Galdácano de los etarras

Primero fueron los etarras de Galdácano. No recuerdo si fueron antes los cohetes y las antorchas cuando salió de la cárcel Javi de Usánsolo -el asesino del niño Fabio Moreno- o las fotos de Txapote y el resto de etarras encarcelados en las paredes del pueblo.

Después los etarras vinieron a Galdácano. Cuando el etarra Kepa del Hoyo falleció de un infarto en la cárcel, los compañeros de todas las ramas pasearon por las calles. Ahí estuvieron Tomi Madina y el propio Javi de Usansolo. También Arnaldo Otegi, Kubati o Arkaitz Rodríguez. Hubo incluso una delegación de la CUP, formada por Anna Gabriel y Eulàlia Reguant. En la plaza, después de que hablase el hijo de Del Hoyo, una mujer dijo los nombres de todos los etarras. Hubo aplausos para todos los asesinos. También, también para Txapote.

Junto a eso, las celebraciones habituales, año tras año. Desde la pancarta de ETA en las fiestas hasta la mesa de Nochebuena en medio de la calle principal, con representaciones de Txapote, Bienzobas, Crespo y todos los demás, durante horas, sin que la policía municipal la retirase, sin ningún tipo de mensaje institucional.
En Nochebuena y, este último año, también en Nochevieja, durante la carrera popular, con todo el pueblo en la calle.

El Ayuntamiento hasta hace días estaba en manos del PNV y del PSE. Estaba en manos del PNV y del PSE cuando se permitía que los amigos de los etarras ocupasen el espacio público para homenajear a los asesinos. Tal vez no podían impedirlo. Pero lo que sí podían hacer era decir algo. Decir es algo que todo el mundo puede hacer, especialmente si se tiene la protección derivada de estar al cargo de una institución. Pero nadie del PNV decía nada, y nadie del PSE decía nada. Ni siquiera cuando veían, porque tenían que verlo, era imposible no verlo, la mesa de Nochebuena en medio de la calle principal. Tal vez decían algo en privado, no lo sé. Lo que sé es que cuando los etarras ocupan las calles, lo que se dice en privado no sirve para nada. Porque lo que se dice en privado no lo ve nadie, y la mesa con los rostros sonrientes de Txapote, Bienzobas, Crespo o Krutxaga la ven todos los vecinos, todos los años. Y lo que se ve todos los años se convierte en lo normal.

Hoy EH Bildu no está en la oposición. No contarán con la complicidad del Ayuntamiento para homenajear a sus compañeros; podrán hacerlo desde el propio Ayuntamiento.
Y podrán hacerlo, en primer lugar, porque mucha gente del pueblo ha decidido votar a un partido como EH Bildu. ¿Por qué no? Hace unos días el secretario de organización del PSOE, José Luis Ábalos, decía que los 350 diputados del Congreso, todos ellos, le merecían la misma consideración. Antes, el candidato del PP a la alcaldía de Labastida había ofrecido a Bildu un acuerdo de gobierno que finalmente fue desautorizado.
Podrán hacerlo también porque han conseguido el apoyo de Podemos y de dos plataformas vecinales, Usansolo Herria y Auzoak. Es decir, la gente. La gente es la que ha hecho posible que EH Bildu vaya a gobernar Galdácano, a pesar de la complicidad con los hasta 13 etarras del pueblo, y a pesar de las diez personas que ETA asesinó en el pueblo.

No vale decir que todo eso es agua pasada, y tampoco vale decir que no conocen nada de eso. Todas estas cosas son el presente, no el pasado. El presente es Bea Ilardia, concejal de EH Bildu la pasada legislatura, subiendo a Twitter una foto en la que Tomi Madina retira su nombre de la pared de la Herriko y diciendo “Uno menos y se echan en falta otros doce. Bienvenido Tomi”. A la izquierda de la foto retirada, Txapote. A la derecha, Bienzobas. Dos de esos doce.


El presente es toda la gente alrededor de Bildu, los jóvenes, organizando pegadas de carteles y homenajes como el del año pasado a Kepa del Hoyo, en el bosque, con toda la parafernalia simbólica. O las pancartas de agradecimiento a quienes decidieron integrarse en la banda terrorista. Ante ese presente el PNV y el PSE no hicieron nada, o hicieron muy poco. Nunca estuvieron en las redes sociales ni en la calle para combatir el relato de ETA.

Hace unos años se lanzaron cohetes para celebrar que el asesino del niño Fabio Moreno salía de la cárcel, hoy han tirado cohetes para celebrar la victoria, y ese presente ante el que no se hacía nada le ha estallado en la cara al PNV y al PSE, y a todos los vecinos de Galdácano.
En realidad no a todos, claro. Más de la mitad de los vecinos que votaron en las municipales, los que votaron a Bildu, a Podemos y a las dos plataformas vecinales, estaban hoy junto a quienes tiraban cohetes, y estarán junto a quienes reciban como héroes a los etarras del pueblo.

La política es lo que hacen los ciudadanos dentro de la ciudad. La política consiste en aprobar presupuestos, organizar fiestas y realizar obras. Pero también consiste en defender unos principios, en defenderlos activamente y por las razones correctas. Durante años se permitió en Galdácano que los bárbaros ocupasen las calles y sacasen las antorchas. Se permitió no sólo que lo hicieran, sino que lo hicieran sin oposición, sin que al otro lado hubiera un discurso sólido y cohesionado contra el asesinato como herramienta política y contra la complicidad con los asesinos. Todo eso se normalizó gracias a la machacona insistencia de unos pocos y a la cómoda complicidad de muchos. Hoy tenemos a los bárbaros no dentro de la ciudad, sino dirigiendo la ciudad. Era cuestión de tiempo. Desde el momento en que se decidió que no valía la pena recordar a los muertos, que no era necesario defender los principios, era cuestión de tiempo. Sólo había que sentarse a esperar. Y eso fue exactamente lo que se hizo.

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La alegría

Iñaki Igerategi se encontraba en su puesto de trabajo, la estación de bomberos de Tolosa, cuando fue detenido en 2012. Iñaki era bombero y miembro de ETA.

Iñaki Igerategi decidió empezar a colaborar con ETA cuando tenía cerca de 30 años, tal y como cuenta Leyre Iglesias en El Mundo en una crónica que merece la pena leer. Antes de eso había empezado a colaborar con el sindicato abertzale LAB. Como miembro de ETA se encargaba de buzonear las cartas de extorsión que la banda enviaba regularmente a empresarios. (En los últimos días ha aparecido información interesante relacionada con esta cuestión. Según recoge Europa Press, y según las actas incautadas a ETA, durante las negociaciones entre el Gobierno de Zapatero y ETA se frenaron todas las detenciones de etarras, se ocultaron las cartas de extorsión que la banda seguía enviando, y el Gobierno del PSOE ofreció a la banda terrorista, para que dejase de enviarlas, “arreglar el problema del dinero”. Es decir, el Gobierno del PSOE se ofreció a financiar la banda terrorista ETA. Pero ésa es otra cuestión).

