Ni todo era ETA ni todo es terrorismo.

 

El “Todo es ETA” siempre lo usaron quienes negaban que ETA fuera algo. Los simpatizantes, familiares o amigos de etarras concretos. O los tontos útiles.
Lo usaban como broma, y por tanto como instrumento político.

Quienes durante esos años abordaron la costosa tarea de plantar frente a los hechos y al relato de la izquierda abertzale no decían que todo fuera ETA. Decían, por ejemplo, que ETA contó con un brazo político. Los integrantes de ese brazo político, Batasuna, reconocieron en 2016 que eran parte de la banda terrorista. Antes, en 2012, el Tribunal Supremo desestimó los recursos contra una sentencia de la Audiencia Nacional de 2011 que condenaba a Arnaldo Otegi y a Rafa Díez, que había sido secretario general del sindicato LAB, por integración en banda terrorista. Sí rebajó el grado de esa participación, y pasaron de ser considerados dirigentes a integrantes. En la misma sentencia se condenó también a Arkaitz Rodríguez, hoy secretario general de Sortu, Miren Zabaleta y Sonia Jacinto, también integradas en Sortu.

Decir que Otegi o Rafa Díez “eran ETA” es una construcción un tanto extraña. Otegi y Rafa Díez fueron integrantes del brazo político de ETA, Batasuna. Organización que reconoció, a través de sus integrantes, ser efectivamente parte de ETA.

Otegi fue también integrante de ETA en su rama estrictamente terrorista, en los años 80. Fue condenado a seis años de cárcel por haber secuestrado al empresario Luis Abaitua.

No viene mal recordar que el Parlamento Vasco aprobó en octubre de 2013 una iniciativa que pedía al Gobierno la “inmediata liberación” de los condenados en el caso Bateragune porque sólo hacían política y sus intenciones eran buenas. Se aprobó con los votos de EH Bildu y PNV.
O que en 2014, en una entrevista en Euskadi Irratia, Idoia Mendia se preguntaba si mantener a Otegi en prisión iba “a ayudar en algo”, mostrando una pintoresca concepción de las sentencias judiciales. También decía que en su momento la sociedad “no entendió muy bien” el caso.

Seguimos.
Gonzalo Boye, abogado y colaborador en medios como eldiario.es y La Sexta, tampoco “era ETA”. Ni siquiera fue integrante de ETA. Fue condenado por colaborar con ETA en el secuestro de Emiliano Revilla. Ésos son los hechos, y eso es lo que se puede decir. Lo que produzca el conocimiento de esos hechos depende de la factura moral de cada uno de nosotros.

Las herriko tabernas, los bares en los que se reunían los simpatizantes de la izquierda abertzale, no eran sólo bares en los que se enaltecía el terrorismo. Eran bares que servían para financiar las actividades de la organización terrorista ETA. Quien acudía a tomar unos vinos a alguno de los más de 100 locales que se recogían en la sentencia ratificada por el Tribunal Supremo en 2015 sabía qué se defendía en esos locales, y a lo mejor sabía también para qué servía el dinero que dejaba allí.
Así que las herriko tabernas sirvieron para financiar las actividades de una organización terrorista, y quienes las gestionaban eran integrantes de una organización terrorista. ETA.

¿Todo era ETA? Sólo quienes negaban que ETA fuera algo usaban esa expresión. Los demás decían que Batasuna era una rama de ETA, que Otegi fue parte de ETA, o que las herriko tabernas financiaban a ETA. Y quedó demostrado que tenían razón. Si algunos decían en tono de broma que “todo es ETA” era precisamente porque gente concreta era parte de ETA, y por alguna razón podía no estar muy bien visto haber formado parte de una organización terrorista. No pretendían rebatir la idea de que todo era ETA, porque ninguna persona seria la defendía.

De la misma manera, quienes hoy dicen en tono de broma que “todo es terrorismo” y que no hay que banalizar el terrorismo se dirigen a una idea que no existe. Lo dicen en referencia al caso de Alsasua y a “los raperos y tuiteros” condenados recientemente.
Nadie ha dicho que los raperos o tuiteros condenados sean terroristas. Y no han sido condenados por terrorismo. Han sido condenados por enaltecimiento del terrorismo. Se podrá discutir si la ley es adecuada. Lo que no se puede discutir es algo que nadie dice.
Tampoco los acusados de agredir y lesionar a dos agentes de la Guardia Civil y sus parejas en Alsasua son terroristas. Ni siquiera son culpables de las agresiones. Lo único que hay es una acusación que se tendrá que demostrar en un proceso judicial. Y será difícil demostrar no sólo que esos actos puedan ser considerados delitos terroristas, sino incluso que fueran los acusados quienes cometieron esos actos. Así es como funcionan y deben funcionar los procesos judiciales. Dentro, no fuera de las salas.

