El País Vasco es una potencia

Es una potencia educativa. Así lo señalaban referentes como la BBC o José Antonio Marina, siempre certeros.

Pero no es sólo eso. Es también una potencia democrática. Así lo han señalado numerosos tuiteros y opinadores de reconocido prestigio tras las últimas elecciones generales, en las que Vox no llegó al 3% de los votos en el País Vasco.

Aunque claro, luego llega Pisa y te estropea la fiesta. La imagen del País Vasco como potencia educativa dependía de las evaluaciones internas y de datos tan neutros como el gasto por alumno. Pero cuando los alumnos del País Vasco se someten a evaluaciones internacionales como PIRL o PISA pasa lo que pasa. Lo que pasa es que el País Vasco está por debajo de la media de la UE en las tres competencias que se miden en el informe PISA publicado en 2016: Comprensión Lectora, Ciencias y Matemáticas. En dos de ellas (Comprensión Lectora y Ciencias) están además por debajo de la media de la OCDE y de España.

Y claro, luego llega Bildu y, en fin, nada, la fiesta sigue. Porque el País Vasco, como dijeron muchos opinadores de reconocido prestigio, había dado una lección democrática desterrando no sólo a Vox sino también al PP y a Ciudadanos. Hoy ha salido Sortu/Bildu a condenar la detención del etarra Josu Ternera, a pedir su excarcelación y a organizar actos en su apoyo. Bildu mandó cuatro diputados al Congreso en las últimas elecciones generales celebradas en España. Cuatro diputados que se sumarán a los 15 de ERC, con quienes formarán grupo con unidad de acción en el Congreso, lo que da un resultado de 19 diputados. Y estamos a unos días de las municipales y forales, en las que probablemente el País Vasco dará una lección aún mayor.

Y nada, simplemente me he acordado de estas dos cosas. De las lecciones del País Vasco y de quienes comienzan a ver sólo jardines en cuanto pasan Pancorbo.

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Otro informe para el Gobierno vasco

Leo hoy una noticia en El Mundo. “Euskadi registró 130 delitos de odio en 2018, casi la mitad racistas”. La noticia muestra algunos de los datos que se recogen en un informe sobre delitos de odio elaborado por la Cátedra de Derechos Humanos y Poderes Públicos de la Universidad del País Vasco, informe que se entregó ayer a la consejera de Seguridad del Gobierno vasco. Entre esos datos se encuentra la distribución de los delitos en función de su carácter: racista/xenófobo, de orientación e identidad sexual, ideología/orientación política, creencias religiosas, diversidad funcional y aporofobia.


Como uno tiene los sesgos que tiene, o los intereses, o las circunstancias, o lo que sea, me pregunté después de leer la noticia en qué categoría incluirían los “españoles, hijos de puta”, o los “volveos a España”, o los “no os queremos, no sois bienvenidos” que numerosos vecinos de la localidad guipuzcoana de Rentería dirigieron a los asistentes al acto que Ciudadanos celebró allí el domingo pasado. ¿Caerían en la categoría de ideología y orientación política, o en la de delitos de odio de carácter racista/xenófobo? ¿Y en qué categoría habrían incluido los actos similares que se produjeron en Alsasua? Lo de Alsasua, con los mismos insultos y amenazas, ocurrió en 2018, aunque es verdad que no fue en el País Vasco sino en Navarra. Aun así, como sé que la delimitación de lo que es el País Vasco y lo que es Navarra parece que no está del todo clara en determinados sectores, creí que sería interesante buscar el informe y echarle un vistazo.

El documento es éste: Informe de incidentes de odio de Euskadi 2018. Hay alguna cosa interesante.

Éstos son los delitos de odio registrados en Euskadi en 2018:

  • 17 por ideología/orientación política.
  • 39 por orientación/identidad sexual.
  • 62 por racismo/xenofobia.

Volveré después a la cifra de delitos de odio por ideología/orientación política.


Antes de eso, algo que no consigo entender, pero para lo que seguro hay una explicación: en el informe hay un desglose de los delitos por orientación/identidad sexual y también por racismo/xenofobia, pero no por ideología/orientación política.


Es decir, en el informe se indica a qué categoría pertenecían las víctimas de delitos por orientación/identidad sexual y de carácter racista/xenófobo, pero no ocurre lo mismo con las víctimas de delitos por ideología/orientación política. Únicamente el territorio donde se cometieron. Esto se puede ver en el siguiente gráfico del informe.


Parece evidente que, si se quieren analizar los delitos de odio, es útil manejar una información detallada de cuestiones como la categoría a la que pertenecen las víctimas. Por ejemplo, en las víctimas de delitos de racismo/xenofobia veíamos que había 1 víctima del colectivo asiático, 4 del gitano/romaní y 15 del árabe. Es útil saber esto porque así podremos detectar qué colectivos concretos son más vulnerables.


En cualquier caso, sí parece que en el informe cuentan con algún tipo de dato relativo a la categoría de las víctimas por delitos por ideología/orientación política. Hay que ir hasta la página 74, en el anexo de casos destacados en la prensa.


Recogen cinco casos:

  • Agresión en el Campus de Álava de la Universidad del País Vasco a un estudiante que pertenecía a una asociación que defendía la unidad de España.
  • Actos de bienvenida “a presos” (se les ha debido de caer “de ETA” al escribirlo).
  • Amenazas e insultos al niño Gabriel.
  • El caso de los “jóvenes de Alsasua” “acusados” de terrorismo y odio a la Guardia Civil.
  • Condenas por enaltecimiento del terrorismo a raperos.

Y ahora, lo interesante. El informe recoge 17 delitos de odio por ideología/orientación política. El informe incluye en estos delitos los actos de enaltecimiento y de bienvenida/homenaje a “presos” (de ETA). Covite documentó, sólo en 2018, 196 actos de este tipo.



196 casos de enaltecimiento en 2018. Más que todos los casos juntos de delitos de odio de 2018, que supuestamente incluyen los casos de enaltecimiento, recogidos en el informe: 130 casos en total. ¿Será que hacen un uso estricto del concepto “delito”? No lo parece, según lo que se puede leer en el propio informe.


Para terminar, por qué creo que esto es importante, además de interesante. En 2018 hubo un total de 29 detenciones relacionadas con delitos de odio. 23 de los 29 detenidos lo fueron por delitos relacionados con ideología/orientación política. Categoría que, por alguna razón, no está desglosada en el informe.


Comenzaba el comentario a este informe preguntándome en qué categoría incluirían los “españoles, hijos de puta”, “volveos a casa” o “no os queremos, no sois bienvenidos” de Alsasua y Rentería. En este último caso, por cierto, promovidos por un sindicato (LAB) y por un partido político, Sortu, que es el principal partido de la coalición EH Bildu. Pues bien, parece que los autores del informe también se lo preguntaron, y parece que entrarían en la categoría de racismo/xenofobia, concretamente en “otra raza/origen étnico”.


También me parece interesante porque me ha hecho recordar uno de los colectivos étnico/raciales incluidos en el desglose de delitos racistas/xenófobos: “Sin especificar”. Curiosamente es el colectivo hacia el que se cometía un mayor número de delitos, por bastante diferencia. 25, o lo que es lo mismo, el 40,32% del total de delitos.


Entre finitos y tortitas de camarón

Hoy, de nuevo, un artículo sobre Rentería. Éste, en Naiz. Su autor es Iñaki Revuelta, cantante, y el título es Errenteria aurrera!, que se puede traducir como ¡Adelante Rentería! En realidad los artículos sobre Rentería no comenzaron después del acoso del domingo. Comenzaron cuando en buena parte de la prensa no abertzale, con El País como principal referente, decidieron construir un relato sobre Rentería (2017, 2018). Su alcalde había pedido perdón a las víctimas “si en algún momento este consistorio a lo largo de su historia, o yo mismo, no hemos estado a la altura de las circunstancias”. Del mismo modo que cualquier muestra de apoyo que vaya seguida de un “pero” no vale nada, cualquier petición de perdón que comience con un condicional no es más que una muestra de que en realidad no se está pidiendo perdón. La circunstancia a la que se refería el alcalde es que Rentería fue durante muchos años un pueblo vedado para una buena parte de sus vecinos. Y lo sigue siendo. Lo que ha cambiado es que ya no los asesinan. Por eso lo que hace el alcalde de Rentería es peor que inútil. Es inmoral. Lo que hace es pedir perdón a quienes ya están muertos, a quienes fueron desactivados y no pueden molestar, mientras normaliza que los matones, sus matones, en cuanto que son sus representados, acosen a quienes deciden dar discursos que no se integran en la idea única del nacionalismo.
El alcalde, un detalle importante, es de EH Bildu. La misma coalición que tiene en Sortu a su principal partido, la misma coalición que presenta a etarras condenados en sus listas, y la misma coalición desde la que se organizan homenajes a etarras cuando salen de la cárcel. Bien, pues a este alcalde lo acompañó una azucarada campaña mediática desde que nombró las palabras “reconciliación” y “convivencia”.

El domingo se vio en qué consistían la reconciliación y la convivencia. Un partido político decidió celebrar allí un acto con, entre otros, Fernando Savater y Maite Pagazaurtundúa. Días antes de la celebración del acto ya había llamamientos a recibirlos “como merecen”. Entre esos llamamientos estaba el de Sortu, el principal partido de la coalición a la que pertenece el alcalde de Rentería. Llamamientos a recibirlos no con aplausos, o con un silencio solemne, que tal vez sería lo suyo, sino con insultos, con exigencias de que se “vuelvan a España”, con miradas de odio, con patadas a los coches y, lo de menos y lo que más se ha resaltado en cierta prensa, con caceroladas y lazos amarillos. La recepción fue justo lo opuesto al recibimiento que se ofrece habitualmente, también en Rentería, a presos de ETA que salen de la cárcel. A éstos se los recibe con aplausos y aurreskus, como recordó Pagazaurtundúa. A aquéllos se les recibió como si fueran asesinos. Había más personas insultando a los asistentes del acto, desde que entraron hasta que se fueron, que asistentes al acto. Este detalle se ha comentado con cierta sorna en la prensa no abertzale, dando la razón a la prensa abertzale, más roma, que señalaba directamente que no eran bienvenidos.


Ésta es la esencia no sólo de Rentería, sino de todos los pueblos vascos -y catalanes- en los que el nacionalismo no es que se haya desviado, sino que sencillamente ha llegado a su última fase, la de religión sustitutoria que genera sus propias inquisiciones y sus propios demonios. La esencia de cierta prensa no abertzale, por alguna razón, es tolerar que en numerosas regiones de España siga imperando la ley de la tribu, la separación entre un ellos y un nosotros, una separación étnica que va más allá de lo retórico.

Pero esta prensa no puede mostrar sin más el esqueleto de esta convivencia orwelliana. Necesita un relato, una ficción sobre la que construir su aceptación cobarde de lo peor de España, de Europa y de la historia reciente. Necesita artículos como los que se publicaron hace dos o tres años sobre el ejemplar alcalde de Rentería, aunque hoy no puedan ser vistos más que como una enorme equivocación, no sólo empírica sino principalmente moral. Gracias a esos artículos, y gracias a las campañas del propio ayuntamiento, se pueden publicar textos como el que hoy aparece en Naiz. “Adelante Errenteria”, dice el autor del texto. “Gora Errenteria”, decía Maite Pagazaurtundúa. El autor del texto apela a quienes el domingo le gritaban a Maite Pagaza que se volviera a España, los anima a que lo sigan diciendo. Maite Pagaza, que pasó su infancia en Rentería, también se dirigía a ellos. Se dirigía a ellos como el padre Barry se dirigía no sólo a los matones de La ley del silencio, sino también a aquéllos que guardaban un silencio cómplice. Pagazaurtundúa se dirigía a ellos y los miraba a la cara no para hacerse perdonar ni para intentar “seducirlos”, sino para que escucharan, por una vez y en su casa, que también es la de ella, en qué consiste el horrible proyecto del que decidieron ser parte.
La prensa no abertzale necesita artículos como el que hoy publica Naiz porque, además de dar la razón a quienes exigían a los asistentes del acto que se fueran y no volvieran nunca, deja pinceladas de la ejemplar lucha del pueblo por la convivencia:

Mucha «culpa» de todo esto que se respira por allí la tiene su alcalde Julen Mendoza, al cual también tuve el honor de conocer en uno de esos enriquecedores encuentros culturales. Entre finitos y tortitas de camarón, entonábamos “Txoria Txori” con un toque flamenco, en una bella armonía entre personas que únicamente quieren aportar y no destruir. Envidiable sin duda ese escenario logrado, ansiado por muchos pero no siempre conseguido.

