La indiferencia de un pueblo sano

Cuando Maite Pagazaurtundua propuso ayer en Miravalles guardar un minuto de silencio por las víctimas de Josu Ternera, los que estábamos allí nos callamos. La sirena del pueblo, que había comenzado a sonar en cuanto los organizadores del acto llegaron al frontón, siguió sonando. La consecuencia fue que los insultos se escucharon aún mejor.
Antes de eso un comité de periodistas con cámaras y de vecinos, también con cámara -era difícil distinguirlos- se había agrupado en la ermita en la que nos fuimos juntando quienes habíamos decidido asistir al acto de Ciudadanos. Todavía no decían nada. El mensaje lo habían delegado en pancartas como la que colgaba de la estación de tren, “Ugaon ez zarete ongi etorriak”, (No sois bienvenidos en Ugao), y en algunas de las ventanas. En una de ellas se podía distinguir una foto con la cara del etarra Josu Ternera, el vecino Urrutikoetxea, y otro mensaje: “Josu askatu” (libertad para Josu). La foto estaba colocada sobre una ikurriña.


El día antes algunos comerciantes y vecinos del pueblo habían invitado a bajar las persianas de las viviendas y de los comercios. Había casas con las persianas bajadas, y casas, muchas, con las persianas subidas. También había vecinos asomados a los balcones y las ventanas, algunos de ellos, especialmente en la plaza del frontón donde hablaron Maite Pagaza y Albert Rivera, pertrechados con cazuelas, silbatos y mensajes ofensivos, primero en pancartas y después, cuando comenzó el acto, de viva voz.
En lo que no me fijé fue en cómo estaban los comercios. De un bar salió un vecino cerveza en mano para gritar “Gora Euskadi Ta Askatasuna”, así que había al menos un comercio abierto. En los demás no me fijé porque la calle por la que llegamos a la plaza del frontón estaba llena de fotos con la cara del etarra, del vecino Ternera, y con un mensaje que añadía un toque especial al omnipresente “Josu askatu”. Antes de eso se podía leer, sobre la cara del etarra Ternera, lo siguiente: “Maite zaitugu”. Es decir, “Te queremos”. Era difícil fijarse en otra cosa.

Antes de llegar al frontón pasamos por una pequeña plaza en la que se habían concentrado varios vecinos para mostrar su rechazo. Esos vecinos estaban de espaldas y entre ellos y nosotros había una pancarta: “Ez zarete ongi etorriak. No sois bienvenidos”. Esta vez en euskera y en castellano, para la foto. Este acto de rechazo se había organizado en la misma asamblea popular en la que el día antes se había propuesto cerrar los comercios, bajar las persianas, paralizar el pueblo. La indiferencia normalmente consiste en seguir leyendo el periódico o seguir tomando el café mientras pasan cosas. Hacer como si nada. En el caso de Miravalles, algunos vecinos organizaron una performance con varios puntos de control, colocaron y activaron una sirena en el lugar del acto, adornaron el pueblo con mensajes de cariño para un etarra y con mensajes de odio para los representantes de un partido político como Ciudadanos, y acompañaron a quienes decidieron asistir al acto con los insultos que ya se habían escuchado en Rentería y en Alsasua. Una parte de la prensa llamó a esto “indiferencia”, y dijo que los vecinos habían recibido con silencio a los asistentes, a pesar de los decibelios de la sirena, que ahogaba incluso los insultos.
En el checkpoint a mitad de camino, donde varios ciudadanos del pueblo esperaban para seguir leyendo el periódico y apurar la taza de café, la tensión era evidente. La orden era mostrar la espalda y guardar silencio. Algunos se habían colocado el “Ez zarete ongi etorriak” en la espalda, por si no se leía en la enorme pancarta. Otros levantaban el dedo corazón. Pero lo llamativo ocurrió cuando se escucharon los primeros “fascistas”, “hijo de puta” y “fuera de aquí”. Los que intentaban seguir en silencio mandaron callar para no romper el encanto. “Sssssssssssh”. Cuando lo dice alguien en una biblioteca o en un aula suele ser un “Ssh” corto. Ayer sonó como si estuviéramos pasando por delante de una reunión de serpientes. Se puede escuchar en el vídeo del siguiente tweet, a partir del 0:28.


