La manifestación profunda

 

El 8 de marzo hubo en muchas ciudades de España manifestaciones que no deberían haberse celebrado. Pero no sólo pudieron celebrarse sino que el Gobierno, en lugar de recomendar prudencia, animó a que los ciudadanos asistieran. Sabíamos lo que estaba pasando en China, sabíamos lo que estaba pasando en Italia, y todavía hoy los que deberían haber protegido a los ciudadanos españoles siguen diciendo que celebrar actos multitudinarios en el comienzo de una pandemia no fue una mala idea.

Esas manifestaciones no deberían haberse celebrado, pero quienes se manifestaron no eran necesariamente malas personas, ni buscaban causar daño a otros ciudadanos españoles. Esas manifestaciones partían de muchas, muchísimas ideas equivocadas, partían de una premisa que sólo podían creer los ya convencidos, partían de un relato que cruzó la línea de la mentira, o de la posverdad, hace ya demasiado tiempo, y extrañamente contaron con el apoyo de prácticamente todos los partidos políticos.
Esas manifestaciones fueron criticadas por el riesgo que supusieron para la población española, con razón.

Esta semana ha habido varias concentraciones en diferentes puntos de Madrid para protestar contra el Gobierno. Como en las del 8 de marzo, quienes se concentran estos días en Madrid no son necesariamente malas personas, ni buscan causar daño a otros ciudadanos españoles. Estas concentraciones tienen como premisa, imagino, la necesidad de que el Gobierno de España dimita por su gestión de la crisis. Como ocurre con casi todas las manifestaciones, el objetivo principal no es conseguir algo concreto, sino hacerse ver. Y lo que se está viendo es que muchos de los que criticaron las manifestaciones del 8 de marzo las criticaron no por el peligro que suponían, sino porque no estaban de acuerdo con lo que defendían. De la misma manera, muchos de quienes defendieron las manifestaciones del 8 de marzo no lo hicieron porque pensaran que la libertad de reunión era más importante que los riesgos de celebrar actos multitudinarios a las puertas de una pandemia, sino porque era su reunión, aunque los riesgos tuviéramos que asumirlos todos. Estas concentraciones en Madrid no deberían haberse celebrado y no deberían seguir celebrándose, principalmente por el riesgo que suponen para la población española.
Estas concentraciones han sido criticadas por el riesgo que suponen para la población española, con razón.

Algunos somos alérgicos a las manifestaciones, y casi a cualquier acto colectivo. Yo no habría asistido a ninguna de las dos, como tampoco he participado en ninguna de las caceroladas que se han celebrado durante el confinamiento. En las últimas décadas creo que sólo he asistido a tres concentraciones. Una en Alsasua, otra en Miravalles y la última en Bilbao. La primera se llevó a cabo tras la agresión que sufrieron dos guardias civiles y sus parejas por parte de varios jóvenes del pueblo. La segunda tras el homenaje que se celebró en Miravalles al etarra Josu Ternera. Y la tercera se celebró el 6 de diciembre, día de la Constitución, tras unas vallas que nos separaban de quienes preferirían que nos hubiéramos quedado en casa. En realidad las tres concentraciones se celebraron con protección policial. En todas ellas, especialmente en las dos primeras, hubo insultos e intentos de boicot. En todas ellas fuimos cuatro gatos, y creo que todos sabíamos que íbamos a ser cuatro gatos.
Como decía, esos tres actos fueron una excepción. No habría asistido ni a las del 8 de marzo ni a las de estos días en Madrid por alergia a los actos colectivos, por incompatibilidad con las formas y algunas de las ideas de fondo y porque en medio de una epidemia es una idea malísima celebrar actos de ese tipo.

Pero éstos no son los únicos actos públicos que se han celebrado en España durante la crisis.
Desde hace unos días, como en las de Madrid, se están celebrando actos en diferentes puntos del País Vasco y Navarra. En estos actos no se pide la dimisión del Gobierno ni se insiste en la necesidad de otorgar derechos que ya existen. Lo que se está celebrando estos días en diferentes puntos del País Vasco y Navarra son actos de solidaridad con Patxi Ruiz, una de las personas que asesinaron a Tomás Caballero, concejal de UPN en el Ayuntamiento de Pamplona.
Patxi Ruiz, asesino de ETA, decidió ponerse en huelga de hambre para protestar por su situación en la cárcel. Varios ciudadanos españoles se han concentrado estos días para manifestar la profundidad de su miseria moral y de nuestra enfermedad social. Su miseria moral consiste en solidarizarse públicamente con un asesino, como ya hiciera hace tiempo Antón Gómez-Reino, flamante diputado de Podemos en el Congreso y hombre fuerte del partido desde su fundación. Nuestra enfermedad social consiste en que dedicamos más tiempo a despreciar a los “cayetanos”, “fachas”, “progres” o “feminazis” de turno que a exponer, analizar, comentar, denunciar o señalar lo que varias personas defienden en las calles y plazas de Navarra y del País Vasco. En concreto, en este caso, a un asesino de ETA.


Y nuestra enfermedad social es lo que nos conduce a que los miserables morales, los que se manifiestan públicamente para apoyar y mostrar cariño a asesinos de ETA, son desde hace tiempo unos compañeros de gobiernos, manifestaciones, causas, fotos y cenas de Nochebuena totalmente normalizados. Algunos incluso llegan a ser diputados en el Congreso, sin que los partidos que los acogen tengan que responder por ello.
Son la auténtica España negra, la excepción que algunos han decidido normalizar, la lacra social que arrastramos desde hace décadas.

Eso sí, no llevan palos de golf a las concentraciones, guardan la distancia de seguridad y siempre saludan.

Con mano izquierda

Leo hoy que cuatro personalidades políticas del País Vasco han escrito un manifiesto en torno al futuro de la izquierda vasca. El manifiesto, o la carta, se ha publicado en Gara. Y el lugar en el que debe aglutinarse la izquierda vasca, según estas cuatro personalidades, es EH Bildu.

Las cuatro personalidades son las siguientes:

Gemma Zabaleta, exconsejera (Empleo y Asuntos Sociales) socialista en el Gobierno de Patxi López. Gobierno que fue posible gracias al apoyo del PP vasco, habría que recordar.

Javier Madrazo, también exconsejero (Vivienda y Asuntos Sociales) del Gobierno vasco, pero no el de López sino el de Ibarretxe. Fue coordinador general de Ezker Batua-Berdeak, la Izquierda Unida con hecho diferencial, hasta que los hechos diferenciales de dos corrientes internas hicieron que la agrupación de corrientes y escisiones varias se escindiera en dos nuevas corrientes, dando lugar a Ezker Anitza, hoy integrada en Elkarrekin Podemos, y a Ezkerra Berdeak. 

Daniel Arranz, que fue gobernador de Vizcaya durante la última legislatura de Felipe González.

Y Manuel Díaz de Rábago, que fue presidente de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. En 2010 el blog del periodista Javier Ortiz recogía unas palabras que el juez pronunció en una entrevista publicada en una revista jurídica, Res Publica. Las palabras eran éstas, la negrita es mía.

P.- ¿Qué opina sobre el caso Egunkaria?

R.- Voy a responder a la gallega: ETA y el modo en que el Estado le da respuesta provocan en mí, en estos últimos años, cierta incertidumbre sobre qué puede sucederme primero: que ETA me asesine o que el Estado me acuse de formar parte de sus estructuras. Revela, a mi juicio, el desvarío de ambos en el logro de sus objetivos, bajo la perversa regla de que “todo vale”.

Ésos son los cuatro autores de la carta publicada en Gara.

En la carta hablan de una anomalía democrática que padecemos en el País Vasco, relacionada con EH Bildu. De manera nada sorprendente, con la anomalía no se refieren precisamente a EH Bildu, sino al hecho de que toda la izquierda vasca no esté unida en torno a EH Bildu para ofrecer “las respuestas que necesita la Euskadi del futuro”. 

