Lotófobos

Hablábamos la última vez de los lotófagos, de todos aquellos que viven en un combate sin tregua contra la memoria. Hay lotófagos en el ámbito educativo, como veíamos, pero es mucho más común encontrárselos en el ámbito de la política. Tanto más común cuanto más incómodo resulta el pasado que se quiere borrar o reescribir.
Ninguna región española tiene una historia reciente tan incómoda como la del País Vasco. Esto es así porque en ninguna región española ha habido un grupo terrorista activo durante más de cuatro décadas, y sobre todo porque ese grupo terrorista contó con el apoyo tácito y explícito de una buena parte de la sociedad vasca. Todavía hoy sobreviven los discursos legitimadores en el mismo espectro sociopolítico que justificaba y apoyaba el terrorismo, y todavía hoy perduran los efectos de todas esas décadas de violencia política unidireccional.

Por todo esto es incómodo el pasado reciente en el País Vasco, y por eso hay un empeño enorme en imponer una política de desmemoria, que irónicamente se aplica desde los departamentos de Memoria del Gobierno vasco.
La memoria es una facultad humana, y por lo tanto es falible. Puede además referirse a cosas distintas. Pero si hablamos de ‘memoria’ como capacidad para recordar el pasado y, sobre todo, como exposición de hechos, debemos partir de una premisa: hay memoria, o puede haberla, porque hay hechos objetivos. Los hechos existen independientemente de cómo los recordemos, e incluso independientemente de si los recordamos o no. La memoria por lo tanto no puede ser “poliédrica”, ni puede estar sujeta a la negociación. Una cosa es que los hechos produzcan sentimientos distintos en cada uno de nosotros, y otra cosa es que existan distintos hechos en función de las circunstancias de cada uno de nosotros.

La historia reciente produce sentimientos incómodos en muchos ciudadanos del País Vasco, sí. Esto ocurre porque muchos de esos ciudadanos apoyaron a una banda terrorista que hacía política mediante asesinatos, secuestros, amenazas y chantajes, y porque muchos otros nunca le dieron la importancia que tenía. Ocurre también porque ese hecho condujo necesariamente a otro, y porque este otro no es pasado sino presente: el mapa y el ambiente políticos que configuran hoy el País Vasco son precisamente el resultado buscado de esas más de cuatro décadas de violencia política. La banda terrorista ETA no era un grupo de asesinos nihilistas. No asesinaban por placer ni por la fascinación de hacerlo, no eran como los alumnos de Rupert Cadell en ‘La Soga’. Ni siquiera asesinaban para castigar a quienes consideraban enemigos del pueblo vasco; asesinaban para generar un efecto concreto en la sociedad vasca, para impedir que en la sociedad vasca pudieran operar personas que pusieran en peligro su proyecto político. Eran asesinos pragmáticos y racionales, no endemoniados. Asesinaban porque sabían que todo ello merecía la pena, porque producía efectos políticos y sociales que consideraban necesarios. Por eso es profundamente injusto y equivocado decir que “todo aquello no sirvió para nada”.

Todo esto ocurrió durante décadas, y todo aquello produjo efectos que probablemente durarán décadas. Pero incluso aunque no fuera así, incluso aunque la izquierda abertzale, el espectro social y político que legitimó a ETA, no fuera hoy la segunda fuerza política en el País Vasco, incluso si hubieran sido justamente barridos de las instituciones por los ciudadanos… incluso así sería necesario ocuparse de la memoria. Es decir, de los hechos.
No por respeto a las víctimas de la violencia política, ni por ese deseo utilitarista de que “no se vuelva a repetir”, tan extendido hoy, tan cómodo y tan falso; es necesario ocuparse de los hechos porque los hechos son. Y porque si no son los hechos quienes configuran nuestros recuerdos sino determinados agentes políticos y sociales, entonces no podremos decir que somos sujetos libres y autónomos. Si no aceptamos que los hechos son absolutos, que no dependen del ánimo del ser humano, entonces acabaremos aceptando el relativismo dogmático de los lotófagos. No hay equidistancia, término medio ni negociación posibles: la elección que se nos presenta es la de escoger entre el absoluto de los hechos o el dogmatismo del relato.

Cuando empecé a escribir sobre nuestro pasado reciente, hace ya algunos años, no me planteé su utilidad ni la motivación que había detrás. Escribía para mí, y escribía por lo que veía en una población tan pequeña como Galdácano. Lo hacía para recordarme que Xabier García Gaztelu ‘Txapote’, Jon Bienzobas Arretxe ‘Karaka’, Francisco Javier López Peña ‘Thierry’, Francisco Javier Martínez Izagirre ‘Javi de Usansolo’ o Kepa del Hoyo, homenajeados en las paredes de las calles y celebrados en público como héroes, no eran nada de eso, sino asesinos de ETA; y sólo porque empecé a escribir sobre ellos llegué a los nombres de Víctor Legorburu, Eloy García Cambra, Jesús Ildefonso García Vadillo o José Ortiz Verdú, que no murieron por causas misteriosas sino asesinados en Galdácano por compañeros de esos otros ilustres vecinos a quienes veía habitualmente. Si no hubiera sido por la necesidad de saber más sobre los asesinos esas cuatro víctimas de ETA, entre otras, habrían seguido siendo nombres desconocidos para mí, alguien que ha vivido en este pueblo más de treinta años. Y saber más sobre los asesinados, saber quiénes, dónde y cómo los asesinaron, debería ser el objetivo fundamental de todas las políticas de memoria. Aunque sea incómodo, y precisamente porque tendemos a evitar lo incómodo.

La semana pasada, el miércoles, asistí a la presentación de un proyecto noble y necesario. Se presentó en Bilbao el primer volumen de ‘Historia y memoria del terrorismo en el País Vasco’. Es el primero de tres volúmenes que irán apareciendo a lo largo de un año. En octubre se espera el segundo, y en marzo de 2022 el tercero y último. Lo relevante es que, además del libro, se ha creado un archivo con miles de documentos relacionados con los atentados terroristas que se han cometido en España desde 1968, cuando ETA asesina a José Antonio Pardines. El archivo cuenta con una carpeta para cada víctima, documentos con las reacciones en prensa después de cada atentado, las actas municipales con las deliberaciones y las resoluciones adoptadas cada vez que se cometía un atentado. Es una gran obra, pero es mucho más que eso. Es un proyecto puesto en marcha por el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, por el Instituto de Historia Social Valentín de Foronda y por la Universidad del País Vasco, que parte del trabajo previo de personas como Florencio Domínguez, Gaizka Fernández o Raúl López Romo, y que va más allá de esta obra en tres volúmenes y del archivo: en los próximos meses se espera la apertura al público del Centro Memorial en Vitoria, que funcionará también como museo sobre el terrorismo. Será una instalación para mostrar precisamente lo que no debe olvidarse: quiénes fueron asesinados, secuestrados, amenazados; quiénes asesinaron, cómo asesinaron, dónde asesinaron.