La presión de familiares, amigos y opinadores parte de otra idea que no existe, la de que esas personas han sido condenadas por terrorismo. No se puede pedir justicia para los acusados en el momento en el que está a punto de producirse precisamente eso. Y no se puede decir que fue sólo una pelea de bar, del mismo modo que no se puede decir que fue terrorismo.

Tampoco se puede decir que Otegi, Batasuna o las herriko tabernas no fueran parte de ETA, o que lo que hacían quienes dejaban cartas amenazantes contra ediles de partidos no nacionalistas o quienes quemaban autobuses no fuera un tipo de terrorismo. No se puede porque, para que tenga algún valor, lo que se dice debe coincidir con los hechos.
En el caso de Alsasua, aún no ha quedado probado cuáles fueron esos hechos. Cuando se produzca la sentencia, entonces sí, se podrá decir algo fundamentado.

Mientras tanto, como es de esperar, seguirán las bromas y los hombres de paja.

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El relato (de los hechos)

portal

El portal

En septiembre de 2015 pegaron en Galdácano las fotos de varios presos de ETA. Entre esas fotos la que más llamaba la atención era, sin duda, la de Francisco Javier García Gaztelu. Txapote. En la foto aparecía con gesto amable. Y amablemente se permitió que las fotos siguieran a la vista de todos durante las fiestas.
Algunas de las caras llamaban la atención, otras no tanto. Entre estas últimas se encontraba la de un tal Jon Krespo. Sabía que Jon Krespo había sido condenado varias veces por terrorismo callejero. Lanzó cócteles molotov contra la sede de El Correo, destrozó cajeros e incluso incendió el coche de un ertzaina. Después de escribir sobre las fotos supe que había en el historial de Jon Krespo un hecho de los que cuesta asimilar. Por la cercanía, porque pasó sin que me enterase y porque imagino que las personas que conocieron el hecho y lo asumieron como algo normal siguen aquí, en Galdácano. Imagino también que no hay razones objetivas que expliquen el sentimiento de vergüenza y de culpa que me produjo, la sensación de ser en parte responsable de algo que ocurrió sin que me enterase. Es precisamente el desconocimiento prolongado durante tantos años lo que genera esa sensación difícil de explicar. Intentaré al menos explicar el hecho.

El hecho ocurre en Galdácano, un municipio de unos 30.000 habitantes, a 11 kilómetros de Bilbao. ETA ha asesinado a diez personas en el pueblo, y de aquí han salido etarras como Francisco Javier López Peña, alias ‘Thierry’; Jon Bienzobas, alias ‘Karaka’; y el propio Francisco Javier García Gaztelu, alias ‘Txapote’. Los tres eran vecinos del mismo barrio, Aperribai. Galdácano es también el municipio en el que Francisco Javier Martínez Izagirre, ‘Javi de Usánsolo’, fue recibido con antorchas, cohetes e ikurriñas cuando salió de la cárcel. Menos conocido que los otros tres, cumplió condena por, entre otros, el asesinato de Fabio Moreno, un niño de dos años.

El hecho ocurre en marzo del año 2.000. Los anteriores son los años de la ‘kale borroka’, el terrorismo de baja intensidad. Aunque no sólo. Además de a las fuerzas de seguridad del Estado, Herri Batasuna comienza a calificar de “enemigos” a periodistas, jueces y concejales. Y ETA comienza a asesinar a periodistas, jueces y concejales.
En 1999 se habían celebrado elecciones municipales. El Partido Popular obtuvo tres concejales en Galdácano. La número uno, Nerea Llanos, vivía en Basauri. El número dos, Gonzalo Zorrilla, en Bilbao. El número tres, Ricardo Gutiérrez Solana, en el mismo Galdácano. El día en el que recibió su acta de concejal colocaron una diana con las siglas del partido en una columna frente al portal en el que vivía. Días después, una pintada: “PP asesinos”. En diciembre de ese mismo año, dos personas disfrazadas de Olentzero hablan con el hijo de nueve años de Ricardo Gutiérrez Solana, arrojan carbón en el felpudo de su vivienda y colocan en la puerta un cartel con amenazas y una invitación a que abandone el País Vasco. Durante meses, familiares de presos de ETA se concentran cada jueves en la plaza frente al portal en el que vive. Finalmente, aquí está el hecho, el día 17 de marzo del año 2000 los vecinos reciben una carta.
La carta decía esto:

“COMO USTEDES YA SABRÁN, EN EL PISO 5º D DE SU VECINDARIO RESIDE EL CONCEJAL DEL PP DE GALDAKAO RICARDO GUTIERREZ.

