La moralización de la política

Esta mañana he leído el último relato que ha hecho ETA sobre ETA en Gara. El problema de haber cedido la historia de ETA no a los hechos sino a los relatos es que esto es un relato más, en competencia con otros. Esa cesión es obra del Gobierno vasco, mediante Gogora, el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos, y de Jonan Fernández.

En 2016, el Gobierno vasco presentaba en el Instituto las conclusiones de los grupos de trabajo formados en torno a la iniciativa Memoria Plaza, cuyo fin era “construir una memoria compartida y plural”.
Cito el último párrafo de la página en la que se resumieron las conclusiones:

Construcción de una memoria plural

Según los testimonios y las conclusiones extraídas de los grupos de trabajo, ha quedado patente que la memoria es poliédrica. En este sentido, es cometido de Gogora y de las instituciones en general, dar cauce a la participación plural en la configuración de la memoria de todas y todos. A juicio de la directora de Gogora, Aintzane Ezenarro, es necesario realizar una mirada mirada retrospectiva crítica para construir una convivencia más democrática basada en la empatía y el diálogo.

A partir de ahora, el objetivo será visibilizar y ampliar la iniciativa Memoria Plaza. La idea es divulgar estas memorias plurales y crear espacios para que quien quiera pueda dar su testimonio.

Jonan Fernández es el Secretario General de Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación del Gobierno vasco. En noviembre de 2015 los medios recogieron unas declaraciones del responsable del Gobierno vasco en una jornada del Instituto Gogora. Entre ellas destacaban la siguiente: “no es posible un acuerdo completo de interpretación del pasado”. Fernández declaró que el Instituto Gogora debía gestionar “la memoria de acontecimientos traumáticos diferentes, con lecturas divergentes”. También defendió que la política pública sobre la memoria debía consistir en “promover un diálogo libre entre memorias cuya base sea el respeto al pluralismo”.

Ahora, si hay tiempo y ganas y si aún no se ha hecho, recomiendo leer el relato que ETA hace sobre ETA en las páginas de Gara.

Entre todo el relato, más allá de la mutilación de los hechos mediante el lenguaje, en la que colabora Gara, aparece este no-hecho: “ETA reconoce que nada de eso debió producirse jamás”. Este no-hecho quedará como hecho oficial, es decir, como una de esas lecturas divergentes con las que habrá que dialogar. Y es mentira. Basta con leer el documento de ETA que publica Gara.
Si fuera cierto, no sería compatible con esto.

Si fuera cierto debería haber llevado, al menos, a una concesiva al final de cada hazaña relatada: “aunque nada de esto debió producirse”.

Más cerca de la verdad está lo que colocan al final del segundo párrafo. La decisión fue, en la medida en que fuera una decisión real y no la consecuencia inevitable de su derrota, una cuestión estratégica. Esto no es compatible con la nota moral del “no debió producirse”.

Hay otro momento importante en el relato dentro del mar de relatos que defiende el Gobierno vasco. Es el que se refiere a Lemóniz como “la batalla que ganó el pueblo”. Hay que leer detenidamente lo que viene después del paréntesis.

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Lemóniz es el ejemplo perfecto de los efectos que ETA produjo en la sociedad. Estos efectos fueron principalmente, y en cierta medida siguen siendo, el miedo y la complicidad. Y estos efectos han configurado la política vasca desde que ETA comenzó a actuar.
Pero estos efectos no se explican en el relato de ETA en Gara. Y como en lugar de historia tendremos relatos, muchas personas creerán que Lemóniz fue una lucha ejemplar y una victoria del pueblo, en lugar de lo que en realidad fue.
Lemóniz fue, entre otras cosas, lo que cuenta aquí Leyre Iglesias. Fueron asesinatos, secuestros, amenazas, pero no únicamente eso. Porque todo eso tuvo unos efectos, que eran el objetivo real de ETA. El objetivo del terrorismo es siempre lo que el terrorismo genera en la sociedad, no los asesinatos. Éstos son los medios.
Los primeros asesinados fueron Andrés Guerra Pereda y Alberto Negro Viguera, dos trabajadores en la central. La información la dio Torre Altonaga, otro trabajador en la central.

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Después fue el turno de Ángel Baños Espada.

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Después, el secuestro y asesinato de José María Ryan Estrada.

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Y después, el asesinato de Ángel Pascual Múgica, el sustituto de José María Ryan. El hijo de Ángel Pascual Múgica resultó herido, y esto es algo en lo que no se suele reparar, porque no es el hecho principal. Pero el hecho es que todos los asesinatos dejaron familiares heridos.

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En el párrafo anterior se ve cómo son los efectos del terrorismo los que conducen a la “victoria popular”, que no es otra cosa que la derrota de la sociedad.
ETA asesinó a cinco personas en Lemóniz, pero los efectos fueron más allá. Las vidas que destrozó fueron muchas más.

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Éste era el método. No sólo el asesinato, no sólo la extorsión. También la presión psicológica constante, hasta conseguir la degradación de la víctima.

 

Un herido más:

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El último herido aparece en la entrada de Wikipedia sobre Lemóniz. En el nombre y en el orden de los episodios se manifiesta también la derrota de la sociedad (y) del conocimiento.

