Zancadillas al corrupto caído

Ayer intenté escribir por enésima vez sobre la distinción entre la corrupción financiera, tan atractiva para los medios comprometidos, y la corrupción moral, a la que durante treinta años pocos, poquísimos prestaron atención.

Estos días los medios enfáticos se dedican a zancadillear al líder caído. Pujol es un corrupto, el régimen del 3%, y encima con la crisis que teníamos, etc. Es un continuo golpearse en el pecho y mesarse los cabellos ante la multitud. Ese tipo de corrupción tiene el mismo efecto que una gota de sangre en una bañera con pirañas. Atrae lectores y espectadores, no requiere demasiado análisis, y sobre todo, apela a lo más básico. Los dineros. Los hombres olvidan más fácilmente la muerte del padre que la pérdida del patrimonio, decía Maquiavelo. Los líderes pueden adoctrinar, mentir, señalar a los vecinos del segundo. Pueden hacer prácticamente lo que quieran, durante décadas, siempre que cuenten con la coartada del nacionalismo. Los medios les dejan, y los otros-medios fomentan la risa. Jaja, quieren romper España. Jaja, ponen multas si no rotulas en catalán. Jaja, no puedes estudiar en castellano. Ninguna de esas noticias despierta al cuarto poder, nadie se sube a la gran roca para lamentarse, y a los pocos que intentan combatir esa corrupción se les llama exaltados.

Hasta que salen las cuentas ocultas, los blanqueos y los coches de lujo. Hasta que el anteriormente conocido como Molt Honorable cae. En ese momento se abre la veda y la prensa comprometida comienza a morder, cuando ya no hay peligro. Pero ni siquiera entonces reparan en la otra corrupción. Esa corrupción es la que se encargó, durante treinta años, de extender la irracionalidad. De hacer que el líder de un partido, Oriol Junqueras, diga que quiere creer, necesita creer, que sus representantes institucionales están limpios.

El único error que los líderes nacionalistas no pueden cometer es dejar que se extienda la percepción de que han robado. Para todo lo demás, siempre tendrán bula.

¿Y si hablamos con el vecino del segundo?

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El vídeo no deja de ser una anécdota. Lo repugnante, lo sórdido y lo enfermizo pueden presentarse también bajo esa forma. Los calificativos no modifican el carácter anecdótico del hecho, y el carácter anecdótico del hecho no hace que éste sea menos repugnante, sórdido o enfermizo.

Las anécdotas, como sabemos, pueden ser hechos aislados. O pueden ser algo más. Por lo tanto, habría que aclarar si lo que se ve en el vídeo afecta sólo a esas dos o tres personas repugnantes, sórdidas y enfermas, o si por el contrario se trata de actitudes compartidas por un conjunto más grande.
Lo que se ve en el vídeo es lo siguiente.

Dos ancianos se acercan a una mesa de un colegio electoral para coger las papeletas que depositarán en la urna. Tres interventores, dos de Junts pel Sí y una de la CUP, los observan atentamente. Tan atentamente que se acercan para ver qué papeleta han escogido. Cuando descubren su elección, uno de los interventores de Junts pel Sí comparte con la interventora de la CUP una mirada de complicidad, y sonríe con desgana (y con algo más a lo que no consigo poner nombre. No es sólo arrogancia, no es superioridad.) La interventora de la CUP realiza varias muecas para mostrar el asco que le produce la opción que han elegido. Por último, el otro interventor de Junts pel Sí ríe también, de manera algo más disimulada.

Me resulta muy difícil considerar la escena como algo meramente anecdótico. Seguramente, una de las razones que explican esa dificultad es una imagen que vi hace poco. Es la imagen que he colocado al principio. Es también la portada de un libro, y el título de ese libro, precisamente, es el título de esta entrada. ¿Y si hablamos con el vecino del segundo?
Por segunda vez haré algo que casi siempre me parece innecesario. He descrito un vídeo y ahora voy a describir una imagen. Nunca se sabe.
La portada de ese libro es un dibujo. En el dibujo se ve un bloque de pisos repleto de banderas catalanas. La cuatribarrada, la estelada blava, la estelada vermella. En todos los balcones se exhibe alguna de esas banderas. ¿En todos? ¡No! El vecino del segundo presenta un balcón vacío. Una anormalidad. Y esto es incomprensible para la vecina del primero B, claro. Por eso propone al vecino del primero A ir a visitar al vecino del segundo.

El subtítulo del libro es “La independencia explicada a los indecisos”. Así que suponemos, como la vecina del primero, que el vecino del segundo está indeciso. Lo que sí parece claro es que ese vecino necesita un empujón. No hacia la calle, en principio, sino hacia la comprensión. Al fin y al cabo, no está bien dejarle solo con sus dudas. La soledad es muy puñetera, porque te saca de la tribu. Y eso, en una comunidad de vecinos, no es agradable.

