El procésamiento

Ayer Pinker se refería al fenómeno Yanny/Laurel. Y volvía al vestido azul/dorado para intentar explicar lo que pasaba.

A veces percibimos de manera diferente una misma realidad por culpa de nuestro hardware particular. Al parecer, quienes tienen problemas para captar las frecuencias más altas escuchan “Laurel”. Y, también al parecer, lo que hay en la grabación original es “Laurel” y no “Yanny”.

El problema con el vestido tenía que ver con la luz y con la forma en la que nuestro cerebro procesa lo que vemos cuando la iluminación podría contaminar el color del objeto.

Nuestro cerebro condiciona la manera en la que percibimos el mundo, y esto podría ser una explicación para otro fenómeno viral, el Controvertido/Xenófobo. Quien hoy asume la presidencia de la Generalitat ha publicado numerosos artículos en prensa durante los últimos años. En ellos hablaba de “ciudadanos trasplantados”, de “bestias con forma humana” y “descerebradas” y de cómo la palabra “enemigo” cobraba, por culpa de esas “cosas que tenemos que soportar”, un significado nuevo, “profundo y abismal, como surgido de las entrañas de la tierra”.

Es, efectivamente, un discurso muy viejo. Pero es un discurso al que han colocado en la presidencia de una comunidad autónoma, y ahí sí hay una cierta novedad.

Torra no se ve a sí mismo como un supremacista del siglo pasado. Los miembros del Parlamento catalán que han permitido su investidura tampoco lo ven, y por tanto no se consideran compañeros en la xenofobia. Una parte de la prensa ve esta xenofobia como algo polémico o controvertido, y una parte del mundo académico de análisis objetivo debe de estar mirando las nubes entre artículo y encuesta sobre intención de voto.

José García Domínguez publicó hace unos días un espejo perfecto. No era más que un artículo con algunas de las descalificaciones que durante años han vertido los compañeros de Torra, pero con “catalanes” donde decían “españoles”. Quienes han dedicado su vida a aceptar o incluso verter esas descalificaciones reaccionaron con horror. Cómo era posible que en España se permitiera publicar esas barbaridades.

Ahí, parece, el hardware sí funciónó. Vieron como barbaridad lo que siempre les pareció inofensivo y evidente. Hasta que volvió la luz y les dijeron que eran ellos ante el espejo. Entonces, el silencio. Y las nubes.

Hoy en elnacional.cat publican esto.

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En algunos aparecerá automáticamente la Feria de Abril, el cómo se atreve y el “vuelve a Cádiz” acuñado por De Gispert, una de las espejadas. No lo pueden evitar.
Pero que haya al menos dos formas de ver las palabras de Arrimadas no nos lleva a establecer la multiplicidad del mundo. Nos lleva al incómodo problema del cerebro y de la interpretación de la realidad. El nacionalismo no se cura leyendo o viajando, porque no es más que una distorsión producida por nuestro hardware. El cerebro a veces nos juega malas pasadas y nos hace creer que la tierra nos habla o que “el alma de la patria” significa algo.

No hay que confundirse: el auténtico problema ha sido siempre el procésamiento.

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Ni todo era ETA ni todo es terrorismo.

 

El “Todo es ETA” siempre lo usaron quienes negaban que ETA fuera algo. Los simpatizantes, familiares o amigos de etarras concretos. O los tontos útiles.
Lo usaban como broma, y por tanto como instrumento político.

Quienes durante esos años abordaron la costosa tarea de plantar frente a los hechos y al relato de la izquierda abertzale no decían que todo fuera ETA. Decían, por ejemplo, que ETA contó con un brazo político. Los integrantes de ese brazo político, Batasuna, reconocieron en 2016 que eran parte de la banda terrorista. Antes, en 2012, el Tribunal Supremo desestimó los recursos contra una sentencia de la Audiencia Nacional de 2011 que condenaba a Arnaldo Otegi y a Rafa Díez, que había sido secretario general del sindicato LAB, por integración en banda terrorista. Sí rebajó el grado de esa participación, y pasaron de ser considerados dirigentes a integrantes. En la misma sentencia se condenó también a Arkaitz Rodríguez, hoy secretario general de Sortu, Miren Zabaleta y Sonia Jacinto, también integradas en Sortu.

Decir que Otegi o Rafa Díez “eran ETA” es una construcción un tanto extraña. Otegi y Rafa Díez fueron integrantes del brazo político de ETA, Batasuna. Organización que reconoció, a través de sus integrantes, ser efectivamente parte de ETA.

Otegi fue también integrante de ETA en su rama estrictamente terrorista, en los años 80. Fue condenado a seis años de cárcel por haber secuestrado al empresario Luis Abaitua.

No viene mal recordar que el Parlamento Vasco aprobó en octubre de 2013 una iniciativa que pedía al Gobierno la “inmediata liberación” de los condenados en el caso Bateragune porque sólo hacían política y sus intenciones eran buenas. Se aprobó con los votos de EH Bildu y PNV.
O que en 2014, en una entrevista en Euskadi Irratia, Idoia Mendia se preguntaba si mantener a Otegi en prisión iba “a ayudar en algo”, mostrando una pintoresca concepción de las sentencias judiciales. También decía que en su momento la sociedad “no entendió muy bien” el caso.

Seguimos.
Gonzalo Boye, abogado y colaborador en medios como eldiario.es y La Sexta, tampoco “era ETA”. Ni siquiera fue integrante de ETA. Fue condenado por colaborar con ETA en el secuestro de Emiliano Revilla. Ésos son los hechos, y eso es lo que se puede decir. Lo que produzca el conocimiento de esos hechos depende de la factura moral de cada uno de nosotros.

