por dentro y es oscuro, muy oscuro”. No se trata de hablar de vencedores y vencidos, no se trata de presentarlo como blanco o negro. Pero sí, el Estado por dentro es muy oscuro, y no, no hay tiempo para Buesa, López de Lacalle, Lluch o Lidón.

Ahora de nuevo el proyecto de investigación sobre tortura y malos tratos, en cuanto Torrealdai nos deja su análisis sobre la luminosidad del Estado. La unidad didáctica es un proceso al Estado, esto lo veo ahora. No tengo ninguna duda de que ése es su único objetivo. “Este informe recoge más de 500 denuncias de tortura y malos tratos en la década”, dice la narradora. “Ésta es Beatriz Etxebarria, denunció haber sido violada en el proceso de incomunicación. El Tribunal Europeo de DD HH condenó a España por no investigar esa denuncia”. Foto de Unai Romano, antes y después de ser detenido por la Guardia Civil.

“Éste es Daniel, el hijo de Pilar. Murió con 20 años en los atentados yihadistas del 11M”. De nuevo vuelve a haber tiempo para el factor humano. No para los familiares de Buesa, López de Lacalle, Lluch o Lidón, pero sí para la madre de una de las personas asesinadas en un atentado yihadista, en Madrid. “Necesito saber qué ha ocurrido”, decía al comienzo del episodio 1. Habla la narradora con Pilar Manjón. “¿Por qué eres la presidenta de la asociación de víctimas del 11M, qué te mueve en lo personal?”.
Estas palabras de la narradora son esenciales: “El Gobierno de Aznar trató de hacer creer a la gente que el atentado era obra de ETA. Tres días después perdieron las elecciones”. Es esencial porque no se limita a exponer sino que juzga las intenciones, es capaz de saber que no fue falta de información ni inercia, sino un intento objetivo de engañar, de mentir a la gente. No hace lo mismo con las treguas de ETA, por poner un ejemplo, ni con las denuncias de tortura investigadas y desestimadas. El engaño aparece sólo para referirse a un Gobierno que tiene que reaccionar de inmediato a un atentado masivo. Por cierto, es la segunda vez que aparece Aznar. La primera fue un pequeño vídeo en el que se le veía decir eso del “Movimiento vasco de liberación”. Ahora, el intento de engañar a la gente. Lo que no ha salido es el intento de asesinato por parte de ETA, del que salió ileso.

“Qué es lo que las víctimas pueden aportar a la sociedad y qué papel tenéis que tener”. Esto se lo pregunta a Pilar Manjón, la presidenta de una asociación de víctimas de los atentados yihadistas del 11M. En un documental sobre ETA. Esto no se lo ha preguntado a víctimas de ETA. En el documental, las víctimas de ETA han hablado sólo de perdón, de la necesidad de la calma interior, de claveles rojos y blancos. Es también lo que dice Pilar Manjón.

La narradora pasa a explicar que tras el 11M ETA no cometió ningún atentado mortal en dos años, que “según el Ministerio de Interior” la cúpula de ETA fue descabezada hasta en 15 ocasiones en esa década, que casi 1.400 personas fueron detenidas “acusadas de pertenecer o colaborar con ETA”. Aparece una imagen de Thierry detenido, otra de Txeroki en un periódico, en el titular se puede leer “ETA pierde a su jefe más sanguinario”, se puede leer si le das al pause, y puedes saber quién es y qué hizo si tienes más de 25 años y has leído algo, difícilmente si tienes 15 ó 17 años. Sigue. “Las ilegalizaciones de la izquierda abertzale ya habían empezado, pero todavía se mantenía en las instituciones”. Ya es la segunda vez que lo expresa así. Como si fuera un proceso, un acto arbitrario de una deidad omnipotente. La idea de ilegalizar es que alguien pone algo donde no había nada. Aleja la idea de que había gente que alternaba su condición de político con su condición de miembro de ETA, o la idea de que ETA tenía tanto una rama terrorista (“armada”, dirían la narradora y los miembros de ETA) como una rama política. La idea es que la izquierda abertzale fue ilegalizada, y así la idea de que ETA formaba parte de la izquierda abertzale, de que dirigía la izquierda abertzale, pasa fácilmente al cajón de “la famosa tesis del Todo es ETA” que mencionaba la magistrada Biurrun, y hoy aparecía en El Mundo la denuncia de que en dos institutos de Vitoria varios alumnos habían realizado un homenaje a un preso de ETA, y también había carteles con su cara y banderas de Presoak Etxera, y me acuerdo también de aquel instituto de Hernani en el que otros alumnos se reunieron durante el “Gudari Eguna” con fotos de etarras y el mensaje de Agur eta Ohore, pero eso, que las ilegalizaciones de la izquierda abertzale ya habían empezado, la foto de la detención de Thierry, quién será ese señor gordo que parece estar pasándolo mal.