Además de servir de enlace en el aparato de extorsión de ETA, Igerategi tenía otras funciones. Cuando se habla de las funciones de los miembros de ETA los más normal es que hablemos de dos posibilidades. La primera es que disparen, secuestren o pongan bombas. Que ejecuten los planes. La segunda es que pasen información para que los del primer grupo puedan actuar con eficacia. Igerategi era de los del segundo grupo. Y lo normal si eres alguien que pasa información es que informes sobre aquéllos a los que conoces. En el caso de Igerategi, tres antiguos compañeros de ikastola que trabajaban en la policía autonómica vasca, la Ertzaintza. Igerategi proporcionó información sobre sus vecinos y ETA atacó a esos vecinos, aunque sólo sufrieron daños leves.

Otro vecino de Igerategi era  Joseba Pagazaurtundua. Igerategi -junto a Ignacio Otaño, su compañero en labores de información y extorsión- proporcionó información sobre Joseba Pagaza. Y Pagaza fue asesinado en febrero de 2003 gracias a la colaboración de Igerategi.

Pero esto es algo que ya sabemos. También sabemos que en febrero de 2018, cumplidos los 6 años a los que Igerategi y Otaño fueron condenados, ambos volvieron a Andoain. Y allí fueron homenajeados en público por unos 200 vecinos.

El Ayuntamiento de Andoain, gobernado por EH Bildu, no impidió el homenaje. Cuando Joseba Pagazaurtundua fue asesinado en 2003 el alcalde de Andoain, José Antonio Barandiaran, de Euskal Herritarrok (el EH Bildu de entonces), tampoco condenó el atentado. El PSE y el PP de la localidad presentaron una moción de censura tras el asesinato de Pagaza, pero no sólo por el asesinato de Pagaza. La vida en Andoain para los concejales de PSE y PP, especialmente desde que Batasuna gobernaba el Ayuntamiento, era un infierno. Dejaban una copia de las llaves de sus casas en los felpudos, incendiaban sus casas, amenazas, caras hostiles. El PSE contaba con cinco concejales, mientras que el PP tenía dos. Euskal Herritarrok gobernaba en minoría con cinco concejales, y el PNV-Eusko Alkartasuna contaba con otros cinco. Fueron estos cinco concejales de PNV-EA los que impidieron que la moción de censura saliera adelante, porque al parecer no ayudaba a debilitar el entorno sociológico que da apoyo a ETA, según dijo Josu Jon Imaz, el portavoz del Gobierno vasco en aquella época. Eusko Alkartasuna hoy forma parte de la coalición EH Bildu, y el PNV sigue siendo lo que siempre ha sido.

En cuanto a Igerategi y la alegría, que es de lo que trataba esto, hay que retroceder en el tiempo. No mucho, apenas unos días. El etarra Igerategi fue condenado a seis años de prisión y a pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público, por lo que cuando salió de la cárcel la Diputación de Guipúzcoa se negó a readmitirlo en su puesto de trabajo en el parque de bomberos de Tolosa. El sindicato abertzale LAB recurrió la decisión de la Diputación y finalmente un juez dio la razón a LAB y al etarra Igerategi: según la juez, la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público no es aplicable y no corresponde a la Diputación definirla. El portavoz de la Diputación, Imanol Lasa, confirmó hace unos días que no recurrirán el fallo.

Concentración de bomberos de Guipúzcoa para pedir la readmisión de Iñaki Igerategi. (Foto publicada en Gara)

El sindicato abertzale LAB señaló en un comunicado que acogen “la noticia con alegría”. La noticia es que la persona que posibilitó que ETA asesinara al policía municipal Joseba Pagazaurtundua se reincorporará a su trabajo de servidor público, después de haber aceptado el agradecimiento de doscientos vecinos por su labor en ETA. No se me ocurre mejor homenaje que éste.


El cambio

Ayer mientras volvía a casa me encontré con esta foto. La foto está colocada en la entrada de la Herriko Taberna de Galdácano. La barra del bar está a la derecha, una vez cruzas la entrada. De la pared cuelgan unas placas con los nombres de todos los etarras del pueblo que aún están en la cárcel. Cuando un etarra sale, la placa se retira y se celebra. En ocasiones algún concejal de EH Bildu comparte la celebración en redes sociales.

Bajo la foto hay un cartel que pide la libertad para todos los presos de ETA en general y para Jon Bienzobas, Karaka, en particular. He visto varios de esos carteles hoy por el pueblo, con la cara y la información escogida de Bienzobas, y también carteles que hacen lo propio con Iñaki Krutxaga Elezkano, otro de los etarras del pueblo. Bienzobas fue el responsable del asesinato de, entre otros, Tomás y Valiente. Krutxaga, por su parte, fue el responsable del asesinato de, entre otros, Ernest Lluch.
Probablemente esos carteles no suponen apología del terrorismo. Sólo exponen las dificultades que tienen “ama y aita” para visitar a sus hijos presos y piden que se los libere, a ellos y a todos los demás. Así que los carteles permanecerán en las calles de Galdácano hasta que quienes los han colocado decidan cambiarlos por otros. Si no se retiran los carteles de enaltecimiento, no se van a retirar éstos. Ahora bien, se podría hacer algo interesante. Se podría colocar, al lado de cada uno de los carteles de “Free them all”, un cartel con información sobre los hijosdeama (y de aita). Incluso podría ponerse nombre a la campaña, “Know them all”. Podría hacerse, si hubiera alguien con los medios y la voluntad para hacerlo. Algo como uno de esos partidos que llaman “constitucionalistas”. Volveré sobre esto más tarde.


Sobre la foto hay otra foto. Esa foto es un homenaje a Francisco Javier López Peña, o Xabier López Peña, el etarra Thierry. “AGUR ETA OHORE”. Probablemente la foto lleva ahí mucho tiempo, aunque no tanto como la lápida del etarra en el cementerio del pueblo. La lápida está colocada a escasos pasos de la de Eloy García Cambra. La del primero, jefe de ETA, recibe cuidados periódicos. De la del segundo, policía municipal asesinado por ETA en 1972, han desaparecido varias letras. La metáfora aparece aunque intentemos evitarlo; no creo que queden muchas personas que sepan quién fue.

La foto a la que me refería al principio muestra a dos etarras anónimos, de espaldas, y el hacha y la serpiente. Sobre ellos, “Eskerrik asko ETA”. Bajo ellos, “Garaipenera arte”. “Gracias, ETA” y “Hasta la victoria”. No es la primera vez que veo la foto en el pueblo. En un par de ocasiones en las que las circunstancias lo permitían las despegué, las dos veces cerca de la calle principal. En esta ocasión lo prudente es registrarlo. Al hacerlo me doy cuenta de que en Galdácano se ha producido un cambio importante, y también me doy cuenta de las consecuencias prácticas de ese cambio.

Durante los últimos cuatro años hubo un concejal del PP en Galdácano, Mari Carmen Sánchez Sequeros. No era vecina del pueblo, así que era complicado que pudiera estar al día de todas y cada una de las acciones de propaganda del entorno de ETA. Hace un par de años, no recuerdo cómo, la localicé en Twitter. O alguien nos puso en contacto. Y cada vez que se producía un homenaje, una ocupación del espacio público o una pegada de fotos de los etarras del pueblo, se lo hacía llegar. Siempre lo agradeció y siempre intentó que se tomaran medidas. Nunca consiguió que el Ayuntamiento hiciera nada, pero al menos iba a los plenos a pedir explicaciones al equipo de Gobierno, formado por el PNV y por el PSE. Cuando en Nochebuena colocaban en la calle una mesa a la que sentaban a los etarras del pueblo, el Ayuntamiento, gobernado por PNV y PSOE, no hacía nada. La mesa con las fotos permanecía allí todo el día. Cuando decoraban el pueblo con las fotos de etarras como Txapote y Bienzobas tampoco hacían nada. Sánchez Sequeros, la concejal del PP, llamaba al responsable del equipo de Gobierno y después llevaba la cuestión a los plenos. No podía hacer nada más, pero siempre hizo todo lo que podía hacer.