Las herriko tabernas, los bares en los que se reunían los simpatizantes de la izquierda abertzale, no eran sólo bares en los que se enaltecía el terrorismo. Eran bares que servían para financiar las actividades de la organización terrorista ETA. Quien acudía a tomar unos vinos a alguno de los más de 100 locales que se recogían en la sentencia ratificada por el Tribunal Supremo en 2015 sabía qué se defendía en esos locales, y a lo mejor sabía también para qué servía el dinero que dejaba allí.
Así que las herriko tabernas sirvieron para financiar las actividades de una organización terrorista, y quienes las gestionaban eran integrantes de una organización terrorista. ETA.

¿Todo era ETA? Sólo quienes negaban que ETA fuera algo usaban esa expresión. Los demás decían que Batasuna era una rama de ETA, que Otegi fue parte de ETA, o que las herriko tabernas financiaban a ETA. Y quedó demostrado que tenían razón. Si algunos decían en tono de broma que “todo es ETA” era precisamente porque gente concreta era parte de ETA, y por alguna razón podía no estar muy bien visto haber formado parte de una organización terrorista. No pretendían rebatir la idea de que todo era ETA, porque ninguna persona seria la defendía.

De la misma manera, quienes hoy dicen en tono de broma que “todo es terrorismo” y que no hay que banalizar el terrorismo se dirigen a una idea que no existe. Lo dicen en referencia al caso de Alsasua y a “los raperos y tuiteros” condenados recientemente.
Nadie ha dicho que los raperos o tuiteros condenados sean terroristas. Y no han sido condenados por terrorismo. Han sido condenados por enaltecimiento del terrorismo. Se podrá discutir si la ley es adecuada. Lo que no se puede discutir es algo que nadie dice.
Tampoco los acusados de agredir y lesionar a dos agentes de la Guardia Civil y sus parejas en Alsasua son terroristas. Ni siquiera son culpables de las agresiones. Lo único que hay es una acusación que se tendrá que demostrar en un proceso judicial. Y será difícil demostrar no sólo que esos actos puedan ser considerados delitos terroristas, sino incluso que fueran los acusados quienes cometieron esos actos. Así es como funcionan y deben funcionar los procesos judiciales. Dentro, no fuera de las salas.

La presión de familiares, amigos y opinadores parte de otra idea que no existe, la de que esas personas han sido condenadas por terrorismo. No se puede pedir justicia para los acusados en el momento en el que está a punto de producirse precisamente eso. Y no se puede decir que fue sólo una pelea de bar, del mismo modo que no se puede decir que fue terrorismo.

Tampoco se puede decir que Otegi, Batasuna o las herriko tabernas no fueran parte de ETA, o que lo que hacían quienes dejaban cartas amenazantes contra ediles de partidos no nacionalistas o quienes quemaban autobuses no fuera un tipo de terrorismo. No se puede porque, para que tenga algún valor, lo que se dice debe coincidir con los hechos.
En el caso de Alsasua, aún no ha quedado probado cuáles fueron esos hechos. Cuando se produzca la sentencia, entonces sí, se podrá decir algo fundamentado.

Mientras tanto, como es de esperar, seguirán las bromas y los hombres de paja.

Lotsa barik (contra un tipo de violencia en fiestas)

El Gobierno Vasco está preocupado por la proliferación de mensajes que fomenten actitudes violentas en sus fiestas. Aunque en este caso no se aplica eso de “todas las violencias”, tal vez porque las fiestas vascas modernas han sido desde los inicios una plataforma para promover una de esas violencias. La de ETA y su entorno.

Junto al programa oficial, las comparsas -las cuadrillas- organizan también sus actos festivos. Dentro de ellos se sitúan los “gestos de solidaridad” y el “homenaje a los familiares”, ambos dirigidos a los presos de ETA.
Más conocida es la exhibición de fotos de presos de ETA en las txosnas. Es algo constante que sólo se interrumpió cuando el Ayuntamiento de Azkuna, en 2009, sancionó a dos comparsas -Txori Barrote y Kaskagorri- por la exhibición continuada de esas fotos y por enaltecimiento del terrorismo. En la última de ellas se exhibían pegatinas de “ETA bietan jarrai” además de las fotos.

El problema es que esto no era algo limitado a dos comparsas. Todas las demás se solidarizaron con los simpatizantes de ETA y denunciaron la decisión del Ayuntamiento.
En 2013 las comparsas eligieron como “txupinera” a Jone Artola. Artola era fundadora de Txori Barrote. Había sido candidata de Euskal Herritarrok y de Acción Nacionalista Vasca, ambas ilegalizadas por ser parte de la estrategia de ETA para seguir en las instituciones.
El delegado del Gobierno, Carlos Urquijo, pidió la suspensión del nombramiento porque podía suponer una humillación para las víctimas del terrorismo de ETA. Las comparsas reaccionaron diciendo que no se planteaban otra txupinera que no fuera Artola, y recurrieron, junto con el Ayuntamiento, la suspensión cautelar del nombramiento.
En 2016 un magistrado del Juzgado Contencioso-Administrativo de Bilbao dio la razón a Urquijo, y meses después el TSJPV revocó esa primera sentencia.

Artola lanzó un txupin alternativo y participó en el “homenaje a las txupineras” de ese año. Junto a ella estaba Arantza Garbayo, que recibió ese honor en 1999. No pudo acudir a lanzar el cohete porque estaba en la cárcel. Había sido condenada en 1996 por colaboración con el “comando Vizcaya”, y en 1998 por planear un intento de asesinato contra Manuel Fraga. Por lo primero le cayeron ocho años, y por lo segundo 45, que fueron rebajados hasta los 20.
Arantza Garbayo, miembro de ETA, salió de la cárcel en 2013 y por fin pudo recibir el cariño de las comparsas de Bilbao.

