Pedir perdón por hablar castellano

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Ha ocurrido en Álava, y ya se está diciendo que ha sido un caso aislado, sólo una anécdota. Y es posible que sea una anécdota, pero hay muy pocas cosas que sean “sólo” anécdota. Hablar en esos términos hace pensar en una suerte de urgencia por pasar página, por extraer el asunto de la red de causalidades mediante la que intentamos explicar las cosas. En una excursión al monte con chavales de 11 años, una monitora obligó a unos niños a pedir perdón por hablar en castellano mientras pasaban por delante de un monolito que recordaba a los caídos en la Guerra Civil. En ese monte habían muerto gudaris por defender el euskera, les había explicado, y no era cuestión de mancillar su memoria.

Decía que hay pocas cosas que sean sólo anécdota, aunque seguramente tampoco se puede decir que ocurra todos los días. Al menos, no en el monte. Mis padres vinieron a Vizcaya desde otras regiones de España. Asturias y Salamanca, en concreto. Yo nací aquí y aprendí euskera en el colegio, cuando era sólo una asignatura y no un ser vivo al que había que cuidar. Estudié Filosofía, pasé por el trámite del CAP y comencé a enviar el curriculum a todos los centros concertados de la provincia. No me planteé entrar en listas, sencillamente porque no era posible sin tener el título de proficiencia lingüística en euskera. Así que quedaban los concertados. Di clase por primera vez en 2006, y desde entonces he trabajado casi todos los años. Sustituciones cortas, siempre. Dos meses, si la baja se complica o si el sustituido no tiene prisa por volver. Una semana, cuando se trata de un curso. Siempre en castellano, claro. Siempre Filosofía, siempre en Bachillerato. Pero no da para más. Antes, cuando los padres podían elegir en qué modelo matricular a sus hijos, cabía la opción de impartir otras asignaturas de la ESO en castellano para completar la jornada. Ahora no. La mayoría de los alumnos van a clase de Science y de Natura. De Social Sciences y de Gizarte. Que viene a ser lo mismo, pero en inglés y en euskera. Digo que van a clase y no que aprenden porque eso es precisamente lo que hacen muchos de ellos. Sentarse, escuchar un rato, intentar memorizar algo que no entienden cuando llega el examen, y a otra cosa. Algunos harían lo mismo si la clase fuera en castellano, cierto. Pero al menos en esos casos sería una cuestión del alumno. Cuando el crío no domina la lengua en la que le intentan explicar, cuando los profesores lo tratan como algo normal y fabrican aprobados mediante trabajos absurdos, y cuando el sistema educativo no ve en ello ningún problema, se trata de otra cosa. Aunque es posible que esto, también, sea sólo una anécdota. Sistema y anécdota, al mismo tiempo.

En Vizcaya es posible comunicarse con casi cualquier persona en castellano. De hecho, es la lengua que se usa en la mayoría de las ocasiones. Tanto quienes saben euskera como quienes no lo saben. Pero no es posible que un profesor sea contratado para impartir clase de Filosofía en castellano sin título de euskera. Como tampoco es posible que los alumnos aprendan contenidos en esa lengua sin un conocimiento avanzado del idioma. Cuestión de prioridades, imagino. Cuidar la educación de los alumnos o la salud de una lengua. Instruir o hacer país, individuos o Pueblo, elecciones personales o política. Anécdotas, en cualquier caso, tanto esto como lo de la monitora. Y sin ninguna relación entre sí. Seguro.