El estornudo moral

Un periodista conocido difunde un bulo. El bulo parte de lo de siempre, imagino: una mezcla de comprensión defectuosa, precipitación y mala fe. El bulo es desmentido. No es éste un caso difícil. La propia imagen que da inicio al bulo explica claramente que lo que se dice que es, no es.
El periodista borra el bulo. Otro periodista que también había compartido el bulo se empeña en defender lo que no existe.
Un espectáculo habitual.

Nosotros, los lectores (es decir: yo, que escribo esto) creemos que jamás nos comportaríamos así. Si alguna vez difundiéramos un bulo y alguien nos señalara el error, la vergüenza nos llevaría a una cueva.
La cuestión es que quien nos llevaría a la cueva sería la vergüenza, y la vergüenza no es la recta razón, ni el deber moral, si es que son distintos. La vergüenza es una afección. La tenemos desde pequeños, en distintos grados, y también se dispara por distintos motivos. Unas personas estornudan debido al barniz, otras por la pimienta, algunas por el polvo, e imagino que habrá quien estornuda por todo. Pero no educamos los estornudos. Y creo que tampoco educamos la vergüenza. Seguramente estoy equivocado, porque hoy me he levantado especulativo y acientífico, pero diría que somos esclavos de nuestras vergüenzas, y también diría (es decir: digo) que es más llevadero pensar que hacemos las cosas que no podemos evitar hacer porque queremos hacerlas. Es más llevadero pensar que la recta razón modula la vergüenza. Que el hecho de conocer cuáles son las causas por las que hacemos lo que hacemos nos hace más libres, y que en cierto sentido hay una parte de autoeducación en el carácter.

Pero hoy, llevado por algo que, sospecho, no es la recta razón, me ha dado por pensar que lo que impediría que nos comportásemos como quienes mencionaba al principio no es más que una lotería.
Y si esto fuera así, ya sabemos dónde quedaría el juicio moral. El que hacemos a los demás y el que nos hacemos a nosotros mismos.

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Mentir en portada

Decir de lo que no es que es, o decir de lo que es que no es.
Decir algo que no coincide con el hecho al que se refiere.
Es decir, decir mal, y decir conscientemente mal.

Hoy Deia dice en una noticia que tres ex cargos del PP -María San Gil, Jaime Mayor Oreja y Alberto Ruiz-Gallardón- han firmado un manifiesto de la Fundación Franco.
Lo dicen hasta seis veces a lo largo de la noticia. Mienten hasta seis veces a lo largo de la noticia. Y no sólo mienten sino que llevan la mentira a la portada, algo de lo que me han avisado cuanto terminaba de escribir esto. Y en la portada añaden un extra: San Gil y Mayor Oreja apoyan a la Fundación Franco.

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Bastaría que lo hubieran dicho sólo una vez. El manifiesto que firman los tres ex cargos del PP no es de la Fundación Franco. El manifiesto se presentó en marzo en un evento organizado por la Fundación Villacisneros y Valores y Sociedad, y el responsable del manifiesto es Jesús Palacios, de la Sociedad de Estudios Contemporáneos Kosmos-Polis.
La Fundación Franco lo compartió recientemente en su web, y eso ha servido para que el diario Deia publique que tres ex cargos del PP han firmado un manifiesto de la Fundación Franco. Lo que a su vez sirve para que el diario Deia pueda decir una vez más, esta vez sin rodeos y sin adjetivos, que el PP está ligado a Franco. Y lo que a su vez sirve para que sus fieles y críticos lectores puedan reafirmar la idea de que el PP apenas se tiene en pie en el País Vasco por esos vínculos, y no por las campañas de acoso, amenazas y asesinatos no demasiado lejanas.

El diario Deia ha dicho hoy seis veces algo que es falso. Ha dicho que un manifiesto firmado por Escohotado, Payne, Trapiello, Ovejero, Leguina, Juaristi, Teo Uriarte, Francisco Vázquez o Albiac es un manifiesto redactado por la Fundación Franco.


El diario Deia lo ha dicho seis veces en una noticia, y en ese entusiasmo está solo.
Pero ha habido más medios que han dicho de lo que no es que es. Eldiario.es, La Razón o El Huffington Post entre otros.

Es agotador tener que estar comprobando continuamente que los periódicos hacen el trabajo que se espera de ellos antes de publicar una noticia. La semana pasada un número enorme de medios compartió una imagen que no se correspondía con una noticia, y que hacía pensar que lo que había pasado era distinto a lo que había pasado.
Hoy al menos cuatro medios, uno de ellos con especial empeño, dicen que varios intelectuales y políticos firman un manifiesto de la Fundación Franco. Y al hacerlo, mienten.
A no ser que publiquen una noticia sin comprobar si lo que dicen concuerda con el hecho.

No se aplican los filtros más elementales. No hay mecanismos que premien la buena labor y que penalicen la incompetencia o la mentira en el periodismo.

Es agotador, y creo que decirlo no sirve para nada.

¿Qué es un bulo?

En el principio debe estar la definición.
Un bulo, según algunas escuelas posmodernas, sería aquello que se establece y se reconoce como bulo. Solamente.