Ahora entra en escena Ibarretxe. La voz en off explica quién fue y qué hizo Ibarretxe, la narradora sonríe mientras habla con él por la calle. Explica cómo Ibarretxe fue a defender un nuevo estatuto que reconocía el derecho del “pueblo vasco a decidir su futuro”. “Lo hice subiendo a esa tribuna sin llevar ningún tipo de armas”, dice a la narradora Ibarretxe.
“Éste es el velódromo de  Anoeta en un mitin de la izquierda abertzale en 2004. Batasuna ya había sido ilegalizada (¿Pero por qué? ¿Qué base había, Jonan? ¿No hubo recursos? ¿Tal vez tuvo que pronunciarse el Tribunal Europeo de Derechos Humanos? ¿Y qué dijo? ¿O mejor no decir nada? Al fin y al cabo, estamos en el minuto 8. Hace muy poco hemos escuchado a un señor decir en euskera que el Estado por dentro es oscuro, muy oscuro) y por primera vez, su líder, Arnaldo Otegi, apostó claramente por las vías democráticas”. Su líder, Arnaldo Otegi, había apostado previamente por las vías del secuestro, en ETA, y puesto que estaba en ETA, por el asesinato, la amenaza, la extorsión. Pero no ha habido tiempo para mencionarlo en estos 88 minutos. “Es más difícil hacer la paz, a veces, que hacer la guerra. Hacer la paz significa sacar el conflicto político y armado de las calles y llevarlo a la mesa de negociación. Buscar la alianza de nuestros adversarios y llegar incluso al final, a buscar la complicidad de nuestros enemigos”. Quién es este Otegi, podría preguntarse un alumno de ESO o Bachillerato. Un hombre que apostó por la paz, claro. Un hombre que empieza a tener historia sólo desde ese momento.