Rentería, como tantos otros pueblos vascos -y catalanes- es el horror oculto tras una gran ficción. Es una aldea potemkin en la que todo es bella armonía, siempre y cuando los que hasta hace poco temían ser asesinados por no aceptar el modelo tribal de convivencia se queden en casa cuando alguien como Maite Pagazaurtundúa, vecina del pueblo y a cuyo hermano decidió asesinar ETA, pretende dar un discurso en la plaza. Puedes organizar jornadas culturales, comer tortitas de camarón, recibir con aplausos a los asesinos de ETA e incluso cantar con un toque flamenco; pero que no se te ocurra dar un discurso en la plaza para defender a quienes siempre fueron silenciados en pueblos como Rentería, porque dirán que vas a provocar. Lo dirán quienes aplauden a los etarras, el alcalde, los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco, la prensa abertzale, una parte de la prensa no abertzale, los dirigentes de partidos como Podemos e incluso, de manera más o menos explícita en función de las circunstancias, dirigentes del partido que durante un tiempo fue el partido de Maite Pagazaurtundúa.

La España negra es y ha sido siempre, desde que vivimos en un Estado de derecho, la España de Rentería, Alsasua, Vic y Amer. La España de los que limpian con lejía después de que pasen quienes son considerados enemigos del pueblo, la España de los que repiten el mensaje único desde la megafonía municipal, la España de los que cierran los pueblos a los que “vienen de lejos” mientras los abren a quienes decidieron asesinar a los enemigos del pueblo. Ésa es la España negra realmente existente. Y seguirá siéndolo mientras no entendamos que el primer paso para conseguir la España que quieres debe ser la denuncia firme y constante de esta España indeseable, y que en Rentería, Alsasua, Vic y Amer hay personas que quieren una España en la que se pueda vivir con normalidad, y que esas personas merecen algo más que una condena genérica, rápida y estéril de “las violencias vengan de donde vengan”. Porque las violencias vienen casi siempre del mismo sitio, y se dirigen casi siempre hacia los mismos.

——————————————————————————————————————–El Ayuntamiento de Rentería elaboró el año pasado una campaña para mostrar la convivencia y la diversidad que caracterizan al pueblo. El principal documento de la campaña era una canción. El nombre de la canción es “Egin zaidazu bisita”, algo así como “Visítame”. Al comienzo del vídeo, varios felpudos ante una puerta, con palabras como “Home”, “Ongi etorri” o “Bienvenidos”, en varios idiomas. Éste es el vídeo. A continuación, un vídeo en el que cualquiera puede ver cómo fue el trato a los que quisieron visitar Rentería el domingo. Y por último, el discurso de Maite Pagazaurtundúa en Rentería.

Atxaga

Hace unos días el escritor Bernardo Atxaga decía en eldiario.es que temía a la derecha. Temía que en las próximas elecciones ganase la extrema derecha, que, decía también, es lo mismo que la derecha. Por eso decía que casi estaba dispuesto a hacer “una cuestación o algo” para que la extrema derecha no ganase. No sé cómo una cuestación podría impedir la victoria de lo que el escritor Bernardo Atxaga considera extrema derecha, pero a veces se dice que lo que importa es la intención. El escritor Bernardo Atxaga se convertía por un momento en el activista (¿el intelectual?) Bernardo Atxaga para impedir el triunfo de una fuerza política, de una manera de hacer política, que le da miedo.

El escritor Bernardo Atxaga se sumó en 2015 a la campaña “Free Otegi. Free Them All“. Junto a Atxaga, otros 23 miembros de la cultura vasca. La campaña pedía la libertad para Arnaldo Otegi y la vuelta a casa del resto de los presos. ¿De qué presos? De los “presos vascos”, según el manifiesto. De los “presos políticos vascos”, según recogía la revista Argia en una foto de la presentación. También es llamativo que para pedir el traslado de los presos al País Vasco se eligiera la frase “Free Them All”. Aquí siempre hemos tenido un problema con el nombre y la cosa. Pero en cualquier caso, ahí estaban el nombre y el apellido del escritor. Al lado de Otegi y de los “presos políticos vascos”.

El escritor Bernardo Atxaga acudió recientemente a la presentación de la película El hijo del acordeonista, basada en la novela del mismo nombre de la que él es autor. En la presentación dijo que también planea escribir una novela sobre el caso Alsasua, porque se siente “muy angustiado” debido a la sentencia. Según el escritor, “cualquier persona en el País Vasco sabe que eso fue una pelea de bar”. También lamentó la “campaña contra el pueblo“, algo que le asusta “horriblemente” y le da miedo.

El escritor Bernardo Atxaga tiene ya unos años, y ha vivido. Como nosotros, que también tenemos ya unos años y hemos vivido, y hemos visto lo que se ha dicho y lo que no se ha dicho nunca. Lo que se ha hecho, o lo que se dice que (casi) se va a hacer, y lo que nunca se hizo. Y desde luego hemos visto lo que es el miedo, y quiénes eran los que tenían miedo diariamente. No un miedo de marfil, de intelectual que contempla ideas estéticamente desagradables; miedo a que un día estallara una bomba en el coche, a que además de a uno mismo asesinaran a la pareja o a los hijos o, de manera menos grave y más frecuente, a que lo señalaran, a que lo convirtieran en el paria del pueblo. O a que una noche, en las fiestas del pueblo, unos jóvenes decidieran emprenderla a golpes y gritos con uno mismo y con su pareja.

Bernardo Atxaga dice que le dan miedo la derecha y la campaña contra el pueblo de Alsasua. Dice también que cualquier persona en el País Vasco sabe, por alguna razón, que lo de Alsasua fue una pelea de bar. Sería interesante saber por qué razón cree Atxaga que cualquier persona en el País Vasco sabe qué fue lo que ocurrió en Alsasua.

El escritor Bernardo Atxaga aparecía en la película La pelota vasca, de Julio Médem. Creo que la última escena era precisamente para Atxaga, y decía algo muy interesante. Decía que él soñaba “con la ciudad vasca”. Hacía un juego de palabras: Euskal Herria, pueblo vasco, y Euskal hiria, ciudad vasca. Decía también que en la ciudad no hay una sola identidad, sino que todos caben en ella, todas las identidades.
Pero no es ésa la principal diferencia entre ciudad y pueblo como conceptos políticos. La principal diferencia es que en la ciudad juzgan los jueces. Y en el pueblo, el pueblo.

Actuaciones inaceptables

Hace unos días el cabeza de lista de EH Bildu para las elecciones europeas, Josu Juaristi, renunciaba a su candidatura por haber tenido “actuaciones inaceptables” con su ex pareja. El candidato confesaba que había enviado mensajes sin el consentimiento de la otra persona y que eso había ocasionado daño.

EH Bildu aceptó la renuncia del candidato y decidió también suspenderlo de militancia.

Pernando Barrena fue un histórico dirigente de HB que en 2016 reconoció, junto a otros 34 compañeros de Batasuna, su integración en organización terrorista. Reconoció que cuando era dirigente de Batasuna en realidad estaba trabajando a las órdenes de ETA.

EH Bildu comunicó ayer el sustituto de Josu Juaristi, que renunció por “actuaciones inaceptables”: será Pernando Barrena.

Salud de las lenguas y conductividad

Hace unas semanas me llamaron para una sustitución en una ikastola de Vizcaya. Las ikastolas son centros educativos concertados, normalmente cooperativas, nacidos con el objetivo de transmitir la cultura vasca y una enseñanza en euskera.
Era una sustitución corta y creía necesario poner a prueba el nivel de competencia lingüística en euskera que acreditaba el título. Un título que recibí hará ya un par de años, y una lengua que no he vuelto a usar desde entonces. Así que el nivel de competencia en esa lengua no puede ser otro que el que es.

El nivel del centro me sorprendió gratamente. No porque tuviera expectativas muy bajas al tratarse de una ikastola, sino porque se trataba de un centro educativo concertado del País Vasco. He conocido bastantes. En una de las salas de profesores había un recorte de periódico sobre Inger Enkvist y otro con una entrevista a Alberto Royo, y no me pareció ver ninguno sobre inteligencias múltiples, sobre las maravillas de la educación finlandesa o sobre las elecciones sindicales. No había visto algo parecido en todos los años que llevo dando clase.

El nivel de euskera, sencillamente, no era el adecuado para poder dar clase como hay que dar clase. Para dar clase en condiciones hay que saber bien lo que vas a explicar y hay que saber que lo sabes, porque si no en lugar de dar clase lo máximo a lo que puedes aspirar es a que no se note que no sabes. Y si no dominas el idioma a la perfección la confianza se resiente, porque es tan importante saber bien lo que vas a explicar como saber explicarlo bien.
Así que una persona que no usa el euskera para nada, y hay muchas personas que no lo usan nunca en el País Vasco, también profesores, no podrá emplear el euskera eficazmente, a pesar de que lo acredite un título oficial.

Ésta es la primera evidencia. La segunda es puramente empírica, y no la había conocido hasta que trabajé en una ikastola. No es sólo que yo, nacido en el País Vasco y con padres nacidos en otras partes de España, no hable habitualmente en euskera; es que los alumnos de esa ikastola, con al menos un padre euskaldun y matriculados en una ikastola precisamente para que puedan “vivir en euskera”, recurren mayoritariamente al castellano en todas las ocasiones menos una: cuando tienen que contestar al profesor. Los escuché en los recreos, en los pasillos, en los intercambios de clase, en el aula cuando perdían el tiempo y en el aula cuando trabajaban. Escuché a alumnos desde ESO hasta 2º de Bachillerato. Y los escuché durante varios días. Pues bien, lo que se escuchaba en la mayoría de esas conversaciones era el castellano.
Esto podría no ser indicativo de nada. Simplemente una preferencia un tanto sorprendente. Pero sí había algo que habría que tener en cuenta, algo que no era nuevo: algunos alumnos, no la mayoría pero sí un número importante, escribían en castellano las respuestas de un trabajo de investigación y después las traducían a euskera, porque les costaba mucho más hacerlo directamente en euskera.

Esto ocurría en un centro educativo en el que los alumnos están acostumbrados al euskera, en el que al menos uno de los padres es euskaldun. Lo llamativo no es que los alumnos se comuniquen normalmente en castellano, sino que algunos tengan problemas para pensar y escribir directamente en euskera. No es muy difícil imaginar que esa dificultad es mucho mayor en centros en los que los alumnos son mayoritariamente castellanoparlantes, en los que apenas tienen contacto con el euskera. Si algunos alumnos de una ikastola reconocían no ser capaces de pensar y escribir directamente en euskera –no sin costes, no sin que se resienta la calidad de su trabajo-, no tiene sentido que se pida eso mismo a alumnos que tienen el castellano como lengua materna y lengua exclusiva de uso.

