Diario de la normalidad, III

Acabo de terminar de escribir una “clase” para quienes hasta hace unas semanas eran mis alumnos. No les llegará, y probablemente no ha sido una buena idea. No sólo hay que aceptar que no eres Montaigne, también hay que aceptar que no eres ni siquiera profesor. Y que no es que lo que dices no sirva, sino que no hay nadie a quien le pueda servir.

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“¡Los límites, hay que conocer y aceptar los límites!”, solía decir en clase cuando aún había algo que decir. Bien, pues aquí están los límites.

 

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Llevamos sólo dos días de confinamiento obligado, aunque en casa habíamos empezado antes. Ayer mirábamos desde el balcón lo que pasaba en la calle. Pasaban coches, familias y paseantes. Nosotros sacamos una cerveza y unas patatas a la mesita del balcón, algo que sólo hacemos de vez en cuando en primavera y verano. No tenemos costumbre de salir a tomar algo los domingos, pero de repente había que escapar a la calle por un momento, aunque la calle la estuviéramos viendo desde casa.
Había gente paseando en contra de lo que ahora son obligaciones pero seguimos procesando como si fueran recomendaciones. Y sale el severo juez. Sin conocer motivos ni circunstancias de los acusados. Y con la excusa de la salud pública. Pero no nos engañemos -hay que conocer los límites-, se trata de algo más primario que el bien común. Espero que no nos entreguemos demasiado a ello, que seamos capaces de darnos cuenta de lo que hacemos estos días y de por qué lo hacemos.

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Ayer circuló un vídeo de una señora que grababa a unos que habían decidido hacer turismo en un pueblo de Huesca. Un pueblo en el que la mayor parte de los habitantes son personas mayores. No somos Montaigne, hemos dejado de ser profesor, y ni siquiera somos esa señora, que acabó mandándolos a su casa, con una buena razón.

 

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Comienzo a entrever hoy lo que puede ser esto en los próximos días. Sentado en el sofá viendo algo que ya no son noticias, conectado a lo que pasa en Twitter, abandonando obligaciones reales. La primera obligación es mantener al menos un asomo de orden. Más del que había antes de que empezase esto, porque esto va a ser largo, y porque aquel desorden siempre se corregía por las rutinas sociales.

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Muchos periodistas profesionales llevan varios días señalando dos cosas: que “ellos” son periodistas, y no, por ejemplo, Matthew Bennett, al que acusan de cobrar por dar información; y que todos -es decir, “ellos”- fueron incapaces de imaginar qué es lo que iba a pasar.

Otros, a veces los mismos, llevan varios días entregados a un tono de pretendida autoridad, solemne. Han abandonado la frivolidad y los intentos de rebajar la gravedad de lo real. Ahora creen que quienes les hicieron caso cuando describían erróneamente lo que pasaba también deben hacerles caso cuando dicen a quiénes tenemos que hacer caso. Y a quiénes no.

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También han salido los nacionalismos. Urkullu y Torra hicieron ayer lo que se esperaba de ellos. Lo que se espera de alguien no es lo que pensamos que debería hacer, sino lo que la experiencia nos dice que es más previsible. Lo que se espera de Torra y Urkullu es que hagan lo mismo que han venido haciendo durante los últimos años. Avanzar en su agenda más importante, que es alimentar una nación en construcción, a pesar de los costes. Costes que pagan los “suyos” y también los demás.
Y unido a esto: los mismos que desde sus púlpitos decían que había asuntos más importantes, que estábamos “hipnotizados por el coronavirus”, -esto es de Iñaki Gabilondo. Las obras nunca son impersonales. Y no sólo cuando esto pase, sino mientras pasa esto, habrá que seguir recordando quiénes son los autores de muchas obras- dirán estos días que tampoco se podía saber que los nacionalistas fueran a comportarse de esta manera.

Torra estaba ya en sus textos de antes de ser presidente. Estuvo después del proceso. Ha estado ahí desde siempre. Y antes que él estuvieron otros. Clara Ponsatí dejó ayer una muestra de lo que es ella, y Carles Puigdemont dejó una muestra de que son un “ellos”. Y algunos tienen claro qué son esos ellos, cuáles son sus ideas, cuál es el precio de esas ideas, desde hace mucho. Y a todos éstos se les decía que “no era para tanto”, que “no se podía saber” y que estaban “hipnotizados” por el nacionalismo.

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A mí me preocupa cómo saldremos de ésta, cuáles serán las consecuencias directas e indirectas. (Pienso en las consecuencias económicas como si fueran consecuencias indirectas, y es un error). No “cómo” en el sentido de qué tendremos que hacer para salir, sino en el sentido de qué quedará en nosotros después de esto, qué cambios habremos experimentado.

Espero que haya cambios profundos. Que quienes surfearon la crisis con frivolidades dejen de recibir atención, y que comiencen a recibir atención quienes han ido acertando no sólo en ésta sino en muchas de las crisis anteriores. Espero que para escuchar análisis dejemos de fijarnos en los altavoces de consignas y de memes. Tenemos gente que analiza muy bien la realidad, y sólo nos fijamos en expertos en comunicación que no entienden que lo más importante de la comunicación es que el mensaje coincida con la realidad.

Pero sinceramente, no tenemos demasiadas razones para pensar que se producirá ese cambio. Estamos “hechos” para ajustarnos a las circunstancias, para pasar página en algunas cuestiones, y para manejar los costes a corto plazo. Hemos vivido crisis de legitimidad más graves, y quienes nos condujeron a esas crisis pudieron seguir dedicados a su tarea, a pesar de todo.

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Ya se está preparando el terreno con un relato coordinado, que va desde el “no es el momento de las críticas” a las críticas a quienes poco han tenido que ver en la gestión de esta crisis.

Y los principales responsables de la gestión de esta crisis, que están en el Gobierno y en los medios, tendrán momentos de responsabilidad durante la crisis, aunque sea por probabilidad. Y nos quedaremos con eso, y no podremos hacer otra cosa que comprenderlo, non ridere, non lugere, neque detestari.

O tal vez se tratará de una profecía autocumplida. Tal vez los responsables de que nada cambie somos los que decimos que los cambios profundos son imposibles. Imagino que cada uno hace lo que puede según sus propias inclinaciones.

Diario de la normalidad, II

 

Acabo de aprender una diferencia entre un diario -vamos a llamarlo así- y lo otro. El diario no se edita. Cuando digo que acabo de aprenderlo quiero decir que se me acaba de ocurrir. Y ya actúo como si fuera una norma universal, un dictado de la recta razón.

No añadir nada, no eliminar nada, no corregir nada. Lo que hay es lo que hay.

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La joven diputada del PSOE que escribió en Twitter “Qué genialidad” para referirse y compartir un tweet que recomendaba el decrecimiento (“No hay mal que por bien no venga”, literalmente), ha borrado el tweet.

Los filtros y lo que somos, decíamos antes.

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Sospecho que la palabra “monetizar” cobrará a partir de ahora un significado dramático. Habrá que monetizar algo, lo que sea. Qué mal lo voy -ahora sí, yo- a pasar.

 

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“Cuando llega una crisis aprendemos a valorar lo realmente importante”. Pues no, tampoco.

Lo realmente importante en una crisis no es lo mismo que lo que es realmente importante cuando no estamos en crisis. En una crisis lo realmente importante nos da una hostia que nos deja temblando. Eso sí.

 

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Me extraña que aún no se estén viendo anuncios en la tv adaptados al nuevo tiempo. Pensaba que los publicistas habrían desarrollado el músculo suficiente durante estos años como para reaccionar y adaptarse en cuestión de segundos. Digo yo que aún quedará alguno que trabaje en la privada.

 

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“La mayoría de la gente tiene miedo de contagiarse. Lo mejor es pensar que ya tienes el virus. No pienses en cambiar tu comportamiento para no contagiarte, piensa en cambiarlo para no contagiar a los demás”.

Suena muy bien. No somos así. Si pensamos que ya lo tenemos, no hay incentivos para cambiar nuestro comportamiento. Tal vez, en algunos casos, para no contagiárselo a los nuestros.

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¿Por qué somos así y no de otra manera? No lo sé. De hecho, ni siquiera puedo decir que esté seguro de que seamos así. Pero en el fondo tiene razón el señor del vídeo: es mejor pensar que ya tenemos el virus.

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Hace un rato mencionaba a los petisos carambanales. Ayer me acordaba del final de Los cabecicubos.

 

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Hace unos minutos me ha dado por pensar en cuál será el texto que elegirán este año para Lengua en selectividad, con todos los que se escribirán sobre nuestra enfermedad. Pero es posible que ni siquiera haya selectividad. Es lo que tienen las crisis reales. Las demás son afortunadamente previsibles.

 

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Finalmente el presidente del Gobierno compareció. Los continuos retrasos en su comparecencia fueron amenizados con filtraciones no del decreto, sino de las luchas que se estaban produciendo en el consejo de ministros. A un lado Pablo Iglesias, de Podemos, que estaba en cuarentena. Apareció en el consejo y se filtró que pretendía nacionalizar las eléctricas e incluso intervenir los medios de comunicación. Al otro lado Nadia Calviño, del Gobierno, que al parecer se plantó y dijo que o dimitía Iglesias o se iban ellos, y que de ningún modo aceptarían las exigencias de Podemos. Todo ello maridado con una alianza de Torra y Urkullu, que se habrían negado a aceptar el “155” para centralizar el mando sobre todas las comunidades en Moncloa.

Pues bien, finalmente apareció Sánchez, desencajado, nervioso, apenas en pie, pero no hubo rayo que fulmina antes de oír el trueno. Hizo lo que debería haber hecho mucho antes, lo expresó mal, se reveló que el consejo de ministros, el Gobierno, es (la) ingobernable; pero no hubo el desastre absoluto prometido.

Así que finalmente el presidente del Gobierno compareció; y lo que hubo fue gran regocijo.

