Misa sin trascendencia en Bilbao

No soy una persona que se encuentre cómoda en los grandes actos colectivos. A veces porque no entiendo la necesidad de expresar junto a otros lo que pensamos, a veces porque me incomodan las expresiones públicas de lo que sentimos. Hoy la plataforma Libres e Iguales ha celebrado un acto en Bilbao. En teoría ha sido un acto para celebrar la Constitución, pero ha sido algo más que eso. Entre otras cosas porque ha sido un acto en Bilbao, ciudad acostumbrada a que los únicos actos políticos que se celebran sean actos nacionalistas.

Hoy en Bilbao, en la plaza del Arriaga, han hablado Cayetana Álvarez de Toledo, Arcadi Espada, Rosa Díez y Fernando Savater. Han dicho cosas interesantes, pero lo realmente interesante es que dos o tres centenares de personas han podido escuchar, en la calle y en Bilbao, a Álvarez de Toledo, Espada, Díez y Savater. Y que han podido hacerlo sin grandes inconvenientes, más allá del cordón con el que la policía autonómica ha rodeado la plaza para evitar problemas.

He acudido al acto con mi padre, alguien que tampoco se encuentra demasiado cómodo en los actos colectivos. Hemos rodeado el Arriaga, y mi padre se temía que no iba a ser fácil entrar. Cuando hemos vuelto a llegar a uno de los laterales del teatro hemos visto que ya habían retirado el cordón en un par de puntos. Hemos comenzado a entrar en la plaza -el foso, diría Espada más tarde- y un agente de la Ertzaintza nos ha preguntado a dónde íbamos. “Al acto”. Ya en la plaza, antes de que llegasen los cuatro del Arriaga, he podido saludar a Iñaki Arteta, a quien tanto debemos. También he visto a Santiago González, a Carlos Urquijo y más tarde a Carlos García, a Bea Fanjul y a la que fuera la única concejal constitucionalista en Galdácano hasta hace poco, Mari Carmen Sánchez.

Los cuatro de Libres e Iguales han llegado a la plaza del Arriaga, donde han sido recibidos con aplausos. Ha comenzado a hablar Cayetana Álvarez de Toledo. Ha sido un discurso de casi media hora, tranquilo y firme, sin aspavientos y sin concesiones. Ha hablado sobre Cataluña y el País Vasco, sobre el hecho de que es tan necesario plantar cara al nacionalismo en Cataluña como aquí en el País Vasco. “Soy portavoz del Partido Popular, pero hoy no hablo en nombre de los populares, quiero hablar en nombre de los progresistas”. Frente a los reaccionarios, es decir, los nacionalistas. También ha citado unas palabras recientes de Gabriel Albiac: “Tenemos que refundar el suelo ético de la nación”. No hay ningún lugar de España en el que esas palabras sean más necesarias que aquí, en el País Vasco: a la misma hora, en la misma ciudad, miles de personas asistían a la manifestación convocada por EH Bildu en contra de la Constitución.

De la misma manera que el acto de Libres e Iguales ha sido algo más que un acto por la Constitución, el acto de EH Bildu, cualquier acto de EH Bildu, es mucho más que un acto político. Es un acto moral. Y no hay que equivocarse: no hace falta añadir el cómodo “in”. Es un acto moral en el sentido de que es la norma, la costumbre. Las miles de personas que acompañan a EH Bildu son la normalidad, lo tolerable, lo festivo. Las doscientas o trescientas personas que han acudido a escuchar a Álvarez de Toledo, Espada, Díez o Savater eran la anomalía. Por eso las palabras de Albiac que citaba Álvarez de Toledo son esenciales: la tarea no es sumar más votos o más asistentes; la tarea consiste en refundar el suelo ético de la nación.