Los costes son la clave del asunto, lo que permitiría tener un debate racional sobre la política lingüística en el sistema educativo. Pero estos costes no son unos costes normales. No aparecen reflejados en papeles ni en hojas de cálculo. Así que estos costes, salvo que alguien decidiera hacer un estudio serio, sólo se pueden intuir o deducir.
No parece una deducción alocada:

  • si el dominio de la lengua en que se enseña y se aprende afecta a la enseñanza y al aprendizaje;
  • y si se enseña y se aprende en una lengua que no se domina;
  • entonces probablemente se estará enseñando y aprendiendo con dificultades, con costes, con un resultado que no es el mejor.


Creo que los costes concretos no se pueden mostrar, porque para eso tendríamos que recurrir a estudios serios. Y no hay estudios, o al menos no los conozco, sobre los costes del uso del euskera en el sistema educativo vasco.

Y creo que sólo hay dos respuestas a todo esto, a los costes y a que no haya estudios sobre los costes. O bien se piensa que en realidad la lengua en la que se estudia no afecta al proceso de enseñanza y aprendizaje; o bien se piensa que lo que se enseña y lo que se aprende no es tan importante.
Lo primero parece difícil de razonar. Lo segundo debería llevar a una concepción radicalmente distinta del sistema educativo. Porque si lo que se enseña y lo que se aprende, sean contenidos o competencias, no es tan importante, ¿por qué nos empeñamos en enseñar cosas concretas? ¿Por qué damos tanta importancia a las evaluaciones, a los exámenes, incluso a las pruebas diagnóstico o a los informes PISA?
Respecto a lo primero, si realmente el dominio de la lengua no afecta al proceso de enseñanza y aprendizaje, que es un proceso bastante más complejo que los procesos comunicativos diarios, ¿por qué se exige un perfil lingüístico tan costoso como el C1 para poder dar clase? ¿No cabría esperar buenos resultados de un profesor de Science que no domina el inglés, o de unos alumnos que apenas entienden lo que dice el profesor?

Cabe una tercera opción, que consiste en abandonar la racionalidad y entregarse a la metáfora. Todo lo que se hace en educación partiría de una consideración: la salud de la lengua. La lengua, el euskera, moriría lentamente si no se impusiera en el sistema educativo. La lengua sería capaz no sólo de morir sino de sufrir, y cuando se miden los niveles de conocimiento y uso del euskera en realidad no estaríamos haciendo sociología sino medicina. Estaríamos manejando el termómetro y la analítica, estaríamos tratando a un paciente y estaríamos recetando medicamentos.
No me gustan las metáforas, pero imagino que el debate meramente racional puede ser más áspero. Así que propongo emplear otra: la conductividad. La electricidad no se transmite con la misma eficacia a través del oro, de la plata o del cobre. Y desde luego es muy difícil que se transmita eficazmente a través de la piedra, incluso aunque se trate una piedra milenaria. Así que habría que preguntarse qué tipo de circuito eléctrico queremos construir, y para esto es necesario plantearse qué es lo que esperamos de ese circuito. Sólo así podremos valorar la eficacia del circuito, la importancia de la conductividad.

Pero como decía, no me gustan las metáforas.

Herenegun, 5

CAPÍTULO 5

AÑO 0

La narradora camina con Eduardo Madina. La bomba en 2002. Antes de la bomba, dice la narradora, ETA ya había asesinado a Buesa y su escolta, Ernest Lluch, López de Lacalle, Lidón, Santi Oleaga, etc. Una lista, unos segundos, y ya.

Cómo era vivir con ETA, con el miedo, le pregunta la narradora. Y qué cambió.
La narradora pasa a mencionar a cuántas personas mató ETA después de la tregua de 1999, y cuáles eran sus profesiones. Es literalmente imposible asimilarlo. Imposible. Vas oyendo números y profesiones, no nombres, ningún nombre, pasan titulares de la prensa de esos días rápidamente. Pasar página, literalmente.

Aparece Garbiñe Biurrun, invitada habitual de la ETB y magistrada del TSJPV. “Ha seguido de cerca los cambios en las leyes antiterroristas, las ilegalizaciones de la izquierda abertzale (habitual y siempre interesante expresión, por lo que no dice, por lo que deja como poso, porque, en esta ocasión, para esto, no hay explicación, no hay causas, y por tanto es una decisión arbitraria), el cierre de Egunkaria, el sumario 18/98”.

Y habla Biurrun: “Ha habido una parte en mi opinión del Poder Judicial que realmente han interiorizado esa idea de que tenía que estar en lucha directa contra el terrorismo, y de ahí ha surgido la tesis famosa de `Todo es ETA´. Yo esperaba que se desmontara todo un aparato judicial, creía que se iría desmontando poco a poco y desgraciadamente pues veo que no es así”. Ni la narradora ni la propia magistrada explican qué es eso del “Todo es ETA”. No explican qué es lo que está mal en las sentencias por colaboración con ETA a miembros de la izquierda abertzale, no explican quién defiende que todo sea ETA. Pero la narradora ya había relatado en el episodio anterior que el Código Penal comenzó a considerar terrorismo a las acciones de “violencia callejera”, y que muchos jóvenes fueron detenidos, y en este episodio habla de “ilegalizaciones de la izquierda abertzale”, nunca de la subordinación probada, incluso confesada, de la izquierda abertzale a ETA.

Pasan a hablar del cierre de Egunkaria. Habla con un detenido en la operación contra el diario. Le pregunta a Torrealdai si habló con alguien de lo que le pasó. Cinco de los detenidos denunciaron haber sido torturados, dice la narradora. Todos ellos eran referentes de la cultura en Euskadi, dice también. La Audiencia Nacional absolvió a los acusados, Egunkaria nunca tenía que haber sido cerrado y no tenía nada que ver con ETA. Cuando sale alguien hablando de la famosa tesis del “Todo es ETA” y posteriormente mencionan un proceso en el que no había conexión con ETA, el efecto que se produce es evidente. Han mencionado también las ilegalizaciones, los sumarios contra miembros de la izquierda abertzale… Si ahora aparece Otegi no me sorprendería. Porque no hace falta decir que Otegi no era ETA. Basta que cuando se diga que Otegi fue parte de ETA alguien recuerde a Garbiñe Biurrun y la famosa tesis del “Todo es ETA”.
“¿Qué se perdió aquella noche del año 2003 que jamás volvió?”, pregunta la narradora al escritor Torrealdai. Buesa y su escolta, Lluch, López de Lacalle, Lidón, y las páginas que pasaban tan rápido que era imposible quedarse con todos los nombres. Pero aquí sí se detiene. Aquí no hay prisa, y en lugar de páginas que pasan rápidamente nos ofrece una conversación reposada. Torrealdai responde: “La inocencia. He visto el Estado por dentro y es oscuro, muy oscuro”. No se trata de hablar de vencedores y vencidos, no se trata de presentarlo como blanco o negro. Pero sí, el Estado por dentro es muy oscuro, y no, no hay tiempo para Buesa, López de Lacalle, Lluch o Lidón.

Ahora de nuevo el proyecto de investigación sobre tortura y malos tratos, en cuanto Torrealdai nos deja su análisis sobre la luminosidad del Estado. La unidad didáctica es un proceso al Estado, esto lo veo ahora. No tengo ninguna duda de que ése es su único objetivo. “Este informe recoge más de 500 denuncias de tortura y malos tratos en la década”, dice la narradora. “Ésta es Beatriz Etxebarria, denunció haber sido violada en el proceso de incomunicación. El Tribunal Europeo de DD HH condenó a España por no investigar esa denuncia”. Foto de Unai Romano, antes y después de ser detenido por la Guardia Civil.

“Éste es Daniel, el hijo de Pilar. Murió con 20 años en los atentados yihadistas del 11M”. De nuevo vuelve a haber tiempo para el factor humano. No para los familiares de Buesa, López de Lacalle, Lluch o Lidón, pero sí para la madre de una de las personas asesinadas en un atentado yihadista, en Madrid. “Necesito saber qué ha ocurrido”, decía al comienzo del episodio 1. Habla la narradora con Pilar Manjón. “¿Por qué eres la presidenta de la asociación de víctimas del 11M, qué te mueve en lo personal?”.
Estas palabras de la narradora son esenciales: “El Gobierno de Aznar trató de hacer creer a la gente que el atentado era obra de ETA. Tres días después perdieron las elecciones”. Es esencial porque no se limita a exponer sino que juzga las intenciones, es capaz de saber que no fue falta de información ni inercia, sino un intento objetivo de engañar, de mentir a la gente. No hace lo mismo con las treguas de ETA, por poner un ejemplo, ni con las denuncias de tortura investigadas y desestimadas. El engaño aparece sólo para referirse a un Gobierno que tiene que reaccionar de inmediato a un atentado masivo. Por cierto, es la segunda vez que aparece Aznar. La primera fue un pequeño vídeo en el que se le veía decir eso del “Movimiento vasco de liberación”. Ahora, el intento de engañar a la gente. Lo que no ha salido es el intento de asesinato por parte de ETA, del que salió ileso.

“Qué es lo que las víctimas pueden aportar a la sociedad y qué papel tenéis que tener”. Esto se lo pregunta a Pilar Manjón, la presidenta de una asociación de víctimas de los atentados yihadistas del 11M. En un documental sobre ETA. Esto no se lo ha preguntado a víctimas de ETA. En el documental, las víctimas de ETA han hablado sólo de perdón, de la necesidad de la calma interior, de claveles rojos y blancos. Es también lo que dice Pilar Manjón.

La narradora pasa a explicar que tras el 11M ETA no cometió ningún atentado mortal en dos años, que “según el Ministerio de Interior” la cúpula de ETA fue descabezada hasta en 15 ocasiones en esa década, que casi 1.400 personas fueron detenidas “acusadas de pertenecer o colaborar con ETA”. Aparece una imagen de Thierry detenido, otra de Txeroki en un periódico, en el titular se puede leer “ETA pierde a su jefe más sanguinario”, se puede leer si le das al pause, y puedes saber quién es y qué hizo si tienes más de 25 años y has leído algo, difícilmente si tienes 15 ó 17 años. Sigue. “Las ilegalizaciones de la izquierda abertzale ya habían empezado, pero todavía se mantenía en las instituciones”. Ya es la segunda vez que lo expresa así. Como si fuera un proceso, un acto arbitrario de una deidad omnipotente. La idea de ilegalizar es que alguien pone algo donde no había nada. Aleja la idea de que había gente que alternaba su condición de político con su condición de miembro de ETA, o la idea de que ETA tenía tanto una rama terrorista (“armada”, dirían la narradora y los miembros de ETA) como una rama política. La idea es que la izquierda abertzale fue ilegalizada, y así la idea de que ETA formaba parte de la izquierda abertzale, de que dirigía la izquierda abertzale, pasa fácilmente al cajón de “la famosa tesis del Todo es ETA” que mencionaba la magistrada Biurrun, y hoy aparecía en El Mundo la denuncia de que en dos institutos de Vitoria varios alumnos habían realizado un homenaje a un preso de ETA, y también había carteles con su cara y banderas de Presoak Etxera, y me acuerdo también de aquel instituto de Hernani en el que otros alumnos se reunieron durante el “Gudari Eguna” con fotos de etarras y el mensaje de Agur eta Ohore, pero eso, que las ilegalizaciones de la izquierda abertzale ya habían empezado, la foto de la detención de Thierry, quién será ese señor gordo que parece estar pasándolo mal.

