“Nuestra tarea es repetir a Lenin, que no es lo mismo que nombrarlo muchas veces”

Hace tres años el ahora Secretario Político de Podemos dijo que había que repetir a Lenin. Parece que quien nombraba a Lenin se asustó y borró el tuit, tal vez porque Lenin no dijo “materialismo dialéctico” al pueblo de su país, sino “paz y pan”.

 

 

Leamos a Lenin, pues.

TESIS E INFORME SOBRE LA DEMOCRACIA BURGUESA Y LA DICTADURA DEL PROLETARIADO
Fuente: aquí

1. El desarrollo del movimiento revolucionario del proletariado en todos los países ha hecho que la burguesía y sus agentes en las organizaciones obreras forcejeen convulsivamente con el fin de hallar argumentos ideológico-políticos para defender la dominación de los explotadores. Entre esos argumentos se esgrime particularmente la condena de la dictadura y la defensa de la democracia. La falsedad y la hipocresía de este argumento, repetido en mil variantes por la prensa capitalista y en la Conferencia de la Internacional amarilla de Berna, celebrada en febrero de 1919, son evidentes para todos los que no quieren hacer traición a los principios elementales del socialismo.

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Esther López Barceló en El País. Responsable de Memoria Democrática de IU y Directora de Gabinete de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Madrid.

2. Ante todo, ese argumento se basa en los conceptos “democracia en general” y “dictadura en general”, sin plantear la cuestión de qué clase se tiene presente. Ese planteamiento de la cuestión al margen de las clases o por encima de ellas, ese planteamiento de la cuestión desde el punto de vista -como dicen falsamente- de todo el pueblo, es una descarada mofa de la teoría principal del socialismo, a saber, de la teoría de la lucha de clases, que los socialistas que se han pasado al lado de la burguesía reconocen de palabra y olvidan en la práctica. Porque en ningún país capitalista civilizado existe la “democracia en general”, pues lo que existe en ellos es únicamente la democracia burguesa, y de lo que se trata no es de la “democracia en general”, sino de la dictadura de la clase, es decir, del proletariado, sobre los opresores y los explotadores, es decir, sobre la burguesía, con el fin de vencer la resistencia que los explotadores oponen en la lucha por su dominación.

capitalismo comunismo democracia garzon

Alberto Garzón en El Mundo.

3. La historia enseña que ninguna clase oprimida ha llegado ni podría llegar a dominar sin un período de dictadura, es decir, sin conquistar el poder político y aplastar por la fuerza la resistencia más desesperada, más rabiosa, esa resistencia que no se detiene ante ningún crimen, que siempre han opuesto los explotadores. (…)

6. La importancia de la Comuna consiste, además, en que hizo un intento de aniquilar, destruir hasta los cimientos el aparato del Estado burgués, burocrático, judicial, militar y policíaco, sustituyéndolo con una organización autónoma de las masas obreras que no conocía la división entre el poder legislativo y el ejecutivo. Todas las repúblicas democráticas burguesas contemporáneas, comprendida la alemana, a la que los traidores al socialismo, mofándose de la verdad, llaman república proletaria, conservan ese aparato estatal. Por tanto, se confirma una y otra vez con toda evidencia que los gritos en defensa de la “democracia en general” son de hecho defensa de la burguesía y de sus privilegios de explotación.

7. La “libertad de reunión” puede ser tomada como modelo de las reivindicaciones de la “democracia pura.” Cada obrero consciente que no haya roto con su clase comprenderá enseguida que sería una estupidez prometer la libertad de reunión a los explotadores en un período y en una situación en que los explotadores se resisten a su derrocamiento y defienden sus privilegios. (…)