 

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No es pesimismo, ni mucho menos precognición; pero hay que recordar que cuando esto acabe todo volverá a donde estaba. Exactamente a donde estaba. Hoy se ha visto una muestra de ello.

Diario de la normalidad, I

 

El diario es lo único que escribimos para nosotros y no para los demás; también esto es mentira. ¿Qué pinta ahí ese “nosotros”?

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¿Qué diferencia hay entre estas reflexiones pretendidamente no pretenciosas y las ocurrencias en Twitter? La única diferencia es que aquí digo -vamos a intentar prescindir de ese “nosotros”- “Twitter” y no “tuiter”.

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El diario es un invento del siglo pasado -todo lo antiguo es del siglo pasado, aunque sea más viejo que la vanidad-, pero probablemente las formas de este siglo hacen imposible escribir hoy un diario. Esto es, también probablemente, otra cosa. Un hilo en diferido.

 

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“En diferido” es una expresión política de este siglo, de este lustro. Específicamente española, aunque sólo en la forma. Aquella “indemnización en diferido”,  que ya no recuerdo exactamente qué era, aunque creo que tenía que ver con Bárcenas, que por un tiempo encarnó el gran problema español. El gran problema español, en palabras de Mercutio -¿Es esto un apunte específico de este siglo, porque sale de tuiter?- era creer que el gran problema español era Bárcenas, avatar de la corrupción.

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“En diferido” será a partir de ahora una expresión política reciente. La que sirva para describir la acción de Gobierno de Pedro Sánchez. Todo se retrasa. Incluso aquellas urgencias por reparar el siglo pasado se retrasaron, por cuestiones técnicas. Y no digamos el retraso en el anteproyecto de ley que iba a salvar vidas mediante la precipitación. Ahora ha quedado en paréntesis, en parte por una precipitación que ya estaba en el espíritu de la anteley. Recogieron esa precipitación de la calle y la devolvieron a la calle, multiplicada, también en sus efectos negativos.

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“En diferido” tuvieron en cuenta las señales que deberían haberles llevado a posponer su agenda. “No se podía saber” lo que ya estábamos viendo en China, en Italia, lo que ya estábamos leyendo, principalmente en inglés, eso sí. Aunque no se puede decir que el inglés sea la clave del “No se podía saber”, porque “Wash your hands”.

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Y en diferido ha sido el estado de alarma. Tanto que aún no ha sido, a pesar de que ayer ya informasen los medios de que estábamos en ese estado. Sin necesidad de que el Estado decidiera.

 

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Hoy hemos desayunado tortitas, A. está trabajando, y he leído este texto de Josu de Miguel.

Queda mucho día, pero no tanto. Queda mucho, en general, pero no tanto.

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Las grandes crisis no sirven para darte cuenta de lo esencial. Las certezas que no se tienen antes de la crisis no se adquieren cuando ésta comienza. La crisis puede confirmar las certezas, si sólo eran sospecha, pero no modifican demasiado lo que ya creíamos saber.

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Por ejemplo, decir que “Perdemos demasiado el tiempo” es no decir nada. ¿Lo perdemos en relación a qué? Hay objetivos reales, concretos. Bien. Pero no nos referimos a eso. Si tienes que aprobar un examen y dedicas los días a dibujar petisos carambanales estarás perdiendo el tiempo. Pero no hay un “perdemos el tiempo” existencial, vital. Ni siquiera se puede decir que dedicar los días a escribir cómo perdemos el tiempo, cómo se nos va la vida, sea perder el tiempo.

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Todo es perder el tiempo, y por eso nada es perder el tiempo. O al revés. Eso sería más jodido. Es gracioso esto. Pensamos que el “si todo entonces nada” no se altera por el orden que elijamos. En una clase de Ética, en la universidad, una profesora intentó desarmar lo que creíamos nihilismo: “Si nada es bueno entonces todo es bueno”. O puede que dijera “Si todo es malo entonces nada es malo”. Pareció convencernos, pero ni entonces ni ahora sabíamos qué significaba “todo”, “nada” y “bueno”. Lo que quisiéramos en cada momento.

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Sí, los sofistas tenían razón. Sí, Sócrates acertaba. Los primeros se quedaban en la epistemología, el segundo es modelo para la acción. Y además, al decir que tenían razón en realidad se la estamos quitando. Aunque en el fondo siguen teniendo razón.

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Escribir es perder el tiempo. Pero eso ya lo hemos dejado claro antes.

 

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Se puede decir que el “En diferido” al que nos referíamos antes es un meme, aunque no sé si es correcto. Se puede decir que en este siglo todo es un meme. Volver al punto anterior.

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¿Estoy excavando con un pico de juguete? ¿Cuál es el terreno?

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Sí hay una diferencia respecto a Twitter: aquí y ahí escribimos para los demás, pero al menos aquí escribimos nosotros, a pesar de este “nosotros”. En otros contextos escribimos lo que ya se ha dicho antes, y lo que pensamos que hay que escribir para X. Es una escritura hipotética, no categórica. Aunque no sé si es conscientemente hipotética. No sabemos muy bien qué es X, pero por allí resopla.

En realidad tampoco es que aquí escriba yo -voy a hacer un esfuerzo-, sino que hay menos filtro. Y en el fondo, una de las pocas cosas que podemos decidir es el filtro.

Al prescindir del filtro no sale “lo que somos”. O mejor dicho, sale justamente lo que somos: un conjunto de filtros ajenos.

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Un experto en comunicación acaba de decir que estamos en un estado de guerra, y que el enemigo es el virus. Ahora mira a los ojos al espectador para hacernos entender la necesidad del confinamiento. Pero los que estamos en casa somos los que ya estamos confinados. Hace sol en Galdácano. Hay gente en la calle. El mensaje del experto en comunicación sólo va a llegar a aquéllos para los que ese mensaje sea ya una obviedad.

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“Ya habrá tiempo para la crítica y la confrontación”.

Ah, vale. Al final sí que es experto en comunicación.

 

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“Los médicos son los grandes soldados de esta campaña”, dice la presentadora.

Qué fácilmente se entregan a las metáforas bélicas quienes hasta hace cuatro días se negaban a entender la gravedad de una crisis sanitaria. Los que ya avisaron, ¡sin metáforas!, hace seis días, probablemente pasarán a ser acusados de minar la moral de las tropas.

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Las certezas que no se tenían antes de la crisis no se adquieren de golpe cuando ésta comienza, decíamos. Los que se negaron a entender qué era lo que venía son los mismos que se negaban a entender cualquiera de los problemas complejos que pretendieron solucionar con campañas simpáticas, con empatía o con hashtags jurídicos.

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Gente cantando en los balcones de Italia, famosos enseñando algo tan complicado como ducharse.

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Es “dantesco”, habría que decir si estuviéramos en la tv comentando lo que se ve en la tv. Por fortuna no estamos ahí y podemos ahorrarnos el adjetivo. El experto en comunicación produce sílabas mientras unos músicos italianos realizan una performance para que entendamos cómo hay que lavarse las manos.

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La comparecencia de Sánchez se retrasará de nuevo, anuncian. Pero ya sabemos que se restringirán los movimientos y se cerrarán establecimientos.

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Uno de los filtros preinstalados me quería llevar a decir algo sobre la acción central del Estado y las autonomías, pero no es que no haya tiempo para eso, es que no hay ganas.

 

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Hasta aquí. “Empieza a parecerse demasiado a las ocurrencias de tuiter”, piensa, instalado en la idea de que algunas veces es capaz de producir algo que no sea precisamente eso y solamente eso.

Adultas por encima de todo

Hace unos días Pablo Iglesias y Pablo Echenique se refirieron a un análisis que exponía las deficiencias técnicas que lastraban el anteproyecto de ley de libertad sexual, elaborado por los responsables del Ministerio de Igualdad. “En las excusas técnicas hay mucho machista frustrado”, dijo Iglesias. “Parece que cuando se plantea un avance en los derechos de las mujeres haya quien esté deseando que venga un machote a decir: ‘Déjame, que yo te explico cómo hay que hacer las cosas“, dijo Echenique.

Iglesias y Echenique dijeron eso porque la responsable última de haber presentado un anteproyecto de ley con deficiencias técnicas de todo tipo -también ideológicas, claro, pero eso ya es otra cuestión- fue una mujer. Irene Montero.

Ayer el Partido Popular presentó su vídeo de campaña para el 8-M, que es en sí mismo otra campaña. El lema del vídeo del PP es el siguiente: ‘Mujer, por encima de todo’.

En el vídeo aparecen varias dirigentes del PP refiriéndose a otras mujeres. En positivo, obviamente. Por ejemplo, Cayetana Álvarez de Toledo habla bien de Inés Arrimadas. Habla bien en doble sentido: “Si tuviera que destacar una virtud de Inés Arrimadas puramente femenina no podría destacar lo más importante de ella. Porque la valentía no es un atributo exclusivamente femenino sino de todas las personas, independientemente de cualquier consideración identitaria. E Inés Arrimadas yo creo que por encima de cualquier otra cosa es una mujer valiente. Una persona valiente”. 

En el vídeo aparece además Elvira Rodríguez hablando bien de Nadia Calviño, Ana Pastor hablando bien de Gloria Elizo o Isabel Díaz Ayuso hablando bien de Ana Oramas.
Y también Andrea Levy hablando bien de Ada Colau. Y Ana Beltrán hablando bien de Irene Montero. Y Cuca Gamarra hablando bien de Nuria Marín.

Imagino que el mensaje que quieren transmitir es que, por encima de las diferencias políticas, todas ellas son mujeres. Y que todas ellas son personas, imagino. Y que se puede decir algo bueno sobre todas ellas. Pero esto es lo que se podría esperar de algún taller de empoderamiento, no de un partido político. Es lo que cabría esperar, tal vez, en el grupo de mediación de un colegio, compuesto por alumnos. No en un partido político. Ni siquiera en un partido político que decide participar en algo como el 8-M.