Ahora entra en escena Ibarretxe. La voz en off explica quién fue y qué hizo Ibarretxe, la narradora sonríe mientras habla con él por la calle. Explica cómo Ibarretxe fue a defender un nuevo estatuto que reconocía el derecho del “pueblo vasco a decidir su futuro”. “Lo hice subiendo a esa tribuna sin llevar ningún tipo de armas”, dice a la narradora Ibarretxe.
“Éste es el velódromo de  Anoeta en un mitin de la izquierda abertzale en 2004. Batasuna ya había sido ilegalizada (¿Pero por qué? ¿Qué base había, Jonan? ¿No hubo recursos? ¿Tal vez tuvo que pronunciarse el Tribunal Europeo de Derechos Humanos? ¿Y qué dijo? ¿O mejor no decir nada? Al fin y al cabo, estamos en el minuto 8. Hace muy poco hemos escuchado a un señor decir en euskera que el Estado por dentro es oscuro, muy oscuro) y por primera vez, su líder, Arnaldo Otegi, apostó claramente por las vías democráticas”. Su líder, Arnaldo Otegi, había apostado previamente por las vías del secuestro, en ETA, y puesto que estaba en ETA, por el asesinato, la amenaza, la extorsión. Pero no ha habido tiempo para mencionarlo en estos 88 minutos. “Es más difícil hacer la paz, a veces, que hacer la guerra. Hacer la paz significa sacar el conflicto político y armado de las calles y llevarlo a la mesa de negociación. Buscar la alianza de nuestros adversarios y llegar incluso al final, a buscar la complicidad de nuestros enemigos”. Quién es este Otegi, podría preguntarse un alumno de ESO o Bachillerato. Un hombre que apostó por la paz, claro. Un hombre que empieza a tener historia sólo desde ese momento.


Aparece ahora Jesús Eguiguren. “La política no hacía nada por acabar con ETA, porque estaban ya las posiciones fijadas, ETA mataba, venía el ministro o el Presidente, estaba unos minutos con los familiares, se iba a Madrid, hacía declaraciones… en fin, todo era ya una rueda que estaba engrasada desde hace años y que funcionaba, pero que nadie hacía nada distinto para pararlo”. Cuál será la idea que se transmite con estas palabras. Unos hacen una cosa, los otros hacen otra cosa, y así todo el tiempo. Unos, otros. Y la cosa funciona, es decir, tiene un propósito, un diseño, cumple unos objetivos.
Narradora: “Jesús Eguiguren no parece un político. Dice que su obsesión ha sido siempre conseguir la paz”. Y esta presentación, qué. Qué idea transmite. De Eguiguren y de los que, en fin, imagino que sí parecen políticos. Cuál sería la obsesión de éstos. Porque cuál no era ya lo sabemos, o ya lo sabrán quienes vean esto en un aula. ¿Mantener funcionando la rueda? Sigue la presentación. Y la narradora dice esto: “Jesús y Arnaldo se conjuraron para conseguir la paz”, se reunieron durante cinco años en el caserío de Peio. No puede haber un único relato, suele decir Jonan Fernández. Imagino que lo que quiere decir es que hay un relato, uno, en concreto, que no puede ser el único relato. Éste está quedando bien engrasado. Otegi, el hombre de paz. Repaso a las negociaciones de ETA con el Gobierno español. Reunión en Bruselas con Josu Ternera, ¿quién será Josu Ternera?, nadie, claro. Sigue la conversación entre la narradora y Eguiguren. “¿Y tú cómo sabías que lo que estabas haciendo estaba bien?” “Todo lo que habíamos hecho hasta entonces el Estado lo podía asumir. Es decir, ni habíamos vendido Navarra, ni habíamos dicho que iba a haber amnistía, todo iba dentro de los cauces democráticos”. Explica después Eguiguren que, en un momento dado, aparece Thierry (quién será ese señor gordo), desaparece Ternera. Peticiones de amnistía. “No pensarás que va a salir el que mató a Miguel Ángel Blanco. El primero, porque para nosotros tiene más mérito el que se ha picao a 15 que el que ha quemao un autobús”, sigue explicando Eguiguren. “El atentado de la T4 te pilla en una reunión con Arnaldo Otegi”. “Él quería que transmitiera al Gobierno que esto no era el fin… Y yo, es el fin, el Gobierno no puede seguir negociando después de esta bomba. Éramos conscientes de que en Batasuna iba a haber una especie de rebelión, oye, este loco nos ha jodido la salida digna que hemos conseguido”.

Aparecen dos mujeres, dos “víctimas de la violencia” que no se conocían antes de la reunión en Irlanda, en Glencree. Una es Mari Carmen Hernández, viuda de Jesús María Pedrosa, concejal del PP asesinado por ETA. La otra es Axun Lasa, la hermana de Jose Antonio Lasa, asesinado por el Gal. Porque Euskadi, la historia reciente, es la historia de dos violencias. Todo empieza con el franquismo, y después ETA, la abstracta ETA, y el Estado. Hay matices importantes, y hay matices, detalles, en los que no se puede entrar. La aceptación social de una y otra violencia, la complicidad, ¿sería la misma, ETA y el terrorismo de Estado?. La duración de ambas. Qué efectos produjeron. La recepción de quienes formaron parte de esas dos violencias en la actualidad, cómo son tratados. La presencia y justificación de esas violencias en el entorno social. Nada de todo eso. Es la historia de dos violencias, y punto. Hay sufrimiento en los dos lados. Y Otegi hizo posible la paz. Quién era ese señor gordo al que se llevaban detenido. Quién será el que mató a Miguel Ángel Blanco, ¿ha aparecido Txapote en estos 90 minutos? Nadie, nadie. Sólo lo abstracto.

Aparece ahora Paul Rios, la Conferencia de Paz de Lokarri. Vuelve Elkarri, director, guionista, productor y protagonista. “¿Por qué en 2011 ETA decide cesar la lucha armada sin negociar? Para tratar de entenderlo vamos a retroceder diez años, hasta el principio de la década”. Habla de Aralar. Cifras de muertos por año tras Lizarra. 11M. Tregua de 2006. Bomba de la T4, “matando a dos personas”. Quiénes, hombre, un poco de vergüenza. Quiénes eran esas dos personas. ¿Tenían hijos, familiares, amigos, o eran sólo tinta en un periódico? Otegi. Rubalcaba. ETA mata a dos guardias civiles en 2007. ETA mata a cuatro personas más al año siguiente. Aparecen los retratos, quien los conozca previamente sabrá ponerles nombre. “Y a otras tres en 2009. Ese mismo año cinco miembros de la izquierda abertzale son encarcelados por tratar de reorganizar a la ilegalizada Batasuna”. ¿Pero cómo que es imposible un relato único, Jonan? Si ya casi lo tienes, hombre. Rafa Díez y Otegi condenados a diez años, el resto a 8. “El proceso de ilegalización de la izquierda abertzale comenzó siete años antes, con la ley de partidos. Durante ese tiempo fueron ilegalizados más de diez partidos y plataformas electorales, hasta que en 2008 y 2009 la izquierda abertzale no pudo presentarse a las elecciones. Durante esta década casi 1400 personas son detenidas acusadas de pertenecer o colaborar con ETA”. Es la misma redacción que la de Gara/Naiz. Siempre son acusados de, nunca condenados por. La gran plaga de detenciones que cayó del cielo. O que vino desde las entrañas del Estado, tan oscuro por dentro. “Según el Ministerio de Interior, 22 de ellas pertenecían a la cúpula, la mayoría no llegaba a estar un año en la dirección de ETA antes de ser detenidas”. Según, es importante ese según. Porque después dice que la izquierda abertzale, tras numerosas asambleas, pide algo a ETA. Da igual lo que pida. Lo importante es dejar claro que la izquierda abertzale, agente 1, pide a ETA, agente 2. Porque 1400 personas son detenidas acusadas de, nunca condenadas, y porque Garbiñe Biurrun y la famosa tesis del Todo es ETA. La izquierda abertzale nunca tuvo nada que ver con ETA, hombre. Otegi, el líder de la izquierda abertzale. Quién será ese señor gordo, y no, no me suena, ¿Luis Abaitua, dice? No, lo siento. Rufi Etxeberria, Sortu: “La izquierda abertzale rechaza y se opone al uso de la violencia o a la amenaza de su utilización para el logro de objetivos políticos”. Pocos meses después, la conferencia de Aiete.

Retrocedemos un par de minutos: “¿Por qué en 2011 ETA decide cesar la lucha armada sin negociar? Para tratar de entenderlo vamos a retroceder diez años, hasta el principio de la década”. Y allí, diez años antes, la narradora y los alumnos encuentran un relato. La rama política de la izquierda abertzale acabó con la rama terrorista de la izquierda abertzale, pero con otras palabras, claro. El relato no es más que la elección de las palabras precisas para presentar unos hechos como si fueran otros hechos. ¿Y qué hay de las causas? ¿Por qué haría eso la izquierda abertzale? ¿Qué peso tuvo la actuación policial? ¿Qué podía hacer ETA, qué es lo que quedaba de ETA? Nada. No hay nada. Y aparece Patxi López. “Como Lehendakari ¿qué responsabilidad sentiste?” “Una vez que habíamos acabado con la violencia, ¿cómo consolidábamos la convivencia de los que somos distintos en este país?” Hay demasiadas cosas ahí. Dice también que todavía tenemos esto último pendiente, sobre todo una parte, cuánto le cuesta a Bildu decir que esto no debió haber pasado. Pero son siempre las mismas fórmulas vacías. ¿La violencia? ¿Qué violencia, la de las olas en San Sebastián, la de los coches? ¿La convivencia de los que somos distintos? ¿De los que somos distintos en qué sentido? ¿No será la convivencia entre quienes eran asesinados y amenazados y quienes aún siguen pensando lo mismo, entre quienes eran asesinados y quienes celebraban los asesinatos y homenajean a los asesinos? ¿Qué es lo que impide que Patxi López hable claro ni siquiera ahora, ni siquiera en una unidad didáctica como ésta? ¿”En este país”, Patxi?

Aparece ahora Borja Sémper. “Comparto espacios políticos con quienes hubieran justificado que a mí me mataran. Lo mínimo esperable es que digan que que su comportamiento estuvo mal, que se equivocaron”. Narradora, sonriendo: “Hoy mismo vamos a estar con Hasier Arraiz, que como tú ha sido padre recientemente”. “¿Tú te imaginas a tu hijo y al suyo jugando en el parque, siendo amigos?” “Sí, claro. Nosotros tenemos la obligación de construir las condiciones  para que puedan vivir en esa Euskadi y que no sea una mochila cargada de piedras las circunstancias que sus padres tuvieron que vivir”.

La circunstancia de Hasier Arraiz es que de joven fue miembro de Jarrai y de mayor fue miembro de ETA. No según el Ministerio de Interior, no acusado de. En el juicio en el que fue condenado, reconoció que formaba parte de ETA. Ésa es la circunstancia del padre.

“Hasier, ¿cuántos años has pasado en la cárcel?” “Pasé dos años y medio en la cárcel”.
“A ti personalmente te tocó vivir la época de las ilegalizaciones de la izquierda abertzale”. “Sí, dormíamos con un ojo abierto porque siempre teníamos un coche de la policía debajo de casa, es decir, unas condiciones en las que es realmente muy difícil hacer política. No soy quién para decirle a nadie qué autocrítica tiene que hacer pero sí que me gustaría que fuera compartida”. Unas condiciones en las que es muy difícil hacer política. La narradora no interpela aquí. Jonan, el Gobierno vasco, no aprovecha para preguntar por las condiciones en las que los concejales del PP o del PSOE hacían política en Rentería, en San Sebastián, gracias a gente como Hasier Arraiz. Hasier, que hacía política en ETA, lamenta las condiciones en las que tenía que hacer política, tenía un coche de la policía en la calle. Dos violencias, dos sufrimientos, a ti se te muere el padre a mí se me pierde el boli.
“¿Y tú personalmente la harías?”
“Yo reconocería que cuando sufríamos no reparábamos en lo que podía estar sufriendo el de al lado, y eso es algo de lo que yo creo que personalmente he participado”.
“Hemos estado con Borja Sémper, que también ha sido padre recientemente como tú y le hemos preguntado si se imaginaría a su hijo jugando con tus hijas, y nos ha dicho que sí”.
“Sí, no esperaba otra respuesta, la verdad. Me gustaría que los que estamos ahora fuéramos capaces de que nuestras heridas las pudiéramos cerrar de modo que no las heredaran nuestros hijos ni nuestras hijas”. El que formó parte de ETA y el que formó parte de un partido político a cuyos miembros ETA, es decir, la izquierda abertzale, puso en la diana: “nuestras heridas”.