Pero decíamos que el Gobierno Vasco está preocupado por las actitudes que normalizan la violencia en fiestas, y por eso Emakunde, un organismo autónomo del Gobierno Vasco, ha decidido lanzar una lista de canciones en la que no están Despacito o Súbeme la radio.
La lista de canciones es sólo una parte de una campaña más grande de Emakunde mediante la que se pretende concienciar a la población, especialmente a los jóvenes, de que los comportamientos sexistas no son admisibles, y de que deben mostrarse activos ante las agresiones sexistas.
Está muy bien que se lancen estos mensajes, y afortunadamente este tipo de agresiones no cuenta con ningún tipo de respaldo. Es más, quienes las cometen suelen recibir el desprecio social además de la condena que proceda.

Es una pena que Gogora, el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos, un organismo también del Gobierno Vasco, no complemente la actividad de Emakunde. Es una pena porque la violencia de ETA sí ha tenido un respaldo social sostenido. Al contrario de lo que ocurre con la violencia sexista, la violencia de ETA es celebrada en las fiestas del País Vasco. Las comparsas exhiben fotos de quienes han sido condenados por pertenecer a esta organización terrorista, e incluso nombran como representantes oficiales a personas condenadas por pertenecer a una organización que se ha dedicado a agredir de todas las maneras imaginables a mujeres, y también a hombres y a niños.
Las fiestas serían una plaza muy apropiada para las actividades de sensibilización de Gogora. Podrían organizar paseos por las casetas que apoyan a los terroristas de ETA, o elaborar talleres para que los jóvenes vascos aprendan que la violencia y el odio no pueden ser justificados. Para que lo aprendan precisamente en los lugares en los que se fomentan y se manifiestan esas actitudes.
Pero no lo van a hacer, porque ese intento de mejorar la convivencia dificultaría enormemente la Convivencia, que es su objetivo real.

En cuanto a la música, seguramente este año sonará también “Sarri, Sarri”, De Kortatu. Es un clásico en fiestas, y su letra celebra de manera festiva la fuga de la prisión de Martutene de dos etarras.
Fermín Muguruza aparece varias veces en la lista recomendada por Emakunde. Muguruza reconoce hoy que durante una época apoyaba la “lucha armada”, y llamar “lucha armada” a lo que hacía ETA deja claro que sigue donde estaba.

El Gobierno Vasco sigue también donde estaba. En el mismo lugar que la mayor parte de la sociedad, que denuncia enérgicamente una violencia que nadie apoya mientras acepta con normalidad la violencia de quienes durante años han hecho la vida imposible a ésos que algo habrían hecho.


 

En el último concierto de Kortatu, el grupo de Fermín Muguruza antes de crear Negu Gorriak, se escuchó esta canción. Y los coros, que decían “ETA” acompañados de la batería y la guitarra.

9. Iosune Oña Ispizua

Iosune Oña Ispizua es la novena foto en la pared.

El 14 de septiembre de 2003 un comando de ETA perpetró un atentado contra agentes de la Ertzaintza. El comando se dirigió al alto de Herrera, en Álava. Allí robaron un vehículo a punta de pistola. Ataron a sus dos ocupantes a un árbol y llamaron a la Ertzaintza. Dijeron que habían sufrido un accidente.
Cuando los agentes llegaron, Arkaitz Otazua y Asier Mardones abrieron fuego contra ellos. Los dos ertzainas resultaron heridos, el miembro de ETA Arkaitz Otazua fue abatido y Mardones consiguió escapar.

Mardones fue detenido un año después, así como Iosune Oña Ispizua. Al primero lo condenaron a 74 años de cárcel como autor material del atentado, y a la segunda a 69 años y 3 meses como cooperadora necesaria.
Ambos cumplirán un máximo de 25 años en la cárcel en lugar de 40 porque la fiscal decidió acusarlos de delitos con lesiones contra miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y no de homicidio en grado de tentativa.

Arkaitz Otazua, por su parte, fue homenajeado en una marcha celebrada días después en Bilbao. La Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco presentó una querella contra Otegi por manifestación ilegal y enaltecimiento del terrorismo, y fue archivada. Según Deia, Otegi dijo que era un drama que “un chaval de 24 años empuñe las armas en pleno S. XXI y muera de esta forma en una acción militar”.
En la manifestación se corearon los habituales “El pueblo no perdonará”, “Gudari”, referido al miembro de ETA fallecido, y “La lucha es el único camino”.
Otegi abrió los discursos al finalizar la marcha, lanzó un viva a los “gudaris vascos”, pidió respeto para el etarra fallecido porque era un “abogado con cinco idiomas que puso su carrera en peligro para luchar”. También afirmó que “la izquierda abertzale tiene un puño de hierro para todos aquellos que pretendan someter a este país a una terapia que no soluciona el conflicto”.
Cosas muy parecidas se pudieron escuchar el sábado pasado en Galdácano en el homenaje al etarra fallecido Kepa del Hoyo. También estuvo Otegi, pero esta vez no tuvieron que camuflar el acto y tampoco hubo querella por enaltecimiento. Fue un acto de homenaje y enaltecimiento a un miembro de ETA por sus acciones, y se celebró a plena luz del día.

En 2009 Dignidad y Justicia pidió la retirada de una placa a Otazua en el Casco Viejo de Bilbao. No he encontrado más información al respecto. No sé cuándo se colocó, cuánto tiempo estuvo colocada o si se llegó a retirar. Sólo las demandas son noticia. Lo otro debe de ser la normalidad.

Pero la foto de esta entrada no es la de un etarra fallecido, sino la de una etarra en la cárcel.
Es Iosune Oña Ispizua, no es una presa política. Es un miembro de ETA. Por eso fue condenada a 69 años y 3 meses, y por eso los asistentes al acto que se celebró hace unos días en su pueblo, Galdácano, aplaudieron cuando se pronunció su nombre junto a los del resto de etarras de Galdácano.