En un partido político, y en general en la política, cabe esperar un discurso que vaya más allá de la seducción, la empatía, la sororidad y otros conceptos vacíos. Un discurso que trate a los ciudadanos y a los políticos como adultos. También, y no sería necesario especificarlo, a las mujeres. Especialmente si se trata de un discurso que pretende ser feminista.

Porque en eso consiste, creo, lo que muchos tenemos en mente cuando hablamos del feminismo. En tratar de la misma manera a los hombres y a las mujeres. En esperar y exigir lo mismo de ellos. En no dar menos valor a alguien por el hecho de ser mujer; tampoco más.
Considerar de la misma manera a Ada Colau y a Inés Arrimadas o a Nuria Marín y a Nadia Calviño porque son “mujeres por encima de todo” es una afrenta a Inés Arrimadas y a Nadia Calviño. Y posiblemente a todas las mujeres que no quieren ser “mujeres por encima de todo”, sino educadas, honradas, trabajadoras, inteligentes, competentes, valientes. Y que saben que si alguien es maleducado, deshonesto, vago, ignorante, incompetente y cobarde, lo de menos es que sea hombre o mujer.

Irene Montero, como ministra, no es una mujer por encima de todo. Es una adulta con responsabilidades por encima de todo. Quienes exigen un tratamiento distinto para ella como ministra por el hecho de que es una mujer, curiosamente, lo exigen en nombre del feminismo.
Por eso esta campaña del Partido Popular es un error, además de una oportunidad perdida. Porque no se trata de defender que una mujer pueda ser ministra. No es necesario. Lo necesario, lo oportuno, sería defender que una mujer ministra no es una víctima en potencia, y que no debe ser tratada de manera distinta por el hecho de ser mujer.

Una campaña realmente feminista, si es que por “feminismo” entendemos lo que se supone que todos entendemos, habría sido “Adultas por encima de todo”. O incluso “Adultos”, si se hubieran sentido con la convicción necesaria.
En su lugar el Partido Popular presenta esto. Tal vez porque Cuca Gamarra, cuando tiene que definirse en el vídeo de la campaña que ella ha dirigido, se define como “una mujer de su tiempo”. Y esto es lo que presenta el Partido Popular, exactamente. Una campaña feminista de su tiempo.

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Ayer después de verlo me venían varios nombres de mujeres en el Congreso, y en la política en general. Marian Beitialarrangoitia. Mertxe Aizpurua. Laura Borràs. Carme Forcadell. Mujeres que han concebido la política como un señalamiento constante de los otros. Y de las otras. Mujeres que han centrado su carrera política en trazar la línea que divide el ellos y el nosotros. Que han llamado a actuar contra ellos. Y contra ellas. Que han considerado que su pueblo no estaba formado por ciudadanos, sino por ciudadanos que eran vascos por encima de todo, o catalanes por encima de todo. Así que, ¿mujeres por encima de todo? No, hombre. Esas mujeres tienen más en común con Quim Torra y con Arnaldo Otegi que con Inés Arrimadas y Maite Pagazaurtundua. 

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Ayer le daba vueltas también al tono de la campaña. Las tarjetitas, el lado humano, el florecimiento de las emociones. Y me acordaba de Évole, los pactómetros, el estilo desenfadado de cierta cadena de televisión.
Pero probablemente es sólo una impresión.

Con mano izquierda

Leo hoy que cuatro personalidades políticas del País Vasco han escrito un manifiesto en torno al futuro de la izquierda vasca. El manifiesto, o la carta, se ha publicado en Gara. Y el lugar en el que debe aglutinarse la izquierda vasca, según estas cuatro personalidades, es EH Bildu.

Las cuatro personalidades son las siguientes:

Gemma Zabaleta, exconsejera (Empleo y Asuntos Sociales) socialista en el Gobierno de Patxi López. Gobierno que fue posible gracias al apoyo del PP vasco, habría que recordar.

Javier Madrazo, también exconsejero (Vivienda y Asuntos Sociales) del Gobierno vasco, pero no el de López sino el de Ibarretxe. Fue coordinador general de Ezker Batua-Berdeak, la Izquierda Unida con hecho diferencial, hasta que los hechos diferenciales de dos corrientes internas hicieron que la agrupación de corrientes y escisiones varias se escindiera en dos nuevas corrientes, dando lugar a Ezker Anitza, hoy integrada en Elkarrekin Podemos, y a Ezkerra Berdeak. 

Daniel Arranz, que fue gobernador de Vizcaya durante la última legislatura de Felipe González.

Y Manuel Díaz de Rábago, que fue presidente de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. En 2010 el blog del periodista Javier Ortiz recogía unas palabras que el juez pronunció en una entrevista publicada en una revista jurídica, Res Publica. Las palabras eran éstas, la negrita es mía.

P.- ¿Qué opina sobre el caso Egunkaria?

R.- Voy a responder a la gallega: ETA y el modo en que el Estado le da respuesta provocan en mí, en estos últimos años, cierta incertidumbre sobre qué puede sucederme primero: que ETA me asesine o que el Estado me acuse de formar parte de sus estructuras. Revela, a mi juicio, el desvarío de ambos en el logro de sus objetivos, bajo la perversa regla de que “todo vale”.

Ésos son los cuatro autores de la carta publicada en Gara.

En la carta hablan de una anomalía democrática que padecemos en el País Vasco, relacionada con EH Bildu. De manera nada sorprendente, con la anomalía no se refieren precisamente a EH Bildu, sino al hecho de que toda la izquierda vasca no esté unida en torno a EH Bildu para ofrecer “las respuestas que necesita la Euskadi del futuro”. 

Los autores de la carta dicen compartir varios puntos de vista. Algunos de ellos son éstos:

“hay que recuperar la pedagogía en la política, (…), el respeto, la idea de que los proyectos políticos que se defienden no son contra los demás sino a favor de las personas que conforman nuestra sociedad o la recuperación de los espacios perdidos en una democracia menguante”.

Y por eso piden que la izquierda vasca se reagrupe en torno a EH Bildu.
Pero EH Bildu es la coalición que integra a Sortu, el partido que en definitiva marca el ritmo de la coalición. Y Sortu es el partido que hace menos de un año, en abril de 2019, llamaba a “plantar cara” a Abascal, Rivera y Casado, cuando participaron en diversos actos de sus partidos en el País Vasco, en el marco de las elecciones generales de abril. “No son bienvenidos”, añadía Sortu en un tuit.

 

Sortu es también el partido que animaba a participar en las Brigadas de Desinfección Antifascista cuando esos partidos se atrevían a pisar suelo vasco. 

 

Y EH Bildu, directamente, es la coalición que en septiembre del año pasado, pensando en las generales de noviembre, registró una proposición en el Parlamento vasco para que esta cámara invitase a “los partidos políticos que apenas tienen apoyo social, político e institucional en Euskal Herria que no utilicen durante la campaña electoral el territorio vasco con el objetivo de obtener votos fuera de aquí”.
En realidad, como se puede ver en la imagen que compartió en su día Borja Sémper, EH Bildu no pretendía que el Parlamento vasco “invitase” a esos partidos a no tocar suelo vasco, sino que se lo exigiera. “Invite” fue la palabra que Pedro Gorospe decidió usar en su crónica en El País para referirse a la propuesta de EH Bildu.

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Que los proyectos políticos que se defiendan no sean contra los demás y recuperar los espacios perdidos en una democracia menguante, decían los autores en la carta. Y en lugar de pedir que la izquierda vasca denuncie a quienes siempre han defendido su proyecto político contra los demás, con pistolas o con amenazas y acoso, a quienes han intentado eliminar el espacio político de quienes se oponían a su proyecto, y a quienes se han especializado en menguar la democracia en el País Vasco, en lugar de eso, piden que la izquierda vasca se reagrupe en torno a ellos, en torno a EH Bildu.

La carta sigue. Dice esto:

“Apostamos por una izquierda vasca, (…), que tenga voluntad de crear alianzas estratégicas de pensamiento y acción con todos aquellos partidos, organizaciones y personas que se reconozcan de izquierdas y por tanto que luchan por cambiar tantas injusticias como hay. Que genere confianza y practique el diálogo frente al insulto, la humildad frente a la prepotencia”.

Aparco lo de las personas de izquierdas que, por tanto, luchan por cambiar las injusticias en el País Vasco, que daría para una entrada algo más larga, y me quedo en lo del diálogo frente al insulto. Me acuerdo de Mari Carmen Sánchez Sequeros, la única concejal del PP en Galdácano durante la anterior legislatura. Y de las palabras con las que un grupo de encapuchados la recibió antes de entrar a un pleno en el ayuntamiento. “Asesina” e “Hija de Franco”. Esta acción se produjo después de que EH Bildu lanzase una moción de apoyo a un joven del pueblo que sufrió un accidente cuando iba a visitar a un preso de ETA. En respuesta a la moción, la edil del PP afirmó, negando palabras recogidas en la moción, que no se trataba de un preso político. Esto hizo que una parte de los asistentes se pusiera de pie, y que uno de ellos la llamase “asesina”, “fascista” y “cerda”, a lo que añadió “Mírame a la cara y quédate con mi cara”.

Me acuerdo de que en 2018, en Vitoria, una multitud de personas con ikurriñas y arrano beltzas se dedicó a gritar “Españoles, hijos de puta” a una persona que había decidido colgar la bandera de España en su balcón para celebrar el Día de la Hispanidad.
Y me acuerdo también de que “Españoles, hijos de puta” fue uno de los gritos con los que la izquierda abertzale recibió a los asistentes a los actos de Ciudadanos en Rentería y Alsasua.

 

Pero de esto no se acuerdan los cuatro autores de la carta que se publicó ayer en Gara. O sí. Normalmente conocen todas estas cosas, pero deciden no tenerlas en cuenta. Y así, piden que la izquierda justa y luminosa, la izquierda vasca, que practica el diálogo frente al insulto, se reagrupe en torno a los que llaman “cerda” a una concejal del PP y en torno a los que gritan “Españoles, hijos de puta” a los españoles que viven en el País Vasco o que visitan determinados lugares del País Vasco y Navarra.

