La verdad en los tiempos del meme

Maduro organiza una ouija en la tumba de Chávez. Ada Colau, en la lista de los pensadores más influyentes del 2015. Una profesora de universidad, Unni Wikan, dice que cuando un hombre musulmán viola a una mujer en Noruega, la mujer debe asumir su parte de responsabilidad.

Ésas son algunas de las noticias que he leído esta mañana. Las tres parecen increíbles. Google. Una es totalmente cierta. Otra bromea con la noticia real. Y otra es inexacta. Falta contexto.


Sí, Ada Colau está en la lista de pensadores más influyentes de 2015, versión hispana. Fidel Castro es el primero. Coelho el sexto. Plácido Domingo el octavo. El Papa (Bergoglio, claro. No Ratzinger) es el noveno, y Colau, duodécima. Manuela Carmena ocupa el puesto 41, y Pedro Almodóvar el 48. En la versión global los resultados no son menos sorprendentes. El Papa es el pensador más influyente. El segundo es Paulo Coelho.
Si en la versión hispana aparecieran gigantes de la telebasura como Jordi Évole, un par de firmantes y algún Bardem, para completar, podríamos pensar que se trata de una gran broma. Como la de Sokal en Social Text. Algunos captarían el carácter irónico de la publicación, y podría servir para que nos replanteásemos el estatus de pensador que otorgamos a ciertos personajes del mundo del entretenimiento. Pero no es así. Los creadores de la lista se toman en serio,y la broma se convierte en un chiste en el que nosotros somos los protagonistas. Es decir, los idiotas.
Junto a Bergoglio, Coelho, Eckhart Tolle, Bono, Yo Yo Ma o los destacados de la versión hispana, aparecen nombres como Antonio Damasio, Pinker, Edward O. Wilson, Ratzinger, Dennett, Kahneman, o Acemoglu. Eso es lo que convierte a esta lista en algo dañino. No en el hecho de que los personajes ocupen puestos más altos que los “pensadores”, sino en el hecho de que aparezcan en la misma lista.


Pasamos a la segunda, que bromea con una noticia real. Maduro comunica desde el Cuartel de la Montaña, donde reposan los restos de Chávez, que entregará el lugar a la Fundación Hugo Chávez para que la “derecha contrarrevolucionaria” no cierre* el santuario.

No hay ouija. Pero Maduro habla de Chávez como un sacerdote habla de Cristo. “Por los niños de la Patria se consumió. Por amor.” “Hemos venido aquí a este lugar especial para la reflexión.” Una pausa para recordar la presencia del Diablo, es decir, la derecha contrarrevolucionaria. Continúa Maduro. “Esto (la tumba de Chávez) pertenece al pueblo venezolano, por los siglos futuros de los siglos de los siglos.” El Amén está implícito. Las palabras, el movimiento de las manos, todo remite a una liturgia. No hay ouija, claro, qué estupidez. Eso es un simple juego, y Maduro no juega. Maduro es capaz de comunicarse con el Redentor, siempre que se presente en forma de Santo Pajarito.


Y la última, decíamos, es inexacta. Vi la frase en forma de meme. Es decir, la foto y las palabras, sin fuente. En las primeras búsquedas parece que la profesora de Antropología Social dice que las mujeres deben adaptarse a las costumbres de los inmigrantes musulmanes, y que deben cuidar su imagen para no provocar violaciones. En otra entrada se matiza, y se pone en cuestión la manera en la que se ha recogido el mensaje. Al parecer, en la mayoría de las páginas que recogen las palabras de la profesora se añaden los comentarios del redactor sin hacer distinción.
Pero incluso cuando se le pregunta a ella, el mensaje de Wikan es confuso. Parece que su intención era señalar las consecuencias de abrazar de manera naive el multiculturalismo. Si se deben acoger todas las culturas como son; y si en la cultura musulmana la vestimenta “provocativa” (occidental) en las mujeres es percibida por los hombres como una invitación sexual; entonces las mujeres occidentales deberían tener esto en cuenta y ajustarse a esa cultura.

Creo que el “si” es importante. Posiblemente, Unni Wikan no intentaba justificar las violaciones, y tampoco pretendía aconsejar a las mujeres noruegas que cambiasen su forma de vestir, sino criticar el multiculturalismo.

* Parece que Maduro se refiere a una entrevista que no existió.


 

Los tweets de Pedro Sánchez; las cuentas anchuelas; las frases de Beatriz Talegón; las propuestas de algunos partidos políticos; el tesorero etarra de IU; Barbijaputa. Existen, aunque sea difícil aceptarlo. Vemos cosas así a diario, y desaparece lo escandaloso. Pensamos que es imposible; lo comprobamos; cuando vemos que es así, bueno, una más.
Nos hemos acostumbrado a lo grotesco.


Voy a intentar ir dejando aquí otras historias grotescas que pasaron como normales.

