«Pasó lo que pasó»

En diciembre de 2020, hace unas semanas, el diario Berria publicó una entrevista a Josu Urrutikoetxea. En mayo de 2019 hubo un acto en Miravalles (Ugao), el pueblo de Josu Urrutikoetxea. Fue un acto pequeño. Para denunciar el culto en pueblos como Miravalles a personas como Urrutikoetxea, para homenajear a las víctimas o para hacer campaña política. Las tres son opciones compatibles, las tres son opciones no sólo legítimas sino necesarias. En el acto Maite Pagazaurtundua pidió un minuto de silencio por las víctimas de Josu Ternera y de sus compañeros de banda. La sirena que nos había acompañado desde que llegamos siguió sonando, los insultos se escuchaban de manera aún más clara. Hay víctimas y víctimas. Gestos y gestos. Tal vez algún chaval del equipo de fútbol más cercano a Miravalles hincara la rodilla en algún partido hace unos meses porque some lives matter más que otras, sobre todo si esas víctimas están lejos y si recordarlas nos regala una gratificación social y no una incomodidad también social. Días antes del acto, vecinos de Miravalles reunidos en asamblea popular decidieron escribir y repartir un pasquín en el que se pedía al resto de los vecinos y a los comerciantes que bajaran sus persianas en señal de rechazo a quienes venían a “alterar la paz y la convivencia” del pueblo. Al finalizar el acto, a modo de remate, la «Brigada de Desinfección Antifascista» de Sortu apareció para limpiar el suelo que habíamos pisado. Andoni Ortuzar denunció la barbaridad que suponía «estigmatizar a un pueblo entero por una persona que nació allí», y añadió que «Ugao es un pueblo sano».

En el recorrido hasta el frontón en el que se desarrolló el acto se vieron numerosas pegatinas con la cara de Urrutikoetxea acompañada de dos frases cortas: “Maite zaitugu” y “Josu askatu”. “Te queremos” y “Libertad para Josu”.

Buena parte de la prensa y de los partidos políticos regionales y nacionales cuestionaron la oportunidad del acto. Las pegatinas, los insultos, la sirena o la asamblea popular lo tomaban por tanto como algo normal, liviano. La convivencia que había que salvaguardar era justamente esa. Era justamente eso. Porque todo eso no es nada más que la cara B de una convivencia que consiste en callar y en no mirar, y en dejar que los que empapelan las calles de sus pueblos -de nuestros pueblos- con las caras de Urrutikoetxea, García Gaztelu o Bienzobas sigan haciéndolo sin denuncias y sin campañas que expongan lo que hacen y lo que son.

Vamos con la entrevista a Urrutikoetxea en Berria, el único medio en euskera medianamente relevante en el País Vasco. Me centraré en tres o cuatro párrafos.

1. 

11 lagun hil zituen ETAk han; bost haur. Zer eragiten dizu horrek? Orain desberdin ikusten al da?

Distantziatik beti gauzak beste era batera ikusten dira. Biolentzia sekula ez da, nire irudiz, helburua izan erakundearentzat, erakunde politiko bat zelako, borroka armatua egiten zuena, baina tresna politiko bezala. Bortxa erabiltzea ez da sekula helburu bat. Erabiltzen duenak badaki —eta, kasu honetan, etsaiak ere bai— kalteak egon daitezkeela, eta erakundea beti saiatu zen albo kalte horiek ekiditen. Eta hori oso zaila da. Bueltaezinezko kalteak larriak dira denentzat. Ni betidanik kezkatu nau horrek, eta hori sentitu dut barru-barruan. Eta bigarrenik, kuartelei buruz ari garenez, erakundeak 1980ko hamarkadan behin baino gehiagotan argi utzi zuen ez zituela soilik eurak [guardia zibilak] helburutzat hartuko, baita kuartelak ere, horrek suposatzen zuenarekin. Gertatu zen gertatu zena eta inork nahi ez zuena.

Traducción:
(Están hablando sobre el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza).

ETA mató allí a 11 personas; cinco de ellas niños. ¿Qué te provoca eso? ¿Hoy se ve de otra manera?

