Greta Sánchez

O Pedro Thunberg. Es un título estúpido para una idea: muchos análisis sobre estos fenómenos no se centran en lo importante, el qué, sino en lo accesorio, el por qué.

Comencemos con la joven activista climática. La cuestión más problemática en torno a Greta Thunberg es que es una adolescente que los adultos pretenden que sirva como modelo de acción para otros adolescentes. Lo problemático no es tanto lo que dice, si está más o menos equivocada, sino la idea de que los adolescentes deben recibir positivamente el mensaje de una adolescente. Y también el hecho de que junto a esta idea, en el mismo pack, hay muchas otras ideas. 

1- La igualación adolescente-adulto, o incluso la superioridad de los adolescentes. Se repite el mensaje de que los adolescentes -e incluso los niños- son quienes van a arreglar el problema del clima. Y no sólo ése. Porque si ellos son capaces de arreglar algo tan complejo como el cambio climático, ¿por qué no van a ser capaces de arreglar otros problemas? Esta idea, de manera nada sorprendente, es muy bien recibida por los adolescentes. En lugar de centrarse en el proceso de correcciones y autocorrecciones constantes que debe ser la adolescencia se les coloca en un pedestal y se comienza a hablar de “adultocentrismo”. 

2 – La superioridad de las emociones frente a la razón. Esto, hay que reconocerlo, es un hecho. Las emociones son más eficaces que la razón a la hora de promover una causa. La novedad es que ahora se está enseñando que no es algo con lo que hay que tener cuidado, algo que hay que modular, sino que es conveniente entregarse a ello. Los adolescentes no sólo están aprendiendo, sino que se les está enseñando que sí, que tienen razón, que las emociones son una guía para la acción y para la comprensión más eficaz que la razón.

3 – La acción sin análisis. Otra enseñanza que los gretistas están transmitiendo a los adolescentes: actúa. No hace falta que leas, no hace falta que te informes, y aún hace menos falta que examines el mensaje que transmitimos: abrázalo y actúa. Sal a la calle, protesta, grita consignas. Aunque no sirva para nada, aunque no entiendas nada.

4 – Los mensajes. A modo de paréntesis. El viernes pasado coincidí cerca del Teatro Arriaga en Bilbao con una manifestación de adolescentes por el clima. Imagino que les habrían dado permiso para abandonar el instituto y ocupar la calle. Algunas de las consignas que escuché en diez minutos, coreadas por menores de edad con voz de menores de edad:

 

  • El cambio está en la calle y no en los parlamentos.
  • La solución es la expropiación
  • El planeta no se muere, es un asesinato
  • Borroka da bide bakarra (la lucha es el único camino)
  • Jo ta ke irabazi arte
  • Que no, que no, que no nos representan
  • Ecologistas y anticapitalistas

Todo esto alentado por profesores, centros educativos en su conjunto e incluso alguna ministra. Todo esto es lo que está produciendo el “efecto Greta”. Se repite que está sirviendo para que los adolescentes cobren conciencia de la importancia del cambio climático, para que cambien las conductas que afectan al cambio climático, pero no es así. Es un mito. Los adolescentes -ellos mismos lo reconocen cuando se les pregunta- no saben más sobre el cambio climático. No han comenzado a informarse sobre el cambio climático ni sobre lo que dice Greta. Simplemente aceptan lo que dice esa niña, o mejor dicho, lo que transmite esa niña. Aprenden que hay que sentirse mal por el cambio climático, que hay que lanzar mensajes intensos, y que si lanzan mensajes intensos se les hará caso, sin importar que hayan pensado en lo que dicen.

Lo problemático no es tanto lo que dice Greta, sino que lo dice alguien como Greta. Lo problemático es que si el modelo es Greta, los adolescentes serán como Greta. Símbolos, personajes que lanzan mensajes más o menos incendiarios y apocalípticos en nombre de una causa que no han investigado. 

Y lo problemático es también lo que decimos sobre Greta, o algunas de las cosas que decimos sobre el fenómeno Greta. Que está financiada por no sé qué empresas de renovables, que está siendo utilizada por determinados políticos, que está convirtiéndose en símbolo de una causa que va más allá de la preocupación por el medio ambiente. Y como esto es lo que se dice, a esto se dirigen las respuestas de sus defensores. Ni siquiera es lo más importante el daño que se le está haciendo a Greta; al fin y al cabo es una niña más, y es difícil que alguien pueda parar lo que está pasando. Lo más importante es el efecto que todo este fenómeno tendrá en los adolescentes a los que se les está diciendo que Greta es el modelo, lo más importante es el modo en que afectará a su manera de ver el mundo y de relacionarse con él. Un mundo en el que los adolescentes son vistos como la mayor esperanza, en el que las emociones son fuente de verdad, y en el que el conocimiento no debe ser el antecedente de la acción.

Y en cierto sentido, salvando las distancias, algo parecido está ocurriendo con Pedro Sánchez, con lo que decimos sobre Pedro Sánchez. En concreto con lo que decimos sobre el partido de Sánchez en Navarra, el PSN. El qué, lo que hace ese partido, es habitualmente indecente. Se sitúa sin ningún escrúpulo al lado de los nacionalistas y de los populistas, y al lado de quienes siendo todo eso pertenecen a una categoría distinta, la coalición EH Bildu, la izquierda abertzale de toda la vida. El Partido Socialista de Navarra integra hoy el bloque nacionalista, junto a Geroa Bai, Podemos y EH Bildu. Ha asumido su relato, ha asumido sus premisas y ha asumido sus campañas. Y en lugar de hablar de esto, en lugar de denunciar el qué, nos centramos en el por qué. Porque pensamos que si todo esto lo hace como pago a EH Bildu por su apoyo al PSOE y al PSN es peor que si lo hace por el hecho de que, sencillamente, tiene más en común con EH Bildu que con Navarra Suma.
El PSN permitió que la alcaldía de Huarte fuera para EH Bildu, después de que la alcaldesa Amparo López, del PSN, se fuera al Gobierno de Navarra. En lugar de presentar a otro candidato el PSN decidió dejar su silla vacía el día en que se debía elegir al nuevo alcalde, lo que permitió que el nuevo alcalde fuera el candidato de EH Bildu. También decidió apoyar al candidato propuesto por EH Bildu para la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona. Y también decidió no condenar en el Parlamento navarro la propuesta de EH Bildu para exigir desde el Parlamento vasco que determinados partidos no hicieran campaña para las generales en suelo vasco.
El mensaje crítico con el PSN suele partir de una idea: todo lo que hace es una prueba del pacto entre el PSN y EH Bildu, todo sería un pago del PSN a EH Bildu. Pero eso es irrelevante. Y no es la peor opción. La peor opción es que el PSN haga todo lo que hace no porque le debe algo a EH Bildu, sino porque coincide con EH Bildu.

Y claro, cuando decimos que todo es una prueba del pacto PSN-Bildu, los defensores del PSN y del PSOE lo tienen fácil: ¿qué pacto?

 

La cuestión, tanto en el caso de Greta como en el caso de Sánchez, no es quién está detrás, quién los controla o a quién se deben, sino qué es lo que hacen. La cuestión realmente importante, siempre, es lo que hacemos.

C. Tangana y los valores perdidos

En realidad C. Tangana no es la cuestión. La cuestión tampoco es la libertad de expresión. La cuestión, en el fondo, es la misma de siempre. Y como es la misma de siempre, quien habla de estas cosas habla siempre de lo mismo, es decir, es un pesado.
Pero la cuestión es que la cuestión, aunque sea la misma de siempre, parece que no existe, y esto hace que los pesados sigamos siendo pesados.