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El mero hecho de decir todo esto imagino que aviva el odio y genera crispación. Porque los hechos son rígidos, mientras que las memorias y los relatos son agradables y respetan a todas las partes. También a quienes asesinaron en Lemóniz, y a quienes ayudaron en la “victoria popular”. Y también, claro, a quienes compran el Gara, leen el parte de ETA y siguen con su vida, reafirmados en que aquello “no debió producirse jamás”, pero al mismo tiempo fue justo y necesario.

Para terminar: la política es, antes que nada, una cuestión moral. La política, y la ciudadanía, es antes que nada las barreras morales que hay que levantar. La política puede ser gestión técnica y desapasionada en algunas sociedades; no en la nuestra.
No creo que haya más importante en política que levantar y defender las barreras morales que nos sitúan frente a los que asesinaron en Lemóniz, frente a los que colaboraron, frente a los que lo defienden y frente a los que compran ese relato. Todo lo demás es importante o muy importante. Pero esto es esencial, y deberían entenderlo todos los partidos y, especialmente, todos nosotros. En este nosotros deberíamos estar todos los que no pertenecemos a ese “nosotros” que significa Gara.

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Frenar al fascismo

Durante años, incluso durante aquellos años, una parte importante del periodismo en España recordaba con frecuencia que el voto era siempre legítimo, que debían respetarse las elecciones de todos los votantes y que todos los partidos eran, en cuanto a organizaciones políticas, igual de aceptables. Cuando repetían eso lo hacían para defender la presencia de un partido concreto, porque sólo se discutía la presencia en la política española de ese partido.

Esa parte del periodismo repetía que ese partido representaba una sensibilidad determinada. Y que sus votantes no podían quedarse fuera de la representación política.
Pero ese partido, que tuvo varios nombres, no era un partido más. Al fin y al cabo, ninguno de los otros partidos era el brazo político de una banda terrorista.
Ese partido representaba la sensibilidad de quienes ayudaron en la supervivencia de ETA, la de quienes colaboraron con sus secuestros y asesinatos, aunque fuera con los votos, y la de quienes eliminaron a votantes y concejales de otros partidos, mediante bombas y balas o simplemente mediante la posibilidad de la bomba y la bala.

Una parte del periodismo en España, con más o menos intensidad, defendió que también ellos debían ser parte del juego político, que lo importante era que todos se sintieran representados. También los que se dedicaban sistemáticamente a impedir la condición esencial de la representación, que es el mantenimiento de la vida. Ese partido ha tenido varios nombres, decíamos, y hoy gobierna en Rentería. Sus votantes allí sí están representados, y una parte aún más importante del periodismo celebra que ya no exista la banda terrorista de la que formaban parte.
La banda terrorista asesinó a finales de los noventa, en menos de un año, a dos concejales de otro partido político. Primero a uno, después a quien los sustituyó. Ese partido político hoy no cuenta con ningún concejal en ese pueblo. Sus votantes, esa sensibilidad, no están representados.

Una parte del periodismo jamás intentó explicar por qué estaba mal no sólo lo que hacía ese partido, sino votar a ese partido. No entendió que al votante a veces había que ponerlo frente a las consecuencias de su voto. No entendió que era posible votar mal, que votar podía ser parte del mal, y que lo que había que hacer con quien formaba parte del mal, aunque fuera por respeto, era decírselo a la cara. Mirándolo a los ojos, dirían hoy.

Otra parte del periodismo, o tal vez la misma, acaba de despertar en España. Se han activado los resortes y se han afilado los lápices. Un partido poco presentable ha reunido a 10.000 simpatizantes en Vistalegre. Es un partido con propuestas que van de lo ridículo a lo peligroso. Un partido populista, demagogo, nacionalista y con una retórica inflamada. Y en respuesta a esos 10.000 simpatizantes, algunos periodistas ya están hablando de cómo frenar al fascismo. No de cómo informar sobre el fascismo, imaginado, exagerado o realmente existente, sino de cómo frenarlo. Porque hay sensibilidades políticas que no deben tener representación, y porque los votantes también deben ser objeto de la crítica.

Sería interesante comprobar qué dijeron en su día sobre la sensibilidad de la izquierda abertzale. Qué estrategias desarrollaron, qué líneas trazaron y qué resortes se activaron.
Sería interesante porque todas las sensibilidades del periodismo son igual de legítimas. Pero, como ocurre con el voto, a veces es conveniente mostrar las consecuencias de nuestras elecciones.

Escondidos en el bosque

Hoy hace un año falleció en la cárcel, mientras hacía deporte, el etarra de Galdácano Kepa del Hoyo.
Del Hoyo cumplía una condena acumulada de 30 años. En febrero de 1997, Del Hoyo participó en el asesinato del policía nacional Modesto Rico Pasarín. Se encargó de proporcionar información como la descripción del policía, la descripción de su coche y sus horarios. ETA colocó una bomba en su coche. Cuando explotó, el cuerpo de Modesto Rico salió despedido y chocó contra el muro de un colegio en Santutxu.
En septiembre de 1997, Del Hoyo asesinó al policía nacional Daniel Villar mediante una bomba lapa.