Desde la distancia las cosas siempre se ven de otra manera. La violencia nunca ha sido, en mi opinión, el objetivo de la organización, porque era una organización política, que hacía la lucha armada, pero como una herramienta política. Usar la violencia nunca ha sido un objetivo. El que la usa sabe -y, en este caso, los enemigos también- que puede haber daños, y la organización siempre ha intentado evitar esos daños colaterales. Y eso es muy difícil. Los daños irreversibles son graves para todos. A mí siempre me ha preocupado eso, y lo llevo muy dentro de mí. Y en segundo lugar, ya que estamos hablando sobre los cuarteles, la organización en la década de los 80 dejó claro en más de una ocasión que no los tendría sólo a ellos como objetivos, sino también a los cuarteles, con todo lo que ello implica. Pasó lo que pasó y lo que nadie quería.

2.

Jende batek esan izan du orduan hasi zela ETArekiko babes sozialaren galera bizkortzen, hildakoak zibilak ere izaten zirelako.

Jendeak baino gehiago, mundu mediatikoan erabiltzen den argudioetako bat da hori. Erakundea aspaldi desagertuko zen, baldin eta ez balitu izan Euskal Herrian eta kanpoan elkartasuna, laguntza eta inplikazioa. Segituan ateratzen dituzte bateria guztiak terrorismo esaten diotenaren inguruan. Terrorismo hitza zaku handi bat da, non zernahi sar daitekeen. Inork ez du erabili estatuak bezainbeste.

Traducción: 
(Están hablando sobre el “salto” que da ETA en los 80, los coches bomba, para provocar “daños colaterales”).

Hay gente que dice que fue en ese momento cuando la pérdida de apoyo social a ETA se aceleró, porque los muertos también eran civiles.

Más que la gente, eso es uno de los argumentos que se usan en el mundo mediático. La organización habría desaparecido hace mucho tiempo si no hubiera tenido, en Euskal Herria y en el exterior, solidaridad, ayuda e implicación. Enseguida sacan todas las baterías contra lo que llaman “terrorismo”. La palabra “terrorismo” es un saco grande, en el que se puede meter cualquier cosa. Nadie la ha usado tanto como el Estado.

3. 

ETAk 774 pertsona hil zituen, hark 2018an aitortu zuenez.

Bortxa tresna gisa erabiltzen delarik, guk bezala tresna politiko gisa helburu politikoak lortzeko, zoritxarrez atzeraezinak diren ondorioak ekartzen ditu. Behin Langraizko espetxetik [EAEko] parlamentura nindoala ertzainen kotxe batean, esan nion ertzain bati: «Zer uste duzu, gatilloa zapaltzen duenak plazer hartzen duela ala?». Hori pentsatzen badu, oker dago. Kontua da bortxa erabiltzean, nahiz eta helburua garbi izan, latza dela ondorio hori, eta hori betidanik sentitu dut.

Traducción:

ETA mató a 774 personas, tal y como reconoció en 2018.

El uso de la violencia como herramienta, como nosotros, para conseguir objetivos políticos, por desgracia trae consecuencias irreversibles. Una vez que iba desde la cárcel de Langraiz (Nanclares) al Parlamento [vasco] en el coche de la Ertzaintza, le dije a un ertzaina: «¿Qué crees, que el que aprieta el gatillo lo disfruta? ». Si piensa eso, está equivocado. La cuestión es que al usar la violencia, aunque el objetivo sea limpio (claro), la consecuencia es grave, y eso lo he sentido así desde siempre.

4. 

Nahikoa nazio kontzientzia ba al dago?

Gure geroa egingo dugu poliki-poliki, horrek ez nau kezkatzen. Kezkatzen nauena euskararen egoera da, euskararen erabilera. Denon ardura da, baina, batez ere, gazteena, haiek datozelako atzetik. Zeberion frankismoan kanpotik zetozenek ere euskaraz jakiten bukatzen zuten, baina 2002an hara bilkura batera joan nintzenean, eskolatik jolasera atera ziren haurrak gazteleraz hasi zirela ikusi nuen. Noski ikusten dela gogo bat nazioa eraikitzeko, baina eraikitzea praktika bat da.

Traducción:

¿Hay suficiente conciencia nacional?