Los autores de la carta dicen compartir varios puntos de vista. Algunos de ellos son éstos:

“hay que recuperar la pedagogía en la política, (…), el respeto, la idea de que los proyectos políticos que se defienden no son contra los demás sino a favor de las personas que conforman nuestra sociedad o la recuperación de los espacios perdidos en una democracia menguante”.

Y por eso piden que la izquierda vasca se reagrupe en torno a EH Bildu.
Pero EH Bildu es la coalición que integra a Sortu, el partido que en definitiva marca el ritmo de la coalición. Y Sortu es el partido que hace menos de un año, en abril de 2019, llamaba a “plantar cara” a Abascal, Rivera y Casado, cuando participaron en diversos actos de sus partidos en el País Vasco, en el marco de las elecciones generales de abril. “No son bienvenidos”, añadía Sortu en un tuit.

 

Sortu es también el partido que animaba a participar en las Brigadas de Desinfección Antifascista cuando esos partidos se atrevían a pisar suelo vasco. 

 

Y EH Bildu, directamente, es la coalición que en septiembre del año pasado, pensando en las generales de noviembre, registró una proposición en el Parlamento vasco para que esta cámara invitase a “los partidos políticos que apenas tienen apoyo social, político e institucional en Euskal Herria que no utilicen durante la campaña electoral el territorio vasco con el objetivo de obtener votos fuera de aquí”.
En realidad, como se puede ver en la imagen que compartió en su día Borja Sémper, EH Bildu no pretendía que el Parlamento vasco “invitase” a esos partidos a no tocar suelo vasco, sino que se lo exigiera. “Invite” fue la palabra que Pedro Gorospe decidió usar en su crónica en El País para referirse a la propuesta de EH Bildu.

bilduexige

 

Que los proyectos políticos que se defiendan no sean contra los demás y recuperar los espacios perdidos en una democracia menguante, decían los autores en la carta. Y en lugar de pedir que la izquierda vasca denuncie a quienes siempre han defendido su proyecto político contra los demás, con pistolas o con amenazas y acoso, a quienes han intentado eliminar el espacio político de quienes se oponían a su proyecto, y a quienes se han especializado en menguar la democracia en el País Vasco, en lugar de eso, piden que la izquierda vasca se reagrupe en torno a ellos, en torno a EH Bildu.

La carta sigue. Dice esto:

“Apostamos por una izquierda vasca, (…), que tenga voluntad de crear alianzas estratégicas de pensamiento y acción con todos aquellos partidos, organizaciones y personas que se reconozcan de izquierdas y por tanto que luchan por cambiar tantas injusticias como hay. Que genere confianza y practique el diálogo frente al insulto, la humildad frente a la prepotencia”.

Aparco lo de las personas de izquierdas que, por tanto, luchan por cambiar las injusticias en el País Vasco, que daría para una entrada algo más larga, y me quedo en lo del diálogo frente al insulto. Me acuerdo de Mari Carmen Sánchez Sequeros, la única concejal del PP en Galdácano durante la anterior legislatura. Y de las palabras con las que un grupo de encapuchados la recibió antes de entrar a un pleno en el ayuntamiento. “Asesina” e “Hija de Franco”. Esta acción se produjo después de que EH Bildu lanzase una moción de apoyo a un joven del pueblo que sufrió un accidente cuando iba a visitar a un preso de ETA. En respuesta a la moción, la edil del PP afirmó, negando palabras recogidas en la moción, que no se trataba de un preso político. Esto hizo que una parte de los asistentes se pusiera de pie, y que uno de ellos la llamase “asesina”, “fascista” y “cerda”, a lo que añadió “Mírame a la cara y quédate con mi cara”.

Me acuerdo de que en 2018, en Vitoria, una multitud de personas con ikurriñas y arrano beltzas se dedicó a gritar “Españoles, hijos de puta” a una persona que había decidido colgar la bandera de España en su balcón para celebrar el Día de la Hispanidad.
Y me acuerdo también de que “Españoles, hijos de puta” fue uno de los gritos con los que la izquierda abertzale recibió a los asistentes a los actos de Ciudadanos en Rentería y Alsasua.

 

Pero de esto no se acuerdan los cuatro autores de la carta que se publicó ayer en Gara. O sí. Normalmente conocen todas estas cosas, pero deciden no tenerlas en cuenta. Y así, piden que la izquierda justa y luminosa, la izquierda vasca, que practica el diálogo frente al insulto, se reagrupe en torno a los que llaman “cerda” a una concejal del PP y en torno a los que gritan “Españoles, hijos de puta” a los españoles que viven en el País Vasco o que visitan determinados lugares del País Vasco y Navarra.

La carta sigue. Los autores quieren “no olvidar el pasado para aprender de él”. Y piden que la izquierda vasca, la que lucha contra las injusticias, se reagrupe en torno a gente como Bea Ilardia, concejal de EH Bildu en Galdácano -junto a Mari Carmen Sánchez Sequeros- que publicó un tuit de bienvenida al etarra Tomi Madina cuando salió de la cárcel, y que en el mismo tuit quería recordar también a los otros etarras del pueblo que aún seguían en la cárcel, como Txapote o Bienzobas.

 

Los autores de la carta quieren que la izquierda vasca se sume a un proyecto ambicioso y de futuro, que supere la “anomalía democrática” que vivimos aquí, y quieren que ese proyecto lo lidere EH Bildu, coalición cuyos dirigentes realizan homenajes sistemáticamente a miembros de ETA, como cuando Sortu decide decorar el pueblo de Galdácano con imágenes de Kepa del Hoyo o “Thierry”, o como cuando los vecinos de Miravalles deciden decorar sus calles con fotos de Josu Ternera para recibir a los asistentes a un acto de Ciudadanos.

 

Esto es lo que quiere gente como Gemma Zabaleta y Javier Madrazo, la unión de facto de toda la izquierda vasca para corregir la anomalía democrática del País Vasco, que no sería EH Bildu sino los partidos que están en las antípodas, en fines y medios, de EH Bildu.


Es sin duda un proyecto ambicioso. Pero si redujeran un poco su ambición y sus prisas se conformarían, por el momento, con la cesión sistemática de la izquierda vasca a todos los postulados y proyectos del nacionalismo vasco, que es lo que han venido haciendo los otros actores de nuestra particular anomalía: el PSE y Podemos. Si tuvieran más mano izquierda, que es la expresión que usan para terminar su carta, Gemma Zabaleta, Javier Madrazo y los otros dos autores tendrían libre la otra mano para brindar en Nochebuena con el coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, como ya hicieron los líderes del PSE y de Podemos Euskadi.

cena

Del asesino considerado como uno de los artistas del pueblo

Todo etarra es un creador. Todo etarra, desde el más desconocido hasta el más famoso, forma parte de una gran obra colectiva. Una obra que se fue creando durante muchos años, una obra que contó con muchos mecenas, muchos promotores, muchos expertos en arte que regalaron buenas críticas, muchos periodistas que sirvieron de inspiración cuando había que elegir nuevos trazos y, sobre todo, con un público entregado.

Todo etarra, desde el chaval que escribía una carta amenazante hasta el adulto que colocaba una bomba o soltaba varios disparos por la espalda, forma parte de una gran obra colectiva. Es la obra de un colectivo, ETA, pero no hay que olvidar que todos los colectivos artísticos están formados por artistas individuales.