8. La “libertad de imprenta” es asimismo una de las principales consignas de la “democracia pura”. Los obreros saben también, y los socialistas de todos los países lo han reconocido millones de veces, que esa libertad será un engaño mientras las mejores imprentas y grandísimas reservas de papel se hallen en manos de los capitalistas y mientras exista el poder del capital sobre la prensa, poder que se manifiesta en todo el mundo con tanta mayor claridad, nitidez y cinismo cuanto más desarrollados se hallan la democracia y el régimen republicano, como ocurre, por ejemplo, en Norteamérica. A fin de conquistar la igualdad efectiva y la verdadera democracia para los trabajadores, para los obreros y los campesinos, hay que quitar primero al capital la posibilidad de contratar a escritores, comprar las editoriales y sobornar a la prensa, y para ello es necesario derrocar el yugo del capital, derrocar a los explotadores y aplastar su resistencia. Los capitalistas siempre han llamado “libertad” a la libertad de lucro para los ricos, a la libertad de morirse de hambre para los obreros. Los capitalistas llaman libertad de imprenta a la libertad de soborno de la prensa por los ricos, a la libertad de utilizar la riqueza para fabricar y falsear la llamada opinión pública. Los defensores de la “democracia pura” también se manifiestan de hecho en este caso como defensores del más inmundo y venal sistema de dominio de los ricos sobre los medios de ilustración de las masas, resultan ser embusteros que engañan al pueblo y que con frases bonitas, bellas y falsas hasta la médula distraen de la tarea histórica concreta de liberar a la prensa de su sojuzgamiento por el capital. Libertad e igualdad verdaderas será el orden de cosas que están instaurando los comunistas, y en él será imposible enriquecerse a costa de otros, no habrá posibilidad objetiva de someter directa o indirectamente la prensa al poder del dinero, no habrá obstáculo para que cada trabajador (o grupo de trabajadores, sea cual fuere su número) posea y ejerza el derecho igual de utilizar las imprentas y el papel que pertenecerán a la sociedad.

Iglesias prensa

Pablo Iglesias en El País.

Complemento:

 

12. Con tal estado de cosas, la dictadura del proletariado no sólo es por completo legítima, como medio para derrocar a los explotadores y aplastar su resistencia, sino también absolutamente necesaria para toda la masa trabajadora como única defensa contra la dictadura de la burguesía, que ha llevado a la guerra y está gestando nuevas matanzas.

Lo principal entre lo que no comprenden los socialistas -y de aquí su miopía teórica, su cautiverio en poder de los prejuicios burgueses y su traición política al proletariado- es que en la sociedad capitalista, cuando la lucha de clases inherente a ella experimenta una agudización más o menos seria, no puede haber nada intermedio, nada que no sea la dictadura de la burguesía o la dictadura del proletariado. Todo sueño de una tercera solución es un reaccionario gimoteo de pequeño burgués.

13. Otro error teórico y político de los socialistas consiste en que no comprenden que las formas de la democracia han ido cambiando inevitablemente en el transcurso de los milenios, empezando por sus embriones en la antigüedad, a medida que una clase dominante iba siendo sustituida por otra. En las antiguas repúblicas de Grecia, en las ciudades del medievo, en los países capitalistas adelantados, la democracia tiene distintas formas y se aplica en grado distinto. Sería una solemne necedad creer que la revolución más profunda en la historia de la humanidad, el paso del poder de manos de la minoría explotadora a manos de la mayoría explotada -paso que se observa por primera vez en el mundo- puede producirse en el viejo marco de la vieja democracia burguesa, parlamentaria, sin los cambios más radicales, sin crear nuevas formas de democracia, nuevas instituciones que encarnen las nuevas condiciones de su aplicación, etc.

refundacion democratica

Íñigo Errejón en El Mundo.

17. El ejército ha sido un aparato de opresión no sólo en las monarquías. Sigue siéndolo también en todas las repúblicas burguesas, incluso en las más democráticas. Sólo el Poder soviético, organización estatal permanente precisamente de las clases oprimidas antes por el capitalismo, está en condiciones de acabar con la subordinación del ejército al mando burgués y de fundir efectivamente al proletariado con el ejército, de llevar efectivamente a cabo el armamento del proletariado y el desarme de la burguesía, sin lo que es imposible la victoria del socialismo.

ejercito

Entrevista al Círculo Podemos de las Fuerzas Armadas, en La Marea.

(…)

Pero prácticamente desde el punto de vista de la política, eso es camaradas una demostración de que entre las masas se está produciendo un gran viraje, pues, de otro modo, esos independientes que estaban en teoría y por principio contra estas organizaciones estatales, no hubieran propuesto de buenas a primeras una necedad como es unir “pacíficamente” la Asamblea Nacional con el sistema de los Soviets, es decir, unir la dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado. Somos testigos de que todos ellos están en bancarrota como socialistas y como teóricos y del enorme cambio que se está produciendo en las masas. ¡Las masas atrasadas del proletariado alemán se acercan a nosotros, se han unido a nosotros! Por tanto, la importancia del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, lo mejor de la Conferencia de Berna, es, desde el punto de vista de la teoría y del socialismo, igual a cero; sin embargo, continúa teniendo cierta importancia, y consiste ésta en que esos elementos vacilantes nos sirven de indicador del estado de ánimo de los sectores atrasados del proletariado.
Quiero hacer una propuesta práctica, que consiste en que aprobemos una resolución en la que deben destacarse especialmente tres puntos.