Todos sabemos, en Bilbao, en el resto del País Vasco y creo que incluso en el resto de España, cuál es la cuestión de fondo. La cuestión de la que nos ocupamos ahora comienza cuando el Ayuntamiento de Bilbao -gobernado por PNV y PSE- decide contratar a C. Tangana para que actúe en las fiestas. Unos días antes de que den comienzo, el mismo ayuntamiento decide suspender el concierto después de que unos miles de personas en Change, además de EH Bildu y Elkarrekin Podemos, pidieran su cancelación. Si el Ayuntamiento de Bilbao no hubiera contratado a C. Tangana en un primer momento no habría pasado nada. Cada año hay cientos de artistas a los que el Ayuntamiento no contrata. Pero la cuestión es que el Ayuntamiento decidió suspender el concierto tras las presiones de Elkarrekin Podemos, EH Bildu y varios miles de personas en Change. El alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, ha intentado explicar por qué lo hizo, y también ha intentado explicar que lo que hizo el Ayuntamiento no fue censura: “Nosotros lo que queremos es que en Aste Nagusia los valores estén presentes”, y  “con dinero público no se puede apostar por ese tipo de música”, recogían hoy en Deia.

Al parecer, el resto de actos que forman parte de la Aste Nagusia, los valores presentes en esos actos, sí cuentan con el aval del alcalde y del Ayuntamiento de Bilbao. Las comparsas que año tras año decoran sus instalaciones con homenajes a los presos de ETA, los actos de solidaridad con los familiares de presos de ETA, los carteles que piden la amnistía de los presos de ETA, las pintadas de “Kaña a España” y las banderas de España tachadas en el recinto festivo, el homenaje a las txupineras con la presencia de Arantza Garbayo, nombrada txupinera en 1999 mientras cumplía condena por su actividad en un comando de ETA, y tantos otros actos que se llevarán a cabo durante esos días y de los que no tenemos noticia. Todo eso sí transmite, al parecer, los valores que el alcalde de Bilbao considera sanos.

Se podrá decir que no es el mismo caso. Que los actos que se acaban de mencionar son responsabilidad de las comparsas, no del Ayuntamiento. Bien, hay parte de razón en eso. Aunque también es verdad que sin el aval del Ayuntamiento las comparsas no se habrían convertido en los principales agentes de las fiestas de Bilbao. Es decir, no es el Ayuntamiento el que coloca casetas con fotos de miembros de ETA ni el que organiza homenajes a los familiares, pero sí el que permite que esas comparsas puedan seguir organizando las fiestas de Bilbao año tras año, y el que tolera que todo eso esté presente en el recinto festivo, que forme parte del ambiente festivo y, en fin, que transmita los valores que transmite.

Pero vamos a lo que sí es responsabilidad del Ayuntamiento de Bilbao, a lo que financia el Ayuntamiento de Bilbao. El año pasado el Ayuntamiento decidió contratar a Gatibu para el primer concierto. Creo que nunca he escuchado una canción de Gatibu. Pero sí me suena que son habituales de las fiestas, un grupo con bastante éxito en el País Vasco. Y como cuando el Ayuntamiento de Bilbao contrata a un grupo o a un cantante para las fiestas lo hace a conciencia, y como los grupos y cantantes que actúan en las fiestas de Bilbao, salvo C. Tangana, sí hacen que “los valores estén presentes”, pues me ha parecido oportuno ver quiénes forman parte de Gatibu y qué música hacen.

El cantante de la banda es Alex Sardui. No he escuchado nunca una canción del grupo y desde luego no me sonaba el nombre. Pero Alex Sardui es apoderado de las Juntas Generales de Bizkaia desde 2016. Por EH Bildu.

Es decir, el cantante de Gatibu, que sí transmite los valores que el alcalde de Bilbao considera decentes y representativos de la Aste Nagusia, es miembro de EH Bildu. Ahora es cuando me pondría a explicar de nuevo qué es EH Bildu, qué defiende EH Bildu o en qué actos ha participado EH Bildu, pero sería la enésima vez, y hasta los pesados tenemos límites. Así que daré por supuesto que quien está leyendo esto es consciente de todo lo que representa EH Bildu.
Alex Sardui, además de juntero de la coalición abertzale y de líder de Gatibu, también apareció en 2017 en un conocido programa de la ETB1. Conocido por la polémica que se formó tras una de sus emisiones. El programa era Euskalduna naiz, eta zu?, que se podría traducir como Soy vasco, ¿y tú? El caso es que se podría traducir así pero también de otra manera: Soy vascoparlante, ¿y tú?
Se podría traducir de esas dos maneras porque en el País Vasco “euskaldun” significa tanto “vasco” como “persona que habla -tiene, literalmente- euskera”, y claro, esto es otra cuestión que ayuda a entender la cuestión de fondo. Pero no es el momento de entrar en esa cuestión.

El programa contó con seis episodios: Pareja, Dinero, Escuela, Sexo, el de la polémica y Familia. El programa tenía un enfoque humorístico y en él aparecían varias personas ilustres del País Vasco para bromear sobre los tópicos de los vascos en torno a esas cuestiones. La cuestión en el quinto programa, el de la polémica, era Espainiarrak. Es decir, Españoles. Ahora podría resumir en qué consistió el episodio, creo que de una hora, y la polémica. Pero esto ya está quedando demasiado largo y la cuestión se está alejando demasiado. Quien no conozca la polémica, que fue bastante interesante, puede usar Google.

 

El episodio comenzaba preguntándose cómo eran los españoles. “Normalmente a un vasco le vienen a la cabeza estos cuatro prototipos”. Esos prototipos eran Facha, Paleto, Choni y Progre (“muy leído y culto, pero que sin embargo vota al PSOE”). Más adelante se preguntaban qué les viene a la cabeza a los vascos cuando escuchan la palabra “España”. Uno de los que contestan es el periodista y escritor Fermin Etxegoien: “Trauma… Es traumático, la idea de España para nosotros es traumática”. El programa era un ejercicio de humor, un acercamiento jocoso a los tópicos de los vascos, dijeron los participantes tras la polémica. El periodista y escritor dice que la idea de España es traumática “para nosotros” con tono y rostro serios, bastante convencido de lo que dice. Pero ya se sabe que los vascos, “nosotros”, somos serios hasta cuando bromeamos.

Después de más comentarios jocosos aparece Alex Sardui, de quien es probable que nadie que esté leyendo esto se acuerde ya. El líder de Gatibu, hombre, el grupo que tocó en la Aste Nagusia del año pasado. Estábamos hablando de lo de C. Tangana, los valores y todo eso. A Alex Sardui le preguntan qué son para él los españoles, qué imagen tiene de ellos: “Los españoles se hacen amigos tuyos enseguida. Joder, te quiero y la hostia. ¿Pero qué dices? Hala cállate, tira, tira”.
Los participantes dijeron que los españoles no entendieron la polémica, que la reacción fue exagerada y que la intención no había sido propagar el odio a los españoles, sino sólo bromear con los tópicos. Y es probable que eso fuera cierto en los otros cinco episodios, y que no sea para tanto, y que cómo nos gusta exagerar con estas cosas. Pero resulta que en el País Vasco durante muchos años, y hasta hace poco, se asesinaba precisamente a personas que formaban parte de la España opresora. Todos esos tópicos sobre los que bromeaban con o sin semblante serio en el programa de la televisión pública vasca, que los españoles son fachas, que la idea de España es traumática, que la idea de España es opresión, que son todos un poco catetos y atrasados, son los que formaban parte de la educación de la gente que integraba los escuadrones de asesinos de ETA. Y resulta que Alex Sardui, el cantante de Gatibu, participó en ese programa con sus comentarios jocosos sobre los españoles, esos otros que viven entre nosotros, y además participa en política con EH Bildu, coalición que acoge a varias personas condenadas por formar parte de ETA y cuyo coordinador general, Arnaldo Otegi, también formó parte de ETA.


Pero la polémica a la que nos referíamos, la de C. Tangana, había surgido por sus letras. Y se podrá decir que el Ayuntamiento de Bilbao no debe entrar en las actividades extramusicales del cantante de Gatibu. Es un poco extraño, porque esto significa que las letras de un músico, que normalmente no son declaraciones políticas sino ficciones con o sin carga autobiográfica, muestran sin asomo de duda cuáles son los valores de ese músico. Al contrario de lo que pasa con las declaraciones o con las actividades políticas de un músico. Pero en fin, aceptemos la objeción.
¿Qué dicen las letras de Gatibu? Decía antes que no había escuchado ninguna canción del grupo, así que he ido a su web y la tercera o cuarta canción que he encontrado es Ihes (Huir). La letra de la canción está traducida en su web y dice esto:

 

¿A quién se refiere esa letra? ¿Quiénes son los huidos que se han pasado la vida sufriendo y que aman a su pueblo, a los que los de Gatibu dan las gracias por ser como son? Pues a saber, oiga.