El lienzo de esa gran obra fue España. El País Vasco, sí, pero también Madrid, Cataluña, Aragón, Andalucía, Navarra. El tejido social de España, especialmente del País Vasco, cambió para siempre gracias a la obra colectiva de ETA. Las obras no mostraban el horror, eran el terror. A pesar de eso, la reacción fue dispar: había un público que sentía y padecía ese terror y un público que sentía admiración, aprecio o simpatía por los artistas y su obra.
El lienzo fue España y el tejido social acabó por romperse. Muchas personas, los que no formaban parte del público entregado, los que se atrevían a abuchear al artista, a escribir críticas negativas o simplemente los que no aplaudían la gran obra, acabaron pagando el precio. La clave de esta gran obra fue precisamente que el precio no lo pagó el público sino unos actores involuntarios, convertidos en actores por la voluntad de todos y cada uno de los que formaron parte de ese colectivo artístico llamado Euskadi Ta Askatasuna.
Algunos pagaron el precio final, otros simplemente tuvieron que irse. Y muchos, muchísimos, tuvieron que esconderse. Son los que se sentaron en la última fila mientras los entregados aplaudían y vociferaban. Unos porque no pudieron abandonar la sala de exposiciones, otros porque decidieron quedarse para no reconocer su derrota, y otros, en fin, la inercia de tantos años y tantos vínculos creados. Entre ellos, el vínculo del nacimiento y de los padres que no nacieron aquí pero decidieron vivir aquí.

El tejido social se rompió cuando entendimos que la ciudad, la polis, no era para nosotros. Cuando entendimos que la polis, o al menos la calle, era de los artistas y de su público. Que en cualquier momento podías verte dentro de esa gran obra, como en uno de esos espectáculos en los que el humorista interactúa con el público. Sólo que en esta obra el público no se reía contigo sino de ti. En esta obra si tenías la mala suerte de que te eligieran sufrías escarnio, acoso, humillaciones, amenazas. O secuestro, golpes, balas, bomba. La elección no dependía del azar. Dependía de cómo entendieras el papel que tenías que representar en la obra. Público entregado, mecenas, crítico de reseñas favorables, guía de nuevos trazos y nuevos caminos, promotor; público de la última fila; o antagonista. No había más opciones. El tejido social se rompió porque los antagonistas, que en este caso eran los héroes, se fueron rompiendo. Los fueron rompiendo. Rompieron a José Luis Caso y a Manuel Zamarreño. Ese acto transcurrió en Rentería. Eran dos ciudadanos normales que asumieron la carga de representar a otros ciudadanos normales en un pueblo gobernado por el mal. Primero asesinaron a José Luis Caso, después a Manuel Zamarreño, que había decidido coger el testigo.
Rompieron a muchas personas, y con ellos se fue rompiendo el espíritu de quienes no eligieron la entrega total. Vieron lo que podía pasar y se alejaron de la obra, aunque siguieron formando parte de la obra. Sabían que seguían formando parte de la obra porque a veces el público entregado se volvía para decirles “shhhh”, silencio, a pesar de que nunca volvieron a abrir la boca. El tejido social se rompió, entre otros lugares, en Rentería. Cómo no iba a romperse después de que rompieran a José Luis Caso y a Manuel Zamarreño.

O a Rafael San Sebastián. O a Francisco Tomás y Valiente.
Ambos asesinados de tres disparos.

Todo etarra, decíamos, es un creador. Todo etarra forma parte de una gran obra colectiva. Todos son responsables de lo que hicieron como colectivo. Todos son responsables de los asesinatos de Rafael San Sebastián y Francisco Tomás y Valiente. Pero fue Jon Bienzobas quien apretó el gatillo. Fue Jon Bienzobas quien entró en una cafetería para asesinar a Rafael San Sebastián, fue Jon Bienzobas quien entró en un despacho de la Universidad Autónoma de Madrid para asesinar a Francisco Tomás y Valiente.

Y es Jon Bienzobas quien esta semana expone su obra en una sala de la Casa de Cultura de Galdácano. El Ayuntamiento de Galdácano, gobernado por EH Bildu, Podemos y dos plataformas vecinales, decidió ceder una sala de la Casa de Cultura para que todos los ciudadanos pudiéramos apreciar el valor de las creaciones del etarra Bienzobas; el valor de las creaciones artísticas, no de su faceta más interesante, la de creador terrorista.


Lo primero que puede ver cualquier vecino que acuda a la exposición es un cartel en el que se explica quién es el autor: 

compromiso

Jon Bienzobas Arretxe nació en 1969 en el barrio de Aperribai de Galdakao. Su compromiso político le llevó desde muy joven fuera de nuestro pueblo, y el 30 de septiembre de 1999 fue detenido en Francia y posteriormente encarcelado.

Desde muy joven, con 21 años. Fuera de nuestro pueblo, cuando huyó de una operación policial. Su compromiso político, los tres disparos mediante los que asesinó a Rafael San Sebastián Flechoso. Esto, omitiendo lo que viene después de las comas, es lo que ve cualquier persona que acuda a la exposición alojada en la Casa de Cultura de Galdácano.

Cualquiera de las personas mayores que el martes pasearon por la sala. Cualquiera de las parejas jóvenes que el martes pasearon por la sala. Cualquiera de los muchos niños a los que sus padres decidieron llevar el martes a la sala de la Casa de Cultura.
Una mujer le dijo a su esposo que “Otegi también pintaba, y muy bien”. Los críticos de arte. Otro señor mayor preguntó a la responsable de la exposición si no había un fondo, algo donde dar dinero, imagino que para el artista Bienzobas. Los mecenas. Otro joven le decía a la responsable que estuvieran tranquilos. “Si los que no están tranquilos son ellos”, respondió. 

Las peticiones para que el Ayuntamiento clausure la obra van aumentando. Se ha sumado incluso el Gobierno vasco, en manos del PNV y del PSE. Su portavoz ha dicho este martes que no se puede dar “cobertura pública” a una exposición como ésta, porque se puede entender como una ofensa a las víctimas. Pero el propio pueblo que acoge la obra, Galdácano, estaba en manos del PNV y del PSE cuando se permitía que el público entregado colocase una mesa con mantel y cubiertos en medio de la calle principal para los etarras condenados, sus fotos, en Nochebuena y en Nochevieja, durante varios años. Galdácano estaba en manos del PNV y del PSE cuando no se hizo nada, cuando se permitió que desde la mañana hasta la noche las fotos de Krutxaga, Crespo, García Gaztelu (Txapote) o Bienzobas ocupasen la calle principal mientras los demás celebrábamos la Navidad.

Que el Ayuntamiento de Galdácano -en manos de EH Bildu, Podemos y dos plataformas de vecinos- haya permitido una exposición de las obras artísticas del etarra Bienzobas no es una anomalía. Que acudan vecinos de Galdácano a elogiar la calidad artística de las obras de Bienzobas no es una anomalía. Es precisamente la normalidad que vivimos en pueblos como Galdácano y en el País Vasco. Es la normalidad que se instauró después de que el colectivo ETA destruyera el tejido social. Es lo que queda después de la gran performance de la izquierda abertzale. El colectivo desapareció, se reintegró en una compañía de teatro. Pero sus efectos perduran. La obra perdura. Y la obra seguirá abierta. No hay cura, por cambiar de metáfora. Lo que sí hay es salida. Lo que se puede hacer es algo tan sencillo como levantarse y abandonar la sala. Y, si aún quedan ganas, programar. Programar otras exposiciones, con las grandes obras de todos los que formaron parte de quienes integraron el colectivo ETA. Las obras reales, las obras con las que se comprometieron. Los asesinatos, los secuestros, las amenazas. Programar en todas las salas que hoy están ocupadas por las obras artísticas y por los amigos de gente como Bienzobas. Esperar a que salgan y reservar las salas. Recuperar lo que nos convierte a todos en ciudadanos.

Ésa es la única salida: entrar en las salas, no para derribar las obras de los etarras sino para exhibirlas.

Otegi disfrazado de Baltasar

Ayer mientras volvía del trabajo tuve un flashback como de Elseworlds. Un What If? de los de Marvel ambientado en España. Vi a Arnaldo Otegi disfrazado de Baltasar, la cara pintada de negro, en las fiestas de Elgoibar, en los años 80. Me pregunté, como Uatu, qué habría pasado si alguien le hubiera sacado una foto disfrazado de Baltasar, qué habría dicho El País si esa foto hubiera salido a la luz hace unos días, como ha ocurrido con la foto de Justin Trudeau.

