ETA en euskera, o la economía del lenguaje.

Ayer me pasé por la entrada en Wikipedia sobre Arnaldo Otegi y, por curiosidad, entré en su versión en euskera. En la versión adaptada no se recogía algo tan elemental como su militancia en un grupo terrorista, ni el secuestro de Luis Abaitua, por el que fue condenado a seis años de prisión. Únicamente hay menciones veladas, pasivas. Se le relacionó con ETA político-militar y entró en la cárcel acusado de cometer un secuestro. Nada de su posterior integración en ETA, y por supuesto nada de nombres. Un secuestro en el aire.

La propia organización terrorista ETA es descrita en la versión en euskera de la Wikipedia como una “organización armada clandestina que quiere conseguir la independencia y el socialismo en Euskal Herria”. En el original, sin comillas. También se dice que varios Estados y organizaciones internacionales la denominan organización terrorista.

Los atentados cometidos por la banda se difuminan en un punto llamado “Ekintzak”, que significa “Acciones”. En el mismo punto, en la breve sección de personas asesinadas por ETA se incluye esta frase: “ETAk hil du, Espainiako historia osoan, Espainiako Armadako goi agintari gehien; inongo gudan ez dira hainbeste hil, ezta Espainiako Gerra Zibilean ere.” Significa, más o menos, que ETA ha matado al mayor número de oficiales de alto rango del ejército en la historia de España, y que en ninguna guerra, ni siquiera en la Guerra Civil, se han matado tantos. Un detalle importante, por algún motivo.

Tras el punto sobre las acciones -no atentados- de ETA viene uno llamado “Gobernuen erantzunak“, respuestas de los Gobiernos. En ese punto se incluye un artículo sobre la guerra sucia, uno sobre los “presos políticos”, una sección sobre refugiados y otra sobre deportados, ambas sin desarrollar, una sección sobre “víctimas de la represión” en el ámbito del conflicto, que comienza en 1960, una penúltima sobre las denuncias de torturas y, finalmente, un artículo sobre la Ley de Partidos.

Las rebajas en las entradas en euskera no terminan ahí.

En la entrada en castellano sobre José Ignacio de Juana Chaos, el índice incluye lo esencial: la relación de asesinatos cometidos por el miembro de ETA. En la entrada adaptada al euskera, el índice oculta ese punto. Se incluye, eso sí, su obra literaria. Al comienzo de la entrada se menciona que fue condenado por participar en 25 asesinatos, pero se omiten los nombres de los asesinados.

La entrada en castellano sobre Henri Parot incluye el punto “Actividad terrorista” en la biografía. En ese punto se recoge el primer asesinato cometido por Parot: el de José Legasa, un empresario que se había negado a pagar el llamado impuesto revolucionario. También se recoge que su comando fue el responsable de, entre otros, el atentado de la casa cuartel de Zaragoza “donde causó 11 muertos (entre ellos cinco niñas)”. En la entrada en castellano hay enlace al artículo sobre este atentado. En la entrada en euskera se recogen los años de condena y los asesinatos -26, en lugar de 82-, “incluyendo el atentado de la casa cuartel de Zaragoza en 1987”. En este último punto no hay cifras, ni nombres ni enlace al artículo sobre el atentado.

La entrada en castellano sobre Mikel Garikoitz Aspiazu Rubina. Txeroki, dirigente de ETA, recoge las condenas y los cargos que se le imputan. Fue identificado como uno de los autores del asesinato de José María Lidón, está imputado por el atentado de la T-4, y tambíén se le acusó de haber asesinado a los agentes Raúl Centeno y Fernando Trapero. La entrada en euskera no existe.

La entrada en castellano sobre Francisco Javier García Gaztelu, Txapote, recoge su participación en los asesinatos de Alfonso Morcillo, Gregorio Ordóñez, Fernando Múgica, Miguel Ángel Blanco, José Luis Caso Cortines, José Ignacio Iruretagoyena y Manuel Zamarreño. La entrada en euskera no existe.

La entrada en castellano sobre María Soledad Iparraguirre, Anboto, recoge que está acusada de 14 asesinatos y que fue condenada por haber sido la jefa de administración de ETA, encargada por tanto de la gestión del llamado impuesto revolucionario. La etarra afirmó que ETA no era una organización terrorista y que ellos nunca habían sido terroristas, en línea con la entrada en euskera sobre la banda en Wikipedia. La entrada en euskera sobre la dirigente etarra no existe.