La letra aparece en la web musikazblai.com | Toda la música del Estado, que pretende ser una enciclopedia con los artistas y las letras de Cataluña, País Vasco y Galicia. Uno de los comentarios a la canción Ihes de Gatibu finaliza así: GORA IHESLARIAK ETA GORA EUSKAL PRESOAK!!! REDIOX!!!! Pero eh, no nos pasemos. No podemos saber a qué huidos (“iheslariak”, de “ihes egin”, “huir”) se refiere Gatibu en su canción.
Por otra parte, y sin que tenga nada que ver, Gatibu fue uno de los grupos que tocaron en el Hatortxu Rock de hace dos años, que celebraba las 20 ediciones del festival. Hatortxu Rock es un festival especial, distinto al FIB, al Sonorama e incluso al BBK Live. Hatortxu Rock es un festival que nace con el objetivo de denunciar la situación que viven “los presos políticos vascos, los refugiados (iheslariak) y los deportados”, y que trabaja para que todos ellos estén en casa “vivos y libres”. También se refiere como “conflicto armado” a las décadas en las que quienes formaban parte de ETA decidieron que el asesinato y la intimidación eran herramientas políticas legítimas.

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Lo dicho, quién sabe. El caso es que el alcalde de Bilbao intentaba explicar estos días que suspendió el concierto de C. Tangana porque no querían que ese músico formara parte de la Aste Nagusia. Por los valores, los efectos en la sociedad, las líneas rojas, la ejemplaridad, etc. Desde el año 2015, en el que Juan Mari Aburto toma posesión como alcalde de Bilbao, estos grupos han formado parte de los valores de la Aste Nagusia, por los que el Ayuntamiento sí puede apostar: Gatibu, Ken Zazpi, Zea Mays, Esne Beltza, Su Ta Gar. Algunos son más conocidos, otros menos. Bien, pues todos esos grupos participaron también en Hatortxu Rock, el festival que llama “conflicto armado” a las décadas de terror de ETA, que considera presos políticos a los presos de ETA y que trabaja para que todos los presos de ETA puedan estar cuanto antes en casa, vivos y libres.
Qué cosas.

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Pero a ver, pesado, se preguntará un sagaz lector, ¿qué es lo que quieres? ¿Que el Ayuntamiento de Bilbao haga con esos grupos lo mismo que con C. Tangana?

No, hombre. Ésa no es la cuestión. La cuestión es que todo esto forma parte de lo mismo de siempre, y que siempre estamos con la misma cuestión. Con las indignaciones selectivas y con los valores extraños. La cuestión es que la cultura vasca, las fiestas vascas, los nacionalistas moderados vascos y la televisión pública vasca son los que hacen que éste sea el estado de la cuestión, los que han ido dando forma al relato, y los responsables de que en las fiestas de Bilbao un músico como C. Tangana dispare las alarmas sociales por sus letras mientras actúan grupos que consideran presos políticos a los etarras, mientras las fotos de los etarras inundan el recinto festivo y mientras la mayoría sujeta firmemente su katxi no vaya a ser que se lo tiren al cantar Badator Marijaia, la canción oficial de la Aste Nagusia, compuesta por el mundialmente conocido Kepa Junkera. Que, evidentemente, también, también participó en el festival por los “presos políticos vascos”. Al igual que los también conocidos y por todos apreciados Benito Lertxundi y Ruper Ordorika, hecho que desconocía hasta que me he puesto a escribir esto, y en fin, yo qué sé, ¿queda algún alto representante de la música vasca que no haya participado en ese evento, alguien que diga, joder, con ésos ni a heredar, cómo voy a ir con unos que llaman presos políticos a los etarras? 

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La cuestión es que de los dirigentes de una sociedad en la que homenajear a los miembros de una banda terrorista se ve como algo normal uno esperaría que al menos tuvieran la decencia de no dar lecciones de moral, que al menos sintieran la suficiente vergüenza como para no velar por la salud moral de sus representados ante el peligro que para la misma supone un C. Tangana.

La cuestión es que en el último cartel, el de la presentación del festival, en el que se recoge la participación de Benito Lertxundi y de Ruper Ordorika, aparece también el organizador, Hatortxu Rock, en la columna del medio; y por debajo del organizador aparece el patrocinador, el diario Naiz; y por debajo del patrocinador aparecen dos frases, dos campañas: Free Them All, liberarlos a todos, y Denon Artean, entre todos.

Y así, denon artean, es como se ha conseguido que no podamos dejar de hablar de todo esto y que hablar de esto no tenga ningún efecto.

Bueno para España


Vamos a ser analíticos, que siempre es lo más apropiado.

Lo primero, los hechos.

El PSOE de Sánchez -es decir, el PSOE y también el PSC, el PSN, el PSE, el PSIB de Sánchez- ha alcanzado acuerdos de gobierno con ERC y JxCat, que son dos de los partidos que promovieron hace menos de dos años un golpe de Estado en Cataluña. Ha alcanzado acuerdos de Gobierno también con la CUP, que además de participar en el golpe de Estado es lo más parecido a una Batasuna fuera del País Vasco, con la diferencia -no pequeña- de que no dependen de una banda terrorista para hacer política. Dos de sus dirigentes estuvieron, antes del golpe de Estado, en el homenaje al etarra fallecido Kepa del Hoyo, en el que se aplaudió a etarras como Txapote. Tienen incluso una organización juvenil equivalente a Ernai, Arran. Esta organización es orgánicamente independiente de la CUP. Es decir, operan sin correa. Y entre sus operaciones destaca el señalamiento público del juez Llarena o el vandalismo contra las sedes de partidos políticos considerados enemigos del pueblo catalán.

Sigamos siendo analíticos. El PSOE de Sánchez está a las puertas de alcanzar un acuerdo de Gobierno en Navarra con Izquierda Unida, Podemos y Geroa Bai. Con los nacionalistas y con la extrema izquierda. Un acuerdo de Gobierno que además necesitará los votos, y por tanto la participación, de Bildu. Y como necesitará sus votos, los dirigentes del PSOE ya han empezado a fabricar el mensaje de que Bildu es un partido tan legítimo como los demás, con la excepción de Vox, Ciudadanos y el PP, que son fascistas.

Podríamos seguir siendo analíticos. Podríamos recordar lo que han significado los pactos del PSOE con los nacionalismos en Cataluña, País Vasco o Baleares, más allá del peaje moral de pactar con partidos que entienden que el golpe de Estado o el terrorismo son herramientas legítimas en política. Podríamos recordar la política lingüística en Baleares, el Programa 2000 en Cataluña o los cuatro años de nada de López en el País Vasco. Podríamos recordar, en fin, que el PSOE no ve los pactos con nacionalistas como un mal menor, sino como la alianza natural del PSOE.
También podríamos engañarnos, pero decíamos que íbamos a ser analíticos.

Por último, vamos a recordar la utilidad de los votos de Valls y de Collboni en Barcelona: gobierna Ada Colau. Y el mismo día en que supo que iba a gobernar anunció que volvería -es importante este verbo, “volvería”, si somos analíticos- a colocar un lazo amarillo en la fachada del Ayuntamiento y volvió a decir que los acusados por el golpe de Estado en Cataluña eran presos políticos. Pero dijo, eso sí, que no era independentista. Ni antindependentista.

Bien, ésos son los hechos. Algunos, porque no es cuestión de recordarlos todos. Pero sí son los hechos más importantes para lo que vamos a decir ahora.

