No sois bienvenidos

Ayer Santiago Armesilla iba a participar en un debate en la UPV/EHU, la Universidad del País Vasco, sobre el marxismo y la cuestión nacional española. Varias semanas antes algunos estudiantes activaron la “alerta antifascista”, es decir, la campaña de acoso y amenazas contra Armesilla y los llamamientos a impedir su participación en el debate. Los de las alertas antifascistas siempre han defendido un modelo de debate sin discrepantes. Algunos de los carteles le decían a Armesilla “Ez zara ongi etorria”. “No eres bienvenido”. Otros respondían a la llamada más general de “parar al fascismo como sea” y lanzaban amenazas más o menos veladas contra Armesilla e incluso contra los organizadores.

Hace unos días la rectora de la UPV, Nekane Balluerka, decía que “cualquier idea se puede defender en la UPV”. Lo decía porque cuatro meses antes un grupo de unos 15 estudiantes habían decidido dar una paliza a un estudiante de esa universidad. El mensaje era el mismo: no eres bienvenido. La rectora dijo que la universidad había brindado su apoyo al estudiante agredido, pero imagino que habría sido más útil retirar la capacidad de acción a los 15 que le dieron una paliza.

(Por cierto, los estudiantes que dan palizas cuando pueden y que se limitan a boicotear cuando no pueden, los del “ez zara ongi etorria” a personas que vienen a participar en un debate o a estudiantes con ideas desviadas del antifascismo militante, son los mismos que organizan los “ongi etorri” a los etarras que salen de la cárcel.)

Estos intentos del antifascismo organizado para depurar la universidad no son nuevos ni exclusivos de la universidad vasca, aunque es verdad que aquí existe un contexto distinto, el auténtico hecho diferencial. En la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, en el año 2010, varias personas decidieron boicotear una conferencia de Rosa Díez. Cuando los organizadores de la conferencia intentaron presentar a Rosa Díez una estudiante se levantó y levantó la mano para pedir la palabra. Uno de los organizadores del acto de repudio gritó “Arriba, arriba, arriba”, los convocados se levantaron y mostraron una tarjeta roja. Uno de ellos comenzó a cantar “Eusko gudariak”.
La persona que tenía el micrófono preguntó a los estudiantes organizados: “¿Podemos seguir con el acto?”. Los convocados gritaron “No” al unísono. “Libertad de expresión”, decían. La persona que tenía el micrófono volvió a responder: “Por supuesto, libertad de expresión para todos”. Y acto seguido decidió cargarse la libertad de expresión de Rosa Díez; permitió que se entregase un micrófono a la estudiante que había levantado el brazo. “Señora Rosa Díez, no hemos venido a impedir que hable”, fue lo primero que dijo la estudiante elegida para impedir que Rosa Díez hablase. Y comenzaron a leer un comunicado.

Usted no es bienvenida y nos gustaría que no viniese nunca más”, dijo una de las personas que llevaron a cabo el acto de repudio. Esa persona era Errejón, no sé si el hoy moderado Errejón o su hermano. En cualquier caso, los dos estaban allí, los dos participaron. También estaba Pablo Iglesias, que fue quien dirigió el acto. Después del “no eres bienvenida” los participantes en el acto de repudio comenzaron a gritar “fuera fascistas de la facultad”. Miquel Rosselló contó en su blog que, tras ese mensaje performativo, efectivamente Iglesias, los Errejón y el resto de estudiantes antifascistas abandonaron la sala.

Esto ocurrió en 2010, se conoció en 2014 y en 2019 ya se ha olvidado. Porque si no se hubiera olvidado sería algo por lo que Errejón e Iglesias tendrían que responder todos los días. Ellos, antes de contar por fin con un partido, decidían quiénes eran bienvenidos en la universidad pública y quiénes no. Ellos eran los que tenían una idea posesiva y sectaria de la universidad. No de su universidad, sino de la universidad pública. Y ahí están hoy, adalides de la libertad. Y de lo público, algo que para ellos siempre debía ser exclusivamente suyo.

Hablaba ayer de Alsasua y de Atxaga. Hace unos meses la plataforma España Ciudadana organizó un acto en Alsasua. Albert Rivera habló en la plaza del pueblo y Savater dejó un discurso contra las tribus particulares y las identidades colectivas. Un discurso necesario, precisamente en un pueblo como Alsasua. Una buena parte del pueblo decidió organizarse para mostrar su repudio a los convocantes y a lo que decían. Y a lo que eran. “Españoles hijos de puta” fue uno de los gritos que se pudieron oír. Horas antes del acto habían dejado estiércol en la plaza, en su propio pueblo. El acto se llevó a cabo a pesar de los gritos, de los altavoces con música e incluso de las campanas de la iglesia. Se llevó a cabo porque el objetivo principal no era que no se llevase a cabo, sino que les quedase claro a los organizadores y participantes -y a algunos vecinos- que no eran bienvenidos. Es el auténtico objetivo de los antifascistas organizados de la universidad vasca, de los Iglesias y Errejón y de los de los pueblos vascos: “no sois bienvenidos”. No os dejamos hacer política aquí, porque esto es nuestro.