Después ha hablado Arcadi Espada. Ha comenzado muy pinkeriano. Ha recordado que el odio que sale de una parte de la sociedad no es muy distinto al odio que había en los años 30. Lo que es distinto, afortunadamente, son otras cosas: el valor de la vida, de la propia vida, ha aumentado. También ha recordado que el odio no es equidistante. El odio, también afortunadamente, no es simétrico. Es unidireccional. Es un odio desde una parte de la izquierda hacia una parte de la derecha, de la izquierda o del centro. Hacia la parte de la sociedad que no comparte la asimilación nacionalista. Y ha recordado también algo muy importante: el odio ha de seguir siendo unidireccional. Sería un error -intelectual, moral- que quienes son señalados por esa izquierda se sumaran al nuevo odio de la derecha. Estaba hablando, claro, de Vox. Porque el discurso de los cuatro que han hablado es un discurso contra los nacionalismos, los populismos, las manipulaciones, las mentiras y el énfasis. Y porque saben que el nacionalismo, el populismo, la manipulación, la mentira y el énfasis no son propiedad exclusiva de la izquierda. Como ha recordado Espada después, una plataforma no trata a sus oyentes como clientes. No trata de decirles lo que quieren escuchar. Los trata como adultos. Una plataforma no es un partido político, y no comparte sus servidumbres. Una plataforma, esta plataforma, no tiene que contemporizar, no tiene que sumarse al apaciguamiento. 

A continuación ha hablado Rosa Díez. Me he acordado de Iglesias y Errejón, del partido que probablemente acabará formando Gobierno con el PSOE. Me he acordado de cuando Errejón e Iglesias organizaron un acto en la universidad para impedir una conferencia de Díez. Hoy no estaban en Bilbao, y había varios furgones de la Ertzaintza para permitir que Díez hablase. Y así lo ha hecho.
Por último ha hablado Fernando Savater. Esto, en sí mismo, es lo interesante. Savater, con su sentido del humor, hablando a doscientas o trescientas personas en la plaza del Arriaga mientras a pocos metros miles de personas participaban en la manifestación de EH Bildu.
Savater, a quien tantos, no hace tanto y desde tantos lugares distintos, llamaban “fascista”, ha cerrado el acto con la lectura del comunicado de Libres e Iguales.
He podido saludar a un par de amigos y me ha saludado un antiguo alumno a quien di clase hace unos años, y a quien desgraciadamente he tardado en recordar. Nunca hablé con él de política, algo que creo que debería ser lo normal, y ha sido una grata sorpresa verlo allí.

Por momentos he tenido la sensación de que el acto se parecía un poco a una misa, aunque creo que esto no se va a entender. En parte porque no consigo poner esa sensación en palabras, y en parte, probablemente, porque creo que hablo de lo que supone una misa sin saber qué significa realmente una misa. Detrás de mí había un grupo de unas tres o cuatro señoras, no sé si habían asistido juntas. De vez en cuando, después de algunas palabras acertadas de Álvarez de Toledo, Espada, Díez o Savater, murmuraban con aprobación. “Así es, así ha sido siempre”. “Aquí estamos”. “Efectivamente”. No estaban diciendo nada que no supieran, no estaban asintiendo de manera mecánica; simplemente estaban escuchando, puede que por primera vez en público, unas pocas verdades que ya conocían.
Ha habido algunos aplausos, algunos vivas sin demasiado énfasis, pero en general no ha habido ninguna estridencia. Los cuatro discursos, especialmente el de Espada, han sido una especie de homilía sin pretensión de trascendencia para doscientas o trescientas personas que no se conocen entre sí pero que comparten una serie de principios básicos. Doscientas o trescientas personas que están acostumbradas a pensar solas, con la ventaja que ello supone: no se puede pensar colectivamente. Doscientas o trescientas personas que probablemente se habían acostumbrado a que la única relación con la política fuera la del voto o la abstención. Hoy se ha empezado a romper esa inercia. Y esa inercia no se podía romper sólo desde la razón individual y aislada. A veces, cuando lo normal son las miles de personas que acompañan a una organización como EH Bildu, es necesario organizar actos como el de hoy. No para sumar más votos, más escaños o más afiliados, ni para canalizar el odio o la esperanza, sino para refundar el suelo ético de la nación.
Es decir, para reafirmar el suelo ético de cada uno de nosotros.