El futuro de España depende los votos de un partido como Ciudadanos. Es decir, Ciudadanos podría impedir que el PSOE de Sánchez volviera -es importante este verbo, si seguimos siendo analíticos- a pactar con partidos como ERC, JxCat o Bildu. Y es verdad. Podría hacerlo. Y para hacerlo tendría que sentarse a hablar con Sánchez. El mismo Sánchez que insiste en que no hay nada problemático en pactar con partidos como ERC, JxCat o Bildu.
Pero en fin, pasemos a la especulación. Imaginemos que Ciudadanos se sienta a hablar con Sánchez. Habría al menos dos posibilidades.

1 – Ciudadanos se deja llevar por algunas de las llamadas a la responsabilidad y permite que Sánchez sea elegido presidente del Gobierno. España está a salvo. Salvo por el pequeño detalle de que quienes más recientemente pusieron en serio peligro el futuro de España, quienes dieron un golpe de Estado hace menos de dos años, siguen gobernando en no pocas localidades junto al PSOE. Siguen gobernando Cataluña. Y seguimos. Algunos de los responsables individuales de ese golpe de Estado esperan la sentencia después del juicio por el golpe de Estado. Probablemente habrá condenas. El PSC que gobierna en no pocos municipios con los partidos del golpe de Estado ya ha dicho que intentarán que Sánchez indulte a los presos políticos -importantes las palabras, siempre- condenados. Y la cuestión, analíticamente, no es que se lleguen a producir esos indultos, sino que se haya permitido gobernar a quienes piden con total normalidad que se concedan esos indultos.

Seguimos. Probablemente el PSOE gobierna Navarra junto a Geroa Bai, Podemos y la izquierda restante. Y con Bildu. Dentro del gobierno o desde fuera, pero con Bildu. Porque sin Bildu no hay gobierno posible, salvo que haya un gobierno con Navarra Suma, que para el PSOE son los inequívocamente fascistas.

Bien, exactamente esto es lo que algunas voces llaman sentido de responsabilidad. Sánchez gobierna España y el PSOE mantiene sus pactos con quienes no aceptan las leyes comunes a las que todos los españoles debemos someternos.
Pero hay otras opciones.

2 – Ciudadanos se sienta a hablar con Sánchez. Y le dice lo que debería haberle dicho hace varias semanas. Precisamente por el bien de España, porque es su principal objetivo en política y porque es lo que exige la razón, pone las siguientes condiciones: ningún acuerdo de Gobierno con ERC, JxCat y Bildu. Ninguno, en ningún sitio, sin trampas. Ningún acuerdo de gobierno que dependa de sus votos. No hace falta ni siquiera exigir acuerdos de Gobierno con el PP o con el propio Ciudadanos donde sea posible; bastaría el sentido común. Y podrían seguir con las condiciones: pacto concreto, no comisiones vacías, sobre Educación y política territorial. Con análisis en la mesa sobre lo que está mal y con medidas para corregirlo: adoctrinamiento, disparidad en criterios de evaluación, diseño de la prueba de selectividad, costes de emplear como lengua vehicular lenguas que los alumnos no dominan, revisión de la función de la inspección educativa, revisión de los niveles de comprensión lectora, excelencia.

Creo que cualquiera de las dos condiciones (no a los pactos con ERC/JxCAT/Bildu y reforma profunda de Educación) sería rechazada sin miramientos. Porque no se entiende al PSOE sin los pactos con los nacionalistas, que es lo que vincula las dos posibles condiciones. No se entiende al PSOE, a este PSOE y al anterior, sin su empeño constante en expandir los relatos y las herramientas nacionalistas. Si el PSOE aceptase esas dos condiciones, o una de ellas -cualquiera; la otra llegaría como consecuencia necesaria- el PSOE dejaría de ser el PSOE, y probablemente se convertiría en un partido de izquierdas no nacionalista. Y efectivamente, eso sería una excelente noticia para el futuro de España. Pero no para el PSOE, para este PSOE. Porque la mayor parte de quienes forman parte de este PSOE no podrían respirar en un partido de izquierdas con un discurso firme frente al nacionalismo. Hay notables excepciones, claro. Siempre las hay, en casi todos los sitios. Pero en el caso del PSOE las excepciones están normalmente fuera del PSOE.

Así que en esta segunda opción el PSOE seguiría viéndose abocado, empujado, forzado a pactar con ERC, JxCAT y Bildu, porque las condiciones de Ciudadanos serían irrealizables, alimento para la crispación, no aceptamos cordones sanitarios, etc. Es decir, volveríamos a aquello que había que evitar.

Y la pregunta: ¿cuál de las dos opciones sería buena para España? ¿La primera, un pacto que se desentiende de los pactos del PSOE con quienes entienden la política como la relatividad de las leyes y el triunfo de la voluntad popular? ¿La segunda, un pacto con el PSOE que el PSOE jamás aceptaría, porque supondría una violenta transformación del PSOE?
¿De qué estamos hablando cuando hablamos de lo bueno para España, de aceptar lo peor que hay en la política española o de algo que no podría existir?

Hay una tercera opción, es verdad. El PSOE acepta las condiciones de Ciudadanos y entramos en la Era de la Razón. 8,7 en IMDB. E incluso una cuarta: el PSOE no acepta las condiciones, hay nuevas elecciones, los votantes castigan la irresponsabilidad del PSOE -sí, la del PSOE; je- y Ciudadanos se convierte en la segunda, quién sabe si en la primera fuerza política. Premio Hugo y Nebula.

Dicho esto: que se sienten con Sánchez. Es un error no hacerlo, porque al no hacerlo se permite que el mensaje siga siendo el que el PSOE quiere que sea, y porque es importante que haya un mensaje más allá de los vetos, de las consignas y de las representaciones enfáticas. Porque sin mensaje, es decir, sin una argumentación racional, sin ideas fundamentadas en la razón, no hay más que vacío. Y el vacío sólo funciona en algunos partidos políticos.
No nos engañemos; sentarse con Sánchez es una cuestión de estrategia política de un partido político, no sentido de Estado. El mero hecho de sentarse con Sánchez no sería bueno para España, sino, como mucho, bueno para Ciudadanos. El bien de España, de sus ciudadanos, está en las manos del PSOE. Ésa ha sido siempre la cuestión, hombre.

“Lo que nos une”

Hay muchos discursos en torno a “lo que nos une”. Algunos de esos discursos se ilustran con danzas, trajes regionales o banderas. Imagino que es por el hecho de que se ilustran con danzas, trajes y banderas que algunos se empeñan en encontrar ahí la auténtica Ilustración española. Otros discursos apelan a la lengua, y algunos hablan de la tradición, sea lo que sea eso. Pero todas esas cosas, a lo sumo, es lo que compartimos. Unos con otros, otros con unos, en relaciones que no participan de las propiedades matemáticas que nos enseñan en la escuela. Lo que compartimos incluye un “nosotros”, pero un “nosotros” que no es inclusivo. En España hay multitud de danzas, trajes, lenguas y tradiciones, y lo mismo ocurre con las banderas, a pesar de que hay una bandera y una lengua que son comunes a todos. El problema es que la transacción entre esos elementos y los múltiples“nosotros” es el sentimiento. Los sentimientos son con frecuencia problemáticos, como aprendemos también en la escuela. Son problemáticos porque no son racionales, no garantizan la reciprocidad, no pueden exigirse. Convivimos con ellos, con los nuestros y con los de los otros, e intentamos gestionarlos para que no afecten demasiado a las cuestiones mundanas. Así que si “lo que nos une” debe depender de danzas, lenguas, tradiciones o banderas, y de cómo los sentimos, será complicado elaborar un discurso racional en torno a ello.

Pero hay algo que sí nos une a todos. Lo que nos une es la sujeción a unas normas, códigos o principios. A lo que podemos llamar, en abstracto, el Estado. El Estado es lo que nos une y lo que nos hace -artificio, por tanto- iguales. El Estado, a diferencia de la nación, no hace falta construirlo cuando ya existe. Porque es una ficción, sí, pero una ficción administrativa. Por eso es distinto de la nación, que es una ficción metafísica.
No hace falta construirlo, pero es fácil erosionarlo. Y cuando se erosiona no se erosiona la bandera, el gobernante o las instituciones. Se erosiona aquello que nos une, literalmente. Lo que nos sujeta. Lo que nos convierte en sujetos políticos y en sujetos de derechos, es decir, la posibilidad de someternos a unos códigos, a unos principios, a unas normas comunes, iguales para todos, que nos hacen a todos iguales.