Aparece ahora Jesús Eguiguren. “La política no hacía nada por acabar con ETA, porque estaban ya las posiciones fijadas, ETA mataba, venía el ministro o el Presidente, estaba unos minutos con los familiares, se iba a Madrid, hacía declaraciones… en fin, todo era ya una rueda que estaba engrasada desde hace años y que funcionaba, pero que nadie hacía nada distinto para pararlo”. Cuál será la idea que se transmite con estas palabras. Unos hacen una cosa, los otros hacen otra cosa, y así todo el tiempo. Unos, otros. Y la cosa funciona, es decir, tiene un propósito, un diseño, cumple unos objetivos.
Narradora: “Jesús Eguiguren no parece un político. Dice que su obsesión ha sido siempre conseguir la paz”. Y esta presentación, qué. Qué idea transmite. De Eguiguren y de los que, en fin, imagino que sí parecen políticos. Cuál sería la obsesión de éstos. Porque cuál no era ya lo sabemos, o ya lo sabrán quienes vean esto en un aula. ¿Mantener funcionando la rueda? Sigue la presentación. Y la narradora dice esto: “Jesús y Arnaldo se conjuraron para conseguir la paz”, se reunieron durante cinco años en el caserío de Peio. No puede haber un único relato, suele decir Jonan Fernández. Imagino que lo que quiere decir es que hay un relato, uno, en concreto, que no puede ser el único relato. Éste está quedando bien engrasado. Otegi, el hombre de paz. Repaso a las negociaciones de ETA con el Gobierno español. Reunión en Bruselas con Josu Ternera, ¿quién será Josu Ternera?, nadie, claro. Sigue la conversación entre la narradora y Eguiguren. “¿Y tú cómo sabías que lo que estabas haciendo estaba bien?” “Todo lo que habíamos hecho hasta entonces el Estado lo podía asumir. Es decir, ni habíamos vendido Navarra, ni habíamos dicho que iba a haber amnistía, todo iba dentro de los cauces democráticos”. Explica después Eguiguren que, en un momento dado, aparece Thierry (quién será ese señor gordo), desaparece Ternera. Peticiones de amnistía. “No pensarás que va a salir el que mató a Miguel Ángel Blanco. El primero, porque para nosotros tiene más mérito el que se ha picao a 15 que el que ha quemao un autobús”, sigue explicando Eguiguren. “El atentado de la T4 te pilla en una reunión con Arnaldo Otegi”. “Él quería que transmitiera al Gobierno que esto no era el fin… Y yo, es el fin, el Gobierno no puede seguir negociando después de esta bomba. Éramos conscientes de que en Batasuna iba a haber una especie de rebelión, oye, este loco nos ha jodido la salida digna que hemos conseguido”.

Aparecen dos mujeres, dos “víctimas de la violencia” que no se conocían antes de la reunión en Irlanda, en Glencree. Una es Mari Carmen Hernández, viuda de Jesús María Pedrosa, concejal del PP asesinado por ETA. La otra es Axun Lasa, la hermana de Jose Antonio Lasa, asesinado por el Gal. Porque Euskadi, la historia reciente, es la historia de dos violencias. Todo empieza con el franquismo, y después ETA, la abstracta ETA, y el Estado. Hay matices importantes, y hay matices, detalles, en los que no se puede entrar. La aceptación social de una y otra violencia, la complicidad, ¿sería la misma, ETA y el terrorismo de Estado?. La duración de ambas. Qué efectos produjeron. La recepción de quienes formaron parte de esas dos violencias en la actualidad, cómo son tratados. La presencia y justificación de esas violencias en el entorno social. Nada de todo eso. Es la historia de dos violencias, y punto. Hay sufrimiento en los dos lados. Y Otegi hizo posible la paz. Quién era ese señor gordo al que se llevaban detenido. Quién será el que mató a Miguel Ángel Blanco, ¿ha aparecido Txapote en estos 90 minutos? Nadie, nadie. Sólo lo abstracto.