C. Tangana y los valores perdidos

En realidad C. Tangana no es la cuestión. La cuestión tampoco es la libertad de expresión. La cuestión, en el fondo, es la misma de siempre. Y como es la misma de siempre, quien habla de estas cosas habla siempre de lo mismo, es decir, es un pesado.
Pero la cuestión es que la cuestión, aunque sea la misma de siempre, parece que no existe, y esto hace que los pesados sigamos siendo pesados.

Todos sabemos, en Bilbao, en el resto del País Vasco y creo que incluso en el resto de España, cuál es la cuestión de fondo. La cuestión de la que nos ocupamos ahora comienza cuando el Ayuntamiento de Bilbao -gobernado por PNV y PSE- decide contratar a C. Tangana para que actúe en las fiestas. Unos días antes de que den comienzo, el mismo ayuntamiento decide suspender el concierto después de que unos miles de personas en Change, además de EH Bildu y Elkarrekin Podemos, pidieran su cancelación. Si el Ayuntamiento de Bilbao no hubiera contratado a C. Tangana en un primer momento no habría pasado nada. Cada año hay cientos de artistas a los que el Ayuntamiento no contrata. Pero la cuestión es que el Ayuntamiento decidió suspender el concierto tras las presiones de Elkarrekin Podemos, EH Bildu y varios miles de personas en Change. El alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, ha intentado explicar por qué lo hizo, y también ha intentado explicar que lo que hizo el Ayuntamiento no fue censura: “Nosotros lo que queremos es que en Aste Nagusia los valores estén presentes”, y  “con dinero público no se puede apostar por ese tipo de música”, recogían hoy en Deia.

Al parecer, el resto de actos que forman parte de la Aste Nagusia, los valores presentes en esos actos, sí cuentan con el aval del alcalde y del Ayuntamiento de Bilbao. Las comparsas que año tras año decoran sus instalaciones con homenajes a los presos de ETA, los actos de solidaridad con los familiares de presos de ETA, los carteles que piden la amnistía de los presos de ETA, las pintadas de “Kaña a España” y las banderas de España tachadas en el recinto festivo, el homenaje a las txupineras con la presencia de Arantza Garbayo, nombrada txupinera en 1999 mientras cumplía condena por su actividad en un comando de ETA, y tantos otros actos que se llevarán a cabo durante esos días y de los que no tenemos noticia. Todo eso sí transmite, al parecer, los valores que el alcalde de Bilbao considera sanos.

Se podrá decir que no es el mismo caso. Que los actos que se acaban de mencionar son responsabilidad de las comparsas, no del Ayuntamiento. Bien, hay parte de razón en eso. Aunque también es verdad que sin el aval del Ayuntamiento las comparsas no se habrían convertido en los principales agentes de las fiestas de Bilbao. Es decir, no es el Ayuntamiento el que coloca casetas con fotos de miembros de ETA ni el que organiza homenajes a los familiares, pero sí el que permite que esas comparsas puedan seguir organizando las fiestas de Bilbao año tras año, y el que tolera que todo eso esté presente en el recinto festivo, que forme parte del ambiente festivo y, en fin, que transmita los valores que transmite.

Pero vamos a lo que sí es responsabilidad del Ayuntamiento de Bilbao, a lo que financia el Ayuntamiento de Bilbao. El año pasado el Ayuntamiento decidió contratar a Gatibu para el primer concierto. Creo que nunca he escuchado una canción de Gatibu. Pero sí me suena que son habituales de las fiestas, un grupo con bastante éxito en el País Vasco. Y como cuando el Ayuntamiento de Bilbao contrata a un grupo o a un cantante para las fiestas lo hace a conciencia, y como los grupos y cantantes que actúan en las fiestas de Bilbao, salvo C. Tangana, sí hacen que “los valores estén presentes”, pues me ha parecido oportuno ver quiénes forman parte de Gatibu y qué música hacen.

El cantante de la banda es Alex Sardui. No he escuchado nunca una canción del grupo y desde luego no me sonaba el nombre. Pero Alex Sardui es apoderado de las Juntas Generales de Bizkaia desde 2016. Por EH Bildu.

