Otegi disfrazado de Baltasar

Ayer mientras volvía del trabajo tuve un flashback como de Elseworlds. Un What If? de los de Marvel ambientado en España. Vi a Arnaldo Otegi disfrazado de Baltasar, la cara pintada de negro, en las fiestas de Elgoibar, en los años 80. Me pregunté, como Uatu, qué habría pasado si alguien le hubiera sacado una foto disfrazado de Baltasar, qué habría dicho El País si esa foto hubiera salido a la luz hace unos días, como ha ocurrido con la foto de Justin Trudeau.

Me lo preguntaba a lo tonto, porque probablemente no habría pasado nada. Pero por unos segundos fue reconfortante imaginar la indignación unánime, las peticiones de dimisión, los yo acuso y los argumentos morales aplicados a alguien como Arnaldo Otegi. Por unos segundos imaginé que algo en el pasado de Arnaldo Otegi hubiera significado el final de la carrera política de alguien como Arnaldo Otegi.

La carrera política de Arnaldo Otegi comenzó poco después de la carrera terrorista de Arnaldo Otegi. En realidad no es fácil saber cuándo empieza una y cuándo termina la otra, porque la carrera política de Arnaldo Otegi se desarrolla en los diferentes partidos de la izquierda abertzale que actuaban al son que marcaba la banda terrorista ETA, como muchos de los dirigentes de esos partidos han reconocido.
En cualquier caso, es improbable que en los años 80 Arnaldo Otegi se hubiera disfrazado de Baltasar porque ya estaba integrado en ETA, e imagino que no tendría tiempo para esas cosas. Por eso me preguntaba qué habría pasado si hubiera salido a la luz una foto de Arnaldo Otegi con la cara pintada de negro, y si eso (al menos eso) habría significado el fin de la carrera política de alguien que formó parte de una organización terrorista, de alguien que jamás se ha arrepentido de lo que hizo esa organización terrorista, de alguien que hoy dirige la que es segunda fuerza política del País Vasco gracias, entre otras cosas, a las acciones de la organización terrorista en la que siempre ha militado.

Arnaldo Otegi es el secretario general de EH Bildu, la coalición en la que se integran partidos como Alternatiba, Aralar, los socialdemócratas de EA y Sortu. El partido que lidera esa coalición es Sortu, partido del que Arnaldo Otegi también fue secretario general en los tiempos de su fundación (en realidad refundación: Sortu, Batasuna o Euskal Herritarrok nunca dejaron de ser Herri Batasuna, del mismo modo que Herri Batasuna nunca dejó de ser el brazo político de ETA).
Ayer, en el Parlamento vasco, EH Bildu registró una Proposición No de Ley que decía lo siguiente:

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“El Parlamento Vasco exige” a los partidos políticos que concurrirán a las elecciones generales que se celebrarán próximamente “que apenas tienen apoyo social, político e institucional en Euskal Herria, que no utilicen durante la campaña política el territorio vasco con el objetivo de obtener votos fuera de aquí, y que no tensionen la convivencia causando incidentes o momentos violentos”.

En primer lugar, “exige”. Algunos hoy se quejan de que los de siempre, es decir, los que llevan años siendo vetados con violencia por la izquierda patriótica vasca, han manipulado lo que dice la propuesta. Pues bien, son esos mismos, que también son los de siempre, los que se refieren a la deseada exigencia de EH Bildu diciendo que la coalición “pide”. También se refieren a la propuesta como una “propuesta para la convivencia”.
El argumento para exigir a algunos partidos políticos que no pisen territorio vasco en campaña es el mismo que se usó cuando algunos partidos políticos decidieron hacer campaña, pero también política, en el mejor sentido del término, en Alsasua, Rentería y Miravalles.
Alsasua, Rentería y Miravalles son algunos de los pueblos de Navarra y del País Vasco en los que más claramente se ve cuál es el principal problema de la sociedad vasca. Porque sí, aceptemos que existe una cultura vasca, y que esa cultura vasca, por la lengua y por otras cuestiones, está presente también en determinadas zonas de Navarra. En la sociedad vasca se produce desde hace décadas algo excepcional, algo que no ocurre en ningún otro lugar de España, o al menos no con el mismo empeño, con la misma intensidad y con la misma duración. En la sociedad vasca es normal, es decir, se ha permitido que sea normal, homenajear y solidarizarse con quienes como Otegi formaron parte de una banda terrorista, y con quienes orbitaron alrededor de esa banda terrorista. En Alsasua un grupo de jóvenes dio una paliza a dos agentes de la Guardia Civil en las fiestas del pueblo cuando iban acompañados por sus parejas. Esto no es excepcional. Lo excepcional es el clima en el que se producen esas agresiones, y lo excepcional es la respuesta social a esas agresiones. En lugar de solidarizarse con las víctimas, los partidos nacionalistas del País Vasco y Navarra, los medios de comunicación nacionalistas y en general el ciudadano nacionalista medio se solidarizaron con los agresores. Hablaron de la agresión, que se produjo en un clima de odio a la Guardia Civil, como “una pelea de bar”. Y algunos partidos políticos, fuera de cualquier campaña electoral, fueron a Alsasua para denunciar la excepción moral que se vive en el País Vasco y Navarra, que tienen que vivir algunos ciudadanos vascos y navarros, independientemente de que voten a esos partidos, a otros o a ninguno. En ese acto habló Fernando Savater, que lleva casi toda su vida hablando sobre la excepción moral que vivimos en estas tierras. Y en ese acto un grupo de jóvenes accedió a la iglesia del pueblo para hacer sonar las campanas mientras se producían los discursos. Además, otro grupo de personas, más numeroso, había recibido a los asistentes con gritos e insultos (“Españoles hijos de puta”, por ejemplo). Y además, otro grupo de personas se plantó frente al acto con amplificadores para intentar boicotear el acto con un concierto.