Antes que ella fue concejal Ricardo Gutiérrez Solana, también en el PP. Gutiérrez Solana era una persona conocida en el pueblo, él sí vivía aquí. Y tuvo que dejar de vivir aquí cuando, después de una campaña continuada de amenazas cada vez más serias, los vecinos de su portal recibieron una carta en la que les invitaban a echar del vecindario a “esta persona de actitudes hitlerianas”. La carta la elaboró Jon Crespo Ortega -otro de los etarras encarcelados que suelen aparecer en las paredes del pueblo- en una lonja y en un ordenador propiedad de Herri Batasuna, que era como EH Bildu/Sortu se llamaba entonces.

A Mari Carmen Sánchez Sequeros nunca le enviaron una carta así. Sólo la llamaron “fascista”, “asesina” y “cerda” en el pleno celebrado pocos días después del fallecimiento en prisión del etarra Kepa del Hoyo, que además de asesinar a dos policías fue concejal en Galdácano. De ahí que desde el Ayuntamiento se publicase un comunicado oficial en el que EH Bildu, Podemos, una plataforma vecinal y el PNV mostraban sus condolencias a la familia y amigos del etarra fallecido y criticaban la política de dispersión. Además de los insultos, el vecino, David Ríos García, también le gritó a la concejal popular lo siguiente: “mírame y quédate con mi cara”. Por ello fue condenado a pagar 360 euros por un delito leve de amenazas. Ese mismo año, pocos meses después, una comitiva de encapuchados esperaba a Sánchez Sequeros a la puerta del Ayuntamiento, antes de la celebración de un pleno. En esa ocasión la llamaron, en la calle, “fascista” e “hija de Franco”.


El domingo Mari Carmen Sánchez Sequeros no consiguió los votos suficientes para volver a ser concejal en Galdácano. En 2015 el PP obtuvo 745 votos, y el domingo sólo 585. Mientras tanto, EH Bildu pasó de los 2662 de 2015 a los 3597 del domingo. Estos votos hicieron que pasaran de cuatro concejales a seis, empatando con el PNV. Probablemente EH Bildu gobernará Galdácano por primera vez, lo que supondrá un cambio importante.
Pero el cambio realmente importante es que ya no quedará nadie en el Ayuntamiento para recibir los insultos cuando denuncie lo realmente indecente. Imagino que es difícil convencer a los vecinos para que te den sus votos cuando no vives junto a esos vecinos, e imagino que a los partidos como el PP no les resultará fácil conseguir candidatos que vivan en pueblos como Galdácano con vecinos como David Ríos García.
Supongo que los analistas más preparados habrán estado lanzando desde el domingo las profundas reflexiones con las que intentan explicar la política: “Qué está haciendo mal el PP en el País Vasco”, “No consiguen conectar con la realidad social del País Vasco”.
El PSOE seguirá con dos concejales, pero también ellos han obtenido más votos. Ellos sí consiguen conectar con la realidad social. Ellos sí van por el buen camino.

La posibilidad

Ya dijeron algunos que Navarra iba a ser la comunidad a la que habría que prestar atención tras las elecciones del pasado domingo. El titular del ABC fue el más claro: “Vuelco electoral en Navarra, que hace una apuesta clara por el Constitucionalismo”. El más claro y, como hoy recoge el mismo ABC, también el más ingenuo. En la pieza del lunes hablaban de los 30 escaños que conseguían las fuerzas constitucionalistas. 19 de Navarra Suma (que podrían convertirse en 20 o incluso 21 tras el recuento) y 11 del PSN de María Chivite. Hoy en cambio se habla por un lado del bloque constitucionalista y por el otro de Geroa Bai (9), Podemos (2), EH Bildu (8) e Izquierda Unida (1). El bloque constitucionalista, hoy, está formado por la coalición Navarra Suma, que agrupa a UPN, PP y Ciudadanos. Y el PSN de Chivite, de momento, está en medio de los dos bloques.

De momento, porque al final el Partido Socialista, no sólo el de Navarra, tendrá que decidir. Durante la campaña Chivite ya dijo que no haría presidente al candidato de Navarra Suma. Chivite ha dicho hoy que quieren “formar gobiernos progresistas”. Es exactamente lo mismo que dijo ayer Lander Martínez, de Elkarrekin Podemos, para explicar que intentarían formar gobiernos con EH Bildu: gobiernos progresistas.
De momento Chivite no confirma que quiere gobernar específicamente con Geroa Bai y Podemos y con los votos de EH Bildu. Y por lo tanto no descarta esa posibilidad. Que el Partido Socialista de Navarra gobierne la comunidad gracias a los votos de EH Bildu es, hoy, una posibilidad. Y habrá sido una posibilidad pase lo que pase.

Chivite dice, para defender esa posibilidad, que quieren formar gobiernos progresistas. Lo que ha pasado en el PSOE para que llamen gobiernos progresistas a los gobiernos con los nacionalistas de todo pelaje es algo que va más allá del PSOE. No ha pasado sólo en el partido. Si un partido dice una estupidez, una mentira, si hace el ridículo, la prensa y los otros partidos recogen la estupidez, denuncian la mentira o se burlan del ridículo. Pero en España, hoy, se puede decir que un gobierno con el PNV, en el País Vasco o en Navarra con su otra marca, es un gobierno progresista.
Más, mucho más aún; se puede decir que un gobierno con EH Bildu es un gobierno progresista. Lo dice Podemos, lo dice el PSOE y lo dice todo del estado actual de la prensa. Entre unos y otros han conseguido que el nacionalismo sea identificado con el progresismo.

Pero lo terrible del pacto que Chivite está buscando en Navarra no es que llevaría a un gobierno del PSOE con los nacionalistas. Esto es algo que es ya una seña de identidad del PSOE, que prefiere hablar de pactos y de líneas rojas en función del emotivista eje izquierda/derecha y no en función del eje nacionalismo/racionalismo, lo que le lleva, por ejemplo, a estar detrás de la degradación política y moral de Baleares. El PSOE hoy es un partido que se encuentra más cómodo con los nacionalistas que con los partidos que siguen defendiendo los ideales de misma libertad y misma igualdad para todos. Así que eso no puede ser lo peor, porque con eso ya se cuenta.  Lo terrible es que el pacto de Chivite exigiría la colaboración de un partido como EH Bildu.

EH Bildu es el partido que, tras ganar las elecciones en Hernani, decide dar las gracias a los 19 “presos políticos” de la localidad, a los 19 etarras a cuyas fotos se dirigía con agradecimiento el nuevo alcalde en su discurso.