Es decir, el cantante de Gatibu, que sí transmite los valores que el alcalde de Bilbao considera decentes y representativos de la Aste Nagusia, es miembro de EH Bildu. Ahora es cuando me pondría a explicar de nuevo qué es EH Bildu, qué defiende EH Bildu o en qué actos ha participado EH Bildu, pero sería la enésima vez, y hasta los pesados tenemos límites. Así que daré por supuesto que quien está leyendo esto es consciente de todo lo que representa EH Bildu.
Alex Sardui, además de juntero de la coalición abertzale y de líder de Gatibu, también apareció en 2017 en un conocido programa de la ETB1. Conocido por la polémica que se formó tras una de sus emisiones. El programa era Euskalduna naiz, eta zu?, que se podría traducir como Soy vasco, ¿y tú? El caso es que se podría traducir así pero también de otra manera: Soy vascoparlante, ¿y tú?
Se podría traducir de esas dos maneras porque en el País Vasco “euskaldun” significa tanto “vasco” como “persona que habla -tiene, literalmente- euskera”, y claro, esto es otra cuestión que ayuda a entender la cuestión de fondo. Pero no es el momento de entrar en esa cuestión.

El programa contó con seis episodios: Pareja, Dinero, Escuela, Sexo, el de la polémica y Familia. El programa tenía un enfoque humorístico y en él aparecían varias personas ilustres del País Vasco para bromear sobre los tópicos de los vascos en torno a esas cuestiones. La cuestión en el quinto programa, el de la polémica, era Espainiarrak. Es decir, Españoles. Ahora podría resumir en qué consistió el episodio, creo que de una hora, y la polémica. Pero esto ya está quedando demasiado largo y la cuestión se está alejando demasiado. Quien no conozca la polémica, que fue bastante interesante, puede usar Google.

 

El episodio comenzaba preguntándose cómo eran los españoles. “Normalmente a un vasco le vienen a la cabeza estos cuatro prototipos”. Esos prototipos eran Facha, Paleto, Choni y Progre (“muy leído y culto, pero que sin embargo vota al PSOE”). Más adelante se preguntaban qué les viene a la cabeza a los vascos cuando escuchan la palabra “España”. Uno de los que contestan es el periodista y escritor Fermin Etxegoien: “Trauma… Es traumático, la idea de España para nosotros es traumática”. El programa era un ejercicio de humor, un acercamiento jocoso a los tópicos de los vascos, dijeron los participantes tras la polémica. El periodista y escritor dice que la idea de España es traumática “para nosotros” con tono y rostro serios, bastante convencido de lo que dice. Pero ya se sabe que los vascos, “nosotros”, somos serios hasta cuando bromeamos.

Después de más comentarios jocosos aparece Alex Sardui, de quien es probable que nadie que esté leyendo esto se acuerde ya. El líder de Gatibu, hombre, el grupo que tocó en la Aste Nagusia del año pasado. Estábamos hablando de lo de C. Tangana, los valores y todo eso. A Alex Sardui le preguntan qué son para él los españoles, qué imagen tiene de ellos: “Los españoles se hacen amigos tuyos enseguida. Joder, te quiero y la hostia. ¿Pero qué dices? Hala cállate, tira, tira”.
Los participantes dijeron que los españoles no entendieron la polémica, que la reacción fue exagerada y que la intención no había sido propagar el odio a los españoles, sino sólo bromear con los tópicos. Y es probable que eso fuera cierto en los otros cinco episodios, y que no sea para tanto, y que cómo nos gusta exagerar con estas cosas. Pero resulta que en el País Vasco durante muchos años, y hasta hace poco, se asesinaba precisamente a personas que formaban parte de la España opresora. Todos esos tópicos sobre los que bromeaban con o sin semblante serio en el programa de la televisión pública vasca, que los españoles son fachas, que la idea de España es traumática, que la idea de España es opresión, que son todos un poco catetos y atrasados, son los que formaban parte de la educación de la gente que integraba los escuadrones de asesinos de ETA. Y resulta que Alex Sardui, el cantante de Gatibu, participó en ese programa con sus comentarios jocosos sobre los españoles, esos otros que viven entre nosotros, y además participa en política con EH Bildu, coalición que acoge a varias personas condenadas por formar parte de ETA y cuyo coordinador general, Arnaldo Otegi, también formó parte de ETA.