Primero: Una de las tareas más importantes para los camaradas de los países de Europa Occidental consiste en aclarar a las masas la significación, la importancia y la necesidad del sistema de los Soviets. Se observa que no existe la suficiente comprensión de este problema. Si bien es verdad que Kautsky e Hilferding han fracasado como teóricos, los últimos artículos publicados en Freiheit demuestran, sin embargo, que reflejan fielmente el estado de ánimo de las capas atrasadas del proletariado alemán. En Rusia pasó lo mismo: en los primeros ocho meses de la revolución rusa, el problema de la organización soviética se discutió muchísimo, y para los obreros no estaba claro en qué consistía el nuevo sistema ni si se podría formar el aparato del Estado a base de los Soviets. En nuestra revolución, nosotros no avanzamos por el camino de la teoría, sino por el camino de la práctica. Por ejemplo, la cuestión de la Asamblea Constituyente no la planteábamos antes teóricamente y no decíamos que no reconocíamos la Asamblea Constituyente. Sólo más tarde, cuando las organizaciones soviéticas se extendieron por todo el país y conquistaron el poder político, fue cuando nos resolvimos a disolver la Asamblea Constituyente. Ahora vemos que en Hungría y Suiza, la cuestión se plantea de modo mucho más agudo. De una parte, eso está muy bien, pues nos da la firme seguridad de que la revolución avanza más rápidamente en los países de Europa Occidental y nos traerá grandes victorias. De otra parte, ello encierra cierto peligro: concretamente el de que la lucha sea tan vertiginosa, que la conciencia de las masas obreras quede a la zaga del desarrollo. Incluso ahora, la importancia del sistema de los Soviets no está todavía clara para grandes masas de obreros alemanes instruidos políticamente, pues han sido educados en el espíritu del parlamentarismo y en los prejuicios burgueses.

 

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Eduardo Garzón en Diario Crítico.

 

Y esto es lo que el Secretario Político de Podemos borró (gracias a @ianhazlitt por compartirlo). Ahora es la fase de paz y pan.

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Un adjetivo de más

Todo empezó con un ligero “Democracia real ya”. Todo había empezado antes, es cierto. Pero el capítulo en el que nos encontramos comienza en ese momento. Un adjetivo. Y un entierro. El de la democracia como sometimiento a la ley.

Todo había empezado ya, mucho antes y muchas veces. Pero este capítulo, el de los cinco millones y los 69 diputados empieza justo ahí. Y progresa. En número y en palabras. El movimiento que deslegitimaba la democracia a secas nos trajo a Pablo Iglesias, del mismo modo que la adjetivación de la democracia trae siempre otra cosa. Ayer, Juan Carlos Monedero publicó un vídeo en el que hablaba sobre el ataque de Iglesias a la prensa. Decía algo cierto: no fue un ataque. Fue una declaración de principios. Y decía algo más: que no tendremos una auténtica democracia hasta que no tengamos unos medios de comunicación realmente libres.

Es decir, hasta que redefinamos esas palabras. Podría haber dicho que no tendremos socialismo hasta que no controlemos los medios de comunicación. Pero el efecto habría sido distinto. De ahí el adjetivo y el adverbio. La auténtica democracia es la nuestra, y la libertad de los medios de comunicación la traeremos nosotros.

El mensaje no era nuevo. Lo habían repetido en infinidad de ocasiones, no en antros oscuros sino en tertulias y, especialmente, en universidades. En muchas de esas ocasiones hubo cámaras. El mensaje era público. Pero ayer Victoria Prego, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid, despierta. Y da la voz de alerta. Hay un tal Pablo Iglesias que ha atacado a un periodista. ¡A un periodista -de los nuestros-! Es verdad, antes había “enseñado la patita”, pero ahora, con esa burla, muestra su “verdadera cara”.
Y vuelta al letargo.

Hoy la noticia es otra. Pablo Iglesias estuvo ayer en Pamplona –esta Pamplona– y dijo que “sin personas como Otegi no habría paz“. Iglesias asume el relato de Otegi, que es el relato de ETA. No sólo el que lo presenta como un hombre de paz, sino el que defiende que lo que hubo entre ETA y los españoles fue una guerra. Así, cabría decir también que sin personas como Javi de Usansolo, Javier García Gaztelu o Josu Zabarte, el ‘Carnicero de Mondragón‘, no habría paz. Gracias, pues.

Los relatos tienen varias fuentes. Las reconstrucciones, las adjetivaciones y los silencios. Ilusión, alusión y elusión. En la noticia de hoy se ve un ejemplo de esto último. Iglesias se refiere al ‘conflicto’ como guerra -‘conflicto’ es ya relato-, y a la guerra como algo indeterminado. “Creo que por desgracia durante muchos años se vivió una situación difícil y yo soy de los que pienso que algunos quizá debieran pedir perdón de manera más clara por ciertas cosas.”

