Adultas por encima de todo

Hace unos días Pablo Iglesias y Pablo Echenique se refirieron a un análisis que exponía las deficiencias técnicas que lastraban el anteproyecto de ley de libertad sexual, elaborado por los responsables del Ministerio de Igualdad. “En las excusas técnicas hay mucho machista frustrado”, dijo Iglesias. “Parece que cuando se plantea un avance en los derechos de las mujeres haya quien esté deseando que venga un machote a decir: ‘Déjame, que yo te explico cómo hay que hacer las cosas“, dijo Echenique.

Iglesias y Echenique dijeron eso porque la responsable última de haber presentado un anteproyecto de ley con deficiencias técnicas de todo tipo -también ideológicas, claro, pero eso ya es otra cuestión- fue una mujer. Irene Montero.

Ayer el Partido Popular presentó su vídeo de campaña para el 8-M, que es en sí mismo otra campaña. El lema del vídeo del PP es el siguiente: ‘Mujer, por encima de todo’.

En el vídeo aparecen varias dirigentes del PP refiriéndose a otras mujeres. En positivo, obviamente. Por ejemplo, Cayetana Álvarez de Toledo habla bien de Inés Arrimadas. Habla bien en doble sentido: “Si tuviera que destacar una virtud de Inés Arrimadas puramente femenina no podría destacar lo más importante de ella. Porque la valentía no es un atributo exclusivamente femenino sino de todas las personas, independientemente de cualquier consideración identitaria. E Inés Arrimadas yo creo que por encima de cualquier otra cosa es una mujer valiente. Una persona valiente”. 

En el vídeo aparece además Elvira Rodríguez hablando bien de Nadia Calviño, Ana Pastor hablando bien de Gloria Elizo o Isabel Díaz Ayuso hablando bien de Ana Oramas.
Y también Andrea Levy hablando bien de Ada Colau. Y Ana Beltrán hablando bien de Irene Montero. Y Cuca Gamarra hablando bien de Nuria Marín.

Imagino que el mensaje que quieren transmitir es que, por encima de las diferencias políticas, todas ellas son mujeres. Y que todas ellas son personas, imagino. Y que se puede decir algo bueno sobre todas ellas. Pero esto es lo que se podría esperar de algún taller de empoderamiento, no de un partido político. Es lo que cabría esperar, tal vez, en el grupo de mediación de un colegio, compuesto por alumnos. No en un partido político. Ni siquiera en un partido político que decide participar en algo como el 8-M.

En un partido político, y en general en la política, cabe esperar un discurso que vaya más allá de la seducción, la empatía, la sororidad y otros conceptos vacíos. Un discurso que trate a los ciudadanos y a los políticos como adultos. También, y no sería necesario especificarlo, a las mujeres. Especialmente si se trata de un discurso que pretende ser feminista.

Porque en eso consiste, creo, lo que muchos tenemos en mente cuando hablamos del feminismo. En tratar de la misma manera a los hombres y a las mujeres. En esperar y exigir lo mismo de ellos. En no dar menos valor a alguien por el hecho de ser mujer; tampoco más.
Considerar de la misma manera a Ada Colau y a Inés Arrimadas o a Nuria Marín y a Nadia Calviño porque son “mujeres por encima de todo” es una afrenta a Inés Arrimadas y a Nadia Calviño. Y posiblemente a todas las mujeres que no quieren ser “mujeres por encima de todo”, sino educadas, honradas, trabajadoras, inteligentes, competentes, valientes. Y que saben que si alguien es maleducado, deshonesto, vago, ignorante, incompetente y cobarde, lo de menos es que sea hombre o mujer.

Irene Montero, como ministra, no es una mujer por encima de todo. Es una adulta con responsabilidades por encima de todo. Quienes exigen un tratamiento distinto para ella como ministra por el hecho de que es una mujer, curiosamente, lo exigen en nombre del feminismo.
Por eso esta campaña del Partido Popular es un error, además de una oportunidad perdida. Porque no se trata de defender que una mujer pueda ser ministra. No es necesario. Lo necesario, lo oportuno, sería defender que una mujer ministra no es una víctima en potencia, y que no debe ser tratada de manera distinta por el hecho de ser mujer.

Una campaña realmente feminista, si es que por “feminismo” entendemos lo que se supone que todos entendemos, habría sido “Adultas por encima de todo”. O incluso “Adultos”, si se hubieran sentido con la convicción necesaria.
En su lugar el Partido Popular presenta esto. Tal vez porque Cuca Gamarra, cuando tiene que definirse en el vídeo de la campaña que ella ha dirigido, se define como “una mujer de su tiempo”. Y esto es lo que presenta el Partido Popular, exactamente. Una campaña feminista de su tiempo.

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Ayer después de verlo me venían varios nombres de mujeres en el Congreso, y en la política en general. Marian Beitialarrangoitia. Mertxe Aizpurua. Laura Borràs. Carme Forcadell. Mujeres que han concebido la política como un señalamiento constante de los otros. Y de las otras. Mujeres que han centrado su carrera política en trazar la línea que divide el ellos y el nosotros. Que han llamado a actuar contra ellos. Y contra ellas. Que han considerado que su pueblo no estaba formado por ciudadanos, sino por ciudadanos que eran vascos por encima de todo, o catalanes por encima de todo. Así que, ¿mujeres por encima de todo? No, hombre. Esas mujeres tienen más en común con Quim Torra y con Arnaldo Otegi que con Inés Arrimadas y Maite Pagazaurtundua. 

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Ayer le daba vueltas también al tono de la campaña. Las tarjetitas, el lado humano, el florecimiento de las emociones. Y me acordaba de Évole, los pactómetros, el estilo desenfadado de cierta cadena de televisión.
Pero probablemente es sólo una impresión.

La liberación era esto: discriminar y felicitarse por ello

Un grupo de personas ocupa un edificio y declara que a partir de ese momento las personas de un determinado sexo tendrán prohibida la entrada. Es decir, reconocen abiertamente que discriminarán por cuestión de sexo.

Presentado así, sin adornos, seguramente le parecería mal a muchísima gente. Tratar a una persona de forma distinta Impedir la participación de una persona por su sexo, raza o religión está feo. Pero si decimos que quienes han ocupado el edificio son mujeres feministas y las personas a las que se excluye son los hombres, la cosa cambia. Entonces se aplaude la iniciativa, y si alguien se atreve a decir que sigue siendo discriminación sale a relucir el fantasma del polilogismo. No eres tú quien habla, sino el heteropatriarcado.

Hace poco leí una historia parecida. Una estudiante universitaria organizó un acto contra el racismo en una universidad británica. Poco después publicó en Facebook que si algún hombre o persona blanca había recibido una invitación, por favor, se quedase en casa. Apelaba a la responsabilidad de esos hombres o personas blancas, porque se trataba de un acto sólo para minorías étnicas y mujeres. Ah, y para personas “no-binarias”.

bah

No sé si estas cosas son propias de una minoría desubicada, o si dentro de poco pasarán a formar parte del ritual de lo políticamente correcto. Tal vez la discriminación “buena” termine introduciéndose en las escuelas, del mismo modo que ya no se puede usar “alumnos” para referirse a todos los alumnos (y alumnas).

La noticia sobre la casa ocupada, aquí.

La noticia sobre el evento racista contra el racismo, aquí.