Del asesino considerado como uno de los artistas del pueblo

Todo etarra es un creador. Todo etarra, desde el más desconocido hasta el más famoso, forma parte de una gran obra colectiva. Una obra que se fue creando durante muchos años, una obra que contó con muchos mecenas, muchos promotores, muchos expertos en arte que regalaron buenas críticas, muchos periodistas que sirvieron de inspiración cuando había que elegir nuevos trazos y, sobre todo, con un público entregado.

Todo etarra, desde el chaval que escribía una carta amenazante hasta el adulto que colocaba una bomba o soltaba varios disparos por la espalda, forma parte de una gran obra colectiva. Es la obra de un colectivo, ETA, pero no hay que olvidar que todos los colectivos artísticos están formados por artistas individuales.

El lienzo de esa gran obra fue España. El País Vasco, sí, pero también Madrid, Cataluña, Aragón, Andalucía, Navarra. El tejido social de España, especialmente del País Vasco, cambió para siempre gracias a la obra colectiva de ETA. Las obras no mostraban el horror, eran el terror. A pesar de eso, la reacción fue dispar: había un público que sentía y padecía ese terror y un público que sentía admiración, aprecio o simpatía por los artistas y su obra.
El lienzo fue España y el tejido social acabó por romperse. Muchas personas, los que no formaban parte del público entregado, los que se atrevían a abuchear al artista, a escribir críticas negativas o simplemente los que no aplaudían la gran obra, acabaron pagando el precio. La clave de esta gran obra fue precisamente que el precio no lo pagó el público sino unos actores involuntarios, convertidos en actores por la voluntad de todos y cada uno de los que formaron parte de ese colectivo artístico llamado Euskadi Ta Askatasuna.
Algunos pagaron el precio final, otros simplemente tuvieron que irse. Y muchos, muchísimos, tuvieron que esconderse. Son los que se sentaron en la última fila mientras los entregados aplaudían y vociferaban. Unos porque no pudieron abandonar la sala de exposiciones, otros porque decidieron quedarse para no reconocer su derrota, y otros, en fin, la inercia de tantos años y tantos vínculos creados. Entre ellos, el vínculo del nacimiento y de los padres que no nacieron aquí pero decidieron vivir aquí.

El tejido social se rompió cuando entendimos que la ciudad, la polis, no era para nosotros. Cuando entendimos que la polis, o al menos la calle, era de los artistas y de su público. Que en cualquier momento podías verte dentro de esa gran obra, como en uno de esos espectáculos en los que el humorista interactúa con el público. Sólo que en esta obra el público no se reía contigo sino de ti. En esta obra si tenías la mala suerte de que te eligieran sufrías escarnio, acoso, humillaciones, amenazas. O secuestro, golpes, balas, bomba. La elección no dependía del azar. Dependía de cómo entendieras el papel que tenías que representar en la obra. Público entregado, mecenas, crítico de reseñas favorables, guía de nuevos trazos y nuevos caminos, promotor; público de la última fila; o antagonista. No había más opciones. El tejido social se rompió porque los antagonistas, que en este caso eran los héroes, se fueron rompiendo. Los fueron rompiendo. Rompieron a José Luis Caso y a Manuel Zamarreño. Ese acto transcurrió en Rentería. Eran dos ciudadanos normales que asumieron la carga de representar a otros ciudadanos normales en un pueblo gobernado por el mal. Primero asesinaron a José Luis Caso, después a Manuel Zamarreño, que había decidido coger el testigo.
Rompieron a muchas personas, y con ellos se fue rompiendo el espíritu de quienes no eligieron la entrega total. Vieron lo que podía pasar y se alejaron de la obra, aunque siguieron formando parte de la obra. Sabían que seguían formando parte de la obra porque a veces el público entregado se volvía para decirles “shhhh”, silencio, a pesar de que nunca volvieron a abrir la boca. El tejido social se rompió, entre otros lugares, en Rentería. Cómo no iba a romperse después de que rompieran a José Luis Caso y a Manuel Zamarreño.

O a Rafael San Sebastián. O a Francisco Tomás y Valiente.
Ambos asesinados de tres disparos.

Todo etarra, decíamos, es un creador. Todo etarra forma parte de una gran obra colectiva. Todos son responsables de lo que hicieron como colectivo. Todos son responsables de los asesinatos de Rafael San Sebastián y Francisco Tomás y Valiente. Pero fue Jon Bienzobas quien apretó el gatillo. Fue Jon Bienzobas quien entró en una cafetería para asesinar a Rafael San Sebastián, fue Jon Bienzobas quien entró en un despacho de la Universidad Autónoma de Madrid para asesinar a Francisco Tomás y Valiente.

Y es Jon Bienzobas quien esta semana expone su obra en una sala de la Casa de Cultura de Galdácano. El Ayuntamiento de Galdácano, gobernado por EH Bildu, Podemos y dos plataformas vecinales, decidió ceder una sala de la Casa de Cultura para que todos los ciudadanos pudiéramos apreciar el valor de las creaciones del etarra Bienzobas; el valor de las creaciones artísticas, no de su faceta más interesante, la de creador terrorista.


Lo primero que puede ver cualquier vecino que acuda a la exposición es un cartel en el que se explica quién es el autor: 

compromiso

Jon Bienzobas Arretxe nació en 1969 en el barrio de Aperribai de Galdakao. Su compromiso político le llevó desde muy joven fuera de nuestro pueblo, y el 30 de septiembre de 1999 fue detenido en Francia y posteriormente encarcelado.

Desde muy joven, con 21 años. Fuera de nuestro pueblo, cuando huyó de una operación policial. Su compromiso político, los tres disparos mediante los que asesinó a Rafael San Sebastián Flechoso. Esto, omitiendo lo que viene después de las comas, es lo que ve cualquier persona que acuda a la exposición alojada en la Casa de Cultura de Galdácano.

Cualquiera de las personas mayores que el martes pasearon por la sala. Cualquiera de las parejas jóvenes que el martes pasearon por la sala. Cualquiera de los muchos niños a los que sus padres decidieron llevar el martes a la sala de la Casa de Cultura.
Una mujer le dijo a su esposo que “Otegi también pintaba, y muy bien”. Los críticos de arte. Otro señor mayor preguntó a la responsable de la exposición si no había un fondo, algo donde dar dinero, imagino que para el artista Bienzobas. Los mecenas. Otro joven le decía a la responsable que estuvieran tranquilos. “Si los que no están tranquilos son ellos”, respondió. 

Las peticiones para que el Ayuntamiento clausure la obra van aumentando. Se ha sumado incluso el Gobierno vasco, en manos del PNV y del PSE. Su portavoz ha dicho este martes que no se puede dar “cobertura pública” a una exposición como ésta, porque se puede entender como una ofensa a las víctimas. Pero el propio pueblo que acoge la obra, Galdácano, estaba en manos del PNV y del PSE cuando se permitía que el público entregado colocase una mesa con mantel y cubiertos en medio de la calle principal para los etarras condenados, sus fotos, en Nochebuena y en Nochevieja, durante varios años. Galdácano estaba en manos del PNV y del PSE cuando no se hizo nada, cuando se permitió que desde la mañana hasta la noche las fotos de Krutxaga, Crespo, García Gaztelu (Txapote) o Bienzobas ocupasen la calle principal mientras los demás celebrábamos la Navidad.

Que el Ayuntamiento de Galdácano -en manos de EH Bildu, Podemos y dos plataformas de vecinos- haya permitido una exposición de las obras artísticas del etarra Bienzobas no es una anomalía. Que acudan vecinos de Galdácano a elogiar la calidad artística de las obras de Bienzobas no es una anomalía. Es precisamente la normalidad que vivimos en pueblos como Galdácano y en el País Vasco. Es la normalidad que se instauró después de que el colectivo ETA destruyera el tejido social. Es lo que queda después de la gran performance de la izquierda abertzale. El colectivo desapareció, se reintegró en una compañía de teatro. Pero sus efectos perduran. La obra perdura. Y la obra seguirá abierta. No hay cura, por cambiar de metáfora. Lo que sí hay es salida. Lo que se puede hacer es algo tan sencillo como levantarse y abandonar la sala. Y, si aún quedan ganas, programar. Programar otras exposiciones, con las grandes obras de todos los que formaron parte de quienes integraron el colectivo ETA. Las obras reales, las obras con las que se comprometieron. Los asesinatos, los secuestros, las amenazas. Programar en todas las salas que hoy están ocupadas por las obras artísticas y por los amigos de gente como Bienzobas. Esperar a que salgan y reservar las salas. Recuperar lo que nos convierte a todos en ciudadanos.

Ésa es la única salida: entrar en las salas, no para derribar las obras de los etarras sino para exhibirlas.

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Otegi disfrazado de Baltasar

Ayer mientras volvía del trabajo tuve un flashback como de Elseworlds. Un What If? de los de Marvel ambientado en España. Vi a Arnaldo Otegi disfrazado de Baltasar, la cara pintada de negro, en las fiestas de Elgoibar, en los años 80. Me pregunté, como Uatu, qué habría pasado si alguien le hubiera sacado una foto disfrazado de Baltasar, qué habría dicho El País si esa foto hubiera salido a la luz hace unos días, como ha ocurrido con la foto de Justin Trudeau.

Me lo preguntaba a lo tonto, porque probablemente no habría pasado nada. Pero por unos segundos fue reconfortante imaginar la indignación unánime, las peticiones de dimisión, los yo acuso y los argumentos morales aplicados a alguien como Arnaldo Otegi. Por unos segundos imaginé que algo en el pasado de Arnaldo Otegi hubiera significado el final de la carrera política de alguien como Arnaldo Otegi.

La carrera política de Arnaldo Otegi comenzó poco después de la carrera terrorista de Arnaldo Otegi. En realidad no es fácil saber cuándo empieza una y cuándo termina la otra, porque la carrera política de Arnaldo Otegi se desarrolla en los diferentes partidos de la izquierda abertzale que actuaban al son que marcaba la banda terrorista ETA, como muchos de los dirigentes de esos partidos han reconocido.
En cualquier caso, es improbable que en los años 80 Arnaldo Otegi se hubiera disfrazado de Baltasar porque ya estaba integrado en ETA, e imagino que no tendría tiempo para esas cosas. Por eso me preguntaba qué habría pasado si hubiera salido a la luz una foto de Arnaldo Otegi con la cara pintada de negro, y si eso (al menos eso) habría significado el fin de la carrera política de alguien que formó parte de una organización terrorista, de alguien que jamás se ha arrepentido de lo que hizo esa organización terrorista, de alguien que hoy dirige la que es segunda fuerza política del País Vasco gracias, entre otras cosas, a las acciones de la organización terrorista en la que siempre ha militado.

Arnaldo Otegi es el secretario general de EH Bildu, la coalición en la que se integran partidos como Alternatiba, Aralar, los socialdemócratas de EA y Sortu. El partido que lidera esa coalición es Sortu, partido del que Arnaldo Otegi también fue secretario general en los tiempos de su fundación (en realidad refundación: Sortu, Batasuna o Euskal Herritarrok nunca dejaron de ser Herri Batasuna, del mismo modo que Herri Batasuna nunca dejó de ser el brazo político de ETA).
Ayer, en el Parlamento vasco, EH Bildu registró una Proposición No de Ley que decía lo siguiente:

pndl

“El Parlamento Vasco exige” a los partidos políticos que concurrirán a las elecciones generales que se celebrarán próximamente “que apenas tienen apoyo social, político e institucional en Euskal Herria, que no utilicen durante la campaña política el territorio vasco con el objetivo de obtener votos fuera de aquí, y que no tensionen la convivencia causando incidentes o momentos violentos”.