“Lehendakari, han sido décadas de violencia. Qué hemos aprendido personalmente, qué has aprendido”. Aparece Urkullu, imagino que para cerrar con el responsable último del documento.
“Tenemos que hacer autocrítica del silencio en el que cómodamente hayamos podido estar instalados aun estando en contra de lo que ha sido el ejercicio de la violencia, y que si nos callamos estamos de alguna manera no justificando, pero sí dejando que no seamos una sociedad sana”. Alabanzas al programa Adi Adian, miles de personas han escuchado a personas como Axun y Mari Carmen.

Narradora: “Lo que escribamos de ahora en adelante está en nuestras manos. Porque es nuestro futuro. Mi futuro. Tu futuro”.

Y así termina esto. Literalmente.

Ni un segundo para el papel de la Iglesia vasca, reparo en ello ahora. Ni Setién, ni Arrieta Pérez de Mendiola, ni Herria 2000 Eliza. Nada. En 100 minutos. Tampoco para la extorsión, el llamado impuesto revolucionario. Ni un segundo para demasiadas cosas.


El quinto y último episodio abarca la década de los 2000. Éstos son los minutos que se dedican a cada una de las escenas:

Madina: 1:45
Asesinatos de Lidón, Lluch, Buesa, López de Lacalle, entre otros: 24 segundos.
Los 38 asesinatos en 2000 y 2001, sin nombres, sólo las profesiones: 27 segundos.
Garbiñe Biurrun, “todo es ETA”: 47 segundos.
Egunkaria: 1:35
Informe del Gobierno vasco sobre tortura y malos tratos, II: 29 segundos.
Pilar Manjón: 1:42
Detenciones, ilegalizaciones, Ibarretxe, Otegi: 1:43
Eguiguren, negociaciones: 2:58
Glencree, Lokarri, Conferencia de Paz: 2:31
Por qué ETA decide “cesar la lucha armada”, Patxi López: 4 minutos.
Borja Sémper y Hasier Arraiz, los hijos: 2:23
Urkullu, final, cerrar heridas: 2:30

Herenegun, 4

CAPÍTULO 4

Años 90.

Espíritu de Ermua. Miguel Ángel Blanco. Ortega Lara, liberado nueve días antes. Apenas unos segundos, sin detalles, sin declaraciones ni valoraciones (sólo aquélla imagen del episodio 2 fue “una imagen terrible”). Y sin nombres. Ni siquiera Bolinaga. Tampoco “Ortega vuelve a la cárcel”, el titular de Egin tras su liberación. Sí aparecieron mensajes de varios agentes y oficiales comentando una operación policial para reprimir una protesta obrera que terminó con varios muertos, en el episodio 2, pero esto no. Habla Totorika, sobre cómo le sorprendió ver en el ayuntamiento a alguien tan joven como Miguel Ángel Blanco. Habla con Fernando Lecumberri, concejal del PP en Ermua. A Totorika le sorprendió la rotundidad con la que Blanco llamó asesinos a los de ETA en el primer pleno sobre la banda al que asistió, era algo atípico. Imágenes de las manifestaciones que pidieron la liberación de Miguel Ángel Blanco. Imágenes de Totorika dando la noticia desde el balcón de que Blanco ha sido asesinado. Imágenes de personas lanzando gritos contra HB, imágenes de una Herriko incendiada, Totorika intentando apagar el incendio. Y eso es todo. En el asesinato de Miguel Ángel Blanco no hay lugar para García Gaztelu (Txapote), Irantzu Gallastegui o Geresta Mujika, sus asesinos directos. No se pregunta la narradora cómo fueron los momentos previos, qué tipo de persona hay que ser para poner a alguien en esa situación y asesinarlo. Y mucho menos se pregunta por los responsables indirectos, los que prepararon, justificaron y aprobaron el asesinato, también desde la política. No existe Ibon Muñoa, concejal de HB, condenado por prestar apoyo logístico a los etarras para que pudieran secuestrar y asesinar a Miguel Ángel Blanco. Muñoa prestó alojamiento y su coche para que los etarras pudieran llevar a cabo el secuestro y asesinato. Y era, Muñoa, concejal de HB. Todo esto, que explica simplemente mediante la mención, ni siquiera la descripción, no aparece. Jarrai—>HB—>ETA, o directamente Jarrai—>ETA, eran trayectorias frecuentes. Hubo muchos miembros de ETA que previamente habían sido miembros de HB, o que simultanearon las dos ocupaciones. Cuando esto no se explica, la realidad desaparece. Todo lo que venga después parecerá extraño. El “Todo es ETA” parecerá una obsesión, una estrategia ilegítima. Y lo parecerá porque la unidad didáctica ha decidido que ETA era únicamente un ente abstracto. Cómo van a incorporar las relaciones entre ETA y HB, entre ETA y las herriko tabernas, si ni siquiera han tenido la decencia de incorporar las relaciones entre ETA y las personas que constituían ETA. Si ni siquiera Txapote, Potros o Troitiño aparecen en la relación.

Mitin de HB en Anoeta, 1996. La narradora pasa a explicar Oldartzen, lo que se dio en llamar la estrategia de socialización del sufrimiento por parte de HB. Lo que pasa es que la narradora se refiere a ello como “la nueva estrategia política de Herri Batasuna, que apostaba por acumular fuerzas e intensificar la lucha en todos los frentes”. No se ve si hay o no comillas. Y desde luego no se dice “socialización del sufrimiento”.
Aumento de actos de violencia callejera, modificación del Código Penal, que “endureció las condenas contra la kale borroka, y consideró terroristas a los jóvenes que participaban en ella”. Es el Código Penal el que considera, decide considerar, terroristas a quienes participan en actos de “violencia callejera”. Es el Código Penal el que decide, con su capacidad de nombrar, otorgar a la “violencia callejera” una consideración que, hay que deducir, no era parte de su naturaleza. Porque lo que la narradora, y por tanto Jonan Fernández y el Gobierno vasco, están diciendo es que no había una vinculación real entre “los jóvenes” que quemaban cajeros o autobuses y ETA. Esa vinculación la puso el Código Penal, el Estado.  “Entre 1992 y 2007 más de 1500 jóvenes fueron fichados o detenidos por kale borroka, uno de cada cuatro era menor de edad”. De nuevo, “jóvenes”. Y frente a la pantalla, mirando y escuchando, estudiantes de 15 y 17 años. Imágenes de una paliza a un ertzaina de paisano en fiestas de Bilbao, tres años después intentaron quemar su coche. No hay nombres. Nada de “imagen terrible”, nada sobre la presencia permanente de ETA en las fiestas.

Gregorio Ordóñez. “ETA lo mató de un disparo en la cabeza”. “Poco después, ETA dijo en una entrevista”. ETA mata, ETA dice, pero son personas concretas las que matan y dicen, y se sabe quiénes mataron, pero nunca aparecen en la unidad didáctica que pretende explicar lo que ocurrió a los alumnos de ESO y Bachillerato. No se sabe, es verdad, quiénes son los que decidieron profanar la tumba de Ordóñez una y otra vez, algo que tampoco se menciona en la unidad didáctica. “Errores y horrores que nunca deberían repetirse”, advertían Jonan Fernández y el Gobierno vasco al inicio, “Necesito saber qué ha ocurrido”, decía la narradora al comienzo. Al parecer, no necesita saber todo lo que ocurrió. No necesita ella, y por lo tanto no necesitan los alumnos.
Continúa con la cifra de políticos asesinados por ETA. Números, retratos rápidos. 8 segundos.

La narradora habla con una persona, en euskera. No se trata de Valentín Lasarte ni de García Gaztelu, Txapote, condenados por haber asesinado a Gregorio Ordóñez. Tampoco es Consuelo Ordóñez. Se trata de Carmen Guisasola, disidente de ETA, a la que la narradora pregunta por qué entró en ETA. “Por el ambiente que había, el franquismo nos tenía aterrorizados”. Cuenta también que en un determinado momento entendió que aquello no estaba bien, y que no debería haber ocurrido. La narradora le pregunta qué estrategia siguió ETA después de las fallidas negociaciones de Argel. Guisasola responde: “Lo que se llamó socialización del sufrimiento. Golpear a personas que tenían poco poder, personas que no tenían poder. Concejales, periodistas. Para extender todo el sufrimiento que se pudiera a toda la sociedad. Y después por otra parte se impuso a los jóvenes la estrategia de la lucha callejera”. Explica lo que fue aquello, lo que era ETA, sin eufemismos ni racionalizaciones. Describe lo que hizo con las palabras precisas. Esto es lo que más se acerca a eso que se llama arrepentimiento, que normalmente no es más que un engaño sostenido en un autoengaño. Quien ha formado parte de una banda terrorista, quien ha asesinado, como Guisasola, sólo tiene una opción: describir lo que hizo. No hace falta nada más. Desde luego no hace falta la valoración, que no supone nada más que concederse el perdón y concedernos la capacidad de comprender y perdonar, y lo que es peor, de desentrañar si su arrepentimiento es sincero. Hemos visto muchos ejemplos de esto. Es comprensible en quienes fueron víctimas, en las víctimas que buscan sentido a lo que pasó. Pero no en quienes tienen la función de ayudar a poner orden en el mundo mediante las palabras. Los periodistas, que deberían ser como una hoja en blanco, nunca como un escritor. Guisasola, en estos segundos, utiliza las palabras para describir la realidad. No para sobrevolarla, no para forzar una realidad que nunca podrá existir, la del “ojalá”, en la que podrían haber sido otros. Al limitarse a esto, quienes escuchan no tienen la tentación de elaborar un viscoso “yo te creo”. Quienes escuchan pueden limitarse a aprender, si no sabían. Poco. Seguramente Guisasola podría decir y hacer más. Pero al menos lo que dice no reduce, no distorsiona la realidad.
Aparece Argel, el proceso en Irlanda, etc.

Ahora presenta a Ardanza. Mencionan, ahora, el atentado de la Casa Cuartel de Zaragoza, murieron 11 personas, 5 niñas, alguna imagen, una de ellas de una de las niñas, ninguna merece la valoración de la narradora, no hay “terrible” en esta ocasión. Rumores de ruido de sables, dice Ardanza, algo había que hacer, Pacto de Ajuria Enea. “Al final, y esto es lo triste, ETA ha perdido todos los trenes que los demócratas hemos ido poniendo en distintas estaciones”.

Elkarri, cómo no. “Nació para conseguir un acuerdo de paz”. “Consiguió por primera vez que HB y PSE participaran juntos en una manifestación por el diálogo”. Jonan Fernández, en su juventud. Bittor Aierdi explica qué es lo que querían hacer en Elkarri. Más Elkarri, grandes éxitos, dificultades, escepticismo. Viajaron a Irlanda, vuelve a salir Jonan Fernández. Música optimista. Es su programa, hay que entenderlo. Elkarri, que se dedicó exclusivamente a las buenas intenciones, empeño en el que no es posible el fracaso. Mesas de paz, mesas con víctimas “de violencias diferentes”. “El diálogo es la única salida”. El diálogo será el protagonista a partir de ahora, seguramente. “¿Por qué aquí no hubo un proceso que llevase a la paz, como sí ocurrió en Irlanda?”, pregunta la narradora al cofundador de Elkarri. Probablemente ahora viene el todos tenemos parte de culpa. “Yo creo que todo el mundo tiene que hacer una reflexión autocrítica… yo ahora no quiero señalar culpables, pero creo que todo hubiera ido mucho mejor si muchísimo antes se hubieran hecho muchas cosas que se han acabado haciendo después”. La claridad de Elkarri.