En fin, los de la performance tuvieron dificultades para mostrar a la prensa una cara “amable”, pero la prensa, buena parte de la prensa, fue comprensiva y habló de indiferencia y silencio. Tal vez porque después de ver decenas de fotos con la cara de Josu Ternera cualquier cosa parece una cara amable.
Al final de la calle estaba la plaza del frontón y allí se vio (y se oyó) la otra cara de la misma performance. Algunos de los que habían posado en el acto de repudio silencioso vinieron a gritar los habituales “hijos de puta” y “fuera de aquí”. Alguien colocó la sirena, y alguien también tuvo que haberla adquirido. Yo no pude verla, y tampoco sabría dónde se adquiere algo así, pero ahí estaba. Tampoco sé si cuando alguien decide hacer sonar una sirena a las 12:00, por el motivo que sea, cuenta normalmente con la indiferencia de la policía local. En este caso la sirena estuvo sonando durante media hora sin que agentes locales pasaran por allí.
Habló Maite Pagazaurtundua y habló Albert Rivera. La primera habló a quienes insultaban, a quienes salieron a mostrar apoyo a Josu Ternera tras su última detención y a quienes habían escrito “Te queremos” en la foto del etarra. También, en general, a quienes hacían cosas como éstas y otras mucho peores cuando la banda de Ternera aún no había sido desarticulada. Al hacer esto, al hablarles a ellos en su casa, habló también a quienes tienen que convivir en pueblos como Miravalles con los vecinos a los que interpelaba Pagaza, y también les habló en su casa. El mensaje para estos vecinos estaba implícito en el mensaje a los primeros. Una pequeña parte de la prensa y de la opinión en redes vio esto y señaló que Pagaza, o Rivera, habían venido a Ugao a insultar a todos los vecinos, a llamar terroristas a todos los vascos. Una parte pequeña de la prensa lo señaló, y otra parte no tan pequeña lo insinuó. Esto es algo tan cierto -y tan fácilmente comprobable- como el silencio con el que los vecinos hostiles acompañaron el acto.
Pagaza se refirió a Pernando Barrena y a sus palabras como militante tipo de la izquierda abertzale -rival en las elecciones europeas, elecciones en las que, oh, sí pueden votar los vecinos de Miravalles-, Rivera se comprometió a llevar al Parlamento una ley para prohibir los homenajes a etarras.

Pero como decía antes del acto, los discursos y las medidas propuestas no fueron lo más importante. Lo importante fue que los vecinos de Miravalles pudieron ver un acto político en el que no se homenajea a un etarra, un acto en el que de hecho se denuncian esos homenajes y a quienes participan en ellos. En Miravalles gobierna el PNV y EH Bildu es la única oposición. La tranquilidad, en Miravalles y en tantos otros sitios en los que el PNV gobierna -solo o con el apoyo del PSE-, consiste en que los primeros dejan que los segundos, los abertzales, organicen todos los homenajes que quieran a personas como Josu Ternera. Andoni Ortuzar salió una vez más a denunciar la enorme indignidad que supuso el acto. Lamentó que se estigmatizara a un pueblo entero por “una persona que nació allí”. Andoni Ortuzar es vasco, vive en el País Vasco e incluso es dirigente de un partido vasco. Pero es nacionalista, algunos dicen que moderado. Y tiene dificultades para articular el pensamiento cuando hay que pensar sobre lo que fue ETA y sobre su legado. Ortuzar lamentó que se estigmatizara a Miravalles/Ugao por “una persona que nació allí”, pero no fue esa persona que nació allí la que colocó su propia foto ni la que se dijo a sí mismo “te quiero”. Fueron vecinos de Miravalles, de Ugao, los que decidieron adornar el pueblo con la foto de un etarra como Josu Ternera, con el mensaje “te queremos”. Fueron vecinos, otros, los que vieron esas fotos unas horas antes del acto, o unos días antes, y permitieron que siguieran ahí, a la vista de todos. Ortuzar añadió al final del lamento que “Ugao es un pueblo sano”.



El acto de ayer sirvió, precisamente, para mostrar la salubridad de los pueblos como Miravalles. Ortuzar, las personas como Ortuzar y las personas que quisieron mostrar su amor al etarra Ternera siguieron diciendo que todo está bien. Al finalizar el acto, la “Brigada de desinfección antifascista” de Sortu apareció para desinfectar el suelo por el que habíamos pasado.