En primer lugar, “exige”. Algunos hoy se quejan de que los de siempre, es decir, los que llevan años siendo vetados con violencia por la izquierda patriótica vasca, han manipulado lo que dice la propuesta. Pues bien, son esos mismos, que también son los de siempre, los que se refieren a la deseada exigencia de EH Bildu diciendo que la coalición “pide”. También se refieren a la propuesta como una “propuesta para la convivencia”.
El argumento para exigir a algunos partidos políticos que no pisen territorio vasco en campaña es el mismo que se usó cuando algunos partidos políticos decidieron hacer campaña, pero también política, en el mejor sentido del término, en Alsasua, Rentería y Miravalles.
Alsasua, Rentería y Miravalles son algunos de los pueblos de Navarra y del País Vasco en los que más claramente se ve cuál es el principal problema de la sociedad vasca. Porque sí, aceptemos que existe una cultura vasca, y que esa cultura vasca, por la lengua y por otras cuestiones, está presente también en determinadas zonas de Navarra. En la sociedad vasca se produce desde hace décadas algo excepcional, algo que no ocurre en ningún otro lugar de España, o al menos no con el mismo empeño, con la misma intensidad y con la misma duración. En la sociedad vasca es normal, es decir, se ha permitido que sea normal, homenajear y solidarizarse con quienes como Otegi formaron parte de una banda terrorista, y con quienes orbitaron alrededor de esa banda terrorista. En Alsasua un grupo de jóvenes dio una paliza a dos agentes de la Guardia Civil en las fiestas del pueblo cuando iban acompañados por sus parejas. Esto no es excepcional. Lo excepcional es el clima en el que se producen esas agresiones, y lo excepcional es la respuesta social a esas agresiones. En lugar de solidarizarse con las víctimas, los partidos nacionalistas del País Vasco y Navarra, los medios de comunicación nacionalistas y en general el ciudadano nacionalista medio se solidarizaron con los agresores. Hablaron de la agresión, que se produjo en un clima de odio a la Guardia Civil, como “una pelea de bar”. Y algunos partidos políticos, fuera de cualquier campaña electoral, fueron a Alsasua para denunciar la excepción moral que se vive en el País Vasco y Navarra, que tienen que vivir algunos ciudadanos vascos y navarros, independientemente de que voten a esos partidos, a otros o a ninguno. En ese acto habló Fernando Savater, que lleva casi toda su vida hablando sobre la excepción moral que vivimos en estas tierras. Y en ese acto un grupo de jóvenes accedió a la iglesia del pueblo para hacer sonar las campanas mientras se producían los discursos. Además, otro grupo de personas, más numeroso, había recibido a los asistentes con gritos e insultos (“Españoles hijos de puta”, por ejemplo). Y además, otro grupo de personas se plantó frente al acto con amplificadores para intentar boicotear el acto con un concierto.

También hubo un acto en Rentería. En ese acto habló Savater y también Maite Pagazaurtundua. Ya me referí a ese acto en esta entrada. Por último también hubo un acto en Miravalles. Hablé de ese acto aquí y aquí. Para este acto las calles de Miravalles aparecieron decoradas con la foto de Josu Ternera y con un mensaje que a nadie del pueblo pareció molestar: “Maite zaitugu”, “Te queremos”.

A nadie pareció molestar ese mensaje, pero obviamente ese mensaje molestaba a muchos ciudadanos. La cuestión, y esto es lo que EH Bildu entiende perfectamente, es que esos ciudadanos están solos y, lo que es más importante, están aislados. Y cuando estás aislado la prudencia invita a no llamar la atención.
Por eso EH Bildu propone que el Parlamento vasco exija a determinados partidos que no pisen suelo vasco en la campaña para las elecciones. Porque saben que si personas como Savater, Pagaza y quién sabe si algunos otros comienzan a poner habitualmente el pie en pueblos como Alsasua, Rentería y Miravalles, es posible que los ciudadanos aislados que tienen que torcer la mirada cada vez que ven la cara de un terrorista como Josu Ternera acompañada del “Te queremos” -que los incluye también a ellos- comiencen a sentirse menos aislados. E incluso que, por imitación, comiencen a plantearse si no podrían hacer algo.

La cuestión, y esto EH Bildu lo entiende perfectamente, es que el peligro no está en que los partidos a los que EH Bildu no quiere en el País Vasco consigan más votos o representación en esa parte de España; el peligro para EH Bildu es que la presencia de determinadas personas en el País Vasco, en campaña electoral o fuera de ella, puede ayudar a que los ciudadanos vascos que no quieren a Josu Ternera comiencen a ofrecer resistencia. El peligro real para EH Bildu no son Rivera, Casado ni Abascal, ni siquiera Savater o Pagaza, sino los ciudadanos de Alsasua, Rentería, Miravalles y tantos otros pueblos que sienten asco cuando ven sus calles decoradas con las caras de terroristas, y cuando ven a sus vecinos, a algunos de sus vecinos, regodearse en el lodo de la excepción moral.

Ésta es la cuestión, y creo que es esencial que todos lo entendamos. Entre otras razones porque EH Bildu lo ha entendido perfectamente.


 

Hoy en la portada de la edición digital de El País no había ninguna mención a la PNDL que EH Bildu registró ayer en el Parlamento vasco. Hoy en la sección España de la edición digital de El País, antes de la noticia sobre la propuesta de EH Bildu para que el Parlamento vasco exija a algunos partidos políticos que no pisen suelo vasco en la campaña electoral de las próximas elecciones generales había otras ocho noticias.


Hoy en las fiestas de Galdácano han colocado esto frente a la Herriko, en la misma calle que las barracas y las tómbolas.

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Ayer en la PNDL registrada por EH Bildu en el Parlamento vasco se decía esto:

distorsionada

“El objetivo de estos partidos es (…) ofrecer una imagen distorsionada deformando y despreciando los pueblos de Euskal Herria y tensionando y provocando a la ciudadanía, solamente para difundir en el Estado el mensaje que a ellos les interesa”.
Hoy en las fiestas de Galdácano no está ninguno de los partidos que EH Bildu quiere lejos del País Vasco. No están aquí para ofrecer una imagen distorsionada de los pueblos de Euskal Herria. Hoy en las fiestas del País Vasco, frente a la Herriko, hay una pancarta en la que se puede leer “Maite zaituztegu”, “Os queremos”, dirigido a diez etarras, entre los que se encuentra Francisco Javier García Gaztelu, `Txapote´.
Sin distorsión ni deformación. Por eso cuando EH Bildu exige que quienes ofrecen una imagen “distorsionada” de los pueblos de Euskal Herria no pisen suelo vasco no se refiere sólo a los partidos políticos. Porque para ver cuál es la imagen real del País Vasco sólo hace falta pisar el País Vasco.

Galdácano de los etarras

Primero fueron los etarras de Galdácano. No recuerdo si fueron antes los cohetes y las antorchas cuando salió de la cárcel Javi de Usánsolo -el asesino del niño Fabio Moreno- o las fotos de Txapote y el resto de etarras encarcelados en las paredes del pueblo.

Después los etarras vinieron a Galdácano. Cuando el etarra Kepa del Hoyo falleció de un infarto en la cárcel, los compañeros de todas las ramas pasearon por las calles. Ahí estuvieron Tomi Madina y el propio Javi de Usansolo. También Arnaldo Otegi, Kubati o Arkaitz Rodríguez. Hubo incluso una delegación de la CUP, formada por Anna Gabriel y Eulàlia Reguant. En la plaza, después de que hablase el hijo de Del Hoyo, una mujer dijo los nombres de todos los etarras. Hubo aplausos para todos los asesinos. También, también para Txapote.

Junto a eso, las celebraciones habituales, año tras año. Desde la pancarta de ETA en las fiestas hasta la mesa de Nochebuena en medio de la calle principal, con representaciones de Txapote, Bienzobas, Crespo y todos los demás, durante horas, sin que la policía municipal la retirase, sin ningún tipo de mensaje institucional.
En Nochebuena y, este último año, también en Nochevieja, durante la carrera popular, con todo el pueblo en la calle.

El Ayuntamiento hasta hace días estaba en manos del PNV y del PSE. Estaba en manos del PNV y del PSE cuando se permitía que los amigos de los etarras ocupasen el espacio público para homenajear a los asesinos. Tal vez no podían impedirlo. Pero lo que sí podían hacer era decir algo. Decir es algo que todo el mundo puede hacer, especialmente si se tiene la protección derivada de estar al cargo de una institución. Pero nadie del PNV decía nada, y nadie del PSE decía nada. Ni siquiera cuando veían, porque tenían que verlo, era imposible no verlo, la mesa de Nochebuena en medio de la calle principal. Tal vez decían algo en privado, no lo sé. Lo que sé es que cuando los etarras ocupan las calles, lo que se dice en privado no sirve para nada. Porque lo que se dice en privado no lo ve nadie, y la mesa con los rostros sonrientes de Txapote, Bienzobas, Crespo o Krutxaga la ven todos los vecinos, todos los años. Y lo que se ve todos los años se convierte en lo normal.

Hoy EH Bildu no está en la oposición. No contarán con la complicidad del Ayuntamiento para homenajear a sus compañeros; podrán hacerlo desde el propio Ayuntamiento.
Y podrán hacerlo, en primer lugar, porque mucha gente del pueblo ha decidido votar a un partido como EH Bildu. ¿Por qué no? Hace unos días el secretario de organización del PSOE, José Luis Ábalos, decía que los 350 diputados del Congreso, todos ellos, le merecían la misma consideración. Antes, el candidato del PP a la alcaldía de Labastida había ofrecido a Bildu un acuerdo de gobierno que finalmente fue desautorizado.
Podrán hacerlo también porque han conseguido el apoyo de Podemos y de dos plataformas vecinales, Usansolo Herria y Auzoak. Es decir, la gente. La gente es la que ha hecho posible que EH Bildu vaya a gobernar Galdácano, a pesar de la complicidad con los hasta 13 etarras del pueblo, y a pesar de las diez personas que ETA asesinó en el pueblo.

No vale decir que todo eso es agua pasada, y tampoco vale decir que no conocen nada de eso. Todas estas cosas son el presente, no el pasado. El presente es Bea Ilardia, concejal de EH Bildu la pasada legislatura, subiendo a Twitter una foto en la que Tomi Madina retira su nombre de la pared de la Herriko y diciendo “Uno menos y se echan en falta otros doce. Bienvenido Tomi”. A la izquierda de la foto retirada, Txapote. A la derecha, Bienzobas. Dos de esos doce.


El presente es toda la gente alrededor de Bildu, los jóvenes, organizando pegadas de carteles y homenajes como el del año pasado a Kepa del Hoyo, en el bosque, con toda la parafernalia simbólica. O las pancartas de agradecimiento a quienes decidieron integrarse en la banda terrorista. Ante ese presente el PNV y el PSE no hicieron nada, o hicieron muy poco. Nunca estuvieron en las redes sociales ni en la calle para combatir el relato de ETA.

Hace unos años se lanzaron cohetes para celebrar que el asesino del niño Fabio Moreno salía de la cárcel, hoy han tirado cohetes para celebrar la victoria, y ese presente ante el que no se hacía nada le ha estallado en la cara al PNV y al PSE, y a todos los vecinos de Galdácano.
En realidad no a todos, claro. Más de la mitad de los vecinos que votaron en las municipales, los que votaron a Bildu, a Podemos y a las dos plataformas vecinales, estaban hoy junto a quienes tiraban cohetes, y estarán junto a quienes reciban como héroes a los etarras del pueblo.