También hubo un acto en Rentería. En ese acto habló Savater y también Maite Pagazaurtundua. Ya me referí a ese acto en esta entrada. Por último también hubo un acto en Miravalles. Hablé de ese acto aquí y aquí. Para este acto las calles de Miravalles aparecieron decoradas con la foto de Josu Ternera y con un mensaje que a nadie del pueblo pareció molestar: “Maite zaitugu”, “Te queremos”.

A nadie pareció molestar ese mensaje, pero obviamente ese mensaje molestaba a muchos ciudadanos. La cuestión, y esto es lo que EH Bildu entiende perfectamente, es que esos ciudadanos están solos y, lo que es más importante, están aislados. Y cuando estás aislado la prudencia invita a no llamar la atención.
Por eso EH Bildu propone que el Parlamento vasco exija a determinados partidos que no pisen suelo vasco en la campaña para las elecciones. Porque saben que si personas como Savater, Pagaza y quién sabe si algunos otros comienzan a poner habitualmente el pie en pueblos como Alsasua, Rentería y Miravalles, es posible que los ciudadanos aislados que tienen que torcer la mirada cada vez que ven la cara de un terrorista como Josu Ternera acompañada del “Te queremos” -que los incluye también a ellos- comiencen a sentirse menos aislados. E incluso que, por imitación, comiencen a plantearse si no podrían hacer algo.

La cuestión, y esto EH Bildu lo entiende perfectamente, es que el peligro no está en que los partidos a los que EH Bildu no quiere en el País Vasco consigan más votos o representación en esa parte de España; el peligro para EH Bildu es que la presencia de determinadas personas en el País Vasco, en campaña electoral o fuera de ella, puede ayudar a que los ciudadanos vascos que no quieren a Josu Ternera comiencen a ofrecer resistencia. El peligro real para EH Bildu no son Rivera, Casado ni Abascal, ni siquiera Savater o Pagaza, sino los ciudadanos de Alsasua, Rentería, Miravalles y tantos otros pueblos que sienten asco cuando ven sus calles decoradas con las caras de terroristas, y cuando ven a sus vecinos, a algunos de sus vecinos, regodearse en el lodo de la excepción moral.

Ésta es la cuestión, y creo que es esencial que todos lo entendamos. Entre otras razones porque EH Bildu lo ha entendido perfectamente.


 

Hoy en la portada de la edición digital de El País no había ninguna mención a la PNDL que EH Bildu registró ayer en el Parlamento vasco. Hoy en la sección España de la edición digital de El País, antes de la noticia sobre la propuesta de EH Bildu para que el Parlamento vasco exija a algunos partidos políticos que no pisen suelo vasco en la campaña electoral de las próximas elecciones generales había otras ocho noticias.


Hoy en las fiestas de Galdácano han colocado esto frente a la Herriko, en la misma calle que las barracas y las tómbolas.