Más información:

http://ecodiario.eleconomista.es/politica/noticias/683666/07/08/La-Audiencia-Nacional-condena-a-penas-de-entre-69-y-74-anos-de-prision-a-dos-terroristas-por-el-atentado-de-Herrera.html

http://www.elcorreo.com/alava/20080722/politica/juez-reprocha-fiscal-haya-20080722.html

http://www.deia.com/2016/11/20/politica/euskadi/aparta-cipayo-aparta

http://www.libertaddigital.com/nacional/la-juez-teresa-palacios-imputa-a-otegi-otro-delito-de-enaltecimiento-del-terrorismo-1276270355/

http://www.elcorreo.com/alava/20091110/mas-actualidad/politica/piden-retirar-placa-homenaje-200911101358.html

http://www.lavanguardia.com/politica/20030930/51262782112/la-fiscalia-del-pais-vasco-se-querella-contra-otegi-por-exaltacion-del-terrorismo.html

 

La injusta invisibilización de Alberto Garzón

Hace unas semanas, Alberto Garzón se quejaba por la escasa visibilidad que se concedía a Izquierda Unida tras su pacto con Podemos.
Alberto Garzón fue durante un tiempo el líder mejor valorado por los españoles.

Alberto Garzón es esto. Alberto Garzón se concentra en este tuit.

Decía por aquí hace poco que la imposición de la verdad es una tarea muy complicada. Los afectos mandan.
Habrá quienes al leer ese tuit capten la esencia de Alberto Garzón.
Y habrá quienes consideren que es el mejor líder de España, precisamente por lo que dice en ese tuit.

Es inútil explicar qué es Alberto Garzón y qué encierran sus palabras. Son valores básicos los que nos hacen reaccionar de una manera o de otra ante lo que dice, lo que es, Alberto Garzón. Son afectos.
Y por mucho que se visibilice, por mucho que se explique, quien aplaude esas palabras difícilmente verá la miseria que se encierra en alguien como Alberto Garzón.

Aun así, alguien como Alberto Garzón no puede ser injustamente invisibilizado.
Existe el deber de difundir sus palabras.
Porque los afectos cambian, y tienen límites.

 

La pelota vasca

Esta película es una invitación al diálogo.
Esta película está concebida desde el respeto a cualquier opinión.
Esta película se solidariza con quienes sufren la violencia relacionada con el conflicto vasco.

Así empieza ‘La pelota vasca’.
La segunda frase de la presentación es una pista de lo que será. La tercera frase anula el misterio.

Dejo a continuación algunos de los momentos y de los vídeos destacados.

Primeras intervenciones.

Mariano Ferrer, periodista: Hay dos polos que inciden en el conflicto vasco. ETA y el Gobierno de Madrid, eso es evidente.

Ramón Saizarbitoria, sociólogo y escritor: Esos dos bandos, tirando, están dificultando algo esencial que es el mutuo entendimiento.

Carlos Garaikoetxea: Lo que no se puede es recurrir al dogmatismo respaldado por la violencia. La violencia de las pistolas (Ø) o la violencia del monopolio de la fuerza del Estado.

Paisajes montañosos. Mikel Laboa. Eso y escenas de deportes vascos y del campo es el hilo conductor de la película.

José Antonio Ardanza: Hay unos vascos que se sienten vascos(…) Otro 50% de los vascos se sienten vascos, pero su identidad nacional, patriótica, es España.

Ramón Alzate, psicosociólogo: Fundamentalmente el conflicto de una manera importante está ahí, en la definición de cada uno de lo que es ser vasco.

Arnaldo Otegi deja su primera aportación, que es ya un clásico: Pensamos que el día en que en Lekeitio o en Zubieta se coma en hamburgueserías y se oiga música rock americana y todo el mundo vista ropa americana y deje de hablar su lengua para hablar inglés y todo el mundo esté en vez de estar contemplando los montes funcionando con internet, pues para nosotros ése será un mundo tan aburrido tan aburrido que no merecerá la pena vivir.

 

 

Aparece un fragmento de un documental de Orson Welles sobre “los vascos”. Somos especiales. Y aborígenes europeos.

El euskera.

Aparece Xabier Eguzkitze, bertsolari, presentador de la ETB y periodista. Lanza un bertso sobre el futuro de Euskal Herria -“dónde vas”, se pregunta-, y espera que tenga el color del paisaje. Imagino que el paisaje que ve Eguzkitze es verde. El que se ve tras él, al que señala, es esencialmente piedra. Gris.

José María Satrustegi, escritor-humanista, etnógrafo, miembro de la Real Academia de la Lengua Vasca: Nuestra lengua es el camino hecho a medida para sacar nuestra sensibilidad y nuestro pensamiento.

Me acuerdo a la vez del romanticismo, de la lengua, del nacionalismo. De Alemania.
Eguzkitze, de nuevo: Mi patria es el euskera. No está enamorado de Euskal Herria sino del euskera, añade.

Aparece Arzalluz: El que en un pueblo pequeño como éste se hayan mantenido unas características de tipo genético durante miles de años… eso no supone ni superioridad ni inferioridad. Lo que sí supone es convivencia de milenios de una gente, y por tanto creación de modos, de cultura, de lengua, etcétera.

Imagino que la negrita no era necesaria.

 

Es el turno de Antoni Batista, a quien no tenía el placer de conocer. Periodista, escritor, crítico musical y redactor de La Vanguardia. Negrita en sí mismo: Yo creo que ETA es un problema de raíz y naturaleza política, el conflicto vasco es así, y que esto es un problema político y que en la medida en que políticamente se resuelva se resolverán sus efectos. (…) ETA es la última manifestación de un problema atávico.

 

 

Otegi: En 200 años no hay una sola generación de vascos que no haya conocido la cárcel el exilio la tortura y la muerte ligada a la política.

Ahora el tema es “el conflicto”.