La entrada en euskera sobre el atentado de la T-4 son cinco líneas. En ellas se habla de las consecuencias del atentado: “murieron dos personas que estaban en el aparcamiento”, hirió a unos veinte y produjo daños materiales. No se recogen, al contrario de lo que ocurre en la versión en castellano, los nombres de las dos personas asesinadas, Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, ni de los dos etarras que cometieron el atentado, Igor Portu y Mattin Sarasola. Sí se incluye una concesiva: los daños sin nombre se produjeron “a pesar de que ETA había avisado tres veces”. Ellos no querían.
Paréntesis: para estos dos etarras pidió Marian Beitialarrangoitia un aplauso muy fuerte y muestras de afecto en el acto de presentación de Acción Nacionalista Vasca en 2008. Beitialarrangoitia fue diputada en el Congreso por EH Bildu en la breve XI legislatura, y repite como diputada tras las elecciones del 26 de junio.

La entrada en euskera sobre el atentado de Hipercor son tres líneas. Se repite la alusión a los tres avisos. Como consecuencia del atentado, murieron 21 personas y varias decenas fueron heridas. No se dan más detalles ni por supuesto se menciona a los responsables del atentado: Josefa Ernaga, Domingo Troitiño, Rafael Caride Simón y Santiago Arróspide Sarasola, Santi Potros.

La entrada en euskera sobre el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza son tres líneas. Aquí no hay concesiva. Tampoco los nombres de las víctimas: José Pino Arriero, María Carmen Fernández Muñoz, Silvia Pino Fernández, José Ballarín Gavá, Silvia Ballarín Gay, Emilio Capilla Tocado, María Dolores Franco Muñoz, Rocío Capilla Franco, Miriam Barrera Alcaraz, Esther Barrera Alcaraz, Ángel Alcaraz Martos. Ni los nombres de los responsables: Josu Urrutikoetxea Bengoetxea, Josu Ternera, Francisco Mujika Garmendia, Pakito, Joseba Arregi Erostarbe, Henri Parot, Jean Parot, Jacques Esnal y Frederic Haramboure. Todos esos nombres aparecen en la entrada en castellano.

La entrada en euskera sobre uno de los responsables del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, Francisco Mujika Garmendia, Pakito, son cuatro líneas. Se menciona que fue dirigente de ETA entre 1987 y 1992, y se menciona sólo uno de sus méritos: Hipercor. Sin enlace al artículo de tres líneas. Se omite el atentado de la casa cuartel de Vic, en el que fueron asesinadas diez personas. Este atentado no tiene ni las tres líneas de rigor en la Wikipedia en euskera. No existe. Esto:

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Por último, me parece interesante la entrada en euskera sobre Eduardo Puelles. La entrada en castellano, mucho más extensa, se centra en su asesinato por la banda terrorista ETA. De hecho, el nombre de la entrada es precisamente “Asesinato de Eduardo Puelles“. En euskera, la entrada es simplemente “Eduardo Puelles”, y Eduardo Puelles fue un inspector de la Policía Nacional de España, que es como la Wikipedia en euskera se refiere al Cuerpo Nacional de Policía.
Eso es lo que recoge la primera línea de la entrada. Nombre, lugar y fecha de nacimiento, lugar y fecha de fallecimiento, y profesión. Siguen dos líneas a modo de biografía. Dónde nació, dónde vivió y a qué tareas se dedicó.
Lo interesante viene ahora. Las dos líneas siguientes cuentan que la última operación que dirigió Puelles culminó en la detención de varios jóvenes de Lea Artibai, acusados de pertenecer a Segi, y que esos jóvenes pasaron cinco días incomunicados y denunciaron haber sido torturados.
Post hoc, y no antes, se dice que “una bomba colocada por ETA explotó y mató a Eduardo Puelles”.
Seis líneas.

Una ventana al mundo.


Hoy me han publicado esto en The Objective: La lucha de Otegi.