Los comedores de loto vivían sin la incomodidad de saber quiénes eran y de dónde venían. No tenían vínculos ni con su familia, ni con su origen, ni con su pasado. Su reflejo en el agua no significaba nada, puesto que nunca habían sido nada. Aunque sí lo fueron, claro; simplemente no lo recordaban. La privación planificada de la memoria y la negación de los hechos, su disolución en un mundo en el que sólo puede haber relatos, sentimientos y subjetividades nos llevaría a una isla como la que describe Homero. Lo que ofrece el proyecto que hemos mencionado es justo lo contrario: la posibilidad de rechazar conscientemente el loto, de aceptar la incomodidad de los hechos, de reconocernos en nuestro reflejo. Y de contárselo a los viajeros con los que nos crucemos.

Lotófagos, II

Creo recordar que el primer artículo que escribí para The Objective fue ‘Lotófagos’, aunque es posible que me falle la memoria. Era marzo de 2016, unos días después del aniversario de los atentados del 11 de marzo en Madrid, y el tono de la reflexión era, como de costumbre, pesimista. Había y hay razones para ello. En España llevamos años viendo cómo los principales responsables políticos han colocado la destrucción de la memoria en los primeros puestos de su lista de prioridades. Lo vemos en la educación, sin duda. “El Gobierno planea un vuelco para que el aprendizaje en la escuela sea menos memorístico”, leíamos hace dos días en El País. Según el periódico, que dice haber tenido acceso a los documentos que maneja el Gobierno, esta reforma pretende sustituir “el sistema enciclopédico, consistente en largos listados de hechos y conceptos, que los alumnos debían poder repetir, implantado tras la ley Wert, por otro en el que los alumnos aprendan a aplicar los conocimientos”. Más allá de lo que pretenda y de lo que consiga la reforma, lo relevante es fijarse en las palabras con las que habitualmente se envuelve el asunto. Se pretende que los alumnos aprendan a aplicar los conocimientos, y al mismo tiempo se presenta el conocimiento, la adquisición y la comprensión de datos y conceptos, como algo arcaico, inútil o despreciable. Cabría preguntarse, por tanto, qué es lo que tiene de positivo, de real, una reforma que pretende aplicar algo que previamente quiere degradar. Y cabría preguntarse también cuánta verdad hay en las premisas de las que parte la reforma. ¿No se enseña ya, no se ha enseñado siempre a “aplicar los conocimientos”? ¿Cómo se puede aprender Historia, Lengua o Filosofía, cómo se puede comprender un contexto, un texto o un concepto sin aplicar y relacionar conocimientos? ¿Dónde han visto los apóstoles del ministerio esas aulas en las que se prohíbe la aplicación del conocimiento?

Este discurso vaporoso y degradante no se da sólo en los debates técnicos del ministerio. Ayer la ministra de Educación, Isabel Celaá, escupió a un diputado del PP una serie de palabras en un intercambio dialéctico sobre la educación especial. “Señor Matarí, ¿de dónde viene usted? ¡De qué lejos viene usted! Usted no tiene ningún contacto ni con el mundo educativo, ni con los padres, ni con los hijos, ni con los profesores. Usted no sé de qué habla”. El señor Matarí, diputado del Partido Popular, acababa de contar que es padre de una hija con síndrome de Down que estudió en un centro de educación especial. Gracias a ello pudo estudiar un grado en la universidad, también adaptado a sus necesidades, y hoy trabaja y está integrada en el ámbito laboral y social. Menos de dos minutos después la ministra de Educación comenzó su respuesta con el mencionado “Señor Matarí, de dónde viene usted”, y esto produjo risas en el Congreso. La ministra Celaá comenzaba su intervención preguntando “de dónde viene” a alguien que acababa de explicar de dónde venía. “Usted no tiene ningún contacto con el mundo educativo, ni con los padres, ni con los hijos, ni con los profesores”. Esto es lo que vino después de las risas, y se lo dijo a un padre que acababa de explicar el proceso educativo de su hija.

La ministra que le dice a un padre como Juan José Matarí que no tiene contacto con algo que por desgracia conoce a la perfección es la misma que inicia una reforma para “sustituir el conocimiento memorístico por la aplicación del conocimiento”. La ministra, sus técnicos y sus apóstoles, ella y los que presentan la reforma como lo más progresista y lo más innovador que se puede hacer en la educación, desconocen qué es lo que pasa en las aulas de España desde hace años. Desconocen que cualquiera que se dedique a la docencia espera -o debería esperar- de sus alumnos algo más que el volcado de datos y conceptos. Y desconocen también que la principal dificultad que tiene el docente para conducir a sus alumnos a algo más que el volcado acrítico de datos y conceptos, la razón por la que no siempre se consigue, es doble: por una parte, la raquítica comprensión lectora a la que se les condena desde las primeras etapas educativas; y por otra parte el desprecio al orden, al silencio y a la disciplina en el aula -condiciones necesarias para que pueda haber aprendizaje real- por ser valores del “antiguo régimen”, como si el cerebro humano pudiera explicarse desde la sociología y no desde la biología.
Por último, la ministra y sus técnicos deben de desconocer también que, además de estas dificultades comunes a las aulas de toda España, hay regiones en las que se añade una tercera dificultad: la obligatoriedad de aprender en una lengua que muchos o la mayoría de los alumnos no dominan. ¿Qué conocimientos esperan que apliquen los alumnos, por tanto, si se considera la memoria y la adquisición de conocimientos algo arcaico? ¿Qué conocimientos esperan que apliquen si consideran que las condiciones que permiten el aprendizaje son algo propio del antiguo régimen? ¿Y qué conocimientos esperan que apliquen los alumnos del País Vasco o de Cataluña que no dominan el euskera o el catalán, lenguas en las que les obligan a estudiar?

El debate sobre la “educación no memorística” no es más que una gran simulación compartida. Hablan y lanzan reformas fingiendo conocer lo que pasa en las aulas, y hablamos como si no supiéramos que la razón para este discurso no es su desconocimiento, sino su desinterés por la educación y por los alumnos. No desconocen lo que ocurre en las aulas españolas, sino que lo ignoran. Y esta simulación la llevan hasta lo más personal. Si la ministra Celaá responde con desprecio a Juan José Matarí, y si los compañeros de Celaá en el Congreso ríen tras sus palabras, no es porque se hayan olvidado de lo que acaba de contar el diputado, sino porque no les importa. Porque les da igual. Y porque saben que a la mayor parte de sus votantes y a buena parte de quienes se dedican a fiscalizar los discursos y los actos de los políticos también les dará igual tanto el fondo como la forma.
Éste es el terreno político y moral en el que se produce el debate sobre la educación en España. Algo que no sólo debería ocupar tribunas, editoriales y telediarios, sino que debería llevar a la dimisión de Isabel Celaá, incapaz de estar a la altura de su cargo, de la profesión docente y de las justas demandas de padres como Juan José Matarí.