Todo esto ocurrió hace unos años en Madrid, hace unos días en Bilbao y hace unos meses en Alsasua. El domingo Rivera y Savater darán en Rentería el primer mitin de campaña. También estará Maite Pagaza. Ya ha comenzado el mensaje: no son bienvenidos. Ni Rivera, ni Savater, ni Pagaza ni probablemente el candidato de Ciudadanos al Ayuntamiento de Rentería, si es que lo hay. Tampoco Santiago Armesilla, como tampoco lo era Rosa Díez. El “no sois bienvenidos” es un muro, ahora que se habla tanto de los muros. Y tratar de impedir que otras personas debatan, hablen o den conferencias es una amenaza contra los derechos y libertades de todos los ciudadanos, una “amenaza contra la democracia”, como se dice ahora habitualmente, aunque nunca para referirse a estos actos habituales del antifascismo organizado.


Campanas en Alsasua

Ayer el alcalde de Alsasua y los medios de comunicación que no crispan insistían en el carácter acogedor y hospitalario del pueblo. Hoy, lo primero que han oído las personas que asistían al acto de España Ciudadana ha sido “Españoles hijos de puta”, coreado con insistencia por algunos de los vecinos del pueblo. Ése ha sido el comité de bienvenida.
Antes de eso, durante la noche, otros vecinos del acogedor y hospitalario pueblo habían dejado una montaña de estiércol en la plaza en la que se iba a celebrar el acto.
Hubo otros cánticos. Los de siempre. El “zuek, faxistak, zarete terroristak” (vosotros, fascistas, sois los terroristas) y el “que se vayan de una puta vez”.

Cuando comenzó el acto, las campanas de la iglesia, a escasos metros de la plaza, comenzaron a sonar. En ese momento había empezado a hablar Beatriz Sánchez.
Beatriz Sánchez cumplía cinco años el día que ETA cometió un atentado en la casa cuartel de Zaragoza, en 1987. Mediante el coche bomba la banda terrorista asesinó ese día a once personas. Beatriz Sánchez y su familia sobrevivieron, por fortuna. Hoy acudió a Alsasua para contar cómo vivió ese día y los que siguieron, pero no pudo hacerlo en condiciones. Las campanas de la iglesia hacían imposible escuchar lo que decía. Al final del discurso, Beatriz Sánchez pidió un minuto de silencio por las víctimas de ese atentado, cuyos nombres comenzó a leer. Fue imposible escuchar la mayoría de ellos. Finalmente, quien o quienes tocaban las campanas desde el interior de la iglesia pararon. Habían cumplido su parte como vecinos del pueblo. Habían mostrado el rechazo y el enfado que recogía parte de la prensa. Habían impedido que una víctima de ETA, una hija de un guardia civil, pudiera dar un discurso en la plaza del pueblo en el que dos años antes fueron agredidos dos guardias civiles y sus parejas por un grupo de chavales de Alsasua, por otros vecinos del pueblo. Los vecinos de Alsasua piden desde entonces que se deje en paz al pueblo, Utzi Altsasu bakean. Pero lo único que se ha hecho con Alsasua es contar lo que pasó esa noche de 2016. La agresión la cometieron vecinos del pueblo, y vecinos del pueblo los arroparon. La agresión se cometió en un contexto de odio a la Guardia Civil, el mismo contexto en el que ETA colocó el coche bomba en Zaragoza que estuvo cerca de acabar con la vida de Beatriz Sánchez y de su familia. Mientras los vecinos y algunos medios insisten en el carácter hospitalario del pueblo y en la demonización mediática, los hechos son las campañas de odio, la agresión, el “españoles hijos de puta”, las campanas para silenciar los discursos y el “dejadnos en paz”.

En ese “dejadnos en paz” se encierra todo lo que va a pasar en los pueblos en los que lo primero fue siempre defender a quienes consideraron que el terrorismo era una forma de lucha política legítima. Ese “dejadnos en paz” es un mecanismo de defensa, porque no debe de ser cómodo escuchar lo que provocó la lucha de aquéllos a los que defienden.