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Es Estado y es islámico

 

Hace un par de días publicaron en El País este artículo de Lluís Bassets: Ni Estado, ni islámico. La tesis que defiende, lógicamente, es que ISIS no es un Estado, y tampoco es islámico. Según Bassets, “en el desorden de las palabras se refleja el desorden del mundo”. Ésa es la primera frase del artículo, que no aporta demasiada información.
A continuación explica que quienes dicen que ISIS es un Estado y que es de carácter islámico no sólo no reflejan correctamente la realidad, sino que además están cayendo en la trampa propagandística de ISIS.

El razonamiento es el siguiente. En primer lugar, ISIS no es un Estado. Simplemente ejerce el monopolio de la violencia en un territorio determinado. Es decir, hace exactamente aquéllo que define a un Estado y que lo diferencia de una organización terrorista. Aún más, no sólo ejerce el monopolio de la violencia, sino que también recauda impuestos en ese territorio, imparte justicia, ofrece un marco legal no arbitrario -la sharia, claro- y ha puesto en marcha algo parecido a un sistema de escolarización. En algunas zonas ofrece servicio de correos, autobuses, acondiciona carreteras, o incluso provee electricidad gracias a la presa al Farouq (antes de que tomasen el control de la misma se llamaba Tishrin).

Se podría discutir si ISIS es o no un Estado. Si nos fijamos en las características técnicas, parece que cumple las condiciones. De manera precaria, es verdad. Pero no se trata de una mafia, ni de un grupo terrorista bajo la protección de un Estado. Isis es el Estado en el territorio que controla. Es cierto que, además de esas características técnicas, hay una condición necesaria para poder hablar con corrección de Estado: que sea reconocido internacionalmente. ISIS, de momento, no lo es. En ese sentido sí se podría decir que no es un Estado. Pero en realidad lo que diríamos es que no es un Estado reconocido.

En segundo lugar, Bassets afirmaba que sea lo que sea ISIS, Estado o grupo terrorista, no es islámico. Y aquí no hay discusión posible. ISIS es islámico. La ley mediante la que gobiernan su territorio es la sharia. Asesinan occidentales, entre otros motivos, por ser infieles. En fin, gritan “Allahu akbar” antes de llevar a cabo un atentado. No se trata de una vinculación accidental, ni de una utilización interesada para captar seguidores. El carácter islámico es parte esencial de ISIS. No se entendería sin ese carácter, sería algo totalmente distinto. Por lo tanto, habría que preguntarse qué es lo que lleva a un periodista a negar algo tan básico. No a un periodista cualquiera, sino al director adjunto y responsable de las editoriales y la opinión de El País.

Recientemente pude escuchar en dos telediarios diferentes -puede que fuera un telediario y un periódico- algo llamativo. Se refirieron a ese grito de guerra con estas palabras: “Dios es grande”. Los terroristas habían dicho “Allahu akbar”, claro. Pero en lugar de recurrir a la traducción corriente, “Alá es grande”, o a su literalidad, dijeron “Dios es grande”. La diferencia entre decir “Dios” o “Alá” en ese contexto es evidente. Lo segundo reproduce la realidad, lo primero es mentira. Y esos medios optaron por la mentira.

Bassets cierra el artículo mencionando a la extrema derecha. Le faltó recurrir a la islamofobia, pero el último párrafo trata justamente de eso, aunque no la nombre. El miedo a la islamofobia, a identificar musulmán con terrorista. Puede estar tranquilo. Son muy pocos los que cometen ese error. No todos los musulmanes son simpatizantes de ISIS. Pero tan cierto como esto es que ISIS es una organización de carácter islámico. Y la influencia que consigan sobre los musulmanes dependerá de estos últimos, no de nuestras palabras.

En el Washington Post: Does ISIS really have nothing to do with Islam?

La función de la filosofía

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Vaya por delante que no es éste el artículo mediante el que defenderé la presencia de la filosofía en Bachillerato. Todavía está en la lista de “Pendientes”, y creo que se va a quedar ahí bastante tiempo.

Lo que voy a tratar de exponer es algo más fácil, y al mismo tiempo más complicado. ¿Cuál es la función de la filosofía? Cuál es la función hoy en día, claro. Esta pregunta formulada hace mil años no sería la misma pregunta. Y hoy en día, la pregunta no es en realidad “cuál es la función”, sino “¿tiene alguna función?”