Aparece ahora Paul Rios, la Conferencia de Paz de Lokarri. Vuelve Elkarri, director, guionista, productor y protagonista. “¿Por qué en 2011 ETA decide cesar la lucha armada sin negociar? Para tratar de entenderlo vamos a retroceder diez años, hasta el principio de la década”. Habla de Aralar. Cifras de muertos por año tras Lizarra. 11M. Tregua de 2006. Bomba de la T4, “matando a dos personas”. Quiénes, hombre, un poco de vergüenza. Quiénes eran esas dos personas. ¿Tenían hijos, familiares, amigos, o eran sólo tinta en un periódico? Otegi. Rubalcaba. ETA mata a dos guardias civiles en 2007. ETA mata a cuatro personas más al año siguiente. Aparecen los retratos, quien los conozca previamente sabrá ponerles nombre. “Y a otras tres en 2009. Ese mismo año cinco miembros de la izquierda abertzale son encarcelados por tratar de reorganizar a la ilegalizada Batasuna”. ¿Pero cómo que es imposible un relato único, Jonan? Si ya casi lo tienes, hombre. Rafa Díez y Otegi condenados a diez años, el resto a 8. “El proceso de ilegalización de la izquierda abertzale comenzó siete años antes, con la ley de partidos. Durante ese tiempo fueron ilegalizados más de diez partidos y plataformas electorales, hasta que en 2008 y 2009 la izquierda abertzale no pudo presentarse a las elecciones. Durante esta década casi 1400 personas son detenidas acusadas de pertenecer o colaborar con ETA”. Es la misma redacción que la de Gara/Naiz. Siempre son acusados de, nunca condenados por. La gran plaga de detenciones que cayó del cielo. O que vino desde las entrañas del Estado, tan oscuro por dentro. “Según el Ministerio de Interior, 22 de ellas pertenecían a la cúpula, la mayoría no llegaba a estar un año en la dirección de ETA antes de ser detenidas”. Según, es importante ese según. Porque después dice que la izquierda abertzale, tras numerosas asambleas, pide algo a ETA. Da igual lo que pida. Lo importante es dejar claro que la izquierda abertzale, agente 1, pide a ETA, agente 2. Porque 1400 personas son detenidas acusadas de, nunca condenadas, y porque Garbiñe Biurrun y la famosa tesis del Todo es ETA. La izquierda abertzale nunca tuvo nada que ver con ETA, hombre. Otegi, el líder de la izquierda abertzale. Quién será ese señor gordo, y no, no me suena, ¿Luis Abaitua, dice? No, lo siento. Rufi Etxeberria, Sortu: “La izquierda abertzale rechaza y se opone al uso de la violencia o a la amenaza de su utilización para el logro de objetivos políticos”. Pocos meses después, la conferencia de Aiete.

Retrocedemos un par de minutos: “¿Por qué en 2011 ETA decide cesar la lucha armada sin negociar? Para tratar de entenderlo vamos a retroceder diez años, hasta el principio de la década”. Y allí, diez años antes, la narradora y los alumnos encuentran un relato. La rama política de la izquierda abertzale acabó con la rama terrorista de la izquierda abertzale, pero con otras palabras, claro. El relato no es más que la elección de las palabras precisas para presentar unos hechos como si fueran otros hechos. ¿Y qué hay de las causas? ¿Por qué haría eso la izquierda abertzale? ¿Qué peso tuvo la actuación policial? ¿Qué podía hacer ETA, qué es lo que quedaba de ETA? Nada. No hay nada. Y aparece Patxi López. “Como Lehendakari ¿qué responsabilidad sentiste?” “Una vez que habíamos acabado con la violencia, ¿cómo consolidábamos la convivencia de los que somos distintos en este país?” Hay demasiadas cosas ahí. Dice también que todavía tenemos esto último pendiente, sobre todo una parte, cuánto le cuesta a Bildu decir que esto no debió haber pasado. Pero son siempre las mismas fórmulas vacías. ¿La violencia? ¿Qué violencia, la de las olas en San Sebastián, la de los coches? ¿La convivencia de los que somos distintos? ¿De los que somos distintos en qué sentido? ¿No será la convivencia entre quienes eran asesinados y amenazados y quienes aún siguen pensando lo mismo, entre quienes eran asesinados y quienes celebraban los asesinatos y homenajean a los asesinos? ¿Qué es lo que impide que Patxi López hable claro ni siquiera ahora, ni siquiera en una unidad didáctica como ésta? ¿”En este país”, Patxi?

Aparece ahora Borja Sémper. “Comparto espacios políticos con quienes hubieran justificado que a mí me mataran. Lo mínimo esperable es que digan que que su comportamiento estuvo mal, que se equivocaron”. Narradora, sonriendo: “Hoy mismo vamos a estar con Hasier Arraiz, que como tú ha sido padre recientemente”. “¿Tú te imaginas a tu hijo y al suyo jugando en el parque, siendo amigos?” “Sí, claro. Nosotros tenemos la obligación de construir las condiciones  para que puedan vivir en esa Euskadi y que no sea una mochila cargada de piedras las circunstancias que sus padres tuvieron que vivir”.

La circunstancia de Hasier Arraiz es que de joven fue miembro de Jarrai y de mayor fue miembro de ETA. No según el Ministerio de Interior, no acusado de. En el juicio en el que fue condenado, reconoció que formaba parte de ETA. Ésa es la circunstancia del padre.