Unos días después de su fallecimiento, la izquierda abertzale convocó una manifestación en Galdácano. Acudieron miles de personas. Entre ellas, Arnaldo Otegi, Arkaitz Rodríguez y Kubati. También Eulàlia Reguant y la huida Anna Gabriel.
Antes de la manifestación los abertzales locales habían colocado varias pancartas por todo el pueblo para recordar y ensalzar la figura del etarra, y para agradecer su “lucha”. Después de la manifestación, varios dirigentes de la izquierda abertzale ocuparon una plaza para dar los discursos habituales. Durante uno de esos discursos se leyeron los nombres de los etarras de Galdácano que aún siguen en la cárcel. Entre ellos Txapote, Bienzobas o Krutxaga. Mientras los leían, los simpatizantes aplaudían.

A pesar de las pancartas de elogio y agradecimiento a un terrorista por su actividad terrorista, a pesar de los aplausos a los terroristas que aún están en la cárcel, esto no fue considerado enaltecimiento del terrorismo. Se pudo celebrar con total normalidad, y sin que se viera resentida la convivencia.

Eso fue hace un año. Hoy Sortu había convocado un acto, también en Galdácano, en recuerdo de Kepa del Hoyo. Apenas ha aparecido en redes sociales. Hace un par de días colocaron un cartel en dos o tres puntos del pueblo, y duró unas horas. Extrañaba este secretismo, cuando hace un año la izquierda abertzale exhibió su miseria con el beneplácito de las instituciones.

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El homenaje de hoy no era en una plaza del pueblo, sino en un bosque en el monte. A diez minutos a pie del Ayuntamiento. Una hora antes del acto ya estaba todo dispuesto. Un escenario con la foto de Del Hoyo, banderas, sillas, altavoces, un generador, música y hasta una dantzari.

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Sortu había convocado una pequeña marcha para llegar hasta el claro en el que finalmente se ha celebrado. En el punto de encuentro habría unas cincuenta o sesenta personas. Tal vez menos.
Ha pasado más de una hora desde que ha comenzado el acto y aún no he sido capaz de encontrar alguna foto en redes sociales.

Ha sido extraño todo lo que ha rodeado a este acto, pero espero que sea una nueva tendencia de la izquierda abertzale. Que tengan que irse al monte a dar las gracias a gente como Del Hoyo por dedicarse a asesinar y a informar para que asesinaran. Que tengan que celebrar escondidos sus actos de homenaje a terroristas.
Hasta que finalmente desaparezcan del espacio público.

La cultura del pueblo

Se van acumulando las cosas que habría que registrar.
Ayer, el presidente del Gobierno contestó a Rufián en el Congreso. Esto, por sí sólo, ya es lamentable. Rufián había afirmado en el pleno que España tenía a varios políticos catalanes “secuestrados” en Estremera, y que el PSC había robado la alcaldía de Badalona. Pero Sánchez llevó aún más lejos las palabras de Rufián. Las llevó más lejos porque su respuesta consistió en decir que “las cosas han cambiado, y ustedes no tienen enfrente a un Gobierno que va a utilizar el agravio territorial para arañar ningún voto en el conjunto del país, y que en consecuencia tendemos la mano para ese diálogo abierto, sincero y directo que se necesita entre el Gobierno de España y el Govern de la Generalitat del cual ustedes forman parte. Ojalá a partir del próximo 9 de julio podamos emprender un camino que restañe muchas de las heridas que durante estos últimos seis años, como consecuencia de la falta de criterio y de estrategia del anterior Gobierno, pues ha causado la fractura social que existe ahora mismo en Cataluña“. Y las llevó más lejos porque Rufián es Rufián, y Sánchez es el presidente del Gobierno.

Hoy leemos que Torra ha aprovechado una nueva invitación de alguna institución internacionalizadora para hacer los aspavientos habituales. Su séquito abucheó a Morenés cuando éste se atrevió a calificar la propaganda de Torra: mentiras. Torra se levantó, y sus acompañantes vociferaron, porque no están acostumbrados a que la cultura haya de someterse a la tiranía de la comprobación. Y lo de Torra era cultura. En eso consistía la invitación, al fin y al cabo. El Folklife Festival, del Smithsonian, regala a Torra diez días para que dé a conocer la cultura catalana. Y la cultura catalana oficial, hoy, se limita a articular “presos políticos”, “exiliados” y “represión contra Cataluña”. La cultura catalana es hoy, en resumen, una fantástica colección de mentiras. Desde el integrador “un solo pueblo” a las acusaciones contra España y su Gobierno.
Si Morenés no hubiera intervenido, Torra habría podido mentir plácidamente, arropado por una institución cultural.

Esa misma institución cultural invitó hace dos años a “los vascos”. [¿Hay algo en la cultura popular que no sea mentira? ¿Es falsable la folklife?]
En esta página web se anunciaba el evento y se mostraban algunas de las actividades. La organización contaba con el apoyo del Gobierno vasco y de las tres diputaciones, puesto que, como decían en esa web, la ocasión es única y singular y la cultura y el País de los Vascos difícilmente podrán disponer por mucho tiempo de un escaparate tan excepcional para dar a conocer su pasado, presente y futuro.

Éstas eran algunas de las secciones en las que se daban a conocer los hechos diferenciales de los auténticos vascos.