10 Diciembre 2015: Dos niñas -11 años una, 10 meses otra- mueren al caer por una ventana, e instantes después la madre se arroja al vacío. La hipótesis que se considera es el suicidio. Ampliado, triple. La madre parece que ha arrojado a las niñas, pero hablan de “un último acto de amor”, o de que “se quitó la vida tres veces”. Así es como aparece la noticia en La Vanguardia y en El Periódico. El tratamiento de la noticia, la ausencia de cualquier mención a las niñas, pasa sin demasiado ruido.
Se puede leer aquí.

 

El arrepentimento del hombre nuevo

 

Llevaba unos cuantos minutos perdiendo el tiempo. Al parecer Beatriz Talegón había dado otra de esas perlas tan características, marca registrada, y estaba intentando comprobar si era cierto. Esta vez el medio era un canal relacionado con Venezuela. Qué obsesión, por cierto, habiendo tantas “democracias experimentales” o dictaduras amistosas a las que hacer el juego. Bien, el caso es que Talegón había dicho que en España también se producían muertes sospechosas durante las campañas electorales, como la de días atrás en Venezuela. Que no hay que sobreactuar, vaya, que es lo normal. Por una de esas determinaciones difusas a las que llamamos casualidades, acabé viendo un vídeo extraño. “Beatriz Talegón desenmascara la vinculación Etarra de Alberto Garzón.” El conspiracionismo cambia de bando, algo así. El solícito entrevistador da con la pista definitiva: Unidad Popular es Herri Batasuna en castellano. Cómo te quedas, Padre Brown.

Pero en unos segundos la risa da paso al escalofrío. El tesorero de Unidad Popular en Común (nombre completo, por el momento) asesinó a un policía nacional en 1983. Ya hay una elección moral al describir el hecho de esta manera, por cierto. No es ningún mérito. Es una simple elección. Lo normal cuando buceas entre estas historias es encontrar redacciones de otro tipo, menos directas. Por ejemplo, “Pablo Gómez Ces -el tesorero de Unidad Popular- fue acusado de un atentado cometido en 1983 en San Sebastián en el que murió un policía.” La noticia aparece en El Confidencial, pero la firma es de EFE, una vez más. Con esa redacción, parece que el policía murió mientras se cometía el atentado. Pero la muerte del policía es el atentado, lógicamente. Pablo Gómez Ces, junto a otros dos miembros de ETA, asesinó a Eduardo Navarro Cañada, el policía. También intentó asesinar a Clemente Medina Monreal, el compañero de Navarro Cañada. Como decía, son dos redacciones distintas, fruto de dos decisiones distintas. Y la elección es moral. Una describe el hecho, la otra intenta difuminarlo. Más aún, en la noticia de El Confidencial/EFE se omite un dato importante. Gómez Ces no fue acusado de un atentado cometido en 1983. Fue condenado por el asesinato de Navarro Cañada. Detalles.

Bien, pues Pablo Gómez Ces es el tesorero de Unidad Popular en Común. Una búsqueda en Google indica que este hecho no ha llamado demasiado la atención. Los pocos medios que ofrecen el dato tiran de adversativas, explícitas o implícitas. “Un expreso de ETA”, “reinsertado”, “que rompió con la banda“, “lleva mucho tiempo pidiendo un alto el fuego sin condiciones”, y la guinda que no puede faltar: “arrepentido“. Da igual que sea La Vanguardia, 20 minutos o El Confidencial. Es EFE.

Reconozco que tengo un problema con el concepto de arrepentimiento, especialmente cuando se vincula con terroristas. Tengo un problema porque su uso, su aceptación, exige aceptar dogmas que no son compatibles con la racionalidad. El arrepentido se presenta como otra persona. Ha cumplido condena, se dice. Sospecho que muchos, al leer estas palabras, se imaginan el fuego purificador. Las llamas te consumen y apareces como nuevo. Y con la persona vieja, destruida, se destruye también el crimen. Pero no es así. La persona es la misma. Y ésa es la auténtica condena, claro. La que debería cumplirse siempre. Lo otro son sólo años de encierro. La condena auténtica es vivir con lo que se ha hecho, ser consciente. El intento de dejar atrás el hecho cometido mediante la expresión de un sintagma es el equivalente al agujero en la pared de la celda. Incompatible con el auténtico arrepentimento, si es que puede existir tal cosa. Éste sería simplemente el permanente deseo de ser otro. Mejor dicho, de haber sido otro. Por eso es permanente, porque es imposible. Pero lo permanente se resuelve en cuestión de minutos. Se dicen unas palabras, se intenta hablar con la familia de la víctima, todo con la necesaria presencia de un medio que lo recoja, ego te absolvo, y a vivir. En sociedad. Es en esta última parte donde reside el problema, no en vivir. Un asesino no debe morir. Y un asesino arrepentido no debería buscar necesariamente la muerte. La física. La otra es una exigencia. El suicidio social debería ser una exigencia. No decir nunca “estoy arrepentido” puede ser un indicio de arrepentimiento. Decirlo en público es negar lo que se enuncia.