La política es lo que hacen los ciudadanos dentro de la ciudad. La política consiste en aprobar presupuestos, organizar fiestas y realizar obras. Pero también consiste en defender unos principios, en defenderlos activamente y por las razones correctas. Durante años se permitió en Galdácano que los bárbaros ocupasen las calles y sacasen las antorchas. Se permitió no sólo que lo hicieran, sino que lo hicieran sin oposición, sin que al otro lado hubiera un discurso sólido y cohesionado contra el asesinato como herramienta política y contra la complicidad con los asesinos. Todo eso se normalizó gracias a la machacona insistencia de unos pocos y a la cómoda complicidad de muchos. Hoy tenemos a los bárbaros no dentro de la ciudad, sino dirigiendo la ciudad. Era cuestión de tiempo. Desde el momento en que se decidió que no valía la pena recordar a los muertos, que no era necesario defender los principios, era cuestión de tiempo. Sólo había que sentarse a esperar. Y eso fue exactamente lo que se hizo.

La alegría

Iñaki Igerategi se encontraba en su puesto de trabajo, la estación de bomberos de Tolosa, cuando fue detenido en 2012. Iñaki era bombero y miembro de ETA.

Iñaki Igerategi decidió empezar a colaborar con ETA cuando tenía cerca de 30 años, tal y como cuenta Leyre Iglesias en El Mundo en una crónica que merece la pena leer. Antes de eso había empezado a colaborar con el sindicato abertzale LAB. Como miembro de ETA se encargaba de buzonear las cartas de extorsión que la banda enviaba regularmente a empresarios. (En los últimos días ha aparecido información interesante relacionada con esta cuestión. Según recoge Europa Press, y según las actas incautadas a ETA, durante las negociaciones entre el Gobierno de Zapatero y ETA se frenaron todas las detenciones de etarras, se ocultaron las cartas de extorsión que la banda seguía enviando, y el Gobierno del PSOE ofreció a la banda terrorista, para que dejase de enviarlas, “arreglar el problema del dinero”. Es decir, el Gobierno del PSOE se ofreció a financiar la banda terrorista ETA. Pero ésa es otra cuestión).

Además de servir de enlace en el aparato de extorsión de ETA, Igerategi tenía otras funciones. Cuando se habla de las funciones de los miembros de ETA los más normal es que hablemos de dos posibilidades. La primera es que disparen, secuestren o pongan bombas. Que ejecuten los planes. La segunda es que pasen información para que los del primer grupo puedan actuar con eficacia. Igerategi era de los del segundo grupo. Y lo normal si eres alguien que pasa información es que informes sobre aquéllos a los que conoces. En el caso de Igerategi, tres antiguos compañeros de ikastola que trabajaban en la policía autonómica vasca, la Ertzaintza. Igerategi proporcionó información sobre sus vecinos y ETA atacó a esos vecinos, aunque sólo sufrieron daños leves.

Otro vecino de Igerategi era  Joseba Pagazaurtundua. Igerategi -junto a Ignacio Otaño, su compañero en labores de información y extorsión- proporcionó información sobre Joseba Pagaza. Y Pagaza fue asesinado en febrero de 2003 gracias a la colaboración de Igerategi.

Pero esto es algo que ya sabemos. También sabemos que en febrero de 2018, cumplidos los 6 años a los que Igerategi y Otaño fueron condenados, ambos volvieron a Andoain. Y allí fueron homenajeados en público por unos 200 vecinos.

El Ayuntamiento de Andoain, gobernado por EH Bildu, no impidió el homenaje. Cuando Joseba Pagazaurtundua fue asesinado en 2003 el alcalde de Andoain, José Antonio Barandiaran, de Euskal Herritarrok (el EH Bildu de entonces), tampoco condenó el atentado. El PSE y el PP de la localidad presentaron una moción de censura tras el asesinato de Pagaza, pero no sólo por el asesinato de Pagaza. La vida en Andoain para los concejales de PSE y PP, especialmente desde que Batasuna gobernaba el Ayuntamiento, era un infierno. Dejaban una copia de las llaves de sus casas en los felpudos, incendiaban sus casas, amenazas, caras hostiles. El PSE contaba con cinco concejales, mientras que el PP tenía dos. Euskal Herritarrok gobernaba en minoría con cinco concejales, y el PNV-Eusko Alkartasuna contaba con otros cinco. Fueron estos cinco concejales de PNV-EA los que impidieron que la moción de censura saliera adelante, porque al parecer no ayudaba a debilitar el entorno sociológico que da apoyo a ETA, según dijo Josu Jon Imaz, el portavoz del Gobierno vasco en aquella época. Eusko Alkartasuna hoy forma parte de la coalición EH Bildu, y el PNV sigue siendo lo que siempre ha sido.

En cuanto a Igerategi y la alegría, que es de lo que trataba esto, hay que retroceder en el tiempo. No mucho, apenas unos días. El etarra Igerategi fue condenado a seis años de prisión y a pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público, por lo que cuando salió de la cárcel la Diputación de Guipúzcoa se negó a readmitirlo en su puesto de trabajo en el parque de bomberos de Tolosa. El sindicato abertzale LAB recurrió la decisión de la Diputación y finalmente un juez dio la razón a LAB y al etarra Igerategi: según la juez, la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público no es aplicable y no corresponde a la Diputación definirla. El portavoz de la Diputación, Imanol Lasa, confirmó hace unos días que no recurrirán el fallo.

Concentración de bomberos de Guipúzcoa para pedir la readmisión de Iñaki Igerategi. (Foto publicada en Gara)

El sindicato abertzale LAB señaló en un comunicado que acogen “la noticia con alegría”. La noticia es que la persona que posibilitó que ETA asesinara al policía municipal Joseba Pagazaurtundua se reincorporará a su trabajo de servidor público, después de haber aceptado el agradecimiento de doscientos vecinos por su labor en ETA. No se me ocurre mejor homenaje que éste.


El cambio

Ayer mientras volvía a casa me encontré con esta foto. La foto está colocada en la entrada de la Herriko Taberna de Galdácano. La barra del bar está a la derecha, una vez cruzas la entrada. De la pared cuelgan unas placas con los nombres de todos los etarras del pueblo que aún están en la cárcel. Cuando un etarra sale, la placa se retira y se celebra. En ocasiones algún concejal de EH Bildu comparte la celebración en redes sociales.

Bajo la foto hay un cartel que pide la libertad para todos los presos de ETA en general y para Jon Bienzobas, Karaka, en particular. He visto varios de esos carteles hoy por el pueblo, con la cara y la información escogida de Bienzobas, y también carteles que hacen lo propio con Iñaki Krutxaga Elezkano, otro de los etarras del pueblo. Bienzobas fue el responsable del asesinato de, entre otros, Tomás y Valiente. Krutxaga, por su parte, fue el responsable del asesinato de, entre otros, Ernest Lluch.
Probablemente esos carteles no suponen apología del terrorismo. Sólo exponen las dificultades que tienen “ama y aita” para visitar a sus hijos presos y piden que se los libere, a ellos y a todos los demás. Así que los carteles permanecerán en las calles de Galdácano hasta que quienes los han colocado decidan cambiarlos por otros. Si no se retiran los carteles de enaltecimiento, no se van a retirar éstos. Ahora bien, se podría hacer algo interesante. Se podría colocar, al lado de cada uno de los carteles de “Free them all”, un cartel con información sobre los hijosdeama (y de aita). Incluso podría ponerse nombre a la campaña, “Know them all”. Podría hacerse, si hubiera alguien con los medios y la voluntad para hacerlo. Algo como uno de esos partidos que llaman “constitucionalistas”. Volveré sobre esto más tarde.


Sobre la foto hay otra foto. Esa foto es un homenaje a Francisco Javier López Peña, o Xabier López Peña, el etarra Thierry. “AGUR ETA OHORE”. Probablemente la foto lleva ahí mucho tiempo, aunque no tanto como la lápida del etarra en el cementerio del pueblo. La lápida está colocada a escasos pasos de la de Eloy García Cambra. La del primero, jefe de ETA, recibe cuidados periódicos. De la del segundo, policía municipal asesinado por ETA en 1972, han desaparecido varias letras. La metáfora aparece aunque intentemos evitarlo; no creo que queden muchas personas que sepan quién fue.

La foto a la que me refería al principio muestra a dos etarras anónimos, de espaldas, y el hacha y la serpiente. Sobre ellos, “Eskerrik asko ETA”. Bajo ellos, “Garaipenera arte”. “Gracias, ETA” y “Hasta la victoria”. No es la primera vez que veo la foto en el pueblo. En un par de ocasiones en las que las circunstancias lo permitían las despegué, las dos veces cerca de la calle principal. En esta ocasión lo prudente es registrarlo. Al hacerlo me doy cuenta de que en Galdácano se ha producido un cambio importante, y también me doy cuenta de las consecuencias prácticas de ese cambio.

Durante los últimos cuatro años hubo un concejal del PP en Galdácano, Mari Carmen Sánchez Sequeros. No era vecina del pueblo, así que era complicado que pudiera estar al día de todas y cada una de las acciones de propaganda del entorno de ETA. Hace un par de años, no recuerdo cómo, la localicé en Twitter. O alguien nos puso en contacto. Y cada vez que se producía un homenaje, una ocupación del espacio público o una pegada de fotos de los etarras del pueblo, se lo hacía llegar. Siempre lo agradeció y siempre intentó que se tomaran medidas. Nunca consiguió que el Ayuntamiento hiciera nada, pero al menos iba a los plenos a pedir explicaciones al equipo de Gobierno, formado por el PNV y por el PSE. Cuando en Nochebuena colocaban en la calle una mesa a la que sentaban a los etarras del pueblo, el Ayuntamiento, gobernado por PNV y PSOE, no hacía nada. La mesa con las fotos permanecía allí todo el día. Cuando decoraban el pueblo con las fotos de etarras como Txapote y Bienzobas tampoco hacían nada. Sánchez Sequeros, la concejal del PP, llamaba al responsable del equipo de Gobierno y después llevaba la cuestión a los plenos. No podía hacer nada más, pero siempre hizo todo lo que podía hacer.

Antes que ella fue concejal Ricardo Gutiérrez Solana, también en el PP. Gutiérrez Solana era una persona conocida en el pueblo, él sí vivía aquí. Y tuvo que dejar de vivir aquí cuando, después de una campaña continuada de amenazas cada vez más serias, los vecinos de su portal recibieron una carta en la que les invitaban a echar del vecindario a “esta persona de actitudes hitlerianas”. La carta la elaboró Jon Crespo Ortega -otro de los etarras encarcelados que suelen aparecer en las paredes del pueblo- en una lonja y en un ordenador propiedad de Herri Batasuna, que era como EH Bildu/Sortu se llamaba entonces.

A Mari Carmen Sánchez Sequeros nunca le enviaron una carta así. Sólo la llamaron “fascista”, “asesina” y “cerda” en el pleno celebrado pocos días después del fallecimiento en prisión del etarra Kepa del Hoyo, que además de asesinar a dos policías fue concejal en Galdácano. De ahí que desde el Ayuntamiento se publicase un comunicado oficial en el que EH Bildu, Podemos, una plataforma vecinal y el PNV mostraban sus condolencias a la familia y amigos del etarra fallecido y criticaban la política de dispersión. Además de los insultos, el vecino, David Ríos García, también le gritó a la concejal popular lo siguiente: “mírame y quédate con mi cara”. Por ello fue condenado a pagar 360 euros por un delito leve de amenazas. Ese mismo año, pocos meses después, una comitiva de encapuchados esperaba a Sánchez Sequeros a la puerta del Ayuntamiento, antes de la celebración de un pleno. En esa ocasión la llamaron, en la calle, “fascista” e “hija de Franco”.