EH Bildu es el partido que prometía en San Sebastián pisos de alquiler social para los “presos políticos” que salgan de la cárcel. Y EH Bildu es Sortu, el partido que sigue identificándose junto a ETA en las “luchas de la izquierda abertzale”, el partido que aplaude a Txapote y al resto de etarras del pueblo un 5 de agosto de 2017 en una plaza de Galdácano, el partido de los que hacen homenajes a etarras.

Galdácano, 5 de agosto de 2017. Aplausos para los etarras del pueblo en el homenaje a Kepa del Hoyo.

El otro día estuve repasando Politics and the English Language, el librito de Orwell que alerta sobre los efectos que los atajos y automatismos que usamos en nuestro lenguaje tienen en el discurso político e incluso en el propio pensamiento . Y mientras iba anotando todo esto me daba cuenta de que no hay manera de transmitir qué es EH Bildu a quienes no saben ya qué es Bildu. Cuando decimos “homenajes a etarras” no decimos nada. Es ya una expresión devaluada. No porque no denote nada, como le pasa a “fascista”, sino porque intenta recoger en tres palabras todo lo que hay detrás de los dirigentes y de los votantes de ese partido, que son los que hasta hace cuatro días no se limitaban sólo a aplaudir y homenajear a los etarras. Y lo que hay es mucho. Es imposible transmitir todo lo que es EH Bildu con una expresión como “homenajes a etarras”. Ni siquiera sirve de nada que ampliemos la descripción. Podemos dar nombres, lugares, fechas. Podemos hablar de Andoain, de Galdácano o de Rentería, de Igerategi y Otaño, de Javi de Usansolo o de Kepa Etxebarria, podemos incluso añadir las imágenes. Pero es una batalla perdida.
Cuando el Partido Socialista de Navarra plantea la posibilidad de gobernar con los votos de EH Bildu no sirve de nada apelar a la memoria ni a la razón. Ni siquiera a las tripas. Cuando esa posibilidad existe sin que el PSOE salga alarmado a negarla, no hay nada que hacer.

Y no hay nada que hacer. No en esto. No sé qué pasará finalmente en Navarra. No sé si Chivite gobernará junto a los nacionalistas y con los votos de Bildu. Pero lo que sí sabemos es que para gobernar necesitará los votos de Bildu. Y que si llegase a hacerlo, sus votantes, los del PSN y los del PSOE, retorcerían la razón y la memoria para no tener que enfrentarse al hecho de que habrían aceptado los votos de un partido como EH Bildu. Los de los homenajes, los de Pernando Barrena, Otegi, Arkaitz Rodríguez, los de las ayudas para los presos políticos.
Es decir, los progresistas vascos.

La indiferencia de un pueblo sano

Cuando Maite Pagazaurtundua propuso ayer en Miravalles guardar un minuto de silencio por las víctimas de Josu Ternera, los que estábamos allí nos callamos. La sirena del pueblo, que había comenzado a sonar en cuanto los organizadores del acto llegaron al frontón, siguió sonando. La consecuencia fue que los insultos se escucharon aún mejor.
Antes de eso un comité de periodistas con cámaras y de vecinos, también con cámara -era difícil distinguirlos- se había agrupado en la ermita en la que nos fuimos juntando quienes habíamos decidido asistir al acto de Ciudadanos. Todavía no decían nada. El mensaje lo habían delegado en pancartas como la que colgaba de la estación de tren, “Ugaon ez zarete ongi etorriak”, (No sois bienvenidos en Ugao), y en algunas de las ventanas. En una de ellas se podía distinguir una foto con la cara del etarra Josu Ternera, el vecino Urrutikoetxea, y otro mensaje: “Josu askatu” (libertad para Josu). La foto estaba colocada sobre una ikurriña.


El día antes algunos comerciantes y vecinos del pueblo habían invitado a bajar las persianas de las viviendas y de los comercios. Había casas con las persianas bajadas, y casas, muchas, con las persianas subidas. También había vecinos asomados a los balcones y las ventanas, algunos de ellos, especialmente en la plaza del frontón donde hablaron Maite Pagaza y Albert Rivera, pertrechados con cazuelas, silbatos y mensajes ofensivos, primero en pancartas y después, cuando comenzó el acto, de viva voz.
En lo que no me fijé fue en cómo estaban los comercios. De un bar salió un vecino cerveza en mano para gritar “Gora Euskadi Ta Askatasuna”, así que había al menos un comercio abierto. En los demás no me fijé porque la calle por la que llegamos a la plaza del frontón estaba llena de fotos con la cara del etarra, del vecino Ternera, y con un mensaje que añadía un toque especial al omnipresente “Josu askatu”. Antes de eso se podía leer, sobre la cara del etarra Ternera, lo siguiente: “Maite zaitugu”. Es decir, “Te queremos”. Era difícil fijarse en otra cosa.

Antes de llegar al frontón pasamos por una pequeña plaza en la que se habían concentrado varios vecinos para mostrar su rechazo. Esos vecinos estaban de espaldas y entre ellos y nosotros había una pancarta: “Ez zarete ongi etorriak. No sois bienvenidos”. Esta vez en euskera y en castellano, para la foto. Este acto de rechazo se había organizado en la misma asamblea popular en la que el día antes se había propuesto cerrar los comercios, bajar las persianas, paralizar el pueblo. La indiferencia normalmente consiste en seguir leyendo el periódico o seguir tomando el café mientras pasan cosas. Hacer como si nada. En el caso de Miravalles, algunos vecinos organizaron una performance con varios puntos de control, colocaron y activaron una sirena en el lugar del acto, adornaron el pueblo con mensajes de cariño para un etarra y con mensajes de odio para los representantes de un partido político como Ciudadanos, y acompañaron a quienes decidieron asistir al acto con los insultos que ya se habían escuchado en Rentería y en Alsasua. Una parte de la prensa llamó a esto “indiferencia”, y dijo que los vecinos habían recibido con silencio a los asistentes, a pesar de los decibelios de la sirena, que ahogaba incluso los insultos.
En el checkpoint a mitad de camino, donde varios ciudadanos del pueblo esperaban para seguir leyendo el periódico y apurar la taza de café, la tensión era evidente. La orden era mostrar la espalda y guardar silencio. Algunos se habían colocado el “Ez zarete ongi etorriak” en la espalda, por si no se leía en la enorme pancarta. Otros levantaban el dedo corazón. Pero lo llamativo ocurrió cuando se escucharon los primeros “fascistas”, “hijo de puta” y “fuera de aquí”. Los que intentaban seguir en silencio mandaron callar para no romper el encanto. “Sssssssssssh”. Cuando lo dice alguien en una biblioteca o en un aula suele ser un “Ssh” corto. Ayer sonó como si estuviéramos pasando por delante de una reunión de serpientes. Se puede escuchar en el vídeo del siguiente tweet, a partir del 0:28.