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También había una sección dedicada al cine vasco. Una película había sido elegida para acompañar una charla de un abogado vasco-americano, Mark Bieter, sobre la historia reciente del País Vasco.
La película era Asier ETA biok. Si la tradujéramos al castellano, sería Asier y yo. Pero no sería una buena traducción, porque la película se llama Asier ETA biok y no Asier eta biok.
Ese “ETA” remite primeramente a la banda terrorista. Pero también remite a una práctica habitual entre simpatizantes de ETA. En las comunicaciones escritas informales -Whatsapp, por ejemplo-, no es extraño que para decir “y” en euskera se escriba “ETA” en lugar de “eta”.
Así que la conjunción del título de la película remite a la banda terrorista y a una manera autóctona de relacionarse con la banda terrorista.

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La película intenta, entre otras cosas, hacer entender a los amigos del autor en Madrid cómo es posible tener un amigo etarra, y qué puede llevar a alguien a integrarse en ETA. En algunas de las noticias sobre la película, en medios como El Mundo o El País, se habla de “conflicto vasco” y de “compromiso político” -para referirse al amigo que entra en ETA-, del afecto como elemento central de la película y de cómo, a pesar de “que a algún sector del público le resultará intolerable”, el objetivo de la película es “que se hable del asunto, que se dialogue sobre un conflicto traumático y la tensa gestión de un cambio de estrategia”.

En la misma crítica de El País se señala una de las escenas principales de la película: un homenaje a un etarra en el que se lanzan vivas a ETA.

Esto es lo que se eligió en la sección de cine vasco en Washington, en el Folklife Festival, hace un par de años. Con el apoyo del Gobierno y las diputaciones vascas, y bajo el paraguas de la cultura, que suele gotear siempre por el mismo lado.

Hay otra escena destacada en el artículo de El País. El amigo esboza una especie de pregunta amagada, porque el respeto es lo primero, al etarra: si participó en algún asesinato (“delitos de sangre”). El etarra contesta: “¿Acaso importa?”.

Y tienen, culturalmente, razón.

11. Leire Etxebarria Simarro

Leire Etxebarria Simarro es la undécima.

Leire Etxebarria fue condenada a casi ocho años de prisión en el año 2.000 por su participación en un atentado contra Manuel Fernández González. Etxeberria, junto con otros cinco compañeros, decidieron incendiar el autobús que conducía Manuel Fernández el 28 de septiembre de 1996. Con Manuel Fernández dentro del vehículo.
Leire Etxebarria y sus compañeros apartaron a una mujer de la puerta, rociaron el interior con gasolina y dejaron al conductor para que muriera.
Finalmente, Manuel Fernández pudo salir por una ventana y salvar la vida. Sufrió quemaduras de gravedad en el cuero cabelludo y en las manos, pasó incapacitado más de un año y perdió el 40% de audición en un oído.

Leire Etxebarria huyó a Francia para no ingresar en la cárcel.
Vivió allí con su pareja, Gotzon Alcalde, hasta 2.006, cuando ambos fueron detenidos por dirigir una red dedicada a la falsificación de documentos para ETA. En 2.007 fue condenada a seis años de prisión por asociación de malhechores con fines terroristas. Según el fiscal, Pierre Kahn, Etxeberria pertenecía a una “gigantesca máquina cuyo objetivo es hacer correr la sangre en España”. El sumario continuó y en 2.010 se amplió su condena. La fiscal en aquel momento, Vanessa Perreé, recordó que “sin este tipo de falsificadores, no hay terroristas”.
La fiscal también afirmó que en el momento de su detención se encontró un correo en el que Etxebarria y Alcalde manifestaban su deseo de abandonar ETA. No por arrepentimiento, sino porque era difícil compatibilizar su reciente paternidad con la pertenencia a una banda terrorista.

En el año 2.011, Francia extraditó a Etxebarria a España, donde cumple la condena que finalizará en los próximos meses.

Leire Etxebarria no es una presa política. Es un miembro de ETA. Por eso fue condenada en España y Francia, y por eso está en la cárcel.

Más información:

https://elpais.com/diario/2000/06/08/espana/960415205_850215.html

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-18-09-2004/abc/Nacional/zigor-orbe-quemo-un-autobus-con-su-conductor-dentro_9623715843787.html

http://www.europapress.es/nacional/noticia-eta-detenido-procesado-integracion-banda-armada-mujer-condenada-quema-autobus-20060213205031.html

http://www.elmundo.es/elmundo/2006/02/13/espana/1139857091.html

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/06/21/espana/1308680111.html

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/espana/fiscalia-pide-penas-7-anos-etarras-etxeberria-alcalde_588201.html

https://www.lainformacion.com/policia-y-justicia/terrorismo/condenados-a-7-anos-de-carcel-la-pareja-de-etarras-etxeberria-y-alcalde_YuaTgHHfAcFJZMZPLUVCs/

http://www.elcorreo.com/vizcaya/20070608/politica/condenan-once-etarras-paris_200706081813.html

https://www.libertaddigital.com/nacional/informe-el-terrorismo-del-coctel-molotov-1276254414/

https://elpais.com/diario/1996/10/05/espana/844466426_850215.html

La Plaza de la Memoria en Galdácano, I

Primera visita a la Plaza de la Memoria en Galdácano. Ha sido rápida.
No hay apenas nada. Hasta aquí podría ser el texto para el blog, y ya sería algo más que la exposición.
En la entrada hay unos folletos en los que explican el propósito del proyecto. A la izquierda, una pared con unas hojas de colores en las que los visitantes exponen sus sentimientos. Nada. Incluso una cita de Paulo Coelho. Varios “Gure esku dago”, llamamientos a una paz que nadie puede negar, podemos perdonar pero no hay que olvidar.