Javier Ortiz dice que se habla como si ETA fuera el único conflicto, y dice que no es así, que no es el único, y que de hecho ya existía un conflicto antes de que apareciera ETA.
Antonio Álvarez Solís, periodista: Quizá el terrorismo sea un producto de esas cuestiones sin resolver.

Más imágenes de pelota, Mikel Laboa, Guernica.

Escena de lo que parece ser una película. Un maestro golpea las manos de dos alumnos. “Ésta es una escuela española. Aquí sólo se habla español. El vasco está prohibido porque vosotros sois españoles”.

“¡Vascos!”, responden los niños al unísono. “¡Españoles!”, responde el maestro, golpeando de nuevo. Y así tres veces.

El conflicto, ETA. Y el montaje.

Julen Madariaga, uno de los fundadores de ETA: Empezamos por lo cultural, el enemigo reacciona fuertemente, duramente, ni siquiera una actividad cultural la soportaba. La reacción fue desproporcionada por parte del enemigo, se nos persiguió. Y eso nos obligó a pasar a la segunda etapa, que fue la política. Allí empezaron ya los primeros interrogatorios, los primeros sopapos, los primeros visos de tortura. Y esto nos obligó a pasar a la última fase, a la militar.

Imágenes del atentado de Carrero Blanco, de una película sobre el atentado, seguramente “Operación Ogro”.
Se muestra el júbilo, gente cantando el “Carrero voló”, lanzan cosas al aire, sonrisas.

De nuevo Mikel Laboa, “Haika mutil” (Arriba muchacho). Imágenes del Franco en el féretro. El tipo del buzo azul que saluda al dictador. Ikurriñas y esteladas. Más franquistas despidiendo al dictador. Jóvenes con el puño en alto, hombres con boinas e ikurriñas. Bajan el féretro de Franco, pancartas de independencia. El funeral multitudinario de Franco, titular “Euzkadi reivindicó en paz sus derechos”. La corona, los reyes. Manifestación por la autodeterminación. La Constitución, el Árbol de Guernica y Garaikoetxea.

Al final de la canción, el muchacho se cansa. Estábamos en el conflicto, ETA. Y el montaje.

Vemos ahora un autobús de familiares de presos de ETA que van a visitar a estos últimos a una prisión de Huelva.
Habla una madre con su bebé en brazos. Se lamenta por las incomodidades del viaje. Y lo que hay que pasar, lo que es un viaje de 2.000 km en día y pico.

Podría ser la escena más importante de la película. Porque en paralelo habla también Cristina Sagarzazu, la viuda del ertzaina Ramón Doral, a quien ETA asesinó en 1996.
En el montaje se encadenan los lamentos de las dos. La viuda del ertzaina asesinado por ETA y la mujer del etarra. Y se podría pensar que es precisamente un acto de compromiso del director, Julio Medem, puesto que el espectador se dará cuenta de lo que ha perdido una y lo que ha perdido la otra.
Bien, podría ser. Hay no obstante una cuestión que pasa desapercibida, salvo que el espectador vea una segunda vez la película, o salvo que quiera escribir sobre ella. No se sabe quién es la pareja del etarra que va de viaje a la prisión. No aparece su nombre en la pantalla, al contrario de lo que ocurre con los otros participantes en el documental. Y por lo tanto no aparece, tampoco, el etarra. Ni sus actos, ni sus víctimas.
Ésta es la clave de la película, y del relato.

 

Aparece Eduardo Madina: Yo no estoy en contra de la violencia de ETA sólo. Estoy en contra de la violencia. De la que ejerce un asesino (Ø) que pone una bomba y mata o de la que ejerce un guardia civil o un yo qué sé qué torturando a una persona porque cree que esa persona es no sé qué (Ø).

 

 

González, sobre el GAL: Yo creo que no se puede decir que fuera terrorismo de Estado.

El montaje ofrece ahora imágenes, muy rápidas, de Ortega Lara, atentados, manifestaciones contra ETA, bueyes arrastrando piedras, Ordóñez, más bueyes, aizkolaris, más atentados, un aizkolari de alguna película que arroja su hacha. Y Mikel Laboa.
Seguro que esas imágenes encierran un mensaje.

Alec Reid, quien habla sobre lo que le choca. Le choca, como supone le chocará a cualquier demócrata, que las autoridades españolas no quieran hablar con el PNV del conflicto político, le choca que digan que el conflicto es el que plantea ETA, un grupo de salvajes. Eso, para Reid, es casi una forma de locura, de no querer ver la realidad.

Se habla de Elkarri. Son partidarios.

Se habla del PP. No son partidarios.
Batista, el crítico musical, periodista y redactor de La Vanguardia, dice que desde la victoria del PP se da en España una pérdida de peso de la libertad de expresión y de las libertades en general.
Se suceden las críticas. Todos los “medios de Madrid” dan una visión única sobre “el conflicto”. Arzalluz dice que toda paranoia necesita crear un enemigo en quien descargar las iras. Pero cree que el enemigo es él, y los paranoicos los otros.
Sádaba se pregunta si en España está surgiendo un neonacionalismo, un neofranquismo, y se contesta que no. Porque lo hubo siempre.
Incluso Antonio Elorza advierte de los peligros a corto y largo plazo de cerrar los ojos ante lo negativo de la “ideología nacionalista española del PP”.

Peces Barba: El PP no ha entendido la Constitución ni ha entendido la filosofía que lleva detrás.

Ardanza comienza a hablar de la historia, de los vascos, de lo vasco y de los vascos en la Historia. Y de cúando los vascos se han sentido cómodos con España y de cuándo no.
En este momento comienzan a hablar del carlismo.
Imágenes de aurreskus, alardes, el campo. Los fueros (leyes propias antiquísimas, se lee en la. pantalla) y las imposiciones. El folklore vasco, coros y danzas, y una canción de Mikel Laboa: repitamos una y otra vez nuestras palabras, que no se olviden, que no se pierdan.
Es realmente ancestral.