La carta sigue. Los autores quieren “no olvidar el pasado para aprender de él”. Y piden que la izquierda vasca, la que lucha contra las injusticias, se reagrupe en torno a gente como Bea Ilardia, concejal de EH Bildu en Galdácano -junto a Mari Carmen Sánchez Sequeros- que publicó un tuit de bienvenida al etarra Tomi Madina cuando salió de la cárcel, y que en el mismo tuit quería recordar también a los otros etarras del pueblo que aún seguían en la cárcel, como Txapote o Bienzobas.

 

Los autores de la carta quieren que la izquierda vasca se sume a un proyecto ambicioso y de futuro, que supere la “anomalía democrática” que vivimos aquí, y quieren que ese proyecto lo lidere EH Bildu, coalición cuyos dirigentes realizan homenajes sistemáticamente a miembros de ETA, como cuando Sortu decide decorar el pueblo de Galdácano con imágenes de Kepa del Hoyo o “Thierry”, o como cuando los vecinos de Miravalles deciden decorar sus calles con fotos de Josu Ternera para recibir a los asistentes a un acto de Ciudadanos.

 

Esto es lo que quiere gente como Gemma Zabaleta y Javier Madrazo, la unión de facto de toda la izquierda vasca para corregir la anomalía democrática del País Vasco, que no sería EH Bildu sino los partidos que están en las antípodas, en fines y medios, de EH Bildu.


Es sin duda un proyecto ambicioso. Pero si redujeran un poco su ambición y sus prisas se conformarían, por el momento, con la cesión sistemática de la izquierda vasca a todos los postulados y proyectos del nacionalismo vasco, que es lo que han venido haciendo los otros actores de nuestra particular anomalía: el PSE y Podemos. Si tuvieran más mano izquierda, que es la expresión que usan para terminar su carta, Gemma Zabaleta, Javier Madrazo y los otros dos autores tendrían libre la otra mano para brindar en Nochebuena con el coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, como ya hicieron los líderes del PSE y de Podemos Euskadi.

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Misa sin trascendencia en Bilbao

No soy una persona que se encuentre cómoda en los grandes actos colectivos. A veces porque no entiendo la necesidad de expresar junto a otros lo que pensamos, a veces porque me incomodan las expresiones públicas de lo que sentimos. Hoy la plataforma Libres e Iguales ha celebrado un acto en Bilbao. En teoría ha sido un acto para celebrar la Constitución, pero ha sido algo más que eso. Entre otras cosas porque ha sido un acto en Bilbao, ciudad acostumbrada a que los únicos actos políticos que se celebran sean actos nacionalistas.

Hoy en Bilbao, en la plaza del Arriaga, han hablado Cayetana Álvarez de Toledo, Arcadi Espada, Rosa Díez y Fernando Savater. Han dicho cosas interesantes, pero lo realmente interesante es que dos o tres centenares de personas han podido escuchar, en la calle y en Bilbao, a Álvarez de Toledo, Espada, Díez y Savater. Y que han podido hacerlo sin grandes inconvenientes, más allá del cordón con el que la policía autonómica ha rodeado la plaza para evitar problemas.

He acudido al acto con mi padre, alguien que tampoco se encuentra demasiado cómodo en los actos colectivos. Hemos rodeado el Arriaga, y mi padre se temía que no iba a ser fácil entrar. Cuando hemos vuelto a llegar a uno de los laterales del teatro hemos visto que ya habían retirado el cordón en un par de puntos. Hemos comenzado a entrar en la plaza -el foso, diría Espada más tarde- y un agente de la Ertzaintza nos ha preguntado a dónde íbamos. “Al acto”. Ya en la plaza, antes de que llegasen los cuatro del Arriaga, he podido saludar a Iñaki Arteta, a quien tanto debemos. También he visto a Santiago González, a Carlos Urquijo y más tarde a Carlos García, a Bea Fanjul y a la que fuera la única concejal constitucionalista en Galdácano hasta hace poco, Mari Carmen Sánchez.

Los cuatro de Libres e Iguales han llegado a la plaza del Arriaga, donde han sido recibidos con aplausos. Ha comenzado a hablar Cayetana Álvarez de Toledo. Ha sido un discurso de casi media hora, tranquilo y firme, sin aspavientos y sin concesiones. Ha hablado sobre Cataluña y el País Vasco, sobre el hecho de que es tan necesario plantar cara al nacionalismo en Cataluña como aquí en el País Vasco. “Soy portavoz del Partido Popular, pero hoy no hablo en nombre de los populares, quiero hablar en nombre de los progresistas”. Frente a los reaccionarios, es decir, los nacionalistas. También ha citado unas palabras recientes de Gabriel Albiac: “Tenemos que refundar el suelo ético de la nación”. No hay ningún lugar de España en el que esas palabras sean más necesarias que aquí, en el País Vasco: a la misma hora, en la misma ciudad, miles de personas asistían a la manifestación convocada por EH Bildu en contra de la Constitución.

De la misma manera que el acto de Libres e Iguales ha sido algo más que un acto por la Constitución, el acto de EH Bildu, cualquier acto de EH Bildu, es mucho más que un acto político. Es un acto moral. Y no hay que equivocarse: no hace falta añadir el cómodo “in”. Es un acto moral en el sentido de que es la norma, la costumbre. Las miles de personas que acompañan a EH Bildu son la normalidad, lo tolerable, lo festivo. Las doscientas o trescientas personas que han acudido a escuchar a Álvarez de Toledo, Espada, Díez o Savater eran la anomalía. Por eso las palabras de Albiac que citaba Álvarez de Toledo son esenciales: la tarea no es sumar más votos o más asistentes; la tarea consiste en refundar el suelo ético de la nación.

Después ha hablado Arcadi Espada. Ha comenzado muy pinkeriano. Ha recordado que el odio que sale de una parte de la sociedad no es muy distinto al odio que había en los años 30. Lo que es distinto, afortunadamente, son otras cosas: el valor de la vida, de la propia vida, ha aumentado. También ha recordado que el odio no es equidistante. El odio, también afortunadamente, no es simétrico. Es unidireccional. Es un odio desde una parte de la izquierda hacia una parte de la derecha, de la izquierda o del centro. Hacia la parte de la sociedad que no comparte la asimilación nacionalista. Y ha recordado también algo muy importante: el odio ha de seguir siendo unidireccional. Sería un error -intelectual, moral- que quienes son señalados por esa izquierda se sumaran al nuevo odio de la derecha. Estaba hablando, claro, de Vox. Porque el discurso de los cuatro que han hablado es un discurso contra los nacionalismos, los populismos, las manipulaciones, las mentiras y el énfasis. Y porque saben que el nacionalismo, el populismo, la manipulación, la mentira y el énfasis no son propiedad exclusiva de la izquierda. Como ha recordado Espada después, una plataforma no trata a sus oyentes como clientes. No trata de decirles lo que quieren escuchar. Los trata como adultos. Una plataforma no es un partido político, y no comparte sus servidumbres. Una plataforma, esta plataforma, no tiene que contemporizar, no tiene que sumarse al apaciguamiento. 

A continuación ha hablado Rosa Díez. Me he acordado de Iglesias y Errejón, del partido que probablemente acabará formando Gobierno con el PSOE. Me he acordado de cuando Errejón e Iglesias organizaron un acto en la universidad para impedir una conferencia de Díez. Hoy no estaban en Bilbao, y había varios furgones de la Ertzaintza para permitir que Díez hablase. Y así lo ha hecho.
Por último ha hablado Fernando Savater. Esto, en sí mismo, es lo interesante. Savater, con su sentido del humor, hablando a doscientas o trescientas personas en la plaza del Arriaga mientras a pocos metros miles de personas participaban en la manifestación de EH Bildu.
Savater, a quien tantos, no hace tanto y desde tantos lugares distintos, llamaban “fascista”, ha cerrado el acto con la lectura del comunicado de Libres e Iguales.
He podido saludar a un par de amigos y me ha saludado un antiguo alumno a quien di clase hace unos años, y a quien desgraciadamente he tardado en recordar. Nunca hablé con él de política, algo que creo que debería ser lo normal, y ha sido una grata sorpresa verlo allí.

Por momentos he tenido la sensación de que el acto se parecía un poco a una misa, aunque creo que esto no se va a entender. En parte porque no consigo poner esa sensación en palabras, y en parte, probablemente, porque creo que hablo de lo que supone una misa sin saber qué significa realmente una misa. Detrás de mí había un grupo de unas tres o cuatro señoras, no sé si habían asistido juntas. De vez en cuando, después de algunas palabras acertadas de Álvarez de Toledo, Espada, Díez o Savater, murmuraban con aprobación. “Así es, así ha sido siempre”. “Aquí estamos”. “Efectivamente”. No estaban diciendo nada que no supieran, no estaban asintiendo de manera mecánica; simplemente estaban escuchando, puede que por primera vez en público, unas pocas verdades que ya conocían.
Ha habido algunos aplausos, algunos vivas sin demasiado énfasis, pero en general no ha habido ninguna estridencia. Los cuatro discursos, especialmente el de Espada, han sido una especie de homilía sin pretensión de trascendencia para doscientas o trescientas personas que no se conocen entre sí pero que comparten una serie de principios básicos. Doscientas o trescientas personas que están acostumbradas a pensar solas, con la ventaja que ello supone: no se puede pensar colectivamente. Doscientas o trescientas personas que probablemente se habían acostumbrado a que la única relación con la política fuera la del voto o la abstención. Hoy se ha empezado a romper esa inercia. Y esa inercia no se podía romper sólo desde la razón individual y aislada. A veces, cuando lo normal son las miles de personas que acompañan a una organización como EH Bildu, es necesario organizar actos como el de hoy. No para sumar más votos, más escaños o más afiliados, ni para canalizar el odio o la esperanza, sino para refundar el suelo ético de la nación.
Es decir, para reafirmar el suelo ético de cada uno de nosotros.