Después de Beatriz Sánchez habló Savater. El de Savater fue un discurso contra el terruño particular de cada uno. El terruño es en el mejor de los casos materia, y en el peor de los casos metafísica. Y cada uno tiene los suyos. Las leyes son otra cosa. Las leyes son frías y comunes, y no incitan a la adhesión colectiva, al afecto o al énfasis. Su discurso fue contra las tribus particulares, contra las identidades colectivas y en defensa de la ciudadanía. La fría y objetiva ciudadanía, en la que lo que importa no son las muestras de los símbolos comunes y los cánticos sino la responsabilidad diaria y cotidiana del ciudadano, que se sabe sometido, junto con el resto de los conciudadanos, a unas leyes. Y que sabe que goza de ciertos derechos y libertades precisamente porque él y el resto de los ciudadanos están sometidos a esas leyes. Esa responsabilidad del ciudadano es individual. Es poca cosa, en cierto sentido. No hay lugar para la épica ni para la catarsis. A pesar de eso, o precisamente por eso, es lo único que hace falta para que la sociedad pueda ser una especie de república virtuosa. Es el ciudadano el que pone el listón moral de una sociedad, con las cosas que hace y con las cosas que se niega a hacer. Decir eso hoy, en Alsasua, tiene un significado mayor del que probablemente se le ha dado.

Cuando Savater terminó de hablar, su discurso fue celebrado con el “yo soy español, español”.
No quiero ser injusto. Minutos antes los vecinos del pueblo habían recibido a los asistentes con “españoles hijos de puta”. Pero fue un momento extraño.
Creo que Savater tiene razón. Pero la razón es fría, sin épica ni énfasis. No concita adhesiones colectivas ni muestras de afecto. Es como debe ser. Y al mismo tiempo, está condenada al fracaso. Estamos condenados al fracaso -a ese fracaso- porque la naturaleza humana no tiende a la razón. Tiende precisamente a la tribu, a la identidad colectiva. No son necesariamente malas, ni son el motivo por el que los vecinos de Alsasua gritaban “hijos de puta”, pero desde luego no tienen un fácil encaje en la idea de ciudadanía defendida por Savater. Se puede optar por una cosa o por la otra. Se puede optar por defender una cierta idea de identidad nacional abierta, integradora y no supremacista, con sus muestras de afecto patriótico, sus símbolos y sus relatos metafísicos. Y se puede optar por defender una ciudadanía cuyos pilares sean las leyes, unos mínimos morales compartidos y la responsabilidad particular de cada ciudadano en la defensa cotidiana, sin énfasis y sin aspavientos, de esos pilares. Decía que me gusta esta idea de la ciudadanía, es la que defiendo. Pero me temo que no tiene ni tendrá demasiado éxito, porque supone algo parecido a la antipolítica.

Los vecinos de Alsasua gritaban “españoles hijos de puta” porque ven fascismo en todo aquello que no sea su tribu. Su tribu es la de los aplausos para Portu y Sarasola, la de los recibimientos a etarras y la de la espiral de silencio en los pueblos del País Vasco y Navarra. Y es, en este caso concreto, la del afecto hacia los que agredieron a los guardias civiles y sus parejas. Por eso quienes insisten en recordar que aquello fue una agresión motivada por el odio y quienes defienden a los agredidos son necesariamente fascistas e hijos de puta, en su particular visión del mundo.
Junto a esto, vuelve el mensaje de que al fascismo no se le discute sino que se le destruye. Y ya tenemos el contexto.
No cabe hacerse ilusiones; tampoco el antifascismo se cura leyendo.

El cierre lo pone el PSOE.
Ander Gil, el portavoz en el Senado, se refiere al acto de Alsasua con dos tuits. En uno habla de las tres derechas que van a Alsasua a avivar el conflicto y no a fomentar la convivencia, y de una derecha “aznarizada” que viene con dos dobermann de la mano. En el otro dice esto:

Y fueron a agitar el odio a Alsasua los que nunca tuvieron q mirar por la mañana bajo su coche, los q nunca despidieron a un compañero en un funeral. Nada se construye desde el odio. No teneis proyecto de convivencia para unir a los españoles. Solo vivis de los conflictos

Esto es lo que elige el portavoz del PSOE en el Senado para referirse al acto de hoy en Alsasua, en el que han hablado Beatriz Sánchez, Fernando Savater y Albert Rivera, y en el que ellos y los asistentes han sido recibidos con estiércol, con gritos de “hijos de puta” y con campanas y silbidos durante los discursos.

Es el ciudadano, con las cosas que hace y con las que se niega a hacer.

savciud