ESTE DEPLORABLE CONCEJAL ES RESPONSABLE DIRECTO DE QUE A EUSKAL HERRIA SE LE SEA NEGADA LA PALABRA, DE LA DISPERSIÓN QUE SUFREN LOS/LAS PRESOS/AS POLÍTICOS/AS, DE LA TORTURA QUE SUFRE NUESTRO PUEBLO, DE LA IMPOSICIÓN ARMADA A LA QUE ESTAMOS SOMETIDOS, DE MUERTES COMO LA DE RUBEN GARATE VISITANDO A UN AMIGO Y SIMILARES, Y DE UN LARGO ETC…

POR ESTO Y MUCHO MAS, ESTE ENGENDRO DE FRANCO, ESTÁ CONDENADO A SER EXPULSADO DE EUSKAL HERRIA, EN CONSECUENCIA, LES INVITAMOS A USTEDES A QUE HAGAN LO POSIBLE PARA ECHAR DEL VECINDARIO A ESTA PERSONA DE ACTITUDES HITLERIANAS.

CON TODO ESTO, USTEDES SON AGENTES EXTERNOS AL CONFLICTO DE EUSKAL HERRIA, Y NO QUISIÉRAMOS QUE SUFRIESEN NINGÚN DAÑO YA QUE ESTE PERSONAJE ES OBJETIVO DIRECTO DE NUESTRAS ACCIONES. AGUR BERO BAT.

JO TA KE.”

Las concentraciones continúan, y Ricardo Gutiérrez aparece tres veces en documentos incautados a ETA. Era un objetivo potencial. Como muchos otros amenazados, el concejal contaba con la protección de un escolta. La empresa en la que trabajaba en aquella época decide despedirlo. Tras el despido no puede seguir pagando su domicilio de Galdácano y se traslada a la casa de sus padres en Burgos.

Durante tres años busca trabajo en el País Vasco, sin éxito. En 2003 consigue trabajo en La Rioja. Años más tarde, en Madrid. En 2010 se queda en el paro de nuevo, esta vez como consecuencia de la crisis.

En ese período, Ricardo Gutiérrez repite como candidato en dos elecciones. En las del 2007 no sale elegido. Ricardo Gutiérrez es apoderado el día en el que se celebran. Mientras toma café con su hijo en una cafetería frente al colegio electoral, unos radicales del pueblo agreden al candidato y le destrozan las gafas. En 2011 vuelve a ocupar un puesto de concejal. Durante esa legislatura alguien le arroja un mechero desde la ventana y una mujer lo insulta en una cafetería. Finalmente, en 2015 no se presenta por discrepancias con la dirección actual del PP de Vizcaya.

Ése fue el hecho (El País, El Mundo). En el año 2000 alguien envía cartas a los vecinos de un concejal para que lo echen de su casa. Para que se largue del País Vasco. Y entre todos lo consiguen. Ese alguien, aunque no actúe solo, es Jon Krespo. Jon Krespo es condenado, y declara en el juicio que su grupo contaba para todas sus acciones con el apoyo de Batasuna. Un miembro del partido les entregaba explosivos caseros o dinero para material, y ellos escondían el material en una lonja propiedad del partido. En esa misma lonja redactaron la carta que enviaron a los vecinos de Ricardo Gutiérrez.

Hechos como éste fueron habituales durante muchos años en el País Vasco. No sólo los asesinatos, sino el acoso y la exclusión social. También fue habitual la indiferencia. La ignorancia selectiva.
Hoy el olvido selectivo va eliminando la memoria de estos hechos. El registro permanece, pero se desaconseja su estudio. No se enseña, no se pregunta. En nombre de la convivencia. En nombre del relato.

Sí, era ETA.

 

El 13 de enero aparecía en la prensa la siguiente noticia. “35 miembros de Batasuna aceptan condenas de hasta 2 años de cárcel tras reconocer su subordinación a ETA.
Además de Batasuna, había entre esas 35 personas miembros del Partido Comunista de las Tierras Vascas y de Acción Nacionalista Vasca. Este último era el partido al que pertenecía Marian Beitialarrangoitia cuando fue alcaldesa de Hernani, entre 2007 y 2011. Hoy es diputada en el Congreso.