Pero aquí se está hablando de una cuestión moral. Y nos da la risa. Lo moral no tiene sitio en la política, ni en la prensa. En la política y en la prensa, es decir, en nosotros, lo moral es un estorbo. Algo personal, como mucho. Creencias que no hay que hacer públicas. Qué hay de malo en que el asesino de un policía nacional sea tesorero de un partido político. Al fin y al cabo, la persona que registró ese partido político, Gonzalo Boye, fue condenada a 14 años de prisión por colaborar con ETA en un secuestro. Y también edita la revista Mongolia. Seguimos con la risa. De las condenas forzadas hemos pasado a la convivencia y a la normalidad. El tesorero de un partido asesinó a una persona, y nos falta tiempo para comenzar las rebajas. Creo en la reinserción, ya pagó por su crimen. La prensa ayuda. Y así, los votantes se podrán permitir votar a ese partido sin sentirse despreciables. Y ese partido político se podrá permitir hablar en público de cuestiones como la regeneración política, los valores de la izquierda o los crímenes de la derecha. Y otros partidos políticos se podrán permitir compadrear y pactar con ellos. Porque al fin y al cabo, admitir en el partido a un asesino es simplemente una cuestión moral.
Es decir, nada.

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Por cierto, en el asesinato de Navarro Cañada, por el que el tesorero de Unidad Popular fue condenado, participó también un tal Pedro María Briones Goicoechea. El nombre no dice nada. Pero resulta que Pedro María Briones Goicoechea fue miembro de la Ertzaintza, la policía autonómica vasca. El asesino de un policía nacional era, dos años después, policía autonómico.

Yo solamente soy un militante hooligan

twitter-talegon

Beatriz Talegón. He tenido mis dudas respecto a la publicación de esta entrada, debido a su irrelevancia. Aunque la irrelevancia en sí no creo que sea mala. Imagino que en realidad no es por la irrelevancia, sino por aquello que comenté en la entrada sobre Guillermo Zapata. Hay personajes que atraen lanzas, y Talegón es carne de cacería tuitera. Willy Toledo es ya un clásico, Trueba tuvo su momento cuando dijo que no se sentía español, y Guillermo Zapata pasó de ser un completo desconocido a convertirse en una gran bestia cuando se descubrieron los tuits jocosos sobre víctimas del terrorismo y del Holocausto. Ya expliqué en su momento el peligro que veía en esas cacerías, así que no me repetiré.

¿Por qué comentar entonces la anécdota sobre la última metedura de pata de Talegón? Porque no es necesariamente una anécdota. Se puede tratar como tal, y nos podemos centrar en ese “la ha vuelto a liar” que sobrevuela buena parte de los comentarios. Pero también se puede ir un poco más allá.

Beatriz Talegón compartió indignada -cómo, si no- una noticia sobre un punto oculto del programa de Ciudadanos. Este punto, filtrado por un militante, consistía en una propuesta para que fuera el trabajador el que tuviera que indemnizar a la empresa en caso de despido, y no al revés.

“Estáis locos”, decía en un tuit dirigido a Albert Rivera.

Rivera respondió a Talegón: “¿Pero como puedes creerte esa barbaridad Bea? Un poco más de rigor por favor.”

Y Talegón se dio cuenta de su error. La web que publicó la noticia era una web humorística, en la que se publicaban noticias falsas. Así que respondió esto: “Disculpe Vd que yo solamente compartí una noticia pensando que era cierta!

Esta frase con la que intenta explicar su error es lo que merece atención, más allá del error mismo. El error es gracioso, claro. Entre otras cosas, porque no es el primero. Así que la convertimos en personaje y damos rienda suelta al ingenio. “La ha vuelto a liar, jaja, qué ridícula.”

Pero como decía, la frase encierra algo realmente preocupante. No sé qué hace Talegón ahora mismo. Sé que se dio de baja en el PSOE, así que imagino que estará buscando su lugar en el mundo. O sea, en la confluencia de la izquierda. También sé que es presidenta de algo llamado Foro Ético, que tiene pinta de think tank del PSOE. Parece claro que pretende seguir dedicándose a la política activa. Y no como militante, sino como líder.

En resumen, alguien que pretende liderar un sector de la izquierda, que pretende renovar la política y regenerar la democracia, encuentra normal compartir una noticia sin contrastarla y sin hacer algo tan fácil como informarse sobre la fuente. Podría haber aprovechado el error para “iniciar un proceso de reflexión”, por ponerlo en politiqués. Pero no hubo suerte. Parece que la regeneración de la democracia y la reivindicación de la política no tienen nada que ver con el respeto a la verdad.

Como decía, es muy fácil ridiculizar a Beatriz Talegón. Lo que no es tan fácil es darse cuenta de que nosotros también actuamos a menudo como un militante hooligan. Nos rodeamos de militantes afines, compartimos las noticias que reafirman nuestras creencias y las que intentan destruir la imagen de nuestros enemigos, y cerramos la compuerta. Todo sin filtro, claro. Detenerse unos segundos antes de compartir esa foto+frase sin fuente que acabamos de ver es un signo de flaqueza. Y así no se gana la batalla de ideas. Lo único que importa es hacer más ruido.