En fin, los de la performance tuvieron dificultades para mostrar a la prensa una cara “amable”, pero la prensa, buena parte de la prensa, fue comprensiva y habló de indiferencia y silencio. Tal vez porque después de ver decenas de fotos con la cara de Josu Ternera cualquier cosa parece una cara amable.
Al final de la calle estaba la plaza del frontón y allí se vio (y se oyó) la otra cara de la misma performance. Algunos de los que habían posado en el acto de repudio silencioso vinieron a gritar los habituales “hijos de puta” y “fuera de aquí”. Alguien colocó la sirena, y alguien también tuvo que haberla adquirido. Yo no pude verla, y tampoco sabría dónde se adquiere algo así, pero ahí estaba. Tampoco sé si cuando alguien decide hacer sonar una sirena a las 12:00, por el motivo que sea, cuenta normalmente con la indiferencia de la policía local. En este caso la sirena estuvo sonando durante media hora sin que agentes locales pasaran por allí.
Habló Maite Pagazaurtundua y habló Albert Rivera. La primera habló a quienes insultaban, a quienes salieron a mostrar apoyo a Josu Ternera tras su última detención y a quienes habían escrito “Te queremos” en la foto del etarra. También, en general, a quienes hacían cosas como éstas y otras mucho peores cuando la banda de Ternera aún no había sido desarticulada. Al hacer esto, al hablarles a ellos en su casa, habló también a quienes tienen que convivir en pueblos como Miravalles con los vecinos a los que interpelaba Pagaza, y también les habló en su casa. El mensaje para estos vecinos estaba implícito en el mensaje a los primeros. Una pequeña parte de la prensa y de la opinión en redes vio esto y señaló que Pagaza, o Rivera, habían venido a Ugao a insultar a todos los vecinos, a llamar terroristas a todos los vascos. Una parte pequeña de la prensa lo señaló, y otra parte no tan pequeña lo insinuó. Esto es algo tan cierto -y tan fácilmente comprobable- como el silencio con el que los vecinos hostiles acompañaron el acto.
Pagaza se refirió a Pernando Barrena y a sus palabras como militante tipo de la izquierda abertzale -rival en las elecciones europeas, elecciones en las que, oh, sí pueden votar los vecinos de Miravalles-, Rivera se comprometió a llevar al Parlamento una ley para prohibir los homenajes a etarras.

Pero como decía antes del acto, los discursos y las medidas propuestas no fueron lo más importante. Lo importante fue que los vecinos de Miravalles pudieron ver un acto político en el que no se homenajea a un etarra, un acto en el que de hecho se denuncian esos homenajes y a quienes participan en ellos. En Miravalles gobierna el PNV y EH Bildu es la única oposición. La tranquilidad, en Miravalles y en tantos otros sitios en los que el PNV gobierna -solo o con el apoyo del PSE-, consiste en que los primeros dejan que los segundos, los abertzales, organicen todos los homenajes que quieran a personas como Josu Ternera. Andoni Ortuzar salió una vez más a denunciar la enorme indignidad que supuso el acto. Lamentó que se estigmatizara a un pueblo entero por “una persona que nació allí”. Andoni Ortuzar es vasco, vive en el País Vasco e incluso es dirigente de un partido vasco. Pero es nacionalista, algunos dicen que moderado. Y tiene dificultades para articular el pensamiento cuando hay que pensar sobre lo que fue ETA y sobre su legado. Ortuzar lamentó que se estigmatizara a Miravalles/Ugao por “una persona que nació allí”, pero no fue esa persona que nació allí la que colocó su propia foto ni la que se dijo a sí mismo “te quiero”. Fueron vecinos de Miravalles, de Ugao, los que decidieron adornar el pueblo con la foto de un etarra como Josu Ternera, con el mensaje “te queremos”. Fueron vecinos, otros, los que vieron esas fotos unas horas antes del acto, o unos días antes, y permitieron que siguieran ahí, a la vista de todos. Ortuzar añadió al final del lamento que “Ugao es un pueblo sano”.



El acto de ayer sirvió, precisamente, para mostrar la salubridad de los pueblos como Miravalles. Ortuzar, las personas como Ortuzar y las personas que quisieron mostrar su amor al etarra Ternera siguieron diciendo que todo está bien. Al finalizar el acto, la “Brigada de desinfección antifascista” de Sortu apareció para desinfectar el suelo por el que habíamos pasado.


37 ciudadanos

Hoy al mediodía está previsto un acto del partido Ciudadanos en Miravalles/Ugao.
Miravalles es una pequeña localidad vizcaína de unos 4000 habitantes, similar a muchas otras localidades vizcaínas. Tiene su Plaza del Pueblo, imagino que tendrá su Herriko Taberna, y desde luego tiene su vecino etarra. En el caso de Miravalles el vecino es Josu Ternera, nada menos. Hace unos días José Antonio Urruticoechea, Josu Urrutikoetxea, el etarra Josu Ternera, fue detenido en Francia mediante una operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía francesa. Sortu, el principal partido de la coalición EH Bildu, organizó una manifestación de protesta en el pueblo para mostrar su malestar por la detención del etarra Ternera. En la pancarta que encabezaba la manifestación se podía leer “Josu eta besteak askatu”, es decir, libertad para Josu y los demás. Los demás son los otros presos de ETA. En la pancarta había también un dibujo de un pájaro atravesando los barrotes de una jaula y volando libre. Antes de la manifestación convocada por Sortu, varios vecinos del pueblo ya habían organizado un acto para pedir la libertad de su vecino, el etarra Ternera.

Hoy al mediodía está previsto un acto de Ciudadanos en Miravalles. Y esto es algo que ha molestado mucho a todos los que aceptan con normalidad que los vecinos de Miravalles y de otros pueblos vascos organicen homenajes a etarras como Josu Ternera, Kepa del Hoyo o Javi de Usansolo. Todos los que ayer pedían las sales -cargos del PNV como Andoni Ortuzar, representantes del Ayuntamiento de Miravalles y en general cualquier persona afín al nacionalismo vasco, en su vertiente jeltzale o abertzale- son los que callan cada vez que los vecinos de algún pueblo deciden mostrar su aprecio a etarras como Josu Ternera, por ejemplo organizando una cena de Nochebuena simbólica y sentando a la mesa las fotos de etarras como Txapote. Ellos, que con su indiferencia otorgan normalidad a los continuos actos de enaltecimiento terrorista en tantos pueblos vascos, piden hoy las sales. Porque el partido Ciudadanos pretende celebrar un acto político en uno de esos pueblos. Y porque, dicen, Ciudadanos apenas tiene votos en Miravalles.

En las últimas elecciones generales hubo 37 personas que decidieron votar a Ciudadanos en Miravalles. No obtuvieron ningún voto en las municipales de 2015 y tampoco lo obtendrán en las del próximo domingo, porque no presentan lista en esa localidad. Pero en Miravalles hay 37 ciudadanos que probablemente acogerán con agrado la visita del partido. O acogerían. Porque ayer se celebró en el pueblo una asamblea popular para organizar la respuesta vecinal a la visita. En esa asamblea se invitó a los vecinos a cerrar o bajar las persianas de las tiendas y a bajar también las persianas de las viviendas, como muestra de rechazo colectivo. También se invitó a los vecinos a una concentración de repulsa en la Plaza del Pueblo, y a dar la espalda a los asistentes al acto del partido Ciudadanos mientras recorren las calles. Estas acciones sirven tanto para mostrar rechazo como para mostrar quién no muestra rechazo. Así que a lo mejor alguno de esos 37 votantes de Ciudadanos se suma no al acto de Ciudadanos, sino a la invitación de la asamblea popular. Sería comprensible.