Construiremos nuestro futuro poco a poco, eso no me preocupa. Lo que me preocupa es la situación del euskera, el uso del euskera. Es responsabilidad de todos, pero, sobre todo, de los jóvenes, porque ellos son los que vienen detrás. En Zeberio, durante el franquismo, también los que venían de fuera terminaban sabiendo euskera, pero cuando en 2002 fui allí a una reunión, vi que los niños que salían de la escuela a jugar empezaban a hablar en castellano. Claro que se ve que hay ganas de construir una nación, pero construir es una práctica.

Cuatro párrafos que ponen en contexto la reacción comunicativa que se produjo en mayo de 2019 en Miravalles, el pueblo de quien da esas respuestas en una entrevista. La asamblea popular, el pasquín con instrucciones a los vecinos, la performance en el pasillo de la vergüenza y en los puntos de control, la sirena y los insultos. Y especialmente, entre todas esas palabras y todas esas frases, ponen en contexto el “Maite zaitugu”, “Te queremos”.

Ponen en contexto un “Te queremos” dirigido a quien dice que en los 80 ya habían dejado claro que el objetivo no eran sólo los guardias civiles sino los cuarteles, con todo lo que implicaba. En el caso al que se refiere, lo que implicaba fueron cinco niños, que se cuentan por separado y se destacan porque lo de los guardias civiles era otra cosa, claro. Y también pone en contexto las reacciones habituales en buena parte de la prensa, el culto a la convivencia al que se han entregado no pocos políticos y periodistas. Una convivencia que incluye, hay que recordarlo, el culto al terrorista.

Ponen en contexto todo eso, pero nada de eso es algo nuevo. Ni el contexto, ni las palabras ni los hechos de Ternera, ni el culto a la convivencia. Y a pesar de todo seguimos perdiendo el tiempo traduciendo y comentando todo esto. Tal vez porque en los últimos tiempos se ha producido un fenómeno que sí podría ser nuevo, al menos en un sector sociopolítico de España: hablar de las “distintas sensibilidades” en el entorno de la izquierda abertzale, que son los que ofrecían solidaridad, ayuda e implicación y los que ahora ofrecen aplausos, cariño y relato. Lo que ahora está de moda es hablar de las sensibilidades en EH Bildu, la izquierda abertzale política. Tal vez después de esta entrevista comencemos a leer que en ETA también había distintas sensibilidades. O quién sabe si el mensaje se lanza definitivamente hacia su última fase, hacia la sensibilidad del etarra: el que apretaba el gatillo no disfrutaba.

Y así todo estará perdonado.

La indiferencia de un pueblo sano

Cuando Maite Pagazaurtundua propuso ayer en Miravalles guardar un minuto de silencio por las víctimas de Josu Ternera, los que estábamos allí nos callamos. La sirena del pueblo, que había comenzado a sonar en cuanto los organizadores del acto llegaron al frontón, siguió sonando. La consecuencia fue que los insultos se escucharon aún mejor.
Antes de eso un comité de periodistas con cámaras y de vecinos, también con cámara -era difícil distinguirlos- se había agrupado en la ermita en la que nos fuimos juntando quienes habíamos decidido asistir al acto de Ciudadanos. Todavía no decían nada. El mensaje lo habían delegado en pancartas como la que colgaba de la estación de tren, “Ugaon ez zarete ongi etorriak”, (No sois bienvenidos en Ugao), y en algunas de las ventanas. En una de ellas se podía distinguir una foto con la cara del etarra Josu Ternera, el vecino Urrutikoetxea, y otro mensaje: “Josu askatu” (libertad para Josu). La foto estaba colocada sobre una ikurriña.


El día antes algunos comerciantes y vecinos del pueblo habían invitado a bajar las persianas de las viviendas y de los comercios. Había casas con las persianas bajadas, y casas, muchas, con las persianas subidas. También había vecinos asomados a los balcones y las ventanas, algunos de ellos, especialmente en la plaza del frontón donde hablaron Maite Pagaza y Albert Rivera, pertrechados con cazuelas, silbatos y mensajes ofensivos, primero en pancartas y después, cuando comenzó el acto, de viva voz.
En lo que no me fijé fue en cómo estaban los comercios. De un bar salió un vecino cerveza en mano para gritar “Gora Euskadi Ta Askatasuna”, así que había al menos un comercio abierto. En los demás no me fijé porque la calle por la que llegamos a la plaza del frontón estaba llena de fotos con la cara del etarra, del vecino Ternera, y con un mensaje que añadía un toque especial al omnipresente “Josu askatu”. Antes de eso se podía leer, sobre la cara del etarra Ternera, lo siguiente: “Maite zaitugu”. Es decir, “Te queremos”. Era difícil fijarse en otra cosa.