Había comenzado este texto con la intención de hablar de un proyecto relacionado con la memoria que se presentó ayer en Bilbao, pero no sería justo mezclar algo así con esto otro. Queda para mañana el texto sobre la otra memoria, en la que sí hay avances y nobleza.

No es el quién, es el qué

 

En octubre de 2020 se leyó en el Congreso la lista de las personas asesinadas por la organización terrorista ETA. Prácticamente todos los diputados decidieron permanecer sentados, algunos incluso miraban su móvil mientras sonaban los nombres, porque quien leyó la lista era Santiago Abascal, que antes de ser diputado de Vox fue un joven acosado y amenazado por la organización terrorista ETA.

Hoy en el Congreso una diputada de EH Bildu ha leído una lista con las mujeres asesinadas por sus parejas desde 2003. Mertxe Aizpurua antes de ser diputada fue editora del diario Egin, y hoy ha hablado desde el escaño que le ofrece el partido que dirige Arnaldo Otegi, condenado por trabajar para la organización terrorista ETA.
Prácticamente todos los que en octubre de 2020 decidieron quedarse sentados hoy han aplaudido la intervención de la diputada de EH Bildu.

Estos dos momentos no son dos hechos sino uno sólo, y así hay que entenderlo. Y hay un tercer y un cuarto hecho igualmente relevantes para llevar la reflexión hasta el fondo: nadie firmó, ni desde una organización ni desde un periódico, los asesinatos de las mujeres que hoy han sido recordadas en el Congreso; el partido en el que milita la diputada a la que hoy han aplaudido los mismos que antes miraron el móvil no sólo tiene como líder a alguien que firmó tácitamente más de 800 asesinatos, sino que aplaude a quienes cometieron esos asesinatos cuando salen de la cárcel.

Hay que llevar la reflexión hasta el fondo porque es ahí donde estamos como sociedad.

 

«Pasó lo que pasó»

En diciembre de 2020, hace unas semanas, el diario Berria publicó una entrevista a Josu Urrutikoetxea. En mayo de 2019 hubo un acto en Miravalles (Ugao), el pueblo de Josu Urrutikoetxea. Fue un acto pequeño. Para denunciar el culto en pueblos como Miravalles a personas como Urrutikoetxea, para homenajear a las víctimas o para hacer campaña política. Las tres son opciones compatibles, las tres son opciones no sólo legítimas sino necesarias. En el acto Maite Pagazaurtundua pidió un minuto de silencio por las víctimas de Josu Ternera y de sus compañeros de banda. La sirena que nos había acompañado desde que llegamos siguió sonando, los insultos se escuchaban de manera aún más clara. Hay víctimas y víctimas. Gestos y gestos. Tal vez algún chaval del equipo de fútbol más cercano a Miravalles hincara la rodilla en algún partido hace unos meses porque some lives matter más que otras, sobre todo si esas víctimas están lejos y si recordarlas nos regala una gratificación social y no una incomodidad también social. Días antes del acto, vecinos de Miravalles reunidos en asamblea popular decidieron escribir y repartir un pasquín en el que se pedía al resto de los vecinos y a los comerciantes que bajaran sus persianas en señal de rechazo a quienes venían a “alterar la paz y la convivencia” del pueblo. Al finalizar el acto, a modo de remate, la «Brigada de Desinfección Antifascista» de Sortu apareció para limpiar el suelo que habíamos pisado. Andoni Ortuzar denunció la barbaridad que suponía «estigmatizar a un pueblo entero por una persona que nació allí», y añadió que «Ugao es un pueblo sano».

En el recorrido hasta el frontón en el que se desarrolló el acto se vieron numerosas pegatinas con la cara de Urrutikoetxea acompañada de dos frases cortas: “Maite zaitugu” y “Josu askatu”. “Te queremos” y “Libertad para Josu”.

Buena parte de la prensa y de los partidos políticos regionales y nacionales cuestionaron la oportunidad del acto. Las pegatinas, los insultos, la sirena o la asamblea popular lo tomaban por tanto como algo normal, liviano. La convivencia que había que salvaguardar era justamente esa. Era justamente eso. Porque todo eso no es nada más que la cara B de una convivencia que consiste en callar y en no mirar, y en dejar que los que empapelan las calles de sus pueblos -de nuestros pueblos- con las caras de Urrutikoetxea, García Gaztelu o Bienzobas sigan haciéndolo sin denuncias y sin campañas que expongan lo que hacen y lo que son.

Vamos con la entrevista a Urrutikoetxea en Berria, el único medio en euskera medianamente relevante en el País Vasco. Me centraré en tres o cuatro párrafos.

1. 

11 lagun hil zituen ETAk han; bost haur. Zer eragiten dizu horrek? Orain desberdin ikusten al da?

Distantziatik beti gauzak beste era batera ikusten dira. Biolentzia sekula ez da, nire irudiz, helburua izan erakundearentzat, erakunde politiko bat zelako, borroka armatua egiten zuena, baina tresna politiko bezala. Bortxa erabiltzea ez da sekula helburu bat. Erabiltzen duenak badaki —eta, kasu honetan, etsaiak ere bai— kalteak egon daitezkeela, eta erakundea beti saiatu zen albo kalte horiek ekiditen. Eta hori oso zaila da. Bueltaezinezko kalteak larriak dira denentzat. Ni betidanik kezkatu nau horrek, eta hori sentitu dut barru-barruan. Eta bigarrenik, kuartelei buruz ari garenez, erakundeak 1980ko hamarkadan behin baino gehiagotan argi utzi zuen ez zituela soilik eurak [guardia zibilak] helburutzat hartuko, baita kuartelak ere, horrek suposatzen zuenarekin. Gertatu zen gertatu zena eta inork nahi ez zuena.

Traducción:
(Están hablando sobre el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza).

ETA mató allí a 11 personas; cinco de ellas niños. ¿Qué te provoca eso? ¿Hoy se ve de otra manera?

Desde la distancia las cosas siempre se ven de otra manera. La violencia nunca ha sido, en mi opinión, el objetivo de la organización, porque era una organización política, que hacía la lucha armada, pero como una herramienta política. Usar la violencia nunca ha sido un objetivo. El que la usa sabe -y, en este caso, los enemigos también- que puede haber daños, y la organización siempre ha intentado evitar esos daños colaterales. Y eso es muy difícil. Los daños irreversibles son graves para todos. A mí siempre me ha preocupado eso, y lo llevo muy dentro de mí. Y en segundo lugar, ya que estamos hablando sobre los cuarteles, la organización en la década de los 80 dejó claro en más de una ocasión que no los tendría sólo a ellos como objetivos, sino también a los cuarteles, con todo lo que ello implica. Pasó lo que pasó y lo que nadie quería.