En uno de los westerns más famosos de la historia, un criminal es liberado sin que haya cumplido su condena. El criminal había jurado vengarse de quien lo detuvo, el sheriff de un pequeño pueblo llamado Hadleyville. El sheriff había decidido jubilarse y mudarse a otro lugar, abrir un negocio y formar una familia, pero se entera de que el criminal ha sido liberado y de que planea volver al pueblo. Los amigos del sheriff intentan convencerlo para que abandone Hadleyville cuanto antes. También su mujer lo intenta. Pero el sheriff decide quedarse. Recupera su insignia, viste una vez más la estrella y se queda en el pueblo, esperando al tren del mediodía en el que llegará el criminal. El sheriff intenta reunir un grupo de ciudadanos para plantar cara al criminal y a su banda, que también espera en el pueblo. No consigue a nadie. Incluso su antiguo ayudante renuncia. Y finalmente se enfrenta solo al criminal y a su banda.
El final es lo de menos.

Hoy al mediodía está previsto un acto de ciudadanos en Miravalles. Acudirán dirigentes y simpatizantes de un partido y tal vez algún vecino del pueblo. También acudirán personas de pueblos cercanos que votan a ese partido, o a otro, o a ninguno. Algunos acudirán por la llamada del partido, otros por la llamada de la conciencia y otros por los 37 vecinos. Muchos acudirán porque tal vez ya están hartos de tolerar una normalidad malsana que convierte las calles de tantos pueblos vascos en escenarios para homenajear a los terroristas de ETA cuando éstos, como el criminal de la película, vuelven a sus pueblos.
El partido que convoca el acto no obtendrá ningún voto en Miravalles ni en ninguna de las otras localidades parecidas a Miravalles, con sus plazas del pueblo, sus Herriko Tabernas y sus vecinos etarras. No sé si el acto hará que el partido obtenga más votos en las localidades que no son como Miravalles. Francamente, es lo que menos me importa. Lo que me importa, como ciudadano de una localidad parecida a Miravalles -Galdácano-, es que comencemos a recuperar la decencia. Lo que me importa es que los ciudadanos que no apoyamos a quienes durante décadas ejercieron el terrorismo como herramienta política entendamos que la normalidad es otra cosa. Que recibir con aplausos, antorchas y bailes a quienes decidieron dedicar su vida a sembrar el terror es lo más alejado de la normalidad. Que debe dejar de ser normal, que debe empezar a hacerse en los sótanos de los pueblos, no en las plazas, y que todo eso seguirá siendo normal sólo si dejamos que siga siendo normal, si cogemos el tren de las 12:00, si bajamos las persianas.

Hoy al mediodía habrá una reunión de ciudadanos en Miravalles y el final, de nuevo, es lo de menos.

El País Vasco es una potencia

Es una potencia educativa. Así lo señalaban referentes como la BBC o José Antonio Marina, siempre certeros.

Pero no es sólo eso. Es también una potencia democrática. Así lo han señalado numerosos tuiteros y opinadores de reconocido prestigio tras las últimas elecciones generales, en las que Vox no llegó al 3% de los votos en el País Vasco.

Aunque claro, luego llega Pisa y te estropea la fiesta. La imagen del País Vasco como potencia educativa dependía de las evaluaciones internas y de datos tan neutros como el gasto por alumno. Pero cuando los alumnos del País Vasco se someten a evaluaciones internacionales como PIRL o PISA pasa lo que pasa. Lo que pasa es que el País Vasco está por debajo de la media de la UE en las tres competencias que se miden en el informe PISA publicado en 2016: Comprensión Lectora, Ciencias y Matemáticas. En dos de ellas (Comprensión Lectora y Ciencias) están además por debajo de la media de la OCDE y de España.

Y claro, luego llega Bildu y, en fin, nada, la fiesta sigue. Porque el País Vasco, como dijeron muchos opinadores de reconocido prestigio, había dado una lección democrática desterrando no sólo a Vox sino también al PP y a Ciudadanos. Hoy ha salido Sortu/Bildu a condenar la detención del etarra Josu Ternera, a pedir su excarcelación y a organizar actos en su apoyo. Bildu mandó cuatro diputados al Congreso en las últimas elecciones generales celebradas en España. Cuatro diputados que se sumarán a los 15 de ERC, con quienes formarán grupo con unidad de acción en el Congreso, lo que da un resultado de 19 diputados. Y estamos a unos días de las municipales y forales, en las que probablemente el País Vasco dará una lección aún mayor.

Y nada, simplemente me he acordado de estas dos cosas. De las lecciones del País Vasco y de quienes comienzan a ver sólo jardines en cuanto pasan Pancorbo.

Otro informe para el Gobierno vasco

Leo hoy una noticia en El Mundo. “Euskadi registró 130 delitos de odio en 2018, casi la mitad racistas”. La noticia muestra algunos de los datos que se recogen en un informe sobre delitos de odio elaborado por la Cátedra de Derechos Humanos y Poderes Públicos de la Universidad del País Vasco, informe que se entregó ayer a la consejera de Seguridad del Gobierno vasco. Entre esos datos se encuentra la distribución de los delitos en función de su carácter: racista/xenófobo, de orientación e identidad sexual, ideología/orientación política, creencias religiosas, diversidad funcional y aporofobia.


Como uno tiene los sesgos que tiene, o los intereses, o las circunstancias, o lo que sea, me pregunté después de leer la noticia en qué categoría incluirían los “españoles, hijos de puta”, o los “volveos a España”, o los “no os queremos, no sois bienvenidos” que numerosos vecinos de la localidad guipuzcoana de Rentería dirigieron a los asistentes al acto que Ciudadanos celebró allí el domingo pasado. ¿Caerían en la categoría de ideología y orientación política, o en la de delitos de odio de carácter racista/xenófobo? ¿Y en qué categoría habrían incluido los actos similares que se produjeron en Alsasua? Lo de Alsasua, con los mismos insultos y amenazas, ocurrió en 2018, aunque es verdad que no fue en el País Vasco sino en Navarra. Aun así, como sé que la delimitación de lo que es el País Vasco y lo que es Navarra parece que no está del todo clara en determinados sectores, creí que sería interesante buscar el informe y echarle un vistazo.

El documento es éste: Informe de incidentes de odio de Euskadi 2018. Hay alguna cosa interesante.

Éstos son los delitos de odio registrados en Euskadi en 2018:

  • 17 por ideología/orientación política.
  • 39 por orientación/identidad sexual.
  • 62 por racismo/xenofobia.

Volveré después a la cifra de delitos de odio por ideología/orientación política.


Antes de eso, algo que no consigo entender, pero para lo que seguro hay una explicación: en el informe hay un desglose de los delitos por orientación/identidad sexual y también por racismo/xenofobia, pero no por ideología/orientación política.


Es decir, en el informe se indica a qué categoría pertenecían las víctimas de delitos por orientación/identidad sexual y de carácter racista/xenófobo, pero no ocurre lo mismo con las víctimas de delitos por ideología/orientación política. Únicamente el territorio donde se cometieron. Esto se puede ver en el siguiente gráfico del informe.


Parece evidente que, si se quieren analizar los delitos de odio, es útil manejar una información detallada de cuestiones como la categoría a la que pertenecen las víctimas. Por ejemplo, en las víctimas de delitos de racismo/xenofobia veíamos que había 1 víctima del colectivo asiático, 4 del gitano/romaní y 15 del árabe. Es útil saber esto porque así podremos detectar qué colectivos concretos son más vulnerables.