Situación difícil, algunos y ciertas cosas. O lo que es lo mismo: terror, terroristas y asesinatos. Sólo que, claro, no es lo mismo. Y ahí está la cuestión.

Todo esto empieza con un adjetivo de más. Y termina mal.


La propuesta para el día del libro es evidente: Klemperer.

 

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Filosofía, ancilla Democratiae

democraciasinfilosofia

Parece que en El País se han tomado en serio la defensa de la Filosofía. La defensa sentimentalista y lírica, claro. Si hace unas semanas nos regalaron una emotiva y sentida carta de un alumno en la que se apelaba a la belleza de las Humanidades, hoy entran a fondo en la cuestión. A fondo porque así se llama la sección:

Una docena de reporteros cuentan España yendo a donde pasan las cosas y dedicando tiempo a cada historia, pequeña o grande. Si quiere ponerse en contacto con nosotros, estamos en reportajes@elpais.es

Así que este Equipo A del reporterismo se adentra a fondo en la cuestión. Hasta los tobillos, más o menos. El reportaje no empieza mal. En realidad, empieza muy mal. Que noooo, que Platón está tirao…” Es la primera frase del reportaje. El toque campechano, imagino. Le sigue una breve descripción del profesor, Enrique P. Mesa, acompañada de una breve frase de un alumno de la última fila. Esto de la última fila tiene que quedar claro, parece importante.

El caso es que cuando parece que todo está perdido, el profesor dice algo que tiene sentido, y los reporteros lo recogen: La idea general, que es errónea, es que la filosofía te enseña a pensar.” Hay esperanza. Efectivamente, eso de que la Filosofía enseña a pensar es un mito. A lo mejor se trata realmente de un reportaje a fondo. Lamentablemente, justo en ese momento aparece una adversativa, que como todos sabemos suele ser el anuncio de un desastre cercano: Pero de la filosofía emana el pensamiento crítico, que es el que sustenta la democracia”. Redoble.

O sea, el pensamiento crítico -no hace falta definirlo, porque total, ¿qué tiene que ver la Filosofía con las definiciones?- emana de la Filosofía. No sólo eso, sino que el pensamiento crítico -y por tanto la Filosofía- sustenta la democracia. Tenemos el derecho a votar porque se nos considera críticos y autónomos”, continúa. Y somos críticos y autónomos gracias a la Filosofía. A la asignatura, en concreto. Así que si la democracia se sustenta en el pensamiento crítico, y el pensamiento crítico emana de la Filosofía, ¿qué ocurriría si se eliminase la Filosofía del Bachillerato? Pues el desastre, obviamente.

A continuación aparece Antonio Campillo, decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia. Explica que el origen de la medida está en que el Gobierno quería reforzar Historia de España, y decidieron sacrificar la Filosofía. ¿Por qué cree el Gobierno que es esencial la asignatura de Historia de España? Seguramente muchas personas críticas™ pensarán que por ideología. Por fascismo, vamos. Historia vale, ¿pero por qué de España?

Yo quiero ponerme lírico también, por un momento. Es esencial conocer la Historia para no repetir el pasado. Otra frase mágica. Conocer los hechos históricos, como conocer los sistemas filosóficos, no es valioso en sí mismo. Ése es el mensaje de fondo. Por eso las escuelas de negocios se han dado cuenta de que un economista o un ingeniero necesitan las humanidades” Ovación cerrada.

Por si no ha quedado claro: no puede haber democracia sin Filosofía. Así de rotundos se muestran varios intelectuales en un vídeo rodado por la Red Española de Filosofía. Aunque en realidad ninguno de los intelectuales que aparecen en el vídeo lo afirma. Pero eso es lo de menos, porque al comienzo del vídeo aparece como frase. Y una frase sin autor, una idea sin contexto, una opinión, es la mejor manera de representar esta concepción de la Filosofía.

A lo largo del vídeo aparecen intelectuales como Álex de la Iglesia o Santiago Auserón. De fondo, una musiquita grácil. Y frases, muchas frases. Veámoslas.

  • Federico Mayor Zaragoza: “La Filosofía es esencial. Por eso la UNESCO la sitúa en primer lugar de los curricula.”
  • Adela Cortina: “La Filosofía entonces es una necesidad para cualquier sociedad que quiera ser medianamente culta y que quiera construir su vida de una manera razonable, porque no es posible querer un conjunto de actividades del que no sabemos cuáles son sus fundamentos ni hacia dónde se encaminan.”
  • José María Jordán Galduf (Catedrático de Economía Aplicada): “Disciplinas como la Filosofía o la Ética son imprescindibles, en concreto no puede haber una economía que no tenga un equipamiento ético.”