Me lo preguntaba a lo tonto, porque probablemente no habría pasado nada. Pero por unos segundos fue reconfortante imaginar la indignación unánime, las peticiones de dimisión, los yo acuso y los argumentos morales aplicados a alguien como Arnaldo Otegi. Por unos segundos imaginé que algo en el pasado de Arnaldo Otegi hubiera significado el final de la carrera política de alguien como Arnaldo Otegi.

La carrera política de Arnaldo Otegi comenzó poco después de la carrera terrorista de Arnaldo Otegi. En realidad no es fácil saber cuándo empieza una y cuándo termina la otra, porque la carrera política de Arnaldo Otegi se desarrolla en los diferentes partidos de la izquierda abertzale que actuaban al son que marcaba la banda terrorista ETA, como muchos de los dirigentes de esos partidos han reconocido.
En cualquier caso, es improbable que en los años 80 Arnaldo Otegi se hubiera disfrazado de Baltasar porque ya estaba integrado en ETA, e imagino que no tendría tiempo para esas cosas. Por eso me preguntaba qué habría pasado si hubiera salido a la luz una foto de Arnaldo Otegi con la cara pintada de negro, y si eso (al menos eso) habría significado el fin de la carrera política de alguien que formó parte de una organización terrorista, de alguien que jamás se ha arrepentido de lo que hizo esa organización terrorista, de alguien que hoy dirige la que es segunda fuerza política del País Vasco gracias, entre otras cosas, a las acciones de la organización terrorista en la que siempre ha militado.

Arnaldo Otegi es el secretario general de EH Bildu, la coalición en la que se integran partidos como Alternatiba, Aralar, los socialdemócratas de EA y Sortu. El partido que lidera esa coalición es Sortu, partido del que Arnaldo Otegi también fue secretario general en los tiempos de su fundación (en realidad refundación: Sortu, Batasuna o Euskal Herritarrok nunca dejaron de ser Herri Batasuna, del mismo modo que Herri Batasuna nunca dejó de ser el brazo político de ETA).
Ayer, en el Parlamento vasco, EH Bildu registró una Proposición No de Ley que decía lo siguiente:

pndl

“El Parlamento Vasco exige” a los partidos políticos que concurrirán a las elecciones generales que se celebrarán próximamente “que apenas tienen apoyo social, político e institucional en Euskal Herria, que no utilicen durante la campaña política el territorio vasco con el objetivo de obtener votos fuera de aquí, y que no tensionen la convivencia causando incidentes o momentos violentos”.

En primer lugar, “exige”. Algunos hoy se quejan de que los de siempre, es decir, los que llevan años siendo vetados con violencia por la izquierda patriótica vasca, han manipulado lo que dice la propuesta. Pues bien, son esos mismos, que también son los de siempre, los que se refieren a la deseada exigencia de EH Bildu diciendo que la coalición “pide”. También se refieren a la propuesta como una “propuesta para la convivencia”.
El argumento para exigir a algunos partidos políticos que no pisen territorio vasco en campaña es el mismo que se usó cuando algunos partidos políticos decidieron hacer campaña, pero también política, en el mejor sentido del término, en Alsasua, Rentería y Miravalles.
Alsasua, Rentería y Miravalles son algunos de los pueblos de Navarra y del País Vasco en los que más claramente se ve cuál es el principal problema de la sociedad vasca. Porque sí, aceptemos que existe una cultura vasca, y que esa cultura vasca, por la lengua y por otras cuestiones, está presente también en determinadas zonas de Navarra. En la sociedad vasca se produce desde hace décadas algo excepcional, algo que no ocurre en ningún otro lugar de España, o al menos no con el mismo empeño, con la misma intensidad y con la misma duración. En la sociedad vasca es normal, es decir, se ha permitido que sea normal, homenajear y solidarizarse con quienes como Otegi formaron parte de una banda terrorista, y con quienes orbitaron alrededor de esa banda terrorista. En Alsasua un grupo de jóvenes dio una paliza a dos agentes de la Guardia Civil en las fiestas del pueblo cuando iban acompañados por sus parejas. Esto no es excepcional. Lo excepcional es el clima en el que se producen esas agresiones, y lo excepcional es la respuesta social a esas agresiones. En lugar de solidarizarse con las víctimas, los partidos nacionalistas del País Vasco y Navarra, los medios de comunicación nacionalistas y en general el ciudadano nacionalista medio se solidarizaron con los agresores. Hablaron de la agresión, que se produjo en un clima de odio a la Guardia Civil, como “una pelea de bar”. Y algunos partidos políticos, fuera de cualquier campaña electoral, fueron a Alsasua para denunciar la excepción moral que se vive en el País Vasco y Navarra, que tienen que vivir algunos ciudadanos vascos y navarros, independientemente de que voten a esos partidos, a otros o a ninguno. En ese acto habló Fernando Savater, que lleva casi toda su vida hablando sobre la excepción moral que vivimos en estas tierras. Y en ese acto un grupo de jóvenes accedió a la iglesia del pueblo para hacer sonar las campanas mientras se producían los discursos. Además, otro grupo de personas, más numeroso, había recibido a los asistentes con gritos e insultos (“Españoles hijos de puta”, por ejemplo). Y además, otro grupo de personas se plantó frente al acto con amplificadores para intentar boicotear el acto con un concierto.

También hubo un acto en Rentería. En ese acto habló Savater y también Maite Pagazaurtundua. Ya me referí a ese acto en esta entrada. Por último también hubo un acto en Miravalles. Hablé de ese acto aquí y aquí. Para este acto las calles de Miravalles aparecieron decoradas con la foto de Josu Ternera y con un mensaje que a nadie del pueblo pareció molestar: “Maite zaitugu”, “Te queremos”.

A nadie pareció molestar ese mensaje, pero obviamente ese mensaje molestaba a muchos ciudadanos. La cuestión, y esto es lo que EH Bildu entiende perfectamente, es que esos ciudadanos están solos y, lo que es más importante, están aislados. Y cuando estás aislado la prudencia invita a no llamar la atención.
Por eso EH Bildu propone que el Parlamento vasco exija a determinados partidos que no pisen suelo vasco en la campaña para las elecciones. Porque saben que si personas como Savater, Pagaza y quién sabe si algunos otros comienzan a poner habitualmente el pie en pueblos como Alsasua, Rentería y Miravalles, es posible que los ciudadanos aislados que tienen que torcer la mirada cada vez que ven la cara de un terrorista como Josu Ternera acompañada del “Te queremos” -que los incluye también a ellos- comiencen a sentirse menos aislados. E incluso que, por imitación, comiencen a plantearse si no podrían hacer algo.

La cuestión, y esto EH Bildu lo entiende perfectamente, es que el peligro no está en que los partidos a los que EH Bildu no quiere en el País Vasco consigan más votos o representación en esa parte de España; el peligro para EH Bildu es que la presencia de determinadas personas en el País Vasco, en campaña electoral o fuera de ella, puede ayudar a que los ciudadanos vascos que no quieren a Josu Ternera comiencen a ofrecer resistencia. El peligro real para EH Bildu no son Rivera, Casado ni Abascal, ni siquiera Savater o Pagaza, sino los ciudadanos de Alsasua, Rentería, Miravalles y tantos otros pueblos que sienten asco cuando ven sus calles decoradas con las caras de terroristas, y cuando ven a sus vecinos, a algunos de sus vecinos, regodearse en el lodo de la excepción moral.

Ésta es la cuestión, y creo que es esencial que todos lo entendamos. Entre otras razones porque EH Bildu lo ha entendido perfectamente.


 

Hoy en la portada de la edición digital de El País no había ninguna mención a la PNDL que EH Bildu registró ayer en el Parlamento vasco. Hoy en la sección España de la edición digital de El País, antes de la noticia sobre la propuesta de EH Bildu para que el Parlamento vasco exija a algunos partidos políticos que no pisen suelo vasco en la campaña electoral de las próximas elecciones generales había otras ocho noticias.