Iñaki Villota, sacerdote: En el origen del actual problema vasco está la frustración que trajo consigo la abolición foral del 75-76, y luego sobre todo los cuarenta años de franquismo.

Las víctimas.

Ramón Etxezarreta, concejal de Cultura del PSE en San Sebastián, amenazado por ETA, en una de las intervenciones más destacables de la película: Yo siempre he sentido una doble condición de víctima. Por un lado eres víctima de la violencia (Ø) y por otro lado eres víctima de los protectores y de los defensores de las víctimas.

Fermín Muguruza: Es que aquí siempre se dice que sólo viven amenazados unos y los demás no… Yo cada día recibo cinco correos electrónicos con “Te mataremos”, “Ya matamos a un Muguruza y tú serás el segundo”.

Sádaba: Bueno yo ante un amenazado lo primero que tengo que decir es respeto y defensa del amenazado. Ahora, tampoco se puede vivir de estar amenazado.

Antxon Lafont es empresario y fue presidente de la Cámara de Comercio de Bayona. Y deja a la altura del Gorbea las intervenciones de otros abyectos: Así que esos intelectuales que se han ido, algunos sí, amenazados de muerte, otros se consideran amenazados de muerte, igual con razón, pero hay otros que le sacan juguillo a la cosa.

El mero texto no puede reflejar a Antxon Lafont. Hay que ver el vídeo.

 

 

José Ángel Cuerda, ex alcalde de Vitoria (PNV): No es posible pedirle objetividad a quien está sufriendo el impacto terrible de esta violencia política. Luego…

Gabilondo, el ejemplar Gabilondo: Lo que sí creo es que hay una especie de amenazados oficiales, son casi amenazados profesionales, y hay otros que están igual de amenazados y que no lo dicen tanto.

Aparece de nuevo el PP, el ausente. Por su culpa ETA rompió la tregua. Por su culpa y por la de ETA. Los dos polos, los dos bandos.

José María Garmendia, catedrático de Historia Contemporánea, de quien tenemos sólo una frase: La lucha armada de ETA, el terrorismo, es un conflicto de muy baja intensidad. De muchísima intensidad claro para los que lo sufren, pero perfectamente asumible e incluso puede ser instrumentalizado para la defensa de una determinada política de poder.

Sádaba: Para eso sirve mucho Euskadi, entre otros, para buscar un enemigo, como el terrorismo general o universal sirve a Bush.

Javier Madrazo: Se está utilizando el sufrimiento profundo de esta sociedad para obtener rentabilidad electoral en el conjunto de España, para que en España no se hable de otra cosa que del conflicto vasco.

Madina, de nuevo: Creo que hay otros partidos que no tienen voluntad en acabar con el problema. Porque el Partido Popular, toda su aureola electoral, y todo su movimiento y toda su estrategia gira alrededor de la gestión del dolor que ETA genera, y de su posicionamiento con respecto a un problema.
El chico que era incapaz de odiar.

El PP, que no quiso participar en la película a pesar del papel protagonista que le concede el director.

De nuevo, y de nuevo en paralelo, Cristina Sagarzazu, la viuda de Ramón Doral, y la pareja de un etarra.
Sagarzazu cuenta cómo fue el atentado.
La pareja del etarra, sobre su hijo: Además es que está concebido en la cárcel, el pobre.

Sagarzazu: Al principio mis mayores miedos era no hacerlo bien y que un día uno de mis hijos se considerara con derecho a hacer lo mismo que le habían hecho a él, es decir, a matar al padre de otro. Si uno de mis hijos matara a alguien desde luego me… él hunde su propia vida, hunde la de otras personas pero es que a mí me hace polvo.

La mujer del etarra: Son sentimientos contradictorios de todos los niveles, una persona que es tan generosa o que es capaz de querer tanto y que a la vez pues tenga que… o que haga ese tipo de acciones.
Que normalmente son las personas más altruistas, yo las que conozco eh, más generosas, y tú le conoces en la calle y ves que es una persona tan cariñosa y que tiene tantas amistades que no puedes concebir que lo que haya hecho lo haya hecho porque sí. Lo puedes compartir o no, pero sabes que hay una motivación muy fuerte para que haya llegado a hacer eso.

Pero, como decía antes, “eso” no aparece. Ni eso, ni quién, ni nada. Sólo el sufrimiento de su pareja.

 

Después de esto, el final de la película se precipita.
Gabilondo y Madina están en contra de la ilegalización de Batasuna.

Alec Reid defiende el diálogo para lograr una solución democrática al “conflicto”. Los dos enemigos deben reconocer que el otro tiene parte de verdad. Tienen que dialogar democráticamente.

Lo que pasa es que no queda claro si el segundo enemigo es ETA o el PNV. El primero, lógicamente, son las autoridades españolas.

Atxaga deja una última reflexión, apreciable.

Bueno, yo sueño con la ciudad vasca. Además el juego de palabras me favorece, porque hablando en lengua vasca “Euskal Herria” es “Pueblo vasco” y “euskal hiria” sería la ciudad vasca. Creo que la palabra “ciudad” en cualquier diccionario de civilizaciones tiene mejor eco, es decir que la ciudad en principio no es de nadie y es de todos, no hay un origen, nadie puede decir esta ciudad es mía porque yo llegué primero. No, esta ciudad es de todos los que han llegado y de todos los que la han construido y la van a construir. En principio además una ciudad admite gente muy diversa, eso lo hemos visto en todas las ciudades. Y mi ideal sería que pasáramos de un espacio donde parece haber una identidad primera, original, pues a un espacio donde haya muchas identidades. Entre ellas desde luego aquella de la que yo participo, la identidad llamada vasca, es decir que yo sí quisiera que en esa ciudad hubiese un buen barrio que hablara la lengua que yo hablo con mis hijas, el euskera, y la lengua en la que escribo. Yo creo que algún día se producirá y que lo notaremos porque la gente en vez de andar un poco sobre el suelo, andará como a veinte centímetros, un poco levitará, levemente para no escandalizar, pero levitará, porque del peso que nos quitaremos de encima. Ahora tenemos mucho peso sobre los hombros.