¿Qué es, exactamente, lo que no hay que olvidar?
No había ni una sola referencia a ETA en las hojas de la pared. Imagino que la mayoría de ellas fueron escritas por niños de alguna visita escolar. Lo imagino mientras leo cada una, porque es la hipótesis menos mala. Aunque no estoy seguro de que realmente sea la menos mala.
Había tres zonas, con tres terminales en las que se podía escuchar el testimonio de varias personas y tres pantallas algo más grandes en las que se proyectaban también testimonios.

Zona 1: Memoria de las víctimas del terrorismo.

Zona 2: Memoria de las víctimas de la violencia policial ilícita.

Zona 3: Memoria histórica y 81 aniversario del bombardeo de Guernica.

 
Y una cuarta zona: Participa en la construcción de la memoria. El Proyecto Plaza de la Memoria responde al derecho a la participación ciudadana en la construcción de algo que es de todos/as: la memoria. Todos/as somos parte de la memoria. En este espacio encontrarás testimonios de ciudadanos y ciudadanas que han querido trasladar su memoria.
Tú también puedes participar en la configuración de la memoria de nuestro país, aportando tu testimonio.

Esa cuarta zona es la de las hojas de colores, en las que ni una sola vez aparece “ETA”. Hay un banco, una pantalla y otro vídeo con testimonios. Kirmen Uribe, Bernardo Atxaga, Toti Martínez de Lezea, Anjel Lertxundi. La primera referencia a ETA es de Kirmen Uribe. “He visto en mi propia familia personas que han tenido miedo de ETA”. Antes, referencias a torturas, muertes en prisión, la Guardia Civil. Y la Guerra Civil. El vídeo dura unos doce minutos. Anjel Lertxundi explica cómo cada vez que ETA cometía una torpeza (sic, baldarkeria) mayor que la anterior, era la sociedad la que respaldaba, con su silencio y su justificación, que cometiera actos cada vez más graves.

No sé en qué minuto del vídeo he oído una breve conversación entre una madre y su hijo que también estaban viéndolo, detrás de mí. Imagino que el hijo ha preguntado algo. Qué es esto, algo así. No lo he podido escuchar.
Lo que sí he escuchado ha sido la respuesta de la madre, en castellano.
“De una guerra que hubo hace mucho. Pegaban tiros desde aviones y todo”.

No me he girado para verlos. He visto de reojo que el hijo estaba escribiendo en una de las hojas vacías para dejar su testimonio. He esperado uno o dos minutos y he salido, sin terminar el vídeo.

De camino a casa he pasado por la Herriko Taberna. Apenas veinte pasos. En el interior, como siempre, los nombres de los etarras del pueblo que aún están en la cárcel. Txapote, Bienzobas, Crespo, etc.

El Gobierno vasco, impulsor del proyecto, puede estar tranquilo. No habrá olvido. Porque es imposible olvidar lo que no se enseña.

PD: Nada más salir de casa he visto un bando del Ayuntamiento en el portal, como el del año pasado. No cabe duda de que era la primera parte de la exposición.
Las diez personas que fueron asesinadas por ETA en el pueblo. Las decenas de personas que fueron asesinadas por etarras del pueblo. Los etarras del pueblo.
“No hay que olvidar”.
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Ni todo era ETA ni todo es terrorismo.

 

El “Todo es ETA” siempre lo usaron quienes negaban que ETA fuera algo. Los simpatizantes, familiares o amigos de etarras concretos. O los tontos útiles.
Lo usaban como broma, y por tanto como instrumento político.

Quienes durante esos años abordaron la costosa tarea de plantar frente a los hechos y al relato de la izquierda abertzale no decían que todo fuera ETA. Decían, por ejemplo, que ETA contó con un brazo político. Los integrantes de ese brazo político, Batasuna, reconocieron en 2016 que eran parte de la banda terrorista. Antes, en 2012, el Tribunal Supremo desestimó los recursos contra una sentencia de la Audiencia Nacional de 2011 que condenaba a Arnaldo Otegi y a Rafa Díez, que había sido secretario general del sindicato LAB, por integración en banda terrorista. Sí rebajó el grado de esa participación, y pasaron de ser considerados dirigentes a integrantes. En la misma sentencia se condenó también a Arkaitz Rodríguez, hoy secretario general de Sortu, Miren Zabaleta y Sonia Jacinto, también integradas en Sortu.

Decir que Otegi o Rafa Díez “eran ETA” es una construcción un tanto extraña. Otegi y Rafa Díez fueron integrantes del brazo político de ETA, Batasuna. Organización que reconoció, a través de sus integrantes, ser efectivamente parte de ETA.

Otegi fue también integrante de ETA en su rama estrictamente terrorista, en los años 80. Fue condenado a seis años de cárcel por haber secuestrado al empresario Luis Abaitua.