2.

Jende batek esan izan du orduan hasi zela ETArekiko babes sozialaren galera bizkortzen, hildakoak zibilak ere izaten zirelako.

Jendeak baino gehiago, mundu mediatikoan erabiltzen den argudioetako bat da hori. Erakundea aspaldi desagertuko zen, baldin eta ez balitu izan Euskal Herrian eta kanpoan elkartasuna, laguntza eta inplikazioa. Segituan ateratzen dituzte bateria guztiak terrorismo esaten diotenaren inguruan. Terrorismo hitza zaku handi bat da, non zernahi sar daitekeen. Inork ez du erabili estatuak bezainbeste.

Traducción: 
(Están hablando sobre el “salto” que da ETA en los 80, los coches bomba, para provocar “daños colaterales”).

Hay gente que dice que fue en ese momento cuando la pérdida de apoyo social a ETA se aceleró, porque los muertos también eran civiles.

Más que la gente, eso es uno de los argumentos que se usan en el mundo mediático. La organización habría desaparecido hace mucho tiempo si no hubiera tenido, en Euskal Herria y en el exterior, solidaridad, ayuda e implicación. Enseguida sacan todas las baterías contra lo que llaman “terrorismo”. La palabra “terrorismo” es un saco grande, en el que se puede meter cualquier cosa. Nadie la ha usado tanto como el Estado.

3. 

ETAk 774 pertsona hil zituen, hark 2018an aitortu zuenez.

Bortxa tresna gisa erabiltzen delarik, guk bezala tresna politiko gisa helburu politikoak lortzeko, zoritxarrez atzeraezinak diren ondorioak ekartzen ditu. Behin Langraizko espetxetik [EAEko] parlamentura nindoala ertzainen kotxe batean, esan nion ertzain bati: «Zer uste duzu, gatilloa zapaltzen duenak plazer hartzen duela ala?». Hori pentsatzen badu, oker dago. Kontua da bortxa erabiltzean, nahiz eta helburua garbi izan, latza dela ondorio hori, eta hori betidanik sentitu dut.

Traducción:

ETA mató a 774 personas, tal y como reconoció en 2018.

El uso de la violencia como herramienta, como nosotros, para conseguir objetivos políticos, por desgracia trae consecuencias irreversibles. Una vez que iba desde la cárcel de Langraiz (Nanclares) al Parlamento [vasco] en el coche de la Ertzaintza, le dije a un ertzaina: «¿Qué crees, que el que aprieta el gatillo lo disfruta? ». Si piensa eso, está equivocado. La cuestión es que al usar la violencia, aunque el objetivo sea limpio (claro), la consecuencia es grave, y eso lo he sentido así desde siempre.

4. 

Nahikoa nazio kontzientzia ba al dago?

Gure geroa egingo dugu poliki-poliki, horrek ez nau kezkatzen. Kezkatzen nauena euskararen egoera da, euskararen erabilera. Denon ardura da, baina, batez ere, gazteena, haiek datozelako atzetik. Zeberion frankismoan kanpotik zetozenek ere euskaraz jakiten bukatzen zuten, baina 2002an hara bilkura batera joan nintzenean, eskolatik jolasera atera ziren haurrak gazteleraz hasi zirela ikusi nuen. Noski ikusten dela gogo bat nazioa eraikitzeko, baina eraikitzea praktika bat da.

Traducción:

¿Hay suficiente conciencia nacional?

Construiremos nuestro futuro poco a poco, eso no me preocupa. Lo que me preocupa es la situación del euskera, el uso del euskera. Es responsabilidad de todos, pero, sobre todo, de los jóvenes, porque ellos son los que vienen detrás. En Zeberio, durante el franquismo, también los que venían de fuera terminaban sabiendo euskera, pero cuando en 2002 fui allí a una reunión, vi que los niños que salían de la escuela a jugar empezaban a hablar en castellano. Claro que se ve que hay ganas de construir una nación, pero construir es una práctica.

Cuatro párrafos que ponen en contexto la reacción comunicativa que se produjo en mayo de 2019 en Miravalles, el pueblo de quien da esas respuestas en una entrevista. La asamblea popular, el pasquín con instrucciones a los vecinos, la performance en el pasillo de la vergüenza y en los puntos de control, la sirena y los insultos. Y especialmente, entre todas esas palabras y todas esas frases, ponen en contexto el “Maite zaitugu”, “Te queremos”.

Ponen en contexto un “Te queremos” dirigido a quien dice que en los 80 ya habían dejado claro que el objetivo no eran sólo los guardias civiles sino los cuarteles, con todo lo que implicaba. En el caso al que se refiere, lo que implicaba fueron cinco niños, que se cuentan por separado y se destacan porque lo de los guardias civiles era otra cosa, claro. Y también pone en contexto las reacciones habituales en buena parte de la prensa, el culto a la convivencia al que se han entregado no pocos políticos y periodistas. Una convivencia que incluye, hay que recordarlo, el culto al terrorista.

Ponen en contexto todo eso, pero nada de eso es algo nuevo. Ni el contexto, ni las palabras ni los hechos de Ternera, ni el culto a la convivencia. Y a pesar de todo seguimos perdiendo el tiempo traduciendo y comentando todo esto. Tal vez porque en los últimos tiempos se ha producido un fenómeno que sí podría ser nuevo, al menos en un sector sociopolítico de España: hablar de las “distintas sensibilidades” en el entorno de la izquierda abertzale, que son los que ofrecían solidaridad, ayuda e implicación y los que ahora ofrecen aplausos, cariño y relato. Lo que ahora está de moda es hablar de las sensibilidades en EH Bildu, la izquierda abertzale política. Tal vez después de esta entrevista comencemos a leer que en ETA también había distintas sensibilidades. O quién sabe si el mensaje se lanza definitivamente hacia su última fase, hacia la sensibilidad del etarra: el que apretaba el gatillo no disfrutaba.

Y así todo estará perdonado.

Galdácano de los etarras

Primero fueron los etarras de Galdácano. No recuerdo si fueron antes los cohetes y las antorchas cuando salió de la cárcel Javi de Usánsolo -el asesino del niño Fabio Moreno- o las fotos de Txapote y el resto de etarras encarcelados en las paredes del pueblo.

Después los etarras vinieron a Galdácano. Cuando el etarra Kepa del Hoyo falleció de un infarto en la cárcel, los compañeros de todas las ramas pasearon por las calles. Ahí estuvieron Tomi Madina y el propio Javi de Usansolo. También Arnaldo Otegi, Kubati o Arkaitz Rodríguez. Hubo incluso una delegación de la CUP, formada por Anna Gabriel y Eulàlia Reguant. En la plaza, después de que hablase el hijo de Del Hoyo, una mujer dijo los nombres de todos los etarras. Hubo aplausos para todos los asesinos. También, también para Txapote.