El sábado pasado, 25 de agosto, una mujer paseaba por Barcelona junto a su marido y sus hijos. Al parecer, los hijos se divertían quitando lazos amarillos. Al parecer, un hombre que también paseaba se dirigió a los hijos de la pareja de malas maneras para recriminarles por quitar los lazos y dejarlos en el suelo. Y al parecer, el hombre no se conformó con reñir a los niños sino que golpeó a la mujer en la cara.
Horas después, Periodista Digital e imagino que no pocas cuentas de Twitter compartían una foto falsa de la mujer agredida. Periodista Digital publicaba también, para sorpresa de nadie, una noticia sobre la agresión en la que incluían la foto falsa, que al parecer era de una luchadora americana después de un combate.

El mismo sábado 25 de agosto la mayoría de los medios de comunicación publicaban que varias personas habían sido retenidas y denunciadas por la Policía Local de L’Ametlla de Mar por pintar sobre un lazo amarillo. El lazo estaba colocado en un monumento de la localidad, y el alcalde de la localidad, Jordi Gaseni, afirmaba a un medio de comunicación que “una persona con proyección pública debería dar más ejemplo y no hacer actos vandálicos contra el mobiliario urbano“.

La pregunta que imagino cualquier lector serio se hizo al leer la noticia es si un lazo amarillo podía considerarse, como decía el alcalde de la localidad, “mobiliario urbano”. Antes de poder esbozar una respuesta comenzó a circular una imagen en Twitter. En la imagen se veía el monumento y el lazo pintado de rojo. También se veía una bandera de España pintada en la base del monumento, y por lo tanto en el monumento.

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Periodista Digital, Noticias de Navarra, El Nacional, eldiario.es, El Plural, ara.cat, El Independiente, El Español, la Cope, Noticias Cuatro, Huffington Post. Ésos son algunos de los medios que añadieron la imagen del muro pintado a la noticia del día 25.

Como ya sabemos, porque lo recogían todos los medios y el alcalde de la localidad, una de las personas del grupo al que retuvieron y denunciaron el día 25 era el periodista Arcadi Espada. Como ya sabíamos desde el principio, porque lo recogían todos los medios, el grupo fue retenido y denunciado por pintar un lazo amarillo. ¿Por qué no se decía en las noticias que también pintaron la base del monumento en el que estaba colocado el lazo, algo que cuadraba mejor con la afirmación del alcalde sobre los actos vandálicos contra el mobiliario urbano y con la imagen que incluían en la noticia?
Sencillamente, porque la imagen que todos esos medios incluyeron en la noticia sobre los hechos del día 25 era una imagen de otros hechos que ocurrieron dos días antes. Esa imagen aparecía en otra denuncia tuitera que el mismo alcalde publicó el día 23, y en la de un grupo juvenil con el nombre de “Jovent Ametlla de Mar”.
Algunos de los medios que publicaron la noticia con la imagen (¿falsa?, ¿errónea?, ¿sin contrastar?) aclararon en la misma noticia que la imagen no se correspondía con la noticia, sino que formaba parte de unos hechos distintos, y que la habían publicado por error. Es el caso de eldiario.es.
Otros medios acompañaban -aún acompañan- la imagen con un texto en el que hacían decir al alcalde que las personas retenidas y denunciadas el día 25 “son responsables de haber pintado con los colores de la bandera de España el monumento de la rotonda”, a pesar de que el alcalde nunca dijo eso, y a pesar de que no eran responsables de eso. Es el caso del Huffington Post.
Además de medios de comunicación que no son Periodista Digital, un partido político también se refirió a los hechos en términos parecidos. El partido fue Podemos. El día 25 a las 19:50, cuando ya no podía haber dudas respecto a la correspondencia entre la imagen triunfante y los hechos, Podemos publicaba un tweet que comenzaba así: “Arcadi Espada es noticia por haber pintado una escultura pública”.

Es probable que algunos de los medios que publicaron la imagen que no se correspondía con la noticia lo hicieran no por un afán de presentar un relato falso, sino por incompetencia. Es indudable que Podemos, para sorpresa de nadie, mintió cuando publicó ese tweet, porque a esas horas ya estaba claro qué pasaba con esa foto.

Bien, las dos noticias, la de la agresión en Barcelona y la de la retención y denuncia a un grupo de personas por pintar un lazo, se publicaron el día 25. Los dos hechos dieron lugar a informaciones falsas a partir de imágenes que no se correspondían con los hechos. En el caso de la agresión, el único medio (o el único del que tengo constancia) que compartió la información falsa, una foto de una persona que no era la agredida, fue Periodista Digital. En el caso de la pintada del día 23/25 fueron Periodista Digital, que repite, Noticias de Navarra, El Nacional, eldiario.es, El Plural, ara.cat, El Independiente, El Español, la Cope, Noticias Cuatro y Huffington Post entre otros. Y también el partido político Podemos, que en la actualidad representa a más de cinco millones de españoles. Como lógica consecuencia, eso supuso que no pocas personas compartieran esa misma foto como prueba de que el alcalde tenía razón, y de que el periodista y el resto del grupo habían cometido un acto vandálico contra un monumento.