Antes de llegar al frontón pasamos por una pequeña plaza en la que se habían concentrado varios vecinos para mostrar su rechazo. Esos vecinos estaban de espaldas y entre ellos y nosotros había una pancarta: “Ez zarete ongi etorriak. No sois bienvenidos”. Esta vez en euskera y en castellano, para la foto. Este acto de rechazo se había organizado en la misma asamblea popular en la que el día antes se había propuesto cerrar los comercios, bajar las persianas, paralizar el pueblo. La indiferencia normalmente consiste en seguir leyendo el periódico o seguir tomando el café mientras pasan cosas. Hacer como si nada. En el caso de Miravalles, algunos vecinos organizaron una performance con varios puntos de control, colocaron y activaron una sirena en el lugar del acto, adornaron el pueblo con mensajes de cariño para un etarra y con mensajes de odio para los representantes de un partido político como Ciudadanos, y acompañaron a quienes decidieron asistir al acto con los insultos que ya se habían escuchado en Rentería y en Alsasua. Una parte de la prensa llamó a esto “indiferencia”, y dijo que los vecinos habían recibido con silencio a los asistentes, a pesar de los decibelios de la sirena, que ahogaba incluso los insultos.
En el checkpoint a mitad de camino, donde varios ciudadanos del pueblo esperaban para seguir leyendo el periódico y apurar la taza de café, la tensión era evidente. La orden era mostrar la espalda y guardar silencio. Algunos se habían colocado el “Ez zarete ongi etorriak” en la espalda, por si no se leía en la enorme pancarta. Otros levantaban el dedo corazón. Pero lo llamativo ocurrió cuando se escucharon los primeros “fascistas”, “hijo de puta” y “fuera de aquí”. Los que intentaban seguir en silencio mandaron callar para no romper el encanto. “Sssssssssssh”. Cuando lo dice alguien en una biblioteca o en un aula suele ser un “Ssh” corto. Ayer sonó como si estuviéramos pasando por delante de una reunión de serpientes. Se puede escuchar en el vídeo del siguiente tweet, a partir del 0:28.


En fin, los de la performance tuvieron dificultades para mostrar a la prensa una cara “amable”, pero la prensa, buena parte de la prensa, fue comprensiva y habló de indiferencia y silencio. Tal vez porque después de ver decenas de fotos con la cara de Josu Ternera cualquier cosa parece una cara amable.
Al final de la calle estaba la plaza del frontón y allí se vio (y se oyó) la otra cara de la misma performance. Algunos de los que habían posado en el acto de repudio silencioso vinieron a gritar los habituales “hijos de puta” y “fuera de aquí”. Alguien colocó la sirena, y alguien también tuvo que haberla adquirido. Yo no pude verla, y tampoco sabría dónde se adquiere algo así, pero ahí estaba. Tampoco sé si cuando alguien decide hacer sonar una sirena a las 12:00, por el motivo que sea, cuenta normalmente con la indiferencia de la policía local. En este caso la sirena estuvo sonando durante media hora sin que agentes locales pasaran por allí.
Habló Maite Pagazaurtundua y habló Albert Rivera. La primera habló a quienes insultaban, a quienes salieron a mostrar apoyo a Josu Ternera tras su última detención y a quienes habían escrito “Te queremos” en la foto del etarra. También, en general, a quienes hacían cosas como éstas y otras mucho peores cuando la banda de Ternera aún no había sido desarticulada. Al hacer esto, al hablarles a ellos en su casa, habló también a quienes tienen que convivir en pueblos como Miravalles con los vecinos a los que interpelaba Pagaza, y también les habló en su casa. El mensaje para estos vecinos estaba implícito en el mensaje a los primeros. Una pequeña parte de la prensa y de la opinión en redes vio esto y señaló que Pagaza, o Rivera, habían venido a Ugao a insultar a todos los vecinos, a llamar terroristas a todos los vascos. Una parte pequeña de la prensa lo señaló, y otra parte no tan pequeña lo insinuó. Esto es algo tan cierto -y tan fácilmente comprobable- como el silencio con el que los vecinos hostiles acompañaron el acto.
Pagaza se refirió a Pernando Barrena y a sus palabras como militante tipo de la izquierda abertzale -rival en las elecciones europeas, elecciones en las que, oh, sí pueden votar los vecinos de Miravalles-, Rivera se comprometió a llevar al Parlamento una ley para prohibir los homenajes a etarras.