El domingo Mari Carmen Sánchez Sequeros no consiguió los votos suficientes para volver a ser concejal en Galdácano. En 2015 el PP obtuvo 745 votos, y el domingo sólo 585. Mientras tanto, EH Bildu pasó de los 2662 de 2015 a los 3597 del domingo. Estos votos hicieron que pasaran de cuatro concejales a seis, empatando con el PNV. Probablemente EH Bildu gobernará Galdácano por primera vez, lo que supondrá un cambio importante.
Pero el cambio realmente importante es que ya no quedará nadie en el Ayuntamiento para recibir los insultos cuando denuncie lo realmente indecente. Imagino que es difícil convencer a los vecinos para que te den sus votos cuando no vives junto a esos vecinos, e imagino que a los partidos como el PP no les resultará fácil conseguir candidatos que vivan en pueblos como Galdácano con vecinos como David Ríos García.
Supongo que los analistas más preparados habrán estado lanzando desde el domingo las profundas reflexiones con las que intentan explicar la política: “Qué está haciendo mal el PP en el País Vasco”, “No consiguen conectar con la realidad social del País Vasco”.
El PSOE seguirá con dos concejales, pero también ellos han obtenido más votos. Ellos sí consiguen conectar con la realidad social. Ellos sí van por el buen camino.

La posibilidad

Ya dijeron algunos que Navarra iba a ser la comunidad a la que habría que prestar atención tras las elecciones del pasado domingo. El titular del ABC fue el más claro: “Vuelco electoral en Navarra, que hace una apuesta clara por el Constitucionalismo”. El más claro y, como hoy recoge el mismo ABC, también el más ingenuo. En la pieza del lunes hablaban de los 30 escaños que conseguían las fuerzas constitucionalistas. 19 de Navarra Suma (que podrían convertirse en 20 o incluso 21 tras el recuento) y 11 del PSN de María Chivite. Hoy en cambio se habla por un lado del bloque constitucionalista y por el otro de Geroa Bai (9), Podemos (2), EH Bildu (8) e Izquierda Unida (1). El bloque constitucionalista, hoy, está formado por la coalición Navarra Suma, que agrupa a UPN, PP y Ciudadanos. Y el PSN de Chivite, de momento, está en medio de los dos bloques.

De momento, porque al final el Partido Socialista, no sólo el de Navarra, tendrá que decidir. Durante la campaña Chivite ya dijo que no haría presidente al candidato de Navarra Suma. Chivite ha dicho hoy que quieren “formar gobiernos progresistas”. Es exactamente lo mismo que dijo ayer Lander Martínez, de Elkarrekin Podemos, para explicar que intentarían formar gobiernos con EH Bildu: gobiernos progresistas.
De momento Chivite no confirma que quiere gobernar específicamente con Geroa Bai y Podemos y con los votos de EH Bildu. Y por lo tanto no descarta esa posibilidad. Que el Partido Socialista de Navarra gobierne la comunidad gracias a los votos de EH Bildu es, hoy, una posibilidad. Y habrá sido una posibilidad pase lo que pase.

Chivite dice, para defender esa posibilidad, que quieren formar gobiernos progresistas. Lo que ha pasado en el PSOE para que llamen gobiernos progresistas a los gobiernos con los nacionalistas de todo pelaje es algo que va más allá del PSOE. No ha pasado sólo en el partido. Si un partido dice una estupidez, una mentira, si hace el ridículo, la prensa y los otros partidos recogen la estupidez, denuncian la mentira o se burlan del ridículo. Pero en España, hoy, se puede decir que un gobierno con el PNV, en el País Vasco o en Navarra con su otra marca, es un gobierno progresista.
Más, mucho más aún; se puede decir que un gobierno con EH Bildu es un gobierno progresista. Lo dice Podemos, lo dice el PSOE y lo dice todo del estado actual de la prensa. Entre unos y otros han conseguido que el nacionalismo sea identificado con el progresismo.

Pero lo terrible del pacto que Chivite está buscando en Navarra no es que llevaría a un gobierno del PSOE con los nacionalistas. Esto es algo que es ya una seña de identidad del PSOE, que prefiere hablar de pactos y de líneas rojas en función del emotivista eje izquierda/derecha y no en función del eje nacionalismo/racionalismo, lo que le lleva, por ejemplo, a estar detrás de la degradación política y moral de Baleares. El PSOE hoy es un partido que se encuentra más cómodo con los nacionalistas que con los partidos que siguen defendiendo los ideales de misma libertad y misma igualdad para todos. Así que eso no puede ser lo peor, porque con eso ya se cuenta.  Lo terrible es que el pacto de Chivite exigiría la colaboración de un partido como EH Bildu.

EH Bildu es el partido que, tras ganar las elecciones en Hernani, decide dar las gracias a los 19 “presos políticos” de la localidad, a los 19 etarras a cuyas fotos se dirigía con agradecimiento el nuevo alcalde en su discurso.

EH Bildu es el partido que prometía en San Sebastián pisos de alquiler social para los “presos políticos” que salgan de la cárcel. Y EH Bildu es Sortu, el partido que sigue identificándose junto a ETA en las “luchas de la izquierda abertzale”, el partido que aplaude a Txapote y al resto de etarras del pueblo un 5 de agosto de 2017 en una plaza de Galdácano, el partido de los que hacen homenajes a etarras.

Galdácano, 5 de agosto de 2017. Aplausos para los etarras del pueblo en el homenaje a Kepa del Hoyo.

El otro día estuve repasando Politics and the English Language, el librito de Orwell que alerta sobre los efectos que los atajos y automatismos que usamos en nuestro lenguaje tienen en el discurso político e incluso en el propio pensamiento . Y mientras iba anotando todo esto me daba cuenta de que no hay manera de transmitir qué es EH Bildu a quienes no saben ya qué es Bildu. Cuando decimos “homenajes a etarras” no decimos nada. Es ya una expresión devaluada. No porque no denote nada, como le pasa a “fascista”, sino porque intenta recoger en tres palabras todo lo que hay detrás de los dirigentes y de los votantes de ese partido, que son los que hasta hace cuatro días no se limitaban sólo a aplaudir y homenajear a los etarras. Y lo que hay es mucho. Es imposible transmitir todo lo que es EH Bildu con una expresión como “homenajes a etarras”. Ni siquiera sirve de nada que ampliemos la descripción. Podemos dar nombres, lugares, fechas. Podemos hablar de Andoain, de Galdácano o de Rentería, de Igerategi y Otaño, de Javi de Usansolo o de Kepa Etxebarria, podemos incluso añadir las imágenes. Pero es una batalla perdida.
Cuando el Partido Socialista de Navarra plantea la posibilidad de gobernar con los votos de EH Bildu no sirve de nada apelar a la memoria ni a la razón. Ni siquiera a las tripas. Cuando esa posibilidad existe sin que el PSOE salga alarmado a negarla, no hay nada que hacer.

Y no hay nada que hacer. No en esto. No sé qué pasará finalmente en Navarra. No sé si Chivite gobernará junto a los nacionalistas y con los votos de Bildu. Pero lo que sí sabemos es que para gobernar necesitará los votos de Bildu. Y que si llegase a hacerlo, sus votantes, los del PSN y los del PSOE, retorcerían la razón y la memoria para no tener que enfrentarse al hecho de que habrían aceptado los votos de un partido como EH Bildu. Los de los homenajes, los de Pernando Barrena, Otegi, Arkaitz Rodríguez, los de las ayudas para los presos políticos.
Es decir, los progresistas vascos.

La indiferencia de un pueblo sano

Cuando Maite Pagazaurtundua propuso ayer en Miravalles guardar un minuto de silencio por las víctimas de Josu Ternera, los que estábamos allí nos callamos. La sirena del pueblo, que había comenzado a sonar en cuanto los organizadores del acto llegaron al frontón, siguió sonando. La consecuencia fue que los insultos se escucharon aún mejor.
Antes de eso un comité de periodistas con cámaras y de vecinos, también con cámara -era difícil distinguirlos- se había agrupado en la ermita en la que nos fuimos juntando quienes habíamos decidido asistir al acto de Ciudadanos. Todavía no decían nada. El mensaje lo habían delegado en pancartas como la que colgaba de la estación de tren, “Ugaon ez zarete ongi etorriak”, (No sois bienvenidos en Ugao), y en algunas de las ventanas. En una de ellas se podía distinguir una foto con la cara del etarra Josu Ternera, el vecino Urrutikoetxea, y otro mensaje: “Josu askatu” (libertad para Josu). La foto estaba colocada sobre una ikurriña.


El día antes algunos comerciantes y vecinos del pueblo habían invitado a bajar las persianas de las viviendas y de los comercios. Había casas con las persianas bajadas, y casas, muchas, con las persianas subidas. También había vecinos asomados a los balcones y las ventanas, algunos de ellos, especialmente en la plaza del frontón donde hablaron Maite Pagaza y Albert Rivera, pertrechados con cazuelas, silbatos y mensajes ofensivos, primero en pancartas y después, cuando comenzó el acto, de viva voz.
En lo que no me fijé fue en cómo estaban los comercios. De un bar salió un vecino cerveza en mano para gritar “Gora Euskadi Ta Askatasuna”, así que había al menos un comercio abierto. En los demás no me fijé porque la calle por la que llegamos a la plaza del frontón estaba llena de fotos con la cara del etarra, del vecino Ternera, y con un mensaje que añadía un toque especial al omnipresente “Josu askatu”. Antes de eso se podía leer, sobre la cara del etarra Ternera, lo siguiente: “Maite zaitugu”. Es decir, “Te queremos”. Era difícil fijarse en otra cosa.

Antes de llegar al frontón pasamos por una pequeña plaza en la que se habían concentrado varios vecinos para mostrar su rechazo. Esos vecinos estaban de espaldas y entre ellos y nosotros había una pancarta: “Ez zarete ongi etorriak. No sois bienvenidos”. Esta vez en euskera y en castellano, para la foto. Este acto de rechazo se había organizado en la misma asamblea popular en la que el día antes se había propuesto cerrar los comercios, bajar las persianas, paralizar el pueblo. La indiferencia normalmente consiste en seguir leyendo el periódico o seguir tomando el café mientras pasan cosas. Hacer como si nada. En el caso de Miravalles, algunos vecinos organizaron una performance con varios puntos de control, colocaron y activaron una sirena en el lugar del acto, adornaron el pueblo con mensajes de cariño para un etarra y con mensajes de odio para los representantes de un partido político como Ciudadanos, y acompañaron a quienes decidieron asistir al acto con los insultos que ya se habían escuchado en Rentería y en Alsasua. Una parte de la prensa llamó a esto “indiferencia”, y dijo que los vecinos habían recibido con silencio a los asistentes, a pesar de los decibelios de la sirena, que ahogaba incluso los insultos.
En el checkpoint a mitad de camino, donde varios ciudadanos del pueblo esperaban para seguir leyendo el periódico y apurar la taza de café, la tensión era evidente. La orden era mostrar la espalda y guardar silencio. Algunos se habían colocado el “Ez zarete ongi etorriak” en la espalda, por si no se leía en la enorme pancarta. Otros levantaban el dedo corazón. Pero lo llamativo ocurrió cuando se escucharon los primeros “fascistas”, “hijo de puta” y “fuera de aquí”. Los que intentaban seguir en silencio mandaron callar para no romper el encanto. “Sssssssssssh”. Cuando lo dice alguien en una biblioteca o en un aula suele ser un “Ssh” corto. Ayer sonó como si estuviéramos pasando por delante de una reunión de serpientes. Se puede escuchar en el vídeo del siguiente tweet, a partir del 0:28.


