37 ciudadanos

Hoy al mediodía está previsto un acto del partido Ciudadanos en Miravalles/Ugao.
Miravalles es una pequeña localidad vizcaína de unos 4000 habitantes, similar a muchas otras localidades vizcaínas. Tiene su Plaza del Pueblo, imagino que tendrá su Herriko Taberna, y desde luego tiene su vecino etarra. En el caso de Miravalles el vecino es Josu Ternera, nada menos. Hace unos días José Antonio Urruticoechea, Josu Urrutikoetxea, el etarra Josu Ternera, fue detenido en Francia mediante una operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía francesa. Sortu, el principal partido de la coalición EH Bildu, organizó una manifestación de protesta en el pueblo para mostrar su malestar por la detención del etarra Ternera. En la pancarta que encabezaba la manifestación se podía leer “Josu eta besteak askatu”, es decir, libertad para Josu y los demás. Los demás son los otros presos de ETA. En la pancarta había también un dibujo de un pájaro atravesando los barrotes de una jaula y volando libre. Antes de la manifestación convocada por Sortu, varios vecinos del pueblo ya habían organizado un acto para pedir la libertad de su vecino, el etarra Ternera.

Hoy al mediodía está previsto un acto de Ciudadanos en Miravalles. Y esto es algo que ha molestado mucho a todos los que aceptan con normalidad que los vecinos de Miravalles y de otros pueblos vascos organicen homenajes a etarras como Josu Ternera, Kepa del Hoyo o Javi de Usansolo. Todos los que ayer pedían las sales -cargos del PNV como Andoni Ortuzar, representantes del Ayuntamiento de Miravalles y en general cualquier persona afín al nacionalismo vasco, en su vertiente jeltzale o abertzale- son los que callan cada vez que los vecinos de algún pueblo deciden mostrar su aprecio a etarras como Josu Ternera, por ejemplo organizando una cena de Nochebuena simbólica y sentando a la mesa las fotos de etarras como Txapote. Ellos, que con su indiferencia otorgan normalidad a los continuos actos de enaltecimiento terrorista en tantos pueblos vascos, piden hoy las sales. Porque el partido Ciudadanos pretende celebrar un acto político en uno de esos pueblos. Y porque, dicen, Ciudadanos apenas tiene votos en Miravalles.

En las últimas elecciones generales hubo 37 personas que decidieron votar a Ciudadanos en Miravalles. No obtuvieron ningún voto en las municipales de 2015 y tampoco lo obtendrán en las del próximo domingo, porque no presentan lista en esa localidad. Pero en Miravalles hay 37 ciudadanos que probablemente acogerán con agrado la visita del partido. O acogerían. Porque ayer se celebró en el pueblo una asamblea popular para organizar la respuesta vecinal a la visita. En esa asamblea se invitó a los vecinos a cerrar o bajar las persianas de las tiendas y a bajar también las persianas de las viviendas, como muestra de rechazo colectivo. También se invitó a los vecinos a una concentración de repulsa en la Plaza del Pueblo, y a dar la espalda a los asistentes al acto del partido Ciudadanos mientras recorren las calles. Estas acciones sirven tanto para mostrar rechazo como para mostrar quién no muestra rechazo. Así que a lo mejor alguno de esos 37 votantes de Ciudadanos se suma no al acto de Ciudadanos, sino a la invitación de la asamblea popular. Sería comprensible.

En uno de los westerns más famosos de la historia, un criminal es liberado sin que haya cumplido su condena. El criminal había jurado vengarse de quien lo detuvo, el sheriff de un pequeño pueblo llamado Hadleyville. El sheriff había decidido jubilarse y mudarse a otro lugar, abrir un negocio y formar una familia, pero se entera de que el criminal ha sido liberado y de que planea volver al pueblo. Los amigos del sheriff intentan convencerlo para que abandone Hadleyville cuanto antes. También su mujer lo intenta. Pero el sheriff decide quedarse. Recupera su insignia, viste una vez más la estrella y se queda en el pueblo, esperando al tren del mediodía en el que llegará el criminal. El sheriff intenta reunir un grupo de ciudadanos para plantar cara al criminal y a su banda, que también espera en el pueblo. No consigue a nadie. Incluso su antiguo ayudante renuncia. Y finalmente se enfrenta solo al criminal y a su banda.
El final es lo de menos.

Hoy al mediodía está previsto un acto de ciudadanos en Miravalles. Acudirán dirigentes y simpatizantes de un partido y tal vez algún vecino del pueblo. También acudirán personas de pueblos cercanos que votan a ese partido, o a otro, o a ninguno. Algunos acudirán por la llamada del partido, otros por la llamada de la conciencia y otros por los 37 vecinos. Muchos acudirán porque tal vez ya están hartos de tolerar una normalidad malsana que convierte las calles de tantos pueblos vascos en escenarios para homenajear a los terroristas de ETA cuando éstos, como el criminal de la película, vuelven a sus pueblos.
El partido que convoca el acto no obtendrá ningún voto en Miravalles ni en ninguna de las otras localidades parecidas a Miravalles, con sus plazas del pueblo, sus Herriko Tabernas y sus vecinos etarras. No sé si el acto hará que el partido obtenga más votos en las localidades que no son como Miravalles. Francamente, es lo que menos me importa. Lo que me importa, como ciudadano de una localidad parecida a Miravalles -Galdácano-, es que comencemos a recuperar la decencia. Lo que me importa es que los ciudadanos que no apoyamos a quienes durante décadas ejercieron el terrorismo como herramienta política entendamos que la normalidad es otra cosa. Que recibir con aplausos, antorchas y bailes a quienes decidieron dedicar su vida a sembrar el terror es lo más alejado de la normalidad. Que debe dejar de ser normal, que debe empezar a hacerse en los sótanos de los pueblos, no en las plazas, y que todo eso seguirá siendo normal sólo si dejamos que siga siendo normal, si cogemos el tren de las 12:00, si bajamos las persianas.

Hoy al mediodía habrá una reunión de ciudadanos en Miravalles y el final, de nuevo, es lo de menos.