En cualquier caso, sí parece que en el informe cuentan con algún tipo de dato relativo a la categoría de las víctimas por delitos por ideología/orientación política. Hay que ir hasta la página 74, en el anexo de casos destacados en la prensa.


Recogen cinco casos:

  • Agresión en el Campus de Álava de la Universidad del País Vasco a un estudiante que pertenecía a una asociación que defendía la unidad de España.
  • Actos de bienvenida “a presos” (se les ha debido de caer “de ETA” al escribirlo).
  • Amenazas e insultos al niño Gabriel.
  • El caso de los “jóvenes de Alsasua” “acusados” de terrorismo y odio a la Guardia Civil.
  • Condenas por enaltecimiento del terrorismo a raperos.

Y ahora, lo interesante. El informe recoge 17 delitos de odio por ideología/orientación política. El informe incluye en estos delitos los actos de enaltecimiento y de bienvenida/homenaje a “presos” (de ETA). Covite documentó, sólo en 2018, 196 actos de este tipo.



196 casos de enaltecimiento en 2018. Más que todos los casos juntos de delitos de odio de 2018, que supuestamente incluyen los casos de enaltecimiento, recogidos en el informe: 130 casos en total. ¿Será que hacen un uso estricto del concepto “delito”? No lo parece, según lo que se puede leer en el propio informe.


Para terminar, por qué creo que esto es importante, además de interesante. En 2018 hubo un total de 29 detenciones relacionadas con delitos de odio. 23 de los 29 detenidos lo fueron por delitos relacionados con ideología/orientación política. Categoría que, por alguna razón, no está desglosada en el informe.


Comenzaba el comentario a este informe preguntándome en qué categoría incluirían los “españoles, hijos de puta”, “volveos a casa” o “no os queremos, no sois bienvenidos” de Alsasua y Rentería. En este último caso, por cierto, promovidos por un sindicato (LAB) y por un partido político, Sortu, que es el principal partido de la coalición EH Bildu. Pues bien, parece que los autores del informe también se lo preguntaron, y parece que entrarían en la categoría de racismo/xenofobia, concretamente en “otra raza/origen étnico”.


También me parece interesante porque me ha hecho recordar uno de los colectivos étnico/raciales incluidos en el desglose de delitos racistas/xenófobos: “Sin especificar”. Curiosamente es el colectivo hacia el que se cometía un mayor número de delitos, por bastante diferencia. 25, o lo que es lo mismo, el 40,32% del total de delitos.


Entre finitos y tortitas de camarón

Hoy, de nuevo, un artículo sobre Rentería. Éste, en Naiz. Su autor es Iñaki Revuelta, cantante, y el título es Errenteria aurrera!, que se puede traducir como ¡Adelante Rentería! En realidad los artículos sobre Rentería no comenzaron después del acoso del domingo. Comenzaron cuando en buena parte de la prensa no abertzale, con El País como principal referente, decidieron construir un relato sobre Rentería (2017, 2018). Su alcalde había pedido perdón a las víctimas “si en algún momento este consistorio a lo largo de su historia, o yo mismo, no hemos estado a la altura de las circunstancias”. Del mismo modo que cualquier muestra de apoyo que vaya seguida de un “pero” no vale nada, cualquier petición de perdón que comience con un condicional no es más que una muestra de que en realidad no se está pidiendo perdón. La circunstancia a la que se refería el alcalde es que Rentería fue durante muchos años un pueblo vedado para una buena parte de sus vecinos. Y lo sigue siendo. Lo que ha cambiado es que ya no los asesinan. Por eso lo que hace el alcalde de Rentería es peor que inútil. Es inmoral. Lo que hace es pedir perdón a quienes ya están muertos, a quienes fueron desactivados y no pueden molestar, mientras normaliza que los matones, sus matones, en cuanto que son sus representados, acosen a quienes deciden dar discursos que no se integran en la idea única del nacionalismo.
El alcalde, un detalle importante, es de EH Bildu. La misma coalición que tiene en Sortu a su principal partido, la misma coalición que presenta a etarras condenados en sus listas, y la misma coalición desde la que se organizan homenajes a etarras cuando salen de la cárcel. Bien, pues a este alcalde lo acompañó una azucarada campaña mediática desde que nombró las palabras “reconciliación” y “convivencia”.

El domingo se vio en qué consistían la reconciliación y la convivencia. Un partido político decidió celebrar allí un acto con, entre otros, Fernando Savater y Maite Pagazaurtundúa. Días antes de la celebración del acto ya había llamamientos a recibirlos “como merecen”. Entre esos llamamientos estaba el de Sortu, el principal partido de la coalición a la que pertenece el alcalde de Rentería. Llamamientos a recibirlos no con aplausos, o con un silencio solemne, que tal vez sería lo suyo, sino con insultos, con exigencias de que se “vuelvan a España”, con miradas de odio, con patadas a los coches y, lo de menos y lo que más se ha resaltado en cierta prensa, con caceroladas y lazos amarillos. La recepción fue justo lo opuesto al recibimiento que se ofrece habitualmente, también en Rentería, a presos de ETA que salen de la cárcel. A éstos se los recibe con aplausos y aurreskus, como recordó Pagazaurtundúa. A aquéllos se les recibió como si fueran asesinos. Había más personas insultando a los asistentes del acto, desde que entraron hasta que se fueron, que asistentes al acto. Este detalle se ha comentado con cierta sorna en la prensa no abertzale, dando la razón a la prensa abertzale, más roma, que señalaba directamente que no eran bienvenidos.


Ésta es la esencia no sólo de Rentería, sino de todos los pueblos vascos -y catalanes- en los que el nacionalismo no es que se haya desviado, sino que sencillamente ha llegado a su última fase, la de religión sustitutoria que genera sus propias inquisiciones y sus propios demonios. La esencia de cierta prensa no abertzale, por alguna razón, es tolerar que en numerosas regiones de España siga imperando la ley de la tribu, la separación entre un ellos y un nosotros, una separación étnica que va más allá de lo retórico.

Pero esta prensa no puede mostrar sin más el esqueleto de esta convivencia orwelliana. Necesita un relato, una ficción sobre la que construir su aceptación cobarde de lo peor de España, de Europa y de la historia reciente. Necesita artículos como los que se publicaron hace dos o tres años sobre el ejemplar alcalde de Rentería, aunque hoy no puedan ser vistos más que como una enorme equivocación, no sólo empírica sino principalmente moral. Gracias a esos artículos, y gracias a las campañas del propio ayuntamiento, se pueden publicar textos como el que hoy aparece en Naiz. “Adelante Errenteria”, dice el autor del texto. “Gora Errenteria”, decía Maite Pagazaurtundúa. El autor del texto apela a quienes el domingo le gritaban a Maite Pagaza que se volviera a España, los anima a que lo sigan diciendo. Maite Pagaza, que pasó su infancia en Rentería, también se dirigía a ellos. Se dirigía a ellos como el padre Barry se dirigía no sólo a los matones de La ley del silencio, sino también a aquéllos que guardaban un silencio cómplice. Pagazaurtundúa se dirigía a ellos y los miraba a la cara no para hacerse perdonar ni para intentar “seducirlos”, sino para que escucharan, por una vez y en su casa, que también es la de ella, en qué consiste el horrible proyecto del que decidieron ser parte.
La prensa no abertzale necesita artículos como el que hoy publica Naiz porque, además de dar la razón a quienes exigían a los asistentes del acto que se fueran y no volvieran nunca, deja pinceladas de la ejemplar lucha del pueblo por la convivencia:

Mucha «culpa» de todo esto que se respira por allí la tiene su alcalde Julen Mendoza, al cual también tuve el honor de conocer en uno de esos enriquecedores encuentros culturales. Entre finitos y tortitas de camarón, entonábamos “Txoria Txori” con un toque flamenco, en una bella armonía entre personas que únicamente quieren aportar y no destruir. Envidiable sin duda ese escenario logrado, ansiado por muchos pero no siempre conseguido.