En fin, los de la performance tuvieron dificultades para mostrar a la prensa una cara “amable”, pero la prensa, buena parte de la prensa, fue comprensiva y habló de indiferencia y silencio. Tal vez porque después de ver decenas de fotos con la cara de Josu Ternera cualquier cosa parece una cara amable.
Al final de la calle estaba la plaza del frontón y allí se vio (y se oyó) la otra cara de la misma performance. Algunos de los que habían posado en el acto de repudio silencioso vinieron a gritar los habituales “hijos de puta” y “fuera de aquí”. Alguien colocó la sirena, y alguien también tuvo que haberla adquirido. Yo no pude verla, y tampoco sabría dónde se adquiere algo así, pero ahí estaba. Tampoco sé si cuando alguien decide hacer sonar una sirena a las 12:00, por el motivo que sea, cuenta normalmente con la indiferencia de la policía local. En este caso la sirena estuvo sonando durante media hora sin que agentes locales pasaran por allí.
Habló Maite Pagazaurtundua y habló Albert Rivera. La primera habló a quienes insultaban, a quienes salieron a mostrar apoyo a Josu Ternera tras su última detención y a quienes habían escrito “Te queremos” en la foto del etarra. También, en general, a quienes hacían cosas como éstas y otras mucho peores cuando la banda de Ternera aún no había sido desarticulada. Al hacer esto, al hablarles a ellos en su casa, habló también a quienes tienen que convivir en pueblos como Miravalles con los vecinos a los que interpelaba Pagaza, y también les habló en su casa. El mensaje para estos vecinos estaba implícito en el mensaje a los primeros. Una pequeña parte de la prensa y de la opinión en redes vio esto y señaló que Pagaza, o Rivera, habían venido a Ugao a insultar a todos los vecinos, a llamar terroristas a todos los vascos. Una parte pequeña de la prensa lo señaló, y otra parte no tan pequeña lo insinuó. Esto es algo tan cierto -y tan fácilmente comprobable- como el silencio con el que los vecinos hostiles acompañaron el acto.
Pagaza se refirió a Pernando Barrena y a sus palabras como militante tipo de la izquierda abertzale -rival en las elecciones europeas, elecciones en las que, oh, sí pueden votar los vecinos de Miravalles-, Rivera se comprometió a llevar al Parlamento una ley para prohibir los homenajes a etarras.

Pero como decía antes del acto, los discursos y las medidas propuestas no fueron lo más importante. Lo importante fue que los vecinos de Miravalles pudieron ver un acto político en el que no se homenajea a un etarra, un acto en el que de hecho se denuncian esos homenajes y a quienes participan en ellos. En Miravalles gobierna el PNV y EH Bildu es la única oposición. La tranquilidad, en Miravalles y en tantos otros sitios en los que el PNV gobierna -solo o con el apoyo del PSE-, consiste en que los primeros dejan que los segundos, los abertzales, organicen todos los homenajes que quieran a personas como Josu Ternera. Andoni Ortuzar salió una vez más a denunciar la enorme indignidad que supuso el acto. Lamentó que se estigmatizara a un pueblo entero por “una persona que nació allí”. Andoni Ortuzar es vasco, vive en el País Vasco e incluso es dirigente de un partido vasco. Pero es nacionalista, algunos dicen que moderado. Y tiene dificultades para articular el pensamiento cuando hay que pensar sobre lo que fue ETA y sobre su legado. Ortuzar lamentó que se estigmatizara a Miravalles/Ugao por “una persona que nació allí”, pero no fue esa persona que nació allí la que colocó su propia foto ni la que se dijo a sí mismo “te quiero”. Fueron vecinos de Miravalles, de Ugao, los que decidieron adornar el pueblo con la foto de un etarra como Josu Ternera, con el mensaje “te queremos”. Fueron vecinos, otros, los que vieron esas fotos unas horas antes del acto, o unos días antes, y permitieron que siguieran ahí, a la vista de todos. Ortuzar añadió al final del lamento que “Ugao es un pueblo sano”.



El acto de ayer sirvió, precisamente, para mostrar la salubridad de los pueblos como Miravalles. Ortuzar, las personas como Ortuzar y las personas que quisieron mostrar su amor al etarra Ternera siguieron diciendo que todo está bien. Al finalizar el acto, la “Brigada de desinfección antifascista” de Sortu apareció para desinfectar el suelo por el que habíamos pasado.


Actuaciones inaceptables

Hace unos días el cabeza de lista de EH Bildu para las elecciones europeas, Josu Juaristi, renunciaba a su candidatura por haber tenido “actuaciones inaceptables” con su ex pareja. El candidato confesaba que había enviado mensajes sin el consentimiento de la otra persona y que eso había ocasionado daño.

EH Bildu aceptó la renuncia del candidato y decidió también suspenderlo de militancia.

Pernando Barrena fue un histórico dirigente de HB que en 2016 reconoció, junto a otros 34 compañeros de Batasuna, su integración en organización terrorista. Reconoció que cuando era dirigente de Batasuna en realidad estaba trabajando a las órdenes de ETA.

EH Bildu comunicó ayer el sustituto de Josu Juaristi, que renunció por “actuaciones inaceptables”: será Pernando Barrena.

Herenegun, 5

CAPÍTULO 5

AÑO 0

La narradora camina con Eduardo Madina. La bomba en 2002. Antes de la bomba, dice la narradora, ETA ya había asesinado a Buesa y su escolta, Ernest Lluch, López de Lacalle, Lidón, Santi Oleaga, etc. Una lista, unos segundos, y ya.

Cómo era vivir con ETA, con el miedo, le pregunta la narradora. Y qué cambió.
La narradora pasa a mencionar a cuántas personas mató ETA después de la tregua de 1999, y cuáles eran sus profesiones. Es literalmente imposible asimilarlo. Imposible. Vas oyendo números y profesiones, no nombres, ningún nombre, pasan titulares de la prensa de esos días rápidamente. Pasar página, literalmente.

Aparece Garbiñe Biurrun, invitada habitual de la ETB y magistrada del TSJPV. “Ha seguido de cerca los cambios en las leyes antiterroristas, las ilegalizaciones de la izquierda abertzale (habitual y siempre interesante expresión, por lo que no dice, por lo que deja como poso, porque, en esta ocasión, para esto, no hay explicación, no hay causas, y por tanto es una decisión arbitraria), el cierre de Egunkaria, el sumario 18/98”.

Y habla Biurrun: “Ha habido una parte en mi opinión del Poder Judicial que realmente han interiorizado esa idea de que tenía que estar en lucha directa contra el terrorismo, y de ahí ha surgido la tesis famosa de `Todo es ETA´. Yo esperaba que se desmontara todo un aparato judicial, creía que se iría desmontando poco a poco y desgraciadamente pues veo que no es así”. Ni la narradora ni la propia magistrada explican qué es eso del “Todo es ETA”. No explican qué es lo que está mal en las sentencias por colaboración con ETA a miembros de la izquierda abertzale, no explican quién defiende que todo sea ETA. Pero la narradora ya había relatado en el episodio anterior que el Código Penal comenzó a considerar terrorismo a las acciones de “violencia callejera”, y que muchos jóvenes fueron detenidos, y en este episodio habla de “ilegalizaciones de la izquierda abertzale”, nunca de la subordinación probada, incluso confesada, de la izquierda abertzale a ETA.

Pasan a hablar del cierre de Egunkaria. Habla con un detenido en la operación contra el diario. Le pregunta a Torrealdai si habló con alguien de lo que le pasó. Cinco de los detenidos denunciaron haber sido torturados, dice la narradora. Todos ellos eran referentes de la cultura en Euskadi, dice también. La Audiencia Nacional absolvió a los acusados, Egunkaria nunca tenía que haber sido cerrado y no tenía nada que ver con ETA. Cuando sale alguien hablando de la famosa tesis del “Todo es ETA” y posteriormente mencionan un proceso en el que no había conexión con ETA, el efecto que se produce es evidente. Han mencionado también las ilegalizaciones, los sumarios contra miembros de la izquierda abertzale… Si ahora aparece Otegi no me sorprendería. Porque no hace falta decir que Otegi no era ETA. Basta que cuando se diga que Otegi fue parte de ETA alguien recuerde a Garbiñe Biurrun y la famosa tesis del “Todo es ETA”.
“¿Qué se perdió aquella noche del año 2003 que jamás volvió?”, pregunta la narradora al escritor Torrealdai. Buesa y su escolta, Lluch, López de Lacalle, Lidón, y las páginas que pasaban tan rápido que era imposible quedarse con todos los nombres. Pero aquí sí se detiene. Aquí no hay prisa, y en lugar de páginas que pasan rápidamente nos ofrece una conversación reposada. Torrealdai responde: “La inocencia. He visto el Estado por dentro y es oscuro, muy oscuro”. No se trata de hablar de vencedores y vencidos, no se trata de presentarlo como blanco o negro. Pero sí, el Estado por dentro es muy oscuro, y no, no hay tiempo para Buesa, López de Lacalle, Lluch o Lidón.

Ahora de nuevo el proyecto de investigación sobre tortura y malos tratos, en cuanto Torrealdai nos deja su análisis sobre la luminosidad del Estado. La unidad didáctica es un proceso al Estado, esto lo veo ahora. No tengo ninguna duda de que ése es su único objetivo. “Este informe recoge más de 500 denuncias de tortura y malos tratos en la década”, dice la narradora. “Ésta es Beatriz Etxebarria, denunció haber sido violada en el proceso de incomunicación. El Tribunal Europeo de DD HH condenó a España por no investigar esa denuncia”. Foto de Unai Romano, antes y después de ser detenido por la Guardia Civil.

“Éste es Daniel, el hijo de Pilar. Murió con 20 años en los atentados yihadistas del 11M”. De nuevo vuelve a haber tiempo para el factor humano. No para los familiares de Buesa, López de Lacalle, Lluch o Lidón, pero sí para la madre de una de las personas asesinadas en un atentado yihadista, en Madrid. “Necesito saber qué ha ocurrido”, decía al comienzo del episodio 1. Habla la narradora con Pilar Manjón. “¿Por qué eres la presidenta de la asociación de víctimas del 11M, qué te mueve en lo personal?”.
Estas palabras de la narradora son esenciales: “El Gobierno de Aznar trató de hacer creer a la gente que el atentado era obra de ETA. Tres días después perdieron las elecciones”. Es esencial porque no se limita a exponer sino que juzga las intenciones, es capaz de saber que no fue falta de información ni inercia, sino un intento objetivo de engañar, de mentir a la gente. No hace lo mismo con las treguas de ETA, por poner un ejemplo, ni con las denuncias de tortura investigadas y desestimadas. El engaño aparece sólo para referirse a un Gobierno que tiene que reaccionar de inmediato a un atentado masivo. Por cierto, es la segunda vez que aparece Aznar. La primera fue un pequeño vídeo en el que se le veía decir eso del “Movimiento vasco de liberación”. Ahora, el intento de engañar a la gente. Lo que no ha salido es el intento de asesinato por parte de ETA, del que salió ileso.

“Qué es lo que las víctimas pueden aportar a la sociedad y qué papel tenéis que tener”. Esto se lo pregunta a Pilar Manjón, la presidenta de una asociación de víctimas de los atentados yihadistas del 11M. En un documental sobre ETA. Esto no se lo ha preguntado a víctimas de ETA. En el documental, las víctimas de ETA han hablado sólo de perdón, de la necesidad de la calma interior, de claveles rojos y blancos. Es también lo que dice Pilar Manjón.