Pero como decía antes del acto, los discursos y las medidas propuestas no fueron lo más importante. Lo importante fue que los vecinos de Miravalles pudieron ver un acto político en el que no se homenajea a un etarra, un acto en el que de hecho se denuncian esos homenajes y a quienes participan en ellos. En Miravalles gobierna el PNV y EH Bildu es la única oposición. La tranquilidad, en Miravalles y en tantos otros sitios en los que el PNV gobierna -solo o con el apoyo del PSE-, consiste en que los primeros dejan que los segundos, los abertzales, organicen todos los homenajes que quieran a personas como Josu Ternera. Andoni Ortuzar salió una vez más a denunciar la enorme indignidad que supuso el acto. Lamentó que se estigmatizara a un pueblo entero por “una persona que nació allí”. Andoni Ortuzar es vasco, vive en el País Vasco e incluso es dirigente de un partido vasco. Pero es nacionalista, algunos dicen que moderado. Y tiene dificultades para articular el pensamiento cuando hay que pensar sobre lo que fue ETA y sobre su legado. Ortuzar lamentó que se estigmatizara a Miravalles/Ugao por “una persona que nació allí”, pero no fue esa persona que nació allí la que colocó su propia foto ni la que se dijo a sí mismo “te quiero”. Fueron vecinos de Miravalles, de Ugao, los que decidieron adornar el pueblo con la foto de un etarra como Josu Ternera, con el mensaje “te queremos”. Fueron vecinos, otros, los que vieron esas fotos unas horas antes del acto, o unos días antes, y permitieron que siguieran ahí, a la vista de todos. Ortuzar añadió al final del lamento que “Ugao es un pueblo sano”.



El acto de ayer sirvió, precisamente, para mostrar la salubridad de los pueblos como Miravalles. Ortuzar, las personas como Ortuzar y las personas que quisieron mostrar su amor al etarra Ternera siguieron diciendo que todo está bien. Al finalizar el acto, la «Brigada de desinfección antifascista» de Sortu apareció para desinfectar el suelo por el que habíamos pasado.


37 ciudadanos

Hoy al mediodía está previsto un acto del partido Ciudadanos en Miravalles/Ugao.
Miravalles es una pequeña localidad vizcaína de unos 4000 habitantes, similar a muchas otras localidades vizcaínas. Tiene su Plaza del Pueblo, imagino que tendrá su Herriko Taberna, y desde luego tiene su vecino etarra. En el caso de Miravalles el vecino es Josu Ternera, nada menos. Hace unos días José Antonio Urruticoechea, Josu Urrutikoetxea, el etarra Josu Ternera, fue detenido en Francia mediante una operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía francesa. Sortu, el principal partido de la coalición EH Bildu, organizó una manifestación de protesta en el pueblo para mostrar su malestar por la detención del etarra Ternera. En la pancarta que encabezaba la manifestación se podía leer “Josu eta besteak askatu”, es decir, libertad para Josu y los demás. Los demás son los otros presos de ETA. En la pancarta había también un dibujo de un pájaro atravesando los barrotes de una jaula y volando libre. Antes de la manifestación convocada por Sortu, varios vecinos del pueblo ya habían organizado un acto para pedir la libertad de su vecino, el etarra Ternera.

Hoy al mediodía está previsto un acto de Ciudadanos en Miravalles. Y esto es algo que ha molestado mucho a todos los que aceptan con normalidad que los vecinos de Miravalles y de otros pueblos vascos organicen homenajes a etarras como Josu Ternera, Kepa del Hoyo o Javi de Usansolo. Todos los que ayer pedían las sales -cargos del PNV como Andoni Ortuzar, representantes del Ayuntamiento de Miravalles y en general cualquier persona afín al nacionalismo vasco, en su vertiente jeltzale o abertzale- son los que callan cada vez que los vecinos de algún pueblo deciden mostrar su aprecio a etarras como Josu Ternera, por ejemplo organizando una cena de Nochebuena simbólica y sentando a la mesa las fotos de etarras como Txapote. Ellos, que con su indiferencia otorgan normalidad a los continuos actos de enaltecimiento terrorista en tantos pueblos vascos, piden hoy las sales. Porque el partido Ciudadanos pretende celebrar un acto político en uno de esos pueblos. Y porque, dicen, Ciudadanos apenas tiene votos en Miravalles.