Junto a eso, las celebraciones habituales, año tras año. Desde la pancarta de ETA en las fiestas hasta la mesa de Nochebuena en medio de la calle principal, con representaciones de Txapote, Bienzobas, Crespo y todos los demás, durante horas, sin que la policía municipal la retirase, sin ningún tipo de mensaje institucional.
En Nochebuena y, este último año, también en Nochevieja, durante la carrera popular, con todo el pueblo en la calle.

El Ayuntamiento hasta hace días estaba en manos del PNV y del PSE. Estaba en manos del PNV y del PSE cuando se permitía que los amigos de los etarras ocupasen el espacio público para homenajear a los asesinos. Tal vez no podían impedirlo. Pero lo que sí podían hacer era decir algo. Decir es algo que todo el mundo puede hacer, especialmente si se tiene la protección derivada de estar al cargo de una institución. Pero nadie del PNV decía nada, y nadie del PSE decía nada. Ni siquiera cuando veían, porque tenían que verlo, era imposible no verlo, la mesa de Nochebuena en medio de la calle principal. Tal vez decían algo en privado, no lo sé. Lo que sé es que cuando los etarras ocupan las calles, lo que se dice en privado no sirve para nada. Porque lo que se dice en privado no lo ve nadie, y la mesa con los rostros sonrientes de Txapote, Bienzobas, Crespo o Krutxaga la ven todos los vecinos, todos los años. Y lo que se ve todos los años se convierte en lo normal.

Hoy EH Bildu no está en la oposición. No contarán con la complicidad del Ayuntamiento para homenajear a sus compañeros; podrán hacerlo desde el propio Ayuntamiento.
Y podrán hacerlo, en primer lugar, porque mucha gente del pueblo ha decidido votar a un partido como EH Bildu. ¿Por qué no? Hace unos días el secretario de organización del PSOE, José Luis Ábalos, decía que los 350 diputados del Congreso, todos ellos, le merecían la misma consideración. Antes, el candidato del PP a la alcaldía de Labastida había ofrecido a Bildu un acuerdo de gobierno que finalmente fue desautorizado.
Podrán hacerlo también porque han conseguido el apoyo de Podemos y de dos plataformas vecinales, Usansolo Herria y Auzoak. Es decir, la gente. La gente es la que ha hecho posible que EH Bildu vaya a gobernar Galdácano, a pesar de la complicidad con los hasta 13 etarras del pueblo, y a pesar de las diez personas que ETA asesinó en el pueblo.

No vale decir que todo eso es agua pasada, y tampoco vale decir que no conocen nada de eso. Todas estas cosas son el presente, no el pasado. El presente es Bea Ilardia, concejal de EH Bildu la pasada legislatura, subiendo a Twitter una foto en la que Tomi Madina retira su nombre de la pared de la Herriko y diciendo “Uno menos y se echan en falta otros doce. Bienvenido Tomi”. A la izquierda de la foto retirada, Txapote. A la derecha, Bienzobas. Dos de esos doce.


El presente es toda la gente alrededor de Bildu, los jóvenes, organizando pegadas de carteles y homenajes como el del año pasado a Kepa del Hoyo, en el bosque, con toda la parafernalia simbólica. O las pancartas de agradecimiento a quienes decidieron integrarse en la banda terrorista. Ante ese presente el PNV y el PSE no hicieron nada, o hicieron muy poco. Nunca estuvieron en las redes sociales ni en la calle para combatir el relato de ETA.

Hace unos años se lanzaron cohetes para celebrar que el asesino del niño Fabio Moreno salía de la cárcel, hoy han tirado cohetes para celebrar la victoria, y ese presente ante el que no se hacía nada le ha estallado en la cara al PNV y al PSE, y a todos los vecinos de Galdácano.
En realidad no a todos, claro. Más de la mitad de los vecinos que votaron en las municipales, los que votaron a Bildu, a Podemos y a las dos plataformas vecinales, estaban hoy junto a quienes tiraban cohetes, y estarán junto a quienes reciban como héroes a los etarras del pueblo.

La política es lo que hacen los ciudadanos dentro de la ciudad. La política consiste en aprobar presupuestos, organizar fiestas y realizar obras. Pero también consiste en defender unos principios, en defenderlos activamente y por las razones correctas. Durante años se permitió en Galdácano que los bárbaros ocupasen las calles y sacasen las antorchas. Se permitió no sólo que lo hicieran, sino que lo hicieran sin oposición, sin que al otro lado hubiera un discurso sólido y cohesionado contra el asesinato como herramienta política y contra la complicidad con los asesinos. Todo eso se normalizó gracias a la machacona insistencia de unos pocos y a la cómoda complicidad de muchos. Hoy tenemos a los bárbaros no dentro de la ciudad, sino dirigiendo la ciudad. Era cuestión de tiempo. Desde el momento en que se decidió que no valía la pena recordar a los muertos, que no era necesario defender los principios, era cuestión de tiempo. Sólo había que sentarse a esperar. Y eso fue exactamente lo que se hizo.

La moralización de la política

Esta mañana he leído el último relato que ha hecho ETA sobre ETA en Gara. El problema de haber cedido la historia de ETA no a los hechos sino a los relatos es que esto es un relato más, en competencia con otros. Esa cesión es obra del Gobierno vasco, mediante Gogora, el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos, y de Jonan Fernández.

En 2016, el Gobierno vasco presentaba en el Instituto las conclusiones de los grupos de trabajo formados en torno a la iniciativa Memoria Plaza, cuyo fin era «construir una memoria compartida y plural».
Cito el último párrafo de la página en la que se resumieron las conclusiones:

Construcción de una memoria plural

Según los testimonios y las conclusiones extraídas de los grupos de trabajo, ha quedado patente que la memoria es poliédrica. En este sentido, es cometido de Gogora y de las instituciones en general, dar cauce a la participación plural en la configuración de la memoria de todas y todos. A juicio de la directora de Gogora, Aintzane Ezenarro, es necesario realizar una mirada mirada retrospectiva crítica para construir una convivencia más democrática basada en la empatía y el diálogo.

A partir de ahora, el objetivo será visibilizar y ampliar la iniciativa Memoria Plaza. La idea es divulgar estas memorias plurales y crear espacios para que quien quiera pueda dar su testimonio.

Jonan Fernández es el Secretario General de Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación del Gobierno vasco. En noviembre de 2015 los medios recogieron unas declaraciones del responsable del Gobierno vasco en una jornada del Instituto Gogora. Entre ellas destacaban la siguiente: «no es posible un acuerdo completo de interpretación del pasado». Fernández declaró que el Instituto Gogora debía gestionar «la memoria de acontecimientos traumáticos diferentes, con lecturas divergentes». También defendió que la política pública sobre la memoria debía consistir en «promover un diálogo libre entre memorias cuya base sea el respeto al pluralismo».

