Foley, la hoja en blanco y las palabras vacías.

 

No he visto el vídeo del asesinato de Foley. Algunos se refieren a ello como ejecución. Otros, más gráficos y tal vez más neutros, hablan de decapitación. Ya hay posicionamiento, consciente o no, en esa elección. También para explicar por qué no se ha visto hay que elegir. No he podido verlo. No he querido verlo. Me he prohibido verlo. O no lo he visto, en mi caso. Porque realmente no sé cuál es la razón para no haberlo visto. No siento que nada me obligue a ninguna de las dos opciones. Imagino que es tan respetuoso hacerlo como no hacerlo, del mismo modo que verlo puede ser tan inmoral como negarse a verlo. En cualquier caso, todo son rodeos. Revoloteamos sobre el acto en sí. Cuando lo adjetivamos, cuando nos posicionamos, cuando tratamos de explicarlo o de explicarnos. Revoloteamos, no sé si como moscas, como buitres o como fantasmas. Especialmente cuando, como ahora, decimos algo más de lo estrictamente necesario. Cuando decimos algo, en definitiva.

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