La Filosofía es esencial, una necesidad e imprescindible, eso ha quedado claro. Ahora bien, ¿por qué, exactamente? ¿Hay que aceptarlo acríticamente?

  • Álex de la Iglesia: “La Filosofía para mí es una de las razones por las que de alguna manera he podido llegar a pensar algo en mi vida.” Sin duda un testimonio necesario y clarificador.
  • Miguel Brieva (dibujante de comics): “Cabría plantearse hasta qué punto la educación como la concebimos actualmente tiene sentido.” Mira, algo sensato, y algo que sí parece tener algo de relación con la Filosofía. ¿Tiene sentido la educación actual? Es un buen punto de partida. A continuación habría que describir cómo es la educación actualmente, cuáles son sus objetivos reales e imaginados, cuáles son las maneras de articular esos objetivos en los planes de estudio, quién tiene que articular esos objetivos, cuál debería ser el papel de la Filosofía en ese plan de estudios, si es que debería tener algún papel, etc. Lástima que todo eso no quepa en una frase.
  • Federico Mayor Zaragoza, de nuevo: “Educar es formar a seres libres y responsables.” Lo dice con pausa entre las palabras, y termina con una sonrisa. Podríamos pensar que está haciendo un chiste (seres libres i-rresponsables). Pero no. Lo dice en serio.
  • Miguel Brieva, de nuevo: “El procedimiento básico de la educación debería ser casi algo extraído del procedimiento básico de la Filosofía.” Y de nuevo dice algo sensato. Puede que se refiera al proceso dialéctico de Platón, ese proceso arduo y costoso que consiste en rechazar las opiniones e ir a lo verdadero. Puede que esté proponiendo no aceptar ningún dogma, por políticamente correcto que sea. En ese caso, estaría yendo en contra del mensaje común que pretenden transmitir los organizadores del vídeo. ¿Acercarse dialécticamente al concepto de Democracia? Ni locos. (En relación con esto y con el título, este artículo)
  • Francisco Javier de Lucas (Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política): “Ayudar a pensar con la propia cabeza.” Ay.

Y el vídeo sigue otros tres minutos, con más frases en defensa de la Filosofía. Pero ninguna de esas frases da un sólo argumento concreto. Es necesaria, es esencial, es eso o el caos, pero no se explica por qué debe estar presente en el Bachillerato.

De hecho, si pensamos un poco -críticamente, claro- podríamos preguntarnos lo siguiente: si la asignatura de Filosofía es tan esencial como para que la propia democracia dependa de ella, ¿por qué ninguno de estos intelectuales pide que el Bachillerato sea obligatorio? O al revés, ¿por qué no se impide votar a aquellos ciudadanos que no hayan cursado el Bachillerato?

Como normalmente preferimos lo grácil a lo robusto, quedémonos con la primera opción. Hagamos que el Bachillerato sea obligatorio, con una presencia importante de la Filosofía, y adaptemos el curriculum al alumno y al objetivo más importante de la educación, que no es otro que formar personas. En otras palabras:

La técnica memorística, producto del sistema imperante, ha de ser sustituida por una acción continuada y progresiva sobre la mentalidad del alumno, que dé por resultado, no la práctica de recitaciones efímeras y pasajeras, sino la asimilación definitiva de elementos básicos de cultura y la formación de una personalidad completa. (Para una experiencia completa, se recomienda pinchar en el enlace)

El pueblo y sus bufones

bufones

El Pueblo, aupado por los demagogos a la posición de tirano adolescente, demanda bufones. Y los bufones proveen.

Atendiendo a lo más reciente, ahí están los de la consulta catalana. Bufones a su pesar, y con tintes siniestros. Aunque los bufones de verdad, los que producen carcajada,  son los de la consulta canaria. ¿Cree usted que Canarias debe cambiar su modelo medioambiental y turístico por las prospecciones de gas o petróleo? Carcajada por la pregunta en sí, en las antípodas de la claridad, y por el mismo hecho de convocar una consulta para tratar ese tema. ¿Qué tema? Ésa es la cuestión. Consultas para todo y para todos. Es lo que pide ahora el tirano adolescente. Y en un lenguaje confuso y ambiguo, para que ejercite su imaginación. La cuestión no es resolver un problema de porcentajes o un texto de Descartes, sino encontrar soluciones imaginativas y ofrecer al tirano un ambiente en el que pueda desarrollar su felicidad. Así en la escuela como en el trono.