Ahora, si hay tiempo y ganas y si aún no se ha hecho, recomiendo leer el relato que ETA hace sobre ETA en las páginas de Gara.

Entre todo el relato, más allá de la mutilación de los hechos mediante el lenguaje, en la que colabora Gara, aparece este no-hecho: «ETA reconoce que nada de eso debió producirse jamás». Este no-hecho quedará como hecho oficial, es decir, como una de esas lecturas divergentes con las que habrá que dialogar. Y es mentira. Basta con leer el documento de ETA que publica Gara.
Si fuera cierto, no sería compatible con esto.

Si fuera cierto debería haber llevado, al menos, a una concesiva al final de cada hazaña relatada: «aunque nada de esto debió producirse».

Más cerca de la verdad está lo que colocan al final del segundo párrafo. La decisión fue, en la medida en que fuera una decisión real y no la consecuencia inevitable de su derrota, una cuestión estratégica. Esto no es compatible con la nota moral del «no debió producirse».

Hay otro momento importante en el relato dentro del mar de relatos que defiende el Gobierno vasco. Es el que se refiere a Lemóniz como «la batalla que ganó el pueblo». Hay que leer detenidamente lo que viene después del paréntesis.

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Lemóniz es el ejemplo perfecto de los efectos que ETA produjo en la sociedad. Estos efectos fueron principalmente, y en cierta medida siguen siendo, el miedo y la complicidad. Y estos efectos han configurado la política vasca desde que ETA comenzó a actuar.
Pero estos efectos no se explican en el relato de ETA en Gara. Y como en lugar de historia tendremos relatos, muchas personas creerán que Lemóniz fue una lucha ejemplar y una victoria del pueblo, en lugar de lo que en realidad fue.
Lemóniz fue, entre otras cosas, lo que cuenta aquí Leyre Iglesias. Fueron asesinatos, secuestros, amenazas, pero no únicamente eso. Porque todo eso tuvo unos efectos, que eran el objetivo real de ETA. El objetivo del terrorismo es siempre lo que el terrorismo genera en la sociedad, no los asesinatos. Éstos son los medios.
Los primeros asesinados fueron Andrés Guerra Pereda y Alberto Negro Viguera, dos trabajadores en la central. La información la dio Torre Altonaga, otro trabajador en la central.

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Después fue el turno de Ángel Baños Espada.

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Después, el secuestro y asesinato de José María Ryan Estrada.

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Y después, el asesinato de Ángel Pascual Múgica, el sustituto de José María Ryan. El hijo de Ángel Pascual Múgica resultó herido, y esto es algo en lo que no se suele reparar, porque no es el hecho principal. Pero el hecho es que todos los asesinatos dejaron familiares heridos.

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En el párrafo anterior se ve cómo son los efectos del terrorismo los que conducen a la «victoria popular», que no es otra cosa que la derrota de la sociedad.
ETA asesinó a cinco personas en Lemóniz, pero los efectos fueron más allá. Las vidas que destrozó fueron muchas más.

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Éste era el método. No sólo el asesinato, no sólo la extorsión. También la presión psicológica constante, hasta conseguir la degradación de la víctima.

 

Un herido más:

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El último herido aparece en la entrada de Wikipedia sobre Lemóniz. En el nombre y en el orden de los episodios se manifiesta también la derrota de la sociedad (y) del conocimiento.

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El mero hecho de decir todo esto imagino que aviva el odio y genera crispación. Porque los hechos son rígidos, mientras que las memorias y los relatos son agradables y respetan a todas las partes. También a quienes asesinaron en Lemóniz, y a quienes ayudaron en la «victoria popular». Y también, claro, a quienes compran el Gara, leen el parte de ETA y siguen con su vida, reafirmados en que aquello «no debió producirse jamás», pero al mismo tiempo fue justo y necesario.

Para terminar: la política es, antes que nada, una cuestión moral. La política, y la ciudadanía, es antes que nada las barreras morales que hay que levantar. La política puede ser gestión técnica y desapasionada en algunas sociedades; no en la nuestra.
No creo que haya más importante en política que levantar y defender las barreras morales que nos sitúan frente a los que asesinaron en Lemóniz, frente a los que colaboraron, frente a los que lo defienden y frente a los que compran ese relato. Todo lo demás es importante o muy importante. Pero esto es esencial, y deberían entenderlo todos los partidos y, especialmente, todos nosotros. En este nosotros deberíamos estar todos los que no pertenecemos a ese «nosotros» que significa Gara.

11. Leire Etxebarria Simarro

Leire Etxebarria Simarro es la undécima.

Leire Etxebarria fue condenada a casi ocho años de prisión en el año 2.000 por su participación en un atentado contra Manuel Fernández González. Etxeberria, junto con otros cinco compañeros, decidieron incendiar el autobús que conducía Manuel Fernández el 28 de septiembre de 1996. Con Manuel Fernández dentro del vehículo.
Leire Etxebarria y sus compañeros apartaron a una mujer de la puerta, rociaron el interior con gasolina y dejaron al conductor para que muriera.
Finalmente, Manuel Fernández pudo salir por una ventana y salvar la vida. Sufrió quemaduras de gravedad en el cuero cabelludo y en las manos, pasó incapacitado más de un año y perdió el 40% de audición en un oído.

Leire Etxebarria huyó a Francia para no ingresar en la cárcel.
Vivió allí con su pareja, Gotzon Alcalde, hasta 2.006, cuando ambos fueron detenidos por dirigir una red dedicada a la falsificación de documentos para ETA. En 2.007 fue condenada a seis años de prisión por asociación de malhechores con fines terroristas. Según el fiscal, Pierre Kahn, Etxeberria pertenecía a una «gigantesca máquina cuyo objetivo es hacer correr la sangre en España». El sumario continuó y en 2.010 se amplió su condena. La fiscal en aquel momento, Vanessa Perreé, recordó que «sin este tipo de falsificadores, no hay terroristas».
La fiscal también afirmó que en el momento de su detención se encontró un correo en el que Etxebarria y Alcalde manifestaban su deseo de abandonar ETA. No por arrepentimiento, sino porque era difícil compatibilizar su reciente paternidad con la pertenencia a una banda terrorista.

En el año 2.011, Francia extraditó a Etxebarria a España, donde cumple la condena que finalizará en los próximos meses.

Leire Etxebarria no es una presa política. Es un miembro de ETA. Por eso fue condenada en España y Francia, y por eso está en la cárcel.