Ahora, Egin. El cierre. No antes, claro. No las coincidencias entre las señales en el periódico y los posteriores asesinatos de los señalados. No las reacciones en el periódico a los asesinatos, no los textos, por ejemplo, de Martin Garitano. No el “Ortega vuelve a la cárcel” ni “El Gobierno no se movió y ETA disparó contra el edil del PP”. Imágenes del cierre, incautaciones, Garzón. Egin sólo aparece cuando lo cierran, ésa es toda la relación del periódico con ETA que llegará a los alumnos. Porque los detalles deben ser sólo para el diablo, hay estudiantes observando. Garzón, el cierre. “Egin tenía entonces 210 trabajadores”. La justicia resolvió más tarde que Egin no tenía que haber sido cerrado, sin más detalles. La detención de la mesa nacional de HB, por “el mismo juez Garzón”, por si a los estudiantes se les enciende alguna luz, Egin no tenía que haber sido cerrado, y ahora detienen a la mesa de HB. Y de ahí al Pacto de Estella, o el acuerdo de Lizarra-Garazi, según dice la narradora. “Las intenciones eran buscar un proceso de paz como el de Irlanda”. Tregua de ETA, Aznar y el Movimiento Vasco de Liberación. La narradora habla ahora con Jone Goirizelaia. Le pregunta qué pensó ella, qué sintió, cuando ETA rompió la tregua. “Una grandísima frustración”, pero después cierta esperanza, porque si ha sido posible una vez puede ser posible más veces. Pero ha sido posible ¿qué, exactamente, Jone? Esto no lo pregunta la narradora. La narradora pregunta amablemente, con una sonrisa: “¿Por qué no condenasteis el atentado de ese militar, en Madrid?” “La izquierda abertzale lo que no ha hecho nunca es algo que el otro quiere que haga porque sí, porque le parezca mejor o peor al otro, a la otra parte. La izquierda abertzale lo que hace es lo que cree que es más conveniente en ese momento”. Fin de la interpelación a Goirizelaia. Fin de la petición de explicaciones a la izquierda abertzale. Y “ese militar”.

Lo siguiente es el documental “Viaje a la dispersión”, de la ETB, en 1998. El documental cuenta la situación de dos familiares de presos de ETA, sus viajes. “El miedo a los accidentes, a los controles de la Guardia Civil, a quedarse sin visita”. Sus miedos, sus sufrimientos. Es imposible un relato que contente a todos, se esfuerza siempre Jonan Fernández en aclarar. En cosas como ésta es donde mejor se ve la voluntad de Jonan Fernández, el relato que el Gobierno vasco quiere llevar ahora a las aulas.
La narradora explica la política de dispersión. “El objetivo declarado era romper la unidad del colectivo de presos, pero las consecuencias las sufrieron sus familiares”. Imágenes de niños, ahora sí. Éstos sí. “Ésta es Gurutze Yanci”, pasa a decir la narradora, vemos una foto de ella sonriente. Concejal de Herri Batasuna, fallecida después de ser detenida en un cuartel, marcas de golpes, infarto, le recetan jarabe para la tos. “Nunca se supo por qué fue detenida”. El hilo. Ahora el fin de la mili. Vídeo en el que se ve a un joven durante el servicio militar obligatorio. “Los objetores de conciencia no saben lo que se pierden. Esto es vida”. Por alguna razón vemos esa imagen de un joven que disfruta en el ejército. Rafa Sainz de Rozas explica la desobediencia civil, la insumisión. También por alguna razón deciden incluir esto. Pero no otras cosas que ocurrieron en los 90, cosas directamente relacionadas con ETA. “La lucha de los antimilitaristas”. Cuánta gente pudo cumplir condena por insumisión, pregunta la narradora. Unas 2.000 personas. El entrevistado explica que estaban en contra de todo tipo de militarización, venían de las luchas no violentas. “¿Y toda la sociedad compartía esa idea aquí?”, pregunta la narradora. “Naturalmente que no. Aquí había gente que justificaba una violencia y estaba en contra de la otra”. Una y la otra. ETA y el servicio militar. Una violencia, otra violencia. “Una sociedad azotada, dividida y atemorizada por la violencia”, decía la narradora, es decir, Jonan Fernández y el Gobierno vasco, al comienzo del primer episodio. El activista de la desobediencia civil intenta explicar por qué era una contradicción “estar en contra de una violencia y a favor de otra”, donde una sería ETA y otra el ejército, o al revés. “Lo que aportó el movimiento antimilitarista fue decir estamos en contra de la mili porque estamos en contra de la militarización, y estamos en contra de la violencia como medio para alcanzar fines políticos. Ese discurso es muy potente, y era muy potente en un momento en el que había gente que le parecía muy mal ETA pero que le parecía bien encarcelar a la gente por negarse a aprender a matar. Y había gente que le parecía muy mal encarcelar insumisos pero no tenía nada que decir ante los asesinatos de ETA”. Ni ETA ni la mili. La claridad moral de siempre.

Juan Mari Jauregi, que tuvo que abandonar el País Vasco por las amenazas de ETA y que finalmente fue asesinado. Habla Maixabel Lasa, la viuda de Jauregi, su trabajo por la convivencia, desterrar el odio, directora de la Oficina de Víctimas del Gobierno vasco, etc. Y de la experiencia de familiares con presos de ETA, la necesidad de las segundas oportunidades para todos los presos de ETA, las conversaciones, lo bien que se sintió cuando ella participó en una. “Y con Ibon Etxezarreta ya he tenido más relación”, éste sí con nombre. Faltan los otros dos, faltan las condenas. En su lugar, el arreglo floral. Maixabel Lasa, sobre Etxezarreta, uno de los asesinos de su marido: “Y luego además el año pasado apareció en el homenaje a Juan Mari en Legorreta. Entonces venía con trece claveles rojos y uno blanco. Y me dijo mira Maixabel, los trece claveles rojos simbolizan los trece años anteriores míos y el blanco significa este año que vengo a acompañarte y a recordar a Juan Mari”.

Esta entrega acaba así. Los 90 acaban así. Ni una sola referencia a la librería Lagun, a los ataques que recibió ya en los 80, y que se recrudecieron en los 90, ninguna a referencia María Teresa Castells, dueña de la librería y casada con José Ramón Recalde, ni a las pintadas contra éste que aparecían en la librería, hasta que finalmente un miembro de ETA le disparó en la calle, atentado del que afortunadamente salió con vida. No se menciona cómo tuvieron que cerrar la librería en la Parte Vieja de San Sebastián y abrirla en otra zona, aunque en el primer episodio sí hubo un espacio considerable para las iniciativas culturales vascas. Nada, no existió Lagun, no forma parte de “lo que ocurrió”, de eso que la narradora necesitaba comprender. Ni una sola referencia a Basta Ya, creada en 1999. Ni una sola referencia a Rentería, a los asesinatos de los concejales José Luis Caso y de Manuel Zamarreño, en fila, primero uno y después sus sustituto. Tampoco aparece Kepa del Hoyo, el etarra que falleció en la cárcel en 2017, condenado por dos asesinatos cometidos en los años 90, y cuya muerte motivó la aparición de pintadas y carteles en su honor y una gran manifestación de la izquierda abertzale, para despedirlo con honores. No hay tiempo para todo, aunque sí lo ha habido para el movimiento a favor de la insumisión. No hay más nombres, no hay imágenes de Txapote, De Juana, Josu Ternera. ETA mataba y decía en abstracto, siempre. Eso será lo que aprenderán los alumnos de ESO y Bachillerato.

El cuarto episodio abarca los años 90. Éstos son los minutos que se dedican a cada una de las escenas:

Miguel Ángel Blanco, Ermua, tensión HB: 3:10
Ortega Lara: 14 segundos.
Oldartzen, HB, atentados, kale borroka: 1:24
Gregorio Ordóñez: 39 segundos.
Políticos asesinados por ETA: 8 segundos.
Carmen Guisasola: 2:47
Ardanza, Ajuria Enea: 1:44
Elkarri: 1:54
Egin, detención mesa HB, tregua, Goirizelaia: 3:03
“Viaje a la dispersión”, Gurutze Yanci, insumisos: 3:31
Juan Mari Jauregi, Maixabel Lasa: 3:32
Basta Ya, Lagun: 0 segundos.
José Luis Caso, Manuel Zamarreño, Rentería: 0 segundos.
Portadas y artículos de Egin tras asesinatos: 0 segundos.
Valentín Lasarte, Txapote, De Juana Chaos, Josu Ternera: 0 segundos.

Herenegun, 3

CAPÍTULO 3

Los años 80.

Lo primero, Hipercor. 1987.

La narradora habla con José Vargas y Rosa María Peláez. José es presidente de la Asociación catalana de víctimas de organizaciones terroristas. Rosa es la primera persona que se entrevistó con uno de los autores del atentado de Hipercor, 25 años después del atentado. Detalles sobre el sufrimiento del hijo, tratamiento psicológico.
Ella cuenta cómo tranquilizó a la persona con la que se entrevistó –sin nombre– y cómo esa persona pidió perdón 20 veces. También dice que muchos de sus amigos dejaron de hablar con ella después del atentado. Él añade que en aquella época la víctima no tenía ningún apoyo fuera de la familia.

Narradora: ETA mató a 21 personas en el atentado de Hipercor, “el más sangriento de toda su historia”. El vídeo muestra titulares de periódicos de la época, muy rápido. Es imposible leer los detalles. Sólo la narración: diez años desde las primeras elecciones de la democracia, más de 500 muertos. “Al mismo tiempo se suceden las noticias de torturas y abusos policiales, muertos por la Guardia Civil y la Policía Armada, atentados de la extrema derecha y grupos parapoliciales, y la irrupción del terrorismo de Estado con el nacimiento del GAL”. Una foto y algún titular más reposados, ahora.

La narradora muestra un gráfico con los asesinatos de ETA por año, el incremento de los años de plomo. “Un cambio que luego no se reflejó en la sociedad, ¿por qué?”, le pregunta a Javier Tirapu, neuropsicólogo. El neuropsicólogo no comprende la pregunta. “¿A qué te refieres con que no se reflejó en la sociedad?” “A que no reaccionó, no salió a la calle a manifestarse por ejemplo”. Da una explicación sobre emociones y racionalización, la gente se sentía mal por no saludar a alguien que estaba sufriendo, de ahí, dice, el “algo habrá hecho”.

Imágenes de las manifestaciones de Gesto por la Paz, también 1987.

La narradora vuelve a 1979, a la firma del estatuto. Garaikoetxea habla desde el presente, no habría firmado nada si hubiera sabido que todavía hoy habrían tenido que estar negociando. “Teníamos el problema también de la lucha armada, de los atentados, y el contraterrorismo de Estado”.

Suena una versión de Somewhere Over the Rainbow, la narradora llega junto a una mujer a las ruinas de Lemóniz, y le pregunta qué siente al verlo. “Tantas luchas, tantos sinsabores, tantas reuniones, tantas muertes también”. La mujer que habla no es familiar de algunas de las personas vinculadas a la central asesinadas por ETA, sino alguien que participó en los comités antinucleares. Tal vez por eso habla de muertes, y no de asesinatos. La narradora le pregunta por las protestas, cómo eran, etc. “Fue como una explosión. De energía, de creatividad. Y esto, esto de sentirnos juntos y sentirnos poderosas y poderosos, como que podíamos construir nuestro futuro simplemente por el hecho de estar juntas. Es el aprendizaje que nos trae la desobediencia civil y la no violencia”.

Pregunta la narradora por la actitud de las instituciones. Poco dialogante, siempre no, responde la activista. Hay que situar bien el contexto.