Pero la polémica a la que nos referíamos, la de C. Tangana, había surgido por sus letras. Y se podrá decir que el Ayuntamiento de Bilbao no debe entrar en las actividades extramusicales del cantante de Gatibu. Es un poco extraño, porque esto significa que las letras de un músico, que normalmente no son declaraciones políticas sino ficciones con o sin carga autobiográfica, muestran sin asomo de duda cuáles son los valores de ese músico. Al contrario de lo que pasa con las declaraciones o con las actividades políticas de un músico. Pero en fin, aceptemos la objeción.
¿Qué dicen las letras de Gatibu? Decía antes que no había escuchado ninguna canción del grupo, así que he ido a su web y la tercera o cuarta canción que he encontrado es Ihes (Huir). La letra de la canción está traducida en su web y dice esto:

 

¿A quién se refiere esa letra? ¿Quiénes son los huidos que se han pasado la vida sufriendo y que aman a su pueblo, a los que los de Gatibu dan las gracias por ser como son? Pues a saber, oiga.

La letra aparece en la web musikazblai.com | Toda la música del Estado, que pretende ser una enciclopedia con los artistas y las letras de Cataluña, País Vasco y Galicia. Uno de los comentarios a la canción Ihes de Gatibu finaliza así: GORA IHESLARIAK ETA GORA EUSKAL PRESOAK!!! REDIOX!!!! Pero eh, no nos pasemos. No podemos saber a qué huidos (“iheslariak”, de “ihes egin”, “huir”) se refiere Gatibu en su canción.
Por otra parte, y sin que tenga nada que ver, Gatibu fue uno de los grupos que tocaron en el Hatortxu Rock de hace dos años, que celebraba las 20 ediciones del festival. Hatortxu Rock es un festival especial, distinto al FIB, al Sonorama e incluso al BBK Live. Hatortxu Rock es un festival que nace con el objetivo de denunciar la situación que viven “los presos políticos vascos, los refugiados (iheslariak) y los deportados”, y que trabaja para que todos ellos estén en casa “vivos y libres”. También se refiere como “conflicto armado” a las décadas en las que quienes formaban parte de ETA decidieron que el asesinato y la intimidación eran herramientas políticas legítimas.

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Lo dicho, quién sabe. El caso es que el alcalde de Bilbao intentaba explicar estos días que suspendió el concierto de C. Tangana porque no querían que ese músico formara parte de la Aste Nagusia. Por los valores, los efectos en la sociedad, las líneas rojas, la ejemplaridad, etc. Desde el año 2015, en el que Juan Mari Aburto toma posesión como alcalde de Bilbao, estos grupos han formado parte de los valores de la Aste Nagusia, por los que el Ayuntamiento sí puede apostar: Gatibu, Ken Zazpi, Zea Mays, Esne Beltza, Su Ta Gar. Algunos son más conocidos, otros menos. Bien, pues todos esos grupos participaron también en Hatortxu Rock, el festival que llama “conflicto armado” a las décadas de terror de ETA, que considera presos políticos a los presos de ETA y que trabaja para que todos los presos de ETA puedan estar cuanto antes en casa, vivos y libres.
Qué cosas.

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Pero a ver, pesado, se preguntará un sagaz lector, ¿qué es lo que quieres? ¿Que el Ayuntamiento de Bilbao haga con esos grupos lo mismo que con C. Tangana?

No, hombre. Ésa no es la cuestión. La cuestión es que todo esto forma parte de lo mismo de siempre, y que siempre estamos con la misma cuestión. Con las indignaciones selectivas y con los valores extraños. La cuestión es que la cultura vasca, las fiestas vascas, los nacionalistas moderados vascos y la televisión pública vasca son los que hacen que éste sea el estado de la cuestión, los que han ido dando forma al relato, y los responsables de que en las fiestas de Bilbao un músico como C. Tangana dispare las alarmas sociales por sus letras mientras actúan grupos que consideran presos políticos a los etarras, mientras las fotos de los etarras inundan el recinto festivo y mientras la mayoría sujeta firmemente su katxi no vaya a ser que se lo tiren al cantar Badator Marijaia, la canción oficial de la Aste Nagusia, compuesta por el mundialmente conocido Kepa Junkera. Que, evidentemente, también, también participó en el festival por los “presos políticos vascos”. Al igual que los también conocidos y por todos apreciados Benito Lertxundi y Ruper Ordorika, hecho que desconocía hasta que me he puesto a escribir esto, y en fin, yo qué sé, ¿queda algún alto representante de la música vasca que no haya participado en ese evento, alguien que diga, joder, con ésos ni a heredar, cómo voy a ir con unos que llaman presos políticos a los etarras? 