No viene mal recordar que el Parlamento Vasco aprobó en octubre de 2013 una iniciativa que pedía al Gobierno la “inmediata liberación” de los condenados en el caso Bateragune porque sólo hacían política y sus intenciones eran buenas. Se aprobó con los votos de EH Bildu y PNV.
O que en 2014, en una entrevista en Euskadi Irratia, Idoia Mendia se preguntaba si mantener a Otegi en prisión iba “a ayudar en algo”, mostrando una pintoresca concepción de las sentencias judiciales. También decía que en su momento la sociedad “no entendió muy bien” el caso.

Seguimos.
Gonzalo Boye, abogado y colaborador en medios como eldiario.es y La Sexta, tampoco “era ETA”. Ni siquiera fue integrante de ETA. Fue condenado por colaborar con ETA en el secuestro de Emiliano Revilla. Ésos son los hechos, y eso es lo que se puede decir. Lo que produzca el conocimiento de esos hechos depende de la factura moral de cada uno de nosotros.

Las herriko tabernas, los bares en los que se reunían los simpatizantes de la izquierda abertzale, no eran sólo bares en los que se enaltecía el terrorismo. Eran bares que servían para financiar las actividades de la organización terrorista ETA. Quien acudía a tomar unos vinos a alguno de los más de 100 locales que se recogían en la sentencia ratificada por el Tribunal Supremo en 2015 sabía qué se defendía en esos locales, y a lo mejor sabía también para qué servía el dinero que dejaba allí.
Así que las herriko tabernas sirvieron para financiar las actividades de una organización terrorista, y quienes las gestionaban eran integrantes de una organización terrorista. ETA.

¿Todo era ETA? Sólo quienes negaban que ETA fuera algo usaban esa expresión. Los demás decían que Batasuna era una rama de ETA, que Otegi fue parte de ETA, o que las herriko tabernas financiaban a ETA. Y quedó demostrado que tenían razón. Si algunos decían en tono de broma que “todo es ETA” era precisamente porque gente concreta era parte de ETA, y por alguna razón podía no estar muy bien visto haber formado parte de una organización terrorista. No pretendían rebatir la idea de que todo era ETA, porque ninguna persona seria la defendía.

De la misma manera, quienes hoy dicen en tono de broma que “todo es terrorismo” y que no hay que banalizar el terrorismo se dirigen a una idea que no existe. Lo dicen en referencia al caso de Alsasua y a “los raperos y tuiteros” condenados recientemente.
Nadie ha dicho que los raperos o tuiteros condenados sean terroristas. Y no han sido condenados por terrorismo. Han sido condenados por enaltecimiento del terrorismo. Se podrá discutir si la ley es adecuada. Lo que no se puede discutir es algo que nadie dice.
Tampoco los acusados de agredir y lesionar a dos agentes de la Guardia Civil y sus parejas en Alsasua son terroristas. Ni siquiera son culpables de las agresiones. Lo único que hay es una acusación que se tendrá que demostrar en un proceso judicial. Y será difícil demostrar no sólo que esos actos puedan ser considerados delitos terroristas, sino incluso que fueran los acusados quienes cometieron esos actos. Así es como funcionan y deben funcionar los procesos judiciales. Dentro, no fuera de las salas.

La presión de familiares, amigos y opinadores parte de otra idea que no existe, la de que esas personas han sido condenadas por terrorismo. No se puede pedir justicia para los acusados en el momento en el que está a punto de producirse precisamente eso. Y no se puede decir que fue sólo una pelea de bar, del mismo modo que no se puede decir que fue terrorismo.

Tampoco se puede decir que Otegi, Batasuna o las herriko tabernas no fueran parte de ETA, o que lo que hacían quienes dejaban cartas amenazantes contra ediles de partidos no nacionalistas o quienes quemaban autobuses no fuera un tipo de terrorismo. No se puede porque, para que tenga algún valor, lo que se dice debe coincidir con los hechos.
En el caso de Alsasua, aún no ha quedado probado cuáles fueron esos hechos. Cuando se produzca la sentencia, entonces sí, se podrá decir algo fundamentado.

Mientras tanto, como es de esperar, seguirán las bromas y los hombres de paja.

“Los queremos en casa”

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Los quieren en casa, literalmente.
Quieren en sus casas, en la calle, a gente como Txapote, Bienzobas y tantos otros. A los más de 300 miembros de ETA que cumplen condenas por haber participado en alguna de las actividades que cometió la banda terrorista.
A ellos se refieren cuando hablan de “presos vascos”, del mismo modo que quieren decir “amnistía” cuando hablan de “derechos humanos”.

Los organizadores de la manifestación que el sábado pasado recorrió Bilbao creen que todos ellos son víctimas de una guerra que se libró en el País Vasco desde, al menos, 1936. Por eso pretenden que queden en libertad. Porque no reconocen que todos ellos hayan cometido actos de terrorismo, sino que los consideran luchadores en una guerra que debe terminar ya.
Y para que termine definitivamente, para que pueda haber “paz en Euskal Herria”, sería necesario que todos esos terroristas fueran excarcelados.

Eso es lo que persiguen los organizadores de la manifestación del sábado pasado. Y no hay que buscar en oscuros informes para darse cuenta de ello.