Una de las maneras de erosionar esto que nos une es introducir mecanismos paralelos a las normas, principios o códigos del Estado. Introducir estos “Estados paralelos” en los mecanismos de acceso a la función pública o al sistema público de enseñanza es una de las maneras más eficaces de erosionar el Estado, porque en esos ámbitos es muy fácil observar la ficción. Y una de las condiciones para que una ficción funcione, también en política, es que no se vea.

Esos mecanismos paralelos tienen efectos prácticos. Pueden suponer perjuicios para un grupo de ciudadanos, y pueden producir desigualdades -también artificios, por tanto- entre ciudadanos del mismo Estado. Pero además de esos efectos en el futuro de determinados ciudadanos, produce un efecto en el conjunto de todos los ciudadanos. Ese efecto es la erosión de la noción misma de ciudadanía, que va necesariamente ligada al Estado. La erosión de la idea de que todos somos, como ciudadanos, iguales.

La propuesta de un examen único para el acceso a los estudios universitarios no es sólo una cuestión práctica. No es sólo que los alumnos de una u otra comunidad se vean perjudicados por las diferencias en los exámenes de acceso o en los criterios de corrección. Es, también, una cuestión de principios. Se trata de defender una ciudadanía asimétrica o de garantizar que todos los ciudadanos, también los estudiantes, sean tratados de la misma manera por el Estado.

Lo que está en cuestión es el principio de que todos los ciudadanos han de ser iguales en su relación con el Estado. Todo lo demás es relato. Relato nacionalista.

37 ciudadanos

Hoy al mediodía está previsto un acto del partido Ciudadanos en Miravalles/Ugao.
Miravalles es una pequeña localidad vizcaína de unos 4000 habitantes, similar a muchas otras localidades vizcaínas. Tiene su Plaza del Pueblo, imagino que tendrá su Herriko Taberna, y desde luego tiene su vecino etarra. En el caso de Miravalles el vecino es Josu Ternera, nada menos. Hace unos días José Antonio Urruticoechea, Josu Urrutikoetxea, el etarra Josu Ternera, fue detenido en Francia mediante una operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía francesa. Sortu, el principal partido de la coalición EH Bildu, organizó una manifestación de protesta en el pueblo para mostrar su malestar por la detención del etarra Ternera. En la pancarta que encabezaba la manifestación se podía leer “Josu eta besteak askatu”, es decir, libertad para Josu y los demás. Los demás son los otros presos de ETA. En la pancarta había también un dibujo de un pájaro atravesando los barrotes de una jaula y volando libre. Antes de la manifestación convocada por Sortu, varios vecinos del pueblo ya habían organizado un acto para pedir la libertad de su vecino, el etarra Ternera.

Hoy al mediodía está previsto un acto de Ciudadanos en Miravalles. Y esto es algo que ha molestado mucho a todos los que aceptan con normalidad que los vecinos de Miravalles y de otros pueblos vascos organicen homenajes a etarras como Josu Ternera, Kepa del Hoyo o Javi de Usansolo. Todos los que ayer pedían las sales -cargos del PNV como Andoni Ortuzar, representantes del Ayuntamiento de Miravalles y en general cualquier persona afín al nacionalismo vasco, en su vertiente jeltzale o abertzale- son los que callan cada vez que los vecinos de algún pueblo deciden mostrar su aprecio a etarras como Josu Ternera, por ejemplo organizando una cena de Nochebuena simbólica y sentando a la mesa las fotos de etarras como Txapote. Ellos, que con su indiferencia otorgan normalidad a los continuos actos de enaltecimiento terrorista en tantos pueblos vascos, piden hoy las sales. Porque el partido Ciudadanos pretende celebrar un acto político en uno de esos pueblos. Y porque, dicen, Ciudadanos apenas tiene votos en Miravalles.

En las últimas elecciones generales hubo 37 personas que decidieron votar a Ciudadanos en Miravalles. No obtuvieron ningún voto en las municipales de 2015 y tampoco lo obtendrán en las del próximo domingo, porque no presentan lista en esa localidad. Pero en Miravalles hay 37 ciudadanos que probablemente acogerán con agrado la visita del partido. O acogerían. Porque ayer se celebró en el pueblo una asamblea popular para organizar la respuesta vecinal a la visita. En esa asamblea se invitó a los vecinos a cerrar o bajar las persianas de las tiendas y a bajar también las persianas de las viviendas, como muestra de rechazo colectivo. También se invitó a los vecinos a una concentración de repulsa en la Plaza del Pueblo, y a dar la espalda a los asistentes al acto del partido Ciudadanos mientras recorren las calles. Estas acciones sirven tanto para mostrar rechazo como para mostrar quién no muestra rechazo. Así que a lo mejor alguno de esos 37 votantes de Ciudadanos se suma no al acto de Ciudadanos, sino a la invitación de la asamblea popular. Sería comprensible.

En uno de los westerns más famosos de la historia, un criminal es liberado sin que haya cumplido su condena. El criminal había jurado vengarse de quien lo detuvo, el sheriff de un pequeño pueblo llamado Hadleyville. El sheriff había decidido jubilarse y mudarse a otro lugar, abrir un negocio y formar una familia, pero se entera de que el criminal ha sido liberado y de que planea volver al pueblo. Los amigos del sheriff intentan convencerlo para que abandone Hadleyville cuanto antes. También su mujer lo intenta. Pero el sheriff decide quedarse. Recupera su insignia, viste una vez más la estrella y se queda en el pueblo, esperando al tren del mediodía en el que llegará el criminal. El sheriff intenta reunir un grupo de ciudadanos para plantar cara al criminal y a su banda, que también espera en el pueblo. No consigue a nadie. Incluso su antiguo ayudante renuncia. Y finalmente se enfrenta solo al criminal y a su banda.
El final es lo de menos.

Hoy al mediodía está previsto un acto de ciudadanos en Miravalles. Acudirán dirigentes y simpatizantes de un partido y tal vez algún vecino del pueblo. También acudirán personas de pueblos cercanos que votan a ese partido, o a otro, o a ninguno. Algunos acudirán por la llamada del partido, otros por la llamada de la conciencia y otros por los 37 vecinos. Muchos acudirán porque tal vez ya están hartos de tolerar una normalidad malsana que convierte las calles de tantos pueblos vascos en escenarios para homenajear a los terroristas de ETA cuando éstos, como el criminal de la película, vuelven a sus pueblos.
El partido que convoca el acto no obtendrá ningún voto en Miravalles ni en ninguna de las otras localidades parecidas a Miravalles, con sus plazas del pueblo, sus Herriko Tabernas y sus vecinos etarras. No sé si el acto hará que el partido obtenga más votos en las localidades que no son como Miravalles. Francamente, es lo que menos me importa. Lo que me importa, como ciudadano de una localidad parecida a Miravalles -Galdácano-, es que comencemos a recuperar la decencia. Lo que me importa es que los ciudadanos que no apoyamos a quienes durante décadas ejercieron el terrorismo como herramienta política entendamos que la normalidad es otra cosa. Que recibir con aplausos, antorchas y bailes a quienes decidieron dedicar su vida a sembrar el terror es lo más alejado de la normalidad. Que debe dejar de ser normal, que debe empezar a hacerse en los sótanos de los pueblos, no en las plazas, y que todo eso seguirá siendo normal sólo si dejamos que siga siendo normal, si cogemos el tren de las 12:00, si bajamos las persianas.

Hoy al mediodía habrá una reunión de ciudadanos en Miravalles y el final, de nuevo, es lo de menos.