Rentería, como tantos otros pueblos vascos -y catalanes- es el horror oculto tras una gran ficción. Es una aldea potemkin en la que todo es bella armonía, siempre y cuando los que hasta hace poco temían ser asesinados por no aceptar el modelo tribal de convivencia se queden en casa cuando alguien como Maite Pagazaurtundúa, vecina del pueblo y a cuyo hermano decidió asesinar ETA, pretende dar un discurso en la plaza. Puedes organizar jornadas culturales, comer tortitas de camarón, recibir con aplausos a los asesinos de ETA e incluso cantar con un toque flamenco; pero que no se te ocurra dar un discurso en la plaza para defender a quienes siempre fueron silenciados en pueblos como Rentería, porque dirán que vas a provocar. Lo dirán quienes aplauden a los etarras, el alcalde, los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco, la prensa abertzale, una parte de la prensa no abertzale, los dirigentes de partidos como Podemos e incluso, de manera más o menos explícita en función de las circunstancias, dirigentes del partido que durante un tiempo fue el partido de Maite Pagazaurtundúa.

La España negra es y ha sido siempre, desde que vivimos en un Estado de derecho, la España de Rentería, Alsasua, Vic y Amer. La España de los que limpian con lejía después de que pasen quienes son considerados enemigos del pueblo, la España de los que repiten el mensaje único desde la megafonía municipal, la España de los que cierran los pueblos a los que “vienen de lejos” mientras los abren a quienes decidieron asesinar a los enemigos del pueblo. Ésa es la España negra realmente existente. Y seguirá siéndolo mientras no entendamos que el primer paso para conseguir la España que quieres debe ser la denuncia firme y constante de esta España indeseable, y que en Rentería, Alsasua, Vic y Amer hay personas que quieren una España en la que se pueda vivir con normalidad, y que esas personas merecen algo más que una condena genérica, rápida y estéril de “las violencias vengan de donde vengan”. Porque las violencias vienen casi siempre del mismo sitio, y se dirigen casi siempre hacia los mismos.

——————————————————————————————————————–El Ayuntamiento de Rentería elaboró el año pasado una campaña para mostrar la convivencia y la diversidad que caracterizan al pueblo. El principal documento de la campaña era una canción. El nombre de la canción es “Egin zaidazu bisita”, algo así como “Visítame”. Al comienzo del vídeo, varios felpudos ante una puerta, con palabras como “Home”, “Ongi etorri” o “Bienvenidos”, en varios idiomas. Éste es el vídeo. A continuación, un vídeo en el que cualquiera puede ver cómo fue el trato a los que quisieron visitar Rentería el domingo. Y por último, el discurso de Maite Pagazaurtundúa en Rentería.

Atxaga

Hace unos días el escritor Bernardo Atxaga decía en eldiario.es que temía a la derecha. Temía que en las próximas elecciones ganase la extrema derecha, que, decía también, es lo mismo que la derecha. Por eso decía que casi estaba dispuesto a hacer “una cuestación o algo” para que la extrema derecha no ganase. No sé cómo una cuestación podría impedir la victoria de lo que el escritor Bernardo Atxaga considera extrema derecha, pero a veces se dice que lo que importa es la intención. El escritor Bernardo Atxaga se convertía por un momento en el activista (¿el intelectual?) Bernardo Atxaga para impedir el triunfo de una fuerza política, de una manera de hacer política, que le da miedo.

El escritor Bernardo Atxaga se sumó en 2015 a la campaña “Free Otegi. Free Them All“. Junto a Atxaga, otros 23 miembros de la cultura vasca. La campaña pedía la libertad para Arnaldo Otegi y la vuelta a casa del resto de los presos. ¿De qué presos? De los “presos vascos”, según el manifiesto. De los “presos políticos vascos”, según recogía la revista Argia en una foto de la presentación. También es llamativo que para pedir el traslado de los presos al País Vasco se eligiera la frase “Free Them All”. Aquí siempre hemos tenido un problema con el nombre y la cosa. Pero en cualquier caso, ahí estaban el nombre y el apellido del escritor. Al lado de Otegi y de los “presos políticos vascos”.

El escritor Bernardo Atxaga acudió recientemente a la presentación de la película El hijo del acordeonista, basada en la novela del mismo nombre de la que él es autor. En la presentación dijo que también planea escribir una novela sobre el caso Alsasua, porque se siente “muy angustiado” debido a la sentencia. Según el escritor, “cualquier persona en el País Vasco sabe que eso fue una pelea de bar”. También lamentó la “campaña contra el pueblo“, algo que le asusta “horriblemente” y le da miedo.

El escritor Bernardo Atxaga tiene ya unos años, y ha vivido. Como nosotros, que también tenemos ya unos años y hemos vivido, y hemos visto lo que se ha dicho y lo que no se ha dicho nunca. Lo que se ha hecho, o lo que se dice que (casi) se va a hacer, y lo que nunca se hizo. Y desde luego hemos visto lo que es el miedo, y quiénes eran los que tenían miedo diariamente. No un miedo de marfil, de intelectual que contempla ideas estéticamente desagradables; miedo a que un día estallara una bomba en el coche, a que además de a uno mismo asesinaran a la pareja o a los hijos o, de manera menos grave y más frecuente, a que lo señalaran, a que lo convirtieran en el paria del pueblo. O a que una noche, en las fiestas del pueblo, unos jóvenes decidieran emprenderla a golpes y gritos con uno mismo y con su pareja.

Bernardo Atxaga dice que le dan miedo la derecha y la campaña contra el pueblo de Alsasua. Dice también que cualquier persona en el País Vasco sabe, por alguna razón, que lo de Alsasua fue una pelea de bar. Sería interesante saber por qué razón cree Atxaga que cualquier persona en el País Vasco sabe qué fue lo que ocurrió en Alsasua.

El escritor Bernardo Atxaga aparecía en la película La pelota vasca, de Julio Médem. Creo que la última escena era precisamente para Atxaga, y decía algo muy interesante. Decía que él soñaba “con la ciudad vasca”. Hacía un juego de palabras: Euskal Herria, pueblo vasco, y Euskal hiria, ciudad vasca. Decía también que en la ciudad no hay una sola identidad, sino que todos caben en ella, todas las identidades.
Pero no es ésa la principal diferencia entre ciudad y pueblo como conceptos políticos. La principal diferencia es que en la ciudad juzgan los jueces. Y en el pueblo, el pueblo.