En España hay desde hace años un proyecto periodístico independiente que tiene un objetivo loable: echar una mano para que los ciudadanos podamos “distinguir entre lo que es verdad y lo que es mentira”. Ese proyecto periodístico es Maldito Bulo, y ha recibido varios premios internacionales por su labor periodística. El proyecto es digno de elogio, y en su web y en sus redes sociales alertan habitualmente sobre los bulos más importantes, o los más extendidos, o los más peligrosos. Es imposible llegar a todos.
Ese proyecto periodístico estableció como lo que es, un bulo, una foto falsa sobre la mujer agredida en Barcelona. No la que compartió Periodista Digital, sino otra que compartió una periodista llamada Yolanda Couceiro.
No dijo nada sobre la fotografía que compartieron medios como El Nacional, la Cope, Noticias Cuatro o el Huffington Post, y que permitieron que el partido político Podemos publicase un tweet en el que denunciaba falsamente que un periodista había pintado una escultura pública.

Imagino que en los proyectos de ese tipo hay y tiene que haber criterios bien definidos. Es imposible llegar a todo, así que no pueden recoger todos los bulos que circulan por las redes. Imagino que los criterios pueden incluir el número de veces que se comparte el bulo, la duración de ese bulo, la presencia en los medios de prestigio, la peligrosidad de ese bulo o la influencia de quienes han compartido ese bulo. Pueden ser algunos de esos, pueden ser todos esos y pueden ser otros que no sean esos los que utilicen a la hora de decidir sobre cuáles se alerta.

El caso es que ese proyecto periodístico no alertó sobre la imagen falsa que se estaba incluyendo en las noticias sobre el grupo al que la policía local de L’Ametlla de Mar retuvo y denunció por haber pintado una línea roja en un lazo amarillo, y el caso es que ayer mismo Telecinco incluía la imagen que no correspondía a esos hechos en la entrevista que le hacían al conocido periodista que formaba parte de ese grupo.

El caso, también, es que ese proyecto periodístico decidió que sí merecía la pena alertar de que una entrevista a Penélope Cruz incluida en una sección de entrevistas imaginarias era una entrevista imaginaria, y por lo tanto, imagino que sorprendentemente, nada de lo que se decía en esa entrevista era real.

Y el caso, para terminar, es que el hecho de que tantos medios de comunicación hayan compartido la foto con el muro pintado junto a la noticia del día 25 permite que las palabras del alcalde sobre los “actos vandálicos contra el mobiliario urbano” ya no suenen tan extrañas, y permite que la mentira de un partido político como Podemos se apoye en una base imaginaria compartida.

El caso, en fin, es que un bulo es solamente aquello que queda establecido como bulo.
Así que los posmodernos no sólo no mentían sino que decían la verdad. En un sorprendente giro de los acontecimientos.

Hoax

 

Hace unos diez años estuve trabajando en una pequeña oficina. Éramos cinco personas, y un día una de ellas compartió -ya había Twitter antes de Twitter- una noticia bastante extraña. Al parecer, en las escuelas de Estados Unidos se enseñaba que el Amazonas iba a convertirse en una reserva bajo control yankee porque se hallaba en América del Sur, una región dominada por países crueles y extraños. En un libro de texto -‘Introducción a la Geografía’, de David Norman- se explicaba cómo y por qué el G-23 había encomendado a Estados Unidos esa misión.

No recuerdo cómo nos presentó la noticia. Seguramente lo hizo desde el correo electrónico que circulaba esos días. Se produjeron los comentarios que cabía esperar, hubo gran indignación y después de unas horas cada uno se fue a su casa. Yo no dije nada.
Como la noticia me había parecido increíble, no creí que fuera cierta. Así que busqué en internet y descubrí que era un “hoax”, palabra que jamás había oído pero que sonaba mejor que “bulo”. Se trataba de un correo que se había hecho viral -creo que aún no existía el concepto-, que estaba plagado de errores y que, desde luego, aludía a una noticia y a un libro inexistentes.

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Al día siguiente comenté el hallazgo en la oficina. Creo que no hizo mella.

Los años de Facebook fueron una amplificación de ese episodio. Los bulos más chapuceros eran aceptados sin ningún tipo de filtro.

Heineken patrocinaba peleas de perros en Mongolia. (Hubo hasta una petición en change.org)

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La imagen valía más que las palabras contenidas en el comunicado que emitió la empresa.

Bush leía un libro al revés. También desmontada.

Pallywood, que no fue episodio sino género.

Y una sofisticación: ‘La indiferencia de Occidente‘. Aquí Espada blandió el apellido. El autor de la foto recibió varios premios, y Espada la bronca del Consell de la Información de Catalunya por incumplir varios artículos del código deontológico de la profesión. Entre ellos el Artículo 1, que pide Observar siempre una clara distinción entre los hechos y las opiniones o interpretaciones, evitando toda confusión o distorsión deliberada entre ambas cosas (…)

* * *

Sobre esto he escrito hoy en el artículo de The Objective.