Del asesino considerado como uno de los artistas del pueblo

Todo etarra es un creador. Todo etarra, desde el más desconocido hasta el más famoso, forma parte de una gran obra colectiva. Una obra que se fue creando durante muchos años, una obra que contó con muchos mecenas, muchos promotores, muchos expertos en arte que regalaron buenas críticas, muchos periodistas que sirvieron de inspiración cuando había que elegir nuevos trazos y, sobre todo, con un público entregado.

Todo etarra, desde el chaval que escribía una carta amenazante hasta el adulto que colocaba una bomba o soltaba varios disparos por la espalda, forma parte de una gran obra colectiva. Es la obra de un colectivo, ETA, pero no hay que olvidar que todos los colectivos artísticos están formados por artistas individuales.

El lienzo de esa gran obra fue España. El País Vasco, sí, pero también Madrid, Cataluña, Aragón, Andalucía, Navarra. El tejido social de España, especialmente del País Vasco, cambió para siempre gracias a la obra colectiva de ETA. Las obras no mostraban el horror, eran el terror. A pesar de eso, la reacción fue dispar: había un público que sentía y padecía ese terror y un público que sentía admiración, aprecio o simpatía por los artistas y su obra.
El lienzo fue España y el tejido social acabó por romperse. Muchas personas, los que no formaban parte del público entregado, los que se atrevían a abuchear al artista, a escribir críticas negativas o simplemente los que no aplaudían la gran obra, acabaron pagando el precio. La clave de esta gran obra fue precisamente que el precio no lo pagó el público sino unos actores involuntarios, convertidos en actores por la voluntad de todos y cada uno de los que formaron parte de ese colectivo artístico llamado Euskadi Ta Askatasuna.
Algunos pagaron el precio final, otros simplemente tuvieron que irse. Y muchos, muchísimos, tuvieron que esconderse. Son los que se sentaron en la última fila mientras los entregados aplaudían y vociferaban. Unos porque no pudieron abandonar la sala de exposiciones, otros porque decidieron quedarse para no reconocer su derrota, y otros, en fin, la inercia de tantos años y tantos vínculos creados. Entre ellos, el vínculo del nacimiento y de los padres que no nacieron aquí pero decidieron vivir aquí.

El tejido social se rompió cuando entendimos que la ciudad, la polis, no era para nosotros. Cuando entendimos que la polis, o al menos la calle, era de los artistas y de su público. Que en cualquier momento podías verte dentro de esa gran obra, como en uno de esos espectáculos en los que el humorista interactúa con el público. Sólo que en esta obra el público no se reía contigo sino de ti. En esta obra si tenías la mala suerte de que te eligieran sufrías escarnio, acoso, humillaciones, amenazas. O secuestro, golpes, balas, bomba. La elección no dependía del azar. Dependía de cómo entendieras el papel que tenías que representar en la obra. Público entregado, mecenas, crítico de reseñas favorables, guía de nuevos trazos y nuevos caminos, promotor; público de la última fila; o antagonista. No había más opciones. El tejido social se rompió porque los antagonistas, que en este caso eran los héroes, se fueron rompiendo. Los fueron rompiendo. Rompieron a José Luis Caso y a Manuel Zamarreño. Ese acto transcurrió en Rentería. Eran dos ciudadanos normales que asumieron la carga de representar a otros ciudadanos normales en un pueblo gobernado por el mal. Primero asesinaron a José Luis Caso, después a Manuel Zamarreño, que había decidido coger el testigo.
Rompieron a muchas personas, y con ellos se fue rompiendo el espíritu de quienes no eligieron la entrega total. Vieron lo que podía pasar y se alejaron de la obra, aunque siguieron formando parte de la obra. Sabían que seguían formando parte de la obra porque a veces el público entregado se volvía para decirles “shhhh”, silencio, a pesar de que nunca volvieron a abrir la boca. El tejido social se rompió, entre otros lugares, en Rentería. Cómo no iba a romperse después de que rompieran a José Luis Caso y a Manuel Zamarreño.

O a Rafael San Sebastián. O a Francisco Tomás y Valiente.
Ambos asesinados de tres disparos.

Todo etarra, decíamos, es un creador. Todo etarra forma parte de una gran obra colectiva. Todos son responsables de lo que hicieron como colectivo. Todos son responsables de los asesinatos de Rafael San Sebastián y Francisco Tomás y Valiente. Pero fue Jon Bienzobas quien apretó el gatillo. Fue Jon Bienzobas quien entró en una cafetería para asesinar a Rafael San Sebastián, fue Jon Bienzobas quien entró en un despacho de la Universidad Autónoma de Madrid para asesinar a Francisco Tomás y Valiente.

Y es Jon Bienzobas quien esta semana expone su obra en una sala de la Casa de Cultura de Galdácano. El Ayuntamiento de Galdácano, gobernado por EH Bildu, Podemos y dos plataformas vecinales, decidió ceder una sala de la Casa de Cultura para que todos los ciudadanos pudiéramos apreciar el valor de las creaciones del etarra Bienzobas; el valor de las creaciones artísticas, no de su faceta más interesante, la de creador terrorista.


Lo primero que puede ver cualquier vecino que acuda a la exposición es un cartel en el que se explica quién es el autor: 

compromiso

Jon Bienzobas Arretxe nació en 1969 en el barrio de Aperribai de Galdakao. Su compromiso político le llevó desde muy joven fuera de nuestro pueblo, y el 30 de septiembre de 1999 fue detenido en Francia y posteriormente encarcelado.

Desde muy joven, con 21 años. Fuera de nuestro pueblo, cuando huyó de una operación policial. Su compromiso político, los tres disparos mediante los que asesinó a Rafael San Sebastián Flechoso. Esto, omitiendo lo que viene después de las comas, es lo que ve cualquier persona que acuda a la exposición alojada en la Casa de Cultura de Galdácano.

Cualquiera de las personas mayores que el martes pasearon por la sala. Cualquiera de las parejas jóvenes que el martes pasearon por la sala. Cualquiera de los muchos niños a los que sus padres decidieron llevar el martes a la sala de la Casa de Cultura.
Una mujer le dijo a su esposo que “Otegi también pintaba, y muy bien”. Los críticos de arte. Otro señor mayor preguntó a la responsable de la exposición si no había un fondo, algo donde dar dinero, imagino que para el artista Bienzobas. Los mecenas. Otro joven le decía a la responsable que estuvieran tranquilos. “Si los que no están tranquilos son ellos”, respondió. 

Las peticiones para que el Ayuntamiento clausure la obra van aumentando. Se ha sumado incluso el Gobierno vasco, en manos del PNV y del PSE. Su portavoz ha dicho este martes que no se puede dar “cobertura pública” a una exposición como ésta, porque se puede entender como una ofensa a las víctimas. Pero el propio pueblo que acoge la obra, Galdácano, estaba en manos del PNV y del PSE cuando se permitía que el público entregado colocase una mesa con mantel y cubiertos en medio de la calle principal para los etarras condenados, sus fotos, en Nochebuena y en Nochevieja, durante varios años. Galdácano estaba en manos del PNV y del PSE cuando no se hizo nada, cuando se permitió que desde la mañana hasta la noche las fotos de Krutxaga, Crespo, García Gaztelu (Txapote) o Bienzobas ocupasen la calle principal mientras los demás celebrábamos la Navidad.

Que el Ayuntamiento de Galdácano -en manos de EH Bildu, Podemos y dos plataformas de vecinos- haya permitido una exposición de las obras artísticas del etarra Bienzobas no es una anomalía. Que acudan vecinos de Galdácano a elogiar la calidad artística de las obras de Bienzobas no es una anomalía. Es precisamente la normalidad que vivimos en pueblos como Galdácano y en el País Vasco. Es la normalidad que se instauró después de que el colectivo ETA destruyera el tejido social. Es lo que queda después de la gran performance de la izquierda abertzale. El colectivo desapareció, se reintegró en una compañía de teatro. Pero sus efectos perduran. La obra perdura. Y la obra seguirá abierta. No hay cura, por cambiar de metáfora. Lo que sí hay es salida. Lo que se puede hacer es algo tan sencillo como levantarse y abandonar la sala. Y, si aún quedan ganas, programar. Programar otras exposiciones, con las grandes obras de todos los que formaron parte de quienes integraron el colectivo ETA. Las obras reales, las obras con las que se comprometieron. Los asesinatos, los secuestros, las amenazas. Programar en todas las salas que hoy están ocupadas por las obras artísticas y por los amigos de gente como Bienzobas. Esperar a que salgan y reservar las salas. Recuperar lo que nos convierte a todos en ciudadanos.

Ésa es la única salida: entrar en las salas, no para derribar las obras de los etarras sino para exhibirlas.

Greta Sánchez

O Pedro Thunberg. Es un título estúpido para una idea: muchos análisis sobre estos fenómenos no se centran en lo importante, el qué, sino en lo accesorio, el por qué.

Comencemos con la joven activista climática. La cuestión más problemática en torno a Greta Thunberg es que es una adolescente que los adultos pretenden que sirva como modelo de acción para otros adolescentes. Lo problemático no es tanto lo que dice, si está más o menos equivocada, sino la idea de que los adolescentes deben recibir positivamente el mensaje de una adolescente. Y también el hecho de que junto a esta idea, en el mismo pack, hay muchas otras ideas. 

1- La igualación adolescente-adulto, o incluso la superioridad de los adolescentes. Se repite el mensaje de que los adolescentes -e incluso los niños- son quienes van a arreglar el problema del clima. Y no sólo ése. Porque si ellos son capaces de arreglar algo tan complejo como el cambio climático, ¿por qué no van a ser capaces de arreglar otros problemas? Esta idea, de manera nada sorprendente, es muy bien recibida por los adolescentes. En lugar de centrarse en el proceso de correcciones y autocorrecciones constantes que debe ser la adolescencia se les coloca en un pedestal y se comienza a hablar de “adultocentrismo”. 