La narradora pasa a explicar que tras el 11M ETA no cometió ningún atentado mortal en dos años, que “según el Ministerio de Interior” la cúpula de ETA fue descabezada hasta en 15 ocasiones en esa década, que casi 1.400 personas fueron detenidas “acusadas de pertenecer o colaborar con ETA”. Aparece una imagen de Thierry detenido, otra de Txeroki en un periódico, en el titular se puede leer “ETA pierde a su jefe más sanguinario”, se puede leer si le das al pause, y puedes saber quién es y qué hizo si tienes más de 25 años y has leído algo, difícilmente si tienes 15 ó 17 años. Sigue. “Las ilegalizaciones de la izquierda abertzale ya habían empezado, pero todavía se mantenía en las instituciones”. Ya es la segunda vez que lo expresa así. Como si fuera un proceso, un acto arbitrario de una deidad omnipotente. La idea de ilegalizar es que alguien pone algo donde no había nada. Aleja la idea de que había gente que alternaba su condición de político con su condición de miembro de ETA, o la idea de que ETA tenía tanto una rama terrorista (“armada”, dirían la narradora y los miembros de ETA) como una rama política. La idea es que la izquierda abertzale fue ilegalizada, y así la idea de que ETA formaba parte de la izquierda abertzale, de que dirigía la izquierda abertzale, pasa fácilmente al cajón de “la famosa tesis del Todo es ETA” que mencionaba la magistrada Biurrun, y hoy aparecía en El Mundo la denuncia de que en dos institutos de Vitoria varios alumnos habían realizado un homenaje a un preso de ETA, y también había carteles con su cara y banderas de Presoak Etxera, y me acuerdo también de aquel instituto de Hernani en el que otros alumnos se reunieron durante el “Gudari Eguna” con fotos de etarras y el mensaje de Agur eta Ohore, pero eso, que las ilegalizaciones de la izquierda abertzale ya habían empezado, la foto de la detención de Thierry, quién será ese señor gordo que parece estar pasándolo mal.

Ahora entra en escena Ibarretxe. La voz en off explica quién fue y qué hizo Ibarretxe, la narradora sonríe mientras habla con él por la calle. Explica cómo Ibarretxe fue a defender un nuevo estatuto que reconocía el derecho del “pueblo vasco a decidir su futuro”. “Lo hice subiendo a esa tribuna sin llevar ningún tipo de armas”, dice a la narradora Ibarretxe.
“Éste es el velódromo de  Anoeta en un mitin de la izquierda abertzale en 2004. Batasuna ya había sido ilegalizada (¿Pero por qué? ¿Qué base había, Jonan? ¿No hubo recursos? ¿Tal vez tuvo que pronunciarse el Tribunal Europeo de Derechos Humanos? ¿Y qué dijo? ¿O mejor no decir nada? Al fin y al cabo, estamos en el minuto 8. Hace muy poco hemos escuchado a un señor decir en euskera que el Estado por dentro es oscuro, muy oscuro) y por primera vez, su líder, Arnaldo Otegi, apostó claramente por las vías democráticas”. Su líder, Arnaldo Otegi, había apostado previamente por las vías del secuestro, en ETA, y puesto que estaba en ETA, por el asesinato, la amenaza, la extorsión. Pero no ha habido tiempo para mencionarlo en estos 88 minutos. “Es más difícil hacer la paz, a veces, que hacer la guerra. Hacer la paz significa sacar el conflicto político y armado de las calles y llevarlo a la mesa de negociación. Buscar la alianza de nuestros adversarios y llegar incluso al final, a buscar la complicidad de nuestros enemigos”. Quién es este Otegi, podría preguntarse un alumno de ESO o Bachillerato. Un hombre que apostó por la paz, claro. Un hombre que empieza a tener historia sólo desde ese momento.


Aparece ahora Jesús Eguiguren. “La política no hacía nada por acabar con ETA, porque estaban ya las posiciones fijadas, ETA mataba, venía el ministro o el Presidente, estaba unos minutos con los familiares, se iba a Madrid, hacía declaraciones… en fin, todo era ya una rueda que estaba engrasada desde hace años y que funcionaba, pero que nadie hacía nada distinto para pararlo”. Cuál será la idea que se transmite con estas palabras. Unos hacen una cosa, los otros hacen otra cosa, y así todo el tiempo. Unos, otros. Y la cosa funciona, es decir, tiene un propósito, un diseño, cumple unos objetivos.
Narradora: “Jesús Eguiguren no parece un político. Dice que su obsesión ha sido siempre conseguir la paz”. Y esta presentación, qué. Qué idea transmite. De Eguiguren y de los que, en fin, imagino que sí parecen políticos. Cuál sería la obsesión de éstos. Porque cuál no era ya lo sabemos, o ya lo sabrán quienes vean esto en un aula. ¿Mantener funcionando la rueda? Sigue la presentación. Y la narradora dice esto: “Jesús y Arnaldo se conjuraron para conseguir la paz”, se reunieron durante cinco años en el caserío de Peio. No puede haber un único relato, suele decir Jonan Fernández. Imagino que lo que quiere decir es que hay un relato, uno, en concreto, que no puede ser el único relato. Éste está quedando bien engrasado. Otegi, el hombre de paz. Repaso a las negociaciones de ETA con el Gobierno español. Reunión en Bruselas con Josu Ternera, ¿quién será Josu Ternera?, nadie, claro. Sigue la conversación entre la narradora y Eguiguren. “¿Y tú cómo sabías que lo que estabas haciendo estaba bien?” “Todo lo que habíamos hecho hasta entonces el Estado lo podía asumir. Es decir, ni habíamos vendido Navarra, ni habíamos dicho que iba a haber amnistía, todo iba dentro de los cauces democráticos”. Explica después Eguiguren que, en un momento dado, aparece Thierry (quién será ese señor gordo), desaparece Ternera. Peticiones de amnistía. “No pensarás que va a salir el que mató a Miguel Ángel Blanco. El primero, porque para nosotros tiene más mérito el que se ha picao a 15 que el que ha quemao un autobús”, sigue explicando Eguiguren. “El atentado de la T4 te pilla en una reunión con Arnaldo Otegi”. “Él quería que transmitiera al Gobierno que esto no era el fin… Y yo, es el fin, el Gobierno no puede seguir negociando después de esta bomba. Éramos conscientes de que en Batasuna iba a haber una especie de rebelión, oye, este loco nos ha jodido la salida digna que hemos conseguido”.

Aparecen dos mujeres, dos “víctimas de la violencia” que no se conocían antes de la reunión en Irlanda, en Glencree. Una es Mari Carmen Hernández, viuda de Jesús María Pedrosa, concejal del PP asesinado por ETA. La otra es Axun Lasa, la hermana de Jose Antonio Lasa, asesinado por el Gal. Porque Euskadi, la historia reciente, es la historia de dos violencias. Todo empieza con el franquismo, y después ETA, la abstracta ETA, y el Estado. Hay matices importantes, y hay matices, detalles, en los que no se puede entrar. La aceptación social de una y otra violencia, la complicidad, ¿sería la misma, ETA y el terrorismo de Estado?. La duración de ambas. Qué efectos produjeron. La recepción de quienes formaron parte de esas dos violencias en la actualidad, cómo son tratados. La presencia y justificación de esas violencias en el entorno social. Nada de todo eso. Es la historia de dos violencias, y punto. Hay sufrimiento en los dos lados. Y Otegi hizo posible la paz. Quién era ese señor gordo al que se llevaban detenido. Quién será el que mató a Miguel Ángel Blanco, ¿ha aparecido Txapote en estos 90 minutos? Nadie, nadie. Sólo lo abstracto.

Aparece ahora Paul Rios, la Conferencia de Paz de Lokarri. Vuelve Elkarri, director, guionista, productor y protagonista. “¿Por qué en 2011 ETA decide cesar la lucha armada sin negociar? Para tratar de entenderlo vamos a retroceder diez años, hasta el principio de la década”. Habla de Aralar. Cifras de muertos por año tras Lizarra. 11M. Tregua de 2006. Bomba de la T4, “matando a dos personas”. Quiénes, hombre, un poco de vergüenza. Quiénes eran esas dos personas. ¿Tenían hijos, familiares, amigos, o eran sólo tinta en un periódico? Otegi. Rubalcaba. ETA mata a dos guardias civiles en 2007. ETA mata a cuatro personas más al año siguiente. Aparecen los retratos, quien los conozca previamente sabrá ponerles nombre. “Y a otras tres en 2009. Ese mismo año cinco miembros de la izquierda abertzale son encarcelados por tratar de reorganizar a la ilegalizada Batasuna”. ¿Pero cómo que es imposible un relato único, Jonan? Si ya casi lo tienes, hombre. Rafa Díez y Otegi condenados a diez años, el resto a 8. “El proceso de ilegalización de la izquierda abertzale comenzó siete años antes, con la ley de partidos. Durante ese tiempo fueron ilegalizados más de diez partidos y plataformas electorales, hasta que en 2008 y 2009 la izquierda abertzale no pudo presentarse a las elecciones. Durante esta década casi 1400 personas son detenidas acusadas de pertenecer o colaborar con ETA”. Es la misma redacción que la de Gara/Naiz. Siempre son acusados de, nunca condenados por. La gran plaga de detenciones que cayó del cielo. O que vino desde las entrañas del Estado, tan oscuro por dentro. “Según el Ministerio de Interior, 22 de ellas pertenecían a la cúpula, la mayoría no llegaba a estar un año en la dirección de ETA antes de ser detenidas”. Según, es importante ese según. Porque después dice que la izquierda abertzale, tras numerosas asambleas, pide algo a ETA. Da igual lo que pida. Lo importante es dejar claro que la izquierda abertzale, agente 1, pide a ETA, agente 2. Porque 1400 personas son detenidas acusadas de, nunca condenadas, y porque Garbiñe Biurrun y la famosa tesis del Todo es ETA. La izquierda abertzale nunca tuvo nada que ver con ETA, hombre. Otegi, el líder de la izquierda abertzale. Quién será ese señor gordo, y no, no me suena, ¿Luis Abaitua, dice? No, lo siento. Rufi Etxeberria, Sortu: “La izquierda abertzale rechaza y se opone al uso de la violencia o a la amenaza de su utilización para el logro de objetivos políticos”. Pocos meses después, la conferencia de Aiete.

Retrocedemos un par de minutos: “¿Por qué en 2011 ETA decide cesar la lucha armada sin negociar? Para tratar de entenderlo vamos a retroceder diez años, hasta el principio de la década”. Y allí, diez años antes, la narradora y los alumnos encuentran un relato. La rama política de la izquierda abertzale acabó con la rama terrorista de la izquierda abertzale, pero con otras palabras, claro. El relato no es más que la elección de las palabras precisas para presentar unos hechos como si fueran otros hechos. ¿Y qué hay de las causas? ¿Por qué haría eso la izquierda abertzale? ¿Qué peso tuvo la actuación policial? ¿Qué podía hacer ETA, qué es lo que quedaba de ETA? Nada. No hay nada. Y aparece Patxi López. “Como Lehendakari ¿qué responsabilidad sentiste?” “Una vez que habíamos acabado con la violencia, ¿cómo consolidábamos la convivencia de los que somos distintos en este país?” Hay demasiadas cosas ahí. Dice también que todavía tenemos esto último pendiente, sobre todo una parte, cuánto le cuesta a Bildu decir que esto no debió haber pasado. Pero son siempre las mismas fórmulas vacías. ¿La violencia? ¿Qué violencia, la de las olas en San Sebastián, la de los coches? ¿La convivencia de los que somos distintos? ¿De los que somos distintos en qué sentido? ¿No será la convivencia entre quienes eran asesinados y amenazados y quienes aún siguen pensando lo mismo, entre quienes eran asesinados y quienes celebraban los asesinatos y homenajean a los asesinos? ¿Qué es lo que impide que Patxi López hable claro ni siquiera ahora, ni siquiera en una unidad didáctica como ésta? ¿”En este país”, Patxi?