El voto y las líneas rojas

Nunca votaré a un partido que incorpore como algo normal el asesinato político. Que lo incorpore directamente, mediante personas que han formado parte de una banda terrorista y que nunca se han arrepentido, o que lo incorpore mediante un relato que olvida o incluso enaltece la práctica del asesinato como herramienta política.
Por eso nunca votaré a un partido como EH Bildu, al igual que, afortunadamente, la mayoría de los ciudadanos españoles. Y a diferencia, desgraciadamente, de una buena parte de los ciudadanos vascos.

Tampoco votaré a un partido que incorpore como algo normal el golpe de Estado. Que ponga la voluntad popular, concepto siempre difuso, por metafísico, por encima de la ley, que está recogida en documentos a los que todos nos sometemos para que pueda haber civilización. Es decir, nunca votaré a un partido que considere que su proyecto político no puede tener obstáculos, que considere que las garantías y los procedimientos de un Parlamento pueden ser derribadas cuando la agenda política lo exija.
Por eso nunca votaré a un partido como ERC, o a un partido como lo que antes se llamaba nacionalismo catalán moderado, y ahora imagino que es JxCat.

Tampoco votaré a un partido que considere que los derechos colectivos, o los derechos de las lenguas, o de los territorios, están por encima de de los derechos de los ciudadanos. O a los partidos que defienden un proyecto político de máximos, identitario, centrado en la idea de nación metafísica, en el que cualquiera que aspire sólo a una ciudad con unos mínimos compartidos y a buscar su ideal de vida sin necesidad de imponérselo a los demás sea tratado como enemigo, disidente o extranjero. Y por supuesto tampoco votaré nunca a un partido que coloca como líder a alguien que es abiertamente racista, a alguien que ha decidido escribir artículo tras artículo contra esa parte de los ciudadanos que se coloca al margen de un proyecto de máximos excluyente. Por eso, también por eso, no votaré nunca a un partido como ERC o JxCat.

No votaré nunca a un partido que hable alegremente de expulsar a ciudadanos españoles por el mero hecho de defender un sistema político distinto. O que hable alegremente de cerrar medios de comunicación antipáticos. O que lleve en sus listas, alegremente, a personas que han militado en organizaciones neonazis, o que han participado en actos de organizaciones neonazis, o que sostienen un discurso en el que la homosexualidad es una tara, o una enfermedad, o una conducta anómala que hay que reconducir. Ni a un partido que difunde la idea de que hay una gran conspiración mundial de las élites contra “la gente normal”, una conspiración que consiste en inundar Europa de inmigrantes, una conspiración a la que hay que responder vulnerando incluso la intimidad de los inmigrantes en situación vulnerable. Por eso nunca votaré a un partido como Vox.

Tampoco votaré a un partido que haya incorporado como algo normal el acoso político, que haya impedido o tratado de impedir la posibilidad de que alguien que discrepa pueda dar una conferencia en la universidad, que haya hablado alegremente de controlar políticamente los medios de comunicación, que tenga en sus filas a personas que son incapaces de hablar de los asesinos a los que me refería antes en los términos que exige la honestidad intelectual y la decencia, o, en fin, a un partido cuyos dirigentes no dudaban en ondear la bandera comunista de la hoz y el martillo, con todo lo que ello supone, cuyos dirigentes tienen a Lenin o a Chávez o a Maduro como referentes políticos, y cuyos dirigentes se hartaron de ensalzar las bondades de la Venezuela bolivariana hasta que la realidad les impidió seguir haciéndolo. Por eso nunca votaré a un partido como Podemos.

Hay muchas más razones para no votar a ninguno de los partidos que he mencionado. Algunas son importantes, y otras no tanto. Pero incluso las que no son tan importantes tienen su efecto. Nunca votaré a un partido que intente conseguir votos mediante un discurso incendiario, mediante los aspavientos morales, el énfasis o la sobreactuación, mediante un discurso manipulador, mentiroso, que alimenta los bajos instintos y que se nutre de ellos, que necesita crear un relato épico y falso, que presenta una realidad falsa o exagerada sin tener en cuenta que ese relato sí puede traer en el futuro una realidad mucho más desagradable.

Tampoco me gustaría votar a un partido que habla a los ciudadanos como si fueran imbéciles, o menores de edad, o personas con un único interés, aunque sólo hagan esto de vez en cuando. O que utilicen datos falsos sabiendo que son falsos, o que prefieran la arenga constante, el barro por el barro y la ocurrencia por la ocurrencia. Por eso sólo he votado en unas elecciones hasta hoy. Porque lo negativo pesa más que lo positivo, aunque sé que no debería ser así.

Lo que sí sé es dónde están las líneas rojas. Las mías. Y como son mías sólo me sirven a mí. Es normal. Esas líneas rojas se las pongo a los partidos y a sus dirigentes de la misma manera que yo me pongo otras que intento no rebasar. Por ejemplo, intento no difundir bulos, intento no insinuar problemas personales de los candidatos que no me gustan, intento no hacer bromas con rumores sobre otros candidatos. Como decía, las líneas rojas las pone cada uno. Para valorar a quienes piden nuestro voto y también para valorar nuestras propias acciones.

Con lo que he dicho antes es fácil deducir que sólo quedan tres partidos. En abstracto, al menos. Luego queda el contraste con la realidad, y las líneas rojas y amarillas. Y al final, al final del todo, queda lo que queda. Y esto que queda es aquello con lo que vamos a tener que convivir el resto de nuestros días. Los gobiernos y los líderes pasan. Los que nos gustan, los que no nos gustan y los que despreciamos. Lo que queda, sencillamente, se queda. De ahí la importancia de las líneas rojas. Y la importancia aún mayor de uno de los dos tipos de líneas rojas. Porque hay cosas que despreciamos de las que es muy difícil librarse.

Entre finitos y tortitas de camarón

Hoy, de nuevo, un artículo sobre Rentería. Éste, en Naiz. Su autor es Iñaki Revuelta, cantante, y el título es Errenteria aurrera!, que se puede traducir como ¡Adelante Rentería! En realidad los artículos sobre Rentería no comenzaron después del acoso del domingo. Comenzaron cuando en buena parte de la prensa no abertzale, con El País como principal referente, decidieron construir un relato sobre Rentería (2017, 2018). Su alcalde había pedido perdón a las víctimas “si en algún momento este consistorio a lo largo de su historia, o yo mismo, no hemos estado a la altura de las circunstancias”. Del mismo modo que cualquier muestra de apoyo que vaya seguida de un “pero” no vale nada, cualquier petición de perdón que comience con un condicional no es más que una muestra de que en realidad no se está pidiendo perdón. La circunstancia a la que se refería el alcalde es que Rentería fue durante muchos años un pueblo vedado para una buena parte de sus vecinos. Y lo sigue siendo. Lo que ha cambiado es que ya no los asesinan. Por eso lo que hace el alcalde de Rentería es peor que inútil. Es inmoral. Lo que hace es pedir perdón a quienes ya están muertos, a quienes fueron desactivados y no pueden molestar, mientras normaliza que los matones, sus matones, en cuanto que son sus representados, acosen a quienes deciden dar discursos que no se integran en la idea única del nacionalismo.
El alcalde, un detalle importante, es de EH Bildu. La misma coalición que tiene en Sortu a su principal partido, la misma coalición que presenta a etarras condenados en sus listas, y la misma coalición desde la que se organizan homenajes a etarras cuando salen de la cárcel. Bien, pues a este alcalde lo acompañó una azucarada campaña mediática desde que nombró las palabras “reconciliación” y “convivencia”.

El domingo se vio en qué consistían la reconciliación y la convivencia. Un partido político decidió celebrar allí un acto con, entre otros, Fernando Savater y Maite Pagazaurtundúa. Días antes de la celebración del acto ya había llamamientos a recibirlos “como merecen”. Entre esos llamamientos estaba el de Sortu, el principal partido de la coalición a la que pertenece el alcalde de Rentería. Llamamientos a recibirlos no con aplausos, o con un silencio solemne, que tal vez sería lo suyo, sino con insultos, con exigencias de que se “vuelvan a España”, con miradas de odio, con patadas a los coches y, lo de menos y lo que más se ha resaltado en cierta prensa, con caceroladas y lazos amarillos. La recepción fue justo lo opuesto al recibimiento que se ofrece habitualmente, también en Rentería, a presos de ETA que salen de la cárcel. A éstos se los recibe con aplausos y aurreskus, como recordó Pagazaurtundúa. A aquéllos se les recibió como si fueran asesinos. Había más personas insultando a los asistentes del acto, desde que entraron hasta que se fueron, que asistentes al acto. Este detalle se ha comentado con cierta sorna en la prensa no abertzale, dando la razón a la prensa abertzale, más roma, que señalaba directamente que no eran bienvenidos.