2 – La superioridad de las emociones frente a la razón. Esto, hay que reconocerlo, es un hecho. Las emociones son más eficaces que la razón a la hora de promover una causa. La novedad es que ahora se está enseñando que no es algo con lo que hay que tener cuidado, algo que hay que modular, sino que es conveniente entregarse a ello. Los adolescentes no sólo están aprendiendo, sino que se les está enseñando que sí, que tienen razón, que las emociones son una guía para la acción y para la comprensión más eficaz que la razón.

3 – La acción sin análisis. Otra enseñanza que los gretistas están transmitiendo a los adolescentes: actúa. No hace falta que leas, no hace falta que te informes, y aún hace menos falta que examines el mensaje que transmitimos: abrázalo y actúa. Sal a la calle, protesta, grita consignas. Aunque no sirva para nada, aunque no entiendas nada.

4 – Los mensajes. A modo de paréntesis. El viernes pasado coincidí cerca del Teatro Arriaga en Bilbao con una manifestación de adolescentes por el clima. Imagino que les habrían dado permiso para abandonar el instituto y ocupar la calle. Algunas de las consignas que escuché en diez minutos, coreadas por menores de edad con voz de menores de edad:

 

  • El cambio está en la calle y no en los parlamentos.
  • La solución es la expropiación
  • El planeta no se muere, es un asesinato
  • Borroka da bide bakarra (la lucha es el único camino)
  • Jo ta ke irabazi arte
  • Que no, que no, que no nos representan
  • Ecologistas y anticapitalistas

Todo esto alentado por profesores, centros educativos en su conjunto e incluso alguna ministra. Todo esto es lo que está produciendo el “efecto Greta”. Se repite que está sirviendo para que los adolescentes cobren conciencia de la importancia del cambio climático, para que cambien las conductas que afectan al cambio climático, pero no es así. Es un mito. Los adolescentes -ellos mismos lo reconocen cuando se les pregunta- no saben más sobre el cambio climático. No han comenzado a informarse sobre el cambio climático ni sobre lo que dice Greta. Simplemente aceptan lo que dice esa niña, o mejor dicho, lo que transmite esa niña. Aprenden que hay que sentirse mal por el cambio climático, que hay que lanzar mensajes intensos, y que si lanzan mensajes intensos se les hará caso, sin importar que hayan pensado en lo que dicen.

Lo problemático no es tanto lo que dice Greta, sino que lo dice alguien como Greta. Lo problemático es que si el modelo es Greta, los adolescentes serán como Greta. Símbolos, personajes que lanzan mensajes más o menos incendiarios y apocalípticos en nombre de una causa que no han investigado. 

Y lo problemático es también lo que decimos sobre Greta, o algunas de las cosas que decimos sobre el fenómeno Greta. Que está financiada por no sé qué empresas de renovables, que está siendo utilizada por determinados políticos, que está convirtiéndose en símbolo de una causa que va más allá de la preocupación por el medio ambiente. Y como esto es lo que se dice, a esto se dirigen las respuestas de sus defensores. Ni siquiera es lo más importante el daño que se le está haciendo a Greta; al fin y al cabo es una niña más, y es difícil que alguien pueda parar lo que está pasando. Lo más importante es el efecto que todo este fenómeno tendrá en los adolescentes a los que se les está diciendo que Greta es el modelo, lo más importante es el modo en que afectará a su manera de ver el mundo y de relacionarse con él. Un mundo en el que los adolescentes son vistos como la mayor esperanza, en el que las emociones son fuente de verdad, y en el que el conocimiento no debe ser el antecedente de la acción.

Y en cierto sentido, salvando las distancias, algo parecido está ocurriendo con Pedro Sánchez, con lo que decimos sobre Pedro Sánchez. En concreto con lo que decimos sobre el partido de Sánchez en Navarra, el PSN. El qué, lo que hace ese partido, es habitualmente indecente. Se sitúa sin ningún escrúpulo al lado de los nacionalistas y de los populistas, y al lado de quienes siendo todo eso pertenecen a una categoría distinta, la coalición EH Bildu, la izquierda abertzale de toda la vida. El Partido Socialista de Navarra integra hoy el bloque nacionalista, junto a Geroa Bai, Podemos y EH Bildu. Ha asumido su relato, ha asumido sus premisas y ha asumido sus campañas. Y en lugar de hablar de esto, en lugar de denunciar el qué, nos centramos en el por qué. Porque pensamos que si todo esto lo hace como pago a EH Bildu por su apoyo al PSOE y al PSN es peor que si lo hace por el hecho de que, sencillamente, tiene más en común con EH Bildu que con Navarra Suma.
El PSN permitió que la alcaldía de Huarte fuera para EH Bildu, después de que la alcaldesa Amparo López, del PSN, se fuera al Gobierno de Navarra. En lugar de presentar a otro candidato el PSN decidió dejar su silla vacía el día en que se debía elegir al nuevo alcalde, lo que permitió que el nuevo alcalde fuera el candidato de EH Bildu. También decidió apoyar al candidato propuesto por EH Bildu para la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona. Y también decidió no condenar en el Parlamento navarro la propuesta de EH Bildu para exigir desde el Parlamento vasco que determinados partidos no hicieran campaña para las generales en suelo vasco.
El mensaje crítico con el PSN suele partir de una idea: todo lo que hace es una prueba del pacto entre el PSN y EH Bildu, todo sería un pago del PSN a EH Bildu. Pero eso es irrelevante. Y no es la peor opción. La peor opción es que el PSN haga todo lo que hace no porque le debe algo a EH Bildu, sino porque coincide con EH Bildu.

Y claro, cuando decimos que todo es una prueba del pacto PSN-Bildu, los defensores del PSN y del PSOE lo tienen fácil: ¿qué pacto?

 

La cuestión, tanto en el caso de Greta como en el caso de Sánchez, no es quién está detrás, quién los controla o a quién se deben, sino qué es lo que hacen. La cuestión realmente importante, siempre, es lo que hacemos.

Otegi disfrazado de Baltasar

Ayer mientras volvía del trabajo tuve un flashback como de Elseworlds. Un What If? de los de Marvel ambientado en España. Vi a Arnaldo Otegi disfrazado de Baltasar, la cara pintada de negro, en las fiestas de Elgoibar, en los años 80. Me pregunté, como Uatu, qué habría pasado si alguien le hubiera sacado una foto disfrazado de Baltasar, qué habría dicho El País si esa foto hubiera salido a la luz hace unos días, como ha ocurrido con la foto de Justin Trudeau.

Me lo preguntaba a lo tonto, porque probablemente no habría pasado nada. Pero por unos segundos fue reconfortante imaginar la indignación unánime, las peticiones de dimisión, los yo acuso y los argumentos morales aplicados a alguien como Arnaldo Otegi. Por unos segundos imaginé que algo en el pasado de Arnaldo Otegi hubiera significado el final de la carrera política de alguien como Arnaldo Otegi.

La carrera política de Arnaldo Otegi comenzó poco después de la carrera terrorista de Arnaldo Otegi. En realidad no es fácil saber cuándo empieza una y cuándo termina la otra, porque la carrera política de Arnaldo Otegi se desarrolla en los diferentes partidos de la izquierda abertzale que actuaban al son que marcaba la banda terrorista ETA, como muchos de los dirigentes de esos partidos han reconocido.
En cualquier caso, es improbable que en los años 80 Arnaldo Otegi se hubiera disfrazado de Baltasar porque ya estaba integrado en ETA, e imagino que no tendría tiempo para esas cosas. Por eso me preguntaba qué habría pasado si hubiera salido a la luz una foto de Arnaldo Otegi con la cara pintada de negro, y si eso (al menos eso) habría significado el fin de la carrera política de alguien que formó parte de una organización terrorista, de alguien que jamás se ha arrepentido de lo que hizo esa organización terrorista, de alguien que hoy dirige la que es segunda fuerza política del País Vasco gracias, entre otras cosas, a las acciones de la organización terrorista en la que siempre ha militado.

Arnaldo Otegi es el secretario general de EH Bildu, la coalición en la que se integran partidos como Alternatiba, Aralar, los socialdemócratas de EA y Sortu. El partido que lidera esa coalición es Sortu, partido del que Arnaldo Otegi también fue secretario general en los tiempos de su fundación (en realidad refundación: Sortu, Batasuna o Euskal Herritarrok nunca dejaron de ser Herri Batasuna, del mismo modo que Herri Batasuna nunca dejó de ser el brazo político de ETA).
Ayer, en el Parlamento vasco, EH Bildu registró una Proposición No de Ley que decía lo siguiente:

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“El Parlamento Vasco exige” a los partidos políticos que concurrirán a las elecciones generales que se celebrarán próximamente “que apenas tienen apoyo social, político e institucional en Euskal Herria, que no utilicen durante la campaña política el territorio vasco con el objetivo de obtener votos fuera de aquí, y que no tensionen la convivencia causando incidentes o momentos violentos”.