Aparece información sobre Gladys del Estal, muerta por la policía de un disparo en una manifestación antinuclear. La activista antinuclear cuenta cómo reaccionaron cuando oyeron el disparo. Ahora la narradora habla de José María Ryan, el ingeniero jefe de Lemóniz secuestrado y al que ETA amenazó con asesinar si no cerraban la central. Manifestación en Bilbao, su mujer agradece el apoyo de la gente. Al día siguiente, Ryan “apareció muerto de un tiro en la cabeza”. Sin sujeto. Ni siquiera el abstracto “ETA”. Apareció muerto. “En el conflicto de Lemóniz, antes de Ryan, ETA ya había matado a un guardia civil y tres trabajadores. Después asesinó al nuevo ingeniero jefe. La última víctima fue un niño de diez años, Alberto Muñagorri”.

Pero lo de Lemóniz no acaba aquí. Falta la reflexión, que se deja a la activista antinuclear. La narradora pregunta a la activista cómo vivieron ellos la entrada de ETA en el conflicto de Lemóniz. “ETA en un punto entra en el conflicto de Lemoiz y lo hace de forma violenta, cómo lo vivisteis vosotros” “Nosotros nos llevamos muchísimo disgusto. O sea, terminó con una situación conflictiva pero también terminó con una posibilidad de movimiento social. Las dos cosas iban juntas, eran interdependientes”. Muchísimo disgusto. Terminó con una situación conflictiva, y eso estaba bien, pero también con la posibilidad de movimiento social. No los asesinados. El freno al movimiento social.

Ahora aparece el Francisco Etxeberria, el prestigioso forense, para hablar del proyecto de investigación y posteriormente informe sobre la tortura y malos tratos en el País Vasco. “En él se han documentado 3.587 casos de tortura”. La narradora forma parte de la primera generación que vivirá en el País Vasco sin violencia, pero parece que no se ha leído el informe, o que no lo ha entendido. En primer lugar, el informe deja claro, aunque no demasiado visible, que no son casos de tortura, sino de tortura y malos tratos, concepto este último algo más elástico. Y también deja claro que no son casos, sino declaraciones verosímiles de personas que dicen haber sufrido tortura o malos tratos. Pero hay que enseñárselo a los jóvenes.

La narradora pregunta a Etxeberria qué sentía cuando iba como médico a Intxaurrondo, en los 80, qué había allí. Relata el caso de una persona a la que vieron destrozada, a la que le habían hecho de todo. Golpes, bañera. Se pregunta a sí mismo el forense: “¿Ese ejemplo era una excepción? Nosotros tenemos toda la impresión que aquello era más que frecuente, y muchos jueces también la tenían”. La impresión. Y la imagen y la voz de González hablando sobre el GAL. Galindo, Barrionuevo. Curiosamente, si la memoria no me falla, creo que Barrionuevo es el primer terrorista condenado en democracia que aparece hablando en estos 50 minutos de programa. Estamos ya en los años 80. “El terrorismo de Estado con las siglas del GAL asesinó a 27 personas, e hirió a 60, en cinco años”. Habla ahora Vera. Cuando aparecen Galindo, Barrionuevo y Vera aparecen también los años de condena y el tiempo que cumplieron, como debe ser. Toca esperar y acordarse cuando aparezcan los protagonistas, si es que aparecen.
Aparece Jesús García. Etxebarria dice que García le comentó que si se hubiera callado no se habría aclarado nada en este asunto. Tal vez la narradora encuentre a alguien que hable sobre los 300 crímenes sin resolver y los silencios de los protagonistas de momento ausentes.

Bilbao, 1984, protestas de Astilleros. Suena Eskorbuto. La narradora habla en la Universidad de Deusto con Guillermo Dorronsoro, decano de Ciencias Económicas. Sobre cómo ha cambiado Bilbao en 30 años, la industria, las infraestructuras. La incertidumbre de quienes pierden su trabajo, pregunta la narradora, en fin. En una pieza de 20 minutos sobre ETA y los años 80. Más segundos. Astilleros, Euskalduna, Museo Marítimo de Bilbao. Mujeres que lucharon por mantener abierto Astilleros. El nexo, dónde estará.
Una hija habla del trauma que supuso todo aquello para sus padres.

El trauma de los años 80 en un documental sobre las violencias: Astilleros. No ETA.

Bueno, un vídeo de Iosu Expósito, de Eskorbuto, un año antes de su muerte. Sobre la heroína. Me temo que viene el nexo. Espero que no, pero no encuentro otro motivo para que aparezca esto. La narradora añade contexto. Cerca de 10.000 heroinómanos en el País Vasco a principios de los 80, el sida. Y el nexo, como un palazo en la cara: “ETA mató a 20 personas a las que acusó de estar vinculadas con el tráfico de drogas”.Después, justo después de decir esto, habla con Daniel Zulaika, que fue coordinador del Plan Vasco contra el sida desde 1988. Contará lo horrible que era aquello, la plaga. Después, justo después del “ETA mató a 20 personas a las que acusó de estar vinculadas con el tráfico de drogas”. Alumnos de ESO y Bachillerato, atentos, no os despistéis. Era horrible aquello, la heroína, el sida, ETA mató a 20 personas a las que acusó de ser responsables de todo aquello. Zulaika cuenta lo duro que era ver todo eso, la adicción y el sida, y cómo fueron acabando con ello.

Siguiente escena, sin pausa, más nexo: “Pensamos que hemos cumplido un papel fundamental en la historia de nuestro pueblo. La lucha armada y ETA ya han cumplido su papel”. La disolución de ETA PM, 1982.  La narradora contextualiza sobre el fin de los polimilis. Habla con Martin Auzmendi, miembro de ETA pm. Explica cómo va “evolucionando” ETA, las asambleas. “En 1968 llegaron las primeras muertes”. Retratos de Pardines, Etxebarrieta y Melitón Manzanas. La desaparición de Pertur, la creación de Euskadiko Ezkerra. En los siguientes años las dos ETAs “aumentaron sus acciones armadas de forma espectacular”. Más de 250 asesinatos en cuatro años. Golpe de Estado de 1981. Reintegración de los polimilis. Yoyes, exilio, vuelta del exilio, asesinada “delante de su hijo de tres años”. Negociaciones de Argel.

Y hasta aquí. Esto es todo lo que se cuenta sobre los años de plomo, sobre ETA en los años 80. ¿Se acuerda alguien del “es una imagen terrible” del episodio anterior? ¿De la valoración? Es el episodio sobre los años 80 y no ha aparecido ninguna imagen de, por ejemplo, el atentado de la Casa Cuartel de Zaragoza. ¿Se acuerda alguien del “Su lista es muy larga”? No ha aparecido en el episodio de los años 80 el nombre de ningún terrorista condenado por los atentados de los años 80. Ni Troitiño, ni Santi Potros, ni De Juana Chaos, ni Kubati, nada. Era ETA, esas tres letras, quien asesinaba. De ningún terrorista de ETA, porque sí han aparecido Barrionuevo, Vera y Galindo. La responsabilidad es abstracta e incorpórea o personal y con nombre en función del origen de la violencia.

El tercer episodio abarca los años 80. Éstos son los minutos que se dedican a cada una de las escenas:

Declaraciones de las dos víctimas de Hipercor: 2:28

Titulares sobre los atentados de la época, torturas, GAL: 0:28

Neuropsicólogo: 1:14

Gesto por la Paz, Garaikoetxea sobre el estatuto: 2:41

Activista antinuclear en Lemóniz: 2:39

Etxebarria, torturas, informe del Gobierno vasco sobre las torturas, terrorismo de Estado: 3:07

Bilbao, Astilleros, Euskalduna: 2:51

Eskorbuto, heroína, SIDA, ETA mata traficantes: 1:35

Disolución de ETA pm, Yoyes, Pertur, Argel, asambleas de ETA: 4:48

Herenegun, 2

CAPÍTULO 2

Años 70.

El episodio 2 empieza también con un ex miembro de ETA. De hecho, empieza con dos antiguos miembros de ETA, convenientemente dulcificados por la edad. Izko de la Iglesia explica que iba a asaltar la cárcel de Pamplona y lo detuvieron. Habla con Xabier Larena, otro miembro de ETA. Comentan entre risas cómo los detenían. “¿De qué te acusaban?”, pregunta Larena. “Bueno, del asesinato de Melitón Manzanas”. Viejos militantes entrañables, ancianos. Aparecen junto a Paco Letamendia, el abogado que los defendió. Hablan sobre el proceso de Burgos. Letamendia habla de cómo el proceso hizo aflorar el desprecio al franquismo. Se escuchan los gritos de Mario Onaindia, su “Gora Euskadi Askatuta” durante el juicio, y también el Eusko Gudariak. “El juicio de Burgos había convertido a ETA en uno de los protagonistas de la oposición contra la dictadura”, explica la narradora, siguiendo el hilo del episodio anterior. Nada de odio, sólo justicia. Nada de identidad nacional, nada de expulsión de los colonos, sólo libertad.

Aparece Landaburu, y después Anasagasti, sobre el asesinato de Carrero Blanco. Joxemari Iriondo (ya había salido en el episodio anterior, en la escena sobre la cultura vasca): “Sabíamos que Carrero Blanco era la mano derecha de Franco”. Imanol Uribe e Iñaki Aldekoa, un sindicalista de ELA, comentan el asombro que produjo el atentado, detalles como el socavón que la explosión dejó en el suelo, el tejado, la marca que serviría de señal para el comando. Es el tono general de todos cuantos se refieren a ello. Podrían estar hablando de los efectos especiales de una película, nunca de un asesinato. Imágenes de una rueda de prensa de ETA en Burdeos. Elixabete Garmendia, su novio estaba en la cárcel. Tenían miedo de lo que podía pasar con los que estaban en la cárcel. Manuela Carmena, con franqueza: “No podemos apoyar esto, estamos en contra… por dentro todo el mundo decía ha sido providencial, Carrero iba a ser un tapón para el desarrollo de la democracia.” Juan José Pujana, un militante del PNV: “Como todo el mundo, yo me alegré, la verdad”.
Después de las palabras del militante del PNV, vídeos de gente celebrando, la alegría ya se ha contagiado.
No vuelve en el vídeo, pero volvamos nosotros a los dos grandes principios de Herenegun: “Ninguna convicción está por encima del valor de la persona y su dignidad humana. Los derechos humanos son inviolables”. De vez en cuando, los principios solemnes dejan paso a la alegría. Nosotros volvemos, ahora, a las reflexiones innegociables que enmarcan esa unidad didáctica. No lo hace la propia unidad didáctica, ahora, y no lo harán los alumnos mientras escuchan esas palabras y ven las imágenes de gente bailando tras el asesinato.

La última aparición en público de Franco, Plaza de Oriente.

“Para mí ETA era uno de los exponentes de la lucha antifranquista (…) y en aquella época generó mucha simpatía en determinados ambientes de izquierdas.” Imanol Uribe, conversando con Manuela Carmena y tirando del hilo.

Últimos fusilados de la dictadura y el atentado de Atocha, asesinatos cometidos por la extrema derecha.

Detalles del relato de un torturado, fotografías de las torturas a Amparo Arangoa. “Es una imagen terrible”, dice la narradora. Hay que guardar esto porque es la primera valoración que se hace, y porque después, imagino, habrá muchas oportunidades para hacer más valoraciones similares. No de torturas, sino de Hipercor, casa cuartel de Zaragoza, en fin, de cualquier persona a la que ETA asesinó con bomba o tiro en la nuca.
La narradora sigue, y cuenta que el torturador, Muñecas, es ahora un anciano, y que han tenido que pasar 40 años para que se sentase ante un tribunal. “Su lista (de torturas) es muy larga”. Hay que guardar también esto, para cuando tenga la oportunidad de señalar otras listas, dentro de no mucho. Las listas de asesinatos de Txapote, De Juana Chaos, de los etarras que aún están en prisión y de los que ya están en la calle. Y las listas de asesinatos que no han sido esclarecidos. La narradora ha valorado la imagen de una persona torturada (“Una imagen terrible”) y ha señalado los méritos de un torturador (“Su lista es muy larga”). Recuerda e incluso valora los hechos, dos hechos concretos. Pero hay, habrá, muchos hechos para recordar y valorar, para detenerse en ellos. Si no lo hace no será porque elige un enfoque pretendidamente aséptico, sino porque discrimina.