El 13 de enero de 2017, justo un año antes de que se celebrase la manifestación, Joseba Azkarraga y Xabin Juaristi lo dejaban muy claro en una entrevista en Gara:

Los derechos humanos son la clave de bóveda del trabajo de Sare, pero más allá de cambiar la política carcelaria hay expertos como Iñigo Iruin que insisten en el problema de fondo de la legislación de excepción. El camino es muy largo aún…

J.A: No nos desanima. Sabíamos que era un camino difícil. Iruin tiene razón; para empezar, con una legislación ordinaria la mitad de los presos estaría ya en la calle. Hay que cambiar esa legislación y hay quienes esto lo plantean legítimamente desde la exigencia de la amnistía. Persiguiendo los mismos objetivos, que son vaciar las cárceles, creemos que hay que llegar hasta ahí con el apoyo de la mayoría de la sociedad, y en eso estamos.

X.J: Yo procedo de la lucha por la amnistía y hace años que esta es una cuestión estrátegica, no conceptual. Estratégicamente la amnistía es la superación del conflicto que padece este pueblo, y en eso está Sare, en superar sus consecuencias. Junto a los derechos humanos, tenemos una hoja de ruta por la resolución y la paz. El lema de la marcha es claro: Derechos humanos, resolución, paz. Tendemos a pensar que son cosas que van seguidas, pero no, están unidas, las une el Estado al usar los derechos humanos contra la resolución. Cuanto más avancemos en la resolución, más lograremos también el respeto a los derechos de los presos.

No piden el acercamiento. Ni ellos ni quienes dieron su apoyo a la manifestación. Piden, en nombre de los derechos humanos, que los miserables que durante años hicieron del asesinato una práctica política puedan evadir sus condenas.

Es comprensible que algunos, que llevan menos tiempo en el estercolero, sientan la necesidad de engañarse o de engañar a los demás. Pero lo que defienden es justamente esto. Y hay que repetírselo cada vez que pretendan hacer pasar su miseria moral por otra cosa.

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El sábado, la organización Sare publicó un listado con los bares que apoyaban la manifestación. Hablé con el dueño de uno de esos bares para saber en qué consistía el apoyo. Hubo resistencia al principio, porque reconocer que se está apoyando a una organización que pide la excarcelación de etarras es duro, salvo que formes parte del entorno. El dueño de ese local no forma parte del entorno. “Pero hay que vivir”, dijo un par de veces.
Para poder seguir viviendo con tranquilidad, colocó una pegatina de Sare en el establecimiento. Y realizó “una aportación económica” al movimiento.

“Esto ha pasado siempre, es la mafia”.

“Esto” es que aparece un tipo, conocido por todos los bares de la zona, con un sobre. En el sobre hay unas pegatinas. Una es de Sare, que el dueño coloca. Y la otra es de Sortu. “Este movimiento no está formado exclusivamente por la izquierda abertzale”, repetían los días previos.
Ese mismo tipo, imagino, recogería otro sobre con la aportación económica. No entró en tantos detalles.

Pero ahí fue el dinero de ese local y el de otros 100 bares y cafeterías de Bilbao.
A quienes trabajan para que Txapote, Bienzobas y todos los asesinos de ETA que aún cumplen condena puedan salir de la cárcel cuanto antes.

Y los que lo saben seguirán entrando en esos bares, y los que tienen tribunas seguirán hablando de cualquier cosa menos de la cobardía que ha definido siempre a esta sociedad.

La exhibición de la basura

Ayer la calle principal de Galdácano fue ocupada, con el permiso tácito o implícito del Ayuntamiento, por las imágenes de los etarras del pueblo.
Desde la mañana y al menos hasta las 20:00, quien pasaba por uno de sus puntos más concurridos veía esta imagen.

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Sospecho que si alguien hubiera abandonado una mesa en ese punto habría sido multado. Lo sospecho porque no conozco la regulación sobre basuras del pueblo.
Esa mesa, con sillas, copas y mantel, permaneció a la vista de todos hasta que quienes la colocaron decidieron retirarla.

Si un ciudadano hubiera hecho algo para romper la escena habría tenido que enfrentarse a quienes vigilaban desde la calle paralela. O, tal vez, a la policía municipal. Pasaron por allí varios coches patrulla, como aquella otra vez que se colocó el anagrama de ETA en medio de una plaza, en las fiestas del pueblo, con el consentimiento tácito o implícito de los agentes que pasaron de largo.

Será por eso de la convivencia, imagino. En Galdácano, y en muchos otros pueblos del País Vasco, los ayuntamientos han decidido que sus ciudadanos deben tolerar la exhibición cotidiana de la basura.

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Ahí están, Bienzobas y García Gaztelu. El asesino de Tomás y Valiente, de Rafael San Sebastián, entre otros. Y el asesino de Alfonso Morcillo, Gregorio Ordóñez, Fernando Múgica, Miguel Ángel Blanco, Manuel Zamarreño, Enrique Nieto, José Javier Múgica, Fernando Buesa, José Ignacio Iruretagoyena, José Luis López de Lacalle.

Pero no es una sociedad enferma.

Lotsa barik (contra un tipo de violencia en fiestas)

El Gobierno Vasco está preocupado por la proliferación de mensajes que fomenten actitudes violentas en sus fiestas. Aunque en este caso no se aplica eso de “todas las violencias”, tal vez porque las fiestas vascas modernas han sido desde los inicios una plataforma para promover una de esas violencias. La de ETA y su entorno.

