La importancia de un cordelito

El otro día pasé frente al Ayuntamiento de Bilbao y volví a fijarme en algo que me pareció extraño. El Ayuntamiento de Bilbao muestra siempre dos banderas: la española y la ikurriña. Lo extraño es el comportamiento de cada una de ellas cuando hay viento. La ikurriña se comporta de manera esperada. Cuando hay viento se extiende totalmente. La española, en cambio, parece que se resiste.

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Hace un tiempo paseábamos por allí y se lo comenté a dos personas. Sí parecía que una de ellas se levantaba menos, pero la explicación que se me ocurría fue descartada.

Finalmente, el sábado pude comprobar que la ridícula explicación coincidía con el hecho.
La bandera española no se extiende como la ikurriña porque uno de los extremos está sujeto al asta mediante un cordel.

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La historia no tiene mucho recorrido. No es algo que dé lugar a preguntas en un pleno, no es una cuestión de vital importancia.
Pero es evidente que alguien en el Ayuntamiento de Bilbao ha considerado el vuelo de la bandera española tan importante como para sujetar el paño al asta mediante un cordelito. Alguien debió de llegar en su día con esa preocupación en la cabeza, y con un plan para solucionarlo. Alguien debió de escucharlo y dar el visto bueno. Y alguien debió de subirse al tejado del Ayuntamiento con el cordelito de marras.

Podría haberse quedado en la ocurrencia de un fanático obsesionado con sus símbolos. “No empieces, Uriarte -o Jáuregi, Agirre, tal vez Martínez-, déjate de chorradas y vamos a lo importante”. Pero no. Se consideró como algo que había que considerar, y se tomaron medidas.

Y ahí está el cordelito. Y ahí seguirá, porque, hombre, es un cordelito, no hay que darle importancia.

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“Los queremos en casa”

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Los quieren en casa, literalmente.
Quieren en sus casas, en la calle, a gente como Txapote, Bienzobas y tantos otros. A los más de 300 miembros de ETA que cumplen condenas por haber participado en alguna de las actividades que cometió la banda terrorista.
A ellos se refieren cuando hablan de “presos vascos”, del mismo modo que quieren decir “amnistía” cuando hablan de “derechos humanos”.

Los organizadores de la manifestación que el sábado pasado recorrió Bilbao creen que todos ellos son víctimas de una guerra que se libró en el País Vasco desde, al menos, 1936. Por eso pretenden que queden en libertad. Porque no reconocen que todos ellos hayan cometido actos de terrorismo, sino que los consideran luchadores en una guerra que debe terminar ya.
Y para que termine definitivamente, para que pueda haber “paz en Euskal Herria”, sería necesario que todos esos terroristas fueran excarcelados.

Eso es lo que persiguen los organizadores de la manifestación del sábado pasado. Y no hay que buscar en oscuros informes para darse cuenta de ello.

El 13 de enero de 2017, justo un año antes de que se celebrase la manifestación, Joseba Azkarraga y Xabin Juaristi lo dejaban muy claro en una entrevista en Gara:

Los derechos humanos son la clave de bóveda del trabajo de Sare, pero más allá de cambiar la política carcelaria hay expertos como Iñigo Iruin que insisten en el problema de fondo de la legislación de excepción. El camino es muy largo aún…

J.A: No nos desanima. Sabíamos que era un camino difícil. Iruin tiene razón; para empezar, con una legislación ordinaria la mitad de los presos estaría ya en la calle. Hay que cambiar esa legislación y hay quienes esto lo plantean legítimamente desde la exigencia de la amnistía. Persiguiendo los mismos objetivos, que son vaciar las cárceles, creemos que hay que llegar hasta ahí con el apoyo de la mayoría de la sociedad, y en eso estamos.

X.J: Yo procedo de la lucha por la amnistía y hace años que esta es una cuestión estrátegica, no conceptual. Estratégicamente la amnistía es la superación del conflicto que padece este pueblo, y en eso está Sare, en superar sus consecuencias. Junto a los derechos humanos, tenemos una hoja de ruta por la resolución y la paz. El lema de la marcha es claro: Derechos humanos, resolución, paz. Tendemos a pensar que son cosas que van seguidas, pero no, están unidas, las une el Estado al usar los derechos humanos contra la resolución. Cuanto más avancemos en la resolución, más lograremos también el respeto a los derechos de los presos.

No piden el acercamiento. Ni ellos ni quienes dieron su apoyo a la manifestación. Piden, en nombre de los derechos humanos, que los miserables que durante años hicieron del asesinato una práctica política puedan evadir sus condenas.

Es comprensible que algunos, que llevan menos tiempo en el estercolero, sientan la necesidad de engañarse o de engañar a los demás. Pero lo que defienden es justamente esto. Y hay que repetírselo cada vez que pretendan hacer pasar su miseria moral por otra cosa.

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El sábado, la organización Sare publicó un listado con los bares que apoyaban la manifestación. Hablé con el dueño de uno de esos bares para saber en qué consistía el apoyo. Hubo resistencia al principio, porque reconocer que se está apoyando a una organización que pide la excarcelación de etarras es duro, salvo que formes parte del entorno. El dueño de ese local no forma parte del entorno. “Pero hay que vivir”, dijo un par de veces.
Para poder seguir viviendo con tranquilidad, colocó una pegatina de Sare en el establecimiento. Y realizó “una aportación económica” al movimiento.

“Esto ha pasado siempre, es la mafia”.