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La ilusión de la democracia

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Este mediodía, en la sección de deportes de una cadena generalista, hemos podido ver un ejemplo más de la perversión del lenguaje en la política. El conductor del espacio hacía una comparación entre dos futbolistas del FC Barcelona, Xavi Hernández y Gerard Piqué, y el simpático Pau Gasol, al respecto de su posicionamiento ante la consulta sobre la independencia de Cataluña.

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Democracia infinita, libertad absoluta

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Casi todos los que nos interesamos por la política pasamos por una fase “absolutista”. El ideal político al que nos entregamos exige una defensa férrea de su pureza, o lo que es lo mismo, una negación suicida del principio de realidad. Todo lo que no pase el filtro es sencillamente inaceptable. Y si la alternativa a esta sociedad imperfecta no es real, tanto peor para lo real.

Ese filtro varía en función de las preferencias ideológicas. Si nos fijamos en lo que hasta hace poco se llamaba “liberalismo”, que ahora parece haberse fragmentado en cientos de adscripciones hiperdescriptivas, el filtro que marca la separación con la realidad es la libertad absoluta, entendida como ausencia de coacción. Esto significa que siempre, y en la medida de lo posible, son preferibles los acuerdos tomados de manera voluntaria entre todas las partes implicadas. Para quienes “en la medida de lo posible” es  sólo una vía al socialismo, no obstante, no hay nada que justifique la coacción. Ningún grado de coacción. Ni los ataques con drones a población civil, ni el policía de tráfico. Ni las subvenciones al cine minoritario, ni una cobertura sanitaria mínima. Todo aquello que tenga como base algún tipo de coacción es ilegítimo, y por lo tanto inaceptable. Y es inaceptable de manera absoluta, sin grados ni términos medios, sin transiciones y sin tener en cuenta las consecuencias o la viabilidad de esa sociedad pura e idealizada.

Al otro lado del espectro político, en las izquierdas, no hay un filtro único. Además de la libertad, a la que no se confiere tanta importancia, también se consideran fundamentales cuestiones como la igualdad absoluta -que se puede entender de cientos de maneras- y algo que últimamente está viviendo tiempos gloriosos: el democratismo, o los procesos democráticos entendidos como fuente única y necesaria del Bien. Democracia en todo y para todo, continuamente. Y si no hay democracia, no vale. Un principio que, tomado de manera absoluta, al igual que ocurre con la ausencia de coacción, lleva a situaciones absurdas. Hoy lo vemos en dos casos, uno general y otro particular. Empezando por este último, hay que hablar de nuevo de Podemos. El partido que se presentó como regenerador de la democracia y que prometió listas abiertas y asamblearismo como parte de esa regeneración, inicia su proceso de institucionalización mediante el único mecanismo que no conduce al suicidio político: lista cerrada y proceso sólo formalmente democrático. Cualquier otra opción significaría perderse en un interminable proceso infinitamente autorreferencial. ¿Quién y cómo decide qué hay que votar? ¿Cómo se desarrollará la votación? ¿Cómo se desarrollará la votación para decidir cómo se desarrolla la votación?

Algo similar, a nivel general, se está desarrollando desde hace tiempo en torno al modelo de Estado. “¿Por qué monarquía, si muchos de nosotros no estábamos ahí para firmar la Constitución de 1978?” La forma de Estado, al parecer, es uno de los principales problemas de España. Da lo mismo que sea uno de los aspectos que no deberían estar sujetos a cambios constantes. “Esto es una democracia, y en democracia se vota todo.” Da lo mismo que existan unos mecanismos necesariamente rígidos para cambios de tanto calado, y que esos cambios deban pasar por el Congreso. Y da lo mismo que el criterio de votar todo cada cierto tiempo, incluido lo básico, conduzca a la inoperancia y, lo que es peor, al ridículo. Decir que hay gente que no votó en el ’78 tiene sentido, claro. Pero también tiene sentido convocar un referéndum cada cinco años, por aquello de que algunos pueden haber cambiado de opinión, y porque los que tenían 13 años no quieren cargar con las “opresoras cadenas de un régimen que no han elegido.” Para evitar estas situaciones, se podría convocar un referéndum para determinar cada cuánto habría que votar la forma de Estado. Cinco años, diez, veinte, lo que sea. Claro que algunos podrían cuestionar que los resultados de ese referéndum fueran inamovibles. El referéndum para regular la convocatoria de referendos sería otra opresora cadena que no debería obligar a quienes no participaron en el proceso. ¿Cada cuánto tiempo votamos para decidir cada cuánto hay que votar cada cuánto votamos? Y así hasta el infinito.