Ésta es la esencia no sólo de Rentería, sino de todos los pueblos vascos -y catalanes- en los que el nacionalismo no es que se haya desviado, sino que sencillamente ha llegado a su última fase, la de religión sustitutoria que genera sus propias inquisiciones y sus propios demonios. La esencia de cierta prensa no abertzale, por alguna razón, es tolerar que en numerosas regiones de España siga imperando la ley de la tribu, la separación entre un ellos y un nosotros, una separación étnica que va más allá de lo retórico.

Pero esta prensa no puede mostrar sin más el esqueleto de esta convivencia orwelliana. Necesita un relato, una ficción sobre la que construir su aceptación cobarde de lo peor de España, de Europa y de la historia reciente. Necesita artículos como los que se publicaron hace dos o tres años sobre el ejemplar alcalde de Rentería, aunque hoy no puedan ser vistos más que como una enorme equivocación, no sólo empírica sino principalmente moral. Gracias a esos artículos, y gracias a las campañas del propio ayuntamiento, se pueden publicar textos como el que hoy aparece en Naiz. “Adelante Errenteria”, dice el autor del texto. “Gora Errenteria”, decía Maite Pagazaurtundúa. El autor del texto apela a quienes el domingo le gritaban a Maite Pagaza que se volviera a España, los anima a que lo sigan diciendo. Maite Pagaza, que pasó su infancia en Rentería, también se dirigía a ellos. Se dirigía a ellos como el padre Barry se dirigía no sólo a los matones de La ley del silencio, sino también a aquéllos que guardaban un silencio cómplice. Pagazaurtundúa se dirigía a ellos y los miraba a la cara no para hacerse perdonar ni para intentar “seducirlos”, sino para que escucharan, por una vez y en su casa, que también es la de ella, en qué consiste el horrible proyecto del que decidieron ser parte.
La prensa no abertzale necesita artículos como el que hoy publica Naiz porque, además de dar la razón a quienes exigían a los asistentes del acto que se fueran y no volvieran nunca, deja pinceladas de la ejemplar lucha del pueblo por la convivencia:

Mucha «culpa» de todo esto que se respira por allí la tiene su alcalde Julen Mendoza, al cual también tuve el honor de conocer en uno de esos enriquecedores encuentros culturales. Entre finitos y tortitas de camarón, entonábamos “Txoria Txori” con un toque flamenco, en una bella armonía entre personas que únicamente quieren aportar y no destruir. Envidiable sin duda ese escenario logrado, ansiado por muchos pero no siempre conseguido.

Rentería, como tantos otros pueblos vascos -y catalanes- es el horror oculto tras una gran ficción. Es una aldea potemkin en la que todo es bella armonía, siempre y cuando los que hasta hace poco temían ser asesinados por no aceptar el modelo tribal de convivencia se queden en casa cuando alguien como Maite Pagazaurtundúa, vecina del pueblo y a cuyo hermano decidió asesinar ETA, pretende dar un discurso en la plaza. Puedes organizar jornadas culturales, comer tortitas de camarón, recibir con aplausos a los asesinos de ETA e incluso cantar con un toque flamenco; pero que no se te ocurra dar un discurso en la plaza para defender a quienes siempre fueron silenciados en pueblos como Rentería, porque dirán que vas a provocar. Lo dirán quienes aplauden a los etarras, el alcalde, los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco, la prensa abertzale, una parte de la prensa no abertzale, los dirigentes de partidos como Podemos e incluso, de manera más o menos explícita en función de las circunstancias, dirigentes del partido que durante un tiempo fue el partido de Maite Pagazaurtundúa.

La España negra es y ha sido siempre, desde que vivimos en un Estado de derecho, la España de Rentería, Alsasua, Vic y Amer. La España de los que limpian con lejía después de que pasen quienes son considerados enemigos del pueblo, la España de los que repiten el mensaje único desde la megafonía municipal, la España de los que cierran los pueblos a los que “vienen de lejos” mientras los abren a quienes decidieron asesinar a los enemigos del pueblo. Ésa es la España negra realmente existente. Y seguirá siéndolo mientras no entendamos que el primer paso para conseguir la España que quieres debe ser la denuncia firme y constante de esta España indeseable, y que en Rentería, Alsasua, Vic y Amer hay personas que quieren una España en la que se pueda vivir con normalidad, y que esas personas merecen algo más que una condena genérica, rápida y estéril de “las violencias vengan de donde vengan”. Porque las violencias vienen casi siempre del mismo sitio, y se dirigen casi siempre hacia los mismos.

——————————————————————————————————————–El Ayuntamiento de Rentería elaboró el año pasado una campaña para mostrar la convivencia y la diversidad que caracterizan al pueblo. El principal documento de la campaña era una canción. El nombre de la canción es “Egin zaidazu bisita”, algo así como “Visítame”. Al comienzo del vídeo, varios felpudos ante una puerta, con palabras como “Home”, “Ongi etorri” o “Bienvenidos”, en varios idiomas. Éste es el vídeo. A continuación, un vídeo en el que cualquiera puede ver cómo fue el trato a los que quisieron visitar Rentería el domingo. Y por último, el discurso de Maite Pagazaurtundúa en Rentería.

No sois bienvenidos

Ayer Santiago Armesilla iba a participar en un debate en la UPV/EHU, la Universidad del País Vasco, sobre el marxismo y la cuestión nacional española. Varias semanas antes algunos estudiantes activaron la “alerta antifascista”, es decir, la campaña de acoso y amenazas contra Armesilla y los llamamientos a impedir su participación en el debate. Los de las alertas antifascistas siempre han defendido un modelo de debate sin discrepantes. Algunos de los carteles le decían a Armesilla “Ez zara ongi etorria”. “No eres bienvenido”. Otros respondían a la llamada más general de “parar al fascismo como sea” y lanzaban amenazas más o menos veladas contra Armesilla e incluso contra los organizadores.

Hace unos días la rectora de la UPV, Nekane Balluerka, decía que “cualquier idea se puede defender en la UPV”. Lo decía porque cuatro meses antes un grupo de unos 15 estudiantes habían decidido dar una paliza a un estudiante de esa universidad. El mensaje era el mismo: no eres bienvenido. La rectora dijo que la universidad había brindado su apoyo al estudiante agredido, pero imagino que habría sido más útil retirar la capacidad de acción a los 15 que le dieron una paliza.

(Por cierto, los estudiantes que dan palizas cuando pueden y que se limitan a boicotear cuando no pueden, los del “ez zara ongi etorria” a personas que vienen a participar en un debate o a estudiantes con ideas desviadas del antifascismo militante, son los mismos que organizan los “ongi etorri” a los etarras que salen de la cárcel.)

Estos intentos del antifascismo organizado para depurar la universidad no son nuevos ni exclusivos de la universidad vasca, aunque es verdad que aquí existe un contexto distinto, el auténtico hecho diferencial. En la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, en el año 2010, varias personas decidieron boicotear una conferencia de Rosa Díez. Cuando los organizadores de la conferencia intentaron presentar a Rosa Díez una estudiante se levantó y levantó la mano para pedir la palabra. Uno de los organizadores del acto de repudio gritó “Arriba, arriba, arriba”, los convocados se levantaron y mostraron una tarjeta roja. Uno de ellos comenzó a cantar “Eusko gudariak”.
La persona que tenía el micrófono preguntó a los estudiantes organizados: “¿Podemos seguir con el acto?”. Los convocados gritaron “No” al unísono. “Libertad de expresión”, decían. La persona que tenía el micrófono volvió a responder: “Por supuesto, libertad de expresión para todos”. Y acto seguido decidió cargarse la libertad de expresión de Rosa Díez; permitió que se entregase un micrófono a la estudiante que había levantado el brazo. “Señora Rosa Díez, no hemos venido a impedir que hable”, fue lo primero que dijo la estudiante elegida para impedir que Rosa Díez hablase. Y comenzaron a leer un comunicado.

