7. Xabier Garcia Gaztelu

Xabier (Francisco Javier) García Gaztelu es el séptimo.

Xabier García Gaztelu es vecino de Aperribai, el barrio de Galdácano del que también salieron Francisco Javier López Peña, ‘Thierry’, y Jon Bienzobas.

Xabier García Gaztelu es también conocido como ‘Txapote’. Y seguramente es el etarra más conocido de los que decoran las paredes de Galdácano en fiestas. Es conocido porque durante años se habló de su rostro, de sus gestos, de su frialdad, de su crueldad. Fue el autor de varios asesinatos y ordenó muchos otros desde su condición de dirigente de ETA.
Xabier García Gaztelu asesinó a Alfonso Morcillo, asesinó a Gregorio Ordóñez, asesinó a Fernando Múgica, asesinó a Miguel Ángel Blanco, asesinó a Manuel Zamarreño, asesinó a Enrique Nieto, asesinó a José Javier Múgica, asesinó a Fernando Buesa, asesinó a José Ignacio Iruretagoyena, asesinó a José Luis López de Lacalle.

Con Txapote se acaban los adjetivos. Sanguinario, cruel, frío. Y está bien que se acaben, porque lo que importa son los hechos. Los hechos más importantes son los asesinatos. Y el hecho por el que hay que escribir sobre García Gaztelu es que durante años se dedicó a asesinar y su foto aparece en las fiestas de un pueblo y no pasa nada.

Lo que diferencia a García Gaztelu del resto de etarras de las fotos es sólo el número. El número de asesinatos que llevó a cabo y el número de asesinatos que ordenó. Son muchos. Los demás etarras también asesinaron, o proporcionaron información para que se llevasen a cabo asesinatos, o ayudaron de algún modo, el que fuera, a una organización terrorista. No asesinaron a tantos como García Gaztelu. Pero todos ellos son responsables de todos los asesinatos cometidos por ETA.

También hubo gente fuera de ETA que ayudó a ETA. Y no me refiero a los que señalaban, a los que acosaban o a los que agredían. Ésos siempre han estado dentro. Me refiero a los que callaban, a los que restaban importancia o a los que, incluso, bromeaban.

Por último estamos los que permitimos que todo esto sea normal. Los que vivimos en Galdácano, en Berriozar, en Rentería, en Elgoibar. Recordamos, claro. Pero no es suficiente.

Xabier García Gaztelu no es un preso político. Es un miembro de ETA. Y por eso está en la cárcel.
Y en las paredes de Galdácano.

txp

 

Capital de la cultura

Los responsables del proyecto más importante de San Sebastián 2016 hablan de ETA como un “fenómeno político, militar y cultural“. Es interesante la elección de esos tres adjetivos, pero es más interesante aún la ausencia del adjetivo clave: ‘terrorista’.

De los tres adjetivos, el que mejor define lo que fue ETA es el tercero. Sí, ese ‘cultural’.
ETA fue, también, una cultura. Una cultura transmitida, compartida, una cultura popular. No fue sólo García Gaztelu, De Juana Chaos o Martínez Izagirre. Los asesinos contaban con un público paciente, cobarde, miserable. Era un público variado. Los que llevaban el anagrama de ETA a una biblioteca para presumir entre los amigos. Los que cobijaban etarras en sus casas. Los que decían “algo habrá hecho“, los que decían nombres y los que nunca decían nada. Sin esa cultura ETA, sencillamente, no habría sido posible. O al menos, no de la misma forma.

Gregorio Ordóñez fue asesinado mientras comía en un restaurante de la parte vieja de San Sebastián. En la misma ciudad fueron asesinadas más de 90 personas. Josu Zubiaga, viceconsejero de Seguridad del Gobierno vasco, dijo tras los atentados de París que “todo es terrorismo, pero ETA trataba, entre comillas, de respetar el entorno general“.

En ese entorno general se situaban los que hicieron de ETA un fenómeno cultural. Los que participaron de esa cultura.
Más de 90 asesinatos de ETA, fenómeno cultural, en San Sebastián. La capital de la cultura.