A algunos nos parece desastroso este fundamentalismo democrático. Pero también hemos de considerar las consecuencias de las exigencias innegociables de libertad absoluta propias de un liberalismo autodestructivamente purista. Es posible que todo aquello que proceda de la coacción sea ilegítimo, y que, si nos ponemos a bucear en la historia, todo proceda de algunas coacciones primitivas. La concentración de riqueza, la organización social, las instituciones. Pues bien, a esto habría que responder: “¿Y qué?” No un “¿Y qué?” absoluto, pero sí uno que permita que sigamos funcionando como sociedad y que nos ocupemos de las coacciones, las injusticias y las desigualdades realmente importantes.

Cómo funciona la democracia

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Tan pronto como el pueblo es monarca, pretende obrar como tal, porque sacude el yugo de la ley y se hace déspota, y desde entonces los aduladores del pueblo tienen un gran partido. Esta democracia es en su género lo que la tiranía es respecto del reinado. En ambos casos encontramos los mismos vicios, la misma opresión de los buenos ciudadanos; en el uno mediante las decisiones populares, en el otro mediante las órdenes arbitrarias.

Aristóteles en Política sobre las distintas especies de democracia.

Se ha hablado mucho de la irrupción de Podemos en la política española tras las elecciones europeas. La mayor parte de los focos han apuntado lógicamente a su cabeza visible, Pablo Iglesias, y en no pocas ocasiones la crítica no ha pasado de lamentables comentarios referentes a su estética. Pero lo cierto es que no ha costado demasiado revelar algunos de los aspectos más cuestionables de esta formación política.

Más allá de vinculaciones un tanto precipitadas con los regímenes de Irán y Venezuela, que han sido desviadas sin demasiado esfuerzo, ha habido al  menos dos episodios en los que convendría reparar. El primero partió del blog de Miquel Rosselló, y ha alcanzado cierta difusión en medios nacionales. En una conferencia en la UCM en 2010, Rosa Díez comprobó en primera persona cuál era el concepto de la política que tenían Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, responsable de la campaña de Podemos. Realmente no hay mucho que comentar, una vez visto el desarrollo de la escena. El segundo punto de interés ha sido más serial que episodio. Si algo ha quedado claro en las innumerables intervenciones del líder, o humilde portavoz, de Podemos es lo mucho que le cuesta dar respuestas claras a cuestiones concretas. Reconozco que tengo mis dudas respecto a esta indefinición. No sé si es fruto del desconocimiento, o si se trata más bien de lo contrario, de un conocimiento demasiado incómodo sobre la viabilidad de algunas de sus propuestas. El tema en el que se ha podido ver de manera más clara esta indefinición ha sido sin duda el de la renta básica. Prometer cosas siempre ha dado resultado en política, y cuando el coste de esas promesas hace inviable su ejecución, sólo hay dos opciones. O retirarlas, o eludir hablar de los costes. Y es evidente cuál es la opción escogida por el líder de Podemos.

Pero, aunque cueste creerlo, hay vida más allá del omnipresente Pablo Iglesias. Desde hace días se está desarrollando en las redes un debate muy interesante surgido a raíz de la entrevista que publicaron en Materia a otro Pablo: Pablo Echenique, uno de los cinco eurodiputados de Podemos, doctor en Física y científico del CSIC. El debate, en torno a la compleja relación entre ciencia y política, es interesante por varias razones. En primer lugar, es interesante en sí mismo. La entrevista suscitó varios comentarios, tanto en la propia web de Materia como en Twitter, y algunos de esos comentarios fueron desarrollados en diversos artículos que se han ido publicando en los últimos días. Así, Fernando Cervera escribió en Naukas sobre la postura de Podemos ante los transgénicos, el propio Pablo Echenique publicó una respuesta a algunas de las críticas que recibió tras su entrevista, y Juan Ignacio Pérez Iglesias profundizó, también en Materia, en los aspectos más polémicos de la relación entre Ciencia y Política que defiende el eurodiputado. Pero además del debate en sí, decíamos, es interesante observar también el tono civilizado en el que se han ido desarrollando las críticas y las respuestas a esas críticas. Hay que reconocer que la actitud de Pablo Echenique desde que se publicó la entrevista ha sido ejemplar. Tal vez, y aquí vamos al asunto del que quería ocuparme, demasiado  ejemplar para un político, porque se puede observar en sus palabras cómo funciona por dentro la democracia, al margen de los aparatosos relatos sentimentales junto a los que se la presenta en muchas ocasiones.