Hoy en las fiestas de Galdácano han colocado esto frente a la Herriko, en la misma calle que las barracas y las tómbolas.

maiteg


Ayer en la PNDL registrada por EH Bildu en el Parlamento vasco se decía esto:

distorsionada

“El objetivo de estos partidos es (…) ofrecer una imagen distorsionada deformando y despreciando los pueblos de Euskal Herria y tensionando y provocando a la ciudadanía, solamente para difundir en el Estado el mensaje que a ellos les interesa”.
Hoy en las fiestas de Galdácano no está ninguno de los partidos que EH Bildu quiere lejos del País Vasco. No están aquí para ofrecer una imagen distorsionada de los pueblos de Euskal Herria. Hoy en las fiestas del País Vasco, frente a la Herriko, hay una pancarta en la que se puede leer “Maite zaituztegu”, “Os queremos”, dirigido a diez etarras, entre los que se encuentra Francisco Javier García Gaztelu, `Txapote´.
Sin distorsión ni deformación. Por eso cuando EH Bildu exige que quienes ofrecen una imagen “distorsionada” de los pueblos de Euskal Herria no pisen suelo vasco no se refiere sólo a los partidos políticos. Porque para ver cuál es la imagen real del País Vasco sólo hace falta pisar el País Vasco.

Galdácano de los etarras

Primero fueron los etarras de Galdácano. No recuerdo si fueron antes los cohetes y las antorchas cuando salió de la cárcel Javi de Usánsolo -el asesino del niño Fabio Moreno- o las fotos de Txapote y el resto de etarras encarcelados en las paredes del pueblo.

Después los etarras vinieron a Galdácano. Cuando el etarra Kepa del Hoyo falleció de un infarto en la cárcel, los compañeros de todas las ramas pasearon por las calles. Ahí estuvieron Tomi Madina y el propio Javi de Usansolo. También Arnaldo Otegi, Kubati o Arkaitz Rodríguez. Hubo incluso una delegación de la CUP, formada por Anna Gabriel y Eulàlia Reguant. En la plaza, después de que hablase el hijo de Del Hoyo, una mujer dijo los nombres de todos los etarras. Hubo aplausos para todos los asesinos. También, también para Txapote.

Junto a eso, las celebraciones habituales, año tras año. Desde la pancarta de ETA en las fiestas hasta la mesa de Nochebuena en medio de la calle principal, con representaciones de Txapote, Bienzobas, Crespo y todos los demás, durante horas, sin que la policía municipal la retirase, sin ningún tipo de mensaje institucional.
En Nochebuena y, este último año, también en Nochevieja, durante la carrera popular, con todo el pueblo en la calle.

El Ayuntamiento hasta hace días estaba en manos del PNV y del PSE. Estaba en manos del PNV y del PSE cuando se permitía que los amigos de los etarras ocupasen el espacio público para homenajear a los asesinos. Tal vez no podían impedirlo. Pero lo que sí podían hacer era decir algo. Decir es algo que todo el mundo puede hacer, especialmente si se tiene la protección derivada de estar al cargo de una institución. Pero nadie del PNV decía nada, y nadie del PSE decía nada. Ni siquiera cuando veían, porque tenían que verlo, era imposible no verlo, la mesa de Nochebuena en medio de la calle principal. Tal vez decían algo en privado, no lo sé. Lo que sé es que cuando los etarras ocupan las calles, lo que se dice en privado no sirve para nada. Porque lo que se dice en privado no lo ve nadie, y la mesa con los rostros sonrientes de Txapote, Bienzobas, Crespo o Krutxaga la ven todos los vecinos, todos los años. Y lo que se ve todos los años se convierte en lo normal.

Hoy EH Bildu no está en la oposición. No contarán con la complicidad del Ayuntamiento para homenajear a sus compañeros; podrán hacerlo desde el propio Ayuntamiento.
Y podrán hacerlo, en primer lugar, porque mucha gente del pueblo ha decidido votar a un partido como EH Bildu. ¿Por qué no? Hace unos días el secretario de organización del PSOE, José Luis Ábalos, decía que los 350 diputados del Congreso, todos ellos, le merecían la misma consideración. Antes, el candidato del PP a la alcaldía de Labastida había ofrecido a Bildu un acuerdo de gobierno que finalmente fue desautorizado.
Podrán hacerlo también porque han conseguido el apoyo de Podemos y de dos plataformas vecinales, Usansolo Herria y Auzoak. Es decir, la gente. La gente es la que ha hecho posible que EH Bildu vaya a gobernar Galdácano, a pesar de la complicidad con los hasta 13 etarras del pueblo, y a pesar de las diez personas que ETA asesinó en el pueblo.

No vale decir que todo eso es agua pasada, y tampoco vale decir que no conocen nada de eso. Todas estas cosas son el presente, no el pasado. El presente es Bea Ilardia, concejal de EH Bildu la pasada legislatura, subiendo a Twitter una foto en la que Tomi Madina retira su nombre de la pared de la Herriko y diciendo “Uno menos y se echan en falta otros doce. Bienvenido Tomi”. A la izquierda de la foto retirada, Txapote. A la derecha, Bienzobas. Dos de esos doce.


El presente es toda la gente alrededor de Bildu, los jóvenes, organizando pegadas de carteles y homenajes como el del año pasado a Kepa del Hoyo, en el bosque, con toda la parafernalia simbólica. O las pancartas de agradecimiento a quienes decidieron integrarse en la banda terrorista. Ante ese presente el PNV y el PSE no hicieron nada, o hicieron muy poco. Nunca estuvieron en las redes sociales ni en la calle para combatir el relato de ETA.

Hace unos años se lanzaron cohetes para celebrar que el asesino del niño Fabio Moreno salía de la cárcel, hoy han tirado cohetes para celebrar la victoria, y ese presente ante el que no se hacía nada le ha estallado en la cara al PNV y al PSE, y a todos los vecinos de Galdácano.
En realidad no a todos, claro. Más de la mitad de los vecinos que votaron en las municipales, los que votaron a Bildu, a Podemos y a las dos plataformas vecinales, estaban hoy junto a quienes tiraban cohetes, y estarán junto a quienes reciban como héroes a los etarras del pueblo.

La política es lo que hacen los ciudadanos dentro de la ciudad. La política consiste en aprobar presupuestos, organizar fiestas y realizar obras. Pero también consiste en defender unos principios, en defenderlos activamente y por las razones correctas. Durante años se permitió en Galdácano que los bárbaros ocupasen las calles y sacasen las antorchas. Se permitió no sólo que lo hicieran, sino que lo hicieran sin oposición, sin que al otro lado hubiera un discurso sólido y cohesionado contra el asesinato como herramienta política y contra la complicidad con los asesinos. Todo eso se normalizó gracias a la machacona insistencia de unos pocos y a la cómoda complicidad de muchos. Hoy tenemos a los bárbaros no dentro de la ciudad, sino dirigiendo la ciudad. Era cuestión de tiempo. Desde el momento en que se decidió que no valía la pena recordar a los muertos, que no era necesario defender los principios, era cuestión de tiempo. Sólo había que sentarse a esperar. Y eso fue exactamente lo que se hizo.

La alegría

Iñaki Igerategi se encontraba en su puesto de trabajo, la estación de bomberos de Tolosa, cuando fue detenido en 2012. Iñaki era bombero y miembro de ETA.

Iñaki Igerategi decidió empezar a colaborar con ETA cuando tenía cerca de 30 años, tal y como cuenta Leyre Iglesias en El Mundo en una crónica que merece la pena leer. Antes de eso había empezado a colaborar con el sindicato abertzale LAB. Como miembro de ETA se encargaba de buzonear las cartas de extorsión que la banda enviaba regularmente a empresarios. (En los últimos días ha aparecido información interesante relacionada con esta cuestión. Según recoge Europa Press, y según las actas incautadas a ETA, durante las negociaciones entre el Gobierno de Zapatero y ETA se frenaron todas las detenciones de etarras, se ocultaron las cartas de extorsión que la banda seguía enviando, y el Gobierno del PSOE ofreció a la banda terrorista, para que dejase de enviarlas, “arreglar el problema del dinero”. Es decir, el Gobierno del PSOE se ofreció a financiar la banda terrorista ETA. Pero ésa es otra cuestión).