En primer lugar, “exige”. Algunos hoy se quejan de que los de siempre, es decir, los que llevan años siendo vetados con violencia por la izquierda patriótica vasca, han manipulado lo que dice la propuesta. Pues bien, son esos mismos, que también son los de siempre, los que se refieren a la deseada exigencia de EH Bildu diciendo que la coalición “pide”. También se refieren a la propuesta como una “propuesta para la convivencia”.
El argumento para exigir a algunos partidos políticos que no pisen territorio vasco en campaña es el mismo que se usó cuando algunos partidos políticos decidieron hacer campaña, pero también política, en el mejor sentido del término, en Alsasua, Rentería y Miravalles.
Alsasua, Rentería y Miravalles son algunos de los pueblos de Navarra y del País Vasco en los que más claramente se ve cuál es el principal problema de la sociedad vasca. Porque sí, aceptemos que existe una cultura vasca, y que esa cultura vasca, por la lengua y por otras cuestiones, está presente también en determinadas zonas de Navarra. En la sociedad vasca se produce desde hace décadas algo excepcional, algo que no ocurre en ningún otro lugar de España, o al menos no con el mismo empeño, con la misma intensidad y con la misma duración. En la sociedad vasca es normal, es decir, se ha permitido que sea normal, homenajear y solidarizarse con quienes como Otegi formaron parte de una banda terrorista, y con quienes orbitaron alrededor de esa banda terrorista. En Alsasua un grupo de jóvenes dio una paliza a dos agentes de la Guardia Civil en las fiestas del pueblo cuando iban acompañados por sus parejas. Esto no es excepcional. Lo excepcional es el clima en el que se producen esas agresiones, y lo excepcional es la respuesta social a esas agresiones. En lugar de solidarizarse con las víctimas, los partidos nacionalistas del País Vasco y Navarra, los medios de comunicación nacionalistas y en general el ciudadano nacionalista medio se solidarizaron con los agresores. Hablaron de la agresión, que se produjo en un clima de odio a la Guardia Civil, como “una pelea de bar”. Y algunos partidos políticos, fuera de cualquier campaña electoral, fueron a Alsasua para denunciar la excepción moral que se vive en el País Vasco y Navarra, que tienen que vivir algunos ciudadanos vascos y navarros, independientemente de que voten a esos partidos, a otros o a ninguno. En ese acto habló Fernando Savater, que lleva casi toda su vida hablando sobre la excepción moral que vivimos en estas tierras. Y en ese acto un grupo de jóvenes accedió a la iglesia del pueblo para hacer sonar las campanas mientras se producían los discursos. Además, otro grupo de personas, más numeroso, había recibido a los asistentes con gritos e insultos (“Españoles hijos de puta”, por ejemplo). Y además, otro grupo de personas se plantó frente al acto con amplificadores para intentar boicotear el acto con un concierto.

También hubo un acto en Rentería. En ese acto habló Savater y también Maite Pagazaurtundua. Ya me referí a ese acto en esta entrada. Por último también hubo un acto en Miravalles. Hablé de ese acto aquí y aquí. Para este acto las calles de Miravalles aparecieron decoradas con la foto de Josu Ternera y con un mensaje que a nadie del pueblo pareció molestar: “Maite zaitugu”, “Te queremos”.

A nadie pareció molestar ese mensaje, pero obviamente ese mensaje molestaba a muchos ciudadanos. La cuestión, y esto es lo que EH Bildu entiende perfectamente, es que esos ciudadanos están solos y, lo que es más importante, están aislados. Y cuando estás aislado la prudencia invita a no llamar la atención.
Por eso EH Bildu propone que el Parlamento vasco exija a determinados partidos que no pisen suelo vasco en la campaña para las elecciones. Porque saben que si personas como Savater, Pagaza y quién sabe si algunos otros comienzan a poner habitualmente el pie en pueblos como Alsasua, Rentería y Miravalles, es posible que los ciudadanos aislados que tienen que torcer la mirada cada vez que ven la cara de un terrorista como Josu Ternera acompañada del “Te queremos” -que los incluye también a ellos- comiencen a sentirse menos aislados. E incluso que, por imitación, comiencen a plantearse si no podrían hacer algo.

La cuestión, y esto EH Bildu lo entiende perfectamente, es que el peligro no está en que los partidos a los que EH Bildu no quiere en el País Vasco consigan más votos o representación en esa parte de España; el peligro para EH Bildu es que la presencia de determinadas personas en el País Vasco, en campaña electoral o fuera de ella, puede ayudar a que los ciudadanos vascos que no quieren a Josu Ternera comiencen a ofrecer resistencia. El peligro real para EH Bildu no son Rivera, Casado ni Abascal, ni siquiera Savater o Pagaza, sino los ciudadanos de Alsasua, Rentería, Miravalles y tantos otros pueblos que sienten asco cuando ven sus calles decoradas con las caras de terroristas, y cuando ven a sus vecinos, a algunos de sus vecinos, regodearse en el lodo de la excepción moral.

Ésta es la cuestión, y creo que es esencial que todos lo entendamos. Entre otras razones porque EH Bildu lo ha entendido perfectamente.


 

Hoy en la portada de la edición digital de El País no había ninguna mención a la PNDL que EH Bildu registró ayer en el Parlamento vasco. Hoy en la sección España de la edición digital de El País, antes de la noticia sobre la propuesta de EH Bildu para que el Parlamento vasco exija a algunos partidos políticos que no pisen suelo vasco en la campaña electoral de las próximas elecciones generales había otras ocho noticias.


Hoy en las fiestas de Galdácano han colocado esto frente a la Herriko, en la misma calle que las barracas y las tómbolas.

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Ayer en la PNDL registrada por EH Bildu en el Parlamento vasco se decía esto:

distorsionada

“El objetivo de estos partidos es (…) ofrecer una imagen distorsionada deformando y despreciando los pueblos de Euskal Herria y tensionando y provocando a la ciudadanía, solamente para difundir en el Estado el mensaje que a ellos les interesa”.
Hoy en las fiestas de Galdácano no está ninguno de los partidos que EH Bildu quiere lejos del País Vasco. No están aquí para ofrecer una imagen distorsionada de los pueblos de Euskal Herria. Hoy en las fiestas del País Vasco, frente a la Herriko, hay una pancarta en la que se puede leer “Maite zaituztegu”, “Os queremos”, dirigido a diez etarras, entre los que se encuentra Francisco Javier García Gaztelu, `Txapote´.
Sin distorsión ni deformación. Por eso cuando EH Bildu exige que quienes ofrecen una imagen “distorsionada” de los pueblos de Euskal Herria no pisen suelo vasco no se refiere sólo a los partidos políticos. Porque para ver cuál es la imagen real del País Vasco sólo hace falta pisar el País Vasco.

C. Tangana y los valores perdidos

En realidad C. Tangana no es la cuestión. La cuestión tampoco es la libertad de expresión. La cuestión, en el fondo, es la misma de siempre. Y como es la misma de siempre, quien habla de estas cosas habla siempre de lo mismo, es decir, es un pesado.
Pero la cuestión es que la cuestión, aunque sea la misma de siempre, parece que no existe, y esto hace que los pesados sigamos siendo pesados.

Todos sabemos, en Bilbao, en el resto del País Vasco y creo que incluso en el resto de España, cuál es la cuestión de fondo. La cuestión de la que nos ocupamos ahora comienza cuando el Ayuntamiento de Bilbao -gobernado por PNV y PSE- decide contratar a C. Tangana para que actúe en las fiestas. Unos días antes de que den comienzo, el mismo ayuntamiento decide suspender el concierto después de que unos miles de personas en Change, además de EH Bildu y Elkarrekin Podemos, pidieran su cancelación. Si el Ayuntamiento de Bilbao no hubiera contratado a C. Tangana en un primer momento no habría pasado nada. Cada año hay cientos de artistas a los que el Ayuntamiento no contrata. Pero la cuestión es que el Ayuntamiento decidió suspender el concierto tras las presiones de Elkarrekin Podemos, EH Bildu y varios miles de personas en Change. El alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, ha intentado explicar por qué lo hizo, y también ha intentado explicar que lo que hizo el Ayuntamiento no fue censura: “Nosotros lo que queremos es que en Aste Nagusia los valores estén presentes”, y  “con dinero público no se puede apostar por ese tipo de música”, recogían hoy en Deia.

Al parecer, el resto de actos que forman parte de la Aste Nagusia, los valores presentes en esos actos, sí cuentan con el aval del alcalde y del Ayuntamiento de Bilbao. Las comparsas que año tras año decoran sus instalaciones con homenajes a los presos de ETA, los actos de solidaridad con los familiares de presos de ETA, los carteles que piden la amnistía de los presos de ETA, las pintadas de “Kaña a España” y las banderas de España tachadas en el recinto festivo, el homenaje a las txupineras con la presencia de Arantza Garbayo, nombrada txupinera en 1999 mientras cumplía condena por su actividad en un comando de ETA, y tantos otros actos que se llevarán a cabo durante esos días y de los que no tenemos noticia. Todo eso sí transmite, al parecer, los valores que el alcalde de Bilbao considera sanos.

Se podrá decir que no es el mismo caso. Que los actos que se acaban de mencionar son responsabilidad de las comparsas, no del Ayuntamiento. Bien, hay parte de razón en eso. Aunque también es verdad que sin el aval del Ayuntamiento las comparsas no se habrían convertido en los principales agentes de las fiestas de Bilbao. Es decir, no es el Ayuntamiento el que coloca casetas con fotos de miembros de ETA ni el que organiza homenajes a los familiares, pero sí el que permite que esas comparsas puedan seguir organizando las fiestas de Bilbao año tras año, y el que tolera que todo eso esté presente en el recinto festivo, que forme parte del ambiente festivo y, en fin, que transmita los valores que transmite.

Pero vamos a lo que sí es responsabilidad del Ayuntamiento de Bilbao, a lo que financia el Ayuntamiento de Bilbao. El año pasado el Ayuntamiento decidió contratar a Gatibu para el primer concierto. Creo que nunca he escuchado una canción de Gatibu. Pero sí me suena que son habituales de las fiestas, un grupo con bastante éxito en el País Vasco. Y como cuando el Ayuntamiento de Bilbao contrata a un grupo o a un cantante para las fiestas lo hace a conciencia, y como los grupos y cantantes que actúan en las fiestas de Bilbao, salvo C. Tangana, sí hacen que “los valores estén presentes”, pues me ha parecido oportuno ver quiénes forman parte de Gatibu y qué música hacen.