La respuesta no va a ser exhaustiva, sencillamente porque no puedo ofrecer una respuesta exhaustiva. Como mucho, se trata de un principio de respuesta. Y tal vez ni siquiera. Porque para responder con corrección, primero habría que definir qué es -qué no es- filosofía. Sólo después podríamos intentar explicar cuál es la función de eso que hemos definido.

Dicho esto, creo que la función auténtica de la filosofía, y no estoy diciendo nada nuevo, es clarificar el lenguaje. Eliminar sombras, exigir definiciones, desterrar opiniones, destruir lugares comunes. La función auténtica de la filosofía, desde Sócrates hasta Wittgenstein, es decirle al retórico -y a la masa que le sigue- que lo que dice no tiene sentido. No es reivindicar derechos, luchar por la paz o aumentar la cultura, sino precisamente señalar que “derechos”, “paz” y “cultura” tienen un significado concreto, y que cuando se utilizan en el discurso público, o en la escuela, hay que conocer y explicitar ese significado, puesto que de lo contrario no es posible el debate. Se puede hablar desde el aire, claro, pero no podemos llamar a eso debate. De la misma manera que no es debate lanzar besos, dar abrazos o leer un poema. Señalar esto generalmente supone un acto de guerra. Pero esto es la filosofía, nada más y nada menos. Un acto de guerra contra el lenguaje hueco, punto de partida del relativismo y de los totalitarismos. No se trata de construir un discurso que neutralice el del retórico, no se trata de utilizar mejores argumentos. Se trata simplemente de destruir cualquier discurso que carezca de rigor. Que carezca de rigor y que cree ilusión de verdad, puesto que si no hace esto último no supone ningún peligro.

Dos de los ámbitos donde más necesaria es la filosofía, por tanto, son la educación y la política. El primer objetivo del filósofo, como profesor, es el mismo que el de Sócrates: hacer que el alumno perciba todos los errores que hasta ese momento asume como verdades. Para ello necesita conocer cuestiones que no son propias de la filosofía. Precisamente, es difícil hablar de cuestiones propias de la filosofía. Se trata más bien de un saber de segundo grado. Es decir, asume unos conocimientos previos sobre política, historia, psicología, matemáticas, para construir su discurso.

En política, más que proponer, más que elaborar un “discurso positivo”, la función del filósofo es desmontar los discursos, señalar las servidumbres generadas por el lenguaje y los afectos. Tal vez no sea función del filósofo combatir políticamente el nacionalismo, por ejemplo, pero sí señalar los sinsentidos de expresiones de uso generalizado como “Estado español” (como eufemismo de España) o “derecho a decidir”.

Educación, política y lenguaje. Una obra: LTI – Lingua Tertii Imperii (La lengua del Tercer Reich, la edición española), de Victor Klemperer, como ejemplo enorme de esta función de la filosofía. ¿Se puede decir que es filosofía, o es “sólo” filología? A partir de aquí me temo que comenzaría a decir tonterías. Si es que no he empezado a decirlas ya.

Quedan un par de cuestiones derivadas que me gustaría tratar en otra ocasión. Si aceptamos que la función principal de la filosofía es destruir los usos retóricos del lenguaje,

  • ¿Podemos decir que es una función exclusiva de la filosofía, o puede llevarse a cabo desde otras disciplinas?
  • ¿Podemos decir que es la única función de la filosofía?

A partir de ahí podríamos comenzar a desarrollar la respuesta a si la Filosofía es necesaria en Bachillerato (punto 1), y tal vez incluso podríamos hablar de la filosofía (punto 2) como una unión entre la propuesta spinoziana del conocimiento como libertad (Non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere) y la propuesta marxiana de la filosofía transformadora (Tesis 11 sobre Feuerbach). Transformación que en ningún caso debería ser mesiánica, que debería desechar cualquier atisbo de finalidad y sentido, y que debería ser una mera consecuencia de la primera función de la que hemos venido hablando. No sería análisis y después transformación, sino transformación derivada del análisis minucioso. El análisis sería el objetivo, y la transformación un resultado posible de ese objetivo.

Lo que decía, tonterías. O cuestiones a las que habría que dar muchas más vueltas.