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La cuestión es que de los dirigentes de una sociedad en la que homenajear a los miembros de una banda terrorista se ve como algo normal uno esperaría que al menos tuvieran la decencia de no dar lecciones de moral, que al menos sintieran la suficiente vergüenza como para no velar por la salud moral de sus representados ante el peligro que para la misma supone un C. Tangana.

La cuestión es que en el último cartel, el de la presentación del festival, en el que se recoge la participación de Benito Lertxundi y de Ruper Ordorika, aparece también el organizador, Hatortxu Rock, en la columna del medio; y por debajo del organizador aparece el patrocinador, el diario Naiz; y por debajo del patrocinador aparecen dos frases, dos campañas: Free Them All, liberarlos a todos, y Denon Artean, entre todos.

Y así, denon artean, es como se ha conseguido que no podamos dejar de hablar de todo esto y que hablar de esto no tenga ningún efecto.

La importancia de un cordelito

El otro día pasé frente al Ayuntamiento de Bilbao y volví a fijarme en algo que me pareció extraño. El Ayuntamiento de Bilbao muestra siempre dos banderas: la española y la ikurriña. Lo extraño es el comportamiento de cada una de ellas cuando hay viento. La ikurriña se comporta de manera esperada. Cuando hay viento se extiende totalmente. La española, en cambio, parece que se resiste.

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Hace un tiempo paseábamos por allí y se lo comenté a dos personas. Sí parecía que una de ellas se levantaba menos, pero la explicación que se me ocurría fue descartada.

Finalmente, el sábado pude comprobar que la ridícula explicación coincidía con el hecho.
La bandera española no se extiende como la ikurriña porque uno de los extremos está sujeto al asta mediante un cordel.

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La historia no tiene mucho recorrido. No es algo que dé lugar a preguntas en un pleno, no es una cuestión de vital importancia.
Pero es evidente que alguien en el Ayuntamiento de Bilbao ha considerado el vuelo de la bandera española tan importante como para sujetar el paño al asta mediante un cordelito. Alguien debió de llegar en su día con esa preocupación en la cabeza, y con un plan para solucionarlo. Alguien debió de escucharlo y dar el visto bueno. Y alguien debió de subirse al tejado del Ayuntamiento con el cordelito de marras.

Podría haberse quedado en la ocurrencia de un fanático obsesionado con sus símbolos. “No empieces, Uriarte -o Jáuregi, Agirre, tal vez Martínez-, déjate de chorradas y vamos a lo importante”. Pero no. Se consideró como algo que había que considerar, y se tomaron medidas.

Y ahí está el cordelito. Y ahí seguirá, porque, hombre, es un cordelito, no hay que darle importancia.

“Los queremos en casa”

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Los quieren en casa, literalmente.
Quieren en sus casas, en la calle, a gente como Txapote, Bienzobas y tantos otros. A los más de 300 miembros de ETA que cumplen condenas por haber participado en alguna de las actividades que cometió la banda terrorista.
A ellos se refieren cuando hablan de “presos vascos”, del mismo modo que quieren decir “amnistía” cuando hablan de “derechos humanos”.

Los organizadores de la manifestación que el sábado pasado recorrió Bilbao creen que todos ellos son víctimas de una guerra que se libró en el País Vasco desde, al menos, 1936. Por eso pretenden que queden en libertad. Porque no reconocen que todos ellos hayan cometido actos de terrorismo, sino que los consideran luchadores en una guerra que debe terminar ya.
Y para que termine definitivamente, para que pueda haber “paz en Euskal Herria”, sería necesario que todos esos terroristas fueran excarcelados.

