Liberalismo y pensamiento mágico

reagan

 

Entre los numerosos círculos liberales españoles es bastante frecuente encontrar argumentos muy pobres a la hora de abordar la cuestión del Estado, que podríamos condensar en la siguiente idea fuerza: el Estado es malo, y no sólo es malo sino que es el Gran Mal, enemigo de todos nosotros y cuya principal función es impedir que seamos libres. La personificación con tintes de novela fantástica, por cierto, lejos de ser accidental es un elemento básico de ese argumentario fallido. Desde esa premisa –el Estado es alguien, y es el Mal- se construyen los citados argumentos, que lógicamente no pueden sino mover a risa o lástima en un público neutral. Todo lo que toca el Estado es siempre y necesariamente malo, y por tanto cualquier política, independientemente de sus objetivos e incluso de sus resultados, será indeseable por el mero hecho de partir del Estado. Independientemente de sus resultados. He ahí la clave de la cuestión, porque se trata de un análisis apriorístico. Es decir, no puede haber una política de desarrollo de la industria, o de ayuda a los estudiantes con menos recursos, o de salud que sea al mismo tiempo eficaz y pública. Y si no puede haberla, ¿para qué molestarse en analizar casos concretos, o en comprobar si, por alguna razón, ha aparecido un cuervo rojo que refute la teoría?

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