Además de servir de enlace en el aparato de extorsión de ETA, Igerategi tenía otras funciones. Cuando se habla de las funciones de los miembros de ETA los más normal es que hablemos de dos posibilidades. La primera es que disparen, secuestren o pongan bombas. Que ejecuten los planes. La segunda es que pasen información para que los del primer grupo puedan actuar con eficacia. Igerategi era de los del segundo grupo. Y lo normal si eres alguien que pasa información es que informes sobre aquéllos a los que conoces. En el caso de Igerategi, tres antiguos compañeros de ikastola que trabajaban en la policía autonómica vasca, la Ertzaintza. Igerategi proporcionó información sobre sus vecinos y ETA atacó a esos vecinos, aunque sólo sufrieron daños leves.

Otro vecino de Igerategi era  Joseba Pagazaurtundua. Igerategi -junto a Ignacio Otaño, su compañero en labores de información y extorsión- proporcionó información sobre Joseba Pagaza. Y Pagaza fue asesinado en febrero de 2003 gracias a la colaboración de Igerategi.

Pero esto es algo que ya sabemos. También sabemos que en febrero de 2018, cumplidos los 6 años a los que Igerategi y Otaño fueron condenados, ambos volvieron a Andoain. Y allí fueron homenajeados en público por unos 200 vecinos.

El Ayuntamiento de Andoain, gobernado por EH Bildu, no impidió el homenaje. Cuando Joseba Pagazaurtundua fue asesinado en 2003 el alcalde de Andoain, José Antonio Barandiaran, de Euskal Herritarrok (el EH Bildu de entonces), tampoco condenó el atentado. El PSE y el PP de la localidad presentaron una moción de censura tras el asesinato de Pagaza, pero no sólo por el asesinato de Pagaza. La vida en Andoain para los concejales de PSE y PP, especialmente desde que Batasuna gobernaba el Ayuntamiento, era un infierno. Dejaban una copia de las llaves de sus casas en los felpudos, incendiaban sus casas, amenazas, caras hostiles. El PSE contaba con cinco concejales, mientras que el PP tenía dos. Euskal Herritarrok gobernaba en minoría con cinco concejales, y el PNV-Eusko Alkartasuna contaba con otros cinco. Fueron estos cinco concejales de PNV-EA los que impidieron que la moción de censura saliera adelante, porque al parecer no ayudaba a debilitar el entorno sociológico que da apoyo a ETA, según dijo Josu Jon Imaz, el portavoz del Gobierno vasco en aquella época. Eusko Alkartasuna hoy forma parte de la coalición EH Bildu, y el PNV sigue siendo lo que siempre ha sido.

En cuanto a Igerategi y la alegría, que es de lo que trataba esto, hay que retroceder en el tiempo. No mucho, apenas unos días. El etarra Igerategi fue condenado a seis años de prisión y a pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público, por lo que cuando salió de la cárcel la Diputación de Guipúzcoa se negó a readmitirlo en su puesto de trabajo en el parque de bomberos de Tolosa. El sindicato abertzale LAB recurrió la decisión de la Diputación y finalmente un juez dio la razón a LAB y al etarra Igerategi: según la juez, la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público no es aplicable y no corresponde a la Diputación definirla. El portavoz de la Diputación, Imanol Lasa, confirmó hace unos días que no recurrirán el fallo.

Concentración de bomberos de Guipúzcoa para pedir la readmisión de Iñaki Igerategi. (Foto publicada en Gara)

El sindicato abertzale LAB señaló en un comunicado que acogen “la noticia con alegría”. La noticia es que la persona que posibilitó que ETA asesinara al policía municipal Joseba Pagazaurtundua se reincorporará a su trabajo de servidor público, después de haber aceptado el agradecimiento de doscientos vecinos por su labor en ETA. No se me ocurre mejor homenaje que éste.


El cambio

Ayer mientras volvía a casa me encontré con esta foto. La foto está colocada en la entrada de la Herriko Taberna de Galdácano. La barra del bar está a la derecha, una vez cruzas la entrada. De la pared cuelgan unas placas con los nombres de todos los etarras del pueblo que aún están en la cárcel. Cuando un etarra sale, la placa se retira y se celebra. En ocasiones algún concejal de EH Bildu comparte la celebración en redes sociales.

Bajo la foto hay un cartel que pide la libertad para todos los presos de ETA en general y para Jon Bienzobas, Karaka, en particular. He visto varios de esos carteles hoy por el pueblo, con la cara y la información escogida de Bienzobas, y también carteles que hacen lo propio con Iñaki Krutxaga Elezkano, otro de los etarras del pueblo. Bienzobas fue el responsable del asesinato de, entre otros, Tomás y Valiente. Krutxaga, por su parte, fue el responsable del asesinato de, entre otros, Ernest Lluch.
Probablemente esos carteles no suponen apología del terrorismo. Sólo exponen las dificultades que tienen “ama y aita” para visitar a sus hijos presos y piden que se los libere, a ellos y a todos los demás. Así que los carteles permanecerán en las calles de Galdácano hasta que quienes los han colocado decidan cambiarlos por otros. Si no se retiran los carteles de enaltecimiento, no se van a retirar éstos. Ahora bien, se podría hacer algo interesante. Se podría colocar, al lado de cada uno de los carteles de “Free them all”, un cartel con información sobre los hijosdeama (y de aita). Incluso podría ponerse nombre a la campaña, “Know them all”. Podría hacerse, si hubiera alguien con los medios y la voluntad para hacerlo. Algo como uno de esos partidos que llaman “constitucionalistas”. Volveré sobre esto más tarde.


Sobre la foto hay otra foto. Esa foto es un homenaje a Francisco Javier López Peña, o Xabier López Peña, el etarra Thierry. “AGUR ETA OHORE”. Probablemente la foto lleva ahí mucho tiempo, aunque no tanto como la lápida del etarra en el cementerio del pueblo. La lápida está colocada a escasos pasos de la de Eloy García Cambra. La del primero, jefe de ETA, recibe cuidados periódicos. De la del segundo, policía municipal asesinado por ETA en 1972, han desaparecido varias letras. La metáfora aparece aunque intentemos evitarlo; no creo que queden muchas personas que sepan quién fue.

La foto a la que me refería al principio muestra a dos etarras anónimos, de espaldas, y el hacha y la serpiente. Sobre ellos, “Eskerrik asko ETA”. Bajo ellos, “Garaipenera arte”. “Gracias, ETA” y “Hasta la victoria”. No es la primera vez que veo la foto en el pueblo. En un par de ocasiones en las que las circunstancias lo permitían las despegué, las dos veces cerca de la calle principal. En esta ocasión lo prudente es registrarlo. Al hacerlo me doy cuenta de que en Galdácano se ha producido un cambio importante, y también me doy cuenta de las consecuencias prácticas de ese cambio.

Durante los últimos cuatro años hubo un concejal del PP en Galdácano, Mari Carmen Sánchez Sequeros. No era vecina del pueblo, así que era complicado que pudiera estar al día de todas y cada una de las acciones de propaganda del entorno de ETA. Hace un par de años, no recuerdo cómo, la localicé en Twitter. O alguien nos puso en contacto. Y cada vez que se producía un homenaje, una ocupación del espacio público o una pegada de fotos de los etarras del pueblo, se lo hacía llegar. Siempre lo agradeció y siempre intentó que se tomaran medidas. Nunca consiguió que el Ayuntamiento hiciera nada, pero al menos iba a los plenos a pedir explicaciones al equipo de Gobierno, formado por el PNV y por el PSE. Cuando en Nochebuena colocaban en la calle una mesa a la que sentaban a los etarras del pueblo, el Ayuntamiento, gobernado por PNV y PSOE, no hacía nada. La mesa con las fotos permanecía allí todo el día. Cuando decoraban el pueblo con las fotos de etarras como Txapote y Bienzobas tampoco hacían nada. Sánchez Sequeros, la concejal del PP, llamaba al responsable del equipo de Gobierno y después llevaba la cuestión a los plenos. No podía hacer nada más, pero siempre hizo todo lo que podía hacer.