“Esto” es que aparece un tipo, conocido por todos los bares de la zona, con un sobre. En el sobre hay unas pegatinas. Una es de Sare, que el dueño coloca. Y la otra es de Sortu. “Este movimiento no está formado exclusivamente por la izquierda abertzale”, repetían los días previos.
Ese mismo tipo, imagino, recogería otro sobre con la aportación económica. No entró en tantos detalles.

Pero ahí fue el dinero de ese local y el de otros 100 bares y cafeterías de Bilbao.
A quienes trabajan para que Txapote, Bienzobas y todos los asesinos de ETA que aún cumplen condena puedan salir de la cárcel cuanto antes.

Y los que lo saben seguirán entrando en esos bares, y los que tienen tribunas seguirán hablando de cualquier cosa menos de la cobardía que ha definido siempre a esta sociedad.

Son sólo fiestas

 

Hoy publican en El Correo una noticia sobre las fiestas de Bilbao de 2013. Aquel año, las ‘konparsas’ eligieron como ‘txupinera’ a Jone Artola. Las comparsas son las agrupaciones político-festivas que se encargan de dinamizar las fiestas. Todos los años montan las ‘txoznas’, que son como las casetas de la Feria de Abril pero con adornos políticos*. Funcionan como un bar para los que no son de la comparsa, y como un pequeño club para los propios. La txupinera es una mujer perteneciente a alguna comparsa que se encarga de lanzar el ‘txupin’, el cohete que da inicio a las fiestas. Y Jone Artola, sin comillas, fue candidata de Euskal Herritarrok en 1999 y 2.000, y de Acción Nacionalista Vasca en 2007. Ambas organizaciones fueron ilegalizadas por ser parte de la estrategia para que el brazo político de ETA siguiera en las instituciones. Además de eso, Artola fue durante varios años portavoz de Etxerat, la organización de familiares y amigos de presos de ETA. También es fundadora de la comparsa Txori Barrote, una de las dos comparsas suspendidas en 2008 por exhibir fotos de etarras. Los responsables de esas organizaciones fueron absueltos por la Audiencia Nacional, puesto que exhibir fotos de miembros de ETA encarcelados no supone enaltecimiento del terrorismo.

Hecha la introducción, vamos a la noticia. Lo que publica hoy El Correo es que el magistrado del Juzgado Contencioso- Administrativo Número Uno de Bilbao ha dado la razón al delegado del Gobierno, Carlos Urquijo, que fue quien pidió la suspensión del nombramiento de Artola como txupinera en la Semana Grande de 2013, porque podía suponer una ofensa a las víctimas del terrorismo.

No tengo claro que la ofensa sea suficiente para llevar a cabo este tipo de suspensiones, pero no es eso lo que más me interesa. El caso es que este tipo de polémicas no son ya habituales, sino esenciales en el desarrollo de la Semana Grande de Bilbao. Estas fiestas no son en parte políticas. Son principalmente políticas. Y con “políticas” me refiero a que son una manifestación más de las actividades de la izquierda abertzale. Quien participa en ellas, como comparsero o simplemente como cliente, lo sabe. Que en 2013 una candidata de Euskal Herritarrok y de ANV fuera nombrada txupinera no fue algo anómalo. Por eso es hasta cierto punto inútil que las instituciones intenten evitar estas manifestaciones. No son desviaciones aisladas, no son politizaciones de las fiestas populares. Es sencillamente lo que mejor representa la Aste Nagusia.

El de Jone Artola ni siquiera es el caso más grave. En 1999, las comparsas eligieron como txupinera a Arantza Garbayo, de ‘Pa… Ya’. Esta comparsa tiene en su página web una sección llama “Presoak“, en la que aparecen cuatro presos de ETA. Entre ellos, la propia Arantza Garbayo. La txupinera de 1999 fue condenada en 1996 por colaboración con el ‘comando Vizcaya’, y en 1998 por haber planeado en el ‘comando Galicia’ un intento de asesinato contra Manuel Fraga. Por eso no pudo dar inicio a las fiestas; se encontraba en la cárcel.

Éstas son las fiestas populares de Bilbao. Las de las comidas de homenaje a los presos, las de las fotos de Harriet Iragi e Igor Solana, las de las comparsas proetarras. No hay otras. No hay una oscura “sección proetarra” dentro de las fiestas. Son lo que son, nadie lo esconde. Y somos lo que somos cuando participamos en ellas.

* Hay muchas más diferencias, como apunta Plaza en los comentarios.

(La foto está tomada de esta noticia publicada en La Razón)

Durante las fiestas de 2014 publiqué esto en el blog, una visión algo más general. Y menos de un mes después, ETA normalizada en las fiestas de Galdácano.

* * *

Iraia Iturregi, capitana del equipo femenino del Athletic de Bilbao, acompañó como pregonera a Jone Artola en las fiestas de 2013.
La normalidad.

Politizar las fiestas

aste nagusia comparsas

 (Para una experiencia más completa, se aconseja leer después la Guía visual de la politización.)

El sábado pasado comenzaron las fiestas de Bilbao, conocidas como Aste Nagusia. Unas fiestas esencialmente políticas. El martes, en el programa de actividades, encontrábamos la “Hora de los gestos de solidaridad” (Elkartasun Keinuak) y un “Homenaje a las familiares”. Ambos actos los organizaba la ‘konparsa’ Txori Barrote, así que no es muy difícil adivinar a qué familiares se referían. Para los que no tienen el gusto, Txori Barrote es la comparsa de familiares y amigos de los presos de ETA. Sigue leyendo