Junto al programa oficial, las comparsas -las cuadrillas- organizan también sus actos festivos. Dentro de ellos se sitúan los “gestos de solidaridad” y el “homenaje a los familiares”, ambos dirigidos a los presos de ETA.
Más conocida es la exhibición de fotos de presos de ETA en las txosnas. Es algo constante que sólo se interrumpió cuando el Ayuntamiento de Azkuna, en 2009, sancionó a dos comparsas -Txori Barrote y Kaskagorri- por la exhibición continuada de esas fotos y por enaltecimiento del terrorismo. En la última de ellas se exhibían pegatinas de “ETA bietan jarrai” además de las fotos.

El problema es que esto no era algo limitado a dos comparsas. Todas las demás se solidarizaron con los simpatizantes de ETA y denunciaron la decisión del Ayuntamiento.
En 2013 las comparsas eligieron como “txupinera” a Jone Artola. Artola era fundadora de Txori Barrote. Había sido candidata de Euskal Herritarrok y de Acción Nacionalista Vasca, ambas ilegalizadas por ser parte de la estrategia de ETA para seguir en las instituciones.
El delegado del Gobierno, Carlos Urquijo, pidió la suspensión del nombramiento porque podía suponer una humillación para las víctimas del terrorismo de ETA. Las comparsas reaccionaron diciendo que no se planteaban otra txupinera que no fuera Artola, y recurrieron, junto con el Ayuntamiento, la suspensión cautelar del nombramiento.
En 2016 un magistrado del Juzgado Contencioso-Administrativo de Bilbao dio la razón a Urquijo, y meses después el TSJPV revocó esa primera sentencia.

Artola lanzó un txupin alternativo y participó en el “homenaje a las txupineras” de ese año. Junto a ella estaba Arantza Garbayo, que recibió ese honor en 1999. No pudo acudir a lanzar el cohete porque estaba en la cárcel. Había sido condenada en 1996 por colaboración con el “comando Vizcaya”, y en 1998 por planear un intento de asesinato contra Manuel Fraga. Por lo primero le cayeron ocho años, y por lo segundo 45, que fueron rebajados hasta los 20.
Arantza Garbayo, miembro de ETA, salió de la cárcel en 2013 y por fin pudo recibir el cariño de las comparsas de Bilbao.

Pero decíamos que el Gobierno Vasco está preocupado por las actitudes que normalizan la violencia en fiestas, y por eso Emakunde, un organismo autónomo del Gobierno Vasco, ha decidido lanzar una lista de canciones en la que no están Despacito o Súbeme la radio.
La lista de canciones es sólo una parte de una campaña más grande de Emakunde mediante la que se pretende concienciar a la población, especialmente a los jóvenes, de que los comportamientos sexistas no son admisibles, y de que deben mostrarse activos ante las agresiones sexistas.
Está muy bien que se lancen estos mensajes, y afortunadamente este tipo de agresiones no cuenta con ningún tipo de respaldo. Es más, quienes las cometen suelen recibir el desprecio social además de la condena que proceda.

Es una pena que Gogora, el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos, un organismo también del Gobierno Vasco, no complemente la actividad de Emakunde. Es una pena porque la violencia de ETA sí ha tenido un respaldo social sostenido. Al contrario de lo que ocurre con la violencia sexista, la violencia de ETA es celebrada en las fiestas del País Vasco. Las comparsas exhiben fotos de quienes han sido condenados por pertenecer a esta organización terrorista, e incluso nombran como representantes oficiales a personas condenadas por pertenecer a una organización que se ha dedicado a agredir de todas las maneras imaginables a mujeres, y también a hombres y a niños.
Las fiestas serían una plaza muy apropiada para las actividades de sensibilización de Gogora. Podrían organizar paseos por las casetas que apoyan a los terroristas de ETA, o elaborar talleres para que los jóvenes vascos aprendan que la violencia y el odio no pueden ser justificados. Para que lo aprendan precisamente en los lugares en los que se fomentan y se manifiestan esas actitudes.
Pero no lo van a hacer, porque ese intento de mejorar la convivencia dificultaría enormemente la Convivencia, que es su objetivo real.

En cuanto a la música, seguramente este año sonará también “Sarri, Sarri”, De Kortatu. Es un clásico en fiestas, y su letra celebra de manera festiva la fuga de la prisión de Martutene de dos etarras.
Fermín Muguruza aparece varias veces en la lista recomendada por Emakunde. Muguruza reconoce hoy que durante una época apoyaba la “lucha armada”, y llamar “lucha armada” a lo que hacía ETA deja claro que sigue donde estaba.

El Gobierno Vasco sigue también donde estaba. En el mismo lugar que la mayor parte de la sociedad, que denuncia enérgicamente una violencia que nadie apoya mientras acepta con normalidad la violencia de quienes durante años han hecho la vida imposible a ésos que algo habrían hecho.


 

En el último concierto de Kortatu, el grupo de Fermín Muguruza antes de crear Negu Gorriak, se escuchó esta canción. Y los coros, que decían “ETA” acompañados de la batería y la guitarra.