Antes que ella fue concejal Ricardo Gutiérrez Solana, también en el PP. Gutiérrez Solana era una persona conocida en el pueblo, él sí vivía aquí. Y tuvo que dejar de vivir aquí cuando, después de una campaña continuada de amenazas cada vez más serias, los vecinos de su portal recibieron una carta en la que les invitaban a echar del vecindario a “esta persona de actitudes hitlerianas”. La carta la elaboró Jon Crespo Ortega -otro de los etarras encarcelados que suelen aparecer en las paredes del pueblo- en una lonja y en un ordenador propiedad de Herri Batasuna, que era como EH Bildu/Sortu se llamaba entonces.

A Mari Carmen Sánchez Sequeros nunca le enviaron una carta así. Sólo la llamaron “fascista”, “asesina” y “cerda” en el pleno celebrado pocos días después del fallecimiento en prisión del etarra Kepa del Hoyo, que además de asesinar a dos policías fue concejal en Galdácano. De ahí que desde el Ayuntamiento se publicase un comunicado oficial en el que EH Bildu, Podemos, una plataforma vecinal y el PNV mostraban sus condolencias a la familia y amigos del etarra fallecido y criticaban la política de dispersión. Además de los insultos, el vecino, David Ríos García, también le gritó a la concejal popular lo siguiente: “mírame y quédate con mi cara”. Por ello fue condenado a pagar 360 euros por un delito leve de amenazas. Ese mismo año, pocos meses después, una comitiva de encapuchados esperaba a Sánchez Sequeros a la puerta del Ayuntamiento, antes de la celebración de un pleno. En esa ocasión la llamaron, en la calle, “fascista” e “hija de Franco”.


El domingo Mari Carmen Sánchez Sequeros no consiguió los votos suficientes para volver a ser concejal en Galdácano. En 2015 el PP obtuvo 745 votos, y el domingo sólo 585. Mientras tanto, EH Bildu pasó de los 2662 de 2015 a los 3597 del domingo. Estos votos hicieron que pasaran de cuatro concejales a seis, empatando con el PNV. Probablemente EH Bildu gobernará Galdácano por primera vez, lo que supondrá un cambio importante.
Pero el cambio realmente importante es que ya no quedará nadie en el Ayuntamiento para recibir los insultos cuando denuncie lo realmente indecente. Imagino que es difícil convencer a los vecinos para que te den sus votos cuando no vives junto a esos vecinos, e imagino que a los partidos como el PP no les resultará fácil conseguir candidatos que vivan en pueblos como Galdácano con vecinos como David Ríos García.
Supongo que los analistas más preparados habrán estado lanzando desde el domingo las profundas reflexiones con las que intentan explicar la política: “Qué está haciendo mal el PP en el País Vasco”, “No consiguen conectar con la realidad social del País Vasco”.
El PSOE seguirá con dos concejales, pero también ellos han obtenido más votos. Ellos sí consiguen conectar con la realidad social. Ellos sí van por el buen camino.

La posibilidad

Ya dijeron algunos que Navarra iba a ser la comunidad a la que habría que prestar atención tras las elecciones del pasado domingo. El titular del ABC fue el más claro: “Vuelco electoral en Navarra, que hace una apuesta clara por el Constitucionalismo”. El más claro y, como hoy recoge el mismo ABC, también el más ingenuo. En la pieza del lunes hablaban de los 30 escaños que conseguían las fuerzas constitucionalistas. 19 de Navarra Suma (que podrían convertirse en 20 o incluso 21 tras el recuento) y 11 del PSN de María Chivite. Hoy en cambio se habla por un lado del bloque constitucionalista y por el otro de Geroa Bai (9), Podemos (2), EH Bildu (8) e Izquierda Unida (1). El bloque constitucionalista, hoy, está formado por la coalición Navarra Suma, que agrupa a UPN, PP y Ciudadanos. Y el PSN de Chivite, de momento, está en medio de los dos bloques.

De momento, porque al final el Partido Socialista, no sólo el de Navarra, tendrá que decidir. Durante la campaña Chivite ya dijo que no haría presidente al candidato de Navarra Suma. Chivite ha dicho hoy que quieren “formar gobiernos progresistas”. Es exactamente lo mismo que dijo ayer Lander Martínez, de Elkarrekin Podemos, para explicar que intentarían formar gobiernos con EH Bildu: gobiernos progresistas.
De momento Chivite no confirma que quiere gobernar específicamente con Geroa Bai y Podemos y con los votos de EH Bildu. Y por lo tanto no descarta esa posibilidad. Que el Partido Socialista de Navarra gobierne la comunidad gracias a los votos de EH Bildu es, hoy, una posibilidad. Y habrá sido una posibilidad pase lo que pase.

Chivite dice, para defender esa posibilidad, que quieren formar gobiernos progresistas. Lo que ha pasado en el PSOE para que llamen gobiernos progresistas a los gobiernos con los nacionalistas de todo pelaje es algo que va más allá del PSOE. No ha pasado sólo en el partido. Si un partido dice una estupidez, una mentira, si hace el ridículo, la prensa y los otros partidos recogen la estupidez, denuncian la mentira o se burlan del ridículo. Pero en España, hoy, se puede decir que un gobierno con el PNV, en el País Vasco o en Navarra con su otra marca, es un gobierno progresista.
Más, mucho más aún; se puede decir que un gobierno con EH Bildu es un gobierno progresista. Lo dice Podemos, lo dice el PSOE y lo dice todo del estado actual de la prensa. Entre unos y otros han conseguido que el nacionalismo sea identificado con el progresismo.

Pero lo terrible del pacto que Chivite está buscando en Navarra no es que llevaría a un gobierno del PSOE con los nacionalistas. Esto es algo que es ya una seña de identidad del PSOE, que prefiere hablar de pactos y de líneas rojas en función del emotivista eje izquierda/derecha y no en función del eje nacionalismo/racionalismo, lo que le lleva, por ejemplo, a estar detrás de la degradación política y moral de Baleares. El PSOE hoy es un partido que se encuentra más cómodo con los nacionalistas que con los partidos que siguen defendiendo los ideales de misma libertad y misma igualdad para todos. Así que eso no puede ser lo peor, porque con eso ya se cuenta.  Lo terrible es que el pacto de Chivite exigiría la colaboración de un partido como EH Bildu.

EH Bildu es el partido que, tras ganar las elecciones en Hernani, decide dar las gracias a los 19 “presos políticos” de la localidad, a los 19 etarras a cuyas fotos se dirigía con agradecimiento el nuevo alcalde en su discurso.

EH Bildu es el partido que prometía en San Sebastián pisos de alquiler social para los “presos políticos” que salgan de la cárcel. Y EH Bildu es Sortu, el partido que sigue identificándose junto a ETA en las “luchas de la izquierda abertzale”, el partido que aplaude a Txapote y al resto de etarras del pueblo un 5 de agosto de 2017 en una plaza de Galdácano, el partido de los que hacen homenajes a etarras.

Galdácano, 5 de agosto de 2017. Aplausos para los etarras del pueblo en el homenaje a Kepa del Hoyo.