Más información:

https://elpais.com/diario/2000/06/08/espana/960415205_850215.html

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-18-09-2004/abc/Nacional/zigor-orbe-quemo-un-autobus-con-su-conductor-dentro_9623715843787.html

http://www.europapress.es/nacional/noticia-eta-detenido-procesado-integracion-banda-armada-mujer-condenada-quema-autobus-20060213205031.html

http://www.elmundo.es/elmundo/2006/02/13/espana/1139857091.html

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/06/21/espana/1308680111.html

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/espana/fiscalia-pide-penas-7-anos-etarras-etxeberria-alcalde_588201.html

https://www.lainformacion.com/policia-y-justicia/terrorismo/condenados-a-7-anos-de-carcel-la-pareja-de-etarras-etxeberria-y-alcalde_YuaTgHHfAcFJZMZPLUVCs/

http://www.elcorreo.com/vizcaya/20070608/politica/condenan-once-etarras-paris_200706081813.html

https://www.libertaddigital.com/nacional/informe-el-terrorismo-del-coctel-molotov-1276254414/

https://elpais.com/diario/1996/10/05/espana/844466426_850215.html

Derecho a decidir cosas como éstas

Hace cuatro años la asociación Gure Esku Dago organizó una cadena humana que conectaba Durango con Pamplona. La cadena y la asociación tenían como objetivo el «derecho a decidir».

Un derecho que no era algo concreto, y que la propia asociación no llegaba a detallar en su propia web.
Escribí sobre esa ambigüedad buscada en el blog.

Hoy la misma asociación vuelve a movilizar a quienes tienen vocación de cadena.
Esta vez conectarán las tres capitales del País Vasco, y el acto está patrocinado por la izquierda abertzale y por el PNV.

Hoy también sabemos más sobre ese ambiguo derecho a decidir.

El portavoz de Gure Esku Dago, Angel Oiarbide, lo explicaba hace dos días en una entrevista en el diario Naiz.

Oiarbide cree que «existe un hilo conductor común» de todas estas reivindicaciones y que «es la decisión», «quién toma la decisión sobre nuestros cuerpos, sobre las pensiones, sobre una pelea de un bar en Altsasu, ¿en qué nos favorece que esas decisiones se tomen a 500 km?».

El derecho a decidir tiene que ver, por ejemplo, con quién toma la decisión sobre una «pelea de bar en Altsasu».

Hoy en Deia el alcalde de Alsasua, Javier Ollo, se refería también a las decisiones sobre una pelea de bar.

EL pasado 1 de junio la Sección Primera de la Audiencia Nacional dictó la sentencia en el marco del proceso judicial relativo al conocido como caso Altsasu a raíz de los tristes y desgraciados hechos ocurridos el 15 de octubre de 2016.

Así comienza la tribuna del alcalde de Alsasua.

Después de los esperados párrafos de miseria moral, Ollo escribe esto:

Hasta ahora los vecinos y vecinas de Alsasua se han manifestado de forma cívica y unitaria y así debe seguir siendo. Una unidad que debe imperar sobre las legítimas diferencias que puedan existir a la hora de calificar los hechos ocurridos el 15 de octubre en nuestra localidad.

Los hechos consistieron en una paliza. Varios vecinos de Alsasua propinaron golpes a cuatro personas. Dos guardias civiles y sus parejas. A uno de los guardias civiles le rompieron un tobillo. El dueño del bar en el que comenzó la agresión comentó en el juicio que ese tobillo roto podría haberse producido por un resbalón, y que él no vio nada. Mientras se producían las agresiones, los vecinos de Alsasua que fueron testigos no hicieron nada.
Hace unos días los padres de una de las víctimas decidieron poner en venta su casa, debido a que el acoso que venían sufriendo desde la denuncia había aumentado a partir de la sentencia condenatoria.

El alcalde de Alsasua, Javier Ollo, del PNV (Geroa Bai), ha mostrado su apoyo sin fisuras a los condenados desde que comenzó el proceso. Y explica hoy en Deia que es legítimo calificar los hechos ocurridos de distintas maneras. Él decide calificarlos como un accidente, como algo que ocurrió fuera de la cadena de causalidades a la que todo está sometido.

Y de la misma manera que la izquierda abertzale y el PNV defienden las legítimas diferencias a la hora de calificar hechos como los ocurridos en Alsasua el 15 de octubre de 2016, hechos que, como ha quedado demostrado, consistieron en una paliza motivada por el odio a la Guardia Civil, también defienden las legítimas diferencias a la hora de calificar esa enorme y sostenida pelea de bar que fue la actividad de ETA durante décadas. O expresado en el lenguaje de la miseria moral, el conflicto vasco.

Jonan Fernández, Relator Máximo del Gobierno vasco, decía en una entrevista hace algunos años que no era posible un «acuerdo completo para interpretar el pasado».
Seguía, en referencia a Gogora, el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos del Gobierno vasco: Gogora debe gestionar «la memoria de acontecimientos traumáticos diferentes, con lecturas divergentes«.

¿En qué consiste el derecho a decidir, entonces?

Consiste en el derecho a calificar una paliza a cuatro personas por motivo de odio como pelea de bar.
Y también consiste en defender que José Antonio Galarraga, miembro de ETA que en 1980 asesinó al empresario Ceferino Peña en presencia de su hija de tres años, pueda ser calificado hoy como preso político.


Entre otras muchas cosas, claro. Pero consiste también en eso.

La Plaza de la Memoria en Galdácano, I

Primera visita a la Plaza de la Memoria en Galdácano. Ha sido rápida.
No hay apenas nada. Hasta aquí podría ser el texto para el blog, y ya sería algo más que la exposición.
En la entrada hay unos folletos en los que explican el propósito del proyecto. A la izquierda, una pared con unas hojas de colores en las que los visitantes exponen sus sentimientos. Nada. Incluso una cita de Paulo Coelho. Varios «Gure esku dago», llamamientos a una paz que nadie puede negar, podemos perdonar pero no hay que olvidar.


¿Qué es, exactamente, lo que no hay que olvidar?
No había ni una sola referencia a ETA en las hojas de la pared. Imagino que la mayoría de ellas fueron escritas por niños de alguna visita escolar. Lo imagino mientras leo cada una, porque es la hipótesis menos mala. Aunque no estoy seguro de que realmente sea la menos mala.
Había tres zonas, con tres terminales en las que se podía escuchar el testimonio de varias personas y tres pantallas algo más grandes en las que se proyectaban también testimonios.

Zona 1: Memoria de las víctimas del terrorismo.

Zona 2: Memoria de las víctimas de la violencia policial ilícita.

Zona 3: Memoria histórica y 81 aniversario del bombardeo de Guernica.

 
Y una cuarta zona: Participa en la construcción de la memoria. El Proyecto Plaza de la Memoria responde al derecho a la participación ciudadana en la construcción de algo que es de todos/as: la memoria. Todos/as somos parte de la memoria. En este espacio encontrarás testimonios de ciudadanos y ciudadanas que han querido trasladar su memoria.
Tú también puedes participar en la configuración de la memoria de nuestro país, aportando tu testimonio.