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Ayer en la PNDL registrada por EH Bildu en el Parlamento vasco se decía esto:

distorsionada

“El objetivo de estos partidos es (…) ofrecer una imagen distorsionada deformando y despreciando los pueblos de Euskal Herria y tensionando y provocando a la ciudadanía, solamente para difundir en el Estado el mensaje que a ellos les interesa”.
Hoy en las fiestas de Galdácano no está ninguno de los partidos que EH Bildu quiere lejos del País Vasco. No están aquí para ofrecer una imagen distorsionada de los pueblos de Euskal Herria. Hoy en las fiestas del País Vasco, frente a la Herriko, hay una pancarta en la que se puede leer “Maite zaituztegu”, “Os queremos”, dirigido a diez etarras, entre los que se encuentra Francisco Javier García Gaztelu, `Txapote´.
Sin distorsión ni deformación. Por eso cuando EH Bildu exige que quienes ofrecen una imagen “distorsionada” de los pueblos de Euskal Herria no pisen suelo vasco no se refiere sólo a los partidos políticos. Porque para ver cuál es la imagen real del País Vasco sólo hace falta pisar el País Vasco.

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Entre finitos y tortitas de camarón

Hoy, de nuevo, un artículo sobre Rentería. Éste, en Naiz. Su autor es Iñaki Revuelta, cantante, y el título es Errenteria aurrera!, que se puede traducir como ¡Adelante Rentería! En realidad los artículos sobre Rentería no comenzaron después del acoso del domingo. Comenzaron cuando en buena parte de la prensa no abertzale, con El País como principal referente, decidieron construir un relato sobre Rentería (2017, 2018). Su alcalde había pedido perdón a las víctimas “si en algún momento este consistorio a lo largo de su historia, o yo mismo, no hemos estado a la altura de las circunstancias”. Del mismo modo que cualquier muestra de apoyo que vaya seguida de un “pero” no vale nada, cualquier petición de perdón que comience con un condicional no es más que una muestra de que en realidad no se está pidiendo perdón. La circunstancia a la que se refería el alcalde es que Rentería fue durante muchos años un pueblo vedado para una buena parte de sus vecinos. Y lo sigue siendo. Lo que ha cambiado es que ya no los asesinan. Por eso lo que hace el alcalde de Rentería es peor que inútil. Es inmoral. Lo que hace es pedir perdón a quienes ya están muertos, a quienes fueron desactivados y no pueden molestar, mientras normaliza que los matones, sus matones, en cuanto que son sus representados, acosen a quienes deciden dar discursos que no se integran en la idea única del nacionalismo.
El alcalde, un detalle importante, es de EH Bildu. La misma coalición que tiene en Sortu a su principal partido, la misma coalición que presenta a etarras condenados en sus listas, y la misma coalición desde la que se organizan homenajes a etarras cuando salen de la cárcel. Bien, pues a este alcalde lo acompañó una azucarada campaña mediática desde que nombró las palabras “reconciliación” y “convivencia”.

El domingo se vio en qué consistían la reconciliación y la convivencia. Un partido político decidió celebrar allí un acto con, entre otros, Fernando Savater y Maite Pagazaurtundúa. Días antes de la celebración del acto ya había llamamientos a recibirlos “como merecen”. Entre esos llamamientos estaba el de Sortu, el principal partido de la coalición a la que pertenece el alcalde de Rentería. Llamamientos a recibirlos no con aplausos, o con un silencio solemne, que tal vez sería lo suyo, sino con insultos, con exigencias de que se “vuelvan a España”, con miradas de odio, con patadas a los coches y, lo de menos y lo que más se ha resaltado en cierta prensa, con caceroladas y lazos amarillos. La recepción fue justo lo opuesto al recibimiento que se ofrece habitualmente, también en Rentería, a presos de ETA que salen de la cárcel. A éstos se los recibe con aplausos y aurreskus, como recordó Pagazaurtundúa. A aquéllos se les recibió como si fueran asesinos. Había más personas insultando a los asistentes del acto, desde que entraron hasta que se fueron, que asistentes al acto. Este detalle se ha comentado con cierta sorna en la prensa no abertzale, dando la razón a la prensa abertzale, más roma, que señalaba directamente que no eran bienvenidos.


Ésta es la esencia no sólo de Rentería, sino de todos los pueblos vascos -y catalanes- en los que el nacionalismo no es que se haya desviado, sino que sencillamente ha llegado a su última fase, la de religión sustitutoria que genera sus propias inquisiciones y sus propios demonios. La esencia de cierta prensa no abertzale, por alguna razón, es tolerar que en numerosas regiones de España siga imperando la ley de la tribu, la separación entre un ellos y un nosotros, una separación étnica que va más allá de lo retórico.