Eso es lo que persiguen los organizadores de la manifestación del sábado pasado. Y no hay que buscar en oscuros informes para darse cuenta de ello.

El 13 de enero de 2017, justo un año antes de que se celebrase la manifestación, Joseba Azkarraga y Xabin Juaristi lo dejaban muy claro en una entrevista en Gara:

Los derechos humanos son la clave de bóveda del trabajo de Sare, pero más allá de cambiar la política carcelaria hay expertos como Iñigo Iruin que insisten en el problema de fondo de la legislación de excepción. El camino es muy largo aún…

J.A: No nos desanima. Sabíamos que era un camino difícil. Iruin tiene razón; para empezar, con una legislación ordinaria la mitad de los presos estaría ya en la calle. Hay que cambiar esa legislación y hay quienes esto lo plantean legítimamente desde la exigencia de la amnistía. Persiguiendo los mismos objetivos, que son vaciar las cárceles, creemos que hay que llegar hasta ahí con el apoyo de la mayoría de la sociedad, y en eso estamos.

X.J: Yo procedo de la lucha por la amnistía y hace años que esta es una cuestión estrátegica, no conceptual. Estratégicamente la amnistía es la superación del conflicto que padece este pueblo, y en eso está Sare, en superar sus consecuencias. Junto a los derechos humanos, tenemos una hoja de ruta por la resolución y la paz. El lema de la marcha es claro: Derechos humanos, resolución, paz. Tendemos a pensar que son cosas que van seguidas, pero no, están unidas, las une el Estado al usar los derechos humanos contra la resolución. Cuanto más avancemos en la resolución, más lograremos también el respeto a los derechos de los presos.

No piden el acercamiento. Ni ellos ni quienes dieron su apoyo a la manifestación. Piden, en nombre de los derechos humanos, que los miserables que durante años hicieron del asesinato una práctica política puedan evadir sus condenas.

Es comprensible que algunos, que llevan menos tiempo en el estercolero, sientan la necesidad de engañarse o de engañar a los demás. Pero lo que defienden es justamente esto. Y hay que repetírselo cada vez que pretendan hacer pasar su miseria moral por otra cosa.

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El sábado, la organización Sare publicó un listado con los bares que apoyaban la manifestación. Hablé con el dueño de uno de esos bares para saber en qué consistía el apoyo. Hubo resistencia al principio, porque reconocer que se está apoyando a una organización que pide la excarcelación de etarras es duro, salvo que formes parte del entorno. El dueño de ese local no forma parte del entorno. “Pero hay que vivir”, dijo un par de veces.
Para poder seguir viviendo con tranquilidad, colocó una pegatina de Sare en el establecimiento. Y realizó “una aportación económica” al movimiento.

“Esto ha pasado siempre, es la mafia”.

“Esto” es que aparece un tipo, conocido por todos los bares de la zona, con un sobre. En el sobre hay unas pegatinas. Una es de Sare, que el dueño coloca. Y la otra es de Sortu. “Este movimiento no está formado exclusivamente por la izquierda abertzale”, repetían los días previos.
Ese mismo tipo, imagino, recogería otro sobre con la aportación económica. No entró en tantos detalles.

Pero ahí fue el dinero de ese local y el de otros 100 bares y cafeterías de Bilbao.
A quienes trabajan para que Txapote, Bienzobas y todos los asesinos de ETA que aún cumplen condena puedan salir de la cárcel cuanto antes.

Y los que lo saben seguirán entrando en esos bares, y los que tienen tribunas seguirán hablando de cualquier cosa menos de la cobardía que ha definido siempre a esta sociedad.