En las últimas elecciones generales hubo 37 personas que decidieron votar a Ciudadanos en Miravalles. No obtuvieron ningún voto en las municipales de 2015 y tampoco lo obtendrán en las del próximo domingo, porque no presentan lista en esa localidad. Pero en Miravalles hay 37 ciudadanos que probablemente acogerán con agrado la visita del partido. O acogerían. Porque ayer se celebró en el pueblo una asamblea popular para organizar la respuesta vecinal a la visita. En esa asamblea se invitó a los vecinos a cerrar o bajar las persianas de las tiendas y a bajar también las persianas de las viviendas, como muestra de rechazo colectivo. También se invitó a los vecinos a una concentración de repulsa en la Plaza del Pueblo, y a dar la espalda a los asistentes al acto del partido Ciudadanos mientras recorren las calles. Estas acciones sirven tanto para mostrar rechazo como para mostrar quién no muestra rechazo. Así que a lo mejor alguno de esos 37 votantes de Ciudadanos se suma no al acto de Ciudadanos, sino a la invitación de la asamblea popular. Sería comprensible.

En uno de los westerns más famosos de la historia, un criminal es liberado sin que haya cumplido su condena. El criminal había jurado vengarse de quien lo detuvo, el sheriff de un pequeño pueblo llamado Hadleyville. El sheriff había decidido jubilarse y mudarse a otro lugar, abrir un negocio y formar una familia, pero se entera de que el criminal ha sido liberado y de que planea volver al pueblo. Los amigos del sheriff intentan convencerlo para que abandone Hadleyville cuanto antes. También su mujer lo intenta. Pero el sheriff decide quedarse. Recupera su insignia, viste una vez más la estrella y se queda en el pueblo, esperando al tren del mediodía en el que llegará el criminal. El sheriff intenta reunir un grupo de ciudadanos para plantar cara al criminal y a su banda, que también espera en el pueblo. No consigue a nadie. Incluso su antiguo ayudante renuncia. Y finalmente se enfrenta solo al criminal y a su banda.
El final es lo de menos.

Hoy al mediodía está previsto un acto de ciudadanos en Miravalles. Acudirán dirigentes y simpatizantes de un partido y tal vez algún vecino del pueblo. También acudirán personas de pueblos cercanos que votan a ese partido, o a otro, o a ninguno. Algunos acudirán por la llamada del partido, otros por la llamada de la conciencia y otros por los 37 vecinos. Muchos acudirán porque tal vez ya están hartos de tolerar una normalidad malsana que convierte las calles de tantos pueblos vascos en escenarios para homenajear a los terroristas de ETA cuando éstos, como el criminal de la película, vuelven a sus pueblos.
El partido que convoca el acto no obtendrá ningún voto en Miravalles ni en ninguna de las otras localidades parecidas a Miravalles, con sus plazas del pueblo, sus Herriko Tabernas y sus vecinos etarras. No sé si el acto hará que el partido obtenga más votos en las localidades que no son como Miravalles. Francamente, es lo que menos me importa. Lo que me importa, como ciudadano de una localidad parecida a Miravalles -Galdácano-, es que comencemos a recuperar la decencia. Lo que me importa es que los ciudadanos que no apoyamos a quienes durante décadas ejercieron el terrorismo como herramienta política entendamos que la normalidad es otra cosa. Que recibir con aplausos, antorchas y bailes a quienes decidieron dedicar su vida a sembrar el terror es lo más alejado de la normalidad. Que debe dejar de ser normal, que debe empezar a hacerse en los sótanos de los pueblos, no en las plazas, y que todo eso seguirá siendo normal sólo si dejamos que siga siendo normal, si cogemos el tren de las 12:00, si bajamos las persianas.

Hoy al mediodía habrá una reunión de ciudadanos en Miravalles y el final, de nuevo, es lo de menos.