La narradora habla ahora con la hija de Francisco Javier Núñez. La narradora le pregunta por los recuerdos sobre su padre, y sonríe mientras la hija habla. La hija cuenta cómo su padre fue a poner una denuncia a una comisaría por los golpes que los grises le habían propinado en una manifestación, y cómo le obligaron a beber alcohol, tanto que murió por una cirrosis hepática que ya padecía.
Está muy bien. Pero merece la pena recordar que la familia de Pardines no apareció en el capítulo anterior. Ni la de Melitón Manzanas o Carrero Blanco, claro. Esto último se puede entender. También se puede entender que, probablemente, la familia de Pardines no quiera participar. Pero lo esencial es entender que el hecho de que aparezcan unos y no otros genera necesariamente un efecto en el espectador. Espectadores que, en este caso, no son adultos, sino niños y jóvenes. Los detalles humanos, hasta ahora, en un documental de ETA, son para las víctimas del franquismo. Valoraciones, recuerdos descriptivos y el acercamiento a una víctima que relata los efectos de la violencia. Estamos en los 70. No faltarán oportunidades para seguir aplicando este enfoque.

“Una agonía muy lenta, muy dura”. La narradora: “Y ese sufrimiento lo recogió tu madre en un diario”. “Sí, un diario en el que recoge pues todo lo que… más de diez transfusiones, vómitos de sangre, diarreas de sangre”.

Habrá que llevar un diario también sobre la exhaustividad en los detalles. Detalles que podrían aportar Ortega Lara, o Emiliano Revilla, o las familias de Gregorio Ordóñez, José Luis López de Lacalle. Detalles interesantes, por desconocidos, de las vidas de quienes no fueron asesinados, sino que soportaron amenazas y acoso durante años. Detalles de los familiares de José Luis Caso y Manuel Zamarreño, de lo que supone ver cómo alguien a quien quieres se pone voluntariamente en la cola para ser asesinado. La narradora, es decir, Jonan Fernández, todo el Gobierno vasco, tendrán numerosas oportunidades para ser justos.
“Hasta que ya el último día ya vio que no podía más y pidió despedirse de mí”.

“Él sabía que se estaba muriendo”. “Sí. “¿Y tú recuerdas ese momento?” La hija, muy afectada: “No lo tengo en el plano consciente, pero sí que es cierto que me aparece a veces en sueños”.

Ya llevamos un 30% de una unidad pedagógica que pretende enseñar a los estudiantes vascos de ESO y Bachillerato el origen y las causas de ETA. Y tal vez la clave resida en esto. Es posible que estemos valorando Herenegun injustamente. Herenegun pretende mostrar las causas de ETA. La pregunta que se hacen es por qué. No qué, claro. No pretende mostrar qué fue ETA, qué hizo ETA, quién construyó ETA, quién disparó, quién señaló, quién justificó o quién acogió. Tal vez sea ésa la clave.

“En 1976, más de medio millón de trabajadores se sumaron a los paros laborales en Euskadi, más que en ningún otro país de Europa”.

Hablan dos familiares de obreros muertos por la represión de la policía a la salida de una iglesia de Vitoria en marzo de 1976, y una persona que sufrió consecuencias en su salud por la inhalación de gases de la policía. Este último: “Los tiros, la sangre en el suelo… eso se te queda grabado y siempre te viene a la memoria”. Se escuchan palabras, al parecer de los mandos policiales. Hablan de que han contribuido a una de las mayores palizas de la historia, y de que se ha producido una masacre. “Muchas gracias, buen servicio”. Se ven placas en recuerdo de los fallecidos en el lugar, hoy.

Probablemente, en el capítulo 3 y en el 4 leeremos declaraciones de la izquierda abertzale tras los atentados más sangrientos de ETA. Veremos las celebraciones cuando ETA asesinaba a algún guardia civil, veremos cómo la prensa abertzale recogía los asesinatos, y cómo la izquierda abertzale evitaba condenar los asesinatos. Pero toca esperar. De momento sólo estamos escuchando a unos policías que valoran una operación policial. Una sociedad azotada por la violencia, decía la narradora en el primer episodio. Una sociedad en la que una violencia es abstracta, ETA, y la otra, la del Estado, contaba con personas que disfrutaban de esa violencia. Recordemos que todo esto se dirige a alumnos de ESO y Bachillerato, que probablemente no saben nada de lo que ocurrió en los 70, los 80, los 90.

“La impunidad es lo contrario de la justicia. Dice mucho de la categoría ética de una sociedad si se hace uso de la justicia o de lo opuesto”.Hay que elegir, justicia o impunidad. Palabras de un familiar de uno de los trabajadores muertos.

El episodio pasa ahora a la reunión de Txiberta, entre todas las fuerzas nacionalistas. Las dos vertientes de ETA, Telesforo Monzón, el PNV entre otros, para discutir si participar o no en las primeras elecciones tras la muerte de Franco.

Elecciones, amnistía y aprobación de la Constitución. 1978. “Pero estos pasos no hicieron que ETA abandonase la lucha armada”, palabras de la narradora. Y por tanto de Jonan Fernández, del Gobierno vasco. Escalada de atentados de las dos ramas de ETA, que les llevó a traspasar en más de una ocasión “sus propias líneas rojas”. “Atentados que nadie pensó que ETA podría llegar a cometer”. Lo explican, sin querer, a continuación.

“El secuestro y asesinato del industrial abertzale Angel Berazadi, a pesar de que su familia había conseguido reunir el dinero del rescate”. El “a pesar de” auténtico, como sabemos, no es el que señala explícitamente la narradora, el del rescate, sino el que señala implícitamente. El “abertzale” que acompaña a “industrial”. De ahí los atentados que nadie pensó, etc.
“La explosión de una bomba en Lemoiz (Lemóniz), que mató a dos trabajadores”. Y varios atentados más, que se precipitan junto a las imágenes de titulares de la prensa. Lemóniz, apenas cinco segundos.
Aquí podría haber aparecido la exhaustividad, la imagen terrible de Lemóniz (¿hubo alguna imagen que no fuera terrible?), pero en su lugar introducen a Anasagasti. Porque el PNV convocó la primera manifestación contra ETA, y esto es importante. Se lamenta de los mensajes que se escuchaban, “el PNV es igual a ETA”, y que por eso “hubo que hacer una manifestación durísima, que tuvo muchas consecuencias internas, para decir que los de ETA son los de ETA y el PNV es otra cosa”. Hubo que hacer, durísima, consecuencias internas, por el hecho de salir a decir que ETA y el PNV eran dos cosas distintas.

El episodio llega hasta Álava. Los guardias civiles de Salvatierra, a quienes “los mataron a balazos”. Uno extremeño, los otros dos gallegos. Y jóvenes. Y ya. Hasta ahí llega Salvatierra, eso es todo lo que consideran oportuno contar a los alumnos que verán este episodio. El pueblo del “Están vivos, están vivos”, el atentado en el que participa el cura Ismael Arrieta Pérez de Mendiola. Ni un segundo para las viudas, que sí aparecen en el documental de Iñaki Arteta. Y por supuesto, esto es lo esencial, ningún segundo para quienes cometieron los asesinatos. Félix Alberto López de la Calle (Mobutu), Ignacio Arakama Mendia (Makario), Miguel Lopetegui Larrate. No hay aquí “imagen terrible”, ni largas listas, ni el sufrimiento narrado de los familiares. Los mataron a balazos, una sociedad azotada por la violencia que no tiene nombres. Apenas unos segundos y la narradora sigue, ETA mató a 44 personas en los últimos tres años de la década de los 70. Números, sin nombres, sin lágrimas ni detalles familiares. La digestión es muy distinta cuando se hace en frío. Recordemos que esto se dirige a alumnos de ESO y de Bachillerato, recordemos cómo procesan los números. Menciona los años de plomo que vendrían y 1980, el año con más sangriento de toda la historia de ETA, con 93 muertos. Se menciona también que muchas de las víctimas de esos años eran enterradas en “funerales con poca repercusión mediática y social”. Poca repercusión social. A otra cosa. Una mujer levantaba acta de la categoría ética de una sociedad, minutos antes, pero se trataba de otra sociedad. La sociedad que despreciaba incluso a quienes ya estaban muertos no es objeto de juicio, porque no existió. Simplemente, había poca repercusión mediática y social.

La narradora habla con Carmen Torres, viuda de José María Portell. Portell era periodista y escritor.
“Carmen, voy a leerte un texto escrito por José Mari: ETA desaparecerá cuando la mayoría del pueblo vasco considere su presencia como innecesaria y contraproducente, porque cree más en la democracia que en las pistolas. Entonces las filas de ETA se desnutrirán y llegará el momento de su extinción. También tendremos que aprender a ser demócratas y a creer en la reconciliación.

La narradora señala que la viuda respondió hace años a una carta de arrepentimiento de un etarra (Txelis, aquí hay arrepentimiento y por eso hay nombre). Ella dice que sí, porque entiende que ellos hicieron lo que hicieron con 20 años, y cuando se dan cuenta tal vez tengan 50, y le salió del alma decir “Yo te perdono, Txelis”. “¿Y cómo se perdona?” “De repente sientes una calma dentro de las lágrimas que, yo he llorado tanto, estaba muy enamorada, qué pasa, qué pasa para que puedas perdonar al que te ha destrozado la vida”.

Antes habíamos visto a una mujer firme y categórica, hay que elegir entre impunidad o justicia, hermana de un obrero muerto por la represión policial. Ahora vemos a la viuda de un periodista asesinado por ETA. Reconciliación y perdón.

Jonan Fernández, el responsable de esto: “no queremos decirles a los estudiantes qué pensar”.

El episodio continúa. El estatuto. Participación, “Euskadi recuperaba así la autonomía perdida durante la Guerra Civil”. Así terminan los años 70.

Unos segundos para los guardias civiles asesinados en Salvatierra. Ninguno para el pueblo que gritó “están vivos”, ni para el cura que participó en el atentado. Los detalles son exclusivos del diablo, los alumnos se fijan en todo.

El segundo episodio abarca los años 70. Éstos son los minutos que se dedican a cada una de las escenas:

Dos ancianos miembros de ETA hablan con Paco Letamendia, Proceso de Burgos: 2:35

Landaburu, Anasagasti, atentado Carrero Blanco, alegría, Carmena, Imanol Uribe, última aparición de Franco, Atocha: 5:19

Imágenes de torturados por la policía y declaraciones, Muñecas, hija de Francisco Javier Núñez: 2:50

Represión contra los trabajadores, lucha obrera: 2:49

Txiberta, decisión ante elecciones, elecciones, amnistía y Constitución: 2:13

Escalada de atentados a pesar de elecciones, amnistía y Constitución: 0:25

Lemóniz: 6 segundos.

Anasagasti, postura del PNV, primera manifestación: 0:41

Salvatierra: 19 segundos.

Las 244 personas asesinadas por ETA en los últimos tres años de la década, los 93 asesinatos en 1980, la mención a los años de plomo, los funerales “con poca repercusión mediática y social”: 31 segundos.

Mensaje de Carmen Torres, José María Portell: 2:50


El tiempo que se dedica en el episodio sobre la violencia en los años 70 a Lemóniz, más Salvatierra, más los 244 asesinatos en los tres últimos años de la década, más los 93 de 1980, no llega a un minuto. Exactamente, 56 segundos.