El cantante de la banda es Alex Sardui. No he escuchado nunca una canción del grupo y desde luego no me sonaba el nombre. Pero Alex Sardui es apoderado de las Juntas Generales de Bizkaia desde 2016. Por EH Bildu.

Es decir, el cantante de Gatibu, que sí transmite los valores que el alcalde de Bilbao considera decentes y representativos de la Aste Nagusia, es miembro de EH Bildu. Ahora es cuando me pondría a explicar de nuevo qué es EH Bildu, qué defiende EH Bildu o en qué actos ha participado EH Bildu, pero sería la enésima vez, y hasta los pesados tenemos límites. Así que daré por supuesto que quien está leyendo esto es consciente de todo lo que representa EH Bildu.
Alex Sardui, además de juntero de la coalición abertzale y de líder de Gatibu, también apareció en 2017 en un conocido programa de la ETB1. Conocido por la polémica que se formó tras una de sus emisiones. El programa era Euskalduna naiz, eta zu?, que se podría traducir como Soy vasco, ¿y tú? El caso es que se podría traducir así pero también de otra manera: Soy vascoparlante, ¿y tú?
Se podría traducir de esas dos maneras porque en el País Vasco “euskaldun” significa tanto “vasco” como “persona que habla -tiene, literalmente- euskera”, y claro, esto es otra cuestión que ayuda a entender la cuestión de fondo. Pero no es el momento de entrar en esa cuestión.

El programa contó con seis episodios: Pareja, Dinero, Escuela, Sexo, el de la polémica y Familia. El programa tenía un enfoque humorístico y en él aparecían varias personas ilustres del País Vasco para bromear sobre los tópicos de los vascos en torno a esas cuestiones. La cuestión en el quinto programa, el de la polémica, era Espainiarrak. Es decir, Españoles. Ahora podría resumir en qué consistió el episodio, creo que de una hora, y la polémica. Pero esto ya está quedando demasiado largo y la cuestión se está alejando demasiado. Quien no conozca la polémica, que fue bastante interesante, puede usar Google.

 

El episodio comenzaba preguntándose cómo eran los españoles. “Normalmente a un vasco le vienen a la cabeza estos cuatro prototipos”. Esos prototipos eran Facha, Paleto, Choni y Progre (“muy leído y culto, pero que sin embargo vota al PSOE”). Más adelante se preguntaban qué les viene a la cabeza a los vascos cuando escuchan la palabra “España”. Uno de los que contestan es el periodista y escritor Fermin Etxegoien: “Trauma… Es traumático, la idea de España para nosotros es traumática”. El programa era un ejercicio de humor, un acercamiento jocoso a los tópicos de los vascos, dijeron los participantes tras la polémica. El periodista y escritor dice que la idea de España es traumática “para nosotros” con tono y rostro serios, bastante convencido de lo que dice. Pero ya se sabe que los vascos, “nosotros”, somos serios hasta cuando bromeamos.

Después de más comentarios jocosos aparece Alex Sardui, de quien es probable que nadie que esté leyendo esto se acuerde ya. El líder de Gatibu, hombre, el grupo que tocó en la Aste Nagusia del año pasado. Estábamos hablando de lo de C. Tangana, los valores y todo eso. A Alex Sardui le preguntan qué son para él los españoles, qué imagen tiene de ellos: “Los españoles se hacen amigos tuyos enseguida. Joder, te quiero y la hostia. ¿Pero qué dices? Hala cállate, tira, tira”.
Los participantes dijeron que los españoles no entendieron la polémica, que la reacción fue exagerada y que la intención no había sido propagar el odio a los españoles, sino sólo bromear con los tópicos. Y es probable que eso fuera cierto en los otros cinco episodios, y que no sea para tanto, y que cómo nos gusta exagerar con estas cosas. Pero resulta que en el País Vasco durante muchos años, y hasta hace poco, se asesinaba precisamente a personas que formaban parte de la España opresora. Todos esos tópicos sobre los que bromeaban con o sin semblante serio en el programa de la televisión pública vasca, que los españoles son fachas, que la idea de España es traumática, que la idea de España es opresión, que son todos un poco catetos y atrasados, son los que formaban parte de la educación de la gente que integraba los escuadrones de asesinos de ETA. Y resulta que Alex Sardui, el cantante de Gatibu, participó en ese programa con sus comentarios jocosos sobre los españoles, esos otros que viven entre nosotros, y además participa en política con EH Bildu, coalición que acoge a varias personas condenadas por formar parte de ETA y cuyo coordinador general, Arnaldo Otegi, también formó parte de ETA.


Pero la polémica a la que nos referíamos, la de C. Tangana, había surgido por sus letras. Y se podrá decir que el Ayuntamiento de Bilbao no debe entrar en las actividades extramusicales del cantante de Gatibu. Es un poco extraño, porque esto significa que las letras de un músico, que normalmente no son declaraciones políticas sino ficciones con o sin carga autobiográfica, muestran sin asomo de duda cuáles son los valores de ese músico. Al contrario de lo que pasa con las declaraciones o con las actividades políticas de un músico. Pero en fin, aceptemos la objeción.
¿Qué dicen las letras de Gatibu? Decía antes que no había escuchado ninguna canción del grupo, así que he ido a su web y la tercera o cuarta canción que he encontrado es Ihes (Huir). La letra de la canción está traducida en su web y dice esto:

 

¿A quién se refiere esa letra? ¿Quiénes son los huidos que se han pasado la vida sufriendo y que aman a su pueblo, a los que los de Gatibu dan las gracias por ser como son? Pues a saber, oiga.

La letra aparece en la web musikazblai.com | Toda la música del Estado, que pretende ser una enciclopedia con los artistas y las letras de Cataluña, País Vasco y Galicia. Uno de los comentarios a la canción Ihes de Gatibu finaliza así: GORA IHESLARIAK ETA GORA EUSKAL PRESOAK!!! REDIOX!!!! Pero eh, no nos pasemos. No podemos saber a qué huidos (“iheslariak”, de “ihes egin”, “huir”) se refiere Gatibu en su canción.
Por otra parte, y sin que tenga nada que ver, Gatibu fue uno de los grupos que tocaron en el Hatortxu Rock de hace dos años, que celebraba las 20 ediciones del festival. Hatortxu Rock es un festival especial, distinto al FIB, al Sonorama e incluso al BBK Live. Hatortxu Rock es un festival que nace con el objetivo de denunciar la situación que viven “los presos políticos vascos, los refugiados (iheslariak) y los deportados”, y que trabaja para que todos ellos estén en casa “vivos y libres”. También se refiere como “conflicto armado” a las décadas en las que quienes formaban parte de ETA decidieron que el asesinato y la intimidación eran herramientas políticas legítimas.

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Lo dicho, quién sabe. El caso es que el alcalde de Bilbao intentaba explicar estos días que suspendió el concierto de C. Tangana porque no querían que ese músico formara parte de la Aste Nagusia. Por los valores, los efectos en la sociedad, las líneas rojas, la ejemplaridad, etc. Desde el año 2015, en el que Juan Mari Aburto toma posesión como alcalde de Bilbao, estos grupos han formado parte de los valores de la Aste Nagusia, por los que el Ayuntamiento sí puede apostar: Gatibu, Ken Zazpi, Zea Mays, Esne Beltza, Su Ta Gar. Algunos son más conocidos, otros menos. Bien, pues todos esos grupos participaron también en Hatortxu Rock, el festival que llama “conflicto armado” a las décadas de terror de ETA, que considera presos políticos a los presos de ETA y que trabaja para que todos los presos de ETA puedan estar cuanto antes en casa, vivos y libres.
Qué cosas.

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Pero a ver, pesado, se preguntará un sagaz lector, ¿qué es lo que quieres? ¿Que el Ayuntamiento de Bilbao haga con esos grupos lo mismo que con C. Tangana?

No, hombre. Ésa no es la cuestión. La cuestión es que todo esto forma parte de lo mismo de siempre, y que siempre estamos con la misma cuestión. Con las indignaciones selectivas y con los valores extraños. La cuestión es que la cultura vasca, las fiestas vascas, los nacionalistas moderados vascos y la televisión pública vasca son los que hacen que éste sea el estado de la cuestión, los que han ido dando forma al relato, y los responsables de que en las fiestas de Bilbao un músico como C. Tangana dispare las alarmas sociales por sus letras mientras actúan grupos que consideran presos políticos a los etarras, mientras las fotos de los etarras inundan el recinto festivo y mientras la mayoría sujeta firmemente su katxi no vaya a ser que se lo tiren al cantar Badator Marijaia, la canción oficial de la Aste Nagusia, compuesta por el mundialmente conocido Kepa Junkera. Que, evidentemente, también, también participó en el festival por los “presos políticos vascos”. Al igual que los también conocidos y por todos apreciados Benito Lertxundi y Ruper Ordorika, hecho que desconocía hasta que me he puesto a escribir esto, y en fin, yo qué sé, ¿queda algún alto representante de la música vasca que no haya participado en ese evento, alguien que diga, joder, con ésos ni a heredar, cómo voy a ir con unos que llaman presos políticos a los etarras? 

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La cuestión es que de los dirigentes de una sociedad en la que homenajear a los miembros de una banda terrorista se ve como algo normal uno esperaría que al menos tuvieran la decencia de no dar lecciones de moral, que al menos sintieran la suficiente vergüenza como para no velar por la salud moral de sus representados ante el peligro que para la misma supone un C. Tangana.

La cuestión es que en el último cartel, el de la presentación del festival, en el que se recoge la participación de Benito Lertxundi y de Ruper Ordorika, aparece también el organizador, Hatortxu Rock, en la columna del medio; y por debajo del organizador aparece el patrocinador, el diario Naiz; y por debajo del patrocinador aparecen dos frases, dos campañas: Free Them All, liberarlos a todos, y Denon Artean, entre todos.

Y así, denon artean, es como se ha conseguido que no podamos dejar de hablar de todo esto y que hablar de esto no tenga ningún efecto.