Son sólo fiestas

 

Hoy publican en El Correo una noticia sobre las fiestas de Bilbao de 2013. Aquel año, las ‘konparsas’ eligieron como ‘txupinera’ a Jone Artola. Las comparsas son las agrupaciones político-festivas que se encargan de dinamizar las fiestas. Todos los años montan las ‘txoznas’, que son como las casetas de la Feria de Abril pero con adornos políticos*. Funcionan como un bar para los que no son de la comparsa, y como un pequeño club para los propios. La txupinera es una mujer perteneciente a alguna comparsa que se encarga de lanzar el ‘txupin’, el cohete que da inicio a las fiestas. Y Jone Artola, sin comillas, fue candidata de Euskal Herritarrok en 1999 y 2.000, y de Acción Nacionalista Vasca en 2007. Ambas organizaciones fueron ilegalizadas por ser parte de la estrategia para que el brazo político de ETA siguiera en las instituciones. Además de eso, Artola fue durante varios años portavoz de Etxerat, la organización de familiares y amigos de presos de ETA. También es fundadora de la comparsa Txori Barrote, una de las dos comparsas suspendidas en 2008 por exhibir fotos de etarras. Los responsables de esas organizaciones fueron absueltos por la Audiencia Nacional, puesto que exhibir fotos de miembros de ETA encarcelados no supone enaltecimiento del terrorismo.

Hecha la introducción, vamos a la noticia. Lo que publica hoy El Correo es que el magistrado del Juzgado Contencioso- Administrativo Número Uno de Bilbao ha dado la razón al delegado del Gobierno, Carlos Urquijo, que fue quien pidió la suspensión del nombramiento de Artola como txupinera en la Semana Grande de 2013, porque podía suponer una ofensa a las víctimas del terrorismo.

No tengo claro que la ofensa sea suficiente para llevar a cabo este tipo de suspensiones, pero no es eso lo que más me interesa. El caso es que este tipo de polémicas no son ya habituales, sino esenciales en el desarrollo de la Semana Grande de Bilbao. Estas fiestas no son en parte políticas. Son principalmente políticas. Y con “políticas” me refiero a que son una manifestación más de las actividades de la izquierda abertzale. Quien participa en ellas, como comparsero o simplemente como cliente, lo sabe. Que en 2013 una candidata de Euskal Herritarrok y de ANV fuera nombrada txupinera no fue algo anómalo. Por eso es hasta cierto punto inútil que las instituciones intenten evitar estas manifestaciones. No son desviaciones aisladas, no son politizaciones de las fiestas populares. Es sencillamente lo que mejor representa la Aste Nagusia.

El de Jone Artola ni siquiera es el caso más grave. En 1999, las comparsas eligieron como txupinera a Arantza Garbayo, de ‘Pa… Ya’. Esta comparsa tiene en su página web una sección llama “Presoak“, en la que aparecen cuatro presos de ETA. Entre ellos, la propia Arantza Garbayo. La txupinera de 1999 fue condenada en 1996 por colaboración con el ‘comando Vizcaya’, y en 1998 por haber planeado en el ‘comando Galicia’ un intento de asesinato contra Manuel Fraga. Por eso no pudo dar inicio a las fiestas; se encontraba en la cárcel.

Éstas son las fiestas populares de Bilbao. Las de las comidas de homenaje a los presos, las de las fotos de Harriet Iragi e Igor Solana, las de las comparsas proetarras. No hay otras. No hay una oscura “sección proetarra” dentro de las fiestas. Son lo que son, nadie lo esconde. Y somos lo que somos cuando participamos en ellas.

* Hay muchas más diferencias, como apunta Plaza en los comentarios.

(La foto está tomada de esta noticia publicada en La Razón)

Durante las fiestas de 2014 publiqué esto en el blog, una visión algo más general. Y menos de un mes después, ETA normalizada en las fiestas de Galdácano.

* * *

Iraia Iturregi, capitana del equipo femenino del Athletic de Bilbao, acompañó como pregonera a Jone Artola en las fiestas de 2013.
La normalidad.

Politizar las fiestas

aste nagusia comparsas

 (Para una experiencia más completa, se aconseja leer después la Guía visual de la politización.)

El sábado pasado comenzaron las fiestas de Bilbao, conocidas como Aste Nagusia. Unas fiestas esencialmente políticas. El martes, en el programa de actividades, encontrábamos la “Hora de los gestos de solidaridad” (Elkartasun Keinuak) y un “Homenaje a las familiares”. Ambos actos los organizaba la ‘konparsa’ Txori Barrote, así que no es muy difícil adivinar a qué familiares se referían. Para los que no tienen el gusto, Txori Barrote es la comparsa de familiares y amigos de los presos de ETA. Sigue leyendo