“Hasier, ¿cuántos años has pasado en la cárcel?” “Pasé dos años y medio en la cárcel”.
“A ti personalmente te tocó vivir la época de las ilegalizaciones de la izquierda abertzale”. “Sí, dormíamos con un ojo abierto porque siempre teníamos un coche de la policía debajo de casa, es decir, unas condiciones en las que es realmente muy difícil hacer política. No soy quién para decirle a nadie qué autocrítica tiene que hacer pero sí que me gustaría que fuera compartida”. Unas condiciones en las que es muy difícil hacer política. La narradora no interpela aquí. Jonan, el Gobierno vasco, no aprovecha para preguntar por las condiciones en las que los concejales del PP o del PSOE hacían política en Rentería, en San Sebastián, gracias a gente como Hasier Arraiz. Hasier, que hacía política en ETA, lamenta las condiciones en las que tenía que hacer política, tenía un coche de la policía en la calle. Dos violencias, dos sufrimientos, a ti se te muere el padre a mí se me pierde el boli.
“¿Y tú personalmente la harías?”
“Yo reconocería que cuando sufríamos no reparábamos en lo que podía estar sufriendo el de al lado, y eso es algo de lo que yo creo que personalmente he participado”.
“Hemos estado con Borja Sémper, que también ha sido padre recientemente como tú y le hemos preguntado si se imaginaría a su hijo jugando con tus hijas, y nos ha dicho que sí”.
“Sí, no esperaba otra respuesta, la verdad. Me gustaría que los que estamos ahora fuéramos capaces de que nuestras heridas las pudiéramos cerrar de modo que no las heredaran nuestros hijos ni nuestras hijas”. El que formó parte de ETA y el que formó parte de un partido político a cuyos miembros ETA, es decir, la izquierda abertzale, puso en la diana: “nuestras heridas”.

“Lehendakari, han sido décadas de violencia. Qué hemos aprendido personalmente, qué has aprendido”. Aparece Urkullu, imagino que para cerrar con el responsable último del documento.
“Tenemos que hacer autocrítica del silencio en el que cómodamente hayamos podido estar instalados aun estando en contra de lo que ha sido el ejercicio de la violencia, y que si nos callamos estamos de alguna manera no justificando, pero sí dejando que no seamos una sociedad sana”. Alabanzas al programa Adi Adian, miles de personas han escuchado a personas como Axun y Mari Carmen.

Narradora: “Lo que escribamos de ahora en adelante está en nuestras manos. Porque es nuestro futuro. Mi futuro. Tu futuro”.

Y así termina esto. Literalmente.

Ni un segundo para el papel de la Iglesia vasca, reparo en ello ahora. Ni Setién, ni Arrieta Pérez de Mendiola, ni Herria 2000 Eliza. Nada. En 100 minutos. Tampoco para la extorsión, el llamado impuesto revolucionario. Ni un segundo para demasiadas cosas.


El quinto y último episodio abarca la década de los 2000. Éstos son los minutos que se dedican a cada una de las escenas:

Madina: 1:45
Asesinatos de Lidón, Lluch, Buesa, López de Lacalle, entre otros: 24 segundos.
Los 38 asesinatos en 2000 y 2001, sin nombres, sólo las profesiones: 27 segundos.
Garbiñe Biurrun, “todo es ETA”: 47 segundos.
Egunkaria: 1:35
Informe del Gobierno vasco sobre tortura y malos tratos, II: 29 segundos.
Pilar Manjón: 1:42
Detenciones, ilegalizaciones, Ibarretxe, Otegi: 1:43
Eguiguren, negociaciones: 2:58
Glencree, Lokarri, Conferencia de Paz: 2:31
Por qué ETA decide “cesar la lucha armada”, Patxi López: 4 minutos.
Borja Sémper y Hasier Arraiz, los hijos: 2:23
Urkullu, final, cerrar heridas: 2:30