Pero esta prensa no puede mostrar sin más el esqueleto de esta convivencia orwelliana. Necesita un relato, una ficción sobre la que construir su aceptación cobarde de lo peor de España, de Europa y de la historia reciente. Necesita artículos como los que se publicaron hace dos o tres años sobre el ejemplar alcalde de Rentería, aunque hoy no puedan ser vistos más que como una enorme equivocación, no sólo empírica sino principalmente moral. Gracias a esos artículos, y gracias a las campañas del propio ayuntamiento, se pueden publicar textos como el que hoy aparece en Naiz. “Adelante Errenteria”, dice el autor del texto. “Gora Errenteria”, decía Maite Pagazaurtundúa. El autor del texto apela a quienes el domingo le gritaban a Maite Pagaza que se volviera a España, los anima a que lo sigan diciendo. Maite Pagaza, que pasó su infancia en Rentería, también se dirigía a ellos. Se dirigía a ellos como el padre Barry se dirigía no sólo a los matones de La ley del silencio, sino también a aquéllos que guardaban un silencio cómplice. Pagazaurtundúa se dirigía a ellos y los miraba a la cara no para hacerse perdonar ni para intentar “seducirlos”, sino para que escucharan, por una vez y en su casa, que también es la de ella, en qué consiste el horrible proyecto del que decidieron ser parte.
La prensa no abertzale necesita artículos como el que hoy publica Naiz porque, además de dar la razón a quienes exigían a los asistentes del acto que se fueran y no volvieran nunca, deja pinceladas de la ejemplar lucha del pueblo por la convivencia:

Mucha «culpa» de todo esto que se respira por allí la tiene su alcalde Julen Mendoza, al cual también tuve el honor de conocer en uno de esos enriquecedores encuentros culturales. Entre finitos y tortitas de camarón, entonábamos “Txoria Txori” con un toque flamenco, en una bella armonía entre personas que únicamente quieren aportar y no destruir. Envidiable sin duda ese escenario logrado, ansiado por muchos pero no siempre conseguido.

Rentería, como tantos otros pueblos vascos -y catalanes- es el horror oculto tras una gran ficción. Es una aldea potemkin en la que todo es bella armonía, siempre y cuando los que hasta hace poco temían ser asesinados por no aceptar el modelo tribal de convivencia se queden en casa cuando alguien como Maite Pagazaurtundúa, vecina del pueblo y a cuyo hermano decidió asesinar ETA, pretende dar un discurso en la plaza. Puedes organizar jornadas culturales, comer tortitas de camarón, recibir con aplausos a los asesinos de ETA e incluso cantar con un toque flamenco; pero que no se te ocurra dar un discurso en la plaza para defender a quienes siempre fueron silenciados en pueblos como Rentería, porque dirán que vas a provocar. Lo dirán quienes aplauden a los etarras, el alcalde, los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco, la prensa abertzale, una parte de la prensa no abertzale, los dirigentes de partidos como Podemos e incluso, de manera más o menos explícita en función de las circunstancias, dirigentes del partido que durante un tiempo fue el partido de Maite Pagazaurtundúa.

La España negra es y ha sido siempre, desde que vivimos en un Estado de derecho, la España de Rentería, Alsasua, Vic y Amer. La España de los que limpian con lejía después de que pasen quienes son considerados enemigos del pueblo, la España de los que repiten el mensaje único desde la megafonía municipal, la España de los que cierran los pueblos a los que “vienen de lejos” mientras los abren a quienes decidieron asesinar a los enemigos del pueblo. Ésa es la España negra realmente existente. Y seguirá siéndolo mientras no entendamos que el primer paso para conseguir la España que quieres debe ser la denuncia firme y constante de esta España indeseable, y que en Rentería, Alsasua, Vic y Amer hay personas que quieren una España en la que se pueda vivir con normalidad, y que esas personas merecen algo más que una condena genérica, rápida y estéril de “las violencias vengan de donde vengan”. Porque las violencias vienen casi siempre del mismo sitio, y se dirigen casi siempre hacia los mismos.

——————————————————————————————————————–El Ayuntamiento de Rentería elaboró el año pasado una campaña para mostrar la convivencia y la diversidad que caracterizan al pueblo. El principal documento de la campaña era una canción. El nombre de la canción es “Egin zaidazu bisita”, algo así como “Visítame”. Al comienzo del vídeo, varios felpudos ante una puerta, con palabras como “Home”, “Ongi etorri” o “Bienvenidos”, en varios idiomas. Éste es el vídeo. A continuación, un vídeo en el que cualquiera puede ver cómo fue el trato a los que quisieron visitar Rentería el domingo. Y por último, el discurso de Maite Pagazaurtundúa en Rentería.