“Haré lo que diga la gente. Lo siento, amigo. La democracia es eso. Un fuerte abrazo.”

Así responde Pablo Echenique a un comentario en el que le preguntan qué hará cuando toque mojarse en alguna cuestión polémica relacionada con la ciencia. ¿Decidirá siguiendo su criterio, obviamente mucho más formado que el de sus votantes y sus compañeros de partido, o se limitará a votar según el criterio de la mayoría? La respuesta puede ser decepcionante, pero al menos es clara y no recurre a evasivas. Para él es más importante el principio democrático que el principio de racionalidad. Es decir, la mayoría desinformada es la que manda. Personalmente me parece un criterio difícil de defender. Llevado hasta sus últimas consecuencias, la presencia en política de Pablo Echenique o de personas con un conocimiento especializado en materias complejas, resultaría innecesaria. Es cierto que el concepto de democracia que defienden en Podemos desde el principio no es precisamente la democracia representativa, sino la democracia directa, que sería la idea de la democracia como mera canalización de la voluntad popular. El imperio de la doxa, contra el que advirtieron Platón y Aristóteles. Y ahí es precisamente donde está el gran problema. Porque, por ejemplo, si dentro de un tiempo las teorías conspirativas sobre los chemtrails se expanden y llegan a una parte importante de la población, el papel de alguien como Pablo Echenique, a pesar de saber que se trata de alarmas sin fundamento científico, debería ser promover leyes que prohibiesen esas emisiones de los aviones, existieran o no, fueran tóxicas o no. Es cierto que Echenique apela también al papel pedagógico que deben desarrollar los científicos. Pero mientras se desarrolla ese esfuerzo por informar, afirma que su papel como político debería limitarse a canalizar –no representar- la voluntad popular desinformada.

Precisamente en el doble papel del científico como divulgador y político se centra Juan Ignacio Pérez Iglesias en la réplica al artículo de Echenique que ya hemos mencionado.

“La gente, mediante el voto y la acción política, debe tener la decisión. La ciencia sólo ha de aportar criterio. Mi crítica a Pablo y a Podemos no va en esa dirección. Lo que me parece criticable es que como opción política, Podemos incluya propuestas de neto contenido anticientífico, y que Pablo, siendo científico, esté dispuesto a apoyar medidas sin base racional alguna por el hecho de que la mayoría de sus compañeros las apoyan.”

Como decíamos, la postura de Echenique es perfectamente comprensible si tenemos en cuenta el modelo de democracia que defiende su partido. Lo que ocurre es que no sólo es problemática la postura de Echenique en cuanto político, sino que también lo es la idea de que el divulgador puede ayudar a que la gente se forme un criterio sólido. En un mundo ideal, la gente se preocuparía por informarse antes de tomar decisiones que afectan a todos. Es decir, antes de implicarse en política, tanto  a la hora de votar a un partido como al participar en un referéndum, haría un esfuerzo por comprender cuáles serían las consecuencias de sus elecciones. Pero no hace falta leer a Bryan Caplan para darse cuenta de que la gente no vota desde un criterio racional, con una opinión formada, sino que, en la mayoría de los casos –y en democracia la mayoría es lo que cuenta- los mecanismos que operan están muy lejos de esa idealización en la que los votantes serían ciudadanos responsables y críticos. Así que tendríamos unos representantes que no podrían “imponer” su criterio a la mayoría, y una mayoría que no haría un esfuerzo de análisis antes de expresar su opinión. Opinión que debería ser plasmada en las leyes. La democracia como cauce de la voluntad popular sería, sin duda, el camino más rápido hacia la tiranía. Tiranía no de un déspota, sino de la multitud. Pero tiranía al fin y al cabo.

De todas maneras, es posible que esté exagerando, y habría una manera muy fácil de demostrarlo. Bastaría con establecer un mecanismo para comprobar el grado de conocimiento del que dispone cada persona antes de lanzarse a decidir sobre un asunto complejo. Aunque no fuera excluyente, puesto que en opinión de la mayoría –de nuevo la mayoría- sería una vulneración del derecho fundamental a participar en política, serviría al menos para conocer el grado de racionalidad con el que se opera en democracia. Conocimientos sobre modelos de Estado antes de votar entre monarquía y república. Conocimientos sobre políticas educativas antes de pedir un aumento del gasto en Educación. Y así. Pero esto es algo que jamás va a ocurrir, puesto que lejos de entenderse como una garantía para el buen funcionamiento de la democracia, sería visto como un ataque contra ella.

OBRAS MENCIONADAS:

The Myth of the Rational Voter: Why Democracies Choose Bad Policies

Política – Aristóteles