Aparece ahora Borja Sémper. “Comparto espacios políticos con quienes hubieran justificado que a mí me mataran. Lo mínimo esperable es que digan que que su comportamiento estuvo mal, que se equivocaron”. Narradora, sonriendo: “Hoy mismo vamos a estar con Hasier Arraiz, que como tú ha sido padre recientemente”. “¿Tú te imaginas a tu hijo y al suyo jugando en el parque, siendo amigos?” “Sí, claro. Nosotros tenemos la obligación de construir las condiciones  para que puedan vivir en esa Euskadi y que no sea una mochila cargada de piedras las circunstancias que sus padres tuvieron que vivir”.

La circunstancia de Hasier Arraiz es que de joven fue miembro de Jarrai y de mayor fue miembro de ETA. No según el Ministerio de Interior, no acusado de. En el juicio en el que fue condenado, reconoció que formaba parte de ETA. Ésa es la circunstancia del padre.

“Hasier, ¿cuántos años has pasado en la cárcel?” “Pasé dos años y medio en la cárcel”.
“A ti personalmente te tocó vivir la época de las ilegalizaciones de la izquierda abertzale”. “Sí, dormíamos con un ojo abierto porque siempre teníamos un coche de la policía debajo de casa, es decir, unas condiciones en las que es realmente muy difícil hacer política. No soy quién para decirle a nadie qué autocrítica tiene que hacer pero sí que me gustaría que fuera compartida”. Unas condiciones en las que es muy difícil hacer política. La narradora no interpela aquí. Jonan, el Gobierno vasco, no aprovecha para preguntar por las condiciones en las que los concejales del PP o del PSOE hacían política en Rentería, en San Sebastián, gracias a gente como Hasier Arraiz. Hasier, que hacía política en ETA, lamenta las condiciones en las que tenía que hacer política, tenía un coche de la policía en la calle. Dos violencias, dos sufrimientos, a ti se te muere el padre a mí se me pierde el boli.
“¿Y tú personalmente la harías?”
“Yo reconocería que cuando sufríamos no reparábamos en lo que podía estar sufriendo el de al lado, y eso es algo de lo que yo creo que personalmente he participado”.
“Hemos estado con Borja Sémper, que también ha sido padre recientemente como tú y le hemos preguntado si se imaginaría a su hijo jugando con tus hijas, y nos ha dicho que sí”.
“Sí, no esperaba otra respuesta, la verdad. Me gustaría que los que estamos ahora fuéramos capaces de que nuestras heridas las pudiéramos cerrar de modo que no las heredaran nuestros hijos ni nuestras hijas”. El que formó parte de ETA y el que formó parte de un partido político a cuyos miembros ETA, es decir, la izquierda abertzale, puso en la diana: “nuestras heridas”.

“Lehendakari, han sido décadas de violencia. Qué hemos aprendido personalmente, qué has aprendido”. Aparece Urkullu, imagino que para cerrar con el responsable último del documento.
“Tenemos que hacer autocrítica del silencio en el que cómodamente hayamos podido estar instalados aun estando en contra de lo que ha sido el ejercicio de la violencia, y que si nos callamos estamos de alguna manera no justificando, pero sí dejando que no seamos una sociedad sana”. Alabanzas al programa Adi Adian, miles de personas han escuchado a personas como Axun y Mari Carmen.

Narradora: “Lo que escribamos de ahora en adelante está en nuestras manos. Porque es nuestro futuro. Mi futuro. Tu futuro”.

Y así termina esto. Literalmente.

Ni un segundo para el papel de la Iglesia vasca, reparo en ello ahora. Ni Setién, ni Arrieta Pérez de Mendiola, ni Herria 2000 Eliza. Nada. En 100 minutos. Tampoco para la extorsión, el llamado impuesto revolucionario. Ni un segundo para demasiadas cosas.


El quinto y último episodio abarca la década de los 2000. Éstos son los minutos que se dedican a cada una de las escenas:

Madina: 1:45
Asesinatos de Lidón, Lluch, Buesa, López de Lacalle, entre otros: 24 segundos.
Los 38 asesinatos en 2000 y 2001, sin nombres, sólo las profesiones: 27 segundos.
Garbiñe Biurrun, “todo es ETA”: 47 segundos.
Egunkaria: 1:35
Informe del Gobierno vasco sobre tortura y malos tratos, II: 29 segundos.
Pilar Manjón: 1:42
Detenciones, ilegalizaciones, Ibarretxe, Otegi: 1:43
Eguiguren, negociaciones: 2:58
Glencree, Lokarri, Conferencia de Paz: 2:31
Por qué ETA decide “cesar la lucha armada”, Patxi López: 4 minutos.
Borja Sémper y Hasier Arraiz, los hijos: 2:23
Urkullu, final, cerrar heridas: 2:30

Herenegun, 4

CAPÍTULO 4

Años 90.

Espíritu de Ermua. Miguel Ángel Blanco. Ortega Lara, liberado nueve días antes. Apenas unos segundos, sin detalles, sin declaraciones ni valoraciones (sólo aquélla imagen del episodio 2 fue “una imagen terrible”). Y sin nombres. Ni siquiera Bolinaga. Tampoco “Ortega vuelve a la cárcel”, el titular de Egin tras su liberación. Sí aparecieron mensajes de varios agentes y oficiales comentando una operación policial para reprimir una protesta obrera que terminó con varios muertos, en el episodio 2, pero esto no. Habla Totorika, sobre cómo le sorprendió ver en el ayuntamiento a alguien tan joven como Miguel Ángel Blanco. Habla con Fernando Lecumberri, concejal del PP en Ermua. A Totorika le sorprendió la rotundidad con la que Blanco llamó asesinos a los de ETA en el primer pleno sobre la banda al que asistió, era algo atípico. Imágenes de las manifestaciones que pidieron la liberación de Miguel Ángel Blanco. Imágenes de Totorika dando la noticia desde el balcón de que Blanco ha sido asesinado. Imágenes de personas lanzando gritos contra HB, imágenes de una Herriko incendiada, Totorika intentando apagar el incendio. Y eso es todo. En el asesinato de Miguel Ángel Blanco no hay lugar para García Gaztelu (Txapote), Irantzu Gallastegui o Geresta Mujika, sus asesinos directos. No se pregunta la narradora cómo fueron los momentos previos, qué tipo de persona hay que ser para poner a alguien en esa situación y asesinarlo. Y mucho menos se pregunta por los responsables indirectos, los que prepararon, justificaron y aprobaron el asesinato, también desde la política. No existe Ibon Muñoa, concejal de HB, condenado por prestar apoyo logístico a los etarras para que pudieran secuestrar y asesinar a Miguel Ángel Blanco. Muñoa prestó alojamiento y su coche para que los etarras pudieran llevar a cabo el secuestro y asesinato. Y era, Muñoa, concejal de HB. Todo esto, que explica simplemente mediante la mención, ni siquiera la descripción, no aparece. Jarrai—>HB—>ETA, o directamente Jarrai—>ETA, eran trayectorias frecuentes. Hubo muchos miembros de ETA que previamente habían sido miembros de HB, o que simultanearon las dos ocupaciones. Cuando esto no se explica, la realidad desaparece. Todo lo que venga después parecerá extraño. El “Todo es ETA” parecerá una obsesión, una estrategia ilegítima. Y lo parecerá porque la unidad didáctica ha decidido que ETA era únicamente un ente abstracto. Cómo van a incorporar las relaciones entre ETA y HB, entre ETA y las herriko tabernas, si ni siquiera han tenido la decencia de incorporar las relaciones entre ETA y las personas que constituían ETA. Si ni siquiera Txapote, Potros o Troitiño aparecen en la relación.

Mitin de HB en Anoeta, 1996. La narradora pasa a explicar Oldartzen, lo que se dio en llamar la estrategia de socialización del sufrimiento por parte de HB. Lo que pasa es que la narradora se refiere a ello como “la nueva estrategia política de Herri Batasuna, que apostaba por acumular fuerzas e intensificar la lucha en todos los frentes”. No se ve si hay o no comillas. Y desde luego no se dice “socialización del sufrimiento”.
Aumento de actos de violencia callejera, modificación del Código Penal, que “endureció las condenas contra la kale borroka, y consideró terroristas a los jóvenes que participaban en ella”. Es el Código Penal el que considera, decide considerar, terroristas a quienes participan en actos de “violencia callejera”. Es el Código Penal el que decide, con su capacidad de nombrar, otorgar a la “violencia callejera” una consideración que, hay que deducir, no era parte de su naturaleza. Porque lo que la narradora, y por tanto Jonan Fernández y el Gobierno vasco, están diciendo es que no había una vinculación real entre “los jóvenes” que quemaban cajeros o autobuses y ETA. Esa vinculación la puso el Código Penal, el Estado.  “Entre 1992 y 2007 más de 1500 jóvenes fueron fichados o detenidos por kale borroka, uno de cada cuatro era menor de edad”. De nuevo, “jóvenes”. Y frente a la pantalla, mirando y escuchando, estudiantes de 15 y 17 años. Imágenes de una paliza a un ertzaina de paisano en fiestas de Bilbao, tres años después intentaron quemar su coche. No hay nombres. Nada de “imagen terrible”, nada sobre la presencia permanente de ETA en las fiestas.

Gregorio Ordóñez. “ETA lo mató de un disparo en la cabeza”. “Poco después, ETA dijo en una entrevista”. ETA mata, ETA dice, pero son personas concretas las que matan y dicen, y se sabe quiénes mataron, pero nunca aparecen en la unidad didáctica que pretende explicar lo que ocurrió a los alumnos de ESO y Bachillerato. No se sabe, es verdad, quiénes son los que decidieron profanar la tumba de Ordóñez una y otra vez, algo que tampoco se menciona en la unidad didáctica. “Errores y horrores que nunca deberían repetirse”, advertían Jonan Fernández y el Gobierno vasco al inicio, “Necesito saber qué ha ocurrido”, decía la narradora al comienzo. Al parecer, no necesita saber todo lo que ocurrió. No necesita ella, y por lo tanto no necesitan los alumnos.
Continúa con la cifra de políticos asesinados por ETA. Números, retratos rápidos. 8 segundos.