Usted no es bienvenida y nos gustaría que no viniese nunca más”, dijo una de las personas que llevaron a cabo el acto de repudio. Esa persona era Errejón, no sé si el hoy moderado Errejón o su hermano. En cualquier caso, los dos estaban allí, los dos participaron. También estaba Pablo Iglesias, que fue quien dirigió el acto. Después del “no eres bienvenida” los participantes en el acto de repudio comenzaron a gritar “fuera fascistas de la facultad”. Miquel Rosselló contó en su blog que, tras ese mensaje performativo, efectivamente Iglesias, los Errejón y el resto de estudiantes antifascistas abandonaron la sala.

Esto ocurrió en 2010, se conoció en 2014 y en 2019 ya se ha olvidado. Porque si no se hubiera olvidado sería algo por lo que Errejón e Iglesias tendrían que responder todos los días. Ellos, antes de contar por fin con un partido, decidían quiénes eran bienvenidos en la universidad pública y quiénes no. Ellos eran los que tenían una idea posesiva y sectaria de la universidad. No de su universidad, sino de la universidad pública. Y ahí están hoy, adalides de la libertad. Y de lo público, algo que para ellos siempre debía ser exclusivamente suyo.

Hablaba ayer de Alsasua y de Atxaga. Hace unos meses la plataforma España Ciudadana organizó un acto en Alsasua. Albert Rivera habló en la plaza del pueblo y Savater dejó un discurso contra las tribus particulares y las identidades colectivas. Un discurso necesario, precisamente en un pueblo como Alsasua. Una buena parte del pueblo decidió organizarse para mostrar su repudio a los convocantes y a lo que decían. Y a lo que eran. “Españoles hijos de puta” fue uno de los gritos que se pudieron oír. Horas antes del acto habían dejado estiércol en la plaza, en su propio pueblo. El acto se llevó a cabo a pesar de los gritos, de los altavoces con música e incluso de las campanas de la iglesia. Se llevó a cabo porque el objetivo principal no era que no se llevase a cabo, sino que les quedase claro a los organizadores y participantes -y a algunos vecinos- que no eran bienvenidos. Es el auténtico objetivo de los antifascistas organizados de la universidad vasca, de los Iglesias y Errejón y de los de los pueblos vascos: “no sois bienvenidos”. No os dejamos hacer política aquí, porque esto es nuestro.

Todo esto ocurrió hace unos años en Madrid, hace unos días en Bilbao y hace unos meses en Alsasua. El domingo Rivera y Savater darán en Rentería el primer mitin de campaña. También estará Maite Pagaza. Ya ha comenzado el mensaje: no son bienvenidos. Ni Rivera, ni Savater, ni Pagaza ni probablemente el candidato de Ciudadanos al Ayuntamiento de Rentería, si es que lo hay. Tampoco Santiago Armesilla, como tampoco lo era Rosa Díez. El “no sois bienvenidos” es un muro, ahora que se habla tanto de los muros. Y tratar de impedir que otras personas debatan, hablen o den conferencias es una amenaza contra los derechos y libertades de todos los ciudadanos, una “amenaza contra la democracia”, como se dice ahora habitualmente, aunque nunca para referirse a estos actos habituales del antifascismo organizado.


Atxaga

Hace unos días el escritor Bernardo Atxaga decía en eldiario.es que temía a la derecha. Temía que en las próximas elecciones ganase la extrema derecha, que, decía también, es lo mismo que la derecha. Por eso decía que casi estaba dispuesto a hacer “una cuestación o algo” para que la extrema derecha no ganase. No sé cómo una cuestación podría impedir la victoria de lo que el escritor Bernardo Atxaga considera extrema derecha, pero a veces se dice que lo que importa es la intención. El escritor Bernardo Atxaga se convertía por un momento en el activista (¿el intelectual?) Bernardo Atxaga para impedir el triunfo de una fuerza política, de una manera de hacer política, que le da miedo.

El escritor Bernardo Atxaga se sumó en 2015 a la campaña “Free Otegi. Free Them All“. Junto a Atxaga, otros 23 miembros de la cultura vasca. La campaña pedía la libertad para Arnaldo Otegi y la vuelta a casa del resto de los presos. ¿De qué presos? De los “presos vascos”, según el manifiesto. De los “presos políticos vascos”, según recogía la revista Argia en una foto de la presentación. También es llamativo que para pedir el traslado de los presos al País Vasco se eligiera la frase “Free Them All”. Aquí siempre hemos tenido un problema con el nombre y la cosa. Pero en cualquier caso, ahí estaban el nombre y el apellido del escritor. Al lado de Otegi y de los “presos políticos vascos”.

El escritor Bernardo Atxaga acudió recientemente a la presentación de la película El hijo del acordeonista, basada en la novela del mismo nombre de la que él es autor. En la presentación dijo que también planea escribir una novela sobre el caso Alsasua, porque se siente “muy angustiado” debido a la sentencia. Según el escritor, “cualquier persona en el País Vasco sabe que eso fue una pelea de bar”. También lamentó la “campaña contra el pueblo“, algo que le asusta “horriblemente” y le da miedo.

El escritor Bernardo Atxaga tiene ya unos años, y ha vivido. Como nosotros, que también tenemos ya unos años y hemos vivido, y hemos visto lo que se ha dicho y lo que no se ha dicho nunca. Lo que se ha hecho, o lo que se dice que (casi) se va a hacer, y lo que nunca se hizo. Y desde luego hemos visto lo que es el miedo, y quiénes eran los que tenían miedo diariamente. No un miedo de marfil, de intelectual que contempla ideas estéticamente desagradables; miedo a que un día estallara una bomba en el coche, a que además de a uno mismo asesinaran a la pareja o a los hijos o, de manera menos grave y más frecuente, a que lo señalaran, a que lo convirtieran en el paria del pueblo. O a que una noche, en las fiestas del pueblo, unos jóvenes decidieran emprenderla a golpes y gritos con uno mismo y con su pareja.

Bernardo Atxaga dice que le dan miedo la derecha y la campaña contra el pueblo de Alsasua. Dice también que cualquier persona en el País Vasco sabe, por alguna razón, que lo de Alsasua fue una pelea de bar. Sería interesante saber por qué razón cree Atxaga que cualquier persona en el País Vasco sabe qué fue lo que ocurrió en Alsasua.

El escritor Bernardo Atxaga aparecía en la película La pelota vasca, de Julio Médem. Creo que la última escena era precisamente para Atxaga, y decía algo muy interesante. Decía que él soñaba “con la ciudad vasca”. Hacía un juego de palabras: Euskal Herria, pueblo vasco, y Euskal hiria, ciudad vasca. Decía también que en la ciudad no hay una sola identidad, sino que todos caben en ella, todas las identidades.
Pero no es ésa la principal diferencia entre ciudad y pueblo como conceptos políticos. La principal diferencia es que en la ciudad juzgan los jueces. Y en el pueblo, el pueblo.

Actuaciones inaceptables

Hace unos días el cabeza de lista de EH Bildu para las elecciones europeas, Josu Juaristi, renunciaba a su candidatura por haber tenido “actuaciones inaceptables” con su ex pareja. El candidato confesaba que había enviado mensajes sin el consentimiento de la otra persona y que eso había ocasionado daño.

EH Bildu aceptó la renuncia del candidato y decidió también suspenderlo de militancia.

Pernando Barrena fue un histórico dirigente de HB que en 2016 reconoció, junto a otros 34 compañeros de Batasuna, su integración en organización terrorista. Reconoció que cuando era dirigente de Batasuna en realidad estaba trabajando a las órdenes de ETA.

EH Bildu comunicó ayer el sustituto de Josu Juaristi, que renunció por “actuaciones inaceptables”: será Pernando Barrena.