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Puede que otra de las razones sea el recuerdo de otra escena que vi también hace poco. Las dos escenas tienen algo en común. La risa y el asco. En este caso, la risa de Mas y el asco de Colau. Ambos se producen cuando Alberto Fernández Díaz intenta colgar una bandera de España del balcón del Ayuntamiento de Barcelona, en el día grande de las fiestas patronales. Momentos antes, Alfred Bosch y Jordi Coronas, ambos de ERC, habían colgado una estelada en ese mismo balcón sin que nadie lo impidiera. Es decir, una bandera no institucional. La española, en cambio, es la que produce la anormalidad. Como el vecino del segundo.
Mas sonríe, como hizo en la final de la Copa del Rey al lado del Jefe de Estado mientras el público, bien organizado, pitaba el himno.
Ada Colau, en cambio, no puede soportar el asco -esas cosas le producen urticaria, diría después- y abandona el balcón. El balcón del Ayuntamiento de Barcelona, del que es alcaldesa. Otra anécdota.
Por último, un tal Pisarello asume el papel de bufón de la corte. Es primer teniente de alcalde de Colau, y cuando Alberto Fernández Díaz saca la bandera, él intenta arrebatársela. Con una media sonrisa nerviosa.

Así que, como decía, habría que aclarar si la actitud repugnante, sórdida y enfermiza de los tres interventores del vídeo es algo anecdótico, o si se trata de un patrón algo más extendido en Cataluña. Habría que aclarar si la normalidad con la que unos interventores espían el voto de unos ancianos, se burlan de ellos y exhiben su asco, es algo anecdótico. Si la invitación a hablar con el vecino del segundo es una forma de hablar, o si va en la línea de las presiones a las familias que quieren escolarizar a sus hijos en castellano. Habría que aclarar si estos padres son también indecisos a los que hay que explicarles las cosas. Muriel Casals, la presidenta de Òmnium Cultural, no tiene dudas; no son indecisos, sino maltratadores.

Habría que aclarar todo eso, pero lo que sí está claro es que abundan las sonrisas en esta Arcadia que se va esbozando entre visitas informativas y acosos a familias. Abundan las sonrisas, siempre cómplices, y el asco. En anécdotas que siempre tienen como protagonistas a esos extraños vecinos indecisos.

La auténtica corrupción

En la entrevista que le hacen a R. Romeva en la BBC se puede contemplar la auténtica corrupción, que es siempre la intelectual. Lo del Palau, el 3% y las cuentas en Suiza son naderías. Se podría aventurar que esta última corrupción, que por otra parte es la única que indigna a los votantes, es consecuencia de la primera. Pero sería una hipótesis de largo recorrido, y no es lo realmente interesante. Lo interesante es ver cómo esta corrupción profunda pasa desapercibida.

Alrededor del minuto 9:00, Romeva contesta a una pregunta sobre la permanencia de Cataluña en la UE en el caso de que se produjera la independencia. Aunque en realidad no se trata de una pregunta, sino de un desenmascaramiento. S. Sackur le dice a Romeva que en su campaña han insinuado que la permanencia de una Cataluña independiente en la UE sería algo automático, cuando en el fondo saben, o deberían saber, que no es así. Es decir, que han engañado a los ciudadanos de Cataluña respecto a una cuestión crítica. Romeva, y no se puede decir que sorprenda, no responde a la cuestión. Afirma que en ningún tratado de la UE se contempla la posibilidad de expulsar a un Estado miembro -dato irrelevante, puesto que están hablando de un hipotético nuevo Estado, que lógicamente no sería miembro-, y que incluso en el caso de que pudiera darse la expulsión, eso significaría que la UE debería reconocer a esa entidad como Estado.

En el 10:10 insiste en lo mismo, y es ahí donde se observa el auténtico problema del nacionalismo, que es su perpetuo irracionalismo.

– Sackur: Cualquier nuevo Estado en Europa deberá pedir su inclusión en la Unión Europea y deberá también negociar las condiciones de su inclusión con todos los Estados miembros.

– Romeva (que insiste): Sí, pero para hacer eso primero deberán reconocerlo como Estado, algo que no está mal.

– Sackur: Bien, pero eso no es relevante.

– Romeva: Lo es. Lo es, porque no puedes expulsar un no-Estado.

Hay otros momentos interesantes en la entrevista, pero éste se lleva el premio. No es sólo que Romeva no parezca entender la diferencia entre la expulsión de un Estado miembro de la UE y la situación de un Estado nuevo en Europa, que estaría lógicamente fuera. No es sólo que no otorgue importancia a la acusación de haber mentido a todos los ciudadanos de Cataluña. Lo más interesante es comprobar la obsesión a la que aludía S. Sackur en la presentación de la entrevista. Es posible que Cataluña quedase fuera de la UE en el caso de que se produjera la independencia, pero ¡toda Europa la reconocería como un Estado! Fuera del euro, previsiones económicas nada halagüeñas, y en definitiva una situación como mínimo incierta. Pero al fin nos reconocerían como un Estado.

Las mordidas del 3% o el Palau son sólo saqueos. La corrupción de verdad se da en el discurso. Elimina cualquier atisbo de racionalidad, sentimentaliza el mensaje, rehúye el orden y la claridad, y en definitiva hace imposible la verdad. Es bullshit. Bullshit que además se expande a las escuelas y a las redacciones. Y ahí es cuando ya no hay quien lo pare. El adoctrinamiento directo del nacionalismo es malo. Intentar que los niños o los ciudadanos -o los ciudadanos-niños, como ideal- amen y odien lo que hay que amar y odiar es malo. Pero son contenidos. El mal auténtico es formal, y consiste en la imposibilidad de articular y comprender un discurso racional. O al menos en el desprecio a la razón. Está ahí, es una posibilidad, pero lo primero es lo primero. Los sentimientos de todo un pueblo.

(Thank you for inviting US)

En otro momento hablé de esta misma corrupción y de otro 3%, pero en el País Vasco. Y a cuenta de la lengua y la educación. “El otro 3%