El otro día estuve repasando Politics and the English Language, el librito de Orwell que alerta sobre los efectos que los atajos y automatismos que usamos en nuestro lenguaje tienen en el discurso político e incluso en el propio pensamiento . Y mientras iba anotando todo esto me daba cuenta de que no hay manera de transmitir qué es EH Bildu a quienes no saben ya qué es Bildu. Cuando decimos “homenajes a etarras” no decimos nada. Es ya una expresión devaluada. No porque no denote nada, como le pasa a “fascista”, sino porque intenta recoger en tres palabras todo lo que hay detrás de los dirigentes y de los votantes de ese partido, que son los que hasta hace cuatro días no se limitaban sólo a aplaudir y homenajear a los etarras. Y lo que hay es mucho. Es imposible transmitir todo lo que es EH Bildu con una expresión como “homenajes a etarras”. Ni siquiera sirve de nada que ampliemos la descripción. Podemos dar nombres, lugares, fechas. Podemos hablar de Andoain, de Galdácano o de Rentería, de Igerategi y Otaño, de Javi de Usansolo o de Kepa Etxebarria, podemos incluso añadir las imágenes. Pero es una batalla perdida.
Cuando el Partido Socialista de Navarra plantea la posibilidad de gobernar con los votos de EH Bildu no sirve de nada apelar a la memoria ni a la razón. Ni siquiera a las tripas. Cuando esa posibilidad existe sin que el PSOE salga alarmado a negarla, no hay nada que hacer.

Y no hay nada que hacer. No en esto. No sé qué pasará finalmente en Navarra. No sé si Chivite gobernará junto a los nacionalistas y con los votos de Bildu. Pero lo que sí sabemos es que para gobernar necesitará los votos de Bildu. Y que si llegase a hacerlo, sus votantes, los del PSN y los del PSOE, retorcerían la razón y la memoria para no tener que enfrentarse al hecho de que habrían aceptado los votos de un partido como EH Bildu. Los de los homenajes, los de Pernando Barrena, Otegi, Arkaitz Rodríguez, los de las ayudas para los presos políticos.
Es decir, los progresistas vascos.

Otro informe para el Gobierno vasco

Leo hoy una noticia en El Mundo. “Euskadi registró 130 delitos de odio en 2018, casi la mitad racistas”. La noticia muestra algunos de los datos que se recogen en un informe sobre delitos de odio elaborado por la Cátedra de Derechos Humanos y Poderes Públicos de la Universidad del País Vasco, informe que se entregó ayer a la consejera de Seguridad del Gobierno vasco. Entre esos datos se encuentra la distribución de los delitos en función de su carácter: racista/xenófobo, de orientación e identidad sexual, ideología/orientación política, creencias religiosas, diversidad funcional y aporofobia.


Como uno tiene los sesgos que tiene, o los intereses, o las circunstancias, o lo que sea, me pregunté después de leer la noticia en qué categoría incluirían los “españoles, hijos de puta”, o los “volveos a España”, o los “no os queremos, no sois bienvenidos” que numerosos vecinos de la localidad guipuzcoana de Rentería dirigieron a los asistentes al acto que Ciudadanos celebró allí el domingo pasado. ¿Caerían en la categoría de ideología y orientación política, o en la de delitos de odio de carácter racista/xenófobo? ¿Y en qué categoría habrían incluido los actos similares que se produjeron en Alsasua? Lo de Alsasua, con los mismos insultos y amenazas, ocurrió en 2018, aunque es verdad que no fue en el País Vasco sino en Navarra. Aun así, como sé que la delimitación de lo que es el País Vasco y lo que es Navarra parece que no está del todo clara en determinados sectores, creí que sería interesante buscar el informe y echarle un vistazo.

El documento es éste: Informe de incidentes de odio de Euskadi 2018. Hay alguna cosa interesante.

Éstos son los delitos de odio registrados en Euskadi en 2018:

  • 17 por ideología/orientación política.
  • 39 por orientación/identidad sexual.
  • 62 por racismo/xenofobia.

Volveré después a la cifra de delitos de odio por ideología/orientación política.


Antes de eso, algo que no consigo entender, pero para lo que seguro hay una explicación: en el informe hay un desglose de los delitos por orientación/identidad sexual y también por racismo/xenofobia, pero no por ideología/orientación política.


Es decir, en el informe se indica a qué categoría pertenecían las víctimas de delitos por orientación/identidad sexual y de carácter racista/xenófobo, pero no ocurre lo mismo con las víctimas de delitos por ideología/orientación política. Únicamente el territorio donde se cometieron. Esto se puede ver en el siguiente gráfico del informe.


Parece evidente que, si se quieren analizar los delitos de odio, es útil manejar una información detallada de cuestiones como la categoría a la que pertenecen las víctimas. Por ejemplo, en las víctimas de delitos de racismo/xenofobia veíamos que había 1 víctima del colectivo asiático, 4 del gitano/romaní y 15 del árabe. Es útil saber esto porque así podremos detectar qué colectivos concretos son más vulnerables.


En cualquier caso, sí parece que en el informe cuentan con algún tipo de dato relativo a la categoría de las víctimas por delitos por ideología/orientación política. Hay que ir hasta la página 74, en el anexo de casos destacados en la prensa.


Recogen cinco casos:

  • Agresión en el Campus de Álava de la Universidad del País Vasco a un estudiante que pertenecía a una asociación que defendía la unidad de España.
  • Actos de bienvenida “a presos” (se les ha debido de caer “de ETA” al escribirlo).
  • Amenazas e insultos al niño Gabriel.
  • El caso de los “jóvenes de Alsasua” “acusados” de terrorismo y odio a la Guardia Civil.
  • Condenas por enaltecimiento del terrorismo a raperos.

Y ahora, lo interesante. El informe recoge 17 delitos de odio por ideología/orientación política. El informe incluye en estos delitos los actos de enaltecimiento y de bienvenida/homenaje a “presos” (de ETA). Covite documentó, sólo en 2018, 196 actos de este tipo.



196 casos de enaltecimiento en 2018. Más que todos los casos juntos de delitos de odio de 2018, que supuestamente incluyen los casos de enaltecimiento, recogidos en el informe: 130 casos en total. ¿Será que hacen un uso estricto del concepto “delito”? No lo parece, según lo que se puede leer en el propio informe.


Para terminar, por qué creo que esto es importante, además de interesante. En 2018 hubo un total de 29 detenciones relacionadas con delitos de odio. 23 de los 29 detenidos lo fueron por delitos relacionados con ideología/orientación política. Categoría que, por alguna razón, no está desglosada en el informe.


Comenzaba el comentario a este informe preguntándome en qué categoría incluirían los “españoles, hijos de puta”, “volveos a casa” o “no os queremos, no sois bienvenidos” de Alsasua y Rentería. En este último caso, por cierto, promovidos por un sindicato (LAB) y por un partido político, Sortu, que es el principal partido de la coalición EH Bildu. Pues bien, parece que los autores del informe también se lo preguntaron, y parece que entrarían en la categoría de racismo/xenofobia, concretamente en “otra raza/origen étnico”.


También me parece interesante porque me ha hecho recordar uno de los colectivos étnico/raciales incluidos en el desglose de delitos racistas/xenófobos: “Sin especificar”. Curiosamente es el colectivo hacia el que se cometía un mayor número de delitos, por bastante diferencia. 25, o lo que es lo mismo, el 40,32% del total de delitos.


Actuaciones inaceptables

Hace unos días el cabeza de lista de EH Bildu para las elecciones europeas, Josu Juaristi, renunciaba a su candidatura por haber tenido “actuaciones inaceptables” con su ex pareja. El candidato confesaba que había enviado mensajes sin el consentimiento de la otra persona y que eso había ocasionado daño.

EH Bildu aceptó la renuncia del candidato y decidió también suspenderlo de militancia.

Pernando Barrena fue un histórico dirigente de HB que en 2016 reconoció, junto a otros 34 compañeros de Batasuna, su integración en organización terrorista. Reconoció que cuando era dirigente de Batasuna en realidad estaba trabajando a las órdenes de ETA.

EH Bildu comunicó ayer el sustituto de Josu Juaristi, que renunció por “actuaciones inaceptables”: será Pernando Barrena.