 

A los vascos,a todos y a cada uno de los vascos.

Así termina el director ‘La pelota vasca’.

A todos y a cada uno. Sin distinción.
No esperaba otra cosa.

Verdad, mentiras

La verdad no se impone a la mentira por el mero hecho de que sea verdad. Ni en los asuntos públicos ni en los privados. Aunque posiblemente todos los asuntos públicos, en cuanto pasan por una mente concreta, son asuntos privados.

Existe la verdad, que es una, y existen múltiples mentiras. Lo que diferencia a la una de las otras es su relación con los hechos. La primera se ciñe escrupulosamente a ellos, las otras los ignoran, los exageran o los mutilan.

Pero esto segundo no escapa de lo primero. Decir “existe la verdad” es verdad, y decir que no existe, o que existe en múltiples formas, es mentira. Pero la verdad no se impone a la mentira por el mero hecho de que sea verdad.

Así que la batalla por la verdad, que es la principal batalla política en un régimen de libertades como el nuestro, no es ni puede ser una batalla meramente racional. Salvo que queramos que sea una batalla perdida.

La mentira se construye y se mantiene a través de los afectos. Son los afectos, las emociones, los que hacen que la mentira nazca y se reproduzca. Un determinado tipo de afectos. Los que surgen de la necesidad de sentido y de pertenencia.

Pero son también los afectos los que hacen que la verdad nos sea más querida que la mentira. La verdad no es luz, ni fulgor, ni revelación ni caída súbita. No conquista por lo que es, sino por lo que somos. Y lo que somos viene condicionado por nuestros afectos individuales. El control que tengamos sobre estos afectos es determinante. Pero ese mismo control vendrá a su vez determinado por otros afectos previos.

La verdad y -especialmente- la mentira no flotan en el vacío. Se transmiten mediante relatos. Un relato funciona cuando es capaz de transmitir durante mucho tiempo y a un gran número de personas unos hechos concretos, una visión de cómo son y cómo fueron las cosas. Esos relatos, esa visión de las cosas, no se quedan en el ámbito privado, sino que condicionan la esfera pública. Hacen que se hagan cosas, y que las cosas se vean de una manera determinada.

Si la esfera pública ha estado dominada durante muchos años por un relato falso, si las mentiras han gobernado los discursos de una gran parte de la población, habrá que reconocer que ese relato ha funcionado. Y habrá que buscar las razones por las que ese relato ha funcionado.

Y si se quiere acabar con las mentiras y con el relato falso, habrá que recordar que la verdad no se impone a las mentiras por el mero hecho de que sea verdad. Para que la verdad se imponga será necesario tener en cuenta los afectos. Mostrar, no sólo demostrar. Pathos, no sólo Logos.

Ésta ha de ser la principal batalla política en un régimen de libertades como el nuestro. Y presenta una complicación: los mismos afectos que hacen que la verdad sea querida suelen rechazar los mecanismos que harían que la verdad se extendiera. El recurso a los afectos, a las emociones.

Alsasua

Toca hablar de lo de Alsasua.

Lo de Alsasua” era el título de un artículo de Elisa Beni en el que la autora afirmaba que lo de Alsasua no es terrorismo.

Lo de Alsasua, en realidad, aún no se sabe qué fue. Judicialmente, al menos. Es decir, no se sabe qué fue.
No se sabe si fue terrorismo. Precisamente eso es, entre otras cosas, lo que tratará de aclarar la Audiencia Nacional. No se juzgará a los acusados partiendo de la premisa de que aquello fue, efectivamente, terrorismo. Los únicos que parecen conocer cuál debe ser la sentencia son los que defienden que lo de Alsasua fue una simple pelea de bar. O una trifulca. O una discusión con la autoridad. Para qué el juicio, entonces. Para qué, en general, todos los juicios contra “jóvenes vascos” -y navarros- cuyo único crimen sólo puede ser el hecho de que son vascos -o navarros.

No se parte de la premisa de que aquello fue terrorismo. Se parte de ciertos indicios que apuntan a que las agresiones, los insultos y las amenazas que supuestamente los acusados cometieron contra dos agentes de la Guardia Civil y contra sus parejas podrían ser parte de una campaña cuyo objetivo es atemorizar a los miembros de la Guardia Civil para que abandonen diversas localidades de Navarra y del País Vasco.
El juicio determinará cómo ocurrieron los hechos, cuáles fueron esos hechos y si los hechos constituyen o no delito de terrorismo.

Hasta que eso ocurra, podemos fijarnos en otros hechos.

Es un hecho que existe una campaña promovida por la izquierda abertzale para expulsar a la Guardia Civil del País Vasco y de Navarra.
Es un hecho que en algunos pueblos no hay una separación clara entre campañas políticas y fiestas.
Es un hecho que en esas campañas se fomenta el odio a la Guardia Civil. En una de esas campañas, por ejemplo, se recrea una escena -dibujos animados- en la que dos jóvenes destrozan un jeep de la Guardia Civil. “Adiós, perro, y no vuelvas a Euskal Herria” es lo que se puede escuchar en el primer vídeo.