La narradora habla con una persona, en euskera. No se trata de Valentín Lasarte ni de García Gaztelu, Txapote, condenados por haber asesinado a Gregorio Ordóñez. Tampoco es Consuelo Ordóñez. Se trata de Carmen Guisasola, disidente de ETA, a la que la narradora pregunta por qué entró en ETA. “Por el ambiente que había, el franquismo nos tenía aterrorizados”. Cuenta también que en un determinado momento entendió que aquello no estaba bien, y que no debería haber ocurrido. La narradora le pregunta qué estrategia siguió ETA después de las fallidas negociaciones de Argel. Guisasola responde: “Lo que se llamó socialización del sufrimiento. Golpear a personas que tenían poco poder, personas que no tenían poder. Concejales, periodistas. Para extender todo el sufrimiento que se pudiera a toda la sociedad. Y después por otra parte se impuso a los jóvenes la estrategia de la lucha callejera”. Explica lo que fue aquello, lo que era ETA, sin eufemismos ni racionalizaciones. Describe lo que hizo con las palabras precisas. Esto es lo que más se acerca a eso que se llama arrepentimiento, que normalmente no es más que un engaño sostenido en un autoengaño. Quien ha formado parte de una banda terrorista, quien ha asesinado, como Guisasola, sólo tiene una opción: describir lo que hizo. No hace falta nada más. Desde luego no hace falta la valoración, que no supone nada más que concederse el perdón y concedernos la capacidad de comprender y perdonar, y lo que es peor, de desentrañar si su arrepentimiento es sincero. Hemos visto muchos ejemplos de esto. Es comprensible en quienes fueron víctimas, en las víctimas que buscan sentido a lo que pasó. Pero no en quienes tienen la función de ayudar a poner orden en el mundo mediante las palabras. Los periodistas, que deberían ser como una hoja en blanco, nunca como un escritor. Guisasola, en estos segundos, utiliza las palabras para describir la realidad. No para sobrevolarla, no para forzar una realidad que nunca podrá existir, la del “ojalá”, en la que podrían haber sido otros. Al limitarse a esto, quienes escuchan no tienen la tentación de elaborar un viscoso “yo te creo”. Quienes escuchan pueden limitarse a aprender, si no sabían. Poco. Seguramente Guisasola podría decir y hacer más. Pero al menos lo que dice no reduce, no distorsiona la realidad.
Aparece Argel, el proceso en Irlanda, etc.

Ahora presenta a Ardanza. Mencionan, ahora, el atentado de la Casa Cuartel de Zaragoza, murieron 11 personas, 5 niñas, alguna imagen, una de ellas de una de las niñas, ninguna merece la valoración de la narradora, no hay “terrible” en esta ocasión. Rumores de ruido de sables, dice Ardanza, algo había que hacer, Pacto de Ajuria Enea. “Al final, y esto es lo triste, ETA ha perdido todos los trenes que los demócratas hemos ido poniendo en distintas estaciones”.

Elkarri, cómo no. “Nació para conseguir un acuerdo de paz”. “Consiguió por primera vez que HB y PSE participaran juntos en una manifestación por el diálogo”. Jonan Fernández, en su juventud. Bittor Aierdi explica qué es lo que querían hacer en Elkarri. Más Elkarri, grandes éxitos, dificultades, escepticismo. Viajaron a Irlanda, vuelve a salir Jonan Fernández. Música optimista. Es su programa, hay que entenderlo. Elkarri, que se dedicó exclusivamente a las buenas intenciones, empeño en el que no es posible el fracaso. Mesas de paz, mesas con víctimas “de violencias diferentes”. “El diálogo es la única salida”. El diálogo será el protagonista a partir de ahora, seguramente. “¿Por qué aquí no hubo un proceso que llevase a la paz, como sí ocurrió en Irlanda?”, pregunta la narradora al cofundador de Elkarri. Probablemente ahora viene el todos tenemos parte de culpa. “Yo creo que todo el mundo tiene que hacer una reflexión autocrítica… yo ahora no quiero señalar culpables, pero creo que todo hubiera ido mucho mejor si muchísimo antes se hubieran hecho muchas cosas que se han acabado haciendo después”. La claridad de Elkarri.

Ahora, Egin. El cierre. No antes, claro. No las coincidencias entre las señales en el periódico y los posteriores asesinatos de los señalados. No las reacciones en el periódico a los asesinatos, no los textos, por ejemplo, de Martin Garitano. No el “Ortega vuelve a la cárcel” ni “El Gobierno no se movió y ETA disparó contra el edil del PP”. Imágenes del cierre, incautaciones, Garzón. Egin sólo aparece cuando lo cierran, ésa es toda la relación del periódico con ETA que llegará a los alumnos. Porque los detalles deben ser sólo para el diablo, hay estudiantes observando. Garzón, el cierre. “Egin tenía entonces 210 trabajadores”. La justicia resolvió más tarde que Egin no tenía que haber sido cerrado, sin más detalles. La detención de la mesa nacional de HB, por “el mismo juez Garzón”, por si a los estudiantes se les enciende alguna luz, Egin no tenía que haber sido cerrado, y ahora detienen a la mesa de HB. Y de ahí al Pacto de Estella, o el acuerdo de Lizarra-Garazi, según dice la narradora. “Las intenciones eran buscar un proceso de paz como el de Irlanda”. Tregua de ETA, Aznar y el Movimiento Vasco de Liberación. La narradora habla ahora con Jone Goirizelaia. Le pregunta qué pensó ella, qué sintió, cuando ETA rompió la tregua. “Una grandísima frustración”, pero después cierta esperanza, porque si ha sido posible una vez puede ser posible más veces. Pero ha sido posible ¿qué, exactamente, Jone? Esto no lo pregunta la narradora. La narradora pregunta amablemente, con una sonrisa: “¿Por qué no condenasteis el atentado de ese militar, en Madrid?” “La izquierda abertzale lo que no ha hecho nunca es algo que el otro quiere que haga porque sí, porque le parezca mejor o peor al otro, a la otra parte. La izquierda abertzale lo que hace es lo que cree que es más conveniente en ese momento”. Fin de la interpelación a Goirizelaia. Fin de la petición de explicaciones a la izquierda abertzale. Y “ese militar”.

Lo siguiente es el documental “Viaje a la dispersión”, de la ETB, en 1998. El documental cuenta la situación de dos familiares de presos de ETA, sus viajes. “El miedo a los accidentes, a los controles de la Guardia Civil, a quedarse sin visita”. Sus miedos, sus sufrimientos. Es imposible un relato que contente a todos, se esfuerza siempre Jonan Fernández en aclarar. En cosas como ésta es donde mejor se ve la voluntad de Jonan Fernández, el relato que el Gobierno vasco quiere llevar ahora a las aulas.
La narradora explica la política de dispersión. “El objetivo declarado era romper la unidad del colectivo de presos, pero las consecuencias las sufrieron sus familiares”. Imágenes de niños, ahora sí. Éstos sí. “Ésta es Gurutze Yanci”, pasa a decir la narradora, vemos una foto de ella sonriente. Concejal de Herri Batasuna, fallecida después de ser detenida en un cuartel, marcas de golpes, infarto, le recetan jarabe para la tos. “Nunca se supo por qué fue detenida”. El hilo. Ahora el fin de la mili. Vídeo en el que se ve a un joven durante el servicio militar obligatorio. “Los objetores de conciencia no saben lo que se pierden. Esto es vida”. Por alguna razón vemos esa imagen de un joven que disfruta en el ejército. Rafa Sainz de Rozas explica la desobediencia civil, la insumisión. También por alguna razón deciden incluir esto. Pero no otras cosas que ocurrieron en los 90, cosas directamente relacionadas con ETA. “La lucha de los antimilitaristas”. Cuánta gente pudo cumplir condena por insumisión, pregunta la narradora. Unas 2.000 personas. El entrevistado explica que estaban en contra de todo tipo de militarización, venían de las luchas no violentas. “¿Y toda la sociedad compartía esa idea aquí?”, pregunta la narradora. “Naturalmente que no. Aquí había gente que justificaba una violencia y estaba en contra de la otra”. Una y la otra. ETA y el servicio militar. Una violencia, otra violencia. “Una sociedad azotada, dividida y atemorizada por la violencia”, decía la narradora, es decir, Jonan Fernández y el Gobierno vasco, al comienzo del primer episodio. El activista de la desobediencia civil intenta explicar por qué era una contradicción “estar en contra de una violencia y a favor de otra”, donde una sería ETA y otra el ejército, o al revés. “Lo que aportó el movimiento antimilitarista fue decir estamos en contra de la mili porque estamos en contra de la militarización, y estamos en contra de la violencia como medio para alcanzar fines políticos. Ese discurso es muy potente, y era muy potente en un momento en el que había gente que le parecía muy mal ETA pero que le parecía bien encarcelar a la gente por negarse a aprender a matar. Y había gente que le parecía muy mal encarcelar insumisos pero no tenía nada que decir ante los asesinatos de ETA”. Ni ETA ni la mili. La claridad moral de siempre.

Juan Mari Jauregi, que tuvo que abandonar el País Vasco por las amenazas de ETA y que finalmente fue asesinado. Habla Maixabel Lasa, la viuda de Jauregi, su trabajo por la convivencia, desterrar el odio, directora de la Oficina de Víctimas del Gobierno vasco, etc. Y de la experiencia de familiares con presos de ETA, la necesidad de las segundas oportunidades para todos los presos de ETA, las conversaciones, lo bien que se sintió cuando ella participó en una. “Y con Ibon Etxezarreta ya he tenido más relación”, éste sí con nombre. Faltan los otros dos, faltan las condenas. En su lugar, el arreglo floral. Maixabel Lasa, sobre Etxezarreta, uno de los asesinos de su marido: “Y luego además el año pasado apareció en el homenaje a Juan Mari en Legorreta. Entonces venía con trece claveles rojos y uno blanco. Y me dijo mira Maixabel, los trece claveles rojos simbolizan los trece años anteriores míos y el blanco significa este año que vengo a acompañarte y a recordar a Juan Mari”.

Esta entrega acaba así. Los 90 acaban así. Ni una sola referencia a la librería Lagun, a los ataques que recibió ya en los 80, y que se recrudecieron en los 90, ninguna a referencia María Teresa Castells, dueña de la librería y casada con José Ramón Recalde, ni a las pintadas contra éste que aparecían en la librería, hasta que finalmente un miembro de ETA le disparó en la calle, atentado del que afortunadamente salió con vida. No se menciona cómo tuvieron que cerrar la librería en la Parte Vieja de San Sebastián y abrirla en otra zona, aunque en el primer episodio sí hubo un espacio considerable para las iniciativas culturales vascas. Nada, no existió Lagun, no forma parte de “lo que ocurrió”, de eso que la narradora necesitaba comprender. Ni una sola referencia a Basta Ya, creada en 1999. Ni una sola referencia a Rentería, a los asesinatos de los concejales José Luis Caso y de Manuel Zamarreño, en fila, primero uno y después sus sustituto. Tampoco aparece Kepa del Hoyo, el etarra que falleció en la cárcel en 2017, condenado por dos asesinatos cometidos en los años 90, y cuya muerte motivó la aparición de pintadas y carteles en su honor y una gran manifestación de la izquierda abertzale, para despedirlo con honores. No hay tiempo para todo, aunque sí lo ha habido para el movimiento a favor de la insumisión. No hay más nombres, no hay imágenes de Txapote, De Juana, Josu Ternera. ETA mataba y decía en abstracto, siempre. Eso será lo que aprenderán los alumnos de ESO y Bachillerato.

El cuarto episodio abarca los años 90. Éstos son los minutos que se dedican a cada una de las escenas:

Miguel Ángel Blanco, Ermua, tensión HB: 3:10
Ortega Lara: 14 segundos.
Oldartzen, HB, atentados, kale borroka: 1:24
Gregorio Ordóñez: 39 segundos.
Políticos asesinados por ETA: 8 segundos.
Carmen Guisasola: 2:47
Ardanza, Ajuria Enea: 1:44
Elkarri: 1:54
Egin, detención mesa HB, tregua, Goirizelaia: 3:03
“Viaje a la dispersión”, Gurutze Yanci, insumisos: 3:31
Juan Mari Jauregi, Maixabel Lasa: 3:32
Basta Ya, Lagun: 0 segundos.
José Luis Caso, Manuel Zamarreño, Rentería: 0 segundos.
Portadas y artículos de Egin tras asesinatos: 0 segundos.
Valentín Lasarte, Txapote, De Juana Chaos, Josu Ternera: 0 segundos.