La aparición de la noticia es un hecho importante. Miembros de Batasuna reconocían abiertamente su subordinación a ETA. Es un hecho importante porque esa relación se ha negado durante años, desde muchos sectores. ETA era una cosa y Batasuna otra, decían. ETA era una cosa y SEGI otra. ETA era una cosa y las Herriko otra. No había relación entre ellas, más allá de cierta sintonía ideológica. Durante años, algunos insistieron en la responsabilidad de la izquierda abertzale respecto a los atentados de ETA. Y no se referían a la negativa a condenar esos atentados. ( Condenas estériles, por otra parte.) Se referían a que había vínculos entre ETA y la izquierda abertzale, más allá de unos objetivos compartidos. ETA contaba con tres ramas. La política-institucional, la de agitación callejera y la terrorista. Cada una de esas tres ramas cumplía una función. Las tres tenían agentes propios. Y las tres formaban parte de una misma estrategia. Esa estrategia dependía de que las tres ramas aparecieran como independientes. No se podía meter en el mismo saco al chaval que quemaba un autobús y al terrorista que asesinaba. Aunque ese chaval, años después, formase parte de un comando de ETA. Eran cosas distintas.

Hace tiempo conté la historia de Mikel Otegi. La cuento de nuevo brevemente.
Mikel Otegi era un vecino de Itsasondo. Un chico normal, según sus vecinos. En 1991 había sido detenido por pegar a un ertzaina. En 1995 asesinó con su escopeta a dos ertzainas, Iñaki Mendiluze José Luis González. Mikel Otegi fue juzgado y absuelto de todos los cargos, incluso el de homicidio. Se le devolvió la escopeta. El jurado declaró que no se podía demostrar la intención de asesinar a los dos agentes. Tampoco pudo demostrarse que el acusado tuviera relación con Jarrai. A pesar de que participase en todos los actos. Miembros de Jarrai lo recibieron con gritos de ánimo cuando terminó el juicio. HB organizó varias manifestaciones en su apoyo.
Mikel Otegi, finalmente, se integró en un comando de ETA.

Hoy parece más evidente que ETA operaba a través de esas tres ramas. Que Txapote, Pernando Barrena y un chaval que quemaba un contenedor no sólo defendían lo mismo, sino que actuaban dentro de la misma organización. Una organización terrorista que asesinó a más de 800 personas. Hoy sabemos que, al final, Batasuna sí era ETA. Pero al parecer da igual. Durante años, aquéllos que denunciaron la complicidad entre ETA y Batasuna fueron objeto de escarnio e insulto. Eran parte de la estrategia de Madrid, de la Brunete mediática. “Todo es ETA”, se decía, en tono jocoso. Y la burla desactivaba los hechos. Cuando se afirmaba “ETA está en las instituciones” aparecían las muecas, los guiños y los codazos. Entre los audaces ignorantes y entre los que lo sabían perfectamente. Pero ETA, efectivamente, estaba en las instituciones.

 

Hoy ETA ha desactivado una de sus tres ramas. O mejor dicho, se la han desactivado. Los que hasta hace poco tiempo justificaban de manera más o menos creativa la lucha armada el terrorismo saben que los objetivos y los métodos han cambiado. La independencia está más cerca en Cataluña, y el socialismo revolucionario cuenta con 69 diputados en el Congreso. Los objetivos hoy son otros. En primer lugar, la amnistía de los presos de ETA. Y en segundo lugar, la construcción del relato. Lo segundo hará que los terroristas de ETA pasen a ser presos políticos, y que los defensores de ETA se conviertan en luchadores por la justicia y contra las vulneraciones de los derechos humanos. La misma noticia sobre los 35 miembros de Batasuna es ya parte de ese relato. Para evitar entrar en prisión han asumido la reparación a las víctimas del terrorismo. Pero eso no significa nada. No significa poner placas que recuerden los lugares en los que ETA asesinó a más de 800 personas. No significa un reconocimiento a quienes hicieron lo posible por acabar con ETA. Es un sintagma vacío. Por eso tendrá éxito.

El tipo del vídeo, por cierto, fue guionista de Sé lo que hicisteis, de El club de la comedia y de una sección de La Tuerka.
Pero sólo es humor.