Y es un hecho que en el País Vasco las campañas para expulsar a los “indeseables” cuentan con una gran tradición. La izquierda abertzale se encargaba de señalar a los indeseables, los “jóvenes” comprometidos se encargaban de acosar a quienes se quería expulsar, y los mayores, ETA, se encargaban, cuando podían, de materializar la expulsión definitiva. De asesinar, si usamos un lenguaje no normalizado. Los indeseables eran periodistas, concejales, policías, militares, vecinos que leían “periódicos españolistas”, profesores de universidad, jueces, guardias civiles. Las “expulsiones”, cuando era ETA quien las llevaba a cabo, salían en la prensa. José Luis López de Lacalle, Manuel Zamarreño, Eloy García Cambra, Pedro Antonio Blanco, José María Lidón, Francisco Tomás y Valiente o Avelino Palma Brioa, entre muchos otros.
Cuando se trataba de expulsiones no definitivas, es decir, cuando no era ETA sino sus cachorros quienes tomaban parte en esas campañas, los hechos no solían salir a la luz. En algunos casos esos jóvenes conseguían expulsar del pueblo a los objetivos de sus acciones, y en otros casos los acosados decidían hacer frente al acoso y permanecer en su casa y en su trabajo, con un enorme coste personal.

Éste es el contexto general de “lo de Alsasua”. Efectivamente, el caso sería distinto si se hubiera producido en Murcia, en Cangas de Onís, en Mérida o en Granada. Porque en Murcia, en Cangas de Onís, en Mérida o en Granada no hay campañas para expulsar a guardias civiles ni se aprovechan las fiestas para difundir mensajes de odio entre los jóvenes.

Hasta que no termine el juicio no podremos conocer cuáles fueron los hechos de “lo de Alsasua”.
Pero sería conveniente recordar algunos de los hechos que han formado parte del País Vasco y de Navarra desde hace muchísimos años. Al menos si queremos evitar hacer el ridículo al opinar de “lo de Alsasua”.

ETA, una derrota imposible

ETA finalizará en los próximos años su proceso de disolución. El proceso no consistirá en que deje de existir a partir de un determinado momento. Será aún más ambicioso: ETA dejará de haber existido.

En 2014 se publicaron los datos del Sociómetro vasco. Se trató de una encuesta especial sobre el llamado proceso de paz. El 87% pedía que se reconociera y se reparase a todas las víctimas. Como se trataba de un proceso de paz, el análisis partía de la creencia de que en el País Vasco habíamos sufrido una guerra. De ahí que ese “todas las víctimas” incluyera tanto a las víctimas de ETA como a las de los abusos policiales. El 79% se apuntaba al sintagma de la paz “sin vencedores ni vencidos”.  Para Jonan Fernández, secretario de Paz y Convivencia del Gobierno vasco, esos resultados mostraban la sabiduría de la sociedad vasca, situada en la “centralidad ética y democrática”.
En 2017, los ciudadanos del País Vasco que pedían justicia para todas las víctimas “con independencia de la violencia que hayan sufrido” suponen el 84%.
Y el 80% se apunta a la paz sin vencedores ni vencidos.

El proceso homeopático ya se podía intuir en 2006. Ese año, el Parlamento vasco aprobó una resolución para que se diera “una paz sin vencedores ni vencidos”. En el pleno, el portavoz del PNV, Joseba Egibar, se refirió a ETA como “una organización política que hace uso de técnicas modernas de lucha de minorías contra mayorías”, “técnicas terroristas”, que había cometido varios disparates desde su creación. Los ejemplos del relato no son escasos.

Pero no son éstos -ciudadanos, políticos, medios o agentes sociales- los que harán imposible la verdadera derrota de ETA, que debería consistir en su permanencia como hecho histórico. La disolución se producirá, sencillamente, porque somos vagos. Porque, a pesar de que se incluya en los planes de estudio, los adolescentes ven el fenómeno tan lejano como el Holocausto.
Los jóvenes desconocen y seguirán desconociendo qué fue ETA, aunque ETA y sus efectos sigan ahí. Da lo mismo que sean jóvenes del País Vasco, de Extremadura o de Asturias. Da lo mismo que se enseñe en clase, que entre en el examen o que desaparezca de las programaciones.
Siempre habrá alumnos que escapen de la adolescencia, claro. Pero son muy pocos, y seguramente terminarían por conocer qué fue ETA tanto si lo vieran en clase como si no.

Si no se enseña en las escuelas, desaparece. Y si se enseña, queda frecuentemente reducido a un trabajo, o a un par de clases que hay que aguantar. Hasta que suene el timbre y termine la chapa.

Tal vez deba ser así. O tal vez lo esté haciendo mal. Tal vez haya que combatir el desinterés mediante la gamificación. Construir un zulo en Minecraft, componer un rap sobre Hipercor. Quién sabe.

No serán los ciudadanos, políticos, medios o agentes sociales quienes hagan imposible la derrota de ETA. Será la inercia.

Nosotros

He visto una vez más ‘1980’, de Iñaki Arteta. Por motivos profesionales. Y he reparado en una frase que deja Ramón Labayen en el 53:25.
Ramón Labayen fue Consejero de Cultura del Gobierno Vasco de 1980 a 1983. Fue también alcalde de San Sebastián entre 1983 y 1987. Y diputado del Parlamento Vasco de 1987 a 1990.
Labayen fue el responsable de la creación de la ETB, de HABE (el instituto de alfabetización de euskera para adultos), y formó parte de la comisión de Derechos Humanos en el parlamento vasco.

Labayen falleció en 2013. Martin Garitano, Diputado General de Guipúzcoa (Bildu), se refirió a él como “un gran patriota vasco”. Garitano fue redactor jefe del periódico Egin entre 1984 y 1998, y después fue subdirector de Gara.
Pero es de Labayen de quien estamos hablando. En concreto, de algo que dijo en el documental de Arteta.
Esto:

El ser un pueblo pequeño, tiene también, es que nos conocemos todos, ¿eh? Y resulta más difícil condenar al hijo de un amigo que, que bueno; hace más efecto que la Guardia Civil asesine a uno de ETA, o lo torture, que, que no que viceversa, seamos nosotros los que hagamos lo mismo.

Ese helador, y tal vez inconsciente, “nosotros”.