Esa cuarta zona es la de las hojas de colores, en las que ni una sola vez aparece «ETA». Hay un banco, una pantalla y otro vídeo con testimonios. Kirmen Uribe, Bernardo Atxaga, Toti Martínez de Lezea, Anjel Lertxundi. La primera referencia a ETA es de Kirmen Uribe. «He visto en mi propia familia personas que han tenido miedo de ETA». Antes, referencias a torturas, muertes en prisión, la Guardia Civil. Y la Guerra Civil. El vídeo dura unos doce minutos. Anjel Lertxundi explica cómo cada vez que ETA cometía una torpeza (sic, baldarkeria) mayor que la anterior, era la sociedad la que respaldaba, con su silencio y su justificación, que cometiera actos cada vez más graves.

No sé en qué minuto del vídeo he oído una breve conversación entre una madre y su hijo que también estaban viéndolo, detrás de mí. Imagino que el hijo ha preguntado algo. Qué es esto, algo así. No lo he podido escuchar.
Lo que sí he escuchado ha sido la respuesta de la madre, en castellano.
«De una guerra que hubo hace mucho. Pegaban tiros desde aviones y todo».

No me he girado para verlos. He visto de reojo que el hijo estaba escribiendo en una de las hojas vacías para dejar su testimonio. He esperado uno o dos minutos y he salido, sin terminar el vídeo.

De camino a casa he pasado por la Herriko Taberna. Apenas veinte pasos. En el interior, como siempre, los nombres de los etarras del pueblo que aún están en la cárcel. Txapote, Bienzobas, Crespo, etc.

El Gobierno vasco, impulsor del proyecto, puede estar tranquilo. No habrá olvido. Porque es imposible olvidar lo que no se enseña.

PD: Nada más salir de casa he visto un bando del Ayuntamiento en el portal, como el del año pasado. No cabe duda de que era la primera parte de la exposición.
Las diez personas que fueron asesinadas por ETA en el pueblo. Las decenas de personas que fueron asesinadas por etarras del pueblo. Los etarras del pueblo.
«No hay que olvidar».
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10. Jon Crespo Ortega

Jon Crespo Ortega es el décimo.

Jon Crespo Ortega ya había aparecido antes por aquí. En marzo del año 2.000 los vecinos de un portal de Galdácano recibieron una carta. El contenido de la carta era el siguiente.

COMO USTEDES YA SABRÁN, EN EL PISO 5º D DE SU VECINDARIO RESIDE EL CONCEJAL DEL PP DE GALDAKAO RICARDO GUTIERREZ.

ESTE DEPLORABLE CONCEJAL ES RESPONSABLE DIRECTO DE QUE A EUSKAL HERRIA SE LE SEA NEGADA LA PALABRA, DE LA DISPERSIÓN QUE SUFREN LOS/LAS PRESOS/AS POLÍTICOS/AS, DE LA TORTURA QUE SUFRE NUESTRO PUEBLO, DE LA IMPOSICIÓN ARMADA A LA QUE ESTAMOS SOMETIDOS, DE MUERTES COMO LA DE RUBEN GARATE VISITANDO A UN AMIGO Y SIMILARES, Y DE UN LARGO ETC…

POR ESTO Y MUCHO MAS, ESTE ENGENDRO DE FRANCO, ESTÁ CONDENADO A SER EXPULSADO DE EUSKAL HERRIA, EN CONSECUENCIA, LES INVITAMOS A USTEDES A QUE HAGAN LO POSIBLE PARA ECHAR DEL VECINDARIO A ESTA PERSONA DE ACTITUDES HITLERIANAS.

CON TODO ESTO, USTEDES SON AGENTES EXTERNOS AL CONFLICTO DE EUSKAL HERRIA, Y NO QUISIÉRAMOS QUE SUFRIESEN NINGÚN DAÑO YA QUE ESTE PERSONAJE ES OBJETIVO DIRECTO DE NUESTRAS ACCIONES. AGUR BERO BAT.

JO TA KE.

El autor de esa carta es Jon Crespo Ortega. Es condenado a cinco años de prisión por un delito de amenazas terroristas. Durante el juicio admitió que había escrito la carta en un ordenador que Herri Batasuna tenía en una lonja.
El objetivo de esa carta, Ricardo Gutiérrez Solana, tuvo que cambiar de trabajo y abandonó el pueblo. Gutiérrez Solana había obtenido el acta de concejal en el año 1.999. Era el único de los tres concejales del Partido Popular que vivía en el pueblo. El día que recibió su acta apareció una diana con las siglas de su partido en una columna situada frente al portal en el que vivía. Poco después apareció una pintada en la que se leía «PP asesinos». Y en las navidades de ese año dos personas disfrazadas de Olentzero compartieron unas palabras con su hijo de nueve años, arrojaron carbón en el felpudo de su domicilio y dejaron un cartel amenazante y una invitación para que abandonase el País Vasco.
Finalmente llegó la carta en marzo de 2.000, escrita y dirigida a todos sus vecinos por Jon Crespo Ortega, y Ricardo Gutiérrez Solana abandonó Galdácano.

Jon Crespo Ortega también fue condenado a cinco años de prisión por delitos de daños y desórdenes públicos cometidos durante las fiestas de Galdácano en el año 2.000.
Junto a otros compañeros utilizó material explosivo e incendiario, además de mazas y palos, para causar daños en diferentes inmuebles de la calle principal, como sucursales bancarias y pisos habitados. Uno de esos compañeros era Iker Lima Sagarna, también condenado. El octavo en las fotos.

Jon Crespo Ortega también fue condenado a dos años y medio de prisión por un delito de daños terroristas. El 3 de marzo de 2001 atacó junto con otros compañeros la sede del periódico El Correo en Bilbao. Hacia las 21:45 de ese día, Jon Crespo y sus compañeros, «persiguiendo colaborar con los fines y objetivos de ETA» según la sentencia, arrojaron varios cócteles molotov contra la sede del periódico.

Por último, Jon Crespo Ortega fue condenado a cuatro años de prisión por incendiar el vehículo de un agente de la Ertzaintza en Galdácano, en mayo de 2001.
Según la sentencia, Jon Crespo Ortega salió de madrugada portando un bidón de gasolina y prendió fuego al vehículo del agente, del que sabía que era escolta de un cargo público.

Éstas son sólo las condenas que aparecen en la prensa.

Jon Crespo Ortega se encuentra actualmente en la cárcel. No es un preso político. Es el autor de los actos descritos anteriormente. Por esos actos está en la cárcel. Y, en ocasiones, en las paredes de Galdácano.

Más información:

https://elpais.com/diario/2004/04/22/espana/1082584815_850215.html

https://elpais.com/elpais/2008/04/30/actualidad/1209543430_850215.html

http://www.europapress.es/nacional/noticia-supremo-confirma-condena-dos-anos-carcel-jon-crespo-atacar-sede-correo-20060406185331.html

https://elpais.com/